Monday, January 30, 2017

Uso de los recursos de las  AFPs. ¿Raspando la olla?

La decisión del Gobierno de utilizar hasta el 1% de los recursos de las AFPs para crear fondo de inversión (al final del día un tipo de crédito) para apoyar a sectores productivos, pequeños y medianos, del agro cruceño ha generado una buena polémica. Según el oficialismo esta acción estaría enmarcada en la Ley de Pensiones 065, que el artículo 140 II c., lo cuál es correcto, pero lo que no se dice enfatiza es que estos recursos no requieren de calificación de riesgo. Transcribo parte de artículo II c: “No más del cinco por ciento (5%) de cada Fondo podrá ser invertido en Valores o Instrumentos Financieros sin calificación de riesgo…”. Justamente este el punto que genera genuina susceptibilidad de la gente y urticaria política. Por oposición el otro  95% para ser invertidos deben contar con calificación de riesgo de acuerdo a lo determinado por la Ley del Mercado de Valores y sus reglamentos.
                                                                       
Con estos antecedentes: ¿es una buena o mala idea la creación de este fondo?.  Antes de más nada definamos que es un fondo de inversiones. Este es un instrumento financiero que recibe los aportes  personas jurídicas o naturales, que forman un patrimonio común y autónomo. Es patrimonio es administrado por una Sociedad Administradora de Fondos de Inversión (Safi). Prácticamente todos los bancos tienen una Safi. Seguramente Usted amable lector ha escuchado propagandas de estas Safis que buscan captar sus ahorros y que al final terminan el anuncio con una persona que habla a mil por hora, la letra chica del contrato,  y que dice las inversiones son  por cuenta y riesgo de los participantes.

El fondo creado para el sector agropecuario será administrado por la Safi del Banco Unión, una entidad estatal. Aquí surge la primera susceptibilidad, ¿porque no se permitió que otras Safis participen del negocio, y compitan por la comisión que se ganará por administrar los 150 millones de verdes?

Para realizar un abordaje integral del tema se debe analizar el objetivo de la política pública, la fuente de recursos usados y el diseño del instrumento.

Con esta propuesta, más allá de los discursos de blindaje de la economía boliviana, el gobierno reconoce que hay sectores en crisis que deben ser apoyados por la política pública, para ello destina un 1% de estos recursos para dar créditos de $us 100 millones al sector agropecuario, pero utilizar 50 millones para una especie de respaldo para el propio préstamo. Si se usa el 5% de los recursos de las AFPs se podría a llegar a $us 700 millones.

Aquí las preguntas pertinentes son: ¿Por qué el Gobierno - que tiene el Banco de Desarrollo Productivo, el Banco Unión, que cuenta un programa de inversión productiva, con la banca para apoyar empresas privadas, con más de $us 1.200 millones por año -  ha decidido utilizar $us 150 millones de los aportes nuestros? ¿Es que la hambruna fiscal es muy grave?. ¿Qué ha pasado con las reservas internacionales que estaban alrededor de $us 15.000 millones en el 2014 y ahora están en menos de 10.000 millones? ¿Estamos raspando la olla y no hay plata, y tenemos que apelar a los recursos de las AFPs?  ¿Cuál es el límite de estos saques?

Más allá de la necesidad o no de apoyo al sector productivo, la señalización de esta operación es cuestionable debido al origen del financiamiento, el tema del riesgo y el contenido político. No es la mejor idea tocar los fondos de los bolivianos, genera incertidumbre, es un mensaje negativo de que la situación económica es mucho más compleja de lo que uno parece verla en un primer momento. Además, se dicho que habrán más de estas operaciones para otros sectores. El gobierno pudo haber usado otra fuente de financiamiento para esta operación.  

El vehículo utilizado es un fondo de inversión cerrado. Es evidente que no es la primera vez que se utiliza esta ingeniería financiera para atraer recursos de las AFPs. Pero cabe recordar que estos fondos requerían calificación de riesgo, por lo que estas operaciones fueron hechas por el sector bancario privado y que las AFPs tomaron, esperemos,  una decisión para invertir, nuestros fondos,  con criterios técnicos y no políticos.

Ahora bien, este no es caso del fondo que comentamos. Como estos recursos, según la Ley 065, no necesitan de calificación de riesgo y como es conocido que el sector agropecuario enfrenta peligros altos asociados al clima y variabilidad de precios, se diseñó una cobertura de riesgos aparentemente sofisticada pero no por eso perfecta. De hecho la estructuración del fondo  es cuestionable. Se afirma que se invertirá $us 100 millones respaldados por las retornos que se espera de la inversión de $us 50 millones. Primero, la inversión de los 50 deben garantizar no 100, sino los 150. Segundo, los $ 50 millones también están en riesgo, aunque sea bajo. Tercero, que papeles, en el mercado nacional o internacional,  están rindiendo en torno 9,5% para que en doce años se devuelva $ 150 millones, en el peor de los casos. Bueno alguien dirá que esta operación sólo requiere generar $60 millones porque los otros 90 están cubiertos por la garantía de los industriales agropecuarios (30%) y los Fondos de Garantía para el Sector Productivo creados con el 6% de las utilidades de los Bancos (30%). Pero aquí también surgen interrogantes válidas: 1. ¿En el caso de garantía de los industrias estas son con tierras y maquinarias? No. En realidad, se habla de cobertura (y no de garantías), supongo que son quirografarias, es decir, papelitos con firmas.   Y 2.  ¿Qué si las ganancias de los bancos bajan a futuro?.  Claramente esta otra garantía también es débil.  

En suma, si el gobierno debe apoyar a los sectores productivos en crisis, lo debería hacer utilizando otros recursos y no tocar los fondos de ahorro de los bolivianos. No es consistente hacer discursos grandilocuentes sobre el éxito del modelo económico y después dar la sensación de estar raspando la olla, tocando plata que no es suya.



Tuesday, January 24, 2017

2017: ¿El año de los elefantes negros?

Retomo mi columna con energía renovada y esperanza. Creo que aún es tiempo de ponerse el turbante, sacar la bola de cristal y realizar algunas previsiones de lo que puede pasar, en términos económicos, en el año 2017, siendo que hoy se cumplen 11 largos años de la administración del Presidente Morales. Así que abróchense los cinturones y mantengan el sillón en posición vertical que esta columna va a despegar. Que todos tengamos un muy buen viaje analítico  y un año asustadoramente feliz, por lo menos en lo personal, porque el contexto económico y político, tanto nacional como internacional, las cosas no se pintan muy bien.  

En su último libro: “Thank you for Being Late”, Thomas Friedman, sostiene que vivimos tiempos donde aparecen con mucha frecuencia,  los "elefantes negros.” La alegoría conceptual, creada por Adam Sweidan, es un cruce imaginario entre un "cisne negro,” que define a un evento como inesperado o improbable, pero con enormes ramificaciones e impactos, y un "elefante en el living ” que expresa un problema que está en nuestras narices, pero al cual no lo queremos ver y sobre todo, nadie quiere hacer nada al respecto.

En el contexto nacional, un cisne negro fue la escasez de agua en la ciudad de La Paz, problema del cuál nos enteramos - simultáneamente, el 28 de noviembre - tanto el gobierno como los ciudadanos y cuyas consecuencias económicas y políticas son muy fuertes. Un ejemplo de elefante en la cristalería es la apreciación del tipo de cambio. El problema es gigante, todos lo vemos, nadie hace nada, pero cuando el paquidermo se mueva o salga en estampida  es fácil imaginarse lo que pueda pasar en la sala. Aquí la muletilla de: “nadie nos dijo” o “no sabíamos”, por supuesto no será válida.  

En ciertos casos los cisnes negros son en realidad elefantes negros. Un ejemplo clásico, según, Sweidan, es un rebaño paquidermos negros ambientales como el calentamiento global, deforestación y la escasez de agua dulce. Estos problemas están frente a nuestras narices. Los elefantes están parqueados en nuestros bosques, montañas y ciudades, los vemos todos los días y nos recusamos a reconocerlos como desafíos. Entre tanto, cuando veamos los impactos desastrosos que causaran estos problemas diremos que se trata cisnes negros, fenómenos que nadie podía haberlos previsto, pero en realidad, siempre fueron enormes elefantes negros que estaban durmiendo a pierna suelta en nuestra sala.

En la política y economía boliviana existen varios elefantes negros caminando lentamente por los corredores de la coyuntura pero también en los laberintos estructurales de la economía. Mencionaré algunos de ellos. Desde el 2014, el sector público boliviano registra un elevado déficit público (3,6% del PIB). Ya son 3 años seguidos de un enorme hueco fiscal (2015 = 6,6% del PIB y 2016 = 6% del producto) y en el año 2017, está previsto que este alcance el 7,8% del mismo agregado económico. El problema está frente a nuestros  tiernos y revolucionarios ojos. El paquidermo engorda todos los años y nadie hace nada al respecto. ¿Nos sorprenderemos cuando este elefante negro salga en estampida y se lleve por delante toda la coqueta cristalería del proceso de cambio?  ¿Diremos que no los vimos echados en las alfombras persas en las nuevas salas de Ministerio de Economía y Finanzas Públicas?

Según los malévolos del FMI, la apreciación cambiaria del Boliviano estaría en torno del 40%, esto resta competitividad a nuestras exportaciones, especialmente las no tradicionales y genera una competencia desleal en el mercado local, para la industria nacional. El atraso cambiario también podría ser categorizado como un elefante negro.  El problema está frente a las respingadas narices de nuestras autoridades que prefieren matar con la indiferencia al paquidermo, y considerarlo un simple cisne inmaculado. ¿Hasta cuando esta estrategia funcionará? Las reservas internacionales que sostienen el equilibro de esta variable han caído en cera 5 mil millones de dólares en dos años. Pero desde el árbol del poder lo único que se hace es alimentar al gigante mamífero con maníes. consignas y piropos.  Las malas lenguas dice que hasta tiene: El Dumbo leninista, el centinela monetario del proceso de cambio.  


Otro paquidermo negro, que pesa cerca a 14 mil millones de dólares, es el sistema de pensiones (AFPs). Este se mueve en una gelatina institucional, porque hace más de 5 años fue estatizado pero su administración continúa en manos privadas, bajo la mirada lejana de una Gestora Pública, que no termina de arrancar y un supervisor débil, la Autoridad de Pensiones. ¿Está siendo bien cuidado este elefante? ¿Las inversiones que se realizan con nuestras contribuciones responde a parámetros técnicos de bajo riesgo o ya entró el criterio político en la gestión de estos recursos, como parece ser la inversión en un fondo que prestará al sector agropecuario? Dios nos guarde si este mamífero se debilita por malas inversiones y sale corriendo por el medio de la sala.

En cuanto los cisnes blancos neo revolucionarios se ven mimosos y presumidos las plumas en el espejo de la macroeconomía, enormes elefantes negros caminan junto a nosotros. Ignorarlos ciertamente es una mala estrategia, el 2017 podrían asomar sus trompas y causarnos serios problemas.  Y la excusa de que no los veíamos será rechazada por la población.

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En 11 años Bolivia recibió medio Plan Marshall

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