Monday, July 15, 2013

Socialismo extractivista






En el 2013, la tasa de crecimiento económica en Bolivia será cercana al 6%.  Trompetas y pututus en do mayor ya anuncian otro logro único del proceso de cambio. Pero como vilipendiado opinador me gustaría aplicar un test para evaluar la calidad y sostenibilidad de la tasa de crecimiento en cuestión. La metodología que aplicaré proviene del trabajo: The past, present and future of Economic Growth de Dani Rodrik, uno de mis gurús económicos

Según Rodrik, dos dinámicas conducen al crecimiento de largo plazo.   La primera es el desarrollo de capacidades fundamentales en forma de capital humano y calidad institucional. Estas capacidades tienen elevados costos de implementación y muchas de ellas son complementarias. Por ejemplo, la garantía de derechos de propiedad, sean estos privados, públicos o colectivos,   requieren de un poder judicial independiente y profesionalizado. Un sistema de salud eficiente y efectivo se basa en una adecuada oferta de médicos y enfermeras. Una cadena industrial competitiva requiere de una adecuada red de proveedores de insumos y una variedad de ingenieros especializados provenientes de universidades de calidad. En suma, las capacidades fundamentales tienen un carácter multidimensional y complementaria.    

La segunda dinámica, para Rodrik, tiene que ver con transformaciones estructurales, es decir con el nacimiento o transformación de nuevas industrias de mayor productividad y tal vez lo más importante, con el desafío de que la mano de obra de los sectores tradicionales (sector agrícola, servicios e informal de baja productividad,  por ejemplo) pase a las actividades modernas. Salvo en los casos de bonanzas vinculadas a recursos naturales, un crecimiento elevado esta vinculada a una industrialización particular o cierta diferenciación productiva.

Las políticas públicas para acumular capacidades fundamentales y promover  cambios estructurales pueden complementarse pero son diferentes.  Con este marco de referencia en mente coloquemos la siguiente matriz de pagos que sintetiza los padrones de crecimiento vinculadas a las dos dinámicas señaladas. 


¿En qué cuadrante del gráfico se encontraría la economía boliviana de los últimos años?

Hipotéticamente sostengo que crecimiento boliviano se encuentra en una disyuntiva/transición  entre el cuadrante 2 y 3 con potencial ha caminar hacia el cuadro 4. Como es conocido el producto nacional creció, entre 2006 y 2012, a un promedio anual de 4.7%, en gran medida como resultado de la bonanza externa que se originó en el incremento de los precios de las materias y en el aumento tanto del gasto/inversión  pública como del consumo interno, fenómeno que también se alimentó de los mayores ingresos prevenientes, directa e indirectamente, del exterior. El grueso de los ingresos fiscales con el que se financia la política fiscal expansiva del gobierno provienen de los impuestos a las exportaciones de gas natural. Por lo tanto, el crecimiento económico de este periodo no está se sustenta en ningún proceso de industrialización fuera de los recursos naturales y no produjo cambios significativos  en la productividad de los factores de producción. Entre tanto, cabe reconocer que desde el año 2006, se están impulsando inversiones importantes en nuevas instituciones, reglas de juego traducidas en el cambio de la Constitución Política del Estado y nuevas leyes. También hay acciones que buscan mejorar la situación social, sin embargo este intento de desarrollo de capacidades es desarticulado y tiene bajos niveles de complementariedad entre las políticas públicas adoptadas. Responden más a un vaivén de la política que a una estrategia coordinada.   

El crecimiento económico del periodo del Presidente Morales se lo puede caracterizar como episódico en el marco teórico propuesto por Rodrik, pero que fácilmente puede volver al cuadrante 3, cuando pase el veranillo externo. Entre tanto, también tiene el potencial de caminar hacia el cuadrante de crecimiento rápido y sostenible. Para ello los recursos de la bonanza externa deberían estar encaminados a crear nuevas industrias y diversificar el aparato productivo. Esto último no esta ocurriendo y por el momento, lo que tenemos es un hibrido discursivo que lo podríamos denominar socialismo extractivista, categoría que la analizaremos más en profundidad en una próxima entrega. 


Monday, July 8, 2013

Confesiones secretas de un profe



Termina el semestre en la mayoría de las universidades de Bolivia. Ésta es, probablemente, la época más difícil del año para los profesores, como es el caso de su humilde escribidor de domingo. Es la hora de corregir exámenes y calificar, a veces, centenas de pruebas. Queda atrás el trabajo en aula, donde se han tomado controles de lectura, se hicieron presentaciones y se armaron debates que también ayudaron a evaluar a los estudiantes.

Enseñar es un placer y un enorme reto para la emoción. Con razón dicen las malas lenguas que los profesores somos actores frustrados. El aula es un palco donde intentamos dejar parte de la vida representando las ideas e instrumentos ajenos y propios. Cada día es una obra teatral diferente, pero para un mismo público. El desafío es mayúsculo. La calificación del alumno es el acto final, pero, no el más importante. Entonces, ¿de qué dependen unos buenos resultados cuantitativos y cualitativos de un semestre de clases? Ensayaré algunas respuestas desde el campo de mi especialidad, la economía y algo de administración.

La enseñanza-aprendizaje puede ser vista en el marco conceptual de la oferta y la demanda. Para que funcione el acto pedagógico, ambas curvas deben encontrarse en un equilibrio sostenible. Pero en vez de precio, en el eje vertical del gráfico clásico del mercado, imaginemos, valor social y en el eje horizontal, cantidad de esfuerzo y creatividad de profesores y alumnos.

La oferta de un servicio educativo, en concreto una clase por ejemplo, depende de una función de producción, es decir de la manera en que interactuará el capital humano (el catedrático) con los otros factores de producción como la infraestructura (tamaño y calidad de las aulas, bibliotecas, laboratorios, internet) y el equipamiento (libros, plataformas virtuales, tipo de pizarras, retroproyectoras y tubos de ensayo). También es muy relevante la tecnología que se utilizará, por ejemplo las aplicaciones de las tecnologías de la información antes, durante y después de las clases. Una buena clase no es apenas la hora y media de contacto entre profesor y alumnos. En realidad, la calidad del servicio educativo también depende de una enorme cadena de valor que va desde el reclutamiento e inducción del profesor a la misión, los valores y cultura académica de la universidad, pasando por la elaboración del syllabus con base en contenidos mínimos y benchmarking nacional e internacional, hasta la evaluación tanto de los alumnos como de los profesores. Ahora bien, ¿cómo se define un buen syllabus? Obviamente por su contenido, el uso de libros y material pertinente y actualizado.

En esta función de producción, la calidad y la formación del capital humano es central. Talento, formación adecuada, pero, sobre todo, mucho trabajo de preparación son las sabias del éxito en el aula. Por supuesto que los servicios de apoyo de bibliotecas, administración eficiente, espacios de trabajo adecuados y otros servicios de apoyo son también relevantes.

Pero la dialéctica enseñanza-aprendizaje es como un tango, sólo se baila bien si hay acompañamiento de la demanda; es decir, si los alumnos están bien preparados y dispuestos a ser actores activos de su educación. Mis más de 20 años de profesor me permiten establecer las condiciones de un alumno exitoso. Por supuesto que la formación previa, la del colegio, es muy importante, no tanto en los conocimientos específicos, sino más bien en la capacidad de lectura y concentración, en los hábitos de trabajo y los grados de compromiso; pero, tal vez, lo más importante es la actitud del estudiante, que mínimamente debe ser abierta, emprendedora y crítica frente a los conocimientos. Ayuda mucho también un grado de enraizamiento con el entorno político, social cultural y económico. Además, la motivación será el centro que equilibre la inteligencia emocional del estudiante, pero, por supuesto nada de lo anterior es suficiente si no hay una enorme predisposición al trabajo duro. Un equipo de bueno de alumnos debe dormir máximo cuatro horas al día, por lo menos de lunes a viernes. Debe hacer suya la consigna de Nietzsche, que decía que para dormir tendremos la muerte.

Cuando la enseñanza-aprendizaje forman el yin y yang del acto académico, el saber creativo despliega sus alas y el acto de calificar se vuelve apenas un paso más del proceso educativo y no un fin en sí mismo. Aquí no pretendo dar recetas, apenas es un testimonio de simple profesor de economía que está en la cancha hace varios años y que también condena el acto abusivo y prepotente de los países que bloquearon al Presidente.

Monday, July 1, 2013

¡Salimos del Facebook!





El vecino Brasil sigue bajo una agitación social sin precedentes. Millones de personas, especialmente jóvenes, han tomado las calles de centenas de ciudades, de la gigante Rio de Janeiro a la pequeña Passos. Al inicio de las protestas una conocido periodista de la televisión brasileña se preguntó: ?De donde salía esta amazonia de gente? La respuesta no se dejo esperar. Varios carteles en las marchas respondieron: ¡Nos salimos del Facebook!  
En efecto, en las multitudinarias manifestaciones, las consignas y reclamos eran creativos posts de la redes sociales. Reproduzco los más simpáticos: Unos mostraban alianzas intergeneracionales como: Los jóvenes de 1968 apoyan a los jóvenes de 2013. Otros,  los reclamos sobre la salud y educación que decían: Cuando un hijo se enferme, llévelo al Maracaná. Queremos hospitales y escuelas padrón FIFA. O estamos perjudicando la Copa. Disculpen, es falta de educación. Muchos otros carteles y gritos cuestionaban las billonadas de dinero gastadas en infraestructura deportiva.  Hasta mi mujer gasta menos que el gobierno. O los pedidos de perdón a los miles de turistas. Disculpen los trastornos, estamos cambiando Brasil.
Este fenómeno - en el que la sociedad-red que debate, analiza y protesta en el ciberespacio y de repente salen a las calles - ha sido ampliamente estudiado por el sociólogo Manuel Castells. Y como es conocido se ha producido en varias ciudades en el mundo y está cambiando muchas sistemas políticos e inclusive ha derrumbado dictaduras, como es el caso del movimiento que se denominó la Primavera Árabe. A continuación me permito reproducir sus principales ideas. Sigo el último libro de Castells: Redes de indignación y esperanza: Los movimientos sociales en la era de Internet,  Editorial Alianza, 2012.
Para Castells, los movimientos sociales en la era de la Sociedad Red van ha cambiar las sociedades del siglo 21, porque son un mecanismos de contrapoder. Cabe recordar que las relaciones de poder son constitutivas de una sociedad,  El poder construye instituciones de acuerdo a conjunto de valores e intereses de una parte de la sociedad.  Las relaciones de poder están enraizadas en el Estado y éste ejerce el poder a través del uso legítimo de la fuerza y también de manera sutil. Es el poder suave de la hegemonía que usa sobre todo, aunque no exclusivamente, la comunicación a través de los medios que controla el gobierno de turno. Según Castells, la Sociedad Red, es un contra poder que usa una vía alternativa de comunicación, que es muy atomizada pero efectiva. Crea la auto-comunicación masiva usando el internet y las redes como plataforma de comunicación digital sobrepasando el poder del Estado. Es una comunicación masiva porque procesa los mensajes de muchos, aunque dispersos, con el potencial de alcanzar múltiples receptores, conectando infinitas redes que transmiten información digitalizada en el mundo.  Es una auto-comunicación porque la producción del mensaje es autónomamente decidido por el que envía y la recepción es también de auto-selección.  Esta nueva forma de comunicación se basa en redes horizontales de interacción comunicativa, muy difícil de controlar por parte de gobiernos o corporaciones.  Para el sociólogo español, la comunicación digital es multimodal y permite la construcción de una plataforma tecnológica para la construcción de un actor social autónomo que puede ser individual o colectivo, fuera de los espacios de las instituciones tradicionales de la sociedad.
Quiénes son los que detectan el poder de la Sociedad Red?  Los programadores con capacidad de elaborar plataformas de comunicación y los switchers que operan en diferentes redes. A lo largo de la historia, los movimientos sociales son productores de nuevos valores y objetivos alrededor de los cuales las instituciones de la sociedad son transformadas y no sería diferente en la era de la Sociedad Red.
En la opinión de Castells, las redes sociales digitales ofrecen amplios espacios de deliberación y coordinación de la acción. Crean al mismo tiempo un espacio cibernético público que puede convertirse en un espacio físico urbano.  Cuando la gente se sale internet crea nuevas prácticas 1) creando comunidades que se auto-reconocen en las calles 2) ocupando espacios del poder público 3) construyendo una comunidad libre. Esto sería lo que esta pasando en Brasil, por ejemplo.
Pero ¿cómo se forman estos movimientos sociales que se salen de la red?  Su raíz principal está en la injusticia de las sociedades. Los actores de la era digital también buscan mejores niveles de vida, son contra  la desigualdad, el racismo, la xenofobia y muchas otras cosa más. Y cuando se les colma el límite salen a la calles y unifican banderas, buscando mejores servicios públicos, empleo o eliminación de la corrupción como en el caso del vecino. Para Castells, son un contra poder pero sin institucionalidad pero que derrumba gobiernos y rompe esquemas sociales. Cuando la protesta se sale del Facebook puede ser subversiva. 


















Monday, June 24, 2013

Del paladar, su revolución

En cuanto los jerarcas del socialismo extractivista practican su deporte favorito: el narcisismo macroeconómico, el país productivo sabe muy bien que el espejo del boom de los precios de las materias primas, que alimenta el crecimiento económico actual, no es para toda la vida y que más temprano que tarde, el gas se hará gas y que los precios de los minerales irán cuesta bajo en la rodada, como dice sabiamente el tango. Pero es en la bonanza financiera prestada de estos días que se pueden hacer cambios estructurales. Es la oportunidad de cambiar el chip del rentismo asociado a los recursos naturales por el de la economía creativa a base del software de la innovación, en este caso de la comida. Así que manos a la obra.

La visión: Bolivia, uno de los pilares mundiales del alimento sano y con raíces culturales. El objetivo: construir un clúster de turismo gastronómico a base de la comida andina, tomando como referencia la exitosa cadena productiva y de servicios del Perú. La estrategia: imitar, innovar diferenciarse. Por dónde comenzar: desde esta humilde columna elaborar un mapeo de productos-productores, platos y restaurantes que podrían ser la base de la nueva culinaria nacional. Es una tarea compleja, pero es un camino para revalorizar y publicitar lo que tenemos. La tarea concreta: a través de Facebook y mi blog crear una red de testimonios sobre ingredientes, recetas, platos y lugares donde se come rico, saludable, con excelente servicio y a un buen precio.

Mi experiencia: el comer bien, que no significa forrar la panza con la cantidad, comienza con los ingredientes y su calidad, aquí nos concentramos en el área andina. En la región amazónica existen centenas de insumos y espero que alguien se compre la idea de difundirlos. La Bolivia del buen tenedor y mejor gusto con raíces se debe basar en: 1) los tubérculos, centenas de variedades de papas, pero también la oca, la racacha, la yuca, la walisa y el camote. 2) Los granos y cereales andinos, entre los más conocidos están la quinua, el trigo, la cañahua y el maíz. 3) La carne de llama de Turco en Oruro que ya cuenta con matadero de tercer nivel. 4) La trucha, la boguita, el pejerrey, el karachi, los ispis, el suche y el mauri del lago Titicaca. Muchas de estas especies están en peligro de desaparecer y requieren de políticas públicas para rescatarlas.

De estas decenas de ingredientes deberán surgir nuevas recetas y también se debería rescatar platitos que comían nuestros ancestros. Veamos algunos: el pesque, un maravilloso pastel de quinua y queso que se evapora en la boca. Los diversos ajís que convierten al paladar en una pista de sabores, entre los más conocidos están el ají de chuño, que cura en una sola dosis la calvicie prematura; el ají de papaliza, que suelta la picardía en los ojos; el ají de racacha, imprescindible para enfrentar las noches en Potosí; el ají de trigo, tan nutritivo que debería ser el principal ingrediente de la política social; el ají de queso -conocido también como quesumacha-, el único plato que hace retroceder a la culinaria italiana. Y maravillosos ajís de habas -cuyo alias en la mesa es habas pejtu-, terror del duodeno. ¿Y las laguas y sopitas? Existen para todos los gustos y recovecos del alma. Mi abuelo decía que en Bolivia nunca funcionaría el psicoanálisis porque existían la jaka lagua, el chairito o la sopita de pollo. Era su receta predilecta; si veía alguien “medio otra clase”, le recetaba una sopita. Una vez mi hermana, en Villazón, tuvo un desentendimiento amoroso con un ciudadano argentino de La Quiaca, tomó una sopa de cabellos de ángel hecha a base de huesos de vaca altiplánica y el mal de amores se le pasó en una noche. Y qué decir del cardán caldito (el viagra boliviano), cuyo eslogan debería ser: since colonial times, helping nice people to have sex. Otro platito súper es la ranga ranga, conocido también como ají de toalla. Para terminar mi lista está mi preferido: el ají de fideo corbatita coronado con perejil virgen y rodeado con un collar de ulupicas madre. Dejo a los historiadores y mis lectores el trabajo de seguir recuperando recetas e ingredientes. Los espero en el Facebook.

Mis restaurantes preferidos sin orden de preferencia son: El Vagón del Sur de La Paz, donde sirven un “frichi” (fritanga + chicharrón); el Sucre Manta en Cochabamba, cuyo mejor plato es el “menudito”; el rostro asado y plato de los extremos (lengua y rabo) del Nayjama, que son toda una experiencia antropológica. Pido disculpas a mis otros lugares, que viven en el corazón de mi estómago, no tengo más espacio.

Detrás de cada ingrediente, plato bien servido con repete y restaurantes, existen miles de empleos.

Los agricultores, transportistas, comerciantes, personas que trabajan con compras y logística, cocineros, garzones, lavaplatos, gerentes de restaurante, promotores... Un tejido sofisticado de trabajos dignos, esfuerzo, creatividad, cultura, innovación tecnológica, recuperación histórica, servicios. Es el clúster gastronómico funcionando, es la economía creativa que no se basa en el concepto de escasez, como es el caso de los recursos naturales, sino en la abundancia de las nuevas ideas. Cuando toda la gente come bien, la demanda es infinita, y reinventa la oferta. Es la revolución productiva y del sabor del paladar o -como decimos los collas- es del paladar, su revolución. 

Gonzalo Chávez es economista y buen diente.

Monday, May 27, 2013

La revolución del papel de higiénico


    Una de las peores pesadillas que uno puede imaginarse es que después de una apacible sentada en el trono supremo, se deba constatar, a quemarropa, que no hay papel higiénico en el toilette. En la Venezuela del socialismo del siglo XXI parece que el hermano y compañero Freddy Krueger, agente de ultratumba del imperio, se encargó de traer esta pesadilla a la realidad. Según la versión oficial, ha desaparecido el papel higiénico del mercado, como resultado de una conspiración. En la soledad del excusado, millones de venezolanos no tienen este producto de primera necesidad y súbitamente se ven frente al legendario personaje de terror que una mano sostiene un rollo de papel y en la otra exhibe sus dedos con navajas.

    ¿Cuáles son las lecciones microeconómicas y macroeconómicas de la falta del rollito de la fortuna del cual jalamos y jalamos, pensando que su oferta es infinita? Veamos la aproximación microeconómica. El papel higiénico es un producto de primera necesidad cuya demanda es bastante inelástica. ¿Qué significa esto? Que frente a pequeñas variaciones del precio del papel, el consumo no varía significativamente. Esto ocurre porque el bien en cuestión tiene pocos sustitutos en el corto plazo. Pero, sin duda, si el incremento de precios fuera brutal o la escasez monumental, como parece ser el caso en Venezuela, aparecerían las alternativas creativas y ancestrales.

    Entre las más importantes están los vidés, las duchitas higiénicas -esto tal vez para los más pudientes-, pero también surgirían los sustitutos populares, como el infalible papel periódico cortado adecuadamente que, además, tiene tres funciones a la hora de sentase como El Pensador de Auguste Rodin: una recreativa, otra funcional al acto y, simultáneamente, permite acciones de protesta íntimas. “Leí la noticia o vi la foto del político de turno y le di el destino que merecía”. También existen otros sustitutos de papel de toilette, ciertamente imperfectos pero que sacan de apuros, como los marlos, chalas, piedras, hojas de palmeras y otros.

    En lo que se refiere a la producción, la curva de oferta de papel higiénico es elástica, es decir frente a una variación de precios del bien en 1%, la cantidad ofertada del producto aumentará significativamente. Producir el mágico rollito no es caro, y no existen barreras de entrada, tecnológicas o financieras, para su elaboración. Por eso es incomprensible que frente a una demanda inelástica del papel no haya decenas de empresa produciendo este producto de primera necesidad.

    Ahora, frente a la escasez de papel higiénico, ¿qué alternativas de políticas públicas existen? Importar el producto como sabiamente lo está haciendo la revolución bolivariana.

    En efecto, comprará 50 millones de rollos, pero la media es claramente insuficiente. Dado que la población del país caribeño es de 29 millones, esto significa que a cada uno le tocará 1,7 rollos, provisión que no da para más de unos tres días en condiciones fisiológicas normales. Otra alternativa es aumentar la productividad media del papel, o sea, cortarlo en pedazos más pequeños o convertir la “hoja triple” de la marca del perrito en hoja simple, lo que requeriría un adiestramiento del usuario hasta tener un pulso de cirujano y por supuesto intensas campañas de publicidad. También está la alternativa, no recomendable, de usar el papel higiénico de los dos lados: un sacrificio más por el socialismo del siglo XXI.

    Un acto revolucionario sería nacionalizar las fábricas de papel higiénico para evitar especulaciones y conspiraciones. Asimismo, bajo la consigna internacionalista de “colas proletarias del mundo, uníos”, el Gobierno actual podría donar papel higiénico y así evitar que la revolución bolivariana haga aguas y de paso se revive a la empresa Papelbol.

    Desde el punto de vista macroeconómico, también se pueden extraer lecciones interesantes de la escasez de papel higiénico. Dada la elevada inflación que registra la economía venezolana, el producto en cuestión podría estar desempeñando algunas funciones del dinero, como la de reserva de valor y medio de intercambio, en especial en los mercados negros.

    En realidad, ésta puede ser una de las causas de la escasez. Como el impuesto-inflación es elevado y se come el valor del bolívar fuerte, es racional, desde el punto de vista económico, tener rollos de papel antes que dinero. La historia económica mundial está llena de ejemplos de “dinero-mercancía”.

    Durante la hiperinflación alemana, los cigarrillos se volvieron medios de pago y reserva de valor. Sin embargo, el papel higiénico superaría a los puchos. En efecto, el papel higiénico puede ser mejor fraccionado, se lo puede doblar sin riesgo y hasta se lo podría adecuar al ancho de una billetera. Un refresco podría costar una rollo y medio, por ejemplo.

    Finalmente, la escasez de papel higiénico y la falta de alimentos es uno de los síntomas de la enfermedad holandesa, una economía sobreconcentrada en petróleo, que vía apreciación del tipo de cambio real y reasignación de mano de obra hacia los sectores de hidrocarburos y servicios, estrangula lenta y pero indefectiblemente a la industria y producción nacional, en este caso de Venezuela. Como se puede ver, la economía está en todas partes y siempre nos da lecciones. Nunca es tarde para aprender, inclusive en el trono de su casa. Agradezco las sugerencias técnicas del doctor David Zavaleta.

Tuesday, May 21, 2013

Al maestro del bloqueo, con cariño


Al maestro del bloqueo, con cariño


Yo bloqueo, tú bloqueas, ellos bloquean, nosotros bloqueamos, ustedes bloquean. Sin duda alguna, este es el verbo más conjugado en Bolivia a lo largo de su historia. De una manera más amplia el nivel de conflictividad social en Bolivia es muy intenso. Según el Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (CERES), en el periodo 1970 – 2012, se habrían registrado 15.560  huelgas, paros, protestas y bloqueos de todas índole en el país. En 42 años de historia prácticamente se registró un conflicto cada 24 horas, este resultado sale de dividir los 15.560 conflictos entre 42 años (504 meses), lo que, en promedio, dá 370 huelgas o paros por año, 31 por mes. Quiere decir, cada santo día, algún grupo, en todo este tiempo, estaba protestando con buenas o malas razones. A lo largo del periodo de gobierno del Presidente Morales el promedio de conflictos por mes ha superado los 55.

Existen decenas de explicaciones económicas, sociales y políticas sobre los grados de conflictividad  que se presentan en Bolivia. Se han gastado ríos de tinta para explicar este proceso. En buena parte de estos casos existen razones justas para las movilizaciones sociales, pero también algunas de estas acciones muestran cierto grado de esquizofrenia colectiva y oportunismo político.  El espectro de explicaciones es amplio:  mejores salarios, defensas de intereses regionales o corporativos, reclamos por salud, educación, recuperación de la democracia, rechazo a actitudes autoritarias y muchas otras más.  La última causa de los conflictos es la reforma del sistema de pensiones.  Las razones de fondo de los conflictos se explican por la pobreza, exclusión social, bajo crecimiento, la escasa industrialización, la informalización de la economía, las actitudes rentistas y prebendales, y lucha por el poder político.

 También existen las causas de corto plazo, en la actualidad, por ejemplo, el exitismo y narcisismo macroeconómico del gobierno que ha creado una hiperinflación de expectativas en la sociedad y por lo tanto, reavivó una fuerte cultura rentista de varios grupos corporativos. Se habla de una bonanza de riqueza en la economía que la gente cree que no le llega a sus bolsillos. Además, la nueva Constitución Política promete la felicidad económica instantánea. Ahora, todos quieren un pedazo del cielo del proceso de cambio.

Sabemos por experiencia propia e internacional que la inestabilidad social y sindical compromete seriamente el crecimiento y el desarrollo económico. Las vías más conocidas a través de las cuales los conflictos sociales afectan el desempeño económico de un país son: 1) A mayor cantidad de huelgas, menor serán los días trabajados, lo que compromete la producción y productividad media de la economía. 2) Las huelgas y bloqueos crean un clima de incertidumbre macroeconómica, política y social, que desestimula las inversiones. 3) Reivindicaciones sociales exitosas capturan rentas estatales dejando menos recursos para la inversión pública.
           

Los conflictos sociales hacen parte de una sociedad democrática, pero qué ocurre cuando éstos, por exceso y repetición,  se convierten en daniños para el desempeño económico. Aquí creo que entramos en una dimensión psicoanalítica del problema. Hace muchos años en Bolivia, está en una vorágine de conflictos, una especie de chorro morro colectivo donde  el objetivo principal es que todos se saquen la entretela, todos salgan perdiendo. En el pasado neoliberal, se elogiaba las movilizaciones sociales porque eran portadoras de cambio, eran vectores de contra poder, potadores de un nuevo bloque histórico como diría Grasmci. Pero llegó el cambio y, en teoría, la construcción de una hegemonía estatal, y las huelgas y bloqueos continua, más aun, sean multiplicado, aunque ahora se dice que la protesta social tiene otro carácter, sería la disputa por los frutos del proceso de cambio. Movilizaciones revolucionarias o de carácter reinvindicativo, desde el punto de vista económico, generan siempre los mismos resultados. Bajo crecimiento económico, escaso desarrollo productivo, mayor pobreza estructural y fomento a la cultura rentista. Las victorias tanto del gobierno, cuando doble algún movimiento social o las corporaciones, cuando consiguen una victoria, son pírricas y de corto plazo. El resultado estructural es de perdida económica generalizada para todos, muchas veces con muertes.

Podremos, alguna vez, como país, sentarnos en un diván psicoanalítico para explicar este comportamiento autodestructivo y encontrar otras soluciones, que la simple repetición del mismo libreto del chorro morro. Cada año, después del carnaval, se inicia el ritual de las huelgas, paros, bloqueos, represión estatal, el show en los medios de comunicación, las acusaciones de golpismo, los llamados al dialogo, la acusación de presencia de extranjeros en las movilizaciones, los heridos, los muertos, los huérfanos, las viudas, la mediación, algunas demandas atendidas, muchas promesas, sendas declaraciones, acuerdos ampulosos, políticos con o sin rasguños, y finalmente, la reconciliación hipócrita hasta la batalla del próximo año. La historia se muerde la cola y camina en círculos. Hasta el próximo año, en Bolivia sabemos en la repetición esta el gusto. 

Monday, April 29, 2013

QUE TRES AÑOS NO ES NADA...



El periódico que ahora está en sus manos ha cumplido tres años de vida. Y como corresponde ha hecho un acto de celebración, donde tuve el privilegio de dirigir algunas palabras en nombre de las columnas/columnistas que sostienen Página Siete. Me sentí honrado y feliz.

A continuación, intentaré hacer un resumen de lo que dije la noche del evento. Me tracé una ruta crítica de cuatro puntos en mi intervención: me pregunté qué era un columnista; abrí el Diccionario de los vientos: recordé un sueño; y le puse datos a una realidad.

Hace muchos años, el director del periódico en el que escribía me propuso que mi columna saliese cada 15 días. Acepté resignado, me consolé: menos trabajo. Cabe recordar que uno escribe por amor al arte, no es una actividad remunerada. Pasados unos meses comencé a sentirme medio “rarito”, que es la forma en que los paceños describimos nuestras angustias, desesperanzas, miedos y fantasmas. En un primer momento no sabía qué me ocurría, lo atribuí al cansancio. También tuve la idea de ir a un psicólogo pero me desanimé cuando supe de sus tarifas. Finalmente, me di cuenta de que estaba con saudade (nostalgia) de mis lectores, me hacía mucha falta mi columna dominical, por lo que llamé al director y le dije a quemarropa: “O me pagas un psicólogo o me dejas volver a escribir cada semana”.

Me devolvió mi trinchera dominical.

Escribir es una forma de exorcizar, con la palabra, los fantasmas –económicos, sociales y personales– que nos agobian. Escrita la columna, el fin de semana se vuelve alegre y leve, especialmente si uno ha hablado mal del Gobierno. Es decir, es una forma de terapia que jabona y lava el alma.

En la transición del viejo y nuevo milenio, allá por el año 2000, se realizó un certamen mundial de ensayos de filosofía con una doble pregunta: ¿liberar al futuro del pasado o liberar al pasado del futuro? Esta interrogante me perseguía en mis noches sin sueño hasta que descubrí el trabajo que ganó el evento mencionado: El diccionario de los vientos de Yvetta Guerasimchuk. La autora sostiene que el vaivén entre el futuro y el pasado es el resultado de la lucha entre los militantes de los vientos (los que aman el cambio, los anemófilos) y aquellos que odian los vientos (los anemofóbicos). Éstos también son conocidos como los guerreros de la quietud, los conservadores de la sociedad, la política y las costumbres.

Me identifiqué inmediatamente con la autora porque soy de Villazón y conozco de soplos, aires, brisas, ventiscas y huracanes. Soy un amante y militante de las nobles causas de los vientos. En mi infancia, en esa ciudad, los vientos de agosto eran tan fuertes que obligaban a mis progenitores a colocar pesos metálicos en mi mochila de escolar y piedras en mis bolsillos para no ser arrastrado. A un par de amigos de esta época se los llevó el viento, se especula que a lugares mágicos.

Para mí, Página Siete es una comarca intelectual de adoradores de los vientos, de la innovación y del compromiso con los lectores; cada mañana, cuando abro el periódico, siento agradables brisas de diversidad, de nuevas ideas, de opiniones inteligentes, rachas de crónicas bien hechas y reportajes frescos, y también, de vez en cuando, aparecen huracanes valientes de denuncias contra los dueños del poder que ahora quieren encarcelar a los vientos.

En suma, un fresco céfiro de democracia, independencia y primavera.

Son estas razones que hacen que comparta visiones, vientos, sueños y realidades con este periódico, que anida en su pecho esta columna.

A este sueño hecho realidad, por deformación profesional, debo ponerle números. En tres años, con el papel, la tinta, las ideas y las letras que se han gastado se podían haber hecho 1.080 libros. El esfuerzo de directores, redactores y todo el equipo de Página Siete, en concreto, se tradujo en la utilización de 2.400 toneladas de papel, 1.800 horas de impresión y 60.000 litros de tinta. El equipo de este periódico ha trabajado sin descanso y ha contribuido con 390 días feriados; 120 personas hacen posible que todos los días nazca el periódico. También, Página Siete ha incursionado en el mercado del ciberespacio, 221.000 lectores entran a la página web al mes, los internautas son de 140 países y el periódico impreso se lee en 23 localidades a lo largo del país.

Parafraseando al tango Volver de Carlos Gardel, “que tres años no es nada, que febril la mirada”, espero que Página Siete siga apuntando al futuro. Se ha avanzado mucho y, tal vez, lo más importante hasta ahora es que se ha logrado una entrada en el “Diccionario de los vientos” de la Real Academia de la Esperanza, que en la página 429 dice: “Página Siete: Viento joven, bueno para refrescar valores, exorcizar autoritarismos y promover democracia de ideas, voces y actitudes”.

Anatomía de una crisis múltiple y hoja de ruta para un gobierno asediado

2. Gramsci lo dijo con precisión quirúrgica: “Lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer. En ese claroscuro surgen los monstruo...