La teoría económica muestra que los monopolios son malos para la competencia, restan bienestar al consumidor, capturan parte o la totalidad del excedente de los ciudadanos. Uno de los peores poderes de mercado son monopolios naturales y las cosas se complican para los ciudadanos cuando están mal regulados por parte del Estado.
Éste es el caso de la electricidad
o el agua potable, dos servicios básicos que ahora se los considera derechos humanos. Electropaz es la única distribuidora de energía eléctrica de la ciudad de La Paz, con serias deficiencias en sus servicios. Sólo en el año que transcurre ya sufrí varios cortes de electricidad en mi barrio. Ahora bien, cuando los monopolios salen de los libros y tocan a su puerta, la teoría económica se convierte en una pesadilla de abusos.
Permítanme relatar mi caso. Tuve el infortunio de olvidar pagar una cuenta de luz, reconozco mi desliz, pero pagué caro el descuido. Estuve 15 horas sin energía eléctrica. Alrededor del mediodía del viernes 12 de octubre, una cuadrilla de Electropaz cortó la luz de mi casa desde la calle y no hubo manera de convencer a los funcionarios del monopolio que el pago estaba en camino. En efecto, al enterarme del hecho, salí corriendo de mi trabajo a pagar la factura de luz con más miedo de la reprimenda de mi media naranja que de la empresa. Pagué con el Jesús en la boca latigueándome por lo distraído que soy. Cabeza de chorlito, me decía mi papá. Para evitar a futuro el descuido, decidí que me inscribiría al sistema de pago automático. Pasado el susto, leí con más calma la factura de Electropaz y descubrí que la fecha límite de pago era el 24 de octubre del año en curso, faltaban 12 días para el plazo. En mi interpretación no había cometido un error, no entendía el iracundo corte, pero como todo monopolio abusivo que se preste, Electropaz había recurrido al viejo truco de la letra chica; en un recuadro del recibo dice que se corta la energía al segundo mes impago, pero gracias a una avalancha de detalles confusos en la factura, uno no sabe en qué mes se encuentra.
Al pagar mi obligación, la empresa me comunicó que en la próxima hora repondrían la energía, pensé, equivocadamente, que la reconexión sería otra operación de asalto, como fue el corte. Los rambos de Electropaz son eficientes con los alicates, pensé. Ingenuamente volví a mis quehaceres laborales, pero pasada una hora todavía no se había repuesto la energía. Decidí ejercer mis derechos de consumidor y llamar al servicio al cliente del monopolio Electropaz, donde operadores mal entrenados y lacónicos me dieron informaciones contradictorias y parciales.
La primera respuesta de la empresa fue que las reconexiones se hacían de cinco a ocho de la noche, debería tener paciencia y purgar mi pecado de pagador atrasado. Pero a medida que pasaban las horas, la luz no volvía y la máquina burocrática del monopolio abusivo me convertía en un número de reclamo frío e impersonal.
Al final de la tarde, las versiones de los operadores del centro de atención de la empresa cambiaron. Ahora se me decía que de acuerdo con la Ley de Electricidad, el monopolio de Electropaz tenía hasta 24 horas para reponerme la energía y que si no me gustaba me quejara a la autoridad reguladora. Además, a pesar de que había pagado mis cuentas, se me repetía que la culpa era mía y que el equipo de reconexiones sólo trabajaba hasta las seis de la tarde, y era imposible una solución, no podían hacer nada hasta el sábado por la mañana.
No me di por vencido. Después de mucha insistencia y reclamos, nuevamente cambiaron de respuesta, sí había un equipo técnico que podría reponerme la energía hasta las nueve y media de la noche. Una vez más no pasó nada y en una muestra de eficiencia y calidad en el servicio al cliente, el Fonoluz de 24 horas cerró sus actividades a las 22:30. El monopolio de Electropaz me había sentenciado a la oscuridad total, lo amparaba una ley neoliberal.
Sí, soy culpable de ser distraído y muy ocupado, pero no estoy de acuerdo en que la Ley de Electricidad faculte a un monopólico cortar la energía eléctrica, cualquiera que fuese la razón del no pago, porque vulnera un derecho humano básico a un servicio de primera necesidad. El camino deberían ser penalizaciones financieras y no el uso prepotente de los alicates. Porque cuando la empresa falla, poco puede hacer el consumidor.
Escribo este artículo a la luz de las velas, tiene algo de romántico pero el aire bucólico se pierde cuando me percato de que no pude colocar mi automóvil en mi garaje, tengo una puerta electrónica y manos de rodilla que no me permiten activar la parte mecánica en la oscuridad. Agradezco al altísimo que no tengo enfermos ni bebés en casa, que a estas alturas serían víctimas del monopolio abusivo de Electropaz.
Les presento mi caso, que seguramente es pequeño en un mar de problemas. Ejerzo mi derecho como ciudadano a reclamar mejores servicios básicos; el corte de un derecho humano, como es la energía eléctrica, no debería ser el camino para castigar a los ciudadanos, hay otras opciones menos prepotentes para que se penalicen a distraídos como yo o a aquellos que por razones financieras no pueden pagar su factura en ese momento. Son este tipo de actitudes de un monopolio que seguramente hacen tan populares las nacionalizaciones.
Finalmente, a las dos de la mañana, sin ningún previo aviso reconectaron la luz. Yo enmendé mi error de no pago en menos de una hora, la empresa se tomó 15 horas para reponer mi conexión. La relación que establece la Ley de Electricidad es muy asimétrica, favorece a la empresa monopólica. Urge modificar esta norma que fue hecha a medida y semejanza de Goliat, que tiene gigantes alicates para defender sus intereses.
Permítanme relatar mi caso. Tuve el infortunio de olvidar pagar una cuenta de luz, reconozco mi desliz, pero pagué caro el descuido. Estuve 15 horas sin energía eléctrica. Alrededor del mediodía del viernes 12 de octubre, una cuadrilla de Electropaz cortó la luz de mi casa desde la calle y no hubo manera de convencer a los funcionarios del monopolio que el pago estaba en camino. En efecto, al enterarme del hecho, salí corriendo de mi trabajo a pagar la factura de luz con más miedo de la reprimenda de mi media naranja que de la empresa. Pagué con el Jesús en la boca latigueándome por lo distraído que soy. Cabeza de chorlito, me decía mi papá. Para evitar a futuro el descuido, decidí que me inscribiría al sistema de pago automático. Pasado el susto, leí con más calma la factura de Electropaz y descubrí que la fecha límite de pago era el 24 de octubre del año en curso, faltaban 12 días para el plazo. En mi interpretación no había cometido un error, no entendía el iracundo corte, pero como todo monopolio abusivo que se preste, Electropaz había recurrido al viejo truco de la letra chica; en un recuadro del recibo dice que se corta la energía al segundo mes impago, pero gracias a una avalancha de detalles confusos en la factura, uno no sabe en qué mes se encuentra.
Al pagar mi obligación, la empresa me comunicó que en la próxima hora repondrían la energía, pensé, equivocadamente, que la reconexión sería otra operación de asalto, como fue el corte. Los rambos de Electropaz son eficientes con los alicates, pensé. Ingenuamente volví a mis quehaceres laborales, pero pasada una hora todavía no se había repuesto la energía. Decidí ejercer mis derechos de consumidor y llamar al servicio al cliente del monopolio Electropaz, donde operadores mal entrenados y lacónicos me dieron informaciones contradictorias y parciales.
La primera respuesta de la empresa fue que las reconexiones se hacían de cinco a ocho de la noche, debería tener paciencia y purgar mi pecado de pagador atrasado. Pero a medida que pasaban las horas, la luz no volvía y la máquina burocrática del monopolio abusivo me convertía en un número de reclamo frío e impersonal.
Al final de la tarde, las versiones de los operadores del centro de atención de la empresa cambiaron. Ahora se me decía que de acuerdo con la Ley de Electricidad, el monopolio de Electropaz tenía hasta 24 horas para reponerme la energía y que si no me gustaba me quejara a la autoridad reguladora. Además, a pesar de que había pagado mis cuentas, se me repetía que la culpa era mía y que el equipo de reconexiones sólo trabajaba hasta las seis de la tarde, y era imposible una solución, no podían hacer nada hasta el sábado por la mañana.
No me di por vencido. Después de mucha insistencia y reclamos, nuevamente cambiaron de respuesta, sí había un equipo técnico que podría reponerme la energía hasta las nueve y media de la noche. Una vez más no pasó nada y en una muestra de eficiencia y calidad en el servicio al cliente, el Fonoluz de 24 horas cerró sus actividades a las 22:30. El monopolio de Electropaz me había sentenciado a la oscuridad total, lo amparaba una ley neoliberal.
Sí, soy culpable de ser distraído y muy ocupado, pero no estoy de acuerdo en que la Ley de Electricidad faculte a un monopólico cortar la energía eléctrica, cualquiera que fuese la razón del no pago, porque vulnera un derecho humano básico a un servicio de primera necesidad. El camino deberían ser penalizaciones financieras y no el uso prepotente de los alicates. Porque cuando la empresa falla, poco puede hacer el consumidor.
Escribo este artículo a la luz de las velas, tiene algo de romántico pero el aire bucólico se pierde cuando me percato de que no pude colocar mi automóvil en mi garaje, tengo una puerta electrónica y manos de rodilla que no me permiten activar la parte mecánica en la oscuridad. Agradezco al altísimo que no tengo enfermos ni bebés en casa, que a estas alturas serían víctimas del monopolio abusivo de Electropaz.
Les presento mi caso, que seguramente es pequeño en un mar de problemas. Ejerzo mi derecho como ciudadano a reclamar mejores servicios básicos; el corte de un derecho humano, como es la energía eléctrica, no debería ser el camino para castigar a los ciudadanos, hay otras opciones menos prepotentes para que se penalicen a distraídos como yo o a aquellos que por razones financieras no pueden pagar su factura en ese momento. Son este tipo de actitudes de un monopolio que seguramente hacen tan populares las nacionalizaciones.
Finalmente, a las dos de la mañana, sin ningún previo aviso reconectaron la luz. Yo enmendé mi error de no pago en menos de una hora, la empresa se tomó 15 horas para reponer mi conexión. La relación que establece la Ley de Electricidad es muy asimétrica, favorece a la empresa monopólica. Urge modificar esta norma que fue hecha a medida y semejanza de Goliat, que tiene gigantes alicates para defender sus intereses.