Monday, July 17, 2017

De la espuma del consumo a los ríos de la productividad

El tiempo y el metalenguaje de la política generalmente se concentra en la descripción de las fotografías de la historia económica corta. En 2017, la economía crecerá en cerca de 4,7% y será el mejor indicador de América Latina. O en el periodo 2006 y 2016, el crecimiento promedio fue de 4,9%.  Click, la foto está lista para el photoshop de la propaganda y de las redes sociales.  Entender la economía como una sucesión de selfies -como dijo Fernando Brauldel- "es concentrarse en la espuma de la historia”; es decir, la sucesión de hechos más visibles pero menos significativos. Cuando se sobre-enfatiza en el análisis económico el crecimiento del PIB y no se habla del desarrollo integral de la sociedad, estamos viendo la superficie y no los profundos ríos que circulan en las estructuras económica, social y cultural. No estamos viendo la película de desarrollo.

Para zambullirnos en las aguas de la estructura del desarrollo nacional utilizaremos dos referencias, analizaremos: a) los avances en transformaciones estructurales vinculadas al aumento de la productividad (capital o mano de obra) y b) los cambios que se han producido en los fundamentos del desarrollo, a saber: acumulación de capital humano o calidad de las instituciones que impulsan el desarrollo integral y lo hacen medioambientalmente sostenible. Nos focalizaremos en el primero, viendo el tema de educación.

 Cuando se evalúa el profundo río de las reformas estructurales, uno de los indicadores  más importantes, no el único,  es la productividad de todos los factores de producción capital, tierra y trabajo, pero, sobre todo, de este último.  Rodrik, Macmillan y Verduzco, en un reciente libro, han mostrado -comparando varios indicadores de productividad y optando por una perspectiva de largo plazo- que existen dos modelos de reformas estructurales. Por una parte, existiría un cambio estructural reductor del crecimiento, que sería el caso de América Latina, y, por otro, tendríamos un cambio estructural inductor del crecimiento económico, que sería el ejemplo de Asia. En este último, la calidad de la educación es fundamental y en el primero invertir en educación tiene un retorno cercano a cero.

 Bolivia está en el primer grupo y haré una explicación preliminar del porqué de esto. Desde una perspectiva de largo plazo, la economía boliviana ha mantenido un modelo primario exportador independiente del tipo de gobierno, nacionalista o neoliberal, y, por lo tanto, tiene una estructura económica poco diversificada, los niveles de pobreza son aún altos, no obstante lo avanzado, para los parámetros latinoamericanos. Entre 1961 y 2016 el crecimiento promedio ha sido 3,16%, en cuanto la población crecía al 2%. Los niveles de pobreza han bajado al 17,8%.

Gran parte de la explicación para este crecimiento y mejores niveles de desarrollo está en los booms de precios de las materias primas, que produce una hinchazón del sector servicios y comercio. En el pasado, los auges externos duraban entre cuatro y seis años. La bonanza desde del 2006 al 2014, nueve años, fue la más larga y la que más recursos extras generó, en torno de 60.000 millones de dólares.

Sin embargo, los booms económicos no son acompañados por aumentos en la productividad promedio.   Según datos obtenidos del Griningen Growth and Development Centre, entre 1961 y 1993 la productividad total de los factores de producción (PTF) habría crecido al mismo nivel de aumento del producto per cápita boliviano. A partir del 1994 se abre una brecha,  la PTF  creció levemente (en promedio 0,13%) y se estancó durante más de 20 años, en cuanto el PIB per cápita subió significativamente, 2,34% al año.

 Dentro de este agregado también es conocido que la productividad laboral es muy baja. Según la economista Beatriz Muriel, sería un tercio de los países desarrollados y la mitad del promedio regional. Quiere decir que si en los países desarrollados hacen una silla en un día,  en Bolivia un trabajador promedio se tarda tres jornadas.  

 De una manera más general, durante el auge del modelo primario exportador se crea un círculo vicioso que le serrucha el piso al desarrollo económico de largo plazo. Con la entrada de dinero a los sectores intensivos en capital, como ser hidrocarburos, electricidad, agua, comunicaciones y transporte, se elevan sus niveles de productividad laboral parcialmente, pero representa tan sólo el 20% del empleo.

Entre tanto, servicios como construcción, comercio, restaurantes, o sectores como la manufactura y la agricultura -que emplean al 80% de la gente, la mayoría en actividades informales- registran niveles muy bajos de productividad laboral y contribuyen con el 50% en la creación del PIB.

 En esta situación, el crecimiento económico de largo plazo se explica por el efecto precio/ingresos y no por saltos en productividad, que sería lo deseable, para que se genere desarrollo sostenible. Además, al concentrarse el grueso del empleo en el sector servicios y comercio de muy baja productividad, esto manda una señal negativa al mercado de trabajo y desvaloriza uno de los fundamentos del desarrollo: el capital humano.

 Éste tiende a empeorar en calidad porque en el mercado laboral de los sectores no transables (mercado interno e informalidad) no exige educación. Lykke Anderson muestra que los ingresos ganados por hora han bajado dramáticamente en 15 años. En 1999, un año adicional de educación implicaba un 11% de mayores ingresos por hora; en 2014 esto bajó a 4,3% para un trabajador promedio. En suma: tener 12 años de escolaridad no rinde mayores ingresos,  excepto honrosas excepciones, como la de los bachilleres que nos gobiernan.

Así, la película del desarrollo nos cuenta que cambios estructurales que consolidan niveles bajos de productividad y que deterioran uno de los fundamentos del desarrollo, como es el capital humano, confirman la hipótesis de que las transformaciones vinculadas al boom de materias primas son reductoras de crecimiento y desarrollo integral.

Gonzalo Chávez A. es economista.


Capital humano y productividad. Cambios estructurales reductores del crecimiento

Capital humano y productividad. Cambios estructurales reductores del crecimiento

Monday, July 10, 2017

Cápsulas económicas. Institucionalismo

Cápsulas económicas. Institucionalismo

Cápsulas económicas. Keynesianismo

Cápsulas económicas. Keynesianismo

Cápsulas económicas. Neoliberalismo

Cápsulas económicas. Neoliberalismo

Cápsulas económicas. Escuelas de pensamiento económico

Cápsulas económicas. Escuelas de pensamiento económico

Cápsulas económicas. Qué es la política comercial?

Cápsulas económicas. Qué es la política comercial?

Qué es la política cambiaria?

Qué es la política cambiaria?

Cápsulas económicas. Qué es la política fiscal?

Cápsulas económicas. Qué es la política fiscal?

Cápsulas Económicas. Qué es la. política monetaria?

Cápsulas Económicas. Qué es la. política monetaria?

Elijamos por voto directo al Ministro de Economía

Se dice, en las altas esferas del poder, que están preparando una propuesta realmente revolucionaria que busca profundizar la democracia directa. Dado el tremendo éxito de la elección de los magistrados, cuya transparencia, sofisticación académica, independencia y transparencia  han dejado con la boca abierta al mundo, el proceso revolucionario se prepara para dar un salto cualitativo: la elección por voto directo del ministro de Economía. El pueblo debería elegir al hombre o mujer más versado en temas financieros, contables y estadísticos para cuidar de los bolsillos de la gente  y conducir el luminoso proceso de cambio, y así ser, con mayor legitimidad, el timonel de brazo fuerte, y mirada tierna del inédito modelo económico que tiene embobado hasta al FMI.   
 
  Para llevar adelante esta nueva hazaña de la epopeya neorrevolucionaria se pretende seguir tres pasos. Un examen de competencia sobre la ciencia económica. Posteriormente, los elegidos deberán pasar por un sofisticado escáner de detector de neoliberales desarrollado con tecnología venezolana y sólo con la aprobación de esta maravillosa máquina los candidatos podrán pasar por la bendición del voto soberano. 
 
  Un aquelarre de la más fina flor de economistas de nuestras casas de estudios superiores estarían elaborando las preguntas para el examen de competencia. Para unirnos a esta patriótica causa, algunos agudos internautas de las redes sociales y su escribidor de domingo no podían quedar indiferentes, por lo que, humildemente, proponemos algunas preguntas y  una metodología para evitar las adivinanzas en los exámenes de selección múltiple. A saber: dos malas respuestas anulan una buena.  Así que papel y lápiz o entre a la siguiente página https://goo.gl/forms/CsTbupi8eaBFuHEj1 y responda electrónicamente. Los resultados globales son anónimos pero usted podrá ver su nota. 
 
 Aquí van alguna de las interrogantes ordenadas por áreas: Preguntas generales. 
 
1) ¿Cuánto del crecimiento del PIB es consecuencia del narcotráfico y del contrabando? a) Menos del 2%, b) más del 2%, c) nada pues, no seas pro imperialista. 2) Si la economía entra en crisis: a) Pides apoyo al ALCA. b) Pones la cara de Solís, quien decía: "Hazte el soncito y serás feliz”, y sigue afirmando que la economía está blindada. c) Reconoce los problemas y cortas gastos e inversiones públicas  superfluas. 3) ¿Crearía un nuevo Fondo Indígena y a cuál de los siguientes patriotas le encargaría su administración: a) A su suegra. b) A El Santo.  c) A la líder Zapatista.   4) ¿Qué opinas del nuevo edificio del Ministerio de Economía: a) Está muy mono, es la prueba de que el modelo funciona.  b) Es un monumento al cemento, la fealdad y la opulencia. c) Tiene una coqueta fuente que es mejor que la Chito alcoba. 
 
 Preguntas de microeconomía. 1) Un monopolio es: a) Una falla de mercado donde una empresa abusa de los precios. b) El mejor juego de mesa inventado por los gringos.  c) La producción de coca en el Chapare. 2) Ceteris Paribus significa: a) El alias de Adam Smith. b) Manteniéndose todo los demás constante.  c) Proceso de cambio en tupi guaraní. 3) ¿Cuántos neoliberales se necesitan para cambiar un foco? a) Ninguno, las fuerzas del mercado lo cambiarán.  b) Se robaron hasta los focos estos perros. c) Quién necesita focos frente a la luminosidad eterna del proceso de cambio. Preguntas numéricas y estadísticas. 1) ¿Cuál de las siguientes fórmulas describe mejor el glorioso proceso de cambio? a) logxy = logx +logy. b)   V-E+F = 2, porque el proceso es imaginario.  c) C=M+D-T donde C es corrupción,  M es monopolio, D es discrecionalidad y T es transparencia. 2) ¿Cómo se escribe el cero en números romanos? a) En Roma no había ceros a la izquierda.  b) La letra O.  c) X-X. 3) Meter la cuchara al dulce significa: a) 10% del valor total.  b) Mita a mita.  c) Comer bien riquito. 
 
 Preguntas macroeconómicas. 1) La política fiscal es: a) La que lleva adelante la Fiscalía para perseguir a los vendepatrias. b) La gestión de los ingresos y los gastos/inversiones de acuerdo a un presupuesto. c) La acción de unos cuantos burócratas. 2) Déficit público en aymara se dice: a) janiwa utkiti colque. b) Manka gastos.  c) Lunthatas in action. 3) Inflación es: a) Un invento de los neoliberales que quieren perjudicar Bolivia.  b) La subida generalizada de los precios.  c) La palabra preferida de los malditos falsos analistas.  4) La tasa de interés: a) Debe fluctuar libremente.   b) Debe ser regulada adecuadamente.  c) La tasa sirve para tomar té y el interés depende de con quién se esté. 5) ¿Qué es lo que limita el crecimiento económico? a) La escasez de ahorro. b) La falta de inversión pública, tecnología e instituciones. c) El imperio y sus lacayos.
 
  Aprobado este examen viene la prueba del escáner por el cual deben pasar los aprobados. ¿Cómo funciona esta maravilla creada por el ingenio del socialismo del siglo XXI? Cuando algún candidato promercado pasa por estos aparatos se activan fuertes alarmas y altoparlantes poderosos repiten, sin parar, improperios como: vendepatria, pillo, sarnoso neoliberal y otros adjetivos irreproducibles. 
 
 En casos extremos, los detectores de neoliberales, que están decorados con coquetos motivos que recuerdan a la Puerta del Sol, sueltan lenguas de fuego para hacer retroceder a los mugrientos seguidores de Milton Friedman. Ahora bien, si un candidato,  auténtico revolucionario, atraviesa el artefacto, los parlantes sueltan la melodiosa voz del luminoso líder bolivariano, cantando: "rojo, rojito…” en do mayor, acompañado por un coro de zampoñas chapareñas e, inmediatamente, de lo alto del detector se proyectan luces multicolores con la esfinge del Che que alumbran y señalan el sacrosanto camino del cambio.
 
 Bueno, sólo después de esta peripecia se llevará a consulta popular a los candidatos a ministro de Economía.  Ahora, si esta propuesta le parece tan descabellada, como la elección de magistrados, siempre puede votar nulo. Los resultados de los exámenes de esta ficción analítica serán publicados en las redes sociales.

Monday, July 3, 2017

Cápsulas económicas. Depreciación del tipo de cambio real

Cápsulas económicas. Depreciación del tipo de cambio real

Cápsulas económicas. Apreciación del tipo de cambio real

Cápsulas económicas. Apreciación del tipo de cambio real

Cápsulas económicas. Definición de economía de mercado

Cápsulas económicas. Definición de economía de mercado

Cápsulas económicas. La intervención del Estado en la economía

Cápsulas económicas. La intervención del Estado en la economía

Cápsulas económicas. Que es la productividad?

Cápsulas económicas. Que es la productividad?

Cápsulas económicas. Balanza Comercial

Cápsulas económicas. Balanza Comercial

Cápsulas económicas. Fallas de mercado

Cápsulas económicas. Fallas de mercado

Cápsulas económicas. Qué es el tipo de cambio real?

Cápsulas económicas. Qué es el tipo de cambio real?

Cápsulas económicas. Qué es el PIB?

Cápsulas económicas. Qué es el PIB?

Nada por aqui. Nada por allá. !Fuera manos. Trabaja vista!

A la voz de "nada por aquí, nada por allá ¡fuera manos, trabaja vista!”, el 1 de mayo de 2006, el nuevo gobierno realizó el truco de magia política más exitoso de su gestión. Para asombro de la audiencia ávida de un cambio,  el mago neorevolucionario sacó el sombrero de copa alta, se puso los guantes blancos, colocó al Ejército en su mejor gala de guerra, colgó sendos letreros decorados con vistosas whipalas y a la cuenta de tres, extrajo de la galera, ante el asombro y júbilo del público, el gordo conejo de la nacionalización que hizo llover dinero. A rigor, esta medida fue una renegociación de contratos con las empresas petroleras transnacionales y no una expropiación, como se esperaría de una nacionalización clásica. 

 En la época,  dicen las malas lenguas vendepatrias que el renombrado ilusionista David Cooperfield al enterarse de semejante hazaña se preocupó por su reinado en el mundo del encantamiento. En un país pequeño como Bolivia, la magia de la nacionalización había generado cientos de millones de dólares adicionales a las arcas del Estado y elevado la popularidad del hechicero a 80%. Los trucos de hacer desaparecer elefantes o edificios quedaron avergonzados ante la aparición de montañas de dinero.

  Por supuesto, los ríos de dinero que surgieron prácticamente de la nada, como se dice técnicamente,  fueron atribuidos a la nacionalización de los hidrocarburos. Así comenzó un magnífico presterío del consumo en el país, cuyo pasante, con el pecho inflado como huminta cochabambina, era YPFB. 

 Los ingresos provenientes del impuesto directo a los hidrocarburos (IDH) subieron de $us 5.497 a 15.602 millones; es decir, crecieron en 184%. Gobernaciones, municipios y universidades también  recibieron lo suyo, sus ingresos escalaron de $us 10.329 a 29.225 millones, un salto de 183%.

  El pasante YPFB incrementó sus ganancias -redoble de tambores, doradas trompetas del proceso de cambio en do mayor, salva de media hora de cuetillos pendejos y un largo ¡chachachan!- en 6.876% entre 2006  (Bs 97 millones) y 2014  (Bs 6.878 millones). ¡Ay Mamita de Urkupiña, las cosas que haces cuando te piden plata!

  A los herejes que se atrevieron a preguntar si no había también un efecto precio del petróleo (que llegó a 110 dólares el barril en la época) y el gas natural (10 verdes el millar de pies cúbicos) en la explicación de los nuevos ingresos, se los despellejó en plaza de la opinión pública, acusándolos de herejes apátridas y víboras ponzoñosas de las ciénegas neoliberales.     

  También la magia de la nacionalización llegó a la macroeconomía a través de magníficos superávits fiscales. Entre el 2006 y el 2013 el excedente del Estado fue de 1,8% del Producto. 

Entre tanto, el tiempo, el implacable, pasó "sin medida ni clemencia”, como reza  el glorioso vals, y a partir de  2014 los datos cambiaron de curso vertiginosamente. En efecto, los ingresos por el IDH cayeron de $us 15.602 a 6.163 millones, una reducción de 60% en dos años.  Las rentas de las gobernaciones, municipios y universidades se contrajeron en 35% entre el 2014 ($us 29.225) y el 2016 ($us 19.046 millones). En la misma dirección fueron las ganancias de YPFB, que pasaron, en caída libre,  de la friolera de  Bs 6.767 en el 2014 a  Bs 254 millones en el 2016, una contracción del 96%. Y en sintonía con el periodo de vacas flacas, en el mercado internacional del petróleo y el gas natural  volvieron los déficits  públicos  elevados;  a saber: el 3,4% del Producto en el 2014; el 6,9% en el 2015; el 6,6% en el 2016 y para el año que transcurre se espera un agujero público de  7,8% del PIB. 

 ¿Qué pasó? ¿Chakatau nacionalización? ¿Hubo una conspiración de  Cooperfield para denostar a los magos nacionales? ¿El fascinador local perdió el encanto y velocidad de los dedos? No, nada de eso. 

  A rigor, ocurrieron dos cosas: primero, terminó el súper ciclo de precios de las materias primas, y, segundo, la nacionalización de los hidrocarburos  -que aún flamea en los mástiles del glorioso proceso de cambio como el divisor de aguas de la economía nacional- mostró que se le atribuían virtudes que no tenía. El fetichismo de la nacionalización se desvaneció. 

 Porque, en buena ley,  el salto en los ingresos  públicos venía del maravilloso incremento de los precios del petróleo e indirectamente del valor del gas natural y no de la nacionalización per-se. El haber incrementado la participación del Estado en la torta petrolera,  subiendo los impuestos en el sector, fue una buena idea tributaria, pero fue un truco menor, una alegría financiera de humo y de corto plazo, porque dependía del aumento de los precios del petróleo. De hecho, ahora que el precio del crudo está en torno de los 45 dólares el barril y el valor del gas natural está entre cuatro y seis verdes el millar de pies cúbicos, y los impuestos de los hidrocarburos no se modificaron, los ingresos se desplomaron. 

  En suma: durante más de 11 años  el discurso político y propagandístico atribuyó, a la medida de la nacionalización, la bonanza económica, cuando en realidad eran los precios fabulosos de los hidrocarburos los que explicaban los mayores ingresos.  Ahora que se derrumban los precios del crudo y, por ende, del gas natural, muy convenientemente, se echa la culpa de la crisis financiera de ingresos, ahora sí a la caídas de precios y les aseguro que más adelante al imperio. 

  Ahora el mago en cuestión sigue vendiendo su charque: "jovena revolucionario, papito churro, cholita amorosa, acérquese sin miedo, voy a hacer la magia del siglo, oye chiquito de azul no me pises la víbora no ve que es de plástico. Nada por aquí, nada por allá. ¡Fuera manos trabaja vista!”.
 
Pero ahora,  frente una disminuida asistencia, sale de galera un escuálido ratón que ya no impresiona a nadie. 

Monday, June 26, 2017

DE NINIS, NINININOS Y NINANINAS

Los pitucos de la cooperación internacional están llenos de acrónimos en sus informes que suenan a remedios contra la caspa o idiomas galácticos, PeneUde, EfeeMei,  pero de vez en cuando aparecen algunas abreviaciones que son simpáticas e interesantes; es el caso de los ninis, que son los jóvenes que, entre 15 y 24 años de edad, "ni” estudia "ni” trabajan. 
 
Según  un reciente estudio del Banco Mundial, habría 20 millones de ninis en América Latina, a pesar del mejor desempeño de la economía de la región. En Bolivia, sólo en las tres ciudades más importantes (La Paz, Santa Cruz y Cochabamba)   habrían 180 mil ninis.  Probablemente alguno de ustedes, amables lectores, tiene un nini en la casa y no sabía, más aún puede que conviva con una versión más sofisticada; es decir un ninininino, a saber:  "ni” estudio, "ni” trabajo, "ni” quiero nada de nada y mejor "ni” me jodan, porque "no” respondo. 
 
Hace un par de semanas me reuní con un grupo de jóvenes ninis  para hacerles una propuesta. Reproduzco la conversación.  Jóvenes:  Que tal una lana extra, de parte del gobierno, para que por lo menos terminen sus estudios. 
 
La respuesta fue unánime:  O sea, sería súper que nos pasen unos morlacos, ¿no vé? Si los padrinos del árbol financian las previas del fincho, sería delca. Pero Profe Chelas. ¿Qué está pasando, te has pasado de bando con tu propuesta. Creo que te volviste neeeooo. ¿Verdad? ¡Neo qué! Respondí enojado. Neopopulista, ¿yaaaaaa? A ver, no te enojes y más bien ¡soltá la pepa, bro! 
 
Ante la provocación, respondí: La propuesta es un programa de transferencias monetarias condicionadas, impulsadas por municipios y gobernaciones que incentive a que los ninis vayan a la escuela, pasen de curso  y no haya tanta chachada colectiva. Además, ayudaría a que menos gente se haga pepa del cole antes de terminar. Hasta aquí es una especie de Juancito Pinto 6.0 reloaded para adolescentes. Lo nuevo es que la entrega de estos recursos se conecta al desarrollo productivo y al cambio tecnológico a nivel local. Así se integra el incentivo educativo, con políticas de emprendimiento y de empleo. Se hace política social y acción productiva al mismo tiempo.  
 
"Uta, su propuesta más vieja que película de flota”, sentenció el líder de los ninis.  Estudiar es una pérdida de tiempo. "¿Para qué rajarse en el Cole si, después, uno sólo consigue un cartón, pero nunca una buena pega? Con cartulina o sin ella, los más suertudos, igual nomás serán voceadores de minibús, albacos, o comerciantes. La mayoría de los ninis no tenemos chances”, concluyó uno de ellos, pero me encaró: Se más concreto con tu "deal”. 
Con el corazón en la boca por el desafío, les solté el siguiente rollo. El Gobierno local podría implementar un programa de transferencias, 300 dólares al año, para los jóvenes ninis del país que asistan al colegio y hagan su mejor esfuerzo para completar la secundaria. Se podría comenzar con un proyecto piloto de 20 escuelas para las ciudades grandes y después ampliar. El acuerdo sería el siguiente: el Gobierno deposita la transferencia en una cuenta de ahorro personal en el sistema financiero especializado en microfinanzas, toda vez que el cuate pase de año. El depósito se repite todos los años hasta que ustedes completen su bachillerato. Al terminar la secundaria, el alumno graduado tendría 1.200 lucas. Si abandona o repite el curso, el alumno pierde el incentivo y los fondos se revierten al Estado. ¿Qué tal, metal?, pregunté buscando hablar su lenguaje. Pero recibí una respuesta directa:  "De la puta, con esa mosca se podría hacer una fiesta de bachillerato maldita”. 
 
O sea, con calma nomás hermanito, "no te rayes, así, rayándonte”, reaccioné y aclaré. En realidad esa plata no es para farrearse al ritmo de Huevo Cumple. Soltaron un carcajada de hierro y en coro ronco y rebelde, dijeron; "¡Ah! Entonces, huevo de mono maraco, maaraacoo, ¡¿yaaaaaa?!”. Se burlaron de mi mal chiste pero preguntaron: ¿si no podemos gastar nuestro dinero cuando salgamos bachilleres, qué pasa con este ahorro? 
 
Respiré profundo y respondí: Vamos por partes, como dice el descuartizador. El nuevo bachiller puede usar su ahorro de dos maneras: 1) El capital acumulado le serviría como colateral para un crédito educativo, de origen público o privado, para que vaya a la universidad o algún instituto técnico. El crédito sería más barato si el muchacho opta por una carrera técnica. 2) Con este dinero los jóvenes beneficiados podrían iniciar un negocio productivo o tecnológico en una universidad o programa público que los apoye de manera integral. El Estado, vía alcaldía o gobernación, les podría apoyar (complementando el crédito o dando asistencia técnica) para iniciar una actividad productiva. Para que ustedes salgan preparados, en los colegios pilotos del proyecto se deberían crear programas de emprendedurismo juvenil que culminen con un plan de negocios. Aquí la idea es que varios chicos(as) se junten para iniciar un business. 
 
Las universidades podrían crear programas de becas parciales, a través de concursos, para atraer talentos que tengan proyectos interesantes. Conjuntamente con los gobiernos locales, las casas de estudios superiores podrían crear programas técnicos y licenciaturas en emprendedurismo muy prácticos (aquí habría que seguir la experiencia Finlandesa, tipo Tiimiakatemia) e incubadoras de empresa  para atraer jóvenes bachilleres con vocación creativa e innovadora. 
 
Al unísono, los ninis respondieron: "Uta caray, nos interesa  de los pies a la cabeza, ¿pero quién es el ninanina que se va atrever a implementar un programa así?”. Por supuesto que no tenía la respuesta, pero me comprometí a publicar nuestra charla para motivar el debate y ver si algún alcalde o gobernador agarra la idea. Los ninis son un desafío social complejo, porque es a través de ellos que la desigualdad intergeneracional  se transmite. Pueden ser el caldo de cultivo de la violencia y es una locura que no aprovechemos el potencial que tienen  estos jóvenes.

Sunday, June 18, 2017

No es un problema diferencias ideológicas, sino de coeficiente intelectual

Con frecuencia y con mucha razón la gente me dice que debemos pasar de la problemática a la solucionática. Del diagnóstico o de la  crítica a la propuesta. Está claro que desde el Estado central hay un déficit de ideas estructural. Hace más de 11 años se repite el mantra de nacionalización de los recursos naturales y se presenta, como algo nuevo, al ya agotado modelo primario exportador, un abuelito económico que por lo menos tiene 500 años.


Desde esta humilde columna se han hecho varias propuestas en el pasado. Hoy domingo de azul invierno volvemos a esa línea. Por demás está decir que un nuevo modelo de desarrollo debe partir de la revolución de lo local y de lo participativo, focalizarse en las ciudades, apostar a la innovación tecnológica, y hacer, tanto de la sostenibilidad medioambiental como de la inclusión social, sus principales estandartes de la esperanza y movilización. En Bolivia, más del 70% de la población viven en urbes medianas y grandes, y esto sólo tiende a aumentar.

En estas circunstancias, nuestros espacios regionales deben convertirse en territorios inteligentes que a través de la promoción de la creatividad, la innovación y el emprendimiento redefinan las fronteras del desarrollo económico y social. En la nube de internet, en el ciberespacio de los servicios y el imaginario del futuro, Cochabamba del software colinda como Bangalore o San Francisco. La Paz del turismo y la gastronomía está a lado de Barcelona o Lima. Sucre de la historia hace frontera con capitales culturales, como Partí  o Cartagena. San José de Chiquitos de la música barroca  tiene vista a Ouro Preto o Bilbao y un largo etcétera para decenas de regiones o ciudades.

Lo local se hace global, la comunidad  identifica un diferenciador histórico, tecnológico o cultural y éste se convierte en el motor del desarrollo. Así surge la idea fuerza de glocal; es decir, un territorio inteligente que mira y conecta al mundo a través del fomento y la promoción de nuevos ecosistemas, emprendimiento social y empresarial.

Un ecosistema es un tejido social de actores e instituciones de diverso tipo que se articula a través de las principales etapas de la creación de emprendimientos sociales y empresariales. A saber: 1) Creatividad e innovación, donde interactúan universidades, centros de investigación, laboratorios, corporaciones y organismos públicos. 2) Emprendimiento, donde se articulan enseñanza, investigación aplicada, políticas públicas y tanto la experiencia como el talento empresarial. 3) Diversos tipos de financiamiento público y privado, como ser capitales ángel, semilla, de riesgo e inversión patrimonial.

Según Daniel Isenberg,  del Babson College, un ecosistema de emprendimiento además de redes de personas y organizaciones, se compone de varios dominios: una cultura favorable a la innovación, liderazgos claros, capital humano de calidad, mercados desarrollados y una gama de apoyos institucionales  y de infraestructura, tanto públicos como privados. Estas tareas corresponden a un Estado emprendedor, local o regional,  que crea, fomenta, complementa las diversas capas de las inteligencias de los territorios. Veamos algunas de ellas siguiendo autores como Chourabi:

Inteligencia competitiva y económica. Aquí,  la política pública y la acción privada promueven en el territorio el espíritu innovador en todas sus dimensiones, la cultura de cambio y transformación como práctica cotidiana  y, sobre todo, la capacidad creativa de acuerdo  con  la vocación local. Cada localidad, ciudad o región buscará su diferenciador, que puede ser en el folklore, la cultura, la historia, la tecnología, las artes o sectores más tradicionales como el turismo y la agricultura.

Inteligencia medioambiental. El desarrollo local y urbano requiere de políticas ambientales transversales en el desarrollo inmobiliarios, en infraestructura, energía, seguridad, transporte, redes de comunicación y otros sectores.

Inteligencia para la calidad de la vida. Esta capa tiene que ver con la dimensión ciudadana y de participación de la gente en el territorio, y busca mejorar las condiciones diarias de las personas,  y promover una interacción sana y respetuosa entre los componentes de la comunidad.

Inteligencia social. Aquí se desarrollan conceptos como: e-salud, e-cultura, e-educación, e-seguridad, entre otros, que traducidos en acciones públicas concretas mejoran cualitativamente la inclusión social e igualdad.

Inteligencia administrativa. En esta capa las políticas públicas y acciones privadas van destinadas a mejorar la administración de la República, promover la transparencia, el gobierno participativo e incluyente. Por supuesto, esto está vinculado a la seguridad, sostenibilidad financiera y planificación urbana. En suma, se trata de promover la gobernanza y gobernabilidad inteligente de instituciones, y el conjunto del gobierno, respectivamente.

 Finalmente y por eso no menos importante: inteligencia móvil y comunicacional. Esta dimensión tiene que ver con el transporte sostenible y ambientalmente responsable, además incluye la conectividad soportada por fibra óptica, redes de IP y accesos de bandas de alta velocidad.

Algunos ejemplos de territorios o ciudades inteligentes son ciertos distritos de San Pablo vinculados a la moda. Lima como cluster gastronómico. Teanjin en China, llamada la ciudad verde. Paju-Si en Corea, la ciudad de la Felicidad. Paratí en Brasil, el poblado de la poesía. Singapur, la ciudad de los negocios. Bangalore, el territorio del software, para mencionar sólo algunos ejemplos de desarrollo glocal.

Como se puede concluir, esta visión de desarrollo basado en la potencia de lo regional, el poder de las ideas y la innovación tecnología no tiene diferencias ideológicas (mercado versus Estado) con la propuesta del modelo primario exportador,  sino de coeficiente intelectual, literalmente. Las capas de inteligencia de estos nuevos territorios son una construcción colectiva basada en la triple hélice: sector público, privado y academia.


Sunday, June 11, 2017

Nunca hubo tanto dinero y tan pocas ideas

Existe una intensa polémica a la hora de analizar los resultados económicos de la administración del presidente Morales. Por una parte, los exégetas del régimen, frente a un inmenso y pulido espejo, presentan los datos agregados del periodo 2006 – 2015 como espectaculares. A saber: crecimiento económico promedio de 5%, tasa de desempleo de 4,1%, estabilidad de precios con una inflación media de 6%.    El narcisismo macroeconómico se expresa en plenitud en el mensaje de que en 11 años se habría hecho mucho más transformaciones económicas que en 180 de vida republicana. Este argumento sigue la consigna de la vieja Unión Soviética de saltar etapas en el desarrollo. Prima face estos resultados son relevantes, pero para no tener una lectura ni sobreideologizada y menos dimensionada al extremo, requieren ser evaluados desde otros ángulos.  


 Primero, veamos la comparación histórica e internacional. Por temas de espacio nos concentraremos en el crecimiento del producto, que es la estrella de los logros económicos. Este resultado, cuando es  comparado con momentos en que la economía boliviana tuvo similares contextos externos favorables,  no parece tan luminoso. Para no ir muy atrás en la historia, Bolivia se benefició de dos momentos de windfall (ganancia inesperada o de manera más coloquial sacarse el gordo de la lotería) vinculada a los fabulosos precios de las materias primas.

 Entre  los años 1971  y 1977, cuando la economía creció en media  al 5,7% y el periodo 1994-1998, cuando hubo ingreso masivo de recursos externos vía inversión extranjera y el aparato productivo creció al 4,8%. Como verán, resultados son muy similares, aunque cabe mencionar que la bonanza externa del periodo 2006 al 2015 fue más grande y duró más tiempo en relación con  las anteriores, por lo que se podría haber esperado mejores resultados. Comparar los éxitos actuales con periodos de crisis anteriores es una travesura de alumnos de introducción a las estadísticas. ¿Y comparando con otros países, aparece el milagro del evoeconomics? ¡Tampoco guaguay! Perú, con un modelo económico opuesto al nuestro, creció al 6% entre   2006 y 2015.    

Segundo, es bueno comparar los logros económicos con una visión y/o un benchmark internacional. Para ponerlo de manera poética: ¿Cuál es el sueño que puebla las noches de nuestros líderes? Para dar una respuesta necesitamos del gran Miguel Ángel,  que decía: "El mayor peligro para la mayoría no es que apuntamos muy alto y fracasamos, sino que apuntamos muy bajo y acertamos”. Quiere decir que la visión de desarrollo económico del Gobierno está anclada en el pasado. Es como un loro de casa, aletea muy bajo.

Es un modelo de desarrollo de la industrialización de los recursos naturales que mira por el retrovisor. Propone subir la escalera del desarrollo generando valor a las materias primas. El mineral se convierte en un lingote, después se producen clavos, posteriormente se hacen calaminas y en algún momento del horizonte del proceso de cambio se llega al automóvil nacional. En suma, es hacer la revolución industrial inglesa con 200 años de atraso. Es la industrialización de los recursos naturales. Además, para este anacronismo intelectual,  desarrollo son grandes obras, monumentos al cemento, es sóviets y electrificación, caminos, represas, teleféricos, satélites, museos, pesados y pretenciosos edificios. Además, la única obsesión de la gestión pública parece ser superar al neoliberalismo;  así, todo se mide en relación con el pasado.

Pero no existe un sueño económico que salte etapas, que piensa en la revolución tecnológica y verde, en la ampliación creativa de los derechos sociales o los territorios inteligentes, en la industrialización para los recursos naturales. La agenda 2025 es la ilusión de nuestros abuelos del 52: el nacional-desarrollismo.  Apuntamos bajo, apostamos a repetir el pasado y, lo mejor de todo, estamos acertando, lo que lleva frecuentemente a las lágrimas a la nomenclatura del régimen, cuando se ve un lingote o se ve subir un cohete chino al cielo.  Por supuesto, con este imaginario de desarrollo tan limitado los resultados económicos de corto plazo nos parecen maravillosos.

 Tercero, no se ha avanzado casi nada desde una perspectiva de desarrollo integral. Utilicemos dos criterios: a) avances en transformaciones estructurales, entendidos éstos como recursos (capital o mano de obra) que van a las actividades más modernas de la economía a través de la industrialización y que, por lo tanto, producen saltos en la productividad; y b) cambios en los fundamentos del desarrollo. Aquí nos referimos a acumulación de stock de capital humano o calidad de las instituciones que impulsan el desarrollo integral y lo hacen sostenible medioambientalmente.

Si utilizamos estos dos criterios casi no se ha avanzado en Bolivia, por lo que los resultados macroeconómicos no son sostenibles. La economía primario exportadora y comercial es más grande pero sigue teniendo, en su esencia,  la misma estructura de hace 180 años. La economía está hinchada por los anabólicos que recibió de los ingresos  circunstanciales provenientes del súper ciclo de las materias primas. Pasado el periodo de las vacas gordas, mantenemos la burbuja de consumo quemando ahorros internos y endeudándonos. Aquí nada nuevo bajo el sol del desarrollo.

 Cuarto, la oportunidad perdida. Como fue mencionado,  Bolivia tuvo una oportunidad económica de 60.000  millones de dólares, pero el aparato económico nacional dio vueltas sobre el modelo primario exportador.  Se apostó a la inversión pública excluyente de la inversión privada, a la hipertrofia del comercio, y la economía informal. Se volvió a confundir gordura de consumo con músculo productivo, riqueza con desarrollo. Se defendieron causas sociales justas con propuestas cansadas. Con medio Plan Marshall, a precios de hoy, se perdió una gran oportunidad de transformación estructural. Nunca se tuvo tanto dinero y tan pocas ideas.  

Sunday, May 28, 2017

La inversión pública y el extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde

queReducida la fuerza de los motores de las exportaciones que impulsaban el crecimiento económico hasta el año 2012, el Gobierno le ha dado un nuevo aire al Producto Interno Bruto (PIB) impulsando la demanda doméstica.  Un pilar central en esta estrategia es la inversión pública que viene creciendo, de manera significativa, desde 2006, aunque a tasas cada vez menores. En el periodo 2013-2014 ésta subió el 19%. Entre 2014 y 2015 la variable se incrementó en 9%. Finalmente, en el bienio 2015-2016 la inversión pública tan sólo subió en 3%. 


No obstante esta reducción los guarismo son impresionantes. El año pasado se alcanzó la cifra récord de 5.065 millones de dólares.  Definitivamente un salto espectacular.  Cabe recordar que en el año 2005 ésta llegaba  629 millones de verdes. Y, por supuesto, esto no para por aquí. El Plan de Desarrollo Económico y Social (PDES), mimosamente rebautizado como Agenda Patriótica 2025, propone pisar a fondo en el acelerador de la inversión pública. 
 
Hoy domingo de frío intenso, dos preguntas surgen en la callada y brumosa noche de la revolución. Primero, ¿cuál es el impacto de la inversión pública en la economía? Segundo, ¿es sostenible seguir el camino de la chequera gubernamental? ¿En economía, como en los pasillos del amor, billetera pública mata galán privado? 
 
Vamos por partes, como dice Jack el Destripador, que como veremos más adelante es coterráneo del Dr.Jekyll-Mr. Hyde.

 El grueso de la  inversión pública se destinó a infraestructura de caminos, energía y agua, pero también se dirigió a inversiones dentro de las empresas públicas. Prima fase, aquí estaría el secreto del éxito del nuevo modelo económico. Entretanto,  aún se requiere una evaluación independiente sobre la calidad y rentabilidad de estas inversiones públicas. De hecho, no han sido capaces de generar una nueva oferta, pública o privada, de exportaciones que amortigüen el deterioro externo. Pero la esperanza, el estandarte de los sueños, es lo último que muere. 
 
 En la actualidad, las inversiones estatales no se ven más que en el power point  de los jerarcas de la nomenclatura y no así en la generación de nuevos ingresos, cambios tecnológicos, diversificación productiva o aumentos de la productividad.  De hecho, existen dudas razonables sobre su rentabilidad ¿o cuál es el beneficio de coliseos donde sólo juegan los ratones? ¿o de aeropuertos donde no llegan aviones? ¿o museos sin gente? ¿o edificios que homenajean a la fealdad y son espejo de los egos del poder ? ¿o carreteras que no conectan polos productivos? ¿o plantas petroquímicas sin gas ni mercados? ¿o de ingenios azucareros sin materia prima?  ¿o satélites ciegos?  

 Buena parte de estas preguntas están conectadas a las utilidades que generan las empresas pública que se llevan   una gruesa parte de la inversión pública. Pues bien, en el periodo áureo de los precios de las materias primas, 2014, las utilidades de las empresa estatales llegaron a 7.371 millones de bolivianos. El año pasado  éstas bajaron a tan sólo 941 millones, esto se presenta una caída de -87%, por supuesto que el villano es YPFB, que afrontó precios del gas natural muy bajos. 
Quiere decir que ell milagro del éxito de la empresa se explica más por la suerte 
antes que por una buena gestión empresarial. 

Desde una perspectiva más macroeconómica, el comportamiento de la inversión pública evoca el extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde de la novela del inglés Stevenson, quien era una misma persona con  dos personalidades con características opuestas entre sí y que hacía de las suyas por las tenebrosas calles de Londres del siglo XIX.  
 
  En efecto, el Dr. Jekyll de la inversión pública del Estado central es un keynesiano de pies juntillos.  Desde lo alto del Gobierno, y sobre todo usando las empresas estatales, gasta la plata a manos llenas para impulsar la economía. En  2016 ejecutó el 70% de la inversión (3.526 millones de dólares), 19,6% más que el año pasado. Pero por las noches, en el mismo cuerpo, aparece el neoliberal Mr. Hyde que, al mejor estilo del Fondo Monetario Internacional (FMI), aprieta las guindas del gasto y la inversión pública y condena a los gobiernos locales y a las universidades a ajustes draconianos y a silbar finito. Las administraciones departamentales cortaron la inversión pública, entre el 2015 y 2016, en 37,9%. Las universidades redujeron sus gastos en 29,7%. Y los gobiernos municipales en casi 10%. 
 
Ahora, ¿cuán sostenibles son las aventuras de Dr. Jekyll? Pues desde el 2014 parte de la inversión pública se sostiene a través de déficits públicos, pérdida de reservas internacionales del Banco Central y mayor endeudamiento externo. En el 2016, el agujero fiscal fue de 6,6% del PIB, para el año que transcurre implacable llegaremos a 7,8%. Ahora, si las inversiones de la Agenda Patriótica llegan a sus metas, según el FMI, el déficit podría oscilar entre 15 y 20% del producto en los próximos cinco años. Así que tranquilo nomás doctorcito Jekyll , en algún momento va tener que llamar a su otro yo, Mr. Hyde. 

 En este escenario de gran entusiasmo revolucionario la deuda externa pública sobrepasaría el 52% del PIB. Entretanto, hacia el 2021 la rentabilidad de la inversión pública tendría que estar generando ingreso de exportaciones, pero esto es muy poco probable. Así que es mejor juntar a los achachilas y yatiris de Curva, los curacas de la Buenos Aires y sacerdotes del proceso de cambio para organizar una gran rezada a los santos de los recursos naturales para que los precios vuelvan a subir. La otra opción es despertar a  Mr. Hyde y ponerlo con cara de Marx y que comience a cortar gastos e inversiones como un carnicero neoliberal, algo que no es ni posible ni deseable.

El gran pecadillo de la apuesta a la inversión pública no es su dimensión, sino de haber excluido al sector privado. Pensar que billetera de soldadito del proceso de cambio mata a galán privado es una tierna ilusión. Tal vez en el corto plazo esto puede ocurrir, pero cuando se busca descentralizar la economía, producir un cambio estructural productivo, aumentar la productividad, la inversión pública también debe ser complementaria a la acción privada. El desarrollo económico y social, doña Flor, tiene dos maridos no celosos, la inversión pública y la privada, y no le gusta los esquizofrénicos como el Dr. Jekyll.  

Gonzalo Chávez A. es economista.
Escrito por Gonzalo Chávez A.

 

Sunday, May 21, 2017

Corrupción y la teoría de los chiflones

La corrupción y la teoría de los chiflones 

Hace algunas semanas   me encontré con un queridísimo amigo de la infancia de la plaza San Pedro, barrio en el que viví buena parte de mi adolescencia arrabalera. Por supuesto, hablamos de cosas picantes del pasado, pero como siempre sucede en estos encuentros furtivos, aparece el salvavidas de la coyuntura política que evita la muerte súbita de la conversación anclada en la añoranza. Sale a flote la consabida pregunta: "¿Y cómo la ves?”. Como conocía de la sabiduría de mi amigo en las honduras del alma nacional, me quedé callado y escuché su agudo análisis de coyuntura callejero. 

Sostenía, con precisión de taquero de larga data y campeón de las billas populares, que al Gobierno ya le había agarrado un chiflón de corrupción tan contundente como ponzoñoso. Y cuando te atrapan estos vientecillos furtivos. ¡Agárrate Anacleto!, sentenció mi cuate, conocido como el Tuercas.

Con aire docto, de quien ya había pontificado sobre la realidad nacional en todos los bares de La Paz, me dijo que discordaba de la hipótesis de que acabaríamos como Venezuela; más bien pensaba que terminaríamos como el Brasil del hermano y compañero Lula. Vanos fueron mis tentativas de hacerle notar, que al contrario del vecino, nosotros no teníamos un Poder Judicial independiente, que investigue y castigue a la cofradía de los uñas largas. Él retrucó que, aquí como allá, la presión social y la opinión pública jugarían un papel fundamental.

Con la leyenda tatuada en su historia -que había derrotado en un duelo verbal a la mismísima Luna Stalinista, como se conoce en la jerga popular a uno de los jerarcas del régimen-  sostenía que el chiflón había desinflado  el complejo de superioridad moral del proyecto y que estos aires pendencieros ahora circulan libres por los corredores del alma política del régimen de irremediable manera. El tic, tac, tic, tac, tic, tac de la inflexión histórica, con su voz cansina, ya le cantaba al oído, todavía sordo, de los poderosos "Recuerda que eres mortal”.

 La lectura de la realidad me pareció pertinente pero lo que más provocó mi curiosidad analítica fue la alusión al viento colado. Viniendo de Villazón, la tierra desde donde se distribuyen las ventoleras al mundo, todo lo que tenga que ver con movimientos de aires nos interesa. 

 A estas alturas de la columna permítanme un comercial. Ayer sábado 20 de mayo fue aniversario de este jirón patrio. Loas y laureles a Villazón, el diamante que se pule solo, aunque últimamente también hay que agradecer a la apreciación del tipo de cambio real que hizo reverdecer la ciencia del comercio y revivir los mejores pilotos de la frontera, como se conoce  a estas personas que hacen pasar, por el puente que une La Quiaca con Villazón, fabulosos bifes de chorizo, dulces Sancor y toneladas de harina con el mismo arte y sabiduría.  

Pero volvamos a las ventoleras turbinadas y otros aires cruzados. Seguramente usted ha escuchado alguna vez decir: Huy,  aquí se siente un chiflón endiablado. También es conocido que el mal de whistupicus o boca chueca   se origina en chiflón de callejón.   Uno de los chiflones más temidos por las abuelas es el de zaguán de casa de tres patios que produce el mal de jolkes, que hace escupir piedras preciosas por donde pecamos. 

 También los vientos colados de solárium -que dan origen a la expresión: resfrío de calor- son mortales, razón por la cual los collitas poliglobúlicos, como su seguro servidor,  usamos camisetitas musculosas en toda ocasión. En suma, se trata de un vientecillo  furtivo y traicionero que se cuela por las ventanas mal cerradas, las rendijas sobornadas,  y las paredes con agujeros infinitos.

En tiempos pretéritos, si a alguien le agarraba un chiflón también significaba que esta persona había perdido el norte, el espíritu se le había desvencijado irremediablemente. Era justamente esta sensación a la que hacía referencia mi amigo de San Pedro, pero aplicada  a la gestión del Estado. Es decir, tremendos chiflones de corrupción comenzaban a surgir de los recovecos, agujeros, madrigueras del oscuro poder. De nada servía minimizarlos denominándolos microchiflonillos

En la opinión del Tuercas, estas ventosidades podridas dentro del Estado comenzaban a producir un desgaste irremediable en la estructura del poder y a quitarle  pliegues  y gracia a los candidatos a estatuas . No hablamos de casos concretos. Nos mantuvimos en el plano de la teoría de los chiflones.

 Más temprano que tarde los chiflones de la corrupción se convierten en huracanes y se llevan por delante todo, como en lo que está ocurriendo en el verde Brasil. Después, salir del lodazal del robo público lleva generaciones.  

El tema de corrupción, grande o pequeña, en la opinión del Tuercas, debía convertirse en el centro del debate nacional. Debería tener un abordaje sistémico e institucional, ser transversal y específico. Debería tener un abordaje preventivo, disuasivo y punitivo. Mi amigo sanpedrino sostenía que una de las batallas fundamentales para avanzar en su combate era la elección de jueces, pero que como estaba diseñado el sistema, a partir de la lógica de la reproducción del poder, él no auguraba éxitos; al contrario, sostenía que en  corredores, zaguanes, callejones, rendijas del Poder Judicial circulaban los chiflones más cínicos y peligrosos.

Coincidimos en que las páginas de la historia no avanzan si los chiflones sibilinos no desaparecen. Volver a imaginarse el futuro implica hacer desaparecer el flagelo de la corrupción; caso contrario, ésta carcome el cuerpo y alma de una nación. En nuestro caso, la primera batalla, sin duda, es construir una institucionalidad judicial transparente, competente e independiente.


 Nos despedimos con abrazo de oso y con sendos juramentos de llamarnos y tomar unas chelas. Sabíamos que tendríamos dificultades de cumplir las promesas, pero lo mejor del encuentro fue juntar su análisis político certero con mi experiencia con los vientos, de lo que surgió esta teoría de los chiflones.      


Gonzalo Chávez A. es economista.

Monday, May 15, 2017

Good Bye Lenin

Adiós a Lenin es una maravillosa película alemana ambientada poco después de la caída del Muro de Berlín. Christiane  es una orgullosa miembro del Partido Socialista Unificado de Alemania (PSUA). Comunista hasta los tuétanos, ahora diríamos, un soldado de proceso de cambio. Un bello día de 1989 pierde el conocimiento al ver a su hijo participar de una manifestación en contra de Erich Honecker y entra en un coma profundo. Despierta ocho meses después de la caída del régimen comunista aún muy delicada de salud.
 
 Por recomendación médica nada debe complicar su recuperación, menos aún saber del triunfo del capitalismo en su amada Alemania Oriental. Para salvarla, Alex, el hijo, convierte el departamento familiar en el último bastión del socialismo, en el que su madre vive creyendo que nada ha cambiado. Entre tanto, una mañana de sol descubre, desde su ventana, que había un enorme cartel publicitario de   la Coca Cola. El hijo le explica la situación diciéndole que en realidad la Coca Cola era una empresa fundada por el PSUA, por eso lo del color rojo revolucionario y que, después de una batalla internacional, esta transnacional había aceptado que había robado la idea de los socialistas alemanes y devuelto la empresa. 
 
En sus noches de convalecencia la señora veía noticiarios viejos que sus hijos pasaban por circuito cerrado. En cierta ocasión, por descuido, la última comunista ve un programa al vivo donde miles de alemanes orientales saltan desesperados sobre los restos de muro. Los familiares le comentan que, en realidad, los que se pasaban de lado eran los alemanes occidentales que, cansados del consumismo, el exceso de confort, los televisores a colores y otros mimos capitalistas, habían decidido abandonar estos lujos pequeños burgueses y pasar masivamente a la vida pacata y austera de la revolución. Durante años se crea una vida ficticia para la señora, pero al final la madre termina descubriendo que era una prueba de amor de sus hijos que temían que su corazón no aguantaría decir adiós a Lenin.  
 
Con mucho menos glamour que los cariñosos hijos de la comunista oriental pero con las mismas intenciones, nuestros neorevolucionarios se resisten a aceptar los serios problemas del modelo económico primario exportador, buscan crear una realidad paralela y presentar resultados económicos, y medidas de políticas públicas como novedades del ajuar de un novio con recorrido. En primer lugar, durante años se construyó la teoría del blindaje y particularmente se negó el problema del empleo, y la calidad de éste. Segundo, promoviendo la apreciación del tipo de cambio real, se consolidó un sector comercial formal e informal, donde se crearon miles de empleos de baja calidad y productividad y se presentó a la informalidad, en el discurso, como el horizonte del socialismo. 
 
 Ahora, con la caída de precios de las materias primas, se reconoce que uno de los síntomas de crisis es el desempleo. ¡En hora buena! Primer paso dado, pero como a la abnegada madre de la película Good bye Lenin, se le quiere dorar la píldora. En efecto, el nuevo Programa de Empleo se lo presenta coquetamente empaquetado en los celofanes de la propaganda como un avance en el proceso de cambio, cuando en realidad, en su parte central, se trata de un coñichi de políticas públicas del pasado. 
 
Los programas de Infraestructura Urbana y Protección y Habilitación de Áreas Productivas son zombis del Fondo Social de Emergencia (FSE) de la época de Paz Estenssoro y el Plan Nacional de Empleo de Emergencia (PLANE) de Tuto Quiroga, ambos criticados en su época -con razón, por muchos que ahora disfrutan de las mieles del poder- como siendo un programa neoliberal parche de empleos de baja calidad, que además rompía con la institucionalidad de los municipios, porque la ejecución estaba a cargo del Estado central.  Ahora se sigue el mismo camino porque quien implementará el programa será el Fondo Productivo Social, el nieto del FSE. Bueno a rigor, estos programas son de corte keynesiano para reactivar demanda agregada. 
 
 En periodos de sequía de ideas, como el actual, nada contra los recalentados o muertos vivientes, cuando el zapato ajusta eso es lo que hay que hacer en el corto plazo. Pero hoy como ayer la pregunta es la misma: ¿cuáles son las políticas de empleo de largo plazo pasado en julepe de la crisis? Aquí el Gobierno presenta dos programas que pueden ser interesantes siempre que estén enmarcados en políticas de desarrollo productivo y desarrollo de ecosistema de emprendimiento. A saber, está el programa de Inserción Laboral para trabajadores y jóvenes profesionales que será financiado por el Estado (paga entrenamiento, salud y jubilación)  y la empresa privada (paga salario). Esta política debía estar enfocada en actividades que generen exportaciones, impulsen innovación tecnológica, aumenten la productividad y tengan efecto derrame dentro de un cluster local. Así, en general, puede ser una fuente de prebendalismo. Mi apoyo a tu empresa por tu voto.   
 
 El más interesante es el Fondo para Capital Semilla, que propone dar créditos a las MyPes de reciente creación y nuevos emprendimientos. Pero este dinero aislado no funcionará, por lo que se debe trabajar con municipios, sector privado, bancos, universidades e impulsar ecosistema de la innovación y emprendimiento, sobre todo apoyando a los beneficiarios del capital, con aceleradoras e incubadoras de empresas para reducir riesgos.  Asimismo, está el Incentivo a la Generación de Empleo en las contrataciones públicas. Ésta es una mala idea, es una invitación al sobredimensionamiento de los costo de las obras. 
 
 Finalmente, el Gobierno acepta que existen problemas de desempleo y apela al odiado y criticado pasado para revivir viejas políticas keynesianas aplicadas por neoliberales, pero en la retórica discursiva se resiste a decir:  Good bye Lenin, aunque muchos piensan que aquí nunca ni si quiera se le dijo Hello Vladi, por lo que el corazón de la sociedad boliviana está roto por doble engaño.

Monday, May 8, 2017

Populismo cambiario y los atletas ratones

El Gobierno ha reconocido que el incremento salarial tendrá efectos negativos sobre el empleo, pero también afirma que ésta es una forma de inyectar dinero a la economía e impulsar el aparato productivo, siguen un keynesianismo de guitarreada.  Para este tipo de políticas, también conocidas técnicamente como keynesianismo vulgar, los aumentos salariales y/o el incremento del gasto e inversión pública impulsan el multiplicador del consumo de las familias y del gasto estatal, ambas medidas reactivan la demanda doméstica.

 La magia funciona de la siguiente manera:  por cada boliviano que el Gobierno introduce a la economía -éste, pasando del bolsillo de las personas a las empresas o de las obras públicas al consumo de insumos, por ejemplo-  terminará generando 30 centavos adicionales. Al final del día, la inyección de un morlaco provocará un impulso en las ventas  que harán crecer la producción en 1,30 bolivianos. Por eso cuando se pregunta ¿cuántos economistas keynesianos hacen falta para cambiar un foco? La respuesta es todos, pues de esta forma se generan empleos, subirá el consumo y la demanda agregada se desplazará a la derecha.

Así que se alisten las guitarras, se afinen las voces y se descorchen los mejores vinos, que la fiesta del nacional consumismo va a continuar. A voz en cuello y con el coqueto puñito en alto a cantar se dijo: "Luche,  luche y no deje de luchar, por un gobierno obrero y popular”. Al keynesianismo de guitarreada no le preocupa si el uso exagerado de la billetera pública genera déficit (cuando los gastos son mayores que los ingresos).

En nuestro caso, los datos ya son preocupantes. En el 2014, el déficit público fue de 3,4% del PIB. En el periodo 2015-2016  las cosas se complicaron, el agujero fiscal sobrepasó el 6%. Y en el año que transcurre, el déficit previsto es aún mayor, 7,8% del PIB.  La forma en que se viene financiado la brecha fiscal es a través de pérdidas de ahorro nacional (caída de reservas internacionales del Banco Central de Bolivia) e incremento del endeudamiento externo.

El keynesianismo vulgar supone que aceitando el circuito del consumo, con marmaja fresca, también se recaudarán más impuestos, pero si el grueso de estos recursos va al sector informal, esto es una ficción.

Debido a los efluvios provocados por la hermandad del canto y la acción del tinto, los impulsores de estas ideas no se percatan (o se hacen a los locos) de que políticas expansivas, como el incremento salarial, en una economía tremendamente abierta y un tipo de cambio real apreciado (los bienes externos son más baratos que los nacionales en el mercado local), evidentemente producen la reactivación del aparato productivo, pero de Perú, Chile o Argentina. El grueso de los nuevos ingresos se gastan en importaciones legales e ilegales, técnicamente, la propensión marginal a importar es muy elevada en Bolivia.

 En 2016, por cada dólar que recibimos por exportación, volvieron a salir 0,85 centavos en importaciones. Por lo tanto, los sectores que más se benefician del mayor circulante son el comercio y los servicios, que en su mayoría están en el sector informal. Evidentemente aquí está el 80% del total de los empleos de la economía nacional, que son de baja calidad (sin seguro social o médico), la mano de obra menos productiva, los ingresos dictados por la ley de la oferta y demanda, y el reino de evasión impositiva.

El populismo cambiario financia la revolución de la informalidad comercial que -como decía el viejo Marx- vive de la circulación de mercancías antes que de la producción de éstas. Además, en el caso de la economía boliviana, productos más baratos importados de las economías vecinas ayudan a mantener la inflación bajo control, lo que neutraliza el posible efecto inflacionario de las políticas expansivas salarialistas.

 El populismo cambiario garantiza la captura de la renta del comercio financiado con plata pública y también beneficia a sectores no transables, como la banca y la construcción. Los grandes ausentes en la guitarreada son, por supuesto, los productores nacionales que ven incrementados sus costos laborales sin poder traspasarlos a sus precios, debido a la fuerte competencia en el mercado local y del contrabando.  En este modelo no hay generación de valor productivo, que es la base del desarrollo sostenible, y sí la apropiación de rentas financiadas con ahorros públicos.
Estamos frente a un efecto riqueza de corto plazo.

Los otros componentes que gatillan el multiplicador keynesiano son el gasto y la inversión pública. En el primer caso, el aumento del expendio gubernamental corre la misma suerte del incremento salarial: buena parte de este impulso de dinero se chorrea a otros países. En el caso de la inversión pública, concentrada en infraestructura, puede mejorar el efecto derrame de corto plazo sobre el mercado local. Entre tanto, los problemas surgen cuando las inversiones se financian con déficits públicos, hecho que ocurre desde 2014 en Bolivia.

El otro cuestionamiento surge sobre la rentabilidad social y económica de las inversiones públicas. Si estos recursos estatales van a mejorar la productividad, generan diversificación productiva o son complementarios a la inversión privada, pueden convertirse activos que rinden recursos y benefician a la sociedad. Este no parece ser el caso del país. Cabe recordar que entre 2005 y 2016 la inversión pública total, como porcentaje del PIB, creció a más del doble  (de 6% a 15%); sin embargo, el destino mayoritario de las inversiones públicas genera dudas razonables sobre su rentabilidad ¿o cuál es el beneficio de coliseos donde sólo juegan los ratones? ¿o de aeropuertos donde no llegan aviones? ¿o museos sin gente? ¿o edificios que homenajean a la fealdad? ¿o carreteras que no conectan polos productivos? ¿o plantas petroquímicas sin gas ni mercados?



7 de mayo de 2017

7 de mayo de 2017

Monday, May 1, 2017

A mi no me echen la culpa

Existen ciertos bolivianismos que nos retratan de cuerpo presente y alma entera, en especial a nuestros políticos. Veamos las joyas del lenguaje nacional: “Yo no sabía”. Frente a fracasos de políticas públicas, como la escasez del agua, o asuntos más peliagudos, como los chiflones de corrupción, sale el santo y señala de la ignorancia sobre tema. Siempre son los otros, los de abajo,  los culpables. Los dueños del poder ni se enteran.  También está la gran perla para hacerle el quite a las cosas: “A mi no me echen la culpa”. En este rubro de lavarse las manos el acuerdo entre el Gobierno y la Central Obrera Boliviana es de antología. Transcribo el punto 5. “Incremento salarial 2017. Se acuerda que el incremento al Salario Mínimo Nacional será del 10,8% hasta llegar a Bs.2.000, a pedido de la COB dejando el Gobierno salvada su responsabilidad en el caso de presentarse efectos negativos sobre el empleo.  En cuanto al Salario Básico Nacional será del 7%. Las características del incremento serán definidas en Decreto Supremo. ”

Tres apuntes sobre el sui generis punto del acuerdo. En primer lugar este un reconocimiento que existe una conexión entre política salarial y empleo, más aún, dado el contexto macroeconómico actual,  los incrementos de salarios por encima de la inflación generarán pérdidas de empleo, por cierre de empresas, reducción de contrataciones o fugas de ciertas unidades productivas al sector informal. Gobierno Poncio Pilates dixit.  En segundo lugar, demuestra inconsistencias en las políticas públicas de la administración Morales, la mano izquierda del populismo distributivo no habla con la mano derecha de la oferta productiva. Se adopta y acepta una medida nociva contra las pequeñas y medianas empresas, sector que dicen apoyar. En tercer lugar, muestra el poder de las corporaciones sociales que le doblan la mano al gobierno. Recordemos que este proponía un incremento de 5% sobre el salario básico y 6% para el mínimo. ¿Qué pasó con el poder de negociación del otrora gobierno fuerte? Además, se evidencia el peso de la política sobre una visión/acción más integral y técnica del desarrollo económico, más aún refleja ingenuidad o (¿frio pragmatismo?)  a la hora de eludir la responsabilidad en la generación de empleos. A mi no echen la culpa si  a raíz de mi decisión como Estado, la gente pierde su trabajo.

En una perspectiva más macroeconómico, con el incremento salarial el gobierno insiste en un keynesianismo de guitarreada, éste que piensa que sólo hay que meterle plata la economía, que ésta va seguir funcionando.  Por el lado de la demanda, según el gobierno, la gente con más dinero compra más bienes y servicios, sí... pero son productos que vienen de Chile, Perú, Brasil o Estados Unidos. Se reactiva el aparato productivo de los vecinos y las importaciones legales e ilegales aumentan fuertemente. Todo esto gracias a la apreciación del tipo de cambio real (los malos del FMI dice que nuestra moneda tendría un atraso cambiario de cerca al 40%). ¿Qué pasa por el lado de la oferta local? Los productores nacionales micros, pequeños y medianos, piense en la manufactura de ropa por ejemplo, tienen un incremento fuerte de costos laborales que no pueden repasar a los precios de sus productos porque están en mercados muy competitivos y encima, para pior, enfrentan la competencia desleal del contrabando. Estos sectores no aumentan sus ventas debido al incremento salarial. A los que les va mejor son a los intermediarios, al comercio, sobre todo el informal, sector donde reina la mano invisible de Adam Smith y ni se entera de los aumentos salariales decretados por el gobierno. Aquí trabajan en condiciones muy precarias, el 80% de la población económica activa.  En la Bolivia revolucionaria, Lenin estaba equivocado, no es imperialismo la fase superior del capitalismo, sino la informalidad es la fase superior de este sistema.

En suma, la política del populismo distribucionista “beneficia” (más bien es un espejismo de riqueza) tan sólo al restante 20% de la población en edad de trabajar y es completamente funcional a la consolidación del modelo primario exportador y comercial. Distribuye las rentas de acuerdo al criterio de lealtad política y no en base una visión integral del desarrollo que debería buscar la diversificación productiva y preservación y creación de empleos dignos y sostenibles. El gobierno gestiona clientelas y no apoya ni promueve a los productores. ¿Y que tal hablar de productividad a la hora de aumentar los salarios?. Por supuesto esta es una palabra, disque neoliberal, que está eliminada del diccionario de la revolución.  Aquí es el reino de las rentas y su distribución.   Además la política salarial del gobierno no se ha enterado ni de la desaceleración de la economía ni del deterioro de grandes agregados macroeconómicos, a saber: fuerte déficit comercial, un agujero fiscal cercano al 8% del producto, pérdidas de reservas internacionales, incremento del endeudamiento externo. apreciación del tipo de cambio real, entre otros. Confundiendo riqueza con desarrollo se apuesta a seguir inflando la burbuja de consumo. A futuro lo único que queda es realizar masivas movilizaciones para rezar al santo de los recursos naturales y pedirle que suban nuevamente los precios del gas natural y los minerales.  La fiesta del consumo debe continuar. En 11 años nos hemos gastado 60 mil millones de dólares (medio plan Marshall a los precios de hoy) para repetir lo que hicimos en los anteriores 180 años de vida republicana, a saber:  exportar materias primas, engordar el comercio y hacer discursos furibundos.  Así que, sí las cosas comienzan a salir mal, no funcionan las políticas públicas, será culpa del imperio y sus lacayos.  Además. Yo lo dije claramente a mi no me echen la culpa de las políticas públicas respecto a los salarios, fueron los compañeros de la COB, los que se metieron un auto gol. En un mano llevaran su victoria Pírrica de incremento salarial y en la otra su carta de despido.

Wednesday, April 26, 2017

Monday, April 24, 2017

Cebando el carburador

Termina el primer cuatrimestre del año. Tiempo de una primera evaluación de la economía internacional y nacional. Utilicemos los datos recién salidos en el Word Economic Outlook del FMI. El crecimiento económico del 2017 (3,6%) será ligeramente superior al año pasado, lo que muestra una suave recuperación, pero que en momentos de incertidumbre como el actual se convierte en una gran bocanada de aire fresco. 

Según el FMI, el 2018 se dará otro paso modesto en la retomada económica, 3,6%.  Economías avanzadas, como Estados Unidos y Europa, crecerán 1,9% en 2017 y 2,0% en 2018; es decir, 0,1 y 0,2 puntos porcentuales más que en el pronóstico anterior. Países emergentes, como la China, India o Rusia,  registrarán mejores desempeños, crecerán en promedio  a 4,6% en el 2017 y 4,8% en el 2018. Sin duda, un mejor resultado pero también a paso lento y dejando mucho que desear respecto a los resultados de otros años, donde se superaba el 10%. Es decir, la economía mundial anda despacio, cebando frecuentemente el carburador, como se dice en el lenguaje de los amantes de las tuercas. A saber, sobar es soplar en situ esta parte del motor para que el carro encienda con el alto riesgo de tragar buenas bocanadas de gasolina. Además, la economía mundial está amenazada por tendencias estructurales  a la fragmentación del comercio internacional, hecho que se origina  en el surgimiento de nacionalismos proteccionistas en los países desarrollados. Debido a esta situación, los pronósticos de mediano y largo plazo sobre el crecimiento económico mundial no son muy entusiastas.
 
En este contexto incierto y gelatinoso, América Latina apenas crecerá un 0,6% en el 2017, según el FMI.  Las recesiones económicas de Venezuela (-7,4%) y Ecuador (-1,6%)  son las responsables por reducir el promedio. Así mismo,  países grandes como Brasil (0,2%), Argentina (2,2%) o Chile (1,7%) también son determinantes para explicar este débil desempeño de la región.  Para el 2018, las proyecciones son ligeramente mejores, pero nada del otro mundo. La leve brisa de optimismo en el continente se debe a una mejora de los precios de las materias en el mercado internacional. En el 2017, el valor de los minerales subiría en un 3% y el precio del petróleo se estima que aumente en 20%, ambos respecto al año pasado.
 
Tres precisiones en la tendencia regional. 1) La debacle venezolana se explica por la fuerte caída del precio del petróleo en años anteriores y la grave crisis política. 2) El vecino Brasil se mantiene en el fondo del pozo debido a los terribles problemas de corrupción y el derrumbe del edifico de la credibilidad de la política económica. 3) Economías pequeñas como Perú (3,5%), Paraguay (3,3%) y Bolivia (4%) continúan con buenos resultados en el 2017. En el próximo año  los dos primeros países continúan con una leve mejora en el desempeño y el crecimiento boliviano se reduce levemente a 3,7%. FMI dixit.
 
La proyección de un 4% de crecimiento, el más alto de la región sudamericana, hecha por la odiada suegra del FMI, ha despertado el entusiasmo culposo del gobierno, por una parte celebra la bendición numérica del organismo internacional pero reniega de que sea tan bajo, el nacionalismo estadístico nacional sostiene que el crecimiento será superior (4,8%).
 
¿Frente a este posible resultado económico se puede afirmar, como lo  hacen los ascetas del poder, que esto prueba la superioridad del nuevo modelo económico nacional? ¡No tan rápido! No hay duda que las políticas keynesianas de sustentación de la demanda agregada, basada en la fuerte inversión y gasto público, aún están funcionando al igual que en modelos económicos más liberales como Perú y Paraguay. Pero más allá de la fe ideológica y el coro de las consignas debemos preocuparnos con los sacrificios fiscales, financieros y cambiarios que estamos realizando para mantener la llama del crecimiento en el sector público. Lamentablemente, en ciertas actividades privadas  ya se observa una ralentización, como la construcción, por ejemplo.
 
Es más sensato  detectar y actuar sobre una crisis evaluando los síntomas antes que resultados que pueden ser terminales. O sea no hay que esperar una recesión a la Brasil para actuar. En efecto, ciertos focos rojos de la coyuntura económica ya están prendidos, a saber: fuerte déficit comercial, caída de reservas internacionales del Banco Central -parcialmente amortiguada por el préstamo de los mil millones de dólares obtenidos por el Estado boliviano-, cuarto año consecutivo de déficit público elevado (en el 2017 el agujero fiscal llegará al 7,8% del producto), aumento del endeudamiento externo, presión sobre la sostenibilidad  tipo de cambio. El crecimiento económico actual se sostiene con pérdida de ahorro nacional y endeudamiento externo.
 
 Para mantener el producto en torno del 4% al año a futuro, la política económica de corto plazo  tiene muy pocos grados de libertad. Debe escoger entre rezar a los santos de los mercados internacionales para que vuelvan a subir los precios de las materias primas a niveles de hace cinco años o quemar ahorros interno y externo para mantener la burbuja de consumo. Ahora bien, una pregunta que debería estar taladrándonos el cerebro es: ¿por qué después de 11 años de gobierno y haber gastado 60.000 millones de dólares extras (medio Plan Marshall a precios de hoy) no tenemos ninguna fuente adicional de ingresos externos que no sean los recursos naturales? Las exportaciones cayeron en torno de 4.000 millones de dólares y no hay ningún sector alternativo que puede darnos ni 50 millones de dólares. Pero como vivimos al día y lo que interesa es la política antes que la economía, se fuerza el modelo primario exportador, aunque esto signifique sacrificar el futuro. Claro, el pretexto de la conspiración del imperio siempre está disponible para ocultar errores internos de la fiesta del rentismo y de populismo económico, tal vez el ajuste del país a la realidad económica lo tendrá que hacer otro gobierno.

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