Monday, October 26, 2015

Viva el segundo aguinaldo, muera la reelección

El Instituto Nacional de Estadística  (INE) ha presentado la tasa de crecimiento de junio de 2014 al mismo mes de este año (5,2%). Hasta fin de periodo, está oleado y sacramentado que el crecimiento será en torno de  5%, así que las empresas privadas formales y, por supuesto todo el sector público, deben alistar la billetera para pagar el segundo aguinaldo para la alegría de los bolsillos de todas las barras organizadas o no.

 La enorme economía informal, que genera el 80% del empleo, está bajo el manto protector de Adam Smith y el segundo aguinaldo no es más que una curiosa política del lejano planeta de los que pagan impuestos.
 Los argumentos a favor del pago del decimocuarto sueldo son de orden político y económico. El primero es obvio, el amargo jarabe de la cuarta reelección descenderá mejor con el aceite de los recursos financieros extras. 
El segundo, más dinero en las manos de la gente, ayudará a reactivar la demanda interna, lo que en una primera aproximación parece una buena idea, pero cuando se constata que buena parte de estos recursos se van afuera, por el grado de apertura de la economía boliviana, la medida pierde eficacia. Por cada dólar que recibimos de exportaciones cerca de 80 centavos se van en importaciones legales o ilegales.  A rigor, el segundo aguinaldo podría estar reactivando los aparatos productivos de los vecinos, especialmente ahora que Brasil, Argentina, Perú y Chile han devaluado sus monedas.

 Han vuelto a nuestros supermercados helados chilenos y yogures brasileños y a la política cambiaria no se le mueve un pelo. En el horizonte de corto y mediano plazo no se ven cambios en el precio del boliviano respecto al odiado dólar imperial. 

 En varias oportunidades, diversas voces críticas han puesto en tela de juicio el uso de un promedio nacional de 4,5% para el pago del segundo aguinaldo, cuando el crecimiento de la economía, tanto desde el punto de vista sectorial como regional, es muy heterogéneo. Un viejo chiste entre los estadísticos es que en un lago que tiene un promedio de profundidad de 50 centímetros, una persona de dos metros se puede ahogar. Pues bien, muchas actividades y departamentos están en problemas por el uso político de un promedio aritmético. 

 Según datos presentados por la Cámara Nacional de Comercio, sectores como manufacturas, comercio, servicios y otros crecerán por debajo del mágico 4,5%, siendo que son responsables por el 80% del empleo. Y las regiones que tendrán dificultades de pagar el segundo aguinaldo serían Oruro y Beni. 

 Pero más allá de las diferencias de datos, veamos un análisis más cualitativo.  El parámetro de crecimiento de 4,5% no distingue entre el desempeño del gigante ENTEL y la pequeña empresa Tortas Dolly. Tampoco es lo mismo vender gas natural al exterior, bajo un contrato que garantiza precio y cantidades, que comercializar muebles al mercado interno y externo con precios que están sometidos a una feroz competencia.  En este contexto no es justo que a todos se los meta en una misma bolsa.

 El Gobierno afirma que el segundo aguinaldo sería un incentivo a la producción en las empresas, pero vale recordar, por ejemplo, que buena parte de las ganancias de compañías grandes ha crecido en los últimos años; piense en YPFB, gracias a la subida espectacular de los precios de los recursos naturales (gas). El grueso del aumento del valor de la producción se debe al efecto precio  y casi nada al incremento de la productividad. Entonces, cuando el Gobierno propone el segundo aguinaldo está premiando la suerte de tener precios elevados del mercado externo y no el esfuerzo productivo.

 Los dueños del poder suponen que las empresas (pequeñas, medianas y grandes) están ganando dinero. Es torpe equipararlas a todas. Los impuestos locales han aumentado según el Gobierno, por lo que las empresas ya están haciendo una contribución al fisco. Desde el punto de vista contable, el segundo aguinaldo es similar a otro impuesto, porque resta recursos a la empresa para reinversión y nuevos proyectos, especialmente a las PyME formales.
 Además, el segundo aguinaldo es como un impuesto a la formalidad y, por lo tanto, incentiva a que las empresas terciaricen el trabajo y, lo que es más grave, se refugien en el sector informal, donde todo vale y no hay Estado que regule. Piense en el sector cocalero.

 El Gobierno presenta el segundo aguinaldo como una socialización de ganancias, puede que esto sea cierto para algunos sectores pero, como fue visto, los impactos más estructurales van en la dirección contraria. La medida perjudica el desarrollo del sector privado, especialmente pequeño, fomenta la informalidad, provoca inflación, impulsa las importaciones legales e ilegales, matando la industria nacional y poniendo en peligro el empleo. Es fuego de paja populista que desorganiza la economía.

 No hay duda de que el país necesita políticas públicas para mejorar los ingresos de toda la población, y no sólo del 20% que tiene un empleo formal. Un camino que se debe recorrer es una revolución productiva, pero esto, obviamente, no da votos.

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