Sunday, June 18, 2017

No es un problema diferencias ideológicas, sino de coeficiente intelectual

Con frecuencia y con mucha razón la gente me dice que debemos pasar de la problemática a la solucionática. Del diagnóstico o de la  crítica a la propuesta. Está claro que desde el Estado central hay un déficit de ideas estructural. Hace más de 11 años se repite el mantra de nacionalización de los recursos naturales y se presenta, como algo nuevo, al ya agotado modelo primario exportador, un abuelito económico que por lo menos tiene 500 años.


Desde esta humilde columna se han hecho varias propuestas en el pasado. Hoy domingo de azul invierno volvemos a esa línea. Por demás está decir que un nuevo modelo de desarrollo debe partir de la revolución de lo local y de lo participativo, focalizarse en las ciudades, apostar a la innovación tecnológica, y hacer, tanto de la sostenibilidad medioambiental como de la inclusión social, sus principales estandartes de la esperanza y movilización. En Bolivia, más del 70% de la población viven en urbes medianas y grandes, y esto sólo tiende a aumentar.

En estas circunstancias, nuestros espacios regionales deben convertirse en territorios inteligentes que a través de la promoción de la creatividad, la innovación y el emprendimiento redefinan las fronteras del desarrollo económico y social. En la nube de internet, en el ciberespacio de los servicios y el imaginario del futuro, Cochabamba del software colinda como Bangalore o San Francisco. La Paz del turismo y la gastronomía está a lado de Barcelona o Lima. Sucre de la historia hace frontera con capitales culturales, como Partí  o Cartagena. San José de Chiquitos de la música barroca  tiene vista a Ouro Preto o Bilbao y un largo etcétera para decenas de regiones o ciudades.

Lo local se hace global, la comunidad  identifica un diferenciador histórico, tecnológico o cultural y éste se convierte en el motor del desarrollo. Así surge la idea fuerza de glocal; es decir, un territorio inteligente que mira y conecta al mundo a través del fomento y la promoción de nuevos ecosistemas, emprendimiento social y empresarial.

Un ecosistema es un tejido social de actores e instituciones de diverso tipo que se articula a través de las principales etapas de la creación de emprendimientos sociales y empresariales. A saber: 1) Creatividad e innovación, donde interactúan universidades, centros de investigación, laboratorios, corporaciones y organismos públicos. 2) Emprendimiento, donde se articulan enseñanza, investigación aplicada, políticas públicas y tanto la experiencia como el talento empresarial. 3) Diversos tipos de financiamiento público y privado, como ser capitales ángel, semilla, de riesgo e inversión patrimonial.

Según Daniel Isenberg,  del Babson College, un ecosistema de emprendimiento además de redes de personas y organizaciones, se compone de varios dominios: una cultura favorable a la innovación, liderazgos claros, capital humano de calidad, mercados desarrollados y una gama de apoyos institucionales  y de infraestructura, tanto públicos como privados. Estas tareas corresponden a un Estado emprendedor, local o regional,  que crea, fomenta, complementa las diversas capas de las inteligencias de los territorios. Veamos algunas de ellas siguiendo autores como Chourabi:

Inteligencia competitiva y económica. Aquí,  la política pública y la acción privada promueven en el territorio el espíritu innovador en todas sus dimensiones, la cultura de cambio y transformación como práctica cotidiana  y, sobre todo, la capacidad creativa de acuerdo  con  la vocación local. Cada localidad, ciudad o región buscará su diferenciador, que puede ser en el folklore, la cultura, la historia, la tecnología, las artes o sectores más tradicionales como el turismo y la agricultura.

Inteligencia medioambiental. El desarrollo local y urbano requiere de políticas ambientales transversales en el desarrollo inmobiliarios, en infraestructura, energía, seguridad, transporte, redes de comunicación y otros sectores.

Inteligencia para la calidad de la vida. Esta capa tiene que ver con la dimensión ciudadana y de participación de la gente en el territorio, y busca mejorar las condiciones diarias de las personas,  y promover una interacción sana y respetuosa entre los componentes de la comunidad.

Inteligencia social. Aquí se desarrollan conceptos como: e-salud, e-cultura, e-educación, e-seguridad, entre otros, que traducidos en acciones públicas concretas mejoran cualitativamente la inclusión social e igualdad.

Inteligencia administrativa. En esta capa las políticas públicas y acciones privadas van destinadas a mejorar la administración de la República, promover la transparencia, el gobierno participativo e incluyente. Por supuesto, esto está vinculado a la seguridad, sostenibilidad financiera y planificación urbana. En suma, se trata de promover la gobernanza y gobernabilidad inteligente de instituciones, y el conjunto del gobierno, respectivamente.

 Finalmente y por eso no menos importante: inteligencia móvil y comunicacional. Esta dimensión tiene que ver con el transporte sostenible y ambientalmente responsable, además incluye la conectividad soportada por fibra óptica, redes de IP y accesos de bandas de alta velocidad.

Algunos ejemplos de territorios o ciudades inteligentes son ciertos distritos de San Pablo vinculados a la moda. Lima como cluster gastronómico. Teanjin en China, llamada la ciudad verde. Paju-Si en Corea, la ciudad de la Felicidad. Paratí en Brasil, el poblado de la poesía. Singapur, la ciudad de los negocios. Bangalore, el territorio del software, para mencionar sólo algunos ejemplos de desarrollo glocal.

Como se puede concluir, esta visión de desarrollo basado en la potencia de lo regional, el poder de las ideas y la innovación tecnología no tiene diferencias ideológicas (mercado versus Estado) con la propuesta del modelo primario exportador,  sino de coeficiente intelectual, literalmente. Las capas de inteligencia de estos nuevos territorios son una construcción colectiva basada en la triple hélice: sector público, privado y academia.


Sunday, June 11, 2017

Nunca hubo tanto dinero y tan pocas ideas

Existe una intensa polémica a la hora de analizar los resultados económicos de la administración del presidente Morales. Por una parte, los exégetas del régimen, frente a un inmenso y pulido espejo, presentan los datos agregados del periodo 2006 – 2015 como espectaculares. A saber: crecimiento económico promedio de 5%, tasa de desempleo de 4,1%, estabilidad de precios con una inflación media de 6%.    El narcisismo macroeconómico se expresa en plenitud en el mensaje de que en 11 años se habría hecho mucho más transformaciones económicas que en 180 de vida republicana. Este argumento sigue la consigna de la vieja Unión Soviética de saltar etapas en el desarrollo. Prima face estos resultados son relevantes, pero para no tener una lectura ni sobreideologizada y menos dimensionada al extremo, requieren ser evaluados desde otros ángulos.  


 Primero, veamos la comparación histórica e internacional. Por temas de espacio nos concentraremos en el crecimiento del producto, que es la estrella de los logros económicos. Este resultado, cuando es  comparado con momentos en que la economía boliviana tuvo similares contextos externos favorables,  no parece tan luminoso. Para no ir muy atrás en la historia, Bolivia se benefició de dos momentos de windfall (ganancia inesperada o de manera más coloquial sacarse el gordo de la lotería) vinculada a los fabulosos precios de las materias primas.

 Entre  los años 1971  y 1977, cuando la economía creció en media  al 5,7% y el periodo 1994-1998, cuando hubo ingreso masivo de recursos externos vía inversión extranjera y el aparato productivo creció al 4,8%. Como verán, resultados son muy similares, aunque cabe mencionar que la bonanza externa del periodo 2006 al 2015 fue más grande y duró más tiempo en relación con  las anteriores, por lo que se podría haber esperado mejores resultados. Comparar los éxitos actuales con periodos de crisis anteriores es una travesura de alumnos de introducción a las estadísticas. ¿Y comparando con otros países, aparece el milagro del evoeconomics? ¡Tampoco guaguay! Perú, con un modelo económico opuesto al nuestro, creció al 6% entre   2006 y 2015.    

Segundo, es bueno comparar los logros económicos con una visión y/o un benchmark internacional. Para ponerlo de manera poética: ¿Cuál es el sueño que puebla las noches de nuestros líderes? Para dar una respuesta necesitamos del gran Miguel Ángel,  que decía: "El mayor peligro para la mayoría no es que apuntamos muy alto y fracasamos, sino que apuntamos muy bajo y acertamos”. Quiere decir que la visión de desarrollo económico del Gobierno está anclada en el pasado. Es como un loro de casa, aletea muy bajo.

Es un modelo de desarrollo de la industrialización de los recursos naturales que mira por el retrovisor. Propone subir la escalera del desarrollo generando valor a las materias primas. El mineral se convierte en un lingote, después se producen clavos, posteriormente se hacen calaminas y en algún momento del horizonte del proceso de cambio se llega al automóvil nacional. En suma, es hacer la revolución industrial inglesa con 200 años de atraso. Es la industrialización de los recursos naturales. Además, para este anacronismo intelectual,  desarrollo son grandes obras, monumentos al cemento, es sóviets y electrificación, caminos, represas, teleféricos, satélites, museos, pesados y pretenciosos edificios. Además, la única obsesión de la gestión pública parece ser superar al neoliberalismo;  así, todo se mide en relación con el pasado.

Pero no existe un sueño económico que salte etapas, que piensa en la revolución tecnológica y verde, en la ampliación creativa de los derechos sociales o los territorios inteligentes, en la industrialización para los recursos naturales. La agenda 2025 es la ilusión de nuestros abuelos del 52: el nacional-desarrollismo.  Apuntamos bajo, apostamos a repetir el pasado y, lo mejor de todo, estamos acertando, lo que lleva frecuentemente a las lágrimas a la nomenclatura del régimen, cuando se ve un lingote o se ve subir un cohete chino al cielo.  Por supuesto, con este imaginario de desarrollo tan limitado los resultados económicos de corto plazo nos parecen maravillosos.

 Tercero, no se ha avanzado casi nada desde una perspectiva de desarrollo integral. Utilicemos dos criterios: a) avances en transformaciones estructurales, entendidos éstos como recursos (capital o mano de obra) que van a las actividades más modernas de la economía a través de la industrialización y que, por lo tanto, producen saltos en la productividad; y b) cambios en los fundamentos del desarrollo. Aquí nos referimos a acumulación de stock de capital humano o calidad de las instituciones que impulsan el desarrollo integral y lo hacen sostenible medioambientalmente.

Si utilizamos estos dos criterios casi no se ha avanzado en Bolivia, por lo que los resultados macroeconómicos no son sostenibles. La economía primario exportadora y comercial es más grande pero sigue teniendo, en su esencia,  la misma estructura de hace 180 años. La economía está hinchada por los anabólicos que recibió de los ingresos  circunstanciales provenientes del súper ciclo de las materias primas. Pasado el periodo de las vacas gordas, mantenemos la burbuja de consumo quemando ahorros internos y endeudándonos. Aquí nada nuevo bajo el sol del desarrollo.

 Cuarto, la oportunidad perdida. Como fue mencionado,  Bolivia tuvo una oportunidad económica de 60.000  millones de dólares, pero el aparato económico nacional dio vueltas sobre el modelo primario exportador.  Se apostó a la inversión pública excluyente de la inversión privada, a la hipertrofia del comercio, y la economía informal. Se volvió a confundir gordura de consumo con músculo productivo, riqueza con desarrollo. Se defendieron causas sociales justas con propuestas cansadas. Con medio Plan Marshall, a precios de hoy, se perdió una gran oportunidad de transformación estructural. Nunca se tuvo tanto dinero y tan pocas ideas.  

Sunday, May 28, 2017

La inversión pública y el extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde

queReducida la fuerza de los motores de las exportaciones que impulsaban el crecimiento económico hasta el año 2012, el Gobierno le ha dado un nuevo aire al Producto Interno Bruto (PIB) impulsando la demanda doméstica.  Un pilar central en esta estrategia es la inversión pública que viene creciendo, de manera significativa, desde 2006, aunque a tasas cada vez menores. En el periodo 2013-2014 ésta subió el 19%. Entre 2014 y 2015 la variable se incrementó en 9%. Finalmente, en el bienio 2015-2016 la inversión pública tan sólo subió en 3%. 


No obstante esta reducción los guarismo son impresionantes. El año pasado se alcanzó la cifra récord de 5.065 millones de dólares.  Definitivamente un salto espectacular.  Cabe recordar que en el año 2005 ésta llegaba  629 millones de verdes. Y, por supuesto, esto no para por aquí. El Plan de Desarrollo Económico y Social (PDES), mimosamente rebautizado como Agenda Patriótica 2025, propone pisar a fondo en el acelerador de la inversión pública. 
 
Hoy domingo de frío intenso, dos preguntas surgen en la callada y brumosa noche de la revolución. Primero, ¿cuál es el impacto de la inversión pública en la economía? Segundo, ¿es sostenible seguir el camino de la chequera gubernamental? ¿En economía, como en los pasillos del amor, billetera pública mata galán privado? 
 
Vamos por partes, como dice Jack el Destripador, que como veremos más adelante es coterráneo del Dr.Jekyll-Mr. Hyde.

 El grueso de la  inversión pública se destinó a infraestructura de caminos, energía y agua, pero también se dirigió a inversiones dentro de las empresas públicas. Prima fase, aquí estaría el secreto del éxito del nuevo modelo económico. Entretanto,  aún se requiere una evaluación independiente sobre la calidad y rentabilidad de estas inversiones públicas. De hecho, no han sido capaces de generar una nueva oferta, pública o privada, de exportaciones que amortigüen el deterioro externo. Pero la esperanza, el estandarte de los sueños, es lo último que muere. 
 
 En la actualidad, las inversiones estatales no se ven más que en el power point  de los jerarcas de la nomenclatura y no así en la generación de nuevos ingresos, cambios tecnológicos, diversificación productiva o aumentos de la productividad.  De hecho, existen dudas razonables sobre su rentabilidad ¿o cuál es el beneficio de coliseos donde sólo juegan los ratones? ¿o de aeropuertos donde no llegan aviones? ¿o museos sin gente? ¿o edificios que homenajean a la fealdad y son espejo de los egos del poder ? ¿o carreteras que no conectan polos productivos? ¿o plantas petroquímicas sin gas ni mercados? ¿o de ingenios azucareros sin materia prima?  ¿o satélites ciegos?  

 Buena parte de estas preguntas están conectadas a las utilidades que generan las empresas pública que se llevan   una gruesa parte de la inversión pública. Pues bien, en el periodo áureo de los precios de las materias primas, 2014, las utilidades de las empresa estatales llegaron a 7.371 millones de bolivianos. El año pasado  éstas bajaron a tan sólo 941 millones, esto se presenta una caída de -87%, por supuesto que el villano es YPFB, que afrontó precios del gas natural muy bajos. 
Quiere decir que ell milagro del éxito de la empresa se explica más por la suerte 
antes que por una buena gestión empresarial. 

Desde una perspectiva más macroeconómica, el comportamiento de la inversión pública evoca el extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde de la novela del inglés Stevenson, quien era una misma persona con  dos personalidades con características opuestas entre sí y que hacía de las suyas por las tenebrosas calles de Londres del siglo XIX.  
 
  En efecto, el Dr. Jekyll de la inversión pública del Estado central es un keynesiano de pies juntillos.  Desde lo alto del Gobierno, y sobre todo usando las empresas estatales, gasta la plata a manos llenas para impulsar la economía. En  2016 ejecutó el 70% de la inversión (3.526 millones de dólares), 19,6% más que el año pasado. Pero por las noches, en el mismo cuerpo, aparece el neoliberal Mr. Hyde que, al mejor estilo del Fondo Monetario Internacional (FMI), aprieta las guindas del gasto y la inversión pública y condena a los gobiernos locales y a las universidades a ajustes draconianos y a silbar finito. Las administraciones departamentales cortaron la inversión pública, entre el 2015 y 2016, en 37,9%. Las universidades redujeron sus gastos en 29,7%. Y los gobiernos municipales en casi 10%. 
 
Ahora, ¿cuán sostenibles son las aventuras de Dr. Jekyll? Pues desde el 2014 parte de la inversión pública se sostiene a través de déficits públicos, pérdida de reservas internacionales del Banco Central y mayor endeudamiento externo. En el 2016, el agujero fiscal fue de 6,6% del PIB, para el año que transcurre implacable llegaremos a 7,8%. Ahora, si las inversiones de la Agenda Patriótica llegan a sus metas, según el FMI, el déficit podría oscilar entre 15 y 20% del producto en los próximos cinco años. Así que tranquilo nomás doctorcito Jekyll , en algún momento va tener que llamar a su otro yo, Mr. Hyde. 

 En este escenario de gran entusiasmo revolucionario la deuda externa pública sobrepasaría el 52% del PIB. Entretanto, hacia el 2021 la rentabilidad de la inversión pública tendría que estar generando ingreso de exportaciones, pero esto es muy poco probable. Así que es mejor juntar a los achachilas y yatiris de Curva, los curacas de la Buenos Aires y sacerdotes del proceso de cambio para organizar una gran rezada a los santos de los recursos naturales para que los precios vuelvan a subir. La otra opción es despertar a  Mr. Hyde y ponerlo con cara de Marx y que comience a cortar gastos e inversiones como un carnicero neoliberal, algo que no es ni posible ni deseable.

El gran pecadillo de la apuesta a la inversión pública no es su dimensión, sino de haber excluido al sector privado. Pensar que billetera de soldadito del proceso de cambio mata a galán privado es una tierna ilusión. Tal vez en el corto plazo esto puede ocurrir, pero cuando se busca descentralizar la economía, producir un cambio estructural productivo, aumentar la productividad, la inversión pública también debe ser complementaria a la acción privada. El desarrollo económico y social, doña Flor, tiene dos maridos no celosos, la inversión pública y la privada, y no le gusta los esquizofrénicos como el Dr. Jekyll.  

Gonzalo Chávez A. es economista.
Escrito por Gonzalo Chávez A.

 

Sunday, May 21, 2017

Corrupción y la teoría de los chiflones

La corrupción y la teoría de los chiflones 

Hace algunas semanas   me encontré con un queridísimo amigo de la infancia de la plaza San Pedro, barrio en el que viví buena parte de mi adolescencia arrabalera. Por supuesto, hablamos de cosas picantes del pasado, pero como siempre sucede en estos encuentros furtivos, aparece el salvavidas de la coyuntura política que evita la muerte súbita de la conversación anclada en la añoranza. Sale a flote la consabida pregunta: "¿Y cómo la ves?”. Como conocía de la sabiduría de mi amigo en las honduras del alma nacional, me quedé callado y escuché su agudo análisis de coyuntura callejero. 

Sostenía, con precisión de taquero de larga data y campeón de las billas populares, que al Gobierno ya le había agarrado un chiflón de corrupción tan contundente como ponzoñoso. Y cuando te atrapan estos vientecillos furtivos. ¡Agárrate Anacleto!, sentenció mi cuate, conocido como el Tuercas.

Con aire docto, de quien ya había pontificado sobre la realidad nacional en todos los bares de La Paz, me dijo que discordaba de la hipótesis de que acabaríamos como Venezuela; más bien pensaba que terminaríamos como el Brasil del hermano y compañero Lula. Vanos fueron mis tentativas de hacerle notar, que al contrario del vecino, nosotros no teníamos un Poder Judicial independiente, que investigue y castigue a la cofradía de los uñas largas. Él retrucó que, aquí como allá, la presión social y la opinión pública jugarían un papel fundamental.

Con la leyenda tatuada en su historia -que había derrotado en un duelo verbal a la mismísima Luna Stalinista, como se conoce en la jerga popular a uno de los jerarcas del régimen-  sostenía que el chiflón había desinflado  el complejo de superioridad moral del proyecto y que estos aires pendencieros ahora circulan libres por los corredores del alma política del régimen de irremediable manera. El tic, tac, tic, tac, tic, tac de la inflexión histórica, con su voz cansina, ya le cantaba al oído, todavía sordo, de los poderosos "Recuerda que eres mortal”.

 La lectura de la realidad me pareció pertinente pero lo que más provocó mi curiosidad analítica fue la alusión al viento colado. Viniendo de Villazón, la tierra desde donde se distribuyen las ventoleras al mundo, todo lo que tenga que ver con movimientos de aires nos interesa. 

 A estas alturas de la columna permítanme un comercial. Ayer sábado 20 de mayo fue aniversario de este jirón patrio. Loas y laureles a Villazón, el diamante que se pule solo, aunque últimamente también hay que agradecer a la apreciación del tipo de cambio real que hizo reverdecer la ciencia del comercio y revivir los mejores pilotos de la frontera, como se conoce  a estas personas que hacen pasar, por el puente que une La Quiaca con Villazón, fabulosos bifes de chorizo, dulces Sancor y toneladas de harina con el mismo arte y sabiduría.  

Pero volvamos a las ventoleras turbinadas y otros aires cruzados. Seguramente usted ha escuchado alguna vez decir: Huy,  aquí se siente un chiflón endiablado. También es conocido que el mal de whistupicus o boca chueca   se origina en chiflón de callejón.   Uno de los chiflones más temidos por las abuelas es el de zaguán de casa de tres patios que produce el mal de jolkes, que hace escupir piedras preciosas por donde pecamos. 

 También los vientos colados de solárium -que dan origen a la expresión: resfrío de calor- son mortales, razón por la cual los collitas poliglobúlicos, como su seguro servidor,  usamos camisetitas musculosas en toda ocasión. En suma, se trata de un vientecillo  furtivo y traicionero que se cuela por las ventanas mal cerradas, las rendijas sobornadas,  y las paredes con agujeros infinitos.

En tiempos pretéritos, si a alguien le agarraba un chiflón también significaba que esta persona había perdido el norte, el espíritu se le había desvencijado irremediablemente. Era justamente esta sensación a la que hacía referencia mi amigo de San Pedro, pero aplicada  a la gestión del Estado. Es decir, tremendos chiflones de corrupción comenzaban a surgir de los recovecos, agujeros, madrigueras del oscuro poder. De nada servía minimizarlos denominándolos microchiflonillos

En la opinión del Tuercas, estas ventosidades podridas dentro del Estado comenzaban a producir un desgaste irremediable en la estructura del poder y a quitarle  pliegues  y gracia a los candidatos a estatuas . No hablamos de casos concretos. Nos mantuvimos en el plano de la teoría de los chiflones.

 Más temprano que tarde los chiflones de la corrupción se convierten en huracanes y se llevan por delante todo, como en lo que está ocurriendo en el verde Brasil. Después, salir del lodazal del robo público lleva generaciones.  

El tema de corrupción, grande o pequeña, en la opinión del Tuercas, debía convertirse en el centro del debate nacional. Debería tener un abordaje sistémico e institucional, ser transversal y específico. Debería tener un abordaje preventivo, disuasivo y punitivo. Mi amigo sanpedrino sostenía que una de las batallas fundamentales para avanzar en su combate era la elección de jueces, pero que como estaba diseñado el sistema, a partir de la lógica de la reproducción del poder, él no auguraba éxitos; al contrario, sostenía que en  corredores, zaguanes, callejones, rendijas del Poder Judicial circulaban los chiflones más cínicos y peligrosos.

Coincidimos en que las páginas de la historia no avanzan si los chiflones sibilinos no desaparecen. Volver a imaginarse el futuro implica hacer desaparecer el flagelo de la corrupción; caso contrario, ésta carcome el cuerpo y alma de una nación. En nuestro caso, la primera batalla, sin duda, es construir una institucionalidad judicial transparente, competente e independiente.


 Nos despedimos con abrazo de oso y con sendos juramentos de llamarnos y tomar unas chelas. Sabíamos que tendríamos dificultades de cumplir las promesas, pero lo mejor del encuentro fue juntar su análisis político certero con mi experiencia con los vientos, de lo que surgió esta teoría de los chiflones.      


Gonzalo Chávez A. es economista.

Monday, May 15, 2017

Good Bye Lenin

Adiós a Lenin es una maravillosa película alemana ambientada poco después de la caída del Muro de Berlín. Christiane  es una orgullosa miembro del Partido Socialista Unificado de Alemania (PSUA). Comunista hasta los tuétanos, ahora diríamos, un soldado de proceso de cambio. Un bello día de 1989 pierde el conocimiento al ver a su hijo participar de una manifestación en contra de Erich Honecker y entra en un coma profundo. Despierta ocho meses después de la caída del régimen comunista aún muy delicada de salud.
 
 Por recomendación médica nada debe complicar su recuperación, menos aún saber del triunfo del capitalismo en su amada Alemania Oriental. Para salvarla, Alex, el hijo, convierte el departamento familiar en el último bastión del socialismo, en el que su madre vive creyendo que nada ha cambiado. Entre tanto, una mañana de sol descubre, desde su ventana, que había un enorme cartel publicitario de   la Coca Cola. El hijo le explica la situación diciéndole que en realidad la Coca Cola era una empresa fundada por el PSUA, por eso lo del color rojo revolucionario y que, después de una batalla internacional, esta transnacional había aceptado que había robado la idea de los socialistas alemanes y devuelto la empresa. 
 
En sus noches de convalecencia la señora veía noticiarios viejos que sus hijos pasaban por circuito cerrado. En cierta ocasión, por descuido, la última comunista ve un programa al vivo donde miles de alemanes orientales saltan desesperados sobre los restos de muro. Los familiares le comentan que, en realidad, los que se pasaban de lado eran los alemanes occidentales que, cansados del consumismo, el exceso de confort, los televisores a colores y otros mimos capitalistas, habían decidido abandonar estos lujos pequeños burgueses y pasar masivamente a la vida pacata y austera de la revolución. Durante años se crea una vida ficticia para la señora, pero al final la madre termina descubriendo que era una prueba de amor de sus hijos que temían que su corazón no aguantaría decir adiós a Lenin.  
 
Con mucho menos glamour que los cariñosos hijos de la comunista oriental pero con las mismas intenciones, nuestros neorevolucionarios se resisten a aceptar los serios problemas del modelo económico primario exportador, buscan crear una realidad paralela y presentar resultados económicos, y medidas de políticas públicas como novedades del ajuar de un novio con recorrido. En primer lugar, durante años se construyó la teoría del blindaje y particularmente se negó el problema del empleo, y la calidad de éste. Segundo, promoviendo la apreciación del tipo de cambio real, se consolidó un sector comercial formal e informal, donde se crearon miles de empleos de baja calidad y productividad y se presentó a la informalidad, en el discurso, como el horizonte del socialismo. 
 
 Ahora, con la caída de precios de las materias primas, se reconoce que uno de los síntomas de crisis es el desempleo. ¡En hora buena! Primer paso dado, pero como a la abnegada madre de la película Good bye Lenin, se le quiere dorar la píldora. En efecto, el nuevo Programa de Empleo se lo presenta coquetamente empaquetado en los celofanes de la propaganda como un avance en el proceso de cambio, cuando en realidad, en su parte central, se trata de un coñichi de políticas públicas del pasado. 
 
Los programas de Infraestructura Urbana y Protección y Habilitación de Áreas Productivas son zombis del Fondo Social de Emergencia (FSE) de la época de Paz Estenssoro y el Plan Nacional de Empleo de Emergencia (PLANE) de Tuto Quiroga, ambos criticados en su época -con razón, por muchos que ahora disfrutan de las mieles del poder- como siendo un programa neoliberal parche de empleos de baja calidad, que además rompía con la institucionalidad de los municipios, porque la ejecución estaba a cargo del Estado central.  Ahora se sigue el mismo camino porque quien implementará el programa será el Fondo Productivo Social, el nieto del FSE. Bueno a rigor, estos programas son de corte keynesiano para reactivar demanda agregada. 
 
 En periodos de sequía de ideas, como el actual, nada contra los recalentados o muertos vivientes, cuando el zapato ajusta eso es lo que hay que hacer en el corto plazo. Pero hoy como ayer la pregunta es la misma: ¿cuáles son las políticas de empleo de largo plazo pasado en julepe de la crisis? Aquí el Gobierno presenta dos programas que pueden ser interesantes siempre que estén enmarcados en políticas de desarrollo productivo y desarrollo de ecosistema de emprendimiento. A saber, está el programa de Inserción Laboral para trabajadores y jóvenes profesionales que será financiado por el Estado (paga entrenamiento, salud y jubilación)  y la empresa privada (paga salario). Esta política debía estar enfocada en actividades que generen exportaciones, impulsen innovación tecnológica, aumenten la productividad y tengan efecto derrame dentro de un cluster local. Así, en general, puede ser una fuente de prebendalismo. Mi apoyo a tu empresa por tu voto.   
 
 El más interesante es el Fondo para Capital Semilla, que propone dar créditos a las MyPes de reciente creación y nuevos emprendimientos. Pero este dinero aislado no funcionará, por lo que se debe trabajar con municipios, sector privado, bancos, universidades e impulsar ecosistema de la innovación y emprendimiento, sobre todo apoyando a los beneficiarios del capital, con aceleradoras e incubadoras de empresas para reducir riesgos.  Asimismo, está el Incentivo a la Generación de Empleo en las contrataciones públicas. Ésta es una mala idea, es una invitación al sobredimensionamiento de los costo de las obras. 
 
 Finalmente, el Gobierno acepta que existen problemas de desempleo y apela al odiado y criticado pasado para revivir viejas políticas keynesianas aplicadas por neoliberales, pero en la retórica discursiva se resiste a decir:  Good bye Lenin, aunque muchos piensan que aquí nunca ni si quiera se le dijo Hello Vladi, por lo que el corazón de la sociedad boliviana está roto por doble engaño.

No es un problema diferencias ideológicas, sino de coeficiente intelectual

Con frecuencia y con mucha razón la gente me dice que debemos pasar de la problemática a la solucionática. Del diagnóstico o de la  crítica ...