Sunday, June 18, 2017

No es un problema diferencias ideológicas, sino de coeficiente intelectual

Con frecuencia y con mucha razón la gente me dice que debemos pasar de la problemática a la solucionática. Del diagnóstico o de la  crítica a la propuesta. Está claro que desde el Estado central hay un déficit de ideas estructural. Hace más de 11 años se repite el mantra de nacionalización de los recursos naturales y se presenta, como algo nuevo, al ya agotado modelo primario exportador, un abuelito económico que por lo menos tiene 500 años.


Desde esta humilde columna se han hecho varias propuestas en el pasado. Hoy domingo de azul invierno volvemos a esa línea. Por demás está decir que un nuevo modelo de desarrollo debe partir de la revolución de lo local y de lo participativo, focalizarse en las ciudades, apostar a la innovación tecnológica, y hacer, tanto de la sostenibilidad medioambiental como de la inclusión social, sus principales estandartes de la esperanza y movilización. En Bolivia, más del 70% de la población viven en urbes medianas y grandes, y esto sólo tiende a aumentar.

En estas circunstancias, nuestros espacios regionales deben convertirse en territorios inteligentes que a través de la promoción de la creatividad, la innovación y el emprendimiento redefinan las fronteras del desarrollo económico y social. En la nube de internet, en el ciberespacio de los servicios y el imaginario del futuro, Cochabamba del software colinda como Bangalore o San Francisco. La Paz del turismo y la gastronomía está a lado de Barcelona o Lima. Sucre de la historia hace frontera con capitales culturales, como Partí  o Cartagena. San José de Chiquitos de la música barroca  tiene vista a Ouro Preto o Bilbao y un largo etcétera para decenas de regiones o ciudades.

Lo local se hace global, la comunidad  identifica un diferenciador histórico, tecnológico o cultural y éste se convierte en el motor del desarrollo. Así surge la idea fuerza de glocal; es decir, un territorio inteligente que mira y conecta al mundo a través del fomento y la promoción de nuevos ecosistemas, emprendimiento social y empresarial.

Un ecosistema es un tejido social de actores e instituciones de diverso tipo que se articula a través de las principales etapas de la creación de emprendimientos sociales y empresariales. A saber: 1) Creatividad e innovación, donde interactúan universidades, centros de investigación, laboratorios, corporaciones y organismos públicos. 2) Emprendimiento, donde se articulan enseñanza, investigación aplicada, políticas públicas y tanto la experiencia como el talento empresarial. 3) Diversos tipos de financiamiento público y privado, como ser capitales ángel, semilla, de riesgo e inversión patrimonial.

Según Daniel Isenberg,  del Babson College, un ecosistema de emprendimiento además de redes de personas y organizaciones, se compone de varios dominios: una cultura favorable a la innovación, liderazgos claros, capital humano de calidad, mercados desarrollados y una gama de apoyos institucionales  y de infraestructura, tanto públicos como privados. Estas tareas corresponden a un Estado emprendedor, local o regional,  que crea, fomenta, complementa las diversas capas de las inteligencias de los territorios. Veamos algunas de ellas siguiendo autores como Chourabi:

Inteligencia competitiva y económica. Aquí,  la política pública y la acción privada promueven en el territorio el espíritu innovador en todas sus dimensiones, la cultura de cambio y transformación como práctica cotidiana  y, sobre todo, la capacidad creativa de acuerdo  con  la vocación local. Cada localidad, ciudad o región buscará su diferenciador, que puede ser en el folklore, la cultura, la historia, la tecnología, las artes o sectores más tradicionales como el turismo y la agricultura.

Inteligencia medioambiental. El desarrollo local y urbano requiere de políticas ambientales transversales en el desarrollo inmobiliarios, en infraestructura, energía, seguridad, transporte, redes de comunicación y otros sectores.

Inteligencia para la calidad de la vida. Esta capa tiene que ver con la dimensión ciudadana y de participación de la gente en el territorio, y busca mejorar las condiciones diarias de las personas,  y promover una interacción sana y respetuosa entre los componentes de la comunidad.

Inteligencia social. Aquí se desarrollan conceptos como: e-salud, e-cultura, e-educación, e-seguridad, entre otros, que traducidos en acciones públicas concretas mejoran cualitativamente la inclusión social e igualdad.

Inteligencia administrativa. En esta capa las políticas públicas y acciones privadas van destinadas a mejorar la administración de la República, promover la transparencia, el gobierno participativo e incluyente. Por supuesto, esto está vinculado a la seguridad, sostenibilidad financiera y planificación urbana. En suma, se trata de promover la gobernanza y gobernabilidad inteligente de instituciones, y el conjunto del gobierno, respectivamente.

 Finalmente y por eso no menos importante: inteligencia móvil y comunicacional. Esta dimensión tiene que ver con el transporte sostenible y ambientalmente responsable, además incluye la conectividad soportada por fibra óptica, redes de IP y accesos de bandas de alta velocidad.

Algunos ejemplos de territorios o ciudades inteligentes son ciertos distritos de San Pablo vinculados a la moda. Lima como cluster gastronómico. Teanjin en China, llamada la ciudad verde. Paju-Si en Corea, la ciudad de la Felicidad. Paratí en Brasil, el poblado de la poesía. Singapur, la ciudad de los negocios. Bangalore, el territorio del software, para mencionar sólo algunos ejemplos de desarrollo glocal.

Como se puede concluir, esta visión de desarrollo basado en la potencia de lo regional, el poder de las ideas y la innovación tecnología no tiene diferencias ideológicas (mercado versus Estado) con la propuesta del modelo primario exportador,  sino de coeficiente intelectual, literalmente. Las capas de inteligencia de estos nuevos territorios son una construcción colectiva basada en la triple hélice: sector público, privado y academia.


Sunday, June 11, 2017

Nunca hubo tanto dinero y tan pocas ideas

Existe una intensa polémica a la hora de analizar los resultados económicos de la administración del presidente Morales. Por una parte, los exégetas del régimen, frente a un inmenso y pulido espejo, presentan los datos agregados del periodo 2006 – 2015 como espectaculares. A saber: crecimiento económico promedio de 5%, tasa de desempleo de 4,1%, estabilidad de precios con una inflación media de 6%.    El narcisismo macroeconómico se expresa en plenitud en el mensaje de que en 11 años se habría hecho mucho más transformaciones económicas que en 180 de vida republicana. Este argumento sigue la consigna de la vieja Unión Soviética de saltar etapas en el desarrollo. Prima face estos resultados son relevantes, pero para no tener una lectura ni sobreideologizada y menos dimensionada al extremo, requieren ser evaluados desde otros ángulos.  


 Primero, veamos la comparación histórica e internacional. Por temas de espacio nos concentraremos en el crecimiento del producto, que es la estrella de los logros económicos. Este resultado, cuando es  comparado con momentos en que la economía boliviana tuvo similares contextos externos favorables,  no parece tan luminoso. Para no ir muy atrás en la historia, Bolivia se benefició de dos momentos de windfall (ganancia inesperada o de manera más coloquial sacarse el gordo de la lotería) vinculada a los fabulosos precios de las materias primas.

 Entre  los años 1971  y 1977, cuando la economía creció en media  al 5,7% y el periodo 1994-1998, cuando hubo ingreso masivo de recursos externos vía inversión extranjera y el aparato productivo creció al 4,8%. Como verán, resultados son muy similares, aunque cabe mencionar que la bonanza externa del periodo 2006 al 2015 fue más grande y duró más tiempo en relación con  las anteriores, por lo que se podría haber esperado mejores resultados. Comparar los éxitos actuales con periodos de crisis anteriores es una travesura de alumnos de introducción a las estadísticas. ¿Y comparando con otros países, aparece el milagro del evoeconomics? ¡Tampoco guaguay! Perú, con un modelo económico opuesto al nuestro, creció al 6% entre   2006 y 2015.    

Segundo, es bueno comparar los logros económicos con una visión y/o un benchmark internacional. Para ponerlo de manera poética: ¿Cuál es el sueño que puebla las noches de nuestros líderes? Para dar una respuesta necesitamos del gran Miguel Ángel,  que decía: "El mayor peligro para la mayoría no es que apuntamos muy alto y fracasamos, sino que apuntamos muy bajo y acertamos”. Quiere decir que la visión de desarrollo económico del Gobierno está anclada en el pasado. Es como un loro de casa, aletea muy bajo.

Es un modelo de desarrollo de la industrialización de los recursos naturales que mira por el retrovisor. Propone subir la escalera del desarrollo generando valor a las materias primas. El mineral se convierte en un lingote, después se producen clavos, posteriormente se hacen calaminas y en algún momento del horizonte del proceso de cambio se llega al automóvil nacional. En suma, es hacer la revolución industrial inglesa con 200 años de atraso. Es la industrialización de los recursos naturales. Además, para este anacronismo intelectual,  desarrollo son grandes obras, monumentos al cemento, es sóviets y electrificación, caminos, represas, teleféricos, satélites, museos, pesados y pretenciosos edificios. Además, la única obsesión de la gestión pública parece ser superar al neoliberalismo;  así, todo se mide en relación con el pasado.

Pero no existe un sueño económico que salte etapas, que piensa en la revolución tecnológica y verde, en la ampliación creativa de los derechos sociales o los territorios inteligentes, en la industrialización para los recursos naturales. La agenda 2025 es la ilusión de nuestros abuelos del 52: el nacional-desarrollismo.  Apuntamos bajo, apostamos a repetir el pasado y, lo mejor de todo, estamos acertando, lo que lleva frecuentemente a las lágrimas a la nomenclatura del régimen, cuando se ve un lingote o se ve subir un cohete chino al cielo.  Por supuesto, con este imaginario de desarrollo tan limitado los resultados económicos de corto plazo nos parecen maravillosos.

 Tercero, no se ha avanzado casi nada desde una perspectiva de desarrollo integral. Utilicemos dos criterios: a) avances en transformaciones estructurales, entendidos éstos como recursos (capital o mano de obra) que van a las actividades más modernas de la economía a través de la industrialización y que, por lo tanto, producen saltos en la productividad; y b) cambios en los fundamentos del desarrollo. Aquí nos referimos a acumulación de stock de capital humano o calidad de las instituciones que impulsan el desarrollo integral y lo hacen sostenible medioambientalmente.

Si utilizamos estos dos criterios casi no se ha avanzado en Bolivia, por lo que los resultados macroeconómicos no son sostenibles. La economía primario exportadora y comercial es más grande pero sigue teniendo, en su esencia,  la misma estructura de hace 180 años. La economía está hinchada por los anabólicos que recibió de los ingresos  circunstanciales provenientes del súper ciclo de las materias primas. Pasado el periodo de las vacas gordas, mantenemos la burbuja de consumo quemando ahorros internos y endeudándonos. Aquí nada nuevo bajo el sol del desarrollo.

 Cuarto, la oportunidad perdida. Como fue mencionado,  Bolivia tuvo una oportunidad económica de 60.000  millones de dólares, pero el aparato económico nacional dio vueltas sobre el modelo primario exportador.  Se apostó a la inversión pública excluyente de la inversión privada, a la hipertrofia del comercio, y la economía informal. Se volvió a confundir gordura de consumo con músculo productivo, riqueza con desarrollo. Se defendieron causas sociales justas con propuestas cansadas. Con medio Plan Marshall, a precios de hoy, se perdió una gran oportunidad de transformación estructural. Nunca se tuvo tanto dinero y tan pocas ideas.  

Sunday, May 28, 2017

La inversión pública y el extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde

queReducida la fuerza de los motores de las exportaciones que impulsaban el crecimiento económico hasta el año 2012, el Gobierno le ha dado un nuevo aire al Producto Interno Bruto (PIB) impulsando la demanda doméstica.  Un pilar central en esta estrategia es la inversión pública que viene creciendo, de manera significativa, desde 2006, aunque a tasas cada vez menores. En el periodo 2013-2014 ésta subió el 19%. Entre 2014 y 2015 la variable se incrementó en 9%. Finalmente, en el bienio 2015-2016 la inversión pública tan sólo subió en 3%. 


No obstante esta reducción los guarismo son impresionantes. El año pasado se alcanzó la cifra récord de 5.065 millones de dólares.  Definitivamente un salto espectacular.  Cabe recordar que en el año 2005 ésta llegaba  629 millones de verdes. Y, por supuesto, esto no para por aquí. El Plan de Desarrollo Económico y Social (PDES), mimosamente rebautizado como Agenda Patriótica 2025, propone pisar a fondo en el acelerador de la inversión pública. 
 
Hoy domingo de frío intenso, dos preguntas surgen en la callada y brumosa noche de la revolución. Primero, ¿cuál es el impacto de la inversión pública en la economía? Segundo, ¿es sostenible seguir el camino de la chequera gubernamental? ¿En economía, como en los pasillos del amor, billetera pública mata galán privado? 
 
Vamos por partes, como dice Jack el Destripador, que como veremos más adelante es coterráneo del Dr.Jekyll-Mr. Hyde.

 El grueso de la  inversión pública se destinó a infraestructura de caminos, energía y agua, pero también se dirigió a inversiones dentro de las empresas públicas. Prima fase, aquí estaría el secreto del éxito del nuevo modelo económico. Entretanto,  aún se requiere una evaluación independiente sobre la calidad y rentabilidad de estas inversiones públicas. De hecho, no han sido capaces de generar una nueva oferta, pública o privada, de exportaciones que amortigüen el deterioro externo. Pero la esperanza, el estandarte de los sueños, es lo último que muere. 
 
 En la actualidad, las inversiones estatales no se ven más que en el power point  de los jerarcas de la nomenclatura y no así en la generación de nuevos ingresos, cambios tecnológicos, diversificación productiva o aumentos de la productividad.  De hecho, existen dudas razonables sobre su rentabilidad ¿o cuál es el beneficio de coliseos donde sólo juegan los ratones? ¿o de aeropuertos donde no llegan aviones? ¿o museos sin gente? ¿o edificios que homenajean a la fealdad y son espejo de los egos del poder ? ¿o carreteras que no conectan polos productivos? ¿o plantas petroquímicas sin gas ni mercados? ¿o de ingenios azucareros sin materia prima?  ¿o satélites ciegos?  

 Buena parte de estas preguntas están conectadas a las utilidades que generan las empresas pública que se llevan   una gruesa parte de la inversión pública. Pues bien, en el periodo áureo de los precios de las materias primas, 2014, las utilidades de las empresa estatales llegaron a 7.371 millones de bolivianos. El año pasado  éstas bajaron a tan sólo 941 millones, esto se presenta una caída de -87%, por supuesto que el villano es YPFB, que afrontó precios del gas natural muy bajos. 
Quiere decir que ell milagro del éxito de la empresa se explica más por la suerte 
antes que por una buena gestión empresarial. 

Desde una perspectiva más macroeconómica, el comportamiento de la inversión pública evoca el extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde de la novela del inglés Stevenson, quien era una misma persona con  dos personalidades con características opuestas entre sí y que hacía de las suyas por las tenebrosas calles de Londres del siglo XIX.  
 
  En efecto, el Dr. Jekyll de la inversión pública del Estado central es un keynesiano de pies juntillos.  Desde lo alto del Gobierno, y sobre todo usando las empresas estatales, gasta la plata a manos llenas para impulsar la economía. En  2016 ejecutó el 70% de la inversión (3.526 millones de dólares), 19,6% más que el año pasado. Pero por las noches, en el mismo cuerpo, aparece el neoliberal Mr. Hyde que, al mejor estilo del Fondo Monetario Internacional (FMI), aprieta las guindas del gasto y la inversión pública y condena a los gobiernos locales y a las universidades a ajustes draconianos y a silbar finito. Las administraciones departamentales cortaron la inversión pública, entre el 2015 y 2016, en 37,9%. Las universidades redujeron sus gastos en 29,7%. Y los gobiernos municipales en casi 10%. 
 
Ahora, ¿cuán sostenibles son las aventuras de Dr. Jekyll? Pues desde el 2014 parte de la inversión pública se sostiene a través de déficits públicos, pérdida de reservas internacionales del Banco Central y mayor endeudamiento externo. En el 2016, el agujero fiscal fue de 6,6% del PIB, para el año que transcurre implacable llegaremos a 7,8%. Ahora, si las inversiones de la Agenda Patriótica llegan a sus metas, según el FMI, el déficit podría oscilar entre 15 y 20% del producto en los próximos cinco años. Así que tranquilo nomás doctorcito Jekyll , en algún momento va tener que llamar a su otro yo, Mr. Hyde. 

 En este escenario de gran entusiasmo revolucionario la deuda externa pública sobrepasaría el 52% del PIB. Entretanto, hacia el 2021 la rentabilidad de la inversión pública tendría que estar generando ingreso de exportaciones, pero esto es muy poco probable. Así que es mejor juntar a los achachilas y yatiris de Curva, los curacas de la Buenos Aires y sacerdotes del proceso de cambio para organizar una gran rezada a los santos de los recursos naturales para que los precios vuelvan a subir. La otra opción es despertar a  Mr. Hyde y ponerlo con cara de Marx y que comience a cortar gastos e inversiones como un carnicero neoliberal, algo que no es ni posible ni deseable.

El gran pecadillo de la apuesta a la inversión pública no es su dimensión, sino de haber excluido al sector privado. Pensar que billetera de soldadito del proceso de cambio mata a galán privado es una tierna ilusión. Tal vez en el corto plazo esto puede ocurrir, pero cuando se busca descentralizar la economía, producir un cambio estructural productivo, aumentar la productividad, la inversión pública también debe ser complementaria a la acción privada. El desarrollo económico y social, doña Flor, tiene dos maridos no celosos, la inversión pública y la privada, y no le gusta los esquizofrénicos como el Dr. Jekyll.  

Gonzalo Chávez A. es economista.
Escrito por Gonzalo Chávez A.

 

Sunday, May 21, 2017

Corrupción y la teoría de los chiflones

La corrupción y la teoría de los chiflones 

Hace algunas semanas   me encontré con un queridísimo amigo de la infancia de la plaza San Pedro, barrio en el que viví buena parte de mi adolescencia arrabalera. Por supuesto, hablamos de cosas picantes del pasado, pero como siempre sucede en estos encuentros furtivos, aparece el salvavidas de la coyuntura política que evita la muerte súbita de la conversación anclada en la añoranza. Sale a flote la consabida pregunta: "¿Y cómo la ves?”. Como conocía de la sabiduría de mi amigo en las honduras del alma nacional, me quedé callado y escuché su agudo análisis de coyuntura callejero. 

Sostenía, con precisión de taquero de larga data y campeón de las billas populares, que al Gobierno ya le había agarrado un chiflón de corrupción tan contundente como ponzoñoso. Y cuando te atrapan estos vientecillos furtivos. ¡Agárrate Anacleto!, sentenció mi cuate, conocido como el Tuercas.

Con aire docto, de quien ya había pontificado sobre la realidad nacional en todos los bares de La Paz, me dijo que discordaba de la hipótesis de que acabaríamos como Venezuela; más bien pensaba que terminaríamos como el Brasil del hermano y compañero Lula. Vanos fueron mis tentativas de hacerle notar, que al contrario del vecino, nosotros no teníamos un Poder Judicial independiente, que investigue y castigue a la cofradía de los uñas largas. Él retrucó que, aquí como allá, la presión social y la opinión pública jugarían un papel fundamental.

Con la leyenda tatuada en su historia -que había derrotado en un duelo verbal a la mismísima Luna Stalinista, como se conoce en la jerga popular a uno de los jerarcas del régimen-  sostenía que el chiflón había desinflado  el complejo de superioridad moral del proyecto y que estos aires pendencieros ahora circulan libres por los corredores del alma política del régimen de irremediable manera. El tic, tac, tic, tac, tic, tac de la inflexión histórica, con su voz cansina, ya le cantaba al oído, todavía sordo, de los poderosos "Recuerda que eres mortal”.

 La lectura de la realidad me pareció pertinente pero lo que más provocó mi curiosidad analítica fue la alusión al viento colado. Viniendo de Villazón, la tierra desde donde se distribuyen las ventoleras al mundo, todo lo que tenga que ver con movimientos de aires nos interesa. 

 A estas alturas de la columna permítanme un comercial. Ayer sábado 20 de mayo fue aniversario de este jirón patrio. Loas y laureles a Villazón, el diamante que se pule solo, aunque últimamente también hay que agradecer a la apreciación del tipo de cambio real que hizo reverdecer la ciencia del comercio y revivir los mejores pilotos de la frontera, como se conoce  a estas personas que hacen pasar, por el puente que une La Quiaca con Villazón, fabulosos bifes de chorizo, dulces Sancor y toneladas de harina con el mismo arte y sabiduría.  

Pero volvamos a las ventoleras turbinadas y otros aires cruzados. Seguramente usted ha escuchado alguna vez decir: Huy,  aquí se siente un chiflón endiablado. También es conocido que el mal de whistupicus o boca chueca   se origina en chiflón de callejón.   Uno de los chiflones más temidos por las abuelas es el de zaguán de casa de tres patios que produce el mal de jolkes, que hace escupir piedras preciosas por donde pecamos. 

 También los vientos colados de solárium -que dan origen a la expresión: resfrío de calor- son mortales, razón por la cual los collitas poliglobúlicos, como su seguro servidor,  usamos camisetitas musculosas en toda ocasión. En suma, se trata de un vientecillo  furtivo y traicionero que se cuela por las ventanas mal cerradas, las rendijas sobornadas,  y las paredes con agujeros infinitos.

En tiempos pretéritos, si a alguien le agarraba un chiflón también significaba que esta persona había perdido el norte, el espíritu se le había desvencijado irremediablemente. Era justamente esta sensación a la que hacía referencia mi amigo de San Pedro, pero aplicada  a la gestión del Estado. Es decir, tremendos chiflones de corrupción comenzaban a surgir de los recovecos, agujeros, madrigueras del oscuro poder. De nada servía minimizarlos denominándolos microchiflonillos

En la opinión del Tuercas, estas ventosidades podridas dentro del Estado comenzaban a producir un desgaste irremediable en la estructura del poder y a quitarle  pliegues  y gracia a los candidatos a estatuas . No hablamos de casos concretos. Nos mantuvimos en el plano de la teoría de los chiflones.

 Más temprano que tarde los chiflones de la corrupción se convierten en huracanes y se llevan por delante todo, como en lo que está ocurriendo en el verde Brasil. Después, salir del lodazal del robo público lleva generaciones.  

El tema de corrupción, grande o pequeña, en la opinión del Tuercas, debía convertirse en el centro del debate nacional. Debería tener un abordaje sistémico e institucional, ser transversal y específico. Debería tener un abordaje preventivo, disuasivo y punitivo. Mi amigo sanpedrino sostenía que una de las batallas fundamentales para avanzar en su combate era la elección de jueces, pero que como estaba diseñado el sistema, a partir de la lógica de la reproducción del poder, él no auguraba éxitos; al contrario, sostenía que en  corredores, zaguanes, callejones, rendijas del Poder Judicial circulaban los chiflones más cínicos y peligrosos.

Coincidimos en que las páginas de la historia no avanzan si los chiflones sibilinos no desaparecen. Volver a imaginarse el futuro implica hacer desaparecer el flagelo de la corrupción; caso contrario, ésta carcome el cuerpo y alma de una nación. En nuestro caso, la primera batalla, sin duda, es construir una institucionalidad judicial transparente, competente e independiente.


 Nos despedimos con abrazo de oso y con sendos juramentos de llamarnos y tomar unas chelas. Sabíamos que tendríamos dificultades de cumplir las promesas, pero lo mejor del encuentro fue juntar su análisis político certero con mi experiencia con los vientos, de lo que surgió esta teoría de los chiflones.      


Gonzalo Chávez A. es economista.

Monday, May 15, 2017

Good Bye Lenin

Adiós a Lenin es una maravillosa película alemana ambientada poco después de la caída del Muro de Berlín. Christiane  es una orgullosa miembro del Partido Socialista Unificado de Alemania (PSUA). Comunista hasta los tuétanos, ahora diríamos, un soldado de proceso de cambio. Un bello día de 1989 pierde el conocimiento al ver a su hijo participar de una manifestación en contra de Erich Honecker y entra en un coma profundo. Despierta ocho meses después de la caída del régimen comunista aún muy delicada de salud.
 
 Por recomendación médica nada debe complicar su recuperación, menos aún saber del triunfo del capitalismo en su amada Alemania Oriental. Para salvarla, Alex, el hijo, convierte el departamento familiar en el último bastión del socialismo, en el que su madre vive creyendo que nada ha cambiado. Entre tanto, una mañana de sol descubre, desde su ventana, que había un enorme cartel publicitario de   la Coca Cola. El hijo le explica la situación diciéndole que en realidad la Coca Cola era una empresa fundada por el PSUA, por eso lo del color rojo revolucionario y que, después de una batalla internacional, esta transnacional había aceptado que había robado la idea de los socialistas alemanes y devuelto la empresa. 
 
En sus noches de convalecencia la señora veía noticiarios viejos que sus hijos pasaban por circuito cerrado. En cierta ocasión, por descuido, la última comunista ve un programa al vivo donde miles de alemanes orientales saltan desesperados sobre los restos de muro. Los familiares le comentan que, en realidad, los que se pasaban de lado eran los alemanes occidentales que, cansados del consumismo, el exceso de confort, los televisores a colores y otros mimos capitalistas, habían decidido abandonar estos lujos pequeños burgueses y pasar masivamente a la vida pacata y austera de la revolución. Durante años se crea una vida ficticia para la señora, pero al final la madre termina descubriendo que era una prueba de amor de sus hijos que temían que su corazón no aguantaría decir adiós a Lenin.  
 
Con mucho menos glamour que los cariñosos hijos de la comunista oriental pero con las mismas intenciones, nuestros neorevolucionarios se resisten a aceptar los serios problemas del modelo económico primario exportador, buscan crear una realidad paralela y presentar resultados económicos, y medidas de políticas públicas como novedades del ajuar de un novio con recorrido. En primer lugar, durante años se construyó la teoría del blindaje y particularmente se negó el problema del empleo, y la calidad de éste. Segundo, promoviendo la apreciación del tipo de cambio real, se consolidó un sector comercial formal e informal, donde se crearon miles de empleos de baja calidad y productividad y se presentó a la informalidad, en el discurso, como el horizonte del socialismo. 
 
 Ahora, con la caída de precios de las materias primas, se reconoce que uno de los síntomas de crisis es el desempleo. ¡En hora buena! Primer paso dado, pero como a la abnegada madre de la película Good bye Lenin, se le quiere dorar la píldora. En efecto, el nuevo Programa de Empleo se lo presenta coquetamente empaquetado en los celofanes de la propaganda como un avance en el proceso de cambio, cuando en realidad, en su parte central, se trata de un coñichi de políticas públicas del pasado. 
 
Los programas de Infraestructura Urbana y Protección y Habilitación de Áreas Productivas son zombis del Fondo Social de Emergencia (FSE) de la época de Paz Estenssoro y el Plan Nacional de Empleo de Emergencia (PLANE) de Tuto Quiroga, ambos criticados en su época -con razón, por muchos que ahora disfrutan de las mieles del poder- como siendo un programa neoliberal parche de empleos de baja calidad, que además rompía con la institucionalidad de los municipios, porque la ejecución estaba a cargo del Estado central.  Ahora se sigue el mismo camino porque quien implementará el programa será el Fondo Productivo Social, el nieto del FSE. Bueno a rigor, estos programas son de corte keynesiano para reactivar demanda agregada. 
 
 En periodos de sequía de ideas, como el actual, nada contra los recalentados o muertos vivientes, cuando el zapato ajusta eso es lo que hay que hacer en el corto plazo. Pero hoy como ayer la pregunta es la misma: ¿cuáles son las políticas de empleo de largo plazo pasado en julepe de la crisis? Aquí el Gobierno presenta dos programas que pueden ser interesantes siempre que estén enmarcados en políticas de desarrollo productivo y desarrollo de ecosistema de emprendimiento. A saber, está el programa de Inserción Laboral para trabajadores y jóvenes profesionales que será financiado por el Estado (paga entrenamiento, salud y jubilación)  y la empresa privada (paga salario). Esta política debía estar enfocada en actividades que generen exportaciones, impulsen innovación tecnológica, aumenten la productividad y tengan efecto derrame dentro de un cluster local. Así, en general, puede ser una fuente de prebendalismo. Mi apoyo a tu empresa por tu voto.   
 
 El más interesante es el Fondo para Capital Semilla, que propone dar créditos a las MyPes de reciente creación y nuevos emprendimientos. Pero este dinero aislado no funcionará, por lo que se debe trabajar con municipios, sector privado, bancos, universidades e impulsar ecosistema de la innovación y emprendimiento, sobre todo apoyando a los beneficiarios del capital, con aceleradoras e incubadoras de empresas para reducir riesgos.  Asimismo, está el Incentivo a la Generación de Empleo en las contrataciones públicas. Ésta es una mala idea, es una invitación al sobredimensionamiento de los costo de las obras. 
 
 Finalmente, el Gobierno acepta que existen problemas de desempleo y apela al odiado y criticado pasado para revivir viejas políticas keynesianas aplicadas por neoliberales, pero en la retórica discursiva se resiste a decir:  Good bye Lenin, aunque muchos piensan que aquí nunca ni si quiera se le dijo Hello Vladi, por lo que el corazón de la sociedad boliviana está roto por doble engaño.

Monday, May 8, 2017

Populismo cambiario y los atletas ratones

El Gobierno ha reconocido que el incremento salarial tendrá efectos negativos sobre el empleo, pero también afirma que ésta es una forma de inyectar dinero a la economía e impulsar el aparato productivo, siguen un keynesianismo de guitarreada.  Para este tipo de políticas, también conocidas técnicamente como keynesianismo vulgar, los aumentos salariales y/o el incremento del gasto e inversión pública impulsan el multiplicador del consumo de las familias y del gasto estatal, ambas medidas reactivan la demanda doméstica.

 La magia funciona de la siguiente manera:  por cada boliviano que el Gobierno introduce a la economía -éste, pasando del bolsillo de las personas a las empresas o de las obras públicas al consumo de insumos, por ejemplo-  terminará generando 30 centavos adicionales. Al final del día, la inyección de un morlaco provocará un impulso en las ventas  que harán crecer la producción en 1,30 bolivianos. Por eso cuando se pregunta ¿cuántos economistas keynesianos hacen falta para cambiar un foco? La respuesta es todos, pues de esta forma se generan empleos, subirá el consumo y la demanda agregada se desplazará a la derecha.

Así que se alisten las guitarras, se afinen las voces y se descorchen los mejores vinos, que la fiesta del nacional consumismo va a continuar. A voz en cuello y con el coqueto puñito en alto a cantar se dijo: "Luche,  luche y no deje de luchar, por un gobierno obrero y popular”. Al keynesianismo de guitarreada no le preocupa si el uso exagerado de la billetera pública genera déficit (cuando los gastos son mayores que los ingresos).

En nuestro caso, los datos ya son preocupantes. En el 2014, el déficit público fue de 3,4% del PIB. En el periodo 2015-2016  las cosas se complicaron, el agujero fiscal sobrepasó el 6%. Y en el año que transcurre, el déficit previsto es aún mayor, 7,8% del PIB.  La forma en que se viene financiado la brecha fiscal es a través de pérdidas de ahorro nacional (caída de reservas internacionales del Banco Central de Bolivia) e incremento del endeudamiento externo.

El keynesianismo vulgar supone que aceitando el circuito del consumo, con marmaja fresca, también se recaudarán más impuestos, pero si el grueso de estos recursos va al sector informal, esto es una ficción.

Debido a los efluvios provocados por la hermandad del canto y la acción del tinto, los impulsores de estas ideas no se percatan (o se hacen a los locos) de que políticas expansivas, como el incremento salarial, en una economía tremendamente abierta y un tipo de cambio real apreciado (los bienes externos son más baratos que los nacionales en el mercado local), evidentemente producen la reactivación del aparato productivo, pero de Perú, Chile o Argentina. El grueso de los nuevos ingresos se gastan en importaciones legales e ilegales, técnicamente, la propensión marginal a importar es muy elevada en Bolivia.

 En 2016, por cada dólar que recibimos por exportación, volvieron a salir 0,85 centavos en importaciones. Por lo tanto, los sectores que más se benefician del mayor circulante son el comercio y los servicios, que en su mayoría están en el sector informal. Evidentemente aquí está el 80% del total de los empleos de la economía nacional, que son de baja calidad (sin seguro social o médico), la mano de obra menos productiva, los ingresos dictados por la ley de la oferta y demanda, y el reino de evasión impositiva.

El populismo cambiario financia la revolución de la informalidad comercial que -como decía el viejo Marx- vive de la circulación de mercancías antes que de la producción de éstas. Además, en el caso de la economía boliviana, productos más baratos importados de las economías vecinas ayudan a mantener la inflación bajo control, lo que neutraliza el posible efecto inflacionario de las políticas expansivas salarialistas.

 El populismo cambiario garantiza la captura de la renta del comercio financiado con plata pública y también beneficia a sectores no transables, como la banca y la construcción. Los grandes ausentes en la guitarreada son, por supuesto, los productores nacionales que ven incrementados sus costos laborales sin poder traspasarlos a sus precios, debido a la fuerte competencia en el mercado local y del contrabando.  En este modelo no hay generación de valor productivo, que es la base del desarrollo sostenible, y sí la apropiación de rentas financiadas con ahorros públicos.
Estamos frente a un efecto riqueza de corto plazo.

Los otros componentes que gatillan el multiplicador keynesiano son el gasto y la inversión pública. En el primer caso, el aumento del expendio gubernamental corre la misma suerte del incremento salarial: buena parte de este impulso de dinero se chorrea a otros países. En el caso de la inversión pública, concentrada en infraestructura, puede mejorar el efecto derrame de corto plazo sobre el mercado local. Entre tanto, los problemas surgen cuando las inversiones se financian con déficits públicos, hecho que ocurre desde 2014 en Bolivia.

El otro cuestionamiento surge sobre la rentabilidad social y económica de las inversiones públicas. Si estos recursos estatales van a mejorar la productividad, generan diversificación productiva o son complementarios a la inversión privada, pueden convertirse activos que rinden recursos y benefician a la sociedad. Este no parece ser el caso del país. Cabe recordar que entre 2005 y 2016 la inversión pública total, como porcentaje del PIB, creció a más del doble  (de 6% a 15%); sin embargo, el destino mayoritario de las inversiones públicas genera dudas razonables sobre su rentabilidad ¿o cuál es el beneficio de coliseos donde sólo juegan los ratones? ¿o de aeropuertos donde no llegan aviones? ¿o museos sin gente? ¿o edificios que homenajean a la fealdad? ¿o carreteras que no conectan polos productivos? ¿o plantas petroquímicas sin gas ni mercados?



7 de mayo de 2017

7 de mayo de 2017

Monday, May 1, 2017

A mi no me echen la culpa

Existen ciertos bolivianismos que nos retratan de cuerpo presente y alma entera, en especial a nuestros políticos. Veamos las joyas del lenguaje nacional: “Yo no sabía”. Frente a fracasos de políticas públicas, como la escasez del agua, o asuntos más peliagudos, como los chiflones de corrupción, sale el santo y señala de la ignorancia sobre tema. Siempre son los otros, los de abajo,  los culpables. Los dueños del poder ni se enteran.  También está la gran perla para hacerle el quite a las cosas: “A mi no me echen la culpa”. En este rubro de lavarse las manos el acuerdo entre el Gobierno y la Central Obrera Boliviana es de antología. Transcribo el punto 5. “Incremento salarial 2017. Se acuerda que el incremento al Salario Mínimo Nacional será del 10,8% hasta llegar a Bs.2.000, a pedido de la COB dejando el Gobierno salvada su responsabilidad en el caso de presentarse efectos negativos sobre el empleo.  En cuanto al Salario Básico Nacional será del 7%. Las características del incremento serán definidas en Decreto Supremo. ”

Tres apuntes sobre el sui generis punto del acuerdo. En primer lugar este un reconocimiento que existe una conexión entre política salarial y empleo, más aún, dado el contexto macroeconómico actual,  los incrementos de salarios por encima de la inflación generarán pérdidas de empleo, por cierre de empresas, reducción de contrataciones o fugas de ciertas unidades productivas al sector informal. Gobierno Poncio Pilates dixit.  En segundo lugar, demuestra inconsistencias en las políticas públicas de la administración Morales, la mano izquierda del populismo distributivo no habla con la mano derecha de la oferta productiva. Se adopta y acepta una medida nociva contra las pequeñas y medianas empresas, sector que dicen apoyar. En tercer lugar, muestra el poder de las corporaciones sociales que le doblan la mano al gobierno. Recordemos que este proponía un incremento de 5% sobre el salario básico y 6% para el mínimo. ¿Qué pasó con el poder de negociación del otrora gobierno fuerte? Además, se evidencia el peso de la política sobre una visión/acción más integral y técnica del desarrollo económico, más aún refleja ingenuidad o (¿frio pragmatismo?)  a la hora de eludir la responsabilidad en la generación de empleos. A mi no echen la culpa si  a raíz de mi decisión como Estado, la gente pierde su trabajo.

En una perspectiva más macroeconómico, con el incremento salarial el gobierno insiste en un keynesianismo de guitarreada, éste que piensa que sólo hay que meterle plata la economía, que ésta va seguir funcionando.  Por el lado de la demanda, según el gobierno, la gente con más dinero compra más bienes y servicios, sí... pero son productos que vienen de Chile, Perú, Brasil o Estados Unidos. Se reactiva el aparato productivo de los vecinos y las importaciones legales e ilegales aumentan fuertemente. Todo esto gracias a la apreciación del tipo de cambio real (los malos del FMI dice que nuestra moneda tendría un atraso cambiario de cerca al 40%). ¿Qué pasa por el lado de la oferta local? Los productores nacionales micros, pequeños y medianos, piense en la manufactura de ropa por ejemplo, tienen un incremento fuerte de costos laborales que no pueden repasar a los precios de sus productos porque están en mercados muy competitivos y encima, para pior, enfrentan la competencia desleal del contrabando. Estos sectores no aumentan sus ventas debido al incremento salarial. A los que les va mejor son a los intermediarios, al comercio, sobre todo el informal, sector donde reina la mano invisible de Adam Smith y ni se entera de los aumentos salariales decretados por el gobierno. Aquí trabajan en condiciones muy precarias, el 80% de la población económica activa.  En la Bolivia revolucionaria, Lenin estaba equivocado, no es imperialismo la fase superior del capitalismo, sino la informalidad es la fase superior de este sistema.

En suma, la política del populismo distribucionista “beneficia” (más bien es un espejismo de riqueza) tan sólo al restante 20% de la población en edad de trabajar y es completamente funcional a la consolidación del modelo primario exportador y comercial. Distribuye las rentas de acuerdo al criterio de lealtad política y no en base una visión integral del desarrollo que debería buscar la diversificación productiva y preservación y creación de empleos dignos y sostenibles. El gobierno gestiona clientelas y no apoya ni promueve a los productores. ¿Y que tal hablar de productividad a la hora de aumentar los salarios?. Por supuesto esta es una palabra, disque neoliberal, que está eliminada del diccionario de la revolución.  Aquí es el reino de las rentas y su distribución.   Además la política salarial del gobierno no se ha enterado ni de la desaceleración de la economía ni del deterioro de grandes agregados macroeconómicos, a saber: fuerte déficit comercial, un agujero fiscal cercano al 8% del producto, pérdidas de reservas internacionales, incremento del endeudamiento externo. apreciación del tipo de cambio real, entre otros. Confundiendo riqueza con desarrollo se apuesta a seguir inflando la burbuja de consumo. A futuro lo único que queda es realizar masivas movilizaciones para rezar al santo de los recursos naturales y pedirle que suban nuevamente los precios del gas natural y los minerales.  La fiesta del consumo debe continuar. En 11 años nos hemos gastado 60 mil millones de dólares (medio plan Marshall a los precios de hoy) para repetir lo que hicimos en los anteriores 180 años de vida republicana, a saber:  exportar materias primas, engordar el comercio y hacer discursos furibundos.  Así que, sí las cosas comienzan a salir mal, no funcionan las políticas públicas, será culpa del imperio y sus lacayos.  Además. Yo lo dije claramente a mi no me echen la culpa de las políticas públicas respecto a los salarios, fueron los compañeros de la COB, los que se metieron un auto gol. En un mano llevaran su victoria Pírrica de incremento salarial y en la otra su carta de despido.

Wednesday, April 26, 2017

Monday, April 24, 2017

Cebando el carburador

Termina el primer cuatrimestre del año. Tiempo de una primera evaluación de la economía internacional y nacional. Utilicemos los datos recién salidos en el Word Economic Outlook del FMI. El crecimiento económico del 2017 (3,6%) será ligeramente superior al año pasado, lo que muestra una suave recuperación, pero que en momentos de incertidumbre como el actual se convierte en una gran bocanada de aire fresco. 

Según el FMI, el 2018 se dará otro paso modesto en la retomada económica, 3,6%.  Economías avanzadas, como Estados Unidos y Europa, crecerán 1,9% en 2017 y 2,0% en 2018; es decir, 0,1 y 0,2 puntos porcentuales más que en el pronóstico anterior. Países emergentes, como la China, India o Rusia,  registrarán mejores desempeños, crecerán en promedio  a 4,6% en el 2017 y 4,8% en el 2018. Sin duda, un mejor resultado pero también a paso lento y dejando mucho que desear respecto a los resultados de otros años, donde se superaba el 10%. Es decir, la economía mundial anda despacio, cebando frecuentemente el carburador, como se dice en el lenguaje de los amantes de las tuercas. A saber, sobar es soplar en situ esta parte del motor para que el carro encienda con el alto riesgo de tragar buenas bocanadas de gasolina. Además, la economía mundial está amenazada por tendencias estructurales  a la fragmentación del comercio internacional, hecho que se origina  en el surgimiento de nacionalismos proteccionistas en los países desarrollados. Debido a esta situación, los pronósticos de mediano y largo plazo sobre el crecimiento económico mundial no son muy entusiastas.
 
En este contexto incierto y gelatinoso, América Latina apenas crecerá un 0,6% en el 2017, según el FMI.  Las recesiones económicas de Venezuela (-7,4%) y Ecuador (-1,6%)  son las responsables por reducir el promedio. Así mismo,  países grandes como Brasil (0,2%), Argentina (2,2%) o Chile (1,7%) también son determinantes para explicar este débil desempeño de la región.  Para el 2018, las proyecciones son ligeramente mejores, pero nada del otro mundo. La leve brisa de optimismo en el continente se debe a una mejora de los precios de las materias en el mercado internacional. En el 2017, el valor de los minerales subiría en un 3% y el precio del petróleo se estima que aumente en 20%, ambos respecto al año pasado.
 
Tres precisiones en la tendencia regional. 1) La debacle venezolana se explica por la fuerte caída del precio del petróleo en años anteriores y la grave crisis política. 2) El vecino Brasil se mantiene en el fondo del pozo debido a los terribles problemas de corrupción y el derrumbe del edifico de la credibilidad de la política económica. 3) Economías pequeñas como Perú (3,5%), Paraguay (3,3%) y Bolivia (4%) continúan con buenos resultados en el 2017. En el próximo año  los dos primeros países continúan con una leve mejora en el desempeño y el crecimiento boliviano se reduce levemente a 3,7%. FMI dixit.
 
La proyección de un 4% de crecimiento, el más alto de la región sudamericana, hecha por la odiada suegra del FMI, ha despertado el entusiasmo culposo del gobierno, por una parte celebra la bendición numérica del organismo internacional pero reniega de que sea tan bajo, el nacionalismo estadístico nacional sostiene que el crecimiento será superior (4,8%).
 
¿Frente a este posible resultado económico se puede afirmar, como lo  hacen los ascetas del poder, que esto prueba la superioridad del nuevo modelo económico nacional? ¡No tan rápido! No hay duda que las políticas keynesianas de sustentación de la demanda agregada, basada en la fuerte inversión y gasto público, aún están funcionando al igual que en modelos económicos más liberales como Perú y Paraguay. Pero más allá de la fe ideológica y el coro de las consignas debemos preocuparnos con los sacrificios fiscales, financieros y cambiarios que estamos realizando para mantener la llama del crecimiento en el sector público. Lamentablemente, en ciertas actividades privadas  ya se observa una ralentización, como la construcción, por ejemplo.
 
Es más sensato  detectar y actuar sobre una crisis evaluando los síntomas antes que resultados que pueden ser terminales. O sea no hay que esperar una recesión a la Brasil para actuar. En efecto, ciertos focos rojos de la coyuntura económica ya están prendidos, a saber: fuerte déficit comercial, caída de reservas internacionales del Banco Central -parcialmente amortiguada por el préstamo de los mil millones de dólares obtenidos por el Estado boliviano-, cuarto año consecutivo de déficit público elevado (en el 2017 el agujero fiscal llegará al 7,8% del producto), aumento del endeudamiento externo, presión sobre la sostenibilidad  tipo de cambio. El crecimiento económico actual se sostiene con pérdida de ahorro nacional y endeudamiento externo.
 
 Para mantener el producto en torno del 4% al año a futuro, la política económica de corto plazo  tiene muy pocos grados de libertad. Debe escoger entre rezar a los santos de los mercados internacionales para que vuelvan a subir los precios de las materias primas a niveles de hace cinco años o quemar ahorros interno y externo para mantener la burbuja de consumo. Ahora bien, una pregunta que debería estar taladrándonos el cerebro es: ¿por qué después de 11 años de gobierno y haber gastado 60.000 millones de dólares extras (medio Plan Marshall a precios de hoy) no tenemos ninguna fuente adicional de ingresos externos que no sean los recursos naturales? Las exportaciones cayeron en torno de 4.000 millones de dólares y no hay ningún sector alternativo que puede darnos ni 50 millones de dólares. Pero como vivimos al día y lo que interesa es la política antes que la economía, se fuerza el modelo primario exportador, aunque esto signifique sacrificar el futuro. Claro, el pretexto de la conspiración del imperio siempre está disponible para ocultar errores internos de la fiesta del rentismo y de populismo económico, tal vez el ajuste del país a la realidad económica lo tendrá que hacer otro gobierno.

Monday, April 17, 2017

Un Elefante en la Cristalería

Tres eventos sui géneris, para decir lo menos, han demostrado  la sobre ideologización y amateurismo de la política externa nacional. 
 
Primero está el "apoyo solidario e incondicional” al Gobierno venezolano en su decisión de retirar los poderes de la Asamblea Legislativa, cuando ni siquiera Maduro conocía de la decisión tomada por el Poder Judicial y, más aún, la condenaba. 
 
Segundo, nuestra representación en la  Organización de Estados Americanos (OEA), que circunstancialmente preside el Consejo Permanente,  perdió una gran oportunidad para proyectar al país como un actor responsable, moderado e inteligente en temas regionales complejos, como la crisis venezolana. Lamentablemente se optó por maniobras políticas y denuncias contra el carácter pro imperialista de la OEA. 
 
Tercero, está el accionar de nuestra representación diplomática ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que se equivocó al requerir una sesión reservada para tratar el tema, pedido que fue duramente criticado por varios países. Así mismo, fue el único país que apoyó a Rusia en el veto de un proyecto de resolución del Consejo que requería al Gobierno Sirio cooperación para investigar el ataque con armas químicas.
 
 En los casos mencionados y en varias otras oportunidades prevalece en la narrativa y acción de la política exterior boliviana la ideología antes que el interés nacional o el apego  a ideales y principios internacionales. La política exterior parece anclada en los años 60 y 70, se mueve en un andamiaje conceptual obsoleto inspirado en el bipolarismo de la Guerra Fría.  También se observa un alineamiento a Rusia o China, cuyo único afán parece ser oponerse a Estados Unidos. Muchas de estas acciones internacionales del país parecen estar más dirigidas a influir la política interna, buscando apoyo interno antes que el logro de objetivos internacionales.
 
 Sin duda, nuestra política exterior requiere de una relectura de las tendencias que prevalecen en el sistema internacional actual y necesita conectarse con la reivindicación marítima, que es la esencia de la unidad nacional, y debería ser el norte del accionar internacional. 
 
 Cabe recordar, el sistema internacional evoluciona en múltiples dimensiones desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El sistema internacional se asemeja a un complejo tablero de ajedrez de múltiples dimensiones. 
 
 En el tablero del poder estratégico-militar ha evolucionado de un mundo bipolar (URSS vs EEUU, entre 1950 y 1980) a un sistema unipolar bajo la hegemonía norteamericana a partir de los años 90, pero que ahora es cuestionada China, Rusia y Europa. Esta disputa esta en varias partes del mundo. Siria es una ejemplo trágico de confrontación de intereses estratégicos de actores mundiales y regionales.
 
En el tablero de ajedrez que representa los cambios económicos y tecnológicos, el unipolarismo ha evolucionado hacia una fragmentación del poder. En el siglo XXI el sistema económico internacional es multipolar. Europa, Japón y las economías emergentes son los actores más importantes. Para complicar este escenario han surgido nacionalismos que amenazan romper los precarios equilibrios financieros y comerciales. Este sistema, surgido en Breton Woods, está en crisis.
 
 Un tercer tablero tiene que ver con el lado oscuro de las relaciones internacionales donde juegan actores vinculados al terrorismo, narcotráfico, venta ilegal de armas, trata de personas, que colocan cada vez más tensión a la relación entre Estados.  
 
 Es en este contexto de unipolarismo estratégico-militar cuestionado, multidimensionalidad económica y poderes paralelos, los Estados buscan defender sus interés nacionales y los alineamientos son apenas tácticos, y no responden a lealtades ideológicas. Bolivia no puede ignorar esta realidad y los objetivos de la política exterior deben basarse en la consecución de los intereses nacionales; sin duda el más importante, aunque no el único, es la recuperación soberana del acceso al mar. 
 
 En este contexto, la diplomacia del mar requiere ser acompañada por una política exterior basada en un poder suave e inteligente. El académico Joseph Nye sostiene que -al contrario del poder duro, que se sustenta en la fuerza militar y el poderío económico- el poder suave e inteligente se basa en la seducción, atracción y persuasión, utilizando principios, cultura, valores o modos de vida del país. 
 
 Siguiendo la lógica del poder suave, cabe recordar que está en curso una demanda contra Chile en la Corte de la Haya, pidiendo justicia, en el marco del derecho internacional respetando la paz y la democracia. Si pedimos justicia ante una instancia externa, dentro del país y en nuestro accionar internacional debemos ser consistentes con este principio. Esta coherencia entre ambos niveles es fundamental para crear simpatía y apoyo de otros Estados a nuestra causa.
 
 De una manera más amplia, tanto en los espacios bilaterales y multilaterales, la política externa boliviana debería pregonar con el ejemplo. Ser un país democrático, que respeta las reglas de juego, que cree y fomenta la independencia de poderes, que venera los derechos humanos y políticos, que respeta el medioambiente y la diversidad étnica y cultural, que cree en la soberanía de los pueblos, en la paz y en la justicia internacional. 
 
 Defendiendo y practicando estos valores, y principios a nivel interno y externo proyectamos nuestro poder suave e inteligente para potenciar la reinvindicación marítima y para ordenar nuestras alianzas e, inclusive, neutralizar a otros Estados no muy afines a nuestros objetivos. 
 
 Nuestra causa es poderosa y justa; por lo tanto, debe buscar convergencia y solidaridad con todos los Estados del mundo, pero sobre todo con nuestros vecinos. Pero para esto requiere una política exterior pragmática y basada en principios, no estridencia ni confrontación. Necesitamos la sutileza de un colibrí y no de un elefante ideológico que se  tropieza en la compleja cristalería del sistema internacional.

Monday, April 10, 2017

Matando a Sócrates con un iPad


Jorge Patiño tuvo la gentileza de responder en el suplemento Ideas del anterior domingo a uno de mis artículos sobre los desafíos de la educación en siglo XXI.

 Patiño retoma un viejo debate. Contrapone la idea de una educación que permite el desarrollo del pensamiento abstracto, siendo éste el sendero correcto a seguir, versus una educación práctica, que habría recuperado cierto (falso) estatus debido a la incorporación de la tecnología de la información y la comunicación. Afirma que: "una parte significativa de los jóvenes teme la teoría y prefiere ser entrenada en la realización de tareas prácticas. La educación que describe Chávez responde a esos temores haciéndole el quite al desafío de desarrollar el pensamiento abstracto, esencial en el proceso creativo y la capacidad analítica compleja”. 

 Jorge propone una falsa dicotomía.  Sostengo que experimentación y teorización son un binomio inseparable que permitió la aparición del homo sapiens y el avance de la ciencia en diversas áreas. Es equivocado sostener que el pensamiento abstracto es el único camino para la creatividad. Parte del supuesto, también erróneo, que la única inteligencia de las personas es la lógica-matemática y deductiva. 

 Las nuevas generaciones, a las que se refería mi artículo, para Patiño serían una bando de monitos simpáticos a los cuales los seducimos con bananas digitales y les enseñamos a apretar algunos botones con afanes mercantiles. 

 La idea totalmente pifiada de Patiño es que a través de la experimentación no sería posible la abstracción, la creatividad y la capacidad analítica compleja. Sin decir Jesús, Jorge ignora la historia de la humanidad. Nuestros ancestros descubrieron el fuego, la flecha, la agricultura, justamente experimentando, probando y "haciendo y aprendiendo”, desarrollando la creatividad a partir de la práctica. Así mismo, a través de la cooperación -trabajo en equipo diríamos ahora- crearon órdenes imaginados, mitos compartidos, abstracciones de diversos tipos, que después moldearon prácticas sociales y, por supuesto, crearon teorías que después volvieron a la práctica como innovaciones tecnológicas. Ahora bien, su acusación de mercantilismo es liviana y no se aplica a las experiencias que conozco.

 Patiño tiene una visión aria del conocimiento, donde sin "la suprema teoría” nada es posible. 
 
Pero entonces ¿cómo entrenamos a los poetas, periodistas, columnistas que se pasarán la vida leyendo, escribiendo y reescribiendo miles de páginas, aprendiendo el oficio en la práctica y la reflexión constante? Su inteligencia lingüística no cabe en el enfoque educativo de Patiño. ¿Qué de aquellos que tienen inteligencia visual-espacial y frecuentan facultades de arquitectura o escuelas de pilotos? Es decir, aquellos que reciben un entrenamiento fuertemente basado en el seguimiento de procesos, protocolos y mucha práctica. ¿Manís para ellos? ¿Y los futbolistas, los cirujanos, los botánicos, los biólogos, los geólogos, los chefs de cocina que desarrollan sus habilidades a través de  la observación, la repetición y la experimentación? Aquí hablamos de la inteligencia corporal, natural y cinestésica. 

¿Se puede imaginar cuántos miles de tiros libres entrenó Neymar antes de meter el golazo frente al PSG? O alguien en sano juicio cree que pasó estudiando la teoría de las parábolas en el fútbol escrita por un matemático que calculó la trayectoria perfecta de la bola? Aquí sugiero leer a H. Gardner.

 Pero lo que más parece incomodar a Patiño son las Escuelas de Negocios, donde es más valido -aunque también se trabaja con pensamiento abstracto- aprender de casos exitosos y fracasos de empresas, o practicar en negocios reales, en el modelo de aprender haciendo. Siguiendo a Xavier Sala i Martin: ¿de qué teoría del circo y sus payasos habrá sacado la idea Guy Laliberté para juntar teatro, danza y mímica, y crear el Cirque du Soleil? O ¿habrá estudiado Amacio Ortega el signo de la segunda derivada de la curva de costos para descubrir que Zara podía sacar colecciones de ropa semanales y no solamente por estación? O ¿el cocinero Ferran Adria habrá teorizado sobre la química para inventar la nueva cocina molecular? En el campo de emprendimiento, la creatividad surge de la observación y la experiencia; por supuesto, también va de la teoría a la acción. 

 Patiño, muy condescendiente, sostiene que "el sesgo en las reflexiones de Chávez (que la educación actual debe enfatizar la experimentación  con el uso de las TICs) no viene de falta de inteligencia ni conocimiento. Es más bien el resultado de una actitud de jáganhou (¿triunfalista?) del hubrisacrítico de creer que las frases compartidas entre iniciados agotan la verdad, que hay realidades incontestables que implican conclusiones obvias; las aplicables al entorno en que se aprende haciendo”. En palabras sencillas: a pesar de mis dotes intelectuales y 25 años de experiencia en el campo educativo, yo habría sido poseído por un híbrido entre Peter Druker y Steve Job para crear la Iglesia de los Hombres prácticos de los últimos días, y que ahora hablo en lenguas pendencieras, como el trípticortes (idioma de los trípticos, y prospectos de remedio), desarrollado para embaucar a  jóvenes, disidencias del homo sapiens, y que ahora como pastor cibernético  estaría en una trama siniestra de matar el pensamiento abstracto, representado por Sócrates, con la cicuta contemporánea: el IPad. ¡Pamplinas prejuiciosas y claro, pretensioantiquis! Coba Dixit. 

No creo en el falso debate que plantea Patiño, pero just in case, rezaré, a los Orishas del buen pulso para que el médico que me opere de aquí a 20 años, manejando un robot, de niño haya jugado miles de horas videojuegos en su iPad y que haya practicado la misma cantidad de tiempo durante su internado en un instituto técnico, como llama Patiño, de manera peyorativa,  a las escuelas de medicina. También le pondré una velita en agradecimiento al científico que desarrolló los conceptos matemáticos para construir el equipo. 



A CONTINUACIÓN TODOS LOS ARTÍCULOS DEL DEBATE , AL FINAL USTED TIENE LA ULTIMA PALABRA EN EL DEBATE
El inicio: La educación en la era digital x Gonzalo Chavez

La crítica: Entre Sócrates y Samsung x Jorge Patiño

La réplica: Matando a Sócrates con un iPad


Monday, April 3, 2017

Ideas y desarrollo económico en Bolivia

Ideas y desarrollo económico en Bolivia

La Terapia de los Espejos

El país necesita una terapia de shock para librarse de la maldición de los recursos naturales, que desde hace más de 500 años nos condena a recolectar de las entrañas de la Pachamama minerales, gas natural y otros productos para sobrevivir. Este patrón de desarrollo, además, ordena un imaginario político bipolar en la sociedad, fomenta el rentismo entre las personas, crea un patrioterismo extremo y fomenta el populismo económico. 
Éste se basa en la equivocada idea de que la riqueza se hereda y que, por lo tanto, la política pública debe priorizar la distribución ingreso antes que la creación de valor, generalmente a cargo de un líder mesiánico y paternal.  La sociedad, bajo el espejismo del modelo extractivista  se torna pasiva, controlable y  manipulable porque debe hacer fila frente a las prebendas que el buen Estado o la transnacional de turno distribuyen. 
 Para exorcizar el cuerpo económico de los demonios de los recursos naturales y su eterna cantaleta discursiva, recomendaría una terapia a base de espejos.  En efecto, deberíamos colgar miles de cristales en todo el país, gigantes   que reflejen multitudes, medianos que muestren la diversidad de la nación y pequeños que se sintonicen con el alma de los más tímidos. Necesitamos un baño de espejos, bajo la siguiente consigna: "Lo mejor que tenemos en el país somos nosotros”, o si quieren de una manera más genérica, nuestro capital humano. 

 Lamentablemente, en una economía extractivista como la nuestra los espejos sólo se cuelgan en los laberintos del poder, donde los dueños coyunturales de éste se miran, embobados, a la espera de que su reflejo les diga lo maravillosos que son.  Son los sempiternos narcisos de la economía y política, que confunde realidad con ideología, hechos con consignas y propagandas. Pero cuando la economía depende demasiado de los recursos naturales,  la autoestima de la gente se va al suelo, porque se depende de las dádivas del papá Estado, que adquieren muchas formas: subsidios, bonos, transferencias. Cuantos estos recursos están bajo control de las transnacionales, la mano se extiende para recibir algunos espejitos y bisuterías. 

 El conocimiento tradicional sostiene que la producción de bienes y servicios es resultado de la combinación de recursos naturales, máquinas y capital humano. El modelo extractivista sobreenfatiza la importancia del primer factor de producción. Aquí sostenemos que la creación de riqueza y desarrollo están en el capital humano, especialmente ahora que vivimos la cuarta revolución industrial basada en el cambio tecnológico.  El capital humano es fuente inagotable de los recursos más poderosos que se conocen: las ideas. El crecimiento económico y el desarrollo sostenible dependen de la producción de ideas y de conocimiento colectivo; es decir, las ideas en red. Aquí seguimos a economistas como Paul Romer, Xavier Sala-i-Martin y Ricardo Hausmann. 

 Los productos y los servicios, y la distribución de éstos pueden ser vistos como conglomerados de ideas. ¿Cuántas ideas se necesitarán para extraer minerales y cuántas nuevas ideas para hacer un teléfono inteligente? En el primer caso pocas. Por ejemplo: cómo buscar minerales, extraerlos, limpiarlos, almacenarlos, transportarlos.  En realidad, ésta es una actividad propia de sociedades recolectoras que usan algunas decenas de ideas, lo que corresponde a un nivel de desarrollo tecnológico.   Algo similar  ocurre con la extracción de petróleo o gas natural, aunque en este sector se necesitan ideas más sofisticadas para encontrar hidrocarburos. 

En el caso de un teléfono inteligente, éste también es una condensación de ideas  para sacar fotos y grabar videos, hacer llamadas, escuchar música, leer revistas y libros, ver la predicción del tiempo, pedir un taxi, subir y ver videos, enviar mensajes y comunicarse, jugar, calcular, hacer citas de amor, manejar una agenda y un largo etcétera.   Centenas de ideas que valen mucho más que un pequeño pedazo de litio, plástico, cobre, vidrio o aluminio. 

Si sumamos los costos de todos estos materiales de un celular no pasarían de 20 dólares, pero cuando éste va al mercado cuesta 1.000 verdes. La diferencia es el valor de las ideas.  Hay economías que saben hacer teléfonos y otras que extraen piedras de la tierra; detrás de ello hay un conocimiento colectivo, un nivel tecnológico. 
Para Romer, la gran virtud de las ideas es que son bienes no rivales. Una calamina o un celular son bienes rivales o excluyentes, sólo pueden ser usados por una persona, para techar su casa o comunicarse con sus amigos. La idea de cómo elaborar una calamina o hacer un celular es un conocimiento tecnológico que puede ser usado simultáneamente por muchas empresas y personas al mismo tiempo; por lo tanto, es un bien no rival que genera rendimientos crecientes de escala y desarrollo sostenible.  Además,  las ideas son acumulaciones históricas que se fueron creando, reinventando, transmitiendo y almacenando con el tiempo. Isaac Newton reconoció que descubrir la ley de la gravitación universal  fue fácil. "Yo pude ver más lejos que los demás porque estaba de pie en hombros de gigantes”, afirmó. Muchos filósofos y astrónomos habían hecho muchos descubrimientos en los que se basó Newton. 

 Entonces, el elemento central de una economía contemporánea es el capital humano y su capacidad de generar nuevas ideas, que actuando en red se convierten en saber colectivo. ¿Qué sabemos hacer los bolivianos colectivamente y qué saben elaborar los surcoreanos, por ejemplo? En la respuesta tendrán las diferencias en los grados de desarrollo económico y social entre ambos países.  Por lo tanto, revalorizar el capital humano es centro de un nuevo modelo de desarrollo. Desafortunadamente, en los últimos 11 años se gastó medio plan Marshall a precios de hoy - 60.000  millones dólares - para revivir viejas y cansadas ideas que sólo nos permiten extraer piedras, gases y algunos alimentos.  Por eso aún es tiempo, saquemos los espejos a las calles.

Monday, March 13, 2017

Rebelión en Manchester contra la econocracia

Injustamente se califica a Manchester como    ugly city, nice people. Sospecho que son algunos pitucos londinenses que envidian el legado histórico de la ciudad donde nació el capitalismo.

Mánchester fue la primera urbe industrializada del mundo y desempeñó un papel central durante la Revolución Industrial.  En la actualidad es considerada como una de las mejores regiones para hacer negocios, tiene una de las mejores universidades de Europa, un departamento de economía de gran calidad académica y unos estudiante rebeldes y creativos que están revolucionando la enseñanza en el área. Así mismo, doy fe que la gente de Manchester es única y encantadora. Viví en esta ciudad gracias a una beca Chevening que me concedió el Gobierno del Reino Unido para realizar mis estudios doctorales.      


Pues, justamente, es en la Universidad de Manchester, cuyas aulas tuve el privilegio de frecuentar, que surgió un movimiento de rebelión muy saludable contra la forma de enseñar economía. En el año 2012, jóvenes estudiantes fundaron el Post-Crash Economics Society´s  (PCES), (http://www.post-crasheconomics.com) un movimiento pos crisis del 2008 que comenzó a cuestionar las limitaciones teóricas y prácticas del modelo educativo en economía, demasiado concentrado en el paradigma neoclásico. Recordemos que éste sostiene que el mercado resuelve todos los desafíos de la economía y la sociedad.


Los estudiantes de Manchester levantaron las banderas de la crítica y propusieron que su carrera de economía también debía incluir el estudio de la ética, la política, la creatividad y la historia, y no sólo el formalismo, demasiado matematizado de la economía neoclásica. El descontento no se quedó en esta universidad sino que se amplió a todo el sistema del Reino Unido. Similar movimiento surgió en Cambridge, la London School of Economics, Sheffield, Glasgow y otras casas superiores de estudio del mundo.

Lo interesante de este movimiento es que reivindica tres aspectos de la educación en economía.

Primero, busca recuperar el idealismo y el espíritu crítico de la disciplina, cosa que se ha perdido hace mucho tiempo. Segundo, reivindica el estudio de la economía como un ecosistema donde la diversidad y la fertilización cruzada son fundamentales, rompiendo con la visión monolítica neoclásica, y, tercero, llama la atención para la dimensión ética de la economía.

 La rebeldía de los jóvenes contagió a afamados economista como  Ha-Joon Chang de la Universidad de Cambridge. Inclusive  Andrew  Haldane, director ejecutivo del Banco de Inglaterra, ha entrado en la controversia y escrito el prefacio de un documento elaborado por  la PCES. En éste sostiene que inclusive, desde las bases del pensamiento clásico (Adam Smith), se ve la necesidad de superar el paradigma de la mano invisible del libro La riqueza de las naciones, de 1776, que sobre enfatiza el individualismo. Haldane sostiene que se debe repensar la economía desde sus bases y rescatar al Smith del libro La teoría moral de los sentimientos, de 1759, donde este autor destaca la cooperación, para satisfacer las necesidades básicas de la sociedad.

En este trabajo están conceptos como reciprocidad, justicia, y valores en vez de valor.  Las ideas de este movimiento de jóvenes ha ganado fuerza con la publicación del libro  The econocracy: the perils of leaving economics to the experts, Joe Earle, Cahal Moran and Zach Ward- Perkins.

Manchester University Press, 2016. Una traducción libre sería algo como: La econocracia: los peligros de dejar la economía a los expertos.

La recuperación del idealismo. Para el PCES la enseñanza de economía perdió el alma, confundió los medios (los modelos económicos) con los fines (generación de empleo, por ejemplo).  Se volvió una disciplina  muy instrumental y elitista, un monopolio de los expertos. Se buscó  convertir a la economía en la física de las ciencias sociales que excluye al gran público.

Los estudiantes de Manchester sostienen: "Vivimos en una nación (Inglaterra) dividida entre una minoría que se sienten dueños del lenguaje de la economía y una mayoría que no lo hacen”.

Esta humilde columna escrita desde el Sur concuerda con esta crítica y hace muchos años busca aproximar la economía a la gente y recuperar el ajayu social de la disciplina. El sueño de la economía es que la gente viva feliz y en justicia.

 Para el PCES, el estudio de la economía es como un ecosistema; es decir, un conjunto de disciplinas vinculadas a la sociología, la administración, la historia, la matemática,  la creatividad, la evolución del pensamiento social que interactúan entre ellas y con su ambiente abiótico. En un ambiente crítico y abierto realizan procesos de competencia, simbiosis, desintegración y síntesis.

El estudio de la economía es parte de un ciclo de aprendizaje más amplio y diverso que entiende el pasado, presente y futuro de su entrono social y económico.  Más aún, cree que el  entendimiento del ecosistema es polémico porque existen varias escuelas que buscan explicarlo: Marxista, Schumpeteriana, clásica, austriaca, keynesiana, conductual, y otras.

Finalmente, la reivindicación ética de la economía. Dado el poder de influencia de la disciplina sobre la vida de las personas, para el PCES se debe rescatar la dimensión humana  y ética en la enseñanza y práctica de economía. La eliminación de la pobreza, el mayor empleo, la justicia distributiva y la felicidad de la gente deben ser objetivos centrales de vida a la hora enseñar economía.

Con orgullo y felicidad descubrí que en mi universidad se inició este movimiento estudiantil y evoqué con agradecimiento a la gente que me ayudó asistir a esta casa  de estudios superiores.

Hoy recuerdo a Elizabeth Coloma, boliviana que hace 45 años trabaja en la Embajada del Reino Unido apoyando a centenas de compatriotas que realizaron sus estudios de postgrado en ese país y así contribuyendo a la mejora del capital humano en su patria.

No es un problema diferencias ideológicas, sino de coeficiente intelectual

Con frecuencia y con mucha razón la gente me dice que debemos pasar de la problemática a la solucionática. Del diagnóstico o de la  crítica ...