Monday, December 12, 2016

Un tiro en el pie: desvalorización del capital humano

Una de las características más preocupantes del imaginario político construido en los últimos 10 años es la fuerte y sistemática desvalorización del capital humano. Este es un tiro en el pie.
 Un discurso político muy común, que pregona el populismo, es que para llegar a la cima del poder no son necesarios el estudio, el sistema, los libros o los diplomas. Esta prédica mengua la conexión que debe existir entre ciencia de la administración pública y la política como acción ciudadana. 

 En esta perspectiva, la mentira, la angurria de poder, la viveza criolla y la capacidad de manipular la entelequia pueblo serían suficiente para gobernar. Así, para realizar cambios y conducir la nave del Estado se requieren militantes leales y plenamente identificados con la línea ideológica, antes que técnicos o profesionales. 
 
 Con esta visión, entre voluntarista e irresponsable, en Bolivia se tomó buena parte del aparato gubernamental central y muchas empresas estales. Militantes o líderes de las organizaciones sociales sin experiencia ni preparación controlan instituciones, con raras excepciones, como en el área económica, donde ciertos técnicos, algunos reciclados de anteriores gobiernos, tuvieron que jurar frente al altar del proceso de cambio para poder realizar su trabajo.
 
 La ocupación por parte grupos corporativos y seguidores políticos fue intensa, en especial en mandos intermedios del Estado. Conceptos como eficiencia, eficacia, productividad o competitividad fueron barridos del lenguaje oficial y convertidos en sinónimos del andamiaje teórico  y práctico neoliberal, y reemplazados por voluntarismo desenfrenado. En la mayoría de los casos, la práctica en el sector público se volvió improvisada y a veces temeraria.
 
 En la epopeya oficialista, el voluntarismo y la ciega lealtad política, en algunos casos compensarían la falta de formación y experiencia. Los ejemplos son varios: contadores a cargo de la energía nuclear, abogados responsables del medio ambiente, expolicías gerentando servicios públicos, bachilleres en decisiones estratégicas, para mencionar sólo algunos de los casos. 
 
 Todo indica que esta manera de gestión pública "funcionó” en cuanto las instituciones nadaban en recursos financieros. Se dice que hasta la pobreza es llevadera cuando hay dinero. Las ineficiencias, la debilidad técnica y en ciertos casos hasta la corrupción estaban tapadas con proyectos millonarios y la fiesta del consumo. Piense en el caso del Fondo Indígena. 
 
 Así mismo, en el subtexto del discurso se hacia apología del trabador madrugador e incansable que vencería a la ciencia de la gestión pública. Apabullados por la propaganda, nunca nos preguntamos ¿por qué nuestros líderes tienen que trabajar más del doble que sus equivalentes en otros países, aunque los desafíos y el trabajo son similares? ¿Problemas de productividad?, ¿modelo de gestión más eficientes? o ¿diferencias en la calidad institucional? ¿Todo lo anterior, simultáneamente? Aquí se prefirió construir el mito del súperhombre, en vez del emprendedor efectivo y eficiente. El héroe que se sacrifica y no el funcionario público que cumple.  
 
  El modelo político populista necesita del caudillo único e irreemplazable y no del líder que construye equipo e inspira. Es el reino del Yo soy el Estado y para siempre. Sin el cacique no hay revolución, por eso la desesperación de rerereelegirlo. 
 
 La construcción de estos mitos y el desprecio de la preparación académica no son un monopolio de la política boliviana, Lula y otros líderes en el mundo también intentaron probar, sin mucho éxito, que sólo la sagacidad política -originada en el mundo sindical, por ejemplo-  era suficiente para conducir la nave del Estado. En la construcción del culto a la personalidad se pregona que la ciencia del poder se la aprende en las calles, barricadas o las empresas reales y no en la universidad. 
 
 Este tipo de liderazgos mesiánicos también  son romantizados en el mundo de los negocios. Se afirma que Steve Job o Bill Gates son la prueba de que el olfato y la inteligencia natural son suficientes para construir un imperio económico. En la dimensión del mito, estos líderes trabajan solos, son los Midas contemporáneos. Pero en la realidad de los hechos, estos emprendedores  son lo suficientemente inteligentes  para rodearse de la más sofisticada capacidad técnica que  la persuasión puede movilizar o el dinero pueda comprar. El garaje de Job estaba repleto de los ingenieros electrónicos y de sistemas de altísimo nivel. En el grupo de ministros y asesores de líderes como Mandela estaban los profesionales más sofisticados de Sudáfrica, tan sólo para colocar dos ejemplos. 
 
 En el país también se buscó construir el mito, pero  se descuidó peligrosamente los equipos técnicos. La revolución se rodeó de ineptos, como fue reconocido en el dramático caso de EPSAS que, al parecer, no es la excepción sino la regla en varias instituciones y empresas públicas.  Y, lo que es peor, en algunos casos la carencia de capital humano, el nepotismo y la debilidad institucional se descubrió de manera dramática, y a costo de vidas. 
 
 Aquí no se pretende desvalorizar los liderazgos populares y la política como un derecho ciudadano inalienable de cualquier persona, que siempre existirán, pero la idea es llamar la atención para la necesidad de buscar un equilibrio en la conducción de la nave del Estado. La gestión pública requiere de especialistas, de profesionales, de técnicos de todas las ramas, que ciertamente existen en el aparato nacional y en el mercado laboral boliviano.
 
 Estudiar, prepararse en las mejores universidades de Bolivia y el mundo debe ser también una forma de hacer política y participar de la gestión estatal, sea como parte de un servicio civil de largo plazo o como en los niveles estratégico-políticos.    
 
 Este es mi último artículo del 2016. Por el momento, ya dije todo lo que tenía que decir. Hago un alto en el camino hasta el año que viene. Felices fiestas y duchas deliciosas para el 2017.

Monday, December 5, 2016

La luna de Paita

Altos funcionarios públicos y ejecutivos del sector privado generalmente tienen agendas de trabajo amplias y complejas. Para lidiar con estas abigarradas realidades, en la mayoría de los casos, el Estado y las empresas, elaboran planes de desarrollo, programas de gobierno  o estrategias empresariales, que contienen la visión, la misión y los objetivos. En estos documentos se concentran los grandes lineamientos de gestión y sus metas concretas.

En el caso del sector público, encontramos temas como: el agua como derecho humano,  la estabilidad macroeconómica, la reducción de la pobreza y decenas de otras metas. En el ámbito empresarial,   la agenda puede ser el lanzamiento de un nuevo producto, la ampliación del mercado externo, el desarrollo de los recursos humanos o la innovación tecnológica.

Las estrategias y agendas de trabajo son conducidas  por el Presidente o el Gerente General (CEO) con el apoyo de equipos de trabajo, en el primer caso, el gabinete de ministros, en el segundo, la alta gerencia. Conocer e implementar las estrategias y metas es responsabilidad de los ejecutivos y por supuesto, de la cabeza de la institución. En el caso del Estado, ese mandato está en la Constitución  y en el plan de gobierno.  En el ámbito privado, las responsabilidad está establecida en los estatutos de la empresa y en el plan estratégico. Generalmente, el instrumento de implementación de planes es un presupuesto, donde se establece fuentes de ingresos y destinos de gastos e inversiones. Así mismo, existen los mecanismos institucionales  de seguimiento, control y supervisión de la gestión. En el caso de la administración pública, el Poder Legislativo aprueba el presupuesto de una gestión. La Contraloría hace la evaluación a posteriori.  En sector privado, un consejo directivo, cumple una función similar y también  aprueba el presupuesto.

Cuando hablamos del Estado, esto representa la calidad de la gobernabilidad y transparencia del gobierno, que debe rendir cuentas frente a los ciudadanos que los eligieron. En el ámbito privado, esto nos refiere al gobierno corporativo, que en última instancia vela por los intereses de los accionista y grupos de interés de la empresa. Por supuesto, existen también grandes diferencias entre la lógica de funcionamiento del área pública y privada, pero en última instancia la ciencia de la gestión, en ambos ámbitos,  establece líneas de comando muy claros y responsabilidades bien determinadas. En este contexto y nivel de decisión, los ejecutivos muy difícilmente aludir desconocimiento de las líneas estratégicas, los objetivos de política y las inversiones. Esta es la esencia del trabajo del Presidente o el CEO y su equipo de alta gerencia, ministros y gerentes.

Preocupa de sobremanera que altas autoridades del país, con mucha frecuencia y en diferentes ámbitos, reconozcan que desconocen de temas estratégicos del Estado, estén en la luna de Paita, como es el caso de la crisis del agua en La Paz y otros.

Con el ánimo de contribuir a hacer un mejor seguimiento de ciertos temas críticos para el futuro del país, me permito elaborar una ayuda memoria para los dueños del poder y así evitar que repitan con tanta frecuencia la muletilla cada vez más desgastada y poco creíble: “Yo no sabia”.   . Ciertamente se trata de una lista parcial de asuntos, pero esto podría inspirar a los gerentes públicos y otros ciudadanos para crear un sistema de alerta temprano.

Comencemos por los temas macroeconómicos. El nivel de reservas internacionales del Banco Central está bajando a una razón promedio de 40 a millones semanales. A finales del 2014, estas estaban cercanas a 14 mil millones de dólares. Hoy llegan a 10.700 millones de verdes.  Al igual que el agua, las reservas no son infinitas. Sería muy prudente rebajar la velocidad de estas pérdidas, especialmente si van a financiar el déficit público. Así que, papel y lápiz compañeros, y tomemos nota. Después no vale decir Uy caray, a mi nadie me dicho.

Por cuarto año consecutivo y desde el 2014, el déficit fiscal está en aumento. En el 2017, la pérdida llegará a 3 mil millones de dólares, esto es el 7,8% del Producto Interno Bruto (PIB). Esto no es sostenible. Urge realizar cortes en gastos dispendiosos: propaganda, viaje, palacios, alfombras. Rezar para que el precio del petróleo suba nuevamente, no es una política pública, es irresponsabilidad ideológica. Se requiere un ajuste fiscal a las nuevas condiciones del contexto externo, sin sacrificios sociales pero cortando la fiesta del rentismo. El tamaño del agujero fiscal es gigante y después no se podrá aducir desconocimiento y no vale echarle la culpa al imperio.

Cabe también informar a los del árbol del poder, que en el 2019, debemos renegociar el contra de venta de gas natural al Brasil y que los temas álgidos son: 1) bajos niveles de reservas del energético, se requiere fuertes inversiones de exploración. 2) Nuevo precio del gas, los brasileños ya no aceptaran la indexación al precio del petróleo, ya existen un mercado independiente del gas natural, cuyo precio es más bajo que aquel que esta conectado al crudo. 3) Es muy probable que el comprador de nuestro gas no sea Petrobras, sino varias empresas públicas y privadas.  Esta será una negociación más compleja, por lo que se requiere de equipos técnicos y muy sofisticados A hora de los qiubos, no podemos decir que no sabíamos que se necesitan gente compete y con experiencia para estos menesteres.

Una de política sectorial, vinculada a la crisis del agua y esto es válido tanto para los gobiernos locales como nacional. La rápida urbanización y el boom de la construcción, en curso, hará colapsar los servicios básicos. Donde antes había una casa en la vivían máximo 10 personas, ahora hay un edificio donde habitan 200 almas. Los desagües y  alcantarillas son infraestructuras que tiene más de 50 años. El rato que este sistema colapse, no vale decir algo huele mal, pero yo no fui, fue tete.

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