Monday, April 16, 2018

Roba, pero hace


Lamentablemente, en el mundo en general y en América Latina, el particular el cáncer de la corrupción corroe la sociedad, las instituciones y la economía. La mordida puede estar presente en un simple trámite que requiere de una buena aceiteada  o el adecuado timbre de aceleración hasta en una obra pública millonaria, que para adjudicarse, necesita de una quinciañera (15%) para que el jefe se jubile tranquilo. En el pasado, las licitaciones  tenían un carácter más religioso por que solo se habla del diezmo (10%) milagroso.  Las situaciones de corrupción se presentan en lo micro y lo macro, durante los controles de tránsito cuando se pide que aplique el artículo $ 100 del Código de Tránsito.  Aunque mucha gente me ha contado que ahora se produjo una inflación del cariñito necesario para engañar a la implacable napia, (versión nativa del alcoholímetro), del oficial Diga Farfan. Entre tanto,  la corrupción también está en las altas esferas, en lo que se conoce como la patria contratista, en la relación mafiosa de empresas privadas y Estado, cuya obra maestra es la Lava Jato de Brasil, pero que puede presentarse en cualquier compra o licitación del sector público, local o nacional donde la jabonada, la carnaza, el amollar o el reconocimiento son moneda común.
     
La corrupción es el uso del sector público para obtener beneficios privados. En bueno español eso significa convertir al estado en la cueva de Alí y Baba y sus ciertamente más de cuarenta amigos Por supuesto que también existe corrupción entre privados.  Este es un mal que se presenta en administraciones tanto izquierda como derecha.  

Una pregunta que hace muchos años se hacen los economistas es de qué manera la corrupción afecta el crecimiento y desarrollo económico.  Cierta lectura, entre pragmática y cínica, sostiene que la corrupción no es mala porque engrasa los mecanismos burocráticos y pesados dentro del estado, y supera las leyes rígidas de control. En esta dirección lo que importa es el resultado de la inversión pública, por ejemplo. El subtexto de esta aproximación es la idea que ciertas gestiones roban o dejan robar, pero hacen obras. “Le menten no más” para que después los abogados arreglen, porque hay un bien mayor que es el resultado: un crecimiento económico elevado en base a infraestructura pública, carreteras, museos, edificios, transporte público y otros.  Esta manera pragmática  de ver el desarrollo enfatiza los efectos estáticos y de corto plazo del crecimiento económico.    Porque en una perspectiva más estructural, la corrupción hace un enorme daño a la economía y la sociedad.

Según estudios del Banco Mundial, empresas y las personas pagan aproximadamente 1.5 billones de dólares en sobornos cada año. Meterle la cucharada al dulce, este caso sería la pala, representa aproximadamente el 2% del producto interno bruto (PIB) mundial, y 10 veces el valor de la asistencia para el desarrollo en el extranjero. De manera agregada se calcula que las coimisiones se come entre 1 y 2% del PIB de los países latinoamericanos. Si este fuera el caso de Bolivia, nuestra economía, perdería por corrupción, lo mismo que pierde por no tener acceso libre y soberano al mar. Los mismo estudios empíricos mostraron que los más pobres pagan el mayor porcentaje de sus ingresos en aceiteadas. Por ejemplo, en Paraguay, los pobres pagan 12.6% de sus ingresos a sobornos, mientras que los hogares de altos ingresos pagan 6.4%.

Por lo tanto, el roba pero hace mata a la economía en el mediano y largo plazo, porque: i)  debilita la capacidad del estado para aumentar los ingresos y por lo tanto de realizar inversiones públicas de calidad. Se da prioridad a montos y obras grandes, que son vistosas,  antes que inversiones en capital humano, por ejemplo,  que no se ven. ii) Infla costos y asigna mal los escasos recursos. Hace poco veía, en un hospital público nacional,  que se denunciaba que se habían compararon basureros a 3,800 Bs., pero que no habían ciertos insumos médicos para operar.

La corrupción también provoca déficit público, porque obras públicas mal ejecutas, sobre dimensionadas  y sin retorno sobre la inversión terminan siendo financiadas por los ingresos públicos. Así mismo, la cultura de la mordida tienden a atraer a inversionistas extranjeros de dudosa reputación. La cultura del engrase también distorsiona y muchas veces fomenta el desarrollo de la economía informal, restándole recursos al estado y provocando la muerte lenta de centenas de pequeños empresarios que actúan en un mundo de negocios sin reglas de juego claras y a merced de la peculato y la extorción. El soborno reduce los ingresos del gobierno y por la tanto limita y empobrece la provisión de bienes y servicios públicos. En suma, la corrupción mata el desarrollo económico y el pragmatismo del: “roba, pero hace” es un espejismo populista.


Monday, April 9, 2018

Lula: ¿De príncipe a sapo?



Lula es el líder político más importante de Brasil. Nordestino inmigrante, trabajador metalúrgico, líder sindical y finalmente, uno de los presidentes más populares que tuvo el vecino país. Carismático y luchador buscó la presidencia de la República desde 1989 y convirtió al Partido los Trabajadores (PT) en el experimento de renovación de izquierda más interesante de los últimos 50 años. Durante su gobierno, comandó una rápida modernización de la economía brasileña y un amplio proceso de inclusión social. Terminado su gestión salió con una aprobación del más del 80% y colocó a su heredera política Dilma en el gobierno.

Leonel Brizola, otro político brasileño, llamaba a Lula de sapo barbudo en alusión a los orígenes izquierdistas y castristas. Pero Lula, gracias a su persistencia, habilidad política y moderación propositiva se convirtió en el príncipe de la política brasileña. Inclusive opacando al príncipe de la sociología mundial, su antecesor presidente Fernando Henrique Cardoso.  Tal era su prestigio mundial que Barak Obama dijo sobre Lula: "This is the guy". Este es el hombre. El político más popular de la tierra. Terminado su mandato de dos periodos, Lula estaba en el zenit de la política mundial. Entonces ¿Porqué este fenómeno de la política ahora está un paso de la cárcel? ¿Porqué se está dando el proceso inverso de convertir un príncipe en sapo? Pues la principal explicación está en el veneno mortal de la corrupción que penetro en las venas del sistema político, empresarial y económico del Brasil.

El año 2002, Lula gana con el 61% de los sufragios, la mayor votación histórica de Brasil. Entretanto, el nuevo presidente no tenía el sustento en el Congreso para garantizar la gobernabilidad, por lo que armó alianzas político partidarias complejas y pragmáticas. Entre los principales aliados podemos mencionar el Partido Trabalhista do Brasil (PTB), el Partido Progresista (PP) y varios otras agrupaciones. Todas estas coaliciones crearon estabilidad política lo que a su vez contribuyó a que la economía brasilera, durante su gobierno 2003 - 2011, creciera un promedio de 4%. Así mismo contribuyó a que implementaran políticas sociales novedosas como los bonos, (bolsa escola y familia), el programa hambre cero y otras que terminaron sacando 30 millones de brasileños de la pobreza. La presidente Dilma incluyo a la alianza política al Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) para dar más sostenibilidad a su gobierno en el 2011.  En una larga tradición histórica estos acuerdos siempre se habían basado en favor políticos y repartición de recursos y poder.  Con la llega al gobierno del PT esto no cambio, mas bien se profundizó.

Ya durante el primer gobierno de Lula, surgieron  las primeras denuncias de corrupción, como el Mensalon, que consistía en el desvío de dinero público para apoyar campañas electorales de los partidos del gobierno y para comprar votos en el Congreso para aprobar las políticas del presidente Lula. Este escándalo terminó llevando a la cárcel a varios lideres del PT como José Dirceu y otros otros políticos de alto nivel. Pero el premio mayor estaba por ser descubierto. El escandalo del Lava Jato que revelo una alianza mafiosa entre ciertos representantes de los partidos del gobierno y la oposición con sectores empresariales vinculados a la construcción y a la producción de carne.

Quiere decir que en cuanto la coalición gubernamental, liderada por Lula, Dilma y Temer, tenía enormes logros económicos y sociales, en los sótanos de la política se estaba armando un mecanismo complejo de corrupción que básicamente implicaba financiamiento de campañas electorales por las empresas privadas, que una vez que los gobiernos entraban al poder les devolvían los dineros a través de obras públicas sobre facturadas. El caso emblemático fue Petrobrás. Se estima que la operación Lava Jato movilizó 30 mil millones de dólares, el PIB de Bolivia en una año.

¿Cuánto de este esquema era conocido por los líderes políticos en especial Lula, Dilma o Temer? Es al algo en investigación pero parece poco probable que no conociera el movimiento de estas montañas de dinero realizadas por centenas de operadores políticos y empresarios. La élite política brasilera del gobierno y también de la oposición, por omisión incompetente o por complicidad delincuencial o por ambas razones, fue responsable de inyectar en el cuerpo político brasilero el virus de la corrupción. El caso departamento Triplex, que Lula habría recibido de la empresa OAS, parece ser la punta marginal de un ovillo gigante de negociados.  El veneno de la corrupción destrozo el sistema político, desmoralizó a la sociedad, profundizó la crisis económica y colocó en terapia intensiva a la democracia brasileña.


Monday, April 2, 2018

El Pos Haya y el dilema de las naranjas


Terminados los alegatos en la Corte Internacional de Justicia de La Haya sobre el tema de mar, resta esperar el fallo que, en caso negativo, será una bomba política interna; pero en caso positivo, además de un triunfo diplomático, pondrá a prueba nuestro poder y capacidad de negociación, y la capacidad nacional para alcanzar resultados concretos. 
 A inicios del nuevo milenio participé de un taller académico de negociaciones sobre el tema marítimo boliviano, propiciado por el Harvard Negotation Program que dirigía el profesor Roger Fisher, autor de varios libros sobre el tema y del superventas Getting to yes: negotiating agreement Without giving in, junto a Bill Ury. Fisher además de ser un renombrado intelectual,  tenía una amplia experiencia en negociaciones complejas en el Medio Oriente (Cumbre Camp David), en el proceso paz en El Salvador y la finalización de la guerra entre Ecuador, y Perú. En Sudáfrica, Fisher trabajó en las negociaciones y el proceso constitucional que condujeron al fin del apartheid. 
 En este ejercicio de negociaciones participaron delegaciones compuestas  por 10 personas por país: Bolivia, Perú y Chile. En los grupos había líderes sociales, empresarios, políticos, académicos, periodistas y militares. 
 Los encuentros tenían tres objetivos: 1) Construir redes de comunicación entre grupos de la sociedad civil; 2) crear un espacio académico abierto a ideas creativas para la solución del problema marítimo boliviano y 3) conocer técnicas de negociación en base al modelo del profesor Fisher. En esta oportunidad quisiera compartir mis aprendizajes en este último punto.
 Negociar es un arte complejo que depende de un contexto de poder y de capacidades técnicas. En una negociación internacional prima el tema del poder, no siendo el único factor. Creo que –como sostiene la Escuela Realista de las relaciones internacionales– los países cuando hacen política y/o negocios no tienen amigos sino intereses, y éstos se pautan en recursos de poder que pueden ser económicos, estratégico-militares, poblacionales, diplomáticos y simbólicos.
 Bajo esta perspectiva teórica, las negociaciones de un país deben centrarse en la defensa del interés nacional. Una mejor defensa o ampliación de éste requiere de acumulación de poder. Toda negociación sienta a la mesa a países o grupos con diferentes recursos de poder. De manera más genérica y siguiendo a Joseph Nye, podemos hablar del poder duro (hard power), respaldado en la fuerza económica o militar y el poder suave (soft power), basado en la seducción que genera la cultura, los ideales políticos, la ideología o las causas que reclaman un determinado país, como puede ser el tema de la justa reinvindicación maríti ma boliviana. En estas circunstancias es que se habla de poder de negociación de las partes. 
 Para Fisher y Ury un proceso de negociación también tiene vida propia y depende de voluntades políticas, actitudes y técnicas. En su libro clásico Obteniendo el sí, ambos autores recomiendan varias estrategias, pero la que más quedó del taller de Harvard es que el éxito de una negociación debe centrarse en los intereses, no en las posiciones.
 ¿Cuál es el interés central en el caso boliviano? ¿Podremos negociar diferenciando los intereses de las posiciones?  En este Domingo de Pascua compartó un ejemplo muy didáctico que nos propuso el profesor Fisher y a partir del cual usted puede llegar sus propias respuestas sobre los intereses y las posiciones. 
 Para ello, en casa o en la oficina, divida a la familia o compañeros de trabajo en dos grupos. Digamos los verdes y los guindos. Recomiendo que se siga al pie de la letra las instrucciones. 
 Imagínese que están en juego 40 coquetas naranjas, de esas que dan ganas de pellizcarlas por su atrevido color. Cada uno de los grupos quiere 30 cítricos. Pues bien, que comience la negociación y la posición es clara: el grupo verde debe buscar llevarse 30 naranjas y el guindo, la misma cantidad.
 Para ser efectivo en la negociación, ahórrese todo el desgaste inútil de las descalificaciones y acusaciones de su contraparte. Puede que en medio del camino aparezca el espíritu de Salomón con gran sabiduría diga: 20 naranjitas para cada grupo y se acabó la discusión, cada uno debe ceder algo. Muchas veces se confunde negociaciones con regateo. Pero según Fisher esta sigue siendo una negociación de posiciones. El “mita y mita” es una pérdida de 10 naranjas para ambos y sigue el entuerto.
 Pero qué ocurriría si cada grupo se pregunta: ¿Para qué necesitamos las naranjas? Es decir, ¿cuáles son los verdaderos intereses en la negociación? ¿Qué pasaría en la negociación si el grupo verde manifiesta que necesita las naranjas para hacer jugo con ellas y el grupo guindo, las requiere para hacer mermelada con las cáscaras? ¿Cambiarían sus estrategias de negociación? ¿A qué tipo de acuerdo llegarían? ¿Con cuántas naranjas se quedaría cada grupo? 
 Recuerdo que el taller de Harvard nos enfrascamos en un regateo por naranjas y muchos cuestionábamos el ejercicio por simplón, pero, al final, era una manera de entender temas complejos con ideas simples que ayudan a encontrar soluciones creativas a guerras.  
 El artículo no dará una respuesta final a las interrogantes, cuando el domingo languidezca su humilde escribidor pondrá una posible solución en las redes sociales, pero espero que el ejercicio nos ayude a entender que una buena negociación separa intereses de posiciones y que ésta será una de bases para llegar a un buen puerto con Chile. 
 Vuelvo a una pregunta central: ¿Cuáles son los intereses nacionales de Bolivia en la futura negociación? ¿Cómo debemos acumular más poder suave para aumentar nuestra capacidad de negociación? Resolviendo el dilema de las naranjas, el profesor Fisher, con su metodología ayudó a traer paz en el mundo.

POS COMENTARIO CON POSIBLE SOLUCIÓN AL PROBLEMA PLANTEADO EN EL ARTÍCULO
Hoy domingo en P7 y otros periódicos nacionales plantee juego de negociación que ilustraba la idea de que para llegar a un buen acuerdo se necesita distinguir entre los intereses y las posiciones. Están en juego 40 naranjas. Y los grupos enfrentados cada uno quiere 30 naranjas, estas son las posiciones. Una solución muy tradicional en nuestro medio es esta que tiene que ver con regateo y no con negociación. La idea es que los dos deben salir perdiendo, ambos deben ceder algo respecto a lo que querían en un primer momento. En ese caso son 20 naranjas para uno y 20 para el otro. Esto sería una solución pero quedándonos en el tema de las posiciones en las negociaciones. Cuando uno se pregunta para que uno quiere las naranjas, se entra en el tema del interés. Un grupo tiene el interese en las naranjas para hacer mermeladas con las cáscaras. El otro tiene interés en el jugo de la naranja. Si ambos intereses se ponen en la negociación existe una solución de ganar/ganar mucho más interesante. Porque cada grupo se lleva a rigor 40 naranjas. Los primeros pelan las naranjas y se quedan con la cáscara para hacer la mermelada. Y los segundos se quedan con el jugo también de 40 naranjas. En la práctica este tipo de negociación es obviamente compleja. Por lo tanto, en el tema del mar nuestro país, en el momento que tenga que negociar con Chile, tendrá que tener muy claro cuáles son nuestros intereses nacionales que están en juego y cuáles son nuestras posiciones. Tal vez lo más importante es que el gobierno determine con claridad cuáles son los intereses nacionales y convenza a la mayoría de la población de Bolivia que está defendiendo estos. Gracias por haber leído mi artículo y participado de este desafío.


Roba, pero hace

Lamentablemente, en el mundo en general y en América Latina, el particular el c á ncer de la corrupción corroe la socieda...