Monday, June 11, 2018

Homenaje a Jonathan: Repensar la universidad

Como siempre el tema de la educación superior se concentra en un problema de recursos financieros. Entra tanto, esta vez, con mucho dolor e indignación por la “muerte matada” de un estudiante universitario: Jonathan Quispe y la estúpida teoría de las canicas. Ciertamente, se hicieron y se harán sendos homenajes al muchacho, se lo convertirá en un héroe instantáneo de una causa justa, pero pasadas algunas semanas se olvidará el caso, nadie se hará responsable políticamente y  Jonathan será una estadística más de la violencia política del país.

Sin embargo, el dolor de la familia será eterno. También es probable que la Universidad Pública de El  Alto consiga los recursos que estaba pidiendo. Las partes se irán a sus cuarteles de invierno, para aguardar la siguiente escaramuza sobre las rentas.  

Tal vez un mejor homenaje al joven alteño es polemizar y repensar nuestro sistema universitario, el modelo académico y esbozar propuestas. Ciertamente, a pesar de las mejoras que se han producido en los últimos 30 años, nuestras universidades están lejos de ser centros de investigación de avanzada, conectados con su entorno y que brindan capital humano de primer nivel para el desarrollo económico del país.

Un primer problema es que no existe una información precisa de cómo está nuestro sistema universitario. El Instituto Nacional de Estadística  tiene algunas cifras agregadas y el Comité Ejecutivo de la Universidad Boliviana (CEUB) también presenta datos parciales. Veamos algunos de ellos:

En 2017, el gasto total en educación era de 8% del producto y en universidades fue superior a 2% del PIB, cifras que están por debajo de los promedios latinoamericanos. En la actualidad, en las universidades públicas (556.371) y privadas (128.871) estudian casi 700 mil estudiantes, 7% de la población total. El nivel de titulación no pasa del 30%. Ambas proporciones son muy bajas en relación con  América Latina.

Hasta el año 2015, existían 368 instituciones de educación superior, 107 universidades y 261 institutos técnicos, formación superior de maestros y otros. Las universidades públicas llegan a 11 y las privadas a 66; el resto son universidades con regímenes especiales. En este caso hay escasez de oferta en relación con el tamaño de la población boliviana.

Según el CEUB , entre 2004 y 2015, las áreas de conocimiento de la nueva matrícula se concentraban en ingenierías un 29,1%, seguidas de ciencias sociales y humanidades  con un 26,6, de ciencias económicas 21,8 y de ciencias de la salud 14,2%. Es una buena señal que las carreras técnicas hayan subido, pero el camino es largo.

En las licenciaturas del sistema de la universidad boliviana dictan clases 20.775 profesores y tan sólo el 3,3% de docentes tiene grado académico de doctor. Con este nivel de formación de los docentes no se puede llegar muy lejos, ni en la enseñanza ni en la investigación.

Todos estos datos reflejan ciertos avances en temas cuantitativos. ¿Pero qué podemos decir de la calidad? Ésta es difícil de medir pero la acreditación es un buen indicador. Este es un proceso  llevado a cabo por una agencia externa a las instituciones de educación superior y permite ver la calidad de los programas o de la institución acreditada.
La mayoría de las acreditaciones las hace el CEUB y según sus datos, hasta   2015 se habría acreditado 103 carreras de un total de 1.176. Las acreditaciones internacionales están en torno de 50 en todo el sistema universitario, público  y privado, parámetro muy bajo para los estándares internacionales. Los avances en calidad son precarios.

Si hablamos del ranking internacional, la cosa es más grave. Ninguna universidad boliviana figura en el más prestigioso ranking que elabora la universidad de Shanghái y el Ranking Web (Webometrics) sitúa a las universidades públicas en alrededor del puesto 3.000 y las privadas en el puesto 5.000. Si sirve de consuelo, la mayoría de las universidades de América Latina no pasan del puesto 500.
Por lo tanto, el desafío mayor está en la calidad de las universidades y su modelo académico. Tradicionalmente, una casa de estudios superiores  presta un servicio de educación, investigación y extensión social. Existe muy poca conexión entre el mundo académico y el desarrollo social o empresarial. Las universidades en los países en vías de desarrollo están escasamente conectadas con su entorno local, político, económico y productivo. Así no se avanzará mucho.

En un mundo cada vez más globalizado, que vive el auge de la revolución de la información y la tecnología, las universidades están frente al desafío de convertirse en clusters con una doble misión. Por una parte, la creación y difusión  del conocimiento y, por otra, la promoción-acción de la solidaridad y desarrollo social. Las universidades deben enraizarse con su entorno y ser los dínamos de parques industriales, de ciudades del saber o, de una manera más general, de territorios inteligentes.  

Tuesday, May 29, 2018

RADOGRAFIA DE LA DEUDA EXTERNA

En las últimas semanas  el tema de la deuda externa entró al debate nacional gatillado por la crisis argentina. En el vecino país, el tamaño de las acreencias internacionales y su rápido aumento es una de las causas que obligó al gobierno de Macri a llamar a la caballería del FMI para pedir socorro financiero.
Por estas tierras libres de la dependencia de los organismos internacionales, el Gobierno afirma que nuestra deuda externa es baja  y sostenible financieramente. Es decir, la podemos pagar con los ingresos que recibimos e incluso endeudarnos más. Críticos de la política económica sostienen que los focos rojos deberían encenderse porque la deuda externa crece muy rápidamente  (en   2017  se contrataron 24 préstamos) y que para evaluar la solvencia del Estado, también se debe considerar la deuda interna.
Para entrar al debate mejor informados veamos algunos hechos basados en datos oficiales.
Hasta diciembre de  2017, según el Banco Central de Bolivia (BCB), la deuda externa del país llegó a 9.428 millones de dólares, esto representa  el 25% del Producto Interno Bruto (PIB), es decir, el valor de la deuda medida como proporción de toda la riqueza generada por la economía en un año. En una primera aproximación este parámetro está en un nivel razonable para los patrones internacionales que establecen un 50% como límite de endeudamiento.
En   2007 se consolidó el perdonazo de la deuda externa por parte de organismos internacionales y esta se redujo a 2.209 millones de dólares o el 17% del Producto. Esta proporción, posteriormente, llegó a 15% del PIB. Al entrar al poder, el gobierno de Morales recibió un sector externo financiero saneado.  
Entre 2007 y 2017, la deuda externa subió en 327% en términos nominales. Medida como participación del PIB, el incremento fue de 47%. La nueva deuda externa es más costosa que en el pasado, porque esta era concesional (a largo plazo con tasas de interés bajas) y ahora es más comercial (los plazos para pagarla son menores y es más caro el interés que se paga).
En  2017 el país pagó 583 millones de dólares en intereses y capital, esto es equivalente a construir 16 palacios de Evo y 10 buenos hospitales por año.
Si bien el 25% del PIB de endeudamiento externo es todavía bajo, sin embargo, para ver la capacidad de endeudamiento y pago de un país se debe tomar en cuenta también la deuda interna.
Para simplificar el análisis coloquemos el ejemplo de una pequeña empresa que le debe al banco.
Esta sería su deuda externa pero también ha recibido crédito de amigos y familiares (deuda interna). A la hora de analizar la capacidad de pago de esta empresa se debe evaluar todas las deudas y no solamente la que tiene con la entidad financiera (deuda externa).
En Bolivia, la deuda interna con el sector privado (por ejemplo AFP) era  de 4.474 millones de dólares hasta fin de  2017, eso es el 12% del PIB. La deuda de las empresas estatales con el BCB también está en torno de 4.708 millones de dólares, es decir un poco más del 12,4% del PIB.
El total de la deuda del Sector Público No Financiero (Tesoro General de la Nación TGN más empresas estatales), es decir  de todo el Estado boliviano es de 48,4% del PIB. En este caso, la capacidad de endeudamiento está al límite de las recomendaciones internacionales. Ahora si desconoce la deuda de las estatales porque sería dentro del propio Estado, llegamos a 36% del PIB.

Pero esto es torturar a la contabilidad. En el pasado, las deudas de los bancos estatales y de empresas públicas que quebraron crearon graves problemas financieros al Estado.
 Además, para ver la capacidad de endeudamiento de un país también se debe considerar otras variables económicas. La tasa de crecimiento de la economía se desaceleró desde 2013. En ese año, el PIB llegó a subir en 6,8% y sistemáticamente se redujo hasta llegar a 4,2% en 2017.
La economía registra cinco años consecutivos de déficit público. En 2018 el desajuste fiscal podría superar el 7% del PIB. Se registra tres años de déficit comercial, aunque este año este pueda disminuir por la mejora del precio del petróleo y por ende del gas natural, aunque existen dudas razonables de que se aprovechará esta situación, porque las exportaciones de hidrocarburos, en especial a Brasil, están bajando en cantidades.
Podría existir un empate técnico entre variaciones de cantidades y de precios. Cabe también recordar que nuestras reservas internacionales continúan bajando.
Así mismo, hay desconfianza sobre la calidad y rentabilidad de la inversión pública, esta es cada vez mayor, cercana a 7.000 millones de dólares, pero su efecto sobre el crecimiento económico es menor. También, ¿cuál sería la rentabilidad de edificios de lujo, de museos personales, de infraestructura caminera que no conecta polos productivos, de aeropuertos que reciben pocos aviones, de decenas de canchas de fútbol y polifuncionales donde sólo juegan ratones, como reconoció el Presidente, y de fábricas que funcionan a medias?
Gonzalo Chávez A. es economista.

Monday, May 21, 2018

Las huellas de mayo de 1968

Las huellas de mayo de 1968

Gonzalo Chavez A.

Mayo de 1968 fue un terremoto político, cultural, social e inclusive económico. Se juntaron las hormonas, las neuronas y los sueños de millones de jóvenes para reinventar la democracia, para revolucionar el cotidiano, para relanzar la libertad personal en otras dimensiones. Este movimiento cumple 50 años.

El 68 se buscó crear un tipo humanidad, que apostó a la rebeldía permanente, a la transgresión creativa, a la alegría como forma de protesta, pero sobre todo a una solidaridad más amplia. En mayo del 68 se produjo un explosión  de ideas, dardos conceptuales, slogans y gritos de guerra que penetraron, en diferentes dosis y alcances diversos, al cuerpo de una sociedad en crisis de identidad y perspectiva: “Es prohibido prohibir. Decretado el estado permanente de felicidad. La imaginación al poder. Sea realista, exiga lo imposible. Olvide todo lo que Usted aprendió, comience a soñar. En los exámenes, responda con preguntas. Abajo el realismo socialista. Viva el surrealismo”.

De lo macrosocial a lo microcultural,  la savia de las ideas nuevas y dulcemente subversivas estaban en las paredes, en los libros, en las discusiones de cafés, en las protestas, en las barricadas, en las obras de teatro, en las camas de los amantes, en los cuerpos y sus pliegues. Mayo del 68 juntó diferentes tribus descontentas y rebeldes en el mundo: Los hippies gringos que protestaron contra la guerra de Vietnam, la discriminación racial y las costumbres burguesas; los jóvenes indomables de París que querían tomar el cielo con las armas de la poesía y el amor; los nacionalista de Europa del Este que no aceptaba el socialismo real y autoritario de la Unión Soviética; los jóvenes guerrilleros de América Latina que luchaban contra las dictaduras; las mujeres del mundo que quemaban sus sostenes contra el machismo.

¿Cómo fue mayo del 68 a Bolivia? No lo sé. Era muy niño en la época.  Pero puedo dar testimonio posterior de los ecos de estos eventos que me llegaron por muchos caminos.  El rock progresivo, el marxismo leninismo, el boom de la literatura latinoamericana, el hippismo y el tropicalismo.


El rock progresivo me fue presentado por un amigo melómano y sibarita en tardes de viento y desenfrenada danza de platos criollos en Villazón.  (Un corte comercial: honor y gloria al diamante del sur que se pule sólo en su día). En cuánto le cascábamos tremendos brazuelos de cordero y oímos extasiados Pink Floyd, Yes Jethro Tull y ELP en un poderoso Pioner, se decretaba, de ipso facto, el estado permanente de felicidad.

Ya en el poderoso colegio San Calixto abrazamos con fervor la lectura de Marx y Lenin, doctrina que nos fue introducida por un profesor de física, René Bascopé A. Era el ventrículo izquierdo del corazón de mayo del 68 que latía lejano pero absolutamente convincente en plena dictadura de Banzer. En eternos domingos leímos hipnotizados El Capital y intentábamos aprender alemán porque sospechábamos, que las traducciones al español de la Editorial Progreso de Moscú, tenían un dejo revisionista y pequeño burgués.

Para estar seguros que entendíamos la  teoría de valor no solo leímos sino que fumábamos Das Kapital, sus hojas de seda fina hacían sabrosos cigarrillos. Nuestro anti imperialismo era sólido y no nos permitía ni acercarnos al Malboro menos aún a la versión criolla de empresa capitalista: Astoria.

El profesor Bascopé, en inmensa sabiduría, también nos introdujo el antídoto contra el fanatismo ideológico de la época, la literatura del realismo mágico. Augusto Roa Bastos, Julio Cortázar, Mario Benedetti y por supuesto García Márquez nos refrescaron las ideas y nos aflojaron las pichicas ideológicas. Sostengo que el ritmo de la poesía y las sabrosas novelas me hicieron olvidar todo lo que aprendí del marxismo ortodoxo, me ayudó a seguir soñando.  Sin embargo, tuve que aterrizar en los trópicos cariocas para entender que la revolución en la sociedad también requería una transformación en las relaciones personales, así me llegó el mayo del 68 en su versión brasileña.
Tenía que exorcizar el estalinismo que me quedaba en la cabeza después de sobre dosis de los escritos de Martha Harnecker o Nikitin.

En Rio descubrí a Fernando Gabeira, un ex guerrillero que en los ochentas había dejado el fusil y pregonaba paz, amor y playa o el gran Caetano Veloso que se definía como “totalmente demais” y decía que la bruta flor del querer, crecía en su opuesto. “Donde quieres familia, soy loco y donde quieres romántico, burgués. Donde quieres revolver, soy palmera, donde quieres dinero, soy pasión”, filosofaba cantado el bahiano universal. Era otro de los legados de París en mayo con acento en portugués que pregonaba  que estaba prohibido prohibir. La libertad no se puede rendir a ninguna causa, por más noble que sea, porque ella es la propia causa.

Bueno al final“¿qué quedo del 68?” y para responder me agarró del brazo de alguien que vivió mayo de aquel año, Fernado Savater, con cuya síntesis me identifico, y cito: “sólo se me ocurre responder que quedamos algunos, muchos menos ya desde luego que quienes lo invocan o lo maldicen. Y en cada uno de nosotros tuvo efectos distintos: tampoco la Virgen hace siempre milagros y cura a todos los que van a Lourdes. De los votos pintados en los muros de París aquel Mayo lejano, mi preferido (después del encomiable y poco respetuoso “Sartre, sé breve”) es este: “No quiero morir idiota”. Yo estoy casi a punto de conseguirlo, pero compruebo con pena que muchos de mi edad y sobre todo más jóvenes han dejado prematuramente de intentarlo”.

Wednesday, May 16, 2018

Contra el populismo rentista ají de fideo corbatita

Con frecuencia el Gobierno muestra el incremento de los ingresos por ventas de restaurantes y supermercados como un gran logro económico basado en el mercado interno.  Entre 1999 y 2017, estos habría crecido en 859%. Por supuesto, todos al unísono: ¡Aleluya. Honor y gloria eterna al sacrosanto proceso de cambio! La nueva clase media agradecida da rienda suelta a un furor consumista  que, paradójicamente, enorgullece hasta las gruesas lágrimas a los neorrevolucionarios.  
 En Bolivia, el boom del comercio y la gula son  en realidad un síntoma de la conocida enfermedad holandesa, un mal económico que confunde riqueza de consumo de corto plazo con desarrollo. Esta afección se origina en un súbito incremento de los precios de alguna materia prima en el sector hidrocarburos, por ejemplo, que recibe mucho dinero y hace rebalsar, éste, al mercado interno vía incremento de los gastos e inversiones del Estado y un mayor consumo privado.
 La lluvia de plata se consume en bienes no transables (diversos tipos de servicios, como restaurantes, construcción, comercio y otros) y en importaciones legales e ilegales. Estas últimas ayudadas por la apreciación del tipo de cambio real. 
 En el caso boliviano, pasada la bonanza externa en 2014, la burbuja de consumo se mantiene perdiendo reservas internacionales, incrementando la deuda externa y aumentado déficits públicos. Un día el gas se hace gas y te has gastado todos los ahorros. Pasada la fiesta del populismo, los globos de consumo se comienzan a desinflar. Ya no hay rentas para distribuir. Se constata que el sector de restaurantes y supermercados había tomado anabólicos chutos, era pura gordura de plástico.  Viene la crisis y el populismo busca los culpables de siempre: la derecha, el imperio  y los analistas. 
 Pero, felizmente, hay otro camino a seguir. El boom del consumo en restaurantes puede ser reconvertido en una revolución en los servicios y dejar el lamento revolucionario. El mejor remedio para curar el populismo rentista es un suculento y creativo ají de fideo corbatita con perejil virgen y pícaras ulupicas, acompañado de un coctelito de tumbo con romero chapareño.  
 Quiere decir que en vez de que el gobierno esté contemplándose el pupu en seminarios de adoración a la religión del extractivismo, podría promover políticas públicas, aprovechando el efecto riqueza de la enfermedad holandesa para promover una revolución en los servicios de gastronomía y turismo, creando un conglomerado, un cluster. 
 Cabe recordar que la gastronomía está formada por un ecosistema que une producción agraria y pesquera, el transporte y el mercadeo de alimentos, el diseño gráfico, la propaganda, la cultura, el folklore, el turismo, los institutos de formación en cocina y otros. A rigor, esta es una oportunidad para substituir parcialmente la economía de los recursos naturales por la economía creativa o naranja. Cambiar la economía de materias primas que se agotan por una economía basada en ideas, que son infinitas. 
 Perú es un ejemplo exitoso de economía creativa en gastronomía. Según PromPerú, “comer rico” atrae al 59% de los turistas, casi como Machu Picchu (60%). Así mismo, este sector da empleo directo e indirecto a seis millones de personas. Si alcanzáramos estos índices en Bolivia eso equivaldría a 1,5 millones de empleos, más que toda la población que actualmente trabaja en el sector formal, en torno de un millón de personas. 
 En términos de exportaciones esto equivale a vender más mil de millones de dólares en lomos saltados, cebiches, causas, pisco sours y otros platitos. Y si a esto se suma el turismo tradicional, que mueve por año a 2,3 millones de personas, estamos hablando de un enorme motor de desarrollo económico. 
 Un ejemplo más lejano son los Emiratos Árabes, también dependientes del petróleo y gas natural, pero con ciudades como Dubái y Abu Dabi que también han apostado masivamente a los servicios de turismo tradicional (decenas de parques temáticos), cultural (varios museos como una sucursal de Louvre)  o religioso (la mezquita Sheikh Zayed, una de las más grandes del mundo). Así mismo, están  los servicios financieros y de arquitectura. La India es más sofisticada porque apuesta a la revolución de los servicios de alta tecnología. 
 Después de 12 años de gobierno, y más de 60.000 millones de dólares de ingresos adicionales, en el modelo rentista sigue caminando en círculo mirándose el ombligo y obligando a la gente a seguir peleándose por las “tisidas” de Pachamama. En tanto, las oportunidades de una economía creativa siguen esperando y la receta es muy simple: está en nuestra comida, nuestra cultura, nuestros sabores, nuestras recetas, nuestros granos, nuestra creatividad y espíritu emprendedor y, sobre todo, en nuestra alma boliviana. Una vez más, contra el populismo rentista un yucazo de camarón en una cama de flor de jamaica, coronado con quinua pipocada y un rico coctelito de copoazú.
Gonzalo Chavez A. es economista.

Monday, May 7, 2018

El arte revolucionario de entregar cadáveres

Las empresas, como los seres humanos, atraviesan  por un ciclo en la vida. Los emprendimiento nacen, crecen, se reproducen y, en la mayoría de los casos, mueren. Cuando se cree que las empresas – privadas, públicas o sociales, especialmente en el sector productivo -  son una de las fuentes centrales de generación de valor para la sociedad, de creación de riqueza y empleo,  se deben desarrollar políticas públicas de largo plazo en el campo industrial y de creación de ecosistemas, para que las células en el cuerpo económico se desenvuelvan con el menor trauma posible en el ciclo de vida de los negocios. Este es uno de los secretos del desarrollo económico, social y medioambiental.
 Con la promulgación de la Ley de Creación de Empresa Sociales, el Gobierno ha demostrado, una vez más, su preferencia por la necrofilia ideológica (la atracción por ideas muertas) y ha perdido una gran oportunidad para crear un sistema de reestructuración del tejido empresarial.  Al calor de una campaña electoral prematura ofrece a los trabajadores pasarles la administración de empresas en procesos de quiebra,  liquidación o abandono. 
 Puesto en lenguaje coloquial: se propone repartir moribundos y cadáveres empresariales para que los trabajadores, ahora en el papel de accionistas, busquen milagros estratégicos a través de empresa sociales. La intención parece loable, pero es equivocada y vulnera toda comprensión del desarrollo empresarial.  
 Si el objetivo es preservar el tejido empresarial y preservar empleos, se requieren sistemas para entender y evaluar por qué ciertos emprendimientos están quebrando o se han cerrado. Las empresas atraviesan por situaciones de turbulencia o quiebras por causas externas: la desaceleración de la economía; la aparición de competencia, nacional o extranjera, más competitiva y de costos menores, lo que deriva en pérdida de mercados; el surgimiento de cambios culturales en los gustos o preferencias de los consumidores; las políticas gubernamentales inadecuadas, como un tipo de cambio apreciado que fomenta las importaciones legas e ilegales o la inseguridad jurídica; la aparición de  nuevas tecnologías y otros. 
 También hay causas internas: la mala gestión, la corrupción en la alta gerencia, la falta de gobiernos corporativos, el sabotaje de trabajadores y otros. Para hacer frente a estos múltiples problemas se requieren sistemas público-privados de reestructuración de empresas. En el año 2002 se dictó una normativa que apuntaba en esa dirección, con resultados que, según el Gobierno, sólo favorecían a los empresarios, pero fue un fracaso por lo que se la abolió. Ahora el Gobierno lleva el péndulo al otro lado, se lanza esta nueva ley que favorecería a los trabajadores pero con tremendos vacíos conceptuales y legales, como la anterior norma.  
 Los procesos de reestructuración de empresas modernos pueden estar a cargo del Gobierno o cámaras empresariales con participación de trabajadores. El primer paso de una reestructuración es la evaluación de la empresa para conocer porqué está al borde de la quiebra. Segundo es ver si se requiere una reestructuración estrategia u operativa. Con este diagnóstico se puede buscar la estabilización de la empresa para, posteriormente, devolverle el crecimiento en base a un nuevo modelo de negocios y estrategia, por ejemplo. 
 Dependiendo de cada caso, para recuperar una empresa tal vez se requiera buscar la fusión con un competidor o la venta total o parcial a una empresa que tenga más capacidad financiera y gerencial. También se podría estatizar la empresa o entregar la administración a los trabajadores o, finalmente, llevar a cabo una liquidación ordenada de los activos. 
 Hecho un diagnóstico y evaluación de la viabilidad de la empresa, ¿pueden los trabajadores salvar o administrar eficientemente la empresa? Por supuesto que sí. Pero no depende simplemente de su voluntad, experiencia o capacidad técnica; el desempeño de unidad productiva está en función del desarrollo del mercado, del acceso al crédito, la tecnología, de las políticas publicas y de muchos otros factores.
 Entregar a los trabajadores empresas en dificultades y sin apoyo complementario es pura demagogia. Recibir empresas en dificultades, sin diagnóstico profundo de los orígenes de los problemas, sin propuesta de reestructuración clara, sin apoyo de una política industrial, también es un riesgo innecesario que toman los trabajadores. 
 Cuando una empresa tiene problemas estructurales de mercado o se basa en un idea equivocada, no la salva ni los trabajadores, ni gerentes de primera, ni los empresarios más agudos, menos el Estado. A ellas cristiana sepultura y a buscar el siguiente emprendimiento. 
 A los muertos hay que enterrarlos y no entregarlos a los trabajadores para velarlos.  Es posible recuperar a los moribundos, pero se requiere de intervenciones precisas en el marco de políticas productivas, sistemas de reestructuración transparentes y no impulsados por el calor electoral.

Monday, April 30, 2018

NOSTRADAMUS ABRAZA EL PROCESO DE CAMBIO

En la semana que termina el Gobierno ha desenfundado todas las armas del populismo económico vinculado al tema de los salarios. En primer lugar avanzó en la captura política de la Central Obrera Boliviana (COB). Para neutralizar su carácter contestatario la dividió, propició el cambio de dirigentes díscolos y, finalmente, la controló.  El chery de la torta vino con el paquete de regalos a la dirigencia sindical, a saber: una  nueva sede sindical y la entrega de automóviles. La típica prebenda del papá Estado.
Segundo lugar,  el Gobierno creó el escenario para el regateo salarial bilateral  tradicional de cada año en el que los dirigentes piden el cielo y la tierra en términos monetarios; y el Gobierno ofrece incrementos ligeramente superiores a la inflación pasada, pero al final todo termina  con una coqueta foto en el Palacio de Gobierno y un abrazo revolucionario.
Este año, la pantomima del trapicheo salarial tuvo dos actos: el incremento de 5,5% al haber básico y 3% al salario mínimo, y la garantía del pago del segundo aguinaldo. Es decir, la fórmula populista en su máxima dosis, que en esta oportunidad reveló que Nostradamus, el mago de las profecías,  abrazó con ahínco y pundonor las causas del proceso de cambio y despacha desde el Ministerio de Economía y Finanzas de Bolivia. 
Faltando tres meses para conocerse el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) del año -que va de junio de 2017 a julio de 2018-, el Gobierno predijo que esta variable crecería a 4,5% y que, por lo tanto, se pagará el segundo aguinaldo. La otra hipótesis, menos romántica, es que, una vez más, las estadísticas se pondrán al servicio de la revolución y la reelección del caudillo. 
El economista Coase decía que si torturamos los datos lo suficiente, estos terminarán confesando las maravillas de cualquier modelo económico. Así que, estimado lector, puede dar rienda suelta a su mejor furor consumista, que la marmaja está en camino y ya comenzó la sopapeada de los números. 
Bueno, pero la fiesta no es para todos. En el país sólo el 20% de los empleos están en sector formal y serán beneficiados por las predicciones de Nostradamus; el restante 80% de los trabajadores deben contentarse con los cuidados de Nosferatu, cuya mano invisible rige implacable el mercado del empleo en el sector informal, bajo la inspiración del vampiro neoliberal Adam Smith.        Este año si sumamos el incremento salarial (5,5%) y el equivalente del aumento del segundo aguinaldo (8,3%), los trabajadores recibiremos un neto de 13,8%. Nada mal. Pero aquí entra en escena otro gran personaje, el mago Pipoquita: “Nada por aquí nada por allá. Fuera manos trabaja vista”. El dinero que mete el Gobierno por el bolsillo izquierdo, el aumento de la inflación lo saca por el bolsillo derecho. O,  lo que puede ser peor, en un sobre recibes tu incremento salarial y el otro tu carta de despido. 
Además, la propaganda oficial se vanagloria del incremento nominal. En 2004 el salario era de 440  bolivianos; ahora, gracias al yatiri jefe, es 2.016. ¡Oh, milagro!, exclaman sacerdotes y monaguillos del régimen, y se ponen en posición decúbito prono/ventral.  Pero hablando en oro, lo que importa es el salario real, lo que realmente se puede comprar con lo que uno gana, descontada la inflación.
En este caso, la historia es diferente, según datos elaborados por el trabajo de Fernanda Wanderley, empleados y profesionales, mejor calificados,  han reducido sus salarios promedio reales en los últimos 12 años. Eso sí, obreros y trabajadores de baja calificación mejoraron sus ingresos, aunque en porcentajes más bajos que lo que la propaganda oficial se jacta.
Según el CEDLA, en el sector privado el salario real sólo se incrementó en 22%, en cuanto que la inflación acumulada fue de 62%, entre   2006 y  2015. O como dicen en la calle, hace 12 años con un boliviano se compraban cinco marraquetas panzonas y ahora, con la misma moneda, se adquieren dos flacuchentas sarnitas. 
El otro lado de la ecuación salarial son los costos de las empresas, en especial, las micro y pequeñas vinculadas a la producción, que generalmente crecen por debajo del 4,5%. Estas empresas no pueden afrontar el incremento sistemático de sus costos laborales y son obligadas a trasladarse parcial o completamente al sector informal.
Las empresas comerciales y de servicios probablemente resisten más. En el comportamiento de esta se basa el optimismo del Gobierno sobre el impacto multiplicador de los incrementos salariales. La historia va así: la gente con más plata compra más bienes y servicios, y las empresas venden más y recuperan los ingresos perdidos por la subida de sueldos. Esto sería cierto si la economía boliviana fuera cerrada, pero como la nuestra es muy abierta, más recursos en manos de la gente reactivan el aparato productivo de Brasil, Argentina, Perú  y Chile, porque el tipo de cambio real está apreciado y fomenta la importación legal e ilegal de todo. Por eso las empresas que tanto admira el Gobierno en realidad son Micromarket Charito, Alitas el Pollo azul o Importadora Wantong.
  
Gonzalo Chávez A. es economista.

Monday, April 23, 2018

El fin de Don Cecilio: coquetería ideológica obsoleta



 La determinación de poner en circulación la Primera Familia de Billetes (PFB) del Banco Central de Bolivia (BCB) no tiene una justificación económica o financiera. La práctica internacional sugiere cuando se produce desgaste físico de los billetes estos deben ser repuestos. Generalmente un billete tiene una duración de tres y cuatro años como máximo. En estos casos se trata de reimprimir la misma denominativo, por ejemplo una versión rejuvenecida de los 10 Bs. Don Cecilio reloaded.  También se cambían billetes, de manera más radical, en el marco de una reforma monetaria una vez contralada las causas de una hiperinflación, por ejemplo, como ocurrió en 1985 en Bolivia, cuando pasamos de Pesos Bolivianos a simplemente Bolivianos.  La renovación de billetes puede, así mismo, obedecer a aumentar las medidas de seguridad. Entre tanto, el cambio total propuesta por el BCB con nuevo diseño y personajes históricos parece responde a pura coquetería monetaria para seguir construyendo hegemonía política y cultural. 

Entran en escena nuevos personajes que representan al nuevo Estado Plurinacional. Un bello colibrí por un lado y tres héroes: El Tambor Vargas, Apiaguaki Tupa, y el Moto Méndez.  Nada contra la nueva simbología que busca reinvindicar la historia y representar en la moneda el proceso de cambio. El papel moneda simboliza el poder del Estado y busca señalizar la estabilidad financiera. En la lectura del gobierno, la dirección ideológica también se construye a través de la moneda. El nuevo modelo económico en curso no puede facilitar las transacciones con héroes y símbolos del neoliberalismo. Es el pensamiento gramsciano, de constricción de dirección ideológica y cultural,  llevado a las transacciones diarias de la gente. En varias otras áreas están con las ideas de rescribir la historia, como en la educación, buscar crear un nuevo imaginario social y político.

En diciembre de 2016, el ente emisor y la empresa francesa Oberthur Fiduciaire SAS suscribieron el contrato para la impresión de los nuevos billetes plurinacionales, que suman 671 millones de piezas de los cortes de Bs 10, 20, 50, 100 y 200, el cual tuvo un costo de $us 38,9 millones.

Es comprensible que el supuesto nuevo bloque histórico busque avanzar en la conducción ideológica a través de los símbolos monetarios, lo cuestionable es que, en la agenda de prioridades de las políticas públicas del gobierno, el tema de los billetes por encima de temas sociales. Frente a serias carencias en el sector de salud, por ejemplo, el gasto anunciado claramente es innecesario en especial en un momento que la economía boliviana pierde ritmo de crecimiento desde el año 2013. En el mes que se anuncia la nueva moneda, enfermos de cáncer protestan en las calles por falta de equipos e insumos para su tratamiento. Esta ha sido práctica común de los últimos años del gobierno nacional, priorizar lo superfluo, a saber: construir hegemonía y fomentar el culto a la personalidad. Para muestra cuatro botones: los derroches en propaganda, el museo de Orinoca, el nuevo palacio  gubernamental y ahora, los nuevos billetes. Me imagino como se sienten los enfermos de cáncer y sus familias viendo que se derrocha dinero en símbolos culturales y políticos y no se invierten esos recursos en aceleradores lineales para el tratamiento de cáncer. Con 38,9 millones de dólares se podría comprar por los menos dos de estos aparatos para salvar vidas. Pero, por supuesto, el show de la pirotecnia política debe continuar y los temas sociales estructurales pueden esperar.

Finalmente una observación estructural, la mayoría de las economía en el mundo están adoptando el pago con dinero plástico, las tarjetas de crédito y débito, y las transferencias electrónicas. Los billetes y las monedas son cada vez menos usados. En la economía informal e ilegal, los billetes son los únicos que no dejan rastro.

India y Kenia y otros países en Asia, han sido exitosos en la incursión de iniciativas públicas y privadas para universalizar el acceso a tecnologías de la información y la comunicación (TICs) y tecnologías inalámbricas. La moneda del futuro es electrónica, en efecto, a través de programas de uso masivo de teléfonos móviles, denominado Mobile-Money o M-Banking, se ha logrado implementar programas de creación de empleos en las áreas rurales, se ha permitido a los migrantes enviar remesas a sus lugares de origen, pagar las cuentas de los servicios básicos sin hacer colas en los bancos, o simplemente como un medio de pago o de ahorro. Desaparecieron los papeles billetes.

Esta reinvención del dinero tiene impactos económicos potenciales, que están relacionados con el hecho que facilita el comercio. Imagínese, por ejemplo, pagando en el mercado Rodríguez, las Siete Calles o la Cancha con su celular que está conectado a un banco o que simplemente, Usted, recargado con Bs 100 en la esquina de su casa. “Caserita, ¿a cuánto tu papa? Siete con cincuenta centavos, la cuartilla. Qué bien, te pago con un mensajito de mi celu”. La caserita que también tiene su móvil, recibe el pago aceptando la transferencia. “Gracias, cibercaserito, tan churro con su aparatito”. Al final del día del trabajo, el vendedor no tiene que manejar su plata como chuño debajo del sobaco. Apenas apretando un botón de su celu sabe cuánto vendió en la jornada. El consumidor controló mejor sus gastos y no tuvo que estar cargando billetes y monedas. El celular se convirtió en billetera y banco al mismo tiempo. El Mobile-Money (billetera electrónica) o M-Banking (banco móvil) también fomenta el ahorro de los hogares, a través de la promoción del crédito de persona a persona; mejora la calidad de la inversión al permitir realizar transacciones a distancias muy grandes a bajos costos (por ejemplo, el Juancito Pinto se podría pagar por este sistema. ¿Qué tal esta forma de construir hegemonía a través de las TICs?). Además, así se facilita la diseminación del riesgo (al poder hacer transacciones al segundo); y finalmente, constituye en sí, un seguro contra robos. Si te afanan el celular, no te roban la mosca. En Bolivia, Tigo Money es un paso interesante en esta dirección. Caber recordar que en el país existen más de 10 millones de celulares.

Por la tanto, la emisión del nuevo billete es una coquetería monetaria antes que una necesidad económica y es una acción obsoleta. (Artículo extraído en parte de una entrevista radial)

Anatomía de una crisis múltiple y hoja de ruta para un gobierno asediado

2. Gramsci lo dijo con precisión quirúrgica: “Lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer. En ese claroscuro surgen los monstruo...