Monday, January 15, 2018

¿Podrá la economía salvar al Gobierno?

Retomo la pluma dominical después de unas breves vacaciones en el sur de Bolivia que guarda mi niñez y una belleza natural que resiste los látigos del tiempo.

Entre tanto, la coyuntura social y política en el país es implacable, no da tregua a sus actores y lectores, ni descansa frente a las fiestas de fin de año. Como resultado de la arbitraria decisión del Tribunal Constitucional Plurinacional de permitir la reelección indefinida de Morales, desconociendo la voluntad mayoritaria del referendo del 21 de febrero y la artera promulgación del Código Penal se aceleraron tensiones sociales y regionales. 

 Parte importante de la sociedad se organizó para la defensa de la democracia e, inesperadamente, los médicos lideraron una revuelta de la clase media contra artículos del Código Penal que criminalizaban el ejercicio de su profesión. 

 El despertar de la sociedad civil y la intensificación de los conflictos sociales marcarán tendencias del año electoral que abre sus cortinas. Además, en esta nueva coyuntura, el Gobierno enfrenta una fuerte pérdida de legitimidad y soporte político, que tiene causas múltiples: agotamiento después de 12 años de gobierno, varios casos de corrupción no resueltos, fracaso de varias políticas públicas, inoperancia de varias empresas estatales, errores políticos de magnitud, como el atropello a la Constitución, prepotencia en la gestión del poder y otros. 

 Frente al evidente desgaste, el Gobierno perdió el norte estratégico y la iniciativa política. Para contrarrestar el declive, la administración Morales se ha refugiado en la retórica y práctica autoritaria.
 Revive el discurso guerrero y violento que polariza la sociedad boliviana. Es el tiempo del pato o gallareta. La verdad revolucionaria debe vencer a la mentira conspiradora. La protesta social y política es vista como una conspiración.

 Para los estrategas del Gobierno, el proceso de cambio entró en su fase revolucionaria, se debe aplastar a todo el que se oponga al proyecto de poder.  Arrinconados por sus propios errores, el reverdecer de la sociedad y una oposición aún muy débil, pero más activa, el Gobierno retoma el discurso de la victimización, que en el pasado le funcionó muy bien, pero que ahora sólo es efectivo para sus bases más  radicales. Existe una conspiración contra el indígena. Todo se reduce a un tema racial, se retoma el lado fanático y religioso del proceso. El culto a la personalidad se convierte en arma política. Sin el Evo no hay vida, futuro o mejoras económicas.  

 El nacional populismo apela a la emoción y el sentimiento para defenderse, y se agazapa en el autoritarismo.  Entre tanto, el terreno social y político ahora es más pantanoso e incierto. La creación o relanzamiento de enemigos internos y externos es cada vez menos creíble. Son pocos los soportes racionales que habilitan las acciones del Gobierno. 

 El último recurso de legitimidad parece ser el desempeño económico de los últimos años vehiculado por el Gobierno como uno de los puntos más altos de su gestión. ¿Podrá el evoeconomics salvar el proyecto político? ¿O más bien estamos frente a un ídolo de barro? 

Concentrémonos en el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), que según el Gobierno, es uno de sus logros más importantes. En 12 años de gestión el PIB creció en promedio a una tasa cercana al 5% gracias a la bonanza inédita del sector externo, debido a los fabulosos precios de las materias primas y cuando este ciclo acabó, en 2015, en base a una fuerte sustentación de la demanda interna, apoyada en la inversión y gasto público. Pero cabe recordar que desde 2013 el crecimiento del PIB es cada vez menor, lo que muestra la gradual inefectividad de las políticas keynesianas de giutarreda.

 El gobierno del MAS, lo que fracaso fue el keynesianismo vulgar, lo que llame el keynesianismo de guitarreada, que gasta e invierte sin ton ni solo, solo enfocado en la acumulación de poder. De una manera más general, lo que está mostrando sus límites es populismo extractivista. 
Un keynesianismo inteligente apuesta a la diversificación productiva, a la innovación tecnológica, a las ciudades inteligentes, al desarrollo humano, etc


En 2013 el PIB llegó a 6,8%. En 2014, el crecimiento fue de 5,5%. Un año más tarde, 2015, una vez más el aparato productivo boliviano redujo el ritmo de su crecimiento a  4,9%. En 2016 el incremento tan sólo fue de 4,3%. El frenazo continuó en 2017, el PIB registró el 3,87 % (tres primeros semestres).

  Cabe resaltar que la ralentización de la economía se da en un contexto de deterioro de indicadores macroeconómicos:  cinco años consecutivos de déficit público, tres años de desajuste comercial (importaciones mayores que las exportaciones), incremento de la deuda interna y externa (más del 40% del PIB), perdida de reservas internacionales (éstas bajaron de cerca de 15.000 millones de dólares a 10.000 millones), tipo de cambio real apreciado (entorno del 26% según el FMI) y gasto e inversión pública ineficientes.  Concentrémonos en estas últimas variables que son elementos centrales en la demanda doméstica que sostiene el crecimiento. El gasto público corriente sigue elevado y superfluo y la inversión pública es poco efectiva. En efecto, ésta aumento significativamente, entre 2013 y 2017 pasó de 4.600 a 7.000 millones de dólares, pero paradójicamente el crecimiento del PIB fue, año a año, menor. 

 Esto muestra dos cosas: i) la insostenibilidad financiera de mediado plazo de estas políticas públicas y ii) los limites estructurales del modelo económico estatista primario exportador. 

 Desde una perspectiva de cortísimo plazo el desempeño económico continuará siendo una fuente de oxígeno político para el Gobierno. En 2018, ciertamente, el Gobierno echará la casa por la ventana en materia de gastos e inversiones públicas, con el objetivo de ganar las elecciones. Pero el futuro está hipotecado porque, desde una perspectiva estructural, se perdió una gran oportunidad para diversificar el aparato productivo, teniendo 60.000 millones de dólares adicionales de ingresos y en un mediano plazo, los costos de mantener la burbuja de consumo son muy elevados. 


En 2019, el Presidente Morales reelecto o un gobernante de la oposición en el poder deberá realizar ajustes dolorosos en la economía si no se quiere enfrentar una crisis económica de magnitud.
 
Gonzalo Chávez A. es economista. 

Monday, November 27, 2017

Creando un océano azul para la política

En el ámbito empresarial una compañía navega en un océano azul cuando ha sido capaz de elaborar una estrategia diferenciadora que le permite ser la única en el mercado, disfrutando de prestigio y buenos retornos. Contrariamente, las firmas están en un mercado de océano rojo cuando compiten duramente sólo en base a la reducción de costos.

 Veamos un ejemplo clásico y pionero de estrategia de océano azul. El circo como oferta de diversión para niños y jóvenes tiene centenas de años. El modelo de negocios de este tipo de entretenimiento ha cambiado muy poco. El espectáculo mostraba siempre animales maltratados, trapecistas subidos de peso y payasos sin gracia. Los circos estaban en la competencia del océano rojo, bajando el costo de las entradas y viajando a pueblos pobres. Hasta que llegó el Circo del Sol (Cirque du Soleil), que cambió completamente la propuesta de valor;  se atrevió a ser diferente y reinventó el circo mezclando varias artes: teatro, ópera y danza, ampliando su oferta de entretenimiento a toda la familia. Se volvió el único circo de calidad mundial, con una estrategia de diferenciación.

Entonces, una estrategia de océano azul no toma las condiciones de la industria como dadas; contrariamente, cambia éstas a su favor. Asimismo, una buena estrategia no busca derrotar a la competencia, sino hace que la competencia sea irrelevante. Además, el camino de océano azul se focaliza en crear y capturar una nueva demanda, y no pelear por los consumidores existentes. Es decir, está preocupada con los “no clientes”. Finalmente, no por eso menos importante, este tipo de estrategia  también busca simultáneamente la diferenciación de su producto o servicio y un bajo costo.

 Ahora bien, ¿es posible crear océanos azules en el ámbito de las propuestas políticas? Le propongo que justamente aplique esta metodología al leer este artículo y abra su mente, piense diferente.


Sostengo la hipótesis que a más de un año de las elecciones para Presidente en Bolivia, el mercado de la política tiene las característica de un océano rojo.   El mercado de la política está sobre saturado por una propuesta oficialista que no ha cambiado en 11 años y que ha cansado a un grueso sector de la población. En cuanto las ideas alternativas de la oposición, son muy fragmentadas, reactivas a lo que dice y hace el Gobierno. Se focalizan en la denuncia de los atropellos de diferente índole del Gobierno antes que en las propuestas alternativas  y no tienen creatividad.

 Ambas propuestas compiten por los  mismos grupos de votantes que, a rigor,  ya tienen definido su apoyo a una u otra opción. Se disputan, palmo a palmo, un mercado cada vez más pequeño del voto duro, aquel que es fiel a muerte. En un mar rojo, el objetivo central es destruir al oponente. Además, los costos de ofertar las mismas ideas son más costosos. Piense en el dinero que gasta el Gobierno en propaganda, para intentar convencer a gente que cada vez les cree menos. Sólo predican entre convertidos, gastando mucho dinero. En la caso de la oposición, también enfrenta elevados costos para difundir sus ideas. En suma, estamos en un mar rojo en el mercado de la política.

Es poco probable que desde el Gobierno se presente una propuesta novedosa, tiene congeladas las ideas por la lógica mantención del poder;  por lo tanto, el desafío está en la cancha de la oposición.  Entonces, ¿cómo podría ésta encaminarse a una estrategia de océano azul? Primero, no debía tomar nada como dado en la coyuntura actual, dejar de ser reactiva a lo que dice el Gobierno, proponer cambios creativos en el modelo económico social y político; es decir, buscar su propio Circo del Sol de las ideas políticas. Hay un mundo gigantesco de sueños y propuestas de desarrollo económico y social que explorar, contrariamente al “fin de la historia” que propone el oficialismo.

 La estrategia debe enfocarse en los dolores de los ciudadanos que se deben atender (seguridad ciudadana, empleo de calidad, respecto a la naturaleza, acceso a la tecnología y muchos otros) y las alegrías (más democracia y libertad) que hay que reforzar. El objetivo es hacer irrelevante la competencia política, concentrándose en una nueva propuesta de valor. Así superar el mercado del voto duro de oposición y oficialismo.  Buscar a los “no votantes”, a los ciudadanos que tienen otros sueños, que piensan que otra Bolivia es posible; es decir,  crear y capturar nuevos votantes y no pelear por los mismos.

Finalmente, se debe buscar la diferenciar radicalmente la propuesta. Ésta debe ser creativa en extremo, conectarse estructuralmente con la gente y  ser difundida a un costo muy bajo, para eso están las redes sociales.

 Aquí me enfoco en la metodología de la estrategia de océano azul, el desarrollo de los contenidos ideológicos, programáticos  y las propuesta concretas son tareas colectivas pendientes que deben desarrollarse. ¿Le parece descabellada la idea de usar técnicas del mundo del emprendimiento y la empresa para pensar la política?  Pues le comento que siguiendo este camino, jóvenes políticos, como Justin Trudeau en el Canadá y Emmanuel Macron en Francia, tuvieron mucho éxito. Así que no cuesta nada pensar diferente y buscar una estrategia política de océano azul para Bolivia.



Monday, November 20, 2017

La Microeconomía de gasohamburgazo y una sospecha macro

Una nueva gasolina (Ron91) y a un precio más elevado, 4,40 bolivianos, ha ingresado al mercado, produciendo un debate sobre las reales intenciones de esta medida. Veamos las razones microeconómicas y una sospecha macro.

En una economía de mercado y desde una perspectiva microeconómica es completamente legítimo y legal que la empresa estatal YPFB quiera introducir una gasolina de mayor octanaje para un público que desea obtener más rendimiento  y cuidar mejor de su motor.

Pero vamos por partes, como recomienda el descuartizador. En teoría, todos los consumidores tienen una reserva de valor diferente sobre los productos que consumen. Por ejemplo, valoran la gasolina de manera diversa y pocos saben qué es el octanaje.  El que vende el bien tiene más información sobre las características técnicas de éste que el que compra. Estamos en un mercado con asimetrías de información Así pueden existir personas que tienen un carro de lujo, que están mejor informadas sobre el desempeño de motores con gasolinas de diferente octanaje y que estarán dispuestas a pagar más por una nafta de mejor calidad. Entre tanto, también habrá gente que sólo quiere trabajar o moverse en su automóvil y no conoce nada de motores, menos aún de la relación octanaje/desempeño; por lo tanto,  estará dispuesta a pagar muy poco por la gasolina que usa.

La diferencia entre lo que estoy dispuesto a pagar y el precio que realmente pago se llama excedente del consumidor. De manera agregada, los consumidores siempre buscarán maximizar su excedente pagando lo menos posible por algo que valorizan mucho. Contrariamente, las empresas intentarán capturar la mayor cantidad del excedente del consumidor, cobrando el mayor precio posible a quien más aprecia su producto y está dispuesto a aflojar la billetera.

En una situación de mucha competencia, el mercado resuelve este problema. A alguien que no le gusta mucho una hamburguesa y tiene poco dinero podrá comprarse una Macdoña en la esquina; mientras que otro que tiene más morlacos y le gusta esta comida, consumirá una McDonald’s o su equivalente. La mayoría de las personas sabe distinguir entre una rica hamburguesa y otra que parece suela de zapato. Estamos frente a un mercado con información casi perfecta.

Caso diferente es un monopolio público como la producción de gasolina, donde el consumidor, para saber de la calidad  del producto, tiene que ser ingeniero químico y tener un pequeño laboratorio portátil para analizar el octanaje de la bencina, toda vez que carga el tanque, que no es el caso más común.

En este mercado existe una gran desigualdad de información entre el que vende y el que compra la nafta. En estos mercados complejos, el monopolio puede realizar una discriminación de precios perfecta. Si llega a la gasolinera un playboy, manejando un Ferrari, la empresa le cobraría el precio más alto. Pero si llega un hermano y compañero del proceso de cambio, manejando un viejo Lada soviético, le cobraría el menor precio posible.

Así,  el monopolio capturaría todo el excedente del consumidor burgués y del revolucionario vendiendo la misma gasolina. Esta estrategia de discriminación de precios es una práctica abusiva e ilegal y para evitar estas acciones, los monopolios son regulados, en precio y calidad, por el Estado.

Otra alternativa para el monopolio es separar los mercados diferenciando precios y promoviendo la autoselección. Diferenciar precios es cobrar diferentes valores por diferentes productos. Este es el camino seguido por YPFB.

El productor - vendedor de gasolina conoce  la heterogeneidad de las preferencias de los consumidores, pero no consigue identificar a cada tipo de consumidor. También enfrenta asimetrías de información en el mercado de venta. Por lo tanto, establece varios tipos de precios de calidad diferente. Gasolina Especial 85 octanaje, Ron91 y Premium95, y deja al mercado que organice los grupos de consumidores.

Así se captura de mejor manera el excedente del consumidor, pero no de manera perfecta. Esto no es ilegal pero puede ser ineficiente si el consumidor no distingue entre estos tipos de productos y sólo compra lo barato. Así que YPFB puede que esté haciendo mucha prestidigitación técnica para pocos resultados. Podría haber relanzado la gasolina Premium y listo.

Veamos el lado del consumidor. Me comentan mis amigos que saben de automóviles, que para apreciar la diferencia entre una gasolina de más octanaje u otra de menos debes saber bastante de tuercas. Además, tener un carro sofisticado y caro preferentemente deportivo. Ahora si tienes un cacharro algo veteco y de cilindrada menor a 1.600cc, puede que no sea una buena opción echarle gasolina de más octanaje. Es como darle un whisky puro malta al que está acostumbrado al tirillo.
Puede hasta hacerle mal y fundir bielas.

En la actualidad, en el mercado boliviano hay gente sofisticada al volante con carros de lujos, el Ron91 estaría dirigido  a este público. Es el socialismo trabajando para los ricos en el tema de calidad y para la mayoría del pueblo automotor (más del 80% del total del parque automotor, me dicen) gasolina de baja calidad. Ahora bien, para agradar al club de los Hummer, es necesario garantizar la calidad de la gasolina ofrecida. Aquí la Agencia Nacional de Hidrocarburos debería certificar el octanaje de la nueva gasolina. No vaya a  ser que vendan gato por libre.

Desde el punto de vista macroeconómico, el tema de la nueva gasolina a un precio más elevado tiene que ver con una sospecha. Dado los graves déficits públicos que registra la economía boliviana por cuatro años consecutivos, la hambruna de ingresos, y conociendo que un incremento de precios es un gran recaudador, los malpensados creen que esta es una jugada política antes que una estrategia de diferenciación de precios. Es un gasolinazo a futuro del 17,6%, bajo el supuesto de que desaparezca la gasolina especial después de 2019. O ¿será antes? Se reciben apuestas.

Sunday, November 12, 2017

Raices y antenas académicas

La semana anterior participé de la Convención Mundial de Eduniversal en Dubái, evento que reúne a las principales escuelas de negocios de todos los continentes. Fue una oportunidad para evaluar las principales tendencias académicas y de gestión administrativa de la educación superior en las áreas de administración de empresas, negocios internacionales, emprendimiento, finanzas y otras ramas. Hoy me permito compartir con ustedes los principales desafíos planteados y algunas conclusiones del evento.

Entre las principales tendencias globales que están afectando la educación en el área de negocios se identificó una creciente competencia entre universidades tanto a nivel local como internacional, y el desafío de desarrollar una cultura emprendedora en todo el ecosistema académico, superando la idea que la universidad sólo busca la empleabilidad de sus estudiantes y rompiendo con la gestión administrativa burocrática de las casas superiores de estudio. También es un reto central realizar investigación aplicada que beneficie a la comunidad y a las empresas. Universidad y empresas deben caminar cada vez más juntas. Asimismo, está el desafío de desarrollar el talento creativo e innovador en las organizaciones académicas (profesores, estudiantes y administrativos), sólo de esta manera se podrá lidiar con la presión de la competencia cada vez más globalizada. Ejemplos de ello son ciudades como Dubái, donde decenas de universidades norteamericanas y europeas tienen sedes con grupos de profesores compuestos por hasta 50 nacionalidades y alumnos de diversas procedencias. En nuestro continente, universidades chilenas y mexicanas tienen presencia en Miami o Panamá y avanzan en la internacionalización. También existen casos como universidades francesas, por ejemplo Ekema, que tiene campus en China, Brasil  y Estados Unidos.  En un futuro cercano, no debería extrañarnos que el Tec de Monterrey, el Incae u otra universidad de renombre habrá campus en Bolivia colocando nuevos retos a los servicios educativos nacionales.

Asimismo, están los retos de cómo combinar el liderazgo emprendedor y empresarial  de las escuelas de negocios con los valores y principios éticos. Más aún, cómo formar nuevas generaciones de emprendedores y profesionales con mayor responsabilidad social y ambiental que sean capaces de generar valores para las empresas pero también para las comunidades. Que las escuelas de negocios sean dínamos de ecosistemas emprendedores donde se obtenga no sólo conocimientos o se dividan experiencias sino lo más importante: se comparta sabiduría. Es decir inteligencia creativa en los negocios con solidaridad social y ambiental.

Por supuesto, también está la tarea de incorporar las tecnologías de la información y la comunicación en la propuesta diferenciadora de las escuelas de negocios sin perder calidad académica. Cabe recordar que en todos los sectores y actividades de la economía mundial cada vez se incorporan más avances tecnológicos como la big data, el Internet de las cosas, la inteligencia artificial, la computación cuántica y otros cambios que ya están revolucionando los modelos de negocios.

Ejemplos radicales de ello son: Uber, la compañía de taxis más grandes del planeta que no posee un solo automóvil; o Alibaba, la empresa más gigante de logística y distribución del planeta que no tiene un sólo almacén; o Facebook, que gestiona una red de 2.000 millones de ciudadanos virtuales sin producir un sólo contenido. En este nuevo mundo, en un minuto, WhatsApp manda 16 millones de mensajes, se twittean 452 mil ideas, más de 70.000 usuarios entran a Netflix, Google realiza 3,5 millones  de búsquedas o 4,1 millones de personas ven un video en YouTube.  Por supuesto, que estos cambios ya están llegando a la industria educativa; entonces, las preguntas centrales son: ¿Qué deben hacer las escuelas de negocio frente a estas transformaciones? ¿Qué y cómo enseñar para este nuevo mundo? ¿Qué valores pasar a las comunidades académicas de la actualidad? Asimismo, frente a estos desafíos tecnológicos y globalizados, cómo responder a las necesidades locales y concretas de empresas y personas? ¿Cómo nuestras escuelas de negocios deben ser, al mismo tiempo,  antenas sintonizadas con el mundo y raíces conectadas con la gente? ¿Cómo ser global y local (glocal)?

La mayoría de los participantes de Convención Mundial que vienen de los cinco continentes, no creen en respuestas fáciles para  estos desafíos, menos que existan recetas que se puedan aplicar de manera general. Cada escuela de negocios, cada universidad, cada país debe buscar su camino e identidad, buscar dosificar y customizar las siguientes ideas: promover un ecosistema y cultura de emprendimiento impulsado por la academia, respaldado  por el Gobierno, sostenido por el sector privado, liderado por los jóvenes, inspirado en la creatividad y la innovación, basado en el conocimiento y la sabiduría y orientado hacia el futuro.

Sin duda, menuda tarea que debería haber comenzado ayer. La Escuela de la Producción y la Competitividad (ePC) y Maestrías para el Desarrollo (MpD) de la Universidad Católica San Pablo están en la tarea de construir un nuevo tipo de escuelas de negocios que reconcilie calidad académica, innovación tecnológica y solidaridad social basada en principios católicos, por este esfuerzo de sus autoridades, profesores, alumnos, graduados y administrativos fue reconocida como la mejor escuela de negocios de Bolivia y una de la más innovadora de América Latina por Eduniversal en Dubái. Orgullo y agradecimiento infinito.



Monday, November 6, 2017

Desaceleraciones que avanzan y déficits saludables

La historia política boliviana está llena de eufemismos lingüísticos, como relocalización, para ocultar un despido masivo de trabajadores, o reajuste de precios, para justificar un gasolinazo. Entre tanto, la prestidigitación del idioma ha alcanzado niveles épicos en la actualidad. Veamos los atropellos al sentido común más notables.  La economía se desacelera pero igual vamos más rápido, dice el Gobierno. Este galimatías fue construido para justificar la caída de la tasa de crecimiento de la economía (3,94%), para el periodo comprendido entre junio de 2016 y junio de 2017.

La ralentización de la economía no es fenómeno nuevo, se produce desde 2013. Este año el Producto Interno Bruto (PIB) creció al 6,24%, si tomamos como referencia el periodo anualizado al primer semestre. Posteriormente comenzó la desaceleración, 5,98% en  2014; 5,32% en 2015; 4,46% en  2016 y, finalmente, 3,94% en 2017. La economía de Bolivia crece pero cada vez a una menor tasa.

Dos apuntes sobre este desempeño, teniendo en cuenta que la inversión pública es un componente clave de la demanda agregada doméstica. Primero, la desaceleración del carro de la economía se da a pesar del fuerte incremento de la inversión pública. Hasta 2016 ésta llegó a 5.064 millones de dólares. Para  2017 la meta es muy ambiciosa, 6.189 millones de verdes, pero a octubre del año en curso, la ejecución de la inversión pública habría llegado tan sólo al 38%, lo que llevó al presidente Morales a reclamar de sus ministros.

Segundo, la  ralentización se produjo a la par de la concentración  de la inversión pública en la administración central. En efecto, en el año 2013 el Estado central ejecutaba el 50% del total de la inversión pública. En 2016 esta participación llegó al 70%. Para  2017 esta variable podría llegar al 83%. Para las regiones (gobernaciones y municipios): el fierro neoliberal, ajustarse los pantalones; para el centralismo: las mieles del populismo fiscal. Billetera abierta mata galán. A gastar con todo.

 A pesar de la contundencia de los datos que muestran la desaceleración de la economía boliviana, desde la cúspide del poder insisten en que éste no es un problema, y contraargumentan que somos el país de mejor desempeño de la región latinoamericana, lo cual es, sin duda, una buena noticia, pero con pocos efectos prácticos.

Estamos mejor que los vecinos. No vivimos en el caos y miseria del socialismo del siglo XXI de Venezuela o en la profunda recesión brasileña. Pero personas y empresas del sector productivo nacional no viven en términos relativos sino absolutos. Padecen sus penas y glorias aquí y ahora. Y en Bolivia no es lo mismo ser un comerciante informal que un productor local, por ejemplo.  Muchas actividades sufren con la desaceleración económica y no sirve de consuelo saber que hay países en peor situación.  

Pero avancemos en la explicitación de los excesos lingüísticos y propagandísticos. Por ejemplo, en la página web del Ministerio de Economía y Finanzas se lee la siguiente afirmación: "Bolivia registra un déficit comercial saludable”. Dada la asociación entre medicina y economía, equivaldría a decirle a una persona: "Qué bien te sentó esa diarrea, bajaste varios kilos. Velo por el lado amable, casi te vas en aguas pero recuperaste el garbo”. Son males que hacen bien.

El sui géneris argumento del déficit comercial saludable es que estaríamos comprando más cosas de afuera para fortalecer la matriz productiva nacional. Por ejemplo, los bienes de capital aumentaron en 8,8%, entre 2016 y 2017. Los incrementos serían del 21,4% en la importación de bienes para la agricultura y 15,9% en bienes para la industria. El subtexto del argumento es que en el corto plazo perdemos plata, pero es para que el mercado local crezca. Si estas importaciones fueran para diversificar el aparato productivo y que después éste generara mayores ingresos de exportaciones, se podría aceptar esta explicación, pero viendo que los últimos años se consolidó el modelo primario exportador extractivista, esta justificación es falaz. Nos estamos desangrando y esto no es sano.

 Un otro argumento capcioso del oficialismo es que el déficit fiscal sería bueno para la economía boliviana. Como es conocido que ya son  cuatro años consecutivos de un agujero fiscal in crescendo. La justificación de este alegado supone que la inversión y el gasto público nos darán frutos en el mediano plazo. Las inversiones tendrán rentabilidad a futuro. Pero observando el portafolio  de los gastos de capital de los últimos 11 años, hay muchas dudas sobre si se camina en la dirección señalada o ¿cuál es el beneficio de coliseos donde sólo juegan los ratones? ¿De aeropuertos a donde no llegan aviones? ¿De museos sin gente? ¿De edificios improductivos? ¿De carreteras que no conectan polos productivos? O ¿plantas petroquímicas sin gas ni mercados? ¿De empresa públicas sin insumos productivos? ¿De proyectos carreteros que destruirán la naturaleza?

En suma, la ralentización de la economía se da en un contexto de deterioro de indicadores económicos: aumento del déficit comercial y público, incremento de la deuda externa,  gasto público ineficiente, baja productividad y tipo de cambio real apreciado. Así,  los cosas podrían complicarse. Y cuando esto ocurra de nada servirán los malabarismos lingüísticos y la propaganda. Así que, hablemos claro. Este es un primer paso para hacer correcciones.

Gonzalo Chávez A.  es economista.

Monday, October 30, 2017

Océano Azul para nuestras empresas

Este domingo, un poco de teoría vinculada al desarrollo empresarial. Uno de los desafíos más complejos en cualquier firma o institución es, por una parte, entender o proponer un modelo de negocios, para uno es bueno en el mercado, y por otra, elaborar una estrategia de largo plazo que le brinde sostenibilidad al proyecto económico y social.

Business Model Generation (Canvas) y la Estrategia de Océano Azul son dos metodologías muy utilizadas para elaborar modelos de negocios y estrategias, tanto de instituciones públicas como privadas. En el primer caso ayuda encontrar la propuesta de valor que más encaje con las necesidades de los clientes o usuarios de una empresa. Por ejemplo, zapatos que respiran para las personas que tienen problemas de sudoración en los pies. En el segundo caso, la metodología permite elaborar una estrategia creativa, innovadora y singular para servir al mercado o la comunidad.

Según A. Osterwalder, la esencia de todo modelo de negocios se encuentra en el encaje que se logra entre la propuesta de valor de la institución y los clientes. La propuesta de valor es una respuesta a las alegrías y los dolores de los usuarios.  Cuántas veces nos hemos encontrado  con productos o servicios que parecen diseñados para nosotros y que su uso nos hace la vida más fácil, y felíz. También hay ocasiones en las que un bien nos resuelve algún problema o dolor como persona o empresa. Pero una vez definido el modelo de negocio, viene el desafío de cómo hacer correr el emprendimiento.  ¿Cuál es la estrategia de la institución, cuál es mirada de largo plazo de la empresa, cuál es el camino a seguir?

 Según uno de los gurús del planeamiento estratégico, Michael Porter, la gerencia contemporánea se enfrenta al dilema no excluyente de apostar a la eficacia operacional o la posición estratégica para alcanzar el éxito empresarial. En el primer caso, la gestión de la empresa se concentra en ser la mejor en un determinado mercado asimilando, logrando y extendiendo las mejores prácticas administrativas que mejoren la operación en la cadena de valor.


Generalmente, este camino apuesta a una táctica de bajar costos como manera de tener una mayor participación en la torta del mercado. Este camino de pelear por un pedazo de la misma torta fue denomina como estrategia de océano rojo (W. Chan Kim y Renée Mauborgne) porque implica una pelea dura y sangrienta, con los cuchillos pendencieros para cortar costos, que al final tiñen el mar de la competencia de rojo. En la actualidad, un camino imprescindible es el posicionamiento estratégico, la competencia, no para ser el mejor, sino para ser el único en el mercado. Para ello, la empresa busca una posición diferenciadora, sostenible y única respecto a los competidores; es decir, navegar en un océano azul.

 Guy Kawasaki, líder de la empresa Apple, resumió la disyuntiva en la siguiente frase: "Al final, o eres diferente o eres barato”. Optar por ser diferente, único y, por lo tanto  estratégico es alimentarse de la creatividad, la innovación y tanto del emprendimiento (creando nuevas empresas) como del intraemprendimiento (reinventando algo dentro de la empresa).

Veamos dos ejemplos pioneros en la línea estratégica. El circo como oferta de diversión para niños y jóvenes tiene centenas de años. El modelo de negocios de este tipo de entretenimiento ha cambiado muy poco. El espectáculo mostraba siempre animales maltratados, trapecistas subidos de peso y payasos sin gracia. Los circos estaban en la competencia del océano rojo, bajando el costo de las entradas y viajando entre pueblos pobres. Hasta que llegó el Circo del Sol (Cirque du Soleil), que cambió completamente la propuesta de valor,  se atrevió a ser diferente y reinventó el circo mezclando varias artes: teatro, ópera y danza, ampliando su oferta de entretenimiento a toda la familia. Se volvió el único circo de calidad mundial, con una estrategia de diferenciación.

 La industria de la literatura y el cine del terror proporcionan otro ejemplo. El conde Drácula, cuyo principal actor murió hace pocos años, Christopher Lee, fue fuente de las pesadillas de muchas generaciones. Libros y películas sobre vampiros esparcieron pánico y sangre hasta  los años 70, porque después el género entró en desgracia. Las nuevas generaciones  de aficionados al cine y la literatura ignoraban el clásico libro Bram Stoker que dio origen al temible personaje de dientes afilados, de 1897, y los filmes del Conde Drácula, el caballero de la noche, fueron exiliados en viejas cinematecas.

 Pero emprendedores piratas revivieron el género. Reinventaron a Drácula, quien ahora es apuesto, joven, enamoradizo, fiel y sale de día;  es un vampiro vegetariano y ecologista, que encanta y seduce, y no así un chupasangre desalmado.   Piense en la película Crepúsculo o las decenas de libros de la colección El vampiro adolescente.

 En cuanto a la industria tradicional del cine de terror,  se empeña en teñir con más sangre el mar de la competencia, el nuevo draculín navega por aguas azules haciendo suspirar a las adolescentes. Ha generado una propuesta única de valor en  relación con los competidores. En estas industrias del entretenimiento se atrevieron a pensar diferente, a pensar fuera de la caja, a crear una estrategia diferente.

 Para los interesados en estos temas, Kim y Mauborgne han lanzado un nuevo libro el mes pasado: Blue Ocean Shift. Beyond Competing.

Monday, October 23, 2017

Selfies con el FMI y el conjuro de los yatiris

!Pare de gastar! !Controle su fiebre de consumo! Y !Pare de sufrir!. Ya es oficial que no habrá segundo aguinaldo. Esto fue anunciado desde la cúspide del poder. Así que lo dejarán, por segundo año consecutivo, con los crespos hechos y el arrebato en la puerta, pero, en contra parte,  son buenas noticias para las billeteras de los productores nacionales, pequeños y medianos.

Este es un resultado de la desaceleración de la economía boliviana que el gobierno insisten en negar con todo tipo de prestidigitaciones estadísticas, tortura de datos y empalagosa propaganda. Pero los números son fríos y claros. La cúspide del crecimiento económico se dio el año 2013 cuando el producto interno bruto (PIB) - toda los bienes y servicios producidos en un año en Bolivia - subió a 6,8%. Pututos al viento y coro de ñustas sopranos. Las puertas del paraíso revolucionario se abrían de par en par.  En la épica oficial era el efecto de la magia del nuevo modelo. En la práctica era el resultado de la lotería de los precios de la materias primas.     Después de este periodo áureo, la  economía boliviana comenzó a acompañar la letra del viejo tango argentino que dice: cuesta abajo en la rodada. En el 2014, el crecimiento fue de 5.5%. Un año más tarde, 2015, una vez más el aparato productivo boliviano creció pero más lentamente,  4.9%. El año pasado, 2016, nuevamente se frenó la economía y la velocidad del coche se redujo a 4,3%. Este año, en el primer trimestre tanto sólo se creció a 3.3 por ciento y hasta fin del 2017 es muy probable que el desempeño esté en torno de 4%. En este contexto, para que el economía boliviana crezca al 4,5% y todo los trabajadores formales seamos bendecidos por el segundo aguinaldo, la economía debió crecer 5.96% en el 2do semestre del 2017. Cosa que no ocurrió. Entre tanto,  es preocupante que no se tengan las informaciones del crecimiento a mitad del semestre y sospechosamente se haya cambiado al director del INE, que lo estaba haciendo muy bien. Como dice el líder máximo no quisiera pensar que se están cocinando los datos con la ayuda de los yatiris y curacas del proceso de cambio.

El aparato propagandístico del gobierno ha sacado toda su artillería para mostrar que aunque andemos más lento estamos mejor que varias economías de América Latina. Por supuesto , si te comparas con los desastres económicos Venezuela o Brasil, hay motivos de sobra para sacar pechito de bronce. En esa dirección, el gobierno, perdiendo el pudor ideológico, se saca coquetas selfis con las proyecciones de crecimiento del otrora odiado FMI. Hasta estos engendros del imperio se ponen en un cúbito ventral frente a los resultados del modelo primario exportador extractivista, sostiene la propaganda. La euforia con un crecimiento que va de bajada me recuerda al periodo de la dictadura banzerista, que también exhibía en la vitrina política los datos económicos como gran legitimador de su gestión. Connotados jerarca de la nomenclatura actual, opositores del régimen de la época, cuestionaban debilidad y poco sustento productivo del crecimiento de esos siete años, que promedio superó el 5,6% al año, usando argumentos como que se basaba en déficit públicos no sostenibles y excesivo endeudamiento. Con razón se criticaba que esa estrategia de sustentación del crecimiento era artificial. Pero ¡Oh, sorpresa! Se sigue el mismo camino en la actualidad.

En una mirada más amplia, hoy como ayer, los dueños del poder se concentran en la espuma de la historia, como dice Fernando Braudel, porque si analizamos los ríos profundos de la estructura de la economía veremos que el crecimiento de largo plazo y otras variables económicas, financieras y sociales siguen colocándonos como uno de los países más retrasados de la región. Pero el narcisismo macroeconómico no tienen límites. Duck face para la próxima selfie, o en una traducción libre: Boquita como potito de gallina para la próxima fotito.

Ahora bien, cabe resaltar que  la ralentización de la economía boliviana se da en el momento en que el gobierno pone toda la carne al asador keynesiano, es decir en una situación donde tanto el gasto como la inversión pública son los más altos de estos últimos 11 años. En efecto,  en el año 2017, la inversión pública superará los 6000 millones de dólares (será superior en 22% respecto al año pasado)  y el crecimiento económico con suerte pasará del 4%. Son las paradojas del nacional desarrollismo: cuanto más gastas menos creces. Este resultado, probablemente está mostrando los límites del modelo.

Imagínese la economía boliviana como una peta que anda cada vez a una menor velocidad y el gobierno fuerza la máquina colocándole gasolina de aviación. Es obvio que el escarabajo no volará y más bien, puede hasta  fundir bielas. El más que cada vez genera menos” posiblemente ocurre porque la inversión y el gasto son cada más ineficientes, se gasta a la loca o, en gran medida, porque la inversión se viene concentrando en la administración central del gobierno. En el 2013, la mitad de la inversión pública la hacían los gobiernos regionales. En el 2017, tan solo el 17% de esta está en manos de municipios y gobernaciones y el 83% en el gobierno central.


¿Podrá la economía salvar al Gobierno?

Retomo la pluma dominical después de unas breves vacaciones en el sur de Bolivia que guarda mi niñez y una belleza natural que resiste los ...