Monday, May 30, 2011

La economia y Los espejitos

Después del fallido gasolinazo de diciembre del 2010, que reveló que la economía boliviana tiene serios problemas estructurales, nuevamente el Gobierno ha sacado a relucir los resultados macroeconómicos, en imágenes relucientes, en el intento de colocar en un segundo plano el problema de la falta de inversión, la hipertrofia del sector informal, los cuellos de botella en la agricultura boliviana, la baja productividad tanto del sector privado como públicos, el reverdecer de la conflictividad social, la precariedad del empleo, para sólo mencionar las más importantes restricciones.

Esta vez las declaraciones sobre temas macroeconómicos de nuestras autoridades tuvieron el mensaje de que nadie es profeta en su propia tierra. Los bolivianos no entenderíamos lo maravilloso del manejo macroeconómico y siempre estaríamos pidiendo más, en cuanto universidades y profesores en los Estados Unidos habrían quedado deslumbrados frente al milagro económico nacional. Evoeconomics rumbo al Nobel.

Espejito, espejito ¿dime cuál es el modelito más bonito? ¡Huay! de que nos respondas adecuadamente. Te llevaremos a los tribunales de espejos para juzgarte por no reflejar la verdad revolucionaria. Ahora bien, es sorprendente que el equipo económico necesite la aprobación y beneplácito de una academia que en general difunde y apoya ideas neoliberales.

Debería ser más bien motivo de preocupación que a los intelectuales imperialistas, en este caso el uso del lenguaje común de nuestro Gobierno, elogien el manejo macroeconómico. ¿Será porque seguimos con la misma receta macroeconómica del pasado?, ¿y a quienes se aplaude se los considera neoliberales de izquierda?

El discurso triunfalista de la macroeconomía sigue alimentando mayores expectativas en ciertos grupos sociales y en otros genera desconcierto. ¿Por qué el país de las maravillas que se exponen los power points no le llega a los bolsillos de la gente? La mayoría de las personas no tienen trabajo decente, ganan muy poco, y sobreviven en la informalidad impulsada por burbujas de consumo. Como siempre se hace uso de la estadística para mostrar un mundo mágico a nivel macroeconómico, sin embargo, un análisis más sereno muestra que las cosas no son tan interesantes y tienen pies de barro. En el 2010, el crecimiento económico alcanzó el 4,1%, en los últimos cinco años el promedio anual fue de 4,6%, resultado similar al periodo de auge neoliberal. 1994 – 1998, cuando en promedio también crecimos al 4,7%, en contexto externo mucho menos favorable. El desempeño del producto del periodo neorrevolucionario aún sigue por debajo de la era de oro del capitalismo de Estado cuando el crecimiento promedio estuvo en torno de 6%.

En la vitrina oficialista también se exhibe una tasa de desempleo menor de 5,7%. Ciertamente un dato relevante pero para menos del 20% de la población que trabaja en el sector formal, porque el restante 80% sobrevive en bravo mar de informalidad, donde el neoliberalismo pasea sus mejores galas. A rigor el tema relevante en Bolivia es la precariedad del empleo, cuya solución depende de políticas microeconómicas y productivas que no se aplican. También se menciona el aumento del consumo de los servicios públicos (electricidad, agua y luz) que ciertamente es destacable pero habrá que ver si éste no esta sólo asociado a la burbuja de consumo que se vive en el país debido al aumento del gasto público y el boom de las exportaciones.

Sólo el tiempo nos dirá si el choque de ingresos positivos, que sostiene el aumento del consumo, es permanente o transitorio. En el sector externo, la explosión de las exportaciones y el superávit comercial consiguiente que se explica, en gran medida, por la bonanza de los precios internacionales de las materias primas. Ésta es una historia vieja y se la debemos, sobre todo, al milagro chino.

Así mismo se habla con orgullo, de que la inversión extranjera directa estaría en 650 millones de dólares en el 2010, éste es un resultado que más bien nos debería provocar sonroja. Esta cantidad sólo está reponiendo a la depreciación de capital, además si la comparamos con lo que reciben nuestros vecinos debería abochornarnos. En el 2010, Brasil recibió cerca a 50.000 millones de dólares, Chile 15.000 y Perú en torno de 8.000 millones de verdes. ¿Golpearse el pecho por el 4% de lo que recibió Chile? ¡No way José!

Para terminar, cabe hacer un apunte sobre la sostenibilidad de estos resultados macroeconómicos. Tres motores que impulsan el crecimiento bonzai de la economía boliviana a saber: el sector externo, la inversión y el gasto público, y la inversión extranjera y nacional.

De estos tres impulsores sólo las exportaciones muestran, aún, alguna fortaleza en el corto y mediano plazo. En el tema fiscal ya se encendió la luz roja del déficit público, que este año pude que llegue al 5% del producto. Es decir que el motor de la demanda interna impulsado por el gasto público puede quedar sin gasolina. Y, definitivamente, en ningún momento la economía boliviana pudo encender el motor de la inversión extranjera directa y las inversiones nacionales estuvieron a media máquina.



Gonzalo Chávez A. es economista.
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Sunday, May 22, 2011

Prebish y el efecto China

Uno de los economistas latinoamericanos más importantes fue Raúl Prebisch, fundador de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). En los años cincuenta Prebish analizó el deterioro de los términos de intercambio como una de las causas del atraso y subdesarrollo de la región. En base a datos sobre exportaciones e importaciones mostró, desde una perspectiva de largo plazo, que los precios de las materias primas que exportaba América Latina tendían a bajar, mientras que los precios de los bienes industriales que se compraban de las economías desarrolladas tendían a subir.

Comparando los precios de exportación e importación se verificó una tendencia estructural a recibir cada vez menos ingresos, hecho que era una de las causas de la pobreza y vulnerabilidad en América Latina.

La solución propuesta por Prebisch fue una estrategia de sustitución de estas importaciones caras; para ello los países de la región debían promover procesos de industrialización y diversificación productiva. En los años 60 y 70, varias economías iniciaron este camino con diferente éxito, tal vez los que más avanzaron fueron Brasil, Argentina y México.

Uno de los problemas que enfrentó el proceso de sustitución de importaciones fue la falta de recursos para la inversión local.

A partir del nuevo milenio, se inicia un ciclo comercial que parece ir contrarruta del concepto de deterioro de los términos de intercambio, porque en la primera década del siglo se ha registrado un mejora sustancial de los precios de las materias primas que América Latina exporta, en especial del petróleo, gas natural, minerales y cereales, que al contrario del pasado, proporcionan inmensos recursos a las economías latinoamericanas para que puedan retomar procesos de industrialización.

El auge de los precios de los productos básicos, que se tradujo en incrementos significativos de los ingresos de exportación de América Latina, se debió al aumento de la demanda de los chinos; éstos compran cada vez más petróleo, minerales y cereales de la región, pero al mismo tiempo el mayor consumo chino en el mundo también ha influido, de manera indirecta, a que los precios de los productos básicos suban a nivel internacional.

De manera simple una parte relevante de la bonanza externa de la región se la debemos al efecto China. Rhys Jenkins ha calculado este valor en su trabajo El “efecto China” en los precios de los productos básicos y en valor de las exportaciones de América Latina revista CEPAL 103, abril 2011.

El estudio analiza el comportamiento de los precios de los siguiente grupos de productos: energía, minerales y metales, (soya y sus derivados), comidas y bebidas tropicales, productos cárnicos y forestales. Según Jenkins, para el año 2007, las ganancias de América Latina derivadas del mayor precio de los recursos naturales atribuibles a la demanda china estarían en torno a los 56.000 millones de dólares.

Para el caso boliviano, la estimativa de ganancia varía entre un 40 y 23,8% si tomamos como punto de partida el año 2002, a través de tres productos: gas natural (vía incremento del barril de petróleo), minerales y soya. En valores estaríamos hablando de una cifra que oscila entre 830 y 1.400 millones de dólares que se originan en el efecto China.

América Latina, y en especial Bolivia, le debe más a la revolución capitalista china que a la revolución socialista dizque en curso. Aunque la práctica común por estas tierras es ganarse indulgencias de ingreso de exportaciones con avemarías ajenas, y sin decir Jesús. Los tercos hechos muestran que el efecto China es mucho mayor que el efecto Evo.

Aunque ciertamente, habrá alguien del Gobierno que sostenga que el éxito chino capitalista es, en realidad, un resultado del luminoso proceso de cambio nacional, es decir, que la cola mueve al perro en la globalización. Posterior a la crisis de 2008, el efecto China continuó siendo muy grande porque nuestras exportaciones sobrepasaron los 7.000 millones de verdes. De hecho en el decenio 1999 – 2009, las exportaciones se incrementaron en 16,3%, el más grande de la región latinoamericana, en cuanto en el decenio anterior apenas habían aumentado en 2,6%.

El estaño que hace unos años costaba cuatro dólares la libra fina, ahora no baja de 14 verdes, el oro sobrepasa los 1.500 dólares la onza , el gas natural sigue también elevado. En términos económicos, estamos frente a una revolución en los precios, el resto es poesía. El choque de ingresos en los últimos cinco años debe estar en torno de 20.000 millones de dólares que lamentablemente no se los ve en la inversión ni el empleo.

Ahora bien, es desconcertante, para decir lo mínimo, que frente a este excelente contexto de precios de las materias primas impulsada por la demanda china, la producción de minerales (en 2010, sólo la producción de estaño y wólfram aumentó), alimentos y petróleo en el país sea menor. ¿Será una ingeniosa manera de luchar contra el neoliberalismo? Si el precio sube, nosotros ofertamos menos, así aboliremos una ley más, la ley de la oferta y la demanda. En cuanto el gran Raúl Prebisch debe estar rezando, en el cielo de los economistas, para que aprovechemos la mejora substancial de los términos de intercambio propiciada por la China y realicemos una revolución productiva.

Sunday, May 8, 2011

¿Cómo matar a un zombi?

En las últimas semanas resucitó el DS 21060 de la mano de la COB. Cuando todos pensaban que la nueva Constitución le había clavado la hoz y el martillo en su negro corazón, el referido decreto apareció en calidad de zombi, muerto viviente, al cual se le organizó un pomposo entierro pero sin cuerpo presente.

En vida, el 21060 reconoció y promovió la vigencia del mercado como asignador de los recursos escasos en la economía. Según sus preceptos deberían ser los precios los que equilibren la oferta de los productores de bienes y servicios con la demanda de las personas.

La propuesta fuerte era que todos los mercados deberían autorregularse, incluso el laboral, a través de la libre contratación y despido de los trabajadores.

Desde 1985 hubo varias tentativas de asesinatos de esta forma de organizar la economía que, al final, terminaron tan sólo en cortes de uñas a la mano invisible del mercado. Así, se comenzaron a regular varios mercados, como el financiero, el transporte, el agua, la luz, las telecomunicaciones y otros. Tal vez el cuchillazo más profundo que se le dio al zombi 21060 fue cuando la administración Morales introdujo una mayor supervisión del mercado laboral, ampliando los derechos de los trabajadores.

En suma, hasta ahora se avanzó en supervisar y controlar algunos mercados pero no substituirlos por un mecanismo de planificación estatal de precios. El propio Gobierno del presidente Morales se rindió ante la magia de la mano invisible. Frente a la escasez de azúcar del año pasado, y ante el fracaso de la intervención en la cadena del producto a través de tiendas estatales (Emapa), al final tuvo que venir Adam Smith en socorro de la revolución y subir los precios del endulzante, en un 73 %, para que el mercado se normalizara.

La mano del muertito fue muy útil y salvó el pellejo del Gobierno. A rigor, los mercados son una construcción histórica en el mundo y en Bolivia y están enraizados en todas las formas de producción.

Esto es aún más extremo cuando constatamos que cerca del 70% de la economía boliviana se mueve en el sector informal, donde las filosas espadas de la oferta y la demanda se encuentran todos los días en áreas donde el Estado no toca pito.

Son en estas actividades donde en realidad reina un neoliberalismo extremo. La selva del mercado, sin ningún tipo de protección social o regulación, rige la vida de miles de bolivianos. Por eso resulta tierno ver que alguna de nuestras autoridades digan que han matado a la dictadura del mercado.

Frente a este descubrimiento las caseritas del Merlan, la Feria 16 de Julio, la Cancha o La Ramada, en coro responden: “¡yaaaaa! Esta jovena revolucionario tan lindo que se habla. ¡Joven churro! ¿Cómo quieres comprarte mis productos? Tus encantos discursivos no alcanzan. Aquí es poniendo precios y pidiendo rebajita, a lo mucho. Mejor, de tus libros anda comprate. ¡Guagüita de pecho!”.

En su primera juventud, el DS 21060 propaga a los cuatro vientos que las economías eran como los paracaídas, sólo funcionaban si estaban abiertos. Es decir, que debía existir libre circulación de bienes, servicios y capitales. A pesar de los rezos, mantras y exorcismos revolucionarios, el zombi de la apertura externa persiste hasta ahora, y con mucha fuerza. Sin ir lejos, en el periodo actual, creció el comercio formal e informal gracias a un tipo de cambio real apreciado. Nunca la economía estuvo tan abierta. Habría que llevar a nuestras autoridades, en un minibús chuto, a que conozcan las ferias de ropa usada, el Miamicito y las decenas de ferias que hay en el país donde se vende de todo, la mayoría de origen chino. Y como dice mi amigo Papirri Monroy: “del libre mercado me hablan estos perlas, yo sólo quiero comprar, vida y libre en el Rodríguez”. En lo que se refiere al comercio externo, el muerto goza de buena salud y manda saluditos.

El 21060 defendía un Estado mínimo, por eso se privatizaron o capitalizaron diferentes empresas públicas, en este caso se hizo la tarea y se le midió bien el aceite al engendro neoliberal, pero sin matarlo. De hecho volvieron todas las empresas estatales a la cabeza de YPFB. Es en este caso, donde probablemente se avanzó más en la reversión del modelo económico, en especial, aumentando el flujo de ingresos para el Estado, aunque los resultados de estos cambios, en términos productivos y de crecimiento económico, aún están por verse.

Finalmente, el 21060 proponía un conjunto de las políticas económicas. El Bolsín (un tipo de cambio sucio) fue muy efectivo para estabilizar el precio del dólar en Bolivia y así, señalizar las expectativas de inflación de los agentes económicos. Esto no ha cambiado y el Bolsín es el corazón de la política cambiaria.

El maldecido decreto seguirá respirando por este mecanismo y es muy poco probable que se lo cambie, sin producir un estrago en la administración de la estabilidad. La política monetaria tenía la función de controlar la inflación y contribuir a la manutención de la estabilidad. Este objetivo e instrumento tampoco han cambiado y es otra señal clara de que el zombi 21060 vive protegido por Banco Central de Bolivia.

En lo que se refiere a la política fiscal. ésta sí cambió de signo, al contrario del neoliberalismo, ésta se volvió más expansiva y la inversión estatal aumentó significativamente en gran medida gracias a la bonanza externa. Pero un Estado más gastador no fue suficiente para matar al muerto viviente

La comisión creada por el Gobierno, para ahora sí matar al zombi 21060, tendrá una tarea difícil. Un camino a seguir es realizar una revolución productiva que acabe con el desempleo y la pobreza que alimentan al zombi. Pero cuidado con crear un peor engendro que el 21060, como el que se vislumbró con el decreto del gasolinazo.

Tuesday, May 3, 2011

Vacuna contra el populismo económico

El Presidente Morales ha sugerido que se haga una consulta para usar 2.000 millones de dólares de las reservas internacionales que celosamente guarda el Banco Central de Bolivia. El dinero estaría destinado ha crear empresas estatales y realizar inversiones públicas de diferente índole. Lamentablemente, ya no se siguió el mismo procedimiento antes de ofrecerle a YPFB 1.000 millones de dólares. Pero en política es bueno reconocer los errores y enmendar. Sin duda es deseable que estos recursos entre al aparato económico del país pero se requiere iniciar un debate amplio sobre el tema. Sugiero las siguientes líneas análisis con tres preguntas. Primero, ¿quienes deciden los usos y destinos de estos importantes recursos?. Segundo, ¿a qué programas y proyectos concreto se destinan estos miles de millones de dólares y en que tiempo? Tercero, ¿qué institucionalidad se diseña para la ejecución y seguimiento de estas inversiones?

El buen uso de parte de las reservas internacionales será cuestión de vida o muerte económica. En muy pocas oportunidades el país ha tenido los niveles de ahorro suficientes como para hacer transformaciones estructurales en su aparato productivo. Esta es una ocasión que no puede ser desperdiciada. Bajo estas circunstancias, lo ideal sería crear un Consejo Nacional de Desarrollo bajo la dirección del Presidente que aglutine a trabajadores, movimientos sociales importantes, gobernadores, políticos, productores, empresarios y otras fuerzas vivas de la sociedad. Junto al Consejo también podría crearse un grupo de asesoramiento técnico compuesto por profesionales nacionales, tanto del sector público como privado, que tengan especialidades técnicas vinculadas al desarrollo. El Consejo debería ser capaz de presentar un plan de cambio productivo que sirva de guía para la inversión de los 2.000 millones de dólares. Con diversos criterios este grupo debe asignar los recursos diferentes áreas sectores y regiones. El Consejo debería servir como base para construir un pacto social y económico que se administre a través de un presupuesto plurianual. Lo ideal sería que este Consejo tenga una representación y legitimidad, tanto política como técnica, reconocida. Existen varias experiencias internacionales de este tipo de institucionalidad que sido capaz de concertar el desarrollo. Varios países asiáticos cuentan con instancias como las sugeridas y sin ir lejos Brasil creó, hace algunos años, un consejo de desarrollo.

Teniendo como base de referencia el plan nacional de desarrollo, el Consejo debería establecer una metodología que permita identificar proyectos productivos, sociales o de infraestructura que mayor impacto tengan en el desarrollo nacional, también debería identificar cuáles son los mejores actores para llevar adelante los referidos emprendimientos. En algún caso podrá ser el Estado, en otros el sector privado, o una combinación de ambos. En China, por ejemplo, se apostó a que cada región identificase un producto o servicio en el cual especializarse y a partir de lo cuál se construyó un cluster donde, el sector público, la academia, la sociedad civil, los gremios, los empresariales, y los técnicos unieron sus fuerzas para hacer realidad una revolución productiva concreta. Por supuesto que existen varias alternativas de cómo determinar los proyectos o programas, pero un criterio general que se debería utilizar es que estos deberían contribuir a la diversificación productiva de Bolivia, a la generación de un empleo digno y masivo, a la ganancia de productividad y competitividad sostenible.

Finalmente, un desafío no menor es la construcción de la institucionalidad que haga el seguimiento del trabajo del Consejo y de la forma que éste coordinen con las instancias responsables de la ejecución y seguimiento de los diferentes proyectos y programas. Son conocidas las debilidades de gestión en el aparato estatal, tanto a nivel del gobierno nacional y como regional, por lo tanto, se debe usar mucha creatividad para qué la instancia del Consejo se conecte, de manera eficaz y eficiente, con las instancias del sector público encargadas de la ejecución y seguimiento de las diferentes inversiones. Así mismo se debería realizar otra conexión con el sector privado (grande y pequeño) quien tendría que ser responsable de algunos de los proyectos que surjan de este gran acuerdo nacional.

En pocas oportunidades el país ha contado con los recursos necesarios para realizar transformaciones estructurales y productivas profundas. El mal uso 2.000 millones de dólares sería una irresponsabilidad, por lo que parece muy pertinente la idea de que otros actores de la sociedad también participen en la decisión del destino de estos recursos. Este es una propuesta muy general que lo único que pretende es iniciar un debate más profundo, afinar aristas, buscar alternativas de propuestas, y sugerencias de diseños institucionales alternativos, así contribuir a la construcción de un pacto social que tenga racionalidad política, institucional sostenible, coherencia jurídica y calidad de gestión, estoy convencido que este es el camino que permitirá que los 2.000 millones de dólares tengan un impacto significativo sobre el crecimiento del empleo y el desarrollo social en Bolivia. En suma esta es una propuesta que puede ser la mejor vacuna contra las tentaciones del populismo económico que flotan en el aire, que quiere gastarse la plata para recuperar terreno político perdido.

No es un problema diferencias ideológicas, sino de coeficiente intelectual

Con frecuencia y con mucha razón la gente me dice que debemos pasar de la problemática a la solucionática. Del diagnóstico o de la  crítica ...