Monday, May 30, 2016

Sector de Construcción. ¿Burbuja o Boom?

Vamos al grano, como recomienda el dermatólogo: ¿estamos frente a un boom de la construcción o una burbuja inmobiliaria? Veamos algunos datos.

Según el Censo de la Construcción, elaborado por Cámara de la Construcción de Santa Cruz, hasta mediados del año 2015, en las ciudades de La Paz, Santa Cruz y Cochabamba, estarían en construcción 3 millones 551 mil metros cuadrados. La Paz representa el 26% de este total, con 924 mil metros cuadrados y ha crecido en un 21,69% en el periodo 2014 y 2015. En el caso de Santa Cruz, la tasa de crecimiento entre ambos años es mucho mayor y llega a 25,68%, además su participación también es más elevada con 57,6% (2 millones 47.000  dólares metros cuadrados construidos). En el caso de Cochabamba, los metros cuadrados construidos decrecieron en un 13,24% y representa tan sólo el 16,5% del total.   Los datos del Instituto Nacional de

Estadísticas (INE), corroboran la tendencia positiva hasta 2012, con un total de 4.796 permisos de construcción otorgados por los municipios, pero posteriormente se produce una reducción de en torno de 1.000 permisos para el periodo 2013- 2015. La diferencia entre ambos datos anteriores puede deberse a  que el Censo es una fotografía (stock de obras en construcción) y que los permisos de construcción son una película (variable de flujo).

 Respecto a la demanda en Bolivia, el censo muestra que el 52,3% de las personas censadas no cuenta con  vivienda propia (alquilada, anticrético y prestada), siendo Santa Cruz y La Paz donde hay un mayor potencial de compra. Este es un  mercado muy interesante, de ser explorado por las empresas constructoras. Entre la intencionalidad de compra, el censo muestra que la mayoría de las personas quiere comprar una vivienda. En Santa Cruz el 72,3%, en La Paz el 51,7% y el 28,8% en Cochabamba. En relación con la forma de compra de las viviendas, prevalece la intención de buscar créditos en el sistema financiero. Esa tendencia es mucho más fuerte en Santa Cruz y en La Paz. En sintonía con los requerimiento de las personas, el crédito a la vivienda de los bancos privados ha aumentado significativamente a partir de 2012. Este hecho se explica por la regulación de la tasa bancarias para préstamos hipotecarios, que beneficia a los hogares, y por el elevamiento de la necesidad de contar con un capital inicial para obtener un préstamo.

 Entre 2006 y 2015, el crecimiento del PIB de la construcción ha estado por encima del producto nacional. En efecto, en dicho periodo el sector de la construcción creció a una tasa promedio de 9%, casi el doble del PIB boliviano (5,4%). Aunque cabe resaltar que en los años 2014 y 2015 el ritmo de crecimiento del sector fue menor que en periodos pasados. Por ejemplo, en 2015, cuanto el PIB nacional crecía a 4,85%, el producto del sector aumentaba tan sólo 5,36%. En el 2013, el producto nacional crecía a 6,8%, contrariamente al PIB de la construcción, que subía al 10,68% al año. Es decir, se observa una ligera desaceleración en los últimos años.

 Desde una perspectiva más analítica, el excelente desempeño del sector de la construcción podría se resultado de un boom económico, pero también podríamos estar frente a una burbuja inmobiliaria. Esta es una de las preocupaciones más importantes de las empresas vinculadas al sector, pero también de las autoridades del sector público.

 Un boom en el sector inmobiliario se presenta cuando existe un déficit habitacional en la economía y, paralelamente, se produce una mejor distribución de los ingresos. Ambos fenómenos producen un aumento de la demanda por viviendas, a la cual reaccionan las empresas constructoras incrementando la oferta de departamentos y casas.

Contrariamente, una burbuja inmobiliaria se desarrolla cuando la demanda habitacional o parte de ésta tiene un carácter especulativo; es decir, si las personas o empresas demandan casas o departamentos no para habitarlos, sino para buscar rentas futuras sobre los activos; es decir, ventas posteriores con ganancias de los inmuebles. Si la demanda artificial desaparece, se produce un colapso del sector y el valor de los activos habitacionales cae abruptamente.   Para que exista una burbuja inmobiliaria generalmente se deben presentar las siguientes condiciones: a) dinamismo en el sector de la construcción, que en el caso boliviano parece explicarse por la necesidad de atender a una fuerte demanda por viviendas; b) débil supervisión crediticia, que no es el caso en Bolivia, donde más bien existe una fuerte regulación por parte de la ASFI; c) exceso de liquidez y bajas tasa de interés en el sistema bancario. Esta condición está presente en el caso boliviano; d) fuerte demanda de inmuebles para especulación, situación originada en las bajas tasa de interés pasivas en el sistema bancario que impulsan a la gente a invertir en la compra de viviendas (Inversión en ladrillos y tierra).

Esta condición parece estar presente en los estratos altos de los consumidores. Para viviendas de clase media y populares la demanda parece ser muy dinámica y real.

 Lamentablemente no puedo responde de manera contundente si estamos frente a una burbuja o boom. Se necesitan más datos, que el Gobierno y el sector debían comenzar a recoger, por ejemplo, el precio y valor del alquiler de las viviendas. Con esta información se requiere realizar estudios actualizados que muestren cuál es la relación y consistencia de la evolución de largo plazo del precio real de las viviendas con la evolución el PIB real per cápita, la tasa de interés real promedio de créditos hipotecarios y costos de construcción.

No obstante que este tipo de información podría ayudar a ser más cautelosos a los bancos y al Gobierno a la hora de promover el crédito, por ejemplo, desafortunadamente la ciencia económica es muy limitada para realizar proyecciones en estos temas y sólo se sabe si se está en un burbuja cuando ésta revienta.

Monday, May 23, 2016

La Patria de los Vientos

La patria de los Vientos y la libertad

El pasado 20 de mayo fue la efemérides de Villazón. Gloria y honor para el diamante que se pule solo.  Para mí, esta noble ciudad huele a infancia profunda, a alquimia de vientos y a libertad sin miedo. Veamos por qué.
Villazón es una ciudad fronteriza donde la estación del tren es más importante que plaza central, el puente a La

Quiaca es más relevante que la carretera a Potosí, donde se da más valor al pasar que al quedarse, al embarcar que al llegar y donde hay la concentración más grande de pilotos de Bolivia, pero no hay ni aviones menos aeropuerto.

En esta ciudad fronteriza los oriundos tenemos un dilema de acentos que nos quema el alma. En ciertas ocasiones hablamos con dejo de tarijeño, pero si por los avatares de la vida se nos cruza en el camino un vino pendenciero, el tonillo se nos va al norte argentino, sin rubor ni clemencia.

¡Somos fronterizos, qué caray! y para nosotros patria no es la lengua, sino un sentimiento mucho más arraigado.  Es un lunes de hora cívica donde se canta el Himno Nacional en sus tres estrofas completas con el pecho-huminta de orgullo para que se oiga hasta Jujuy. En Villazón habitan los guardianes de la esperanza de días mejores, a pesar que el poder de turno y de siempre sólo se mira en el espejo de la gran capital.

Prácticamente, durante toda mi primera infancia, pasé en la primaria de la escuela Cornelio Saavedra, entidad pública donde estudiar era una cuestión de fe de dedicados y valientes profesores, y alumnos que sabían que la educación era el único pasaporte para un futuro mejor. Ambos, con dedicación y trabajo, superamos las grandes carencias institucionales y de recursos de la época. La pasión por el descubrimiento de nuevas ideas, el enorme incentivo por superarme y el amor a la libertad me fueron transmitidos por mis profesores en la patria de los vientos.    

De chico mis padres me enviaban a la escuela con una mochila que en el fondo tenía un contra peso de metal; se decía que en Villazón los vientos eran tan fuertes que se llevaban a la gente de menos de 40 kilos. Yo, para no contrariar esta leyenda, reforzaba mi anclaje a la tierra colocando varias piedras en los bolsillos.

Conocí historias de jóvenes que fueron secuestrados por los huracanes del sur, que se llevaron con rumbos insólitos. A uno lo encontraron en el valle de Matanzillas, a pocos kilómetros de Villazón, cobijado en las poderosas piernas de una joven lugareña y lunareja que felizmente lo atrapó en pleno vuelo.  Otro apareció meses después en Tupiza, amarrado a unos chocos viejos de un tren que iba hasta Buenos Aires. Al que fue más lejos lo encontraron en la Franja de los Caballos, donde se dice que el viento se detiene en seco. Ésta es una zona en el océano Atlántico, a unos 30 grados norte y sur del Ecuador, que los marinos de todo el mundo conocen desde hace siglos, donde los vientos mueren, los barcos quedan parados y se ven obligados a arrojar todo por la borda, incluso a los equinos, de ahí el sui géneris nombre.

El lugareño  de Villazón fue encontrado en este lugar y rescatado por un barco turco. Ninguno de los llevados por el viento, hasta ahora, confesó su experiencia, pero se sabe que militan fanáticamente en la  causa de la libertad y la defensa de los céfiros.

Según Yvetta Guerasimchuk, autora de un trabajo titulado El diccionario de los vientos,  las sociedades avanzan o retroceden como resultado del equilibrio o desequilibrio de los vientos. Según Yvetta: "La historia de la humanidad conoce miles de ejemplos de choques entre anemófilos o amantes del viento y anemofóbicos los que odian los vientos”.

En la actualidad en nuestra comarca se libra una más de las batallas entre los amantes del viento y los guerreros de la quietud, cultores de un autoritarismo chabacano y asustador. Desde el poder y otras trincheras del oficialismo, la cofradía de los anemofóbicos que idolatran la tranquilidad, que militan en el statu quo, que ven el mundo de acuerdo con la pequeñez de sus ideas, que gobiernan desde lo más profundo de sus odios, le serruchan el piso al ciclo de la historia. Se atornillaron a los privilegios y beben enloquecidos los negros brebajes de la corrupción. Perdieron el alma y lo único que les interesa son las fervorosas procesiones a los altares del caudillo.

Los zombis de la política han muerto pero no lo aceptan aún, se refugian en el matonaje y la verborrea de rencor, tiemblan frente al agua bendita de los votos y de la libertad de expresión. Odian las voces críticas que traen los nuevos vientos y se enroscan al poder a destilar venenos mortales.

Del otro lado del río, los militantes de los vientos, los anemófilos, dan la dura pelea por la libertad de ideas para alcanzar una nueva línea del horizonte. Mis respetos a todos los que  no desfallecen frente al andamiaje de miedo que se busca construir desde la torre que quiere congelar el viento. Los brabucones asaltan la razón pero, como la historia lo prueba, son apenas anécdotas que se diluyen en el tiempo.

Mi mejor homenaje a Villazón es recordar las huellas que dejó mi escuela en el disco duro de mi infancia y recuperar la pasión por los vientos que, sin duda, seguirán soplando en la voz de valientes periodistas y ciudadanos que creen en la democracia y la libertad.

Monday, May 16, 2016

La Cato cumple 50 años

El día de ayer, 14 de mayo, la Universidad Católica Boliviana San Pablo UCB cumplió sus primeros 50 años muy bien vividos, repletos de éxitos académicos pero también con una agenda de futuro cargada de desafíos. Prácticamente toda mi vida laboral, de más de 25 años, he pasado en esta casa superior de estudios, por lo que me tomo la libertad de darles mi testimonio de cómo la Cato cumplió  con su comunidad cultivando ideas y formando miles de profesionales, pero sobre todo sembrando valores católicos y cielos de esperanzas en el alma nacional. La UCB fue, es y será, sobre todo, una fábrica de sueños para estudiantes, profesores, administrativos y autoridades.

En una universidad como la Cato uno jamás pierde la capacidad de asombrarse frente a la frescura de espíritu, la pícara creatividad y el compromiso de superación de la mayoría de los jóvenes. He visto pasar a miles de ellos por salones y laboratorios, y con profundo orgullo, los he vuelto a encontrar, en las esquinas de la vida, como brillantes profesionales pero sobre todo como buenas personas y mejores ciudadanos, con el sello de agua de su alma mater. Los sueños sembrados de los años mozos ahora son empresas, proyectos realizados, acciones que han cambiado la vida de mucha gente, edificios, máquinas y un sin fin de actividades que han transformado el país.  Imposible citar a todos, pero estoy seguro que muchos, incluyendo a Ustedes amables lectores, se reconocerán en el espejo de estas palabras y el corazón los guiará a aquel recuerdo labrado en el mejor rincón del alma. Y así juntos, en el ciber espacio de la añoranza, festejemos las 50 velitas de la UCB.

A lo largo de estos años también he conocido a centenas de profesores que han dejado la piel en cada clase de la Cato. Dicen las malas lenguas, que los catedráticos somos actores frustrados. ¡Pura envidia! de aquellos que no han tenido el maravilloso privilegio de enseñar, de compartir el arco iris de los diversos saberes, de trabajar con equipos de jóvenes que te fusilan con preguntas y te transmiten, con sus dudas y aportes, juventud en las venas. En 50 años se dieron millones de horas de clases en nuestra Cato. Profesores, de diverso talento y simpatía, han ayudado ha construir los cimientos más solidos de la academia: el aprendizaje democrático, el espíritu crítico y tanto los principios como valores que educan el alma. A los profes de la UCB de todos los tiempos y áreas: “Gracias totales” e infinitas por su militancia en la tarea más noble del planeta, educar y educarse con los semejantes en democracia y libertad.

No habrían 50 años de historia sin el concurso de la visión y gestión de los obispos de nuestra Iglesia Católica, que decidieron sembrar e impulsar los valores católicos en decenas de generaciones, promoviendo una educación de prime nivel. Así mismo, los Rectores a lo largo de este periodo, fueron fundamentales  para construir la templanza y calidad de la Cato. El pionero Monseñor Genaro Prata que arrancó con este sueño; el Dr. Luis Antonio Boza, quien encaró, con competencia, el crecimiento de la Universidad, el Dr. Carlos Gerke, quien, con sabiduría y sindéresis, impulsó la madurez jurídica e institucional de esta casa de estudios; el Dr. Hans Van der Berg, quien con erudición, amplió los horizontes académicos de la UCB; y ahora el Magister Marco Antonio Fernández, quien con experiencia y juventud, encara, competentemente, los desafíos de colocar la Universidad en la vanguardia del Siglo XXI. Con ellos, equipos de trabajo administrativos de compromiso pétreo y amor a la camiseta incuestionable trabajaron y trabajan para que la Cato sea la mejor Universidad de Bolivia. A todos ellos, les digo: es honor y enorme placer compartir la jornada laboral en la fábrica de sueños y valores.

Como toda obra humana hay muchos aciertos y también grandes desafíos, con seguridad hubieron varias equivocaciones en este largo camino, pero puedo atestiguar, en la parte que me toca, que de todas ellas se aprendió y fueron fuentes de mejoras y golpes de timón.     Ayer, 14 de mayo, conmemoramos 50 primaveras pero también comenzamos los próximos 50 años de la Cato, que en mi humilde opinión se ven muy bien, porque a futuro dejamos de ser una Universidad que sólo presta servicios educativos, de investigación  o de extensión social para convertirse en un gran conglomerado (cluster) del conocimiento y la solidaridad social, nos convertimos en el centro de un territorio inteligente y en el dínamo de las economías creativas.


La Cato del mañana agrupa, de manera virtuosa, a actores del saber, la investigación, la creatividad, la innovación, la enseñanza, la empresa, la ciencia y la tecnología. Es decir, todos los nodos de la cadena de producción, de la generación de valor científico y de la difusión del saber teórico y práctico.  Pero en este mismo espacio, - inspirados en los valores católicos, y haciendo de la práctica efectiva un modo de vida – la UCB del futuro promueve la solidaridad y el desarrollo social.

En este nuevo contexto, profesores y alumnos se reinventan y tal vez éste es el cambio más desafiante. El catedrático magistral dá paso al profesor-entrenador, que inspira, provoca y revoluciona el binomio enseñanza-aprendizaje. El maestro tradicional  se convierte en el agitador creativo e innovador en aula y fuera de ella.

A su vez, el estudiante abandona su rol de sujeto pasivo en la enseñanza para desarrollar su espíritu emprendedor y libre, además construye sólidos principios éticos y consolida fuertes bases ciudadanas. Así el aprendizaje se convierte en un acto colectivo y el binomio profesor-estudiante abren las mentes para aprender a lo largo de la vida.   Pero lo más importante, en esta comunidad de aprendizaje  se cultiva la innovación en diversidad y libertad, pero sobre todo se profesa la invencibilidad de la esperanza en democracia. Los primeros 50 años de la Cato fueron maravillosos, los próximos serán espectaculares, administrativos, profesores y autoridades estamos preparados, esperando las nuevas generaciones.

En 11 años Bolivia recibió medio Plan Marshall

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