Monday, March 13, 2017

Rebelión en Manchester contra la econocracia

Injustamente se califica a Manchester como    ugly city, nice people. Sospecho que son algunos pitucos londinenses que envidian el legado histórico de la ciudad donde nació el capitalismo.

Mánchester fue la primera urbe industrializada del mundo y desempeñó un papel central durante la Revolución Industrial.  En la actualidad es considerada como una de las mejores regiones para hacer negocios, tiene una de las mejores universidades de Europa, un departamento de economía de gran calidad académica y unos estudiante rebeldes y creativos que están revolucionando la enseñanza en el área. Así mismo, doy fe que la gente de Manchester es única y encantadora. Viví en esta ciudad gracias a una beca Chevening que me concedió el Gobierno del Reino Unido para realizar mis estudios doctorales.      


Pues, justamente, es en la Universidad de Manchester, cuyas aulas tuve el privilegio de frecuentar, que surgió un movimiento de rebelión muy saludable contra la forma de enseñar economía. En el año 2012, jóvenes estudiantes fundaron el Post-Crash Economics Society´s  (PCES), (http://www.post-crasheconomics.com) un movimiento pos crisis del 2008 que comenzó a cuestionar las limitaciones teóricas y prácticas del modelo educativo en economía, demasiado concentrado en el paradigma neoclásico. Recordemos que éste sostiene que el mercado resuelve todos los desafíos de la economía y la sociedad.


Los estudiantes de Manchester levantaron las banderas de la crítica y propusieron que su carrera de economía también debía incluir el estudio de la ética, la política, la creatividad y la historia, y no sólo el formalismo, demasiado matematizado de la economía neoclásica. El descontento no se quedó en esta universidad sino que se amplió a todo el sistema del Reino Unido. Similar movimiento surgió en Cambridge, la London School of Economics, Sheffield, Glasgow y otras casas superiores de estudio del mundo.

Lo interesante de este movimiento es que reivindica tres aspectos de la educación en economía.

Primero, busca recuperar el idealismo y el espíritu crítico de la disciplina, cosa que se ha perdido hace mucho tiempo. Segundo, reivindica el estudio de la economía como un ecosistema donde la diversidad y la fertilización cruzada son fundamentales, rompiendo con la visión monolítica neoclásica, y, tercero, llama la atención para la dimensión ética de la economía.

 La rebeldía de los jóvenes contagió a afamados economista como  Ha-Joon Chang de la Universidad de Cambridge. Inclusive  Andrew  Haldane, director ejecutivo del Banco de Inglaterra, ha entrado en la controversia y escrito el prefacio de un documento elaborado por  la PCES. En éste sostiene que inclusive, desde las bases del pensamiento clásico (Adam Smith), se ve la necesidad de superar el paradigma de la mano invisible del libro La riqueza de las naciones, de 1776, que sobre enfatiza el individualismo. Haldane sostiene que se debe repensar la economía desde sus bases y rescatar al Smith del libro La teoría moral de los sentimientos, de 1759, donde este autor destaca la cooperación, para satisfacer las necesidades básicas de la sociedad.

En este trabajo están conceptos como reciprocidad, justicia, y valores en vez de valor.  Las ideas de este movimiento de jóvenes ha ganado fuerza con la publicación del libro  The econocracy: the perils of leaving economics to the experts, Joe Earle, Cahal Moran and Zach Ward- Perkins.

Manchester University Press, 2016. Una traducción libre sería algo como: La econocracia: los peligros de dejar la economía a los expertos.

La recuperación del idealismo. Para el PCES la enseñanza de economía perdió el alma, confundió los medios (los modelos económicos) con los fines (generación de empleo, por ejemplo).  Se volvió una disciplina  muy instrumental y elitista, un monopolio de los expertos. Se buscó  convertir a la economía en la física de las ciencias sociales que excluye al gran público.

Los estudiantes de Manchester sostienen: "Vivimos en una nación (Inglaterra) dividida entre una minoría que se sienten dueños del lenguaje de la economía y una mayoría que no lo hacen”.

Esta humilde columna escrita desde el Sur concuerda con esta crítica y hace muchos años busca aproximar la economía a la gente y recuperar el ajayu social de la disciplina. El sueño de la economía es que la gente viva feliz y en justicia.

 Para el PCES, el estudio de la economía es como un ecosistema; es decir, un conjunto de disciplinas vinculadas a la sociología, la administración, la historia, la matemática,  la creatividad, la evolución del pensamiento social que interactúan entre ellas y con su ambiente abiótico. En un ambiente crítico y abierto realizan procesos de competencia, simbiosis, desintegración y síntesis.

El estudio de la economía es parte de un ciclo de aprendizaje más amplio y diverso que entiende el pasado, presente y futuro de su entrono social y económico.  Más aún, cree que el  entendimiento del ecosistema es polémico porque existen varias escuelas que buscan explicarlo: Marxista, Schumpeteriana, clásica, austriaca, keynesiana, conductual, y otras.

Finalmente, la reivindicación ética de la economía. Dado el poder de influencia de la disciplina sobre la vida de las personas, para el PCES se debe rescatar la dimensión humana  y ética en la enseñanza y práctica de economía. La eliminación de la pobreza, el mayor empleo, la justicia distributiva y la felicidad de la gente deben ser objetivos centrales de vida a la hora enseñar economía.

Con orgullo y felicidad descubrí que en mi universidad se inició este movimiento estudiantil y evoqué con agradecimiento a la gente que me ayudó asistir a esta casa  de estudios superiores.

Hoy recuerdo a Elizabeth Coloma, boliviana que hace 45 años trabaja en la Embajada del Reino Unido apoyando a centenas de compatriotas que realizaron sus estudios de postgrado en ese país y así contribuyendo a la mejora del capital humano en su patria.

Sunday, March 5, 2017

Vida después del Evoeconomics

El futuro ya no es tan luminoso. Se está produciendo una inflexión en la economía y la política en toda América Latina y, al parecer, Bolivia no será la excepción. Es el implacable vaivén de la historia. La pregunta que mucha gente se hace, con legítima preocupación, es:  si hay vida económica después del evoeconomics,  ¿qué vendrá después de 2020? Por supuesto, el oficialismo no ve futuro después de Evo Morales. Para ellos el porvenir sin el líder es la segura vuelta a la noche más oscura del neoliberalismo.

 Defino evoeconomics como el modelo primario exportador que fomentó el consumismo y promovió una distribución populista de la renta, a  base del ingreso de 60.000 millones de dólares en 10 años, resultado del incremento de precios de las materias primas.

 Los desafíos del postevoeconomics no excluyen la continuidad del gobierno del presidente Morales, si insiste en su repostulación y, por supuesto, también consideran una posible toma de poder por parte de la oposición.

 La  agenda postevoeconomics es compleja y es la misma para ambas opciones. Entre los temas más delicados están: la corrupción endémica (¿microcorrupción?), la inseguridad ciudadana, las carencias del sistema de salud, la debilidad institucional, la escasa diversificación del aparato productivo, el desastre de la justicia, las pulsaciones autoritarias, tanto del Estado como de la sociedad, el culto a la personalidad, entre otros. A nivel macroeconómico están los desafíos de cómo corregir los ajustes fiscal, cambiario y comercial.

 Hoy nos concentraremos en la agenda de política social de corte distribucionista implementada por el Gobierno, que según datos oficiales habría ayudado a reducir la pobreza y mejorado la distribución del ingreso.

 La política social se basó sobre todo en: 1) mejoras en el ingreso salarial a través del aumento del salario mínimo. 2) Distribuciones de bonos como el Juancito Pinto, Juana Azurduy, segundo aguinaldo y otros. 3) Distribución de rentas económicas para diversos grupos sociales a través de legislación laxa o favorable. Independientemente del camino seguido, esto consolidó una forma de organización social y política basada en corporaciones dependientes del Estado que, en la mayoría de los casos, creó relaciones clientelistas con el Gobierno. Mi voto a cambio de una renta.

 La hipótesis que sostengo es que este tipo de política social está estructuralmente  ligada al modelo primario exportador y a la política populista. La agenda postevoeconomics deberá
convivir con ella por mucho tiempo. Modificarla requería de un enorme capital político.

Abandonarla de sopetón podría ser el origen de mucha inestabilidad social y política, pero al mismo tiempo mantenerla sin modificaciones hará muy difícil un cambio estructural del modelo económico. Es la trampa del rentismo.

 Entre  2006 y 2016, el salario mínimo subió en 261%, ciertamente algo muy deseable, desde la perspectiva del trabajador. Entretanto, esta medida distributiva, en un periodo de desaceleración económica y hambruna fiscal como la que vivimos en la actualidad, se hace insostenible. El riesgo hacia delante  es que se convierta en un elemento de inestabilidad macroeconómica.

Mantener esta conquista requiere conectar la política salarial a la productividad de la economía e incorporar la variable de empleo productivo y sostenible. En la actualidad sólo un 20% de la población económica activa tiene este privilegio. Ampliar este beneficio implica un nuevo tipo de industrialización y estructura de empleo.

 La política de bonos también estará en la agenda postevoeconomics por mucho tiempo y es responsable parcial por la mejoría en la distribución del ingreso. Ésta es una política estatal que se origina en el Bonosol, pasó por el Bolivida y ahora se ha consolidado como Renta Dignidad. La misma idea se amplió a otros grupos sociales. A futuro, los desafíos son despolitizarla, focalizarla mejor en los grupos más necesitados, garantizar su financiamiento sano y, sobre todo, conectar esta demanda a un proceso de diversificación productiva e industrialización nacional. Ahora buena parte de esta renta se escapa del país vía importaciones de alimentos, por ejemplo.


 Finalmente, está el tema más espinoso de la agenda postevoeconomics, que es la distribución de rentas con criterios políticos.

 Las rentas coyunturales del gas natural, de los minerales, del cultivo de la hoja de coca o del comercio han servido para generar una sensación de mayor riqueza vía aumento del consumo, pero también han ayudado a cooptar parte de la sociedad y a corporativizarla. En efecto, las rentas de gas natural se destinaron a los diversos bonos, la creación de empleo estatal y una inversión pública conducida por el capricho político antes que por una visión productiva de largo plazo.

 Las rentas mineras fueron distribuidas entre las nuevas élites cooperativistas bajo el patrocinio de una legislación laxa. El apoyo de los mineros al Gobierno se mantuvo en la medida en que los precios de los minerales estaban en alta; cuando se revirtió esta situación, el matrimonio, por conveniencia, se rompió de manera trágica.

La producción excedentaria de hojas de coca también consolidó el apoyo de este grupo al Gobierno. En realidad, esta es la corporación más privilegiada y actúa como guardia pretoriana del proceso de cambio. La ampliación a más de 22 mil hectáreas del cultivo "legal” muestra el mecanismo de captura de la renta generada por esta actividad.

 La apertura comercial -que creó una enorme renta de importaciones, mediante un tipo de cambio real apreciado- benefició especialmente a una nueva burguesía comerciante, el grueso de ella en el sector informal.

 Sin duda, esta transferencia de rentas, desde el Estado o a través de ciertos tipo de políticas públicas, creó cierto tipo de lealtades sociales y políticas, que se convierten en un derecho adquirido, pero que es muy vulnerable a las oscilaciones de los precios de las materias primas que exportamos y de los ingresos fiscales recibidos por estos rubros.

No es un problema diferencias ideológicas, sino de coeficiente intelectual

Con frecuencia y con mucha razón la gente me dice que debemos pasar de la problemática a la solucionática. Del diagnóstico o de la  crítica ...