Friday, February 27, 2009

El arte de besar sapos

Keynes creía que cuando la economía se encuentra en el sótano, se debe estimular la demanda agregada, es decir, impulsar políticas anti cíclicas, Hasta aquí suena sencillo y fácil de hacer. Pero si bien la receta es conocida, el problema está en el mix de instrumentos que se utilizan para implementar los estímulos fiscales.

En un sentido amplio, si alguien se sube a un helicóptero, que puede ser venezolano o no, y desde el aire comienza a lanzar dinero o cheques a la gente, podría ser calificado de keynesiano, inclusive algunos le dirán revolucionario. Si otro gobernante decide bajar los impuestos a las empresas y las personas también se podría decir que arrastra un ala por Lord Keynes. Asimismo, si el administrador público impulsa la construcción de escuelas, hospitales, carreteras y otra infraestructura, del mismo modo podría estar en la comparsa carnavalera de los keynesianos de gran corazón. Si se comienza a gastar recursos aumentando salarios a diestra y siniestra, o crea bonos para los jóvenes, las viudas y los que sufren por amor también se pondría ponerse la camiseta del economista inglés. Si el Banco Central bajas sus tasas de interés de manera radical, igualmente podríamos identificarlas como políticas keynesianas. Al final, si frente a esta crisis Usted sigue gastando en chairos y chelas, y no se priva de ninguno de sus gustitos financiado con sus ahorros, de la misma manera es un keynesiano. Por lo tanto, ante esta avalancha de posibilidades de estímulos fiscales y acciones keynesianas, un simple mortal se preguntará: ¿cuál es el conjunto de políticas más efectivas? ¿qué camino se debe seguir? un keynesiano electoral usando el helicóptero, uno más popular en base a transferencias para los más pobres, u otro keynesianismo de perfil elitista que beneficie a bancos y empresas; pues el secreto de las políticas de estímulos de la demanda agregada está en combinación adecuada de los instrumentos y en las dosis a ser usadas. Es decir, es aquí es donde vive el peligro.

En la práctica, cuando se comienza a manipular o administrar las políticas que afectan la demanda agregada, se comprende mejor aquella frase que dice: se deben besar muchos sapos antes de encontrar al príncipe de la reactivación económica. Por supuesto, en el camino uno lamerá batracios feos y melosos, que pueden llevar a la economía no al paraíso de crecimiento sino al infierno de la inflación. Así que no se trata de salir atrás de los rococos impulsado por una fiebre electoral y populista. Besar sapos es todo un arte y requiere de serenidad y mucha responsabilidad de parte de los encargados de las políticas públicas.

Monday, February 16, 2009

Cuentos gubernamentales

A veces las historias de las novelas no son como el autor las cuenta sino como uno se las imagina antes de leer la obra. Esto es justamente lo que me ocurrió con el libro “El Camino de Ida de Carlos Salem. Hace muchos meses, un amigo me comentó sobre la trama de un libro muy simpático en una fiesta a unas horas ciertamente inconvenientes, porque me hice una idea muy diferente del contenido del trabajo del escritor, pero agarré el aire de la historia, su dejo, su acento, su aroma preliminar. No contaré ni comentaré el libro del argentino, pero ciertamente es recomendable bajo cualquier punto de vista, porque demás de estar magistralmente escrito, tiene a un boliviano como personaje relevante de la obra. Existen otras novelas que también tienen como actores relevantes a compatriotas ficticios y muchas veces anclados en viejos prejuicios. En la excelente novela del brasileño Rubén Fonseca, El Gran Arte, el personaje boliviano es un temido asesino experto en cuchillos, dagas, chusos, alfileres, tijeras, hojas de latas de sardina, navajas, cortauñas, espadas, desarmadores en punta y todas las armas corto punzantes que ustedes pueden imaginarse. En suma, Camilo Fuentes era un hacha a la hora de hacer cortes, de los mortales hasta los tajos exclusivos que marcan de por vida a su víctima. Se sospechaba que había sido carnicero de vacas del Altiplano, y su mejor corte era el bife a la James Bond, frío, duro y con nervios de acero. Todo un matador profesional. En El Camino de Ida, el Boli también es un tipo de cuidado vinculado al narcotráfico internacional que se pasa toda la novela persiguiendo al argentino.
Pero volvamos la idea primaria que me hice antes de leer la novela de Salem. Insisto que la historia es parecida pero no es igual. Es una ficción sobre otra ficción. Se encuentran en una ciudad de Marruecos, un español y un argentino que aman el tango, en realidad son militantes fanáticos de Carlitos Gardel y como yo, creen que el zorzal cada día canta mejor, al igual que en Bolivia lo hace Doña Gladys Moreno. La historia ocurre a mediados de los años ochenta. Cierto día, un amigo común de los hispano parlantes, dueño de un bar de mala muerte pero de buenas compañías, les anuncia que tiene una sorpresa maravillosa para ellos, un disco de tangos, una raridad en el medio del desierto de Marruecos. Una noche preparan el evento de la presentación del long play de vinilo con el cuidado de iniciados, pero al escucharse los primeros sones del disco, la velada se transforma en una gran decepción, una tragedia de grandes proporciones. El marroquí dueño del bar coloca un disco de tangos pero cantado por Julio Iglesias, la voz pastosa de jilguero de canchón provoca un ataque de caspa incontrolable en el argentino y el español es presa de convulsiones rítmicas que se sospecha que es muy parecido al muyu muyu andino. Después de quebrar en mil pedazos el disco, deciden que la única forma de borrar semejante afronta al tango y dar paz en la tumba de Carlitos, que ciertamente se había revolcado en su lecho eterno, era poniendo fin a la vida de Julico. No merecía vivir. El mismo, en su atrevimiento descomunal, se había condenado a muerte por haber asesinado, a sangre fría y voz melosa, el tango varón y arrabalero. Así que con una decisión que sólo la tienen los fanáticos del buen tango inician la planificación de lo que sería la venganza del siglo. Se ubica al cantor español en una gira por Japón, donde no distinguen entre Cucurrucucú paloma y Caminito. El español y argentino heridos en lo más profundo de su gusto musical, deciden actuar después de un concierto en un karaoke gigante donde Julio Iglesias cantaba, pero para sorpresa de los vengadores de Gardel, el cantor está fieramente protegido por servicio secreto boliviano. La tarea se les hace imposible porque el cantor estaba rodeado por 12 ríspidos compatriotas dispuesto a dar la vida a la primera nota de “El amor son esa pequeñas cosas...”
Bueno, amable lector, Usted estará preguntándose qué tiene que ver la anterior historia con la economía o la inflación, pues nada, pero si el Ministro de Hacienda nos cuenta el cuentito de que la inflación, en el 2008, fue sólo del 11,83 por ciento sobre la ficción del Indice de Precios del Consumidor que crearon manipulando el año base de cálculo del índice y bajando la ponderación de los precios de los alimentos en la tasa de inflación, por qué su humilde escribidor de domingo no puede contarles otro cuentito. Agradezco al Ministerio de Hacienda por permitirme también escribir algo de ficción, la economía está al borde del aburrimiento y la crisis, la ficción oficialista siempre supera a la realidad, por ejemplo, el caso de YPFB va camino a convertirse en el cuento chino más grande de los últimos años. Ficciones sobre ficciones.

En 11 años Bolivia recibió medio Plan Marshall

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