Monday, August 31, 2015

Que pasa con el avión de la economía mundial?

¿Cómo entender la turbulencia económica internacional de las últimas semanas ? ¿Qué está pasando con las economías emergentes como China y Brasil? En términos estructurales, ¿qué significa la devaluación de la moneda china o la recesión brasileña? Permítame una analogía aeronáutica para poder hacer este análisis de coyuntura y uso de las ideas de Dani Rodrik para buscar una explicación más amplia.

 La economía mundial es como un avión gigante Airbus, de esos que tienen cuatro turbinas, siendo que una es Japón, la otra es Estados Unidos, la tercera es la Unión Europea y, finalmente, el cuarto motor concentra las economías emergentes, como Brasil, Rusia, India y China (BRIC). La nave está en el aire, pero enfrenta fuertes turbulencias y sus motores están en diferentes condiciones de funcionamiento.  El motor económico japonés está casi parado. En el periodo 2008-2013, el aparato productivo nipón estuvo en recesión, en los dos últimos años se recuperó ligeramente y creció en 1,25% al año.

La economía norteamericana impulsa una de la turbinas más poderosas por su peso en el comercio, entretanto, esta estuvo parada. En efecto, entre  2008 y 2011,  el producto gringo decreció, en promedio, en 0,7% al año. Pero después de un overhaul (mantenimiento radical) recobró la senda del crecimiento con el 2,4% por periodo, cuando muchos de los diagnósticos la daban por muerta.

 La turbina europea también paró entre  2008 y 2013, pero ya van dos años de recuperación de la mano de Alemania, aunque con muchos problemas técnicos y políticos en su funcionamiento.
 El avión de la economía mundial no se vino en picada después de la crisis financiera de 2008 porque fue sostenido por la turbina de los BRIC, que en el auge de la turbulencia y los vientos de cola crecieron en 5,6% al año, sin incluir a China, y fue este país que comando el crecimiento con un promedio anual de 9,6% entre el 2008 y 2011. El magnífico desempeño del gigante asiático de estos años llevó a pensar que habría un cambio en el liderazgo de la economía internacional. Las apuestas corrían. ¿En cuánto tiempo la economía china sobrepasaría a la norteamericana? Los más optimista hablan de cinco años y los cautos, 15 años. Vivíamos el declive del viejo imperio y el surgimiento de nueva forma de globalización made in China.
 La carta de presentación de la bonaza de las economías emergentes en general y de  China, en particular, fue la explosión de los precios de las materias primas en el mercado mundial. El gigante asiático devoraba alimentos y materias primas. América Latina vivió un auge económico sin precedentes gracias a los chinos.

 Entretanto, a partir de 2013, el fenómeno BRIC comienza a mostrar muchas goteras. Brasil, Rusia y África del Sur se desinflan. La India mantiene cierto vigor, pero no influye como China en el comercio mundial. Este último país muestra debilidades estructurales que se agravan con la devaluación de yuan y la caída de sus principales bolsas. El crecimiento chino se contrae al 7% al año.  Pero, seguramente, mucha gente se preguntará, con razón, ¿cómo se puede hablar de crisis en un país que crece a tasas (7%) que América Latina nunca alcanzó en los últimos años? No tengo un respuesta precisa, me animo a conjetura que un país de 1.300 millones de personas necesita de un desempeño de dos dígitos. El resultado de la desaceleración de los BRIC se traduce en el achicamiento del comercio mundial, que a partir de 2012 sólo aumenta en un 2,5%, en promedio, contra un crecimiento del volumen del comercio de 8,2% al año entre  2003 y 2007.

En concreto, los problemas con la turbina de los BRIC, en general, y de China, en particular, se manifiesta en el declive del índice precios de los productos básicos, a saber: alimentos y semillas oleaginosas, entre enero de 2011 y mayo del 2014, caen en un 30%. Un año después, el desplome llega al 19,8% (junio del 2014-mayo 2015). Los precios de la energía se contraen en 28.9% y 37,8% respectivamente. Los minerales y metales descienden en 39.2% y 13,9% para los periodos señalados arriba. Es el fin del súper ciclo de precios de las materias primas que China había patrocinado (Datos de la Cepal).

 Una explicación más estructural del ocaso de las BRIC se encuentra en el trabajo de economista turco Dani Rodrik, quien sostiene que mirando más allá del espejismo de un primer momento, los fundamentos del crecimiento de los mercados emergentes eran frágiles.
Vemos algunos de ellos, siguiendo las ideas de Rodrik. "Las altas tasas de interés de estos países estaban impulsadas no por una transformación productiva, sino por la demanda interna, impulsada a su vez por auges temporales de los precios de los productos básicos y niveles insostenibles de endeudamiento público o, más frecuentemente, del privado”.
Según el economista turco, las economías emergentes atrajeron un gran volumen de inversión extranjera directa creando una clase media importante, "pero sólo una ínfima proporción de la mano de obra de estas economías trabaja en empresas productivas, mientras que el resto es absorbido por empresas informales e improductivas”.

 Asimismo, economías como Brasil, Rusia e India iniciaron procesos de desindustrialización prematuramente o, puesto de otra manera, reprimarizaron sus economías, volvieron a sus vocaciones de vender materias primas. Rodrik sostiene que la especialización en servicios no substituye la producción de bienes manufacturados, y los primeros no tienen el mismo dinamismo tecnológico.Entretanto, los mercados emergentes, cuyas estrellas son las BRIC, no se merecen el trato sombrío y agorero que están recibiendo. Rodrik concluye que más allá de los vaivenes de precios,  la turbina que administran estos países requiere "apostar a los fundamentos del crecimiento que son la adquisición de habilidades y educación de la fuerza de trabajo, la mejora de las instituciones y la gobernanza y la transformación estructural que permita la transición desde actividades de baja productividad a aquellas más productivas (lo que es característico de la industrialización)”.

Monday, August 24, 2015

Los dilemas del tipo de cambio

Vamos al grano, como recomienda el dermatólogo. El tipo de cambio nominal es el precio de la moneda extranjera en mercado nacional. Es el valor del dólar, el euro o el real expresado en bolivianos. Por ejemplo, un Washington se compra en un 6,96 bolivianos en la Camacho Street, la prima pobre de Wall Street en Nueva York. Ahora, para fines de un análisis económico más sesudo, debemos usar el concepto de tipo de cambio real. Éste es un indicador de los precios de una canasta de bienes y servicios de un país en relación con la de otro país, y mide la competitividad de una economía. 
Es decir, cuán caras están nuestras exportaciones para los socios comerciales y cuán baratos están los productos que importamos. Desde hace más de cuatro años, el tipo de cambio nominal en Bolivia está fijo; pero el tipo de cambio real estaría apreciado en torno del 25%, si tomamos como referencia los principales socios comerciales de la región. Es decir, los productos que vendemos a estos países han perdido competitividad y sus bienes están más baratos en nuestros mercados. 
En los últimos meses, la mayoría de las economías del vecindario enfrentan una reducción de exportaciones debido a la fuerte caída de los precios de las materias primas. Esta semana, el precio del petróleo llegó a 40 dólares el barril. La forma de enfrentar este choque de ingresos negativos ha sido devaluando fuertemente sus monedas. Brasil ha devaluado en un 44% y Chile en 16%, sólo para colocar dos ejemplos. Incluso la gigante China devaluó el yuan, aunque tan sólo en un 4,5%. ¿Por qué devalúan estas economías? Por la sencilla razón de que tienen una industria nacional que proteger y fomentar. 
A pesar de estas turbulencias internacionales, el Gobierno insiste en mantener el tipo de cambio fijo, aunque han surgido muchas voces críticas de la política económica y varios sectores productivos que insisten que el dólar debe devaluarse. Sin duda, se está frente a un dilema complejo cuya solución es política. Veamos los argumentos técnicos en contra y en favor de una medida como ésta. 
En una economía pequeña, devaluar no tiene un impacto significativo sobre las exportaciones, dado que la oferta es rígida en el corto plazo. Sólo una devaluación muy grande tendría, tal vez, un efecto en el mediano plazo. En concreto, una devaluación del dólar en Bolivia no fomentaría la venta de más gas natural o minerales, porque, en el primer caso, la cantidad está determinada por un contrato y, en el segundo, como somos un productor muy pequeño, si abaratamos nuestras exportaciones, devaluando el dólar, el mercado internacional ni se enteraría, seguiríamos vendiendo la misma cantidad. Las exportaciones no tradicionales, como manufacturas y otros productos industrializados, sí podrían ser beneficiadas por una devaluación, pero sus ventas son reducidas (20% del total) y nuestra oferta también es escasa.
Contrariamente, una devaluación cortaría las importaciones, generaría inflación y perforaría el modelo socialista comercial e informal.
En un país como Bolivia, con trauma hiperinflacionario, el tipo de cambio fijo es un anclaje para las expectativas de la gente. Se ha establecido que la inmovilidad de esta variable es uno de los cimientos más importantes de la estabilidad económica; una devaluación, chica o grande, igual podría desorganizar el mercado de divisas. Mucha gente y empresas volvería a ahorrar o transar en dólares. Las reservas internacionales podrían caer a niveles no deseados. Controlar estos flujos con medidas administrativas sería peor, vea los casos de Argentina y Venezuela, donde se han generado mercados negros de dólares. 
Asimismo, el tipo de cambio nominal fijo y el real apreciado ha ayudado a mantener la inflación baja. En una economía importadora neta de alimentos, una devaluación tendría un efecto fuerte sobre la oferta de éstos y encarecería la canasta familiar. Bueno, hasta aquí los argumentos contra una devaluación, muchos de ellos esgrimidos por el Gobierno. Pero, ¿qué pasa en la otra vereda, donde, sobre todo, están los productores nacionales?
El tipo de cambio fijo no es consistente con otras variables de la economía como la productividad, el incremento de los salarios de los últimos años y el segundo aguinaldo. Los costos de las empresas nacionales subieron mucho y, por lo tanto, perdieron competitividad externa. Asimismo, un tipo de cambio real apreciado fomenta la informalidad. En este contexto, los productores nacionales tienen competencia desleal, en especial ahora que los países vecinos han devaluado fuertemente sus monedas. Los helados y yogures chilenos y brasileños volvieron a los supermercados. Y cada vez hay más alimentos básicos importados y contrabandeados. Un tipo de cambio nominal fijo y un real apreciado consolida el modelo primario exportador y comercial, y aleja las posibilidades de una industrialización, entendida ésta como diversificación productiva. 
Finalmente, un argumento de aritmética política que cierra el debate, por el momento: la producción nacional y los exportadores no tradicionales que se beneficiarían de una devaluación, en el mejor de los casos, generan medio millón de empleos. En cambio, el sector comercial importador, legal e ilegal, emplea cerca de 2,5 millones de personas. Si su objetivo es mantenerse en el árbol del poder at infinitum, ¿modificaría usted el tipo de cambio? La respuesta es suya y obvia.

Monday, August 17, 2015

Salvado por el camarada Mao

Un día perro en Pekín, se lo cuento en el día de San Roque

Salvado por Mao Zedong

Algunos años atrás, tuve la suerte de visitar Pekin invitado por una universidad China.  Era el momento del auge económico del gigante asiático, crecía a más del 12% al año. Era la fábrica del mundo, producía buena parte de las manufacturas del planeta, recibía más de  100 mil millones de dólares de inversión extranjera directa al año, representaba el 16% del mercado mundial y había sido capaz de sacar a 500 millones de chinos de la extrema pobreza.  Todos estos logros económicos combinando un modelo político autoritario con un desenfrenado sistema capitalista.

Mi estadía en China fue una experiencia fabulosa en muchos sentidos. Conocí varias ciudades de nombres impronunciables que tenían poblaciones cinco veces más grandes que todo Bolivia, realicé muchas actividades académicas y mis anfitriones me trataron maravillosamente. Todo el santo día tenía un estudiante chino, que hablaba o español o inglés, que hacia mi cotidiano muy llevadero, pero a cierta altura de mi estadía quise sentir la nueva China capitalista e ir de compras a los famosos mercados de la seda que, en la época, era el eufemismo para denominar unos khatus populares muy simpáticos donde uno podía comprar absolutamente de todo, desde un reloj Rolex (o Lolex como dicen ellos) o un Patek Philippe, hasta finas camisas de seda, por supuesto todo fake (falso), como dicen los gringos. Además, se decía que todo era inmensamente barato gracias a un tipo de cambio devaluado y salarios muy bajos.

Por supuesto yo tenía que experimentar este milagro de economía informal y liberarme tanto de mi fiebre de consumo como de una larga lista de encargos familiares que había recibido. Entre tanto, requería ir solo a los templos del consumismo, por lo que pedí a uno de mis amables acompañantes dos favores: 1) el privilegio de la soledad y el libre albedrío; y 2) que escribiera la dirección del mercado y la del hotel donde me encontraba.

Me puse mis lentes de antropólogo, cargué la billetera con los mejores ‘Washingtones’, tomé un taxi, entregué al conductor la tarjeta con las coordenadas y me fui a experimentar el milagro capitalista en el corazón del sistema político socialista chino. El mercado de la seda era mucho más interesante de lo que me habían descrito. En edificios muy bien organizados, una especie de Huyustus verticales, se encontraba de todo y un poco más. Era el lugar ideal para aprovechar el dólar fuerte. Pasé cuatro horas negociado y no dejando pariente y amigo sin algún recuerdito exótico.

Por supuesto que me compré un pijama de seda pura de la región de Toyota, que me da suerte a la hora de dormir, porque resbalo con facilidad a los sueños más placenteros. Tuve que comprar una pequeña maleta para llevar mis preciadas compras. Agotado por el maratónico esgrima de oferta y demanda, decidí volver a mi hogar coyuntural,  pero descubrí que había perdido la tarjeta con la dirección del hotel y no tenía la más remota idea de donde estaba. Sabía de oídas y caminatas distraídas que mi albergue estaba cerca a la universidad cuyo nombre apenas balbuceaba. Así que comencé a preguntar a la gente y a decenas de taxistas, en todos los idiomas que la desesperación me permitían, alguna indicación para volver al hotel. Obviamente apelé al lenguaje universal de las señas, lo que me convirtió en un loco que daba la impresión, o que estaba teniendo un ataque de epilepsia o que era un rapero sin talento. Fue terrible el arrebato de aislamiento. En un metro cuadrado, sentí la presencia implacable de la muralla China de la incomunicación.

La espada de la noche se aproximaba despiadada con todos sus aceros pendencieros a cortarme el camino de vuelta. Sentía el olor de la tragedia y el titular del periódico, en páginas interiores, me retumbaba en los oídos: "Profesor boliviano de la Villazón Business School desaparece en China, sólo se encuentra una maleta llena de chucherías y de un jarrón falso de la Dinastía Ming”.

 Me resistí a reconocer que estaba más perdido que Adán en el día de la madre en pleno paraíso socialista. En medio de alguna calle de Beijing me senté sobre mi maleta, vacío de ideas y lleno de una pesada culpa pequeño burguesa  por haber soltado mi verbo consumista y no haber tatuado la dirección del hotel en mi antebrazo, cuando, de repente, el cielo se abrió y de un rayo de luz bajó el camarada Mao Zedong acompañado de doradas trompetas revolucionarias. Me miró con ternura, me sonrió al estilo Mona Lisa y me convocó a su tumba en la plaza Tiananmen, donde había varias cabinas para turistas perdidos como yo. Después de agradecer al líder con sonoro ¡jallalla!, paré un taxi, repetí varias veces el nombre de Mao en éxtasis mántrico y realice mímicas contundentes que representaban tumba, muerte, mausoleo. Un inteligente chofer leyó mi pánico e hizo la asociación inmediatamente, en cuestión de minutos estaba en una oficina de turismo de la plaza Tiananmen con la dirección del hotel que conservo hasta ahora en mi billetera para cuando vuelva. Mao Zedong me había salvado.

Monday, August 10, 2015

Suegra amorosa gradúa a yerno bipolar

Pututus al viento! Con un sui generis orgullo, el Gobierno ha anunciado que la otrora odiada y vilipendiada suegra Fondo Monetario Internacional (FMI) graduará a Bolivia como una economía de ingreso medio.

Una vez más el bipolarismo oficialista se hizo presente. Recordemos que  una persona es diagnosticada como bipolar cuando cambia de la extrema felicidad al pozo de la tristeza con mucha frecuencia. Las gestiones gubernamentales también pueden ser bipolares. Este es el caso de la relación de amor y odio con el FMI.  En efecto,  la futura graduación de la economía ha causado un alborozo monumental. La tasa de narcisismo macroeconómico se disparó por la lluvia de los elogios financieros del organismo internacional. Inclusive ha sido una oportunidad para latiguear a las voces críticas de la política económica. Ahí está pues,  hasta el engendro supremo del neoliberalismo, que habita en Washington, se ha rendido a los encantos del nuevo modelo económico, cómo es posible que los portavoces locales de Adam Smith no reconozcan el triunfo del extractivismo que va, a pasos agigantados, rumbo al socialismo, siguiendo el camino de la economía informal. En Bolivia, Lenin estaba equivocado, y el FMI está con la razón, la informalidad es la fase superior del capitalismo.

Pero no nos sorprendamos de que el humor cambie.  En breve se acusará a la bendita suegra del FMI, no sin razón,  de todos los males de la economía mundial y de una conspiración planetaria.
Pero veamos qué criterios utilizó  la señorona para proponer la graduación de la economía boliviana.  ¿Es un procedimiento meramente burocrático? ¿Es un guiño político o es una operación de banco ? ¿La metodología es consistente? ¿El país realmente ha cambiado estructuralmente para merecer este delicioso beso de suegra? ¿Una vez que se están desplomando los precios de las materias primas en los mercados internacionales, es este el mejor momento para graduarnos?

Bolivia, como país pobre, hace parte del Fondo  Reducción de la Pobreza y el Crecimiento (PRGT en inglés), una instancia de nombre sexy pero que no es más que un instrumento financiero. Como parte de este club recibíamos prestamos concesionales a muy baja tasa de interés, pero ahora que la mami política vio que estamos creciditos económicamente, nos graduará,  y tendremos acceso a más líneas de créditos, pero a tasas de interés mucho más altas.
Los criterios para recibir la medalla de "País de ingreso medio” están en el documento Eligibility to Use the Fund’s Facilities for Concessional Financing, de julio de 2015, que a continuación me permito comentar.

Según la segunda madre, Bolivia cumple, parcialmente, con los criterios para la graduación. Según el FMI, el ingreso per cápita en 2013 ha aumentado a 2.550 dólares, un 5% por encima de su umbral de exclusión (2.430 verdes). Este ingreso ha aumentado constantemente en la última década y ha estado por encima del parámetro establecido por el Fondo PRGT, por lo menos en los últimos cinco años. Es muy conocido que el ingreso per cápita es un indicador muy débil e incompleto, puede estar midiendo un aumento del ingreso debido a precios de exportación más altos y no así a mejoras en la productividad de la economía. Pero, a la doña  sólo parece interesarle las apariencias macroeconómicas, ha quedado cegada con los clásicos indicadores de la riqueza temporal, poco le importa el desarrollo integral, festeja al nuevo rico y lo evalúa por las lentejuelas de consumo, los espejos de los recursos naturales y los dientes de oro del comercio, gradúa al expobre que está inflado por los anabólicos de los precios internacionales, confunde gordura con musculatura productiva.

Otro criterio para la bendición de la suegrilla es el acceso a los mercados de crédito. Según el FMI, el país no cumple con este criterio para la graduación. Bolivia no tendría suficientes créditos internacionales. Los bonos bolivianos colocados recientemente no serían significativos (mil millones de dólares). En cristiano, si bien nos hemos prestado platita en los mercados privados de afuera, no nos hemos endeudado lo suficiente. Que los bancos internacionales hagan fila, según la suegrita, podemos recibir más recursos de afuera, total si se nos va la mano, como a los griegos, ella también se encargará de apretar las amígdalas sin piedad. Cuando se trata de mosca, la dama  es implacable.
Finalmente está el criterio de que no deben existir serias vulnerabilidades de corto plazo. Aquí la suegra se enreda. Reconoce  que hay vulnerabilidades vinculadas a un descenso de la actividad en los socios comerciales y la reducción de los precios de los hidrocarburos, pero cree que la platita guardada en las reservas internacionales y en los depósitos en los bancos comerciales son un colchón suficiente para pasar el invierno que  se avecina. Por lo tanto, el riesgo de que el ingreso per cápita se sitúe por debajo del umbral de exclusión es muy bajo. Aquí la metiche hace un acto de fe, supone que el shock negativo de ingresos en curso, debido a la caída de precios internacionales, es transitorio. Cierra los ojos ante los evidentes impactos sociales de la crisis. Para muestra un botón: Potosí.

El nacionalismo chabacano que flota en el  país se alimenta de todo tipo de piropos, inclusive de la suegra, pero habría que preguntarse si el sector productivo nacional, las clases medias, el sector agropecuario, las millones de personas que sobreviven en la economía informal, la atención tanto en salud como educación y otras decenas de grupos y sectores se sienten en un país de ingreso medio. Finalicemos con una aritmética básica. Según la suegra FMI, el nuevo ingreso per cápita sería 2.550, supongamos una familia de cinco personas, el ingreso anual sería de USD 12.750 por año (2.550x5), es decir de USD 981 por mes, si incluimos un aguinaldo. ¿Cuántas familias bolivianas tienen un ingreso mensual de 6.827 bolivianos o casi 1.000 dolarachos? Por supuesto graduación ni se entera de la evidente concentración de ingreso.

Monday, August 3, 2015

Nación de emprendedores

El desafió de las universidades en América Latina y en Bolivia es convertirse en clusters de la creatividad, innovación y emprendimiento social, público y  privado, transformarse en plataformas de articulación y potenciamiento de diversos protagonistas del desarrollo que construyan puentes entre la academia (profesores,  investigadores y estudiantes) y la práctica (creativos, profesionales independientes, emprendedores, empresarios, servidores públicos y lideres sociales).  Es decir que  los centros académicos   son semilleros y propulsores de una nación de emprendedores . Existen muchas maneras de lograr este tejido social y productivo, pero este domingo hablaremos de los coworks universitarios.

El concepto de cowork (trabajo compartido)  se inicia hace unos diez años como una filosofía de trabajo colaborativa   entre emprendedores y profesionales independientes  que necesitan espacios de trabajo no convencionales, que quieren tener la experiencia de una oficina por horas, días, semanas o meses sin depender de una institución. A partir de esta necesidad, estos nuevos tipos de trabajadores, muchos de ellos vinculados a la creatividad y la tecnología, comienzan a desarrollar comunidades de interacción social, técnica  y de negocios.  Con el pasar del tiempo, el trabajo compartido o coworking, comienza a ser impulsado por empresas, gobiernos, fundaciones y/o universidades. Se convierten en un tipo de ecosistemas para el desarrollo emprendedor y empresarial.  

En particular, un cowork   universitario es un espacio institucional y de infraestructura  que promueve la interacción y colaboración, en diferentes áreas de conocimiento, entre estudiantes de diversas carreras, profesores, comunidad de creativos, emprendedores, funcionarios públicos, empresarios, financiadores de diverso tipo (bancos, capitales ángel, de aventura, fundaciones, fondos estatales) con el objetivo de promover la creatividad, innovación y tanto la creación de nuevas empresas como de reinvención de procesos o productos en firmas establecidas.  Por supuesto también es un espacio de difusión, enseñanza e investigación en estos temas. En el ámbito de las universidades, muchas de las actividades y servicios que promueve un cowork son transversales a las carreras y diferentes departamentos. El espíritu emprendedor debe desarrollarse en el ingeniero, el comunicador, el economista e inclusive en el médico.  Es un software, compuesto de actitudes y conocimientos,  que corre en diferentes profesiones. 

En general los coworks académicos implementan diversas tecnologías para alcanzar sus objetivos como: semilleros de idea,  que a través de concursos, u otro tipo de incentivos promueva nuevas propuestas de negocios, empresas o emprendimientos sociales. Una vez que las mejores ideas  pasen por filtros ten el mercado requeire de impulos muy particulares paera dar salatos cualitativos en sus negocios. sa, para apoyra aquellas inicécnicos se los apoyan con mentorías inspiradoras, asesoramiento especializado y entrenamiento de diverso nivel, desde cursos ejecutivos hasta maestrías. Uno de los objetivos de estos sistemas colaborativos es que las ideas innovadores se conviertan en planes de negocios con potencial de ser financiados. También en los coworks universitarios funcionan incubadoras de empresas  que cobijan, con soporte técnico, a los emprendimientos en sus primer pasos.

Las aceleradoras de empresa, destinadas a apoyar iniciativas, que si bien ya están en el mercado, requieren de impulsos muy particulares para dar saltos cualitativos, en ventas por ejemplo, en sus negocios.  Así mismo, en estos ecosistemas colaborativos se promueve los encuentros entre los financiadores y los proyectos que pueden transformar la sociedad y la economía.

Pueden existir coworks en todas las áreas, pero generalmente  estos propulsores del desarrollo emprendedor se encuentra más en la industria de la tecnología y la informática, pero nada impide que existan ecosistema que promuevan los emprendimientos sociales que tanta falta hacen en nuestros países.  Los coworks académicos son la cabeza de playa para convertirnos en una nación de emprendedores. 


Creando un océano azul para la política

En el ámbito empresarial una compañía navega en un océano azul cuando ha sido capaz de elaborar una estrategia diferenciadora que le permite...