Monday, November 20, 2017

La Microeconomía de gasohamburgazo y una sospecha macro

Una nueva gasolina (Ron91) y a un precio más elevado, 4,40 bolivianos, ha ingresado al mercado, produciendo un debate sobre las reales intenciones de esta medida. Veamos las razones microeconómicas y una sospecha macro.

En una economía de mercado y desde una perspectiva microeconómica es completamente legítimo y legal que la empresa estatal YPFB quiera introducir una gasolina de mayor octanaje para un público que desea obtener más rendimiento  y cuidar mejor de su motor.

Pero vamos por partes, como recomienda el descuartizador. En teoría, todos los consumidores tienen una reserva de valor diferente sobre los productos que consumen. Por ejemplo, valoran la gasolina de manera diversa y pocos saben qué es el octanaje.  El que vende el bien tiene más información sobre las características técnicas de éste que el que compra. Estamos en un mercado con asimetrías de información Así pueden existir personas que tienen un carro de lujo, que están mejor informadas sobre el desempeño de motores con gasolinas de diferente octanaje y que estarán dispuestas a pagar más por una nafta de mejor calidad. Entre tanto, también habrá gente que sólo quiere trabajar o moverse en su automóvil y no conoce nada de motores, menos aún de la relación octanaje/desempeño; por lo tanto,  estará dispuesta a pagar muy poco por la gasolina que usa.

La diferencia entre lo que estoy dispuesto a pagar y el precio que realmente pago se llama excedente del consumidor. De manera agregada, los consumidores siempre buscarán maximizar su excedente pagando lo menos posible por algo que valorizan mucho. Contrariamente, las empresas intentarán capturar la mayor cantidad del excedente del consumidor, cobrando el mayor precio posible a quien más aprecia su producto y está dispuesto a aflojar la billetera.

En una situación de mucha competencia, el mercado resuelve este problema. A alguien que no le gusta mucho una hamburguesa y tiene poco dinero podrá comprarse una Macdoña en la esquina; mientras que otro que tiene más morlacos y le gusta esta comida, consumirá una McDonald’s o su equivalente. La mayoría de las personas sabe distinguir entre una rica hamburguesa y otra que parece suela de zapato. Estamos frente a un mercado con información casi perfecta.

Caso diferente es un monopolio público como la producción de gasolina, donde el consumidor, para saber de la calidad  del producto, tiene que ser ingeniero químico y tener un pequeño laboratorio portátil para analizar el octanaje de la bencina, toda vez que carga el tanque, que no es el caso más común.

En este mercado existe una gran desigualdad de información entre el que vende y el que compra la nafta. En estos mercados complejos, el monopolio puede realizar una discriminación de precios perfecta. Si llega a la gasolinera un playboy, manejando un Ferrari, la empresa le cobraría el precio más alto. Pero si llega un hermano y compañero del proceso de cambio, manejando un viejo Lada soviético, le cobraría el menor precio posible.

Así,  el monopolio capturaría todo el excedente del consumidor burgués y del revolucionario vendiendo la misma gasolina. Esta estrategia de discriminación de precios es una práctica abusiva e ilegal y para evitar estas acciones, los monopolios son regulados, en precio y calidad, por el Estado.

Otra alternativa para el monopolio es separar los mercados diferenciando precios y promoviendo la autoselección. Diferenciar precios es cobrar diferentes valores por diferentes productos. Este es el camino seguido por YPFB.

El productor - vendedor de gasolina conoce  la heterogeneidad de las preferencias de los consumidores, pero no consigue identificar a cada tipo de consumidor. También enfrenta asimetrías de información en el mercado de venta. Por lo tanto, establece varios tipos de precios de calidad diferente. Gasolina Especial 85 octanaje, Ron91 y Premium95, y deja al mercado que organice los grupos de consumidores.

Así se captura de mejor manera el excedente del consumidor, pero no de manera perfecta. Esto no es ilegal pero puede ser ineficiente si el consumidor no distingue entre estos tipos de productos y sólo compra lo barato. Así que YPFB puede que esté haciendo mucha prestidigitación técnica para pocos resultados. Podría haber relanzado la gasolina Premium y listo.

Veamos el lado del consumidor. Me comentan mis amigos que saben de automóviles, que para apreciar la diferencia entre una gasolina de más octanaje u otra de menos debes saber bastante de tuercas. Además, tener un carro sofisticado y caro preferentemente deportivo. Ahora si tienes un cacharro algo veteco y de cilindrada menor a 1.600cc, puede que no sea una buena opción echarle gasolina de más octanaje. Es como darle un whisky puro malta al que está acostumbrado al tirillo.
Puede hasta hacerle mal y fundir bielas.

En la actualidad, en el mercado boliviano hay gente sofisticada al volante con carros de lujos, el Ron91 estaría dirigido  a este público. Es el socialismo trabajando para los ricos en el tema de calidad y para la mayoría del pueblo automotor (más del 80% del total del parque automotor, me dicen) gasolina de baja calidad. Ahora bien, para agradar al club de los Hummer, es necesario garantizar la calidad de la gasolina ofrecida. Aquí la Agencia Nacional de Hidrocarburos debería certificar el octanaje de la nueva gasolina. No vaya a  ser que vendan gato por libre.

Desde el punto de vista macroeconómico, el tema de la nueva gasolina a un precio más elevado tiene que ver con una sospecha. Dado los graves déficits públicos que registra la economía boliviana por cuatro años consecutivos, la hambruna de ingresos, y conociendo que un incremento de precios es un gran recaudador, los malpensados creen que esta es una jugada política antes que una estrategia de diferenciación de precios. Es un gasolinazo a futuro del 17,6%, bajo el supuesto de que desaparezca la gasolina especial después de 2019. O ¿será antes? Se reciben apuestas.

Sunday, November 12, 2017

Raices y antenas académicas

La semana anterior participé de la Convención Mundial de Eduniversal en Dubái, evento que reúne a las principales escuelas de negocios de todos los continentes. Fue una oportunidad para evaluar las principales tendencias académicas y de gestión administrativa de la educación superior en las áreas de administración de empresas, negocios internacionales, emprendimiento, finanzas y otras ramas. Hoy me permito compartir con ustedes los principales desafíos planteados y algunas conclusiones del evento.

Entre las principales tendencias globales que están afectando la educación en el área de negocios se identificó una creciente competencia entre universidades tanto a nivel local como internacional, y el desafío de desarrollar una cultura emprendedora en todo el ecosistema académico, superando la idea que la universidad sólo busca la empleabilidad de sus estudiantes y rompiendo con la gestión administrativa burocrática de las casas superiores de estudio. También es un reto central realizar investigación aplicada que beneficie a la comunidad y a las empresas. Universidad y empresas deben caminar cada vez más juntas. Asimismo, está el desafío de desarrollar el talento creativo e innovador en las organizaciones académicas (profesores, estudiantes y administrativos), sólo de esta manera se podrá lidiar con la presión de la competencia cada vez más globalizada. Ejemplos de ello son ciudades como Dubái, donde decenas de universidades norteamericanas y europeas tienen sedes con grupos de profesores compuestos por hasta 50 nacionalidades y alumnos de diversas procedencias. En nuestro continente, universidades chilenas y mexicanas tienen presencia en Miami o Panamá y avanzan en la internacionalización. También existen casos como universidades francesas, por ejemplo Ekema, que tiene campus en China, Brasil  y Estados Unidos.  En un futuro cercano, no debería extrañarnos que el Tec de Monterrey, el Incae u otra universidad de renombre habrá campus en Bolivia colocando nuevos retos a los servicios educativos nacionales.

Asimismo, están los retos de cómo combinar el liderazgo emprendedor y empresarial  de las escuelas de negocios con los valores y principios éticos. Más aún, cómo formar nuevas generaciones de emprendedores y profesionales con mayor responsabilidad social y ambiental que sean capaces de generar valores para las empresas pero también para las comunidades. Que las escuelas de negocios sean dínamos de ecosistemas emprendedores donde se obtenga no sólo conocimientos o se dividan experiencias sino lo más importante: se comparta sabiduría. Es decir inteligencia creativa en los negocios con solidaridad social y ambiental.

Por supuesto, también está la tarea de incorporar las tecnologías de la información y la comunicación en la propuesta diferenciadora de las escuelas de negocios sin perder calidad académica. Cabe recordar que en todos los sectores y actividades de la economía mundial cada vez se incorporan más avances tecnológicos como la big data, el Internet de las cosas, la inteligencia artificial, la computación cuántica y otros cambios que ya están revolucionando los modelos de negocios.

Ejemplos radicales de ello son: Uber, la compañía de taxis más grandes del planeta que no posee un solo automóvil; o Alibaba, la empresa más gigante de logística y distribución del planeta que no tiene un sólo almacén; o Facebook, que gestiona una red de 2.000 millones de ciudadanos virtuales sin producir un sólo contenido. En este nuevo mundo, en un minuto, WhatsApp manda 16 millones de mensajes, se twittean 452 mil ideas, más de 70.000 usuarios entran a Netflix, Google realiza 3,5 millones  de búsquedas o 4,1 millones de personas ven un video en YouTube.  Por supuesto, que estos cambios ya están llegando a la industria educativa; entonces, las preguntas centrales son: ¿Qué deben hacer las escuelas de negocio frente a estas transformaciones? ¿Qué y cómo enseñar para este nuevo mundo? ¿Qué valores pasar a las comunidades académicas de la actualidad? Asimismo, frente a estos desafíos tecnológicos y globalizados, cómo responder a las necesidades locales y concretas de empresas y personas? ¿Cómo nuestras escuelas de negocios deben ser, al mismo tiempo,  antenas sintonizadas con el mundo y raíces conectadas con la gente? ¿Cómo ser global y local (glocal)?

La mayoría de los participantes de Convención Mundial que vienen de los cinco continentes, no creen en respuestas fáciles para  estos desafíos, menos que existan recetas que se puedan aplicar de manera general. Cada escuela de negocios, cada universidad, cada país debe buscar su camino e identidad, buscar dosificar y customizar las siguientes ideas: promover un ecosistema y cultura de emprendimiento impulsado por la academia, respaldado  por el Gobierno, sostenido por el sector privado, liderado por los jóvenes, inspirado en la creatividad y la innovación, basado en el conocimiento y la sabiduría y orientado hacia el futuro.

Sin duda, menuda tarea que debería haber comenzado ayer. La Escuela de la Producción y la Competitividad (ePC) y Maestrías para el Desarrollo (MpD) de la Universidad Católica San Pablo están en la tarea de construir un nuevo tipo de escuelas de negocios que reconcilie calidad académica, innovación tecnológica y solidaridad social basada en principios católicos, por este esfuerzo de sus autoridades, profesores, alumnos, graduados y administrativos fue reconocida como la mejor escuela de negocios de Bolivia y una de la más innovadora de América Latina por Eduniversal en Dubái. Orgullo y agradecimiento infinito.



Monday, November 6, 2017

Desaceleraciones que avanzan y déficits saludables

La historia política boliviana está llena de eufemismos lingüísticos, como relocalización, para ocultar un despido masivo de trabajadores, o reajuste de precios, para justificar un gasolinazo. Entre tanto, la prestidigitación del idioma ha alcanzado niveles épicos en la actualidad. Veamos los atropellos al sentido común más notables.  La economía se desacelera pero igual vamos más rápido, dice el Gobierno. Este galimatías fue construido para justificar la caída de la tasa de crecimiento de la economía (3,94%), para el periodo comprendido entre junio de 2016 y junio de 2017.

La ralentización de la economía no es fenómeno nuevo, se produce desde 2013. Este año el Producto Interno Bruto (PIB) creció al 6,24%, si tomamos como referencia el periodo anualizado al primer semestre. Posteriormente comenzó la desaceleración, 5,98% en  2014; 5,32% en 2015; 4,46% en  2016 y, finalmente, 3,94% en 2017. La economía de Bolivia crece pero cada vez a una menor tasa.

Dos apuntes sobre este desempeño, teniendo en cuenta que la inversión pública es un componente clave de la demanda agregada doméstica. Primero, la desaceleración del carro de la economía se da a pesar del fuerte incremento de la inversión pública. Hasta 2016 ésta llegó a 5.064 millones de dólares. Para  2017 la meta es muy ambiciosa, 6.189 millones de verdes, pero a octubre del año en curso, la ejecución de la inversión pública habría llegado tan sólo al 38%, lo que llevó al presidente Morales a reclamar de sus ministros.

Segundo, la  ralentización se produjo a la par de la concentración  de la inversión pública en la administración central. En efecto, en el año 2013 el Estado central ejecutaba el 50% del total de la inversión pública. En 2016 esta participación llegó al 70%. Para  2017 esta variable podría llegar al 83%. Para las regiones (gobernaciones y municipios): el fierro neoliberal, ajustarse los pantalones; para el centralismo: las mieles del populismo fiscal. Billetera abierta mata galán. A gastar con todo.

 A pesar de la contundencia de los datos que muestran la desaceleración de la economía boliviana, desde la cúspide del poder insisten en que éste no es un problema, y contraargumentan que somos el país de mejor desempeño de la región latinoamericana, lo cual es, sin duda, una buena noticia, pero con pocos efectos prácticos.

Estamos mejor que los vecinos. No vivimos en el caos y miseria del socialismo del siglo XXI de Venezuela o en la profunda recesión brasileña. Pero personas y empresas del sector productivo nacional no viven en términos relativos sino absolutos. Padecen sus penas y glorias aquí y ahora. Y en Bolivia no es lo mismo ser un comerciante informal que un productor local, por ejemplo.  Muchas actividades sufren con la desaceleración económica y no sirve de consuelo saber que hay países en peor situación.  

Pero avancemos en la explicitación de los excesos lingüísticos y propagandísticos. Por ejemplo, en la página web del Ministerio de Economía y Finanzas se lee la siguiente afirmación: "Bolivia registra un déficit comercial saludable”. Dada la asociación entre medicina y economía, equivaldría a decirle a una persona: "Qué bien te sentó esa diarrea, bajaste varios kilos. Velo por el lado amable, casi te vas en aguas pero recuperaste el garbo”. Son males que hacen bien.

El sui géneris argumento del déficit comercial saludable es que estaríamos comprando más cosas de afuera para fortalecer la matriz productiva nacional. Por ejemplo, los bienes de capital aumentaron en 8,8%, entre 2016 y 2017. Los incrementos serían del 21,4% en la importación de bienes para la agricultura y 15,9% en bienes para la industria. El subtexto del argumento es que en el corto plazo perdemos plata, pero es para que el mercado local crezca. Si estas importaciones fueran para diversificar el aparato productivo y que después éste generara mayores ingresos de exportaciones, se podría aceptar esta explicación, pero viendo que los últimos años se consolidó el modelo primario exportador extractivista, esta justificación es falaz. Nos estamos desangrando y esto no es sano.

 Un otro argumento capcioso del oficialismo es que el déficit fiscal sería bueno para la economía boliviana. Como es conocido que ya son  cuatro años consecutivos de un agujero fiscal in crescendo. La justificación de este alegado supone que la inversión y el gasto público nos darán frutos en el mediano plazo. Las inversiones tendrán rentabilidad a futuro. Pero observando el portafolio  de los gastos de capital de los últimos 11 años, hay muchas dudas sobre si se camina en la dirección señalada o ¿cuál es el beneficio de coliseos donde sólo juegan los ratones? ¿De aeropuertos a donde no llegan aviones? ¿De museos sin gente? ¿De edificios improductivos? ¿De carreteras que no conectan polos productivos? O ¿plantas petroquímicas sin gas ni mercados? ¿De empresa públicas sin insumos productivos? ¿De proyectos carreteros que destruirán la naturaleza?

En suma, la ralentización de la economía se da en un contexto de deterioro de indicadores económicos: aumento del déficit comercial y público, incremento de la deuda externa,  gasto público ineficiente, baja productividad y tipo de cambio real apreciado. Así,  los cosas podrían complicarse. Y cuando esto ocurra de nada servirán los malabarismos lingüísticos y la propaganda. Así que, hablemos claro. Este es un primer paso para hacer correcciones.

Gonzalo Chávez A.  es economista.

Monday, October 30, 2017

Océano Azul para nuestras empresas

Este domingo, un poco de teoría vinculada al desarrollo empresarial. Uno de los desafíos más complejos en cualquier firma o institución es, por una parte, entender o proponer un modelo de negocios, para uno es bueno en el mercado, y por otra, elaborar una estrategia de largo plazo que le brinde sostenibilidad al proyecto económico y social.

Business Model Generation (Canvas) y la Estrategia de Océano Azul son dos metodologías muy utilizadas para elaborar modelos de negocios y estrategias, tanto de instituciones públicas como privadas. En el primer caso ayuda encontrar la propuesta de valor que más encaje con las necesidades de los clientes o usuarios de una empresa. Por ejemplo, zapatos que respiran para las personas que tienen problemas de sudoración en los pies. En el segundo caso, la metodología permite elaborar una estrategia creativa, innovadora y singular para servir al mercado o la comunidad.

Según A. Osterwalder, la esencia de todo modelo de negocios se encuentra en el encaje que se logra entre la propuesta de valor de la institución y los clientes. La propuesta de valor es una respuesta a las alegrías y los dolores de los usuarios.  Cuántas veces nos hemos encontrado  con productos o servicios que parecen diseñados para nosotros y que su uso nos hace la vida más fácil, y felíz. También hay ocasiones en las que un bien nos resuelve algún problema o dolor como persona o empresa. Pero una vez definido el modelo de negocio, viene el desafío de cómo hacer correr el emprendimiento.  ¿Cuál es la estrategia de la institución, cuál es mirada de largo plazo de la empresa, cuál es el camino a seguir?

 Según uno de los gurús del planeamiento estratégico, Michael Porter, la gerencia contemporánea se enfrenta al dilema no excluyente de apostar a la eficacia operacional o la posición estratégica para alcanzar el éxito empresarial. En el primer caso, la gestión de la empresa se concentra en ser la mejor en un determinado mercado asimilando, logrando y extendiendo las mejores prácticas administrativas que mejoren la operación en la cadena de valor.


Generalmente, este camino apuesta a una táctica de bajar costos como manera de tener una mayor participación en la torta del mercado. Este camino de pelear por un pedazo de la misma torta fue denomina como estrategia de océano rojo (W. Chan Kim y Renée Mauborgne) porque implica una pelea dura y sangrienta, con los cuchillos pendencieros para cortar costos, que al final tiñen el mar de la competencia de rojo. En la actualidad, un camino imprescindible es el posicionamiento estratégico, la competencia, no para ser el mejor, sino para ser el único en el mercado. Para ello, la empresa busca una posición diferenciadora, sostenible y única respecto a los competidores; es decir, navegar en un océano azul.

 Guy Kawasaki, líder de la empresa Apple, resumió la disyuntiva en la siguiente frase: "Al final, o eres diferente o eres barato”. Optar por ser diferente, único y, por lo tanto  estratégico es alimentarse de la creatividad, la innovación y tanto del emprendimiento (creando nuevas empresas) como del intraemprendimiento (reinventando algo dentro de la empresa).

Veamos dos ejemplos pioneros en la línea estratégica. El circo como oferta de diversión para niños y jóvenes tiene centenas de años. El modelo de negocios de este tipo de entretenimiento ha cambiado muy poco. El espectáculo mostraba siempre animales maltratados, trapecistas subidos de peso y payasos sin gracia. Los circos estaban en la competencia del océano rojo, bajando el costo de las entradas y viajando entre pueblos pobres. Hasta que llegó el Circo del Sol (Cirque du Soleil), que cambió completamente la propuesta de valor,  se atrevió a ser diferente y reinventó el circo mezclando varias artes: teatro, ópera y danza, ampliando su oferta de entretenimiento a toda la familia. Se volvió el único circo de calidad mundial, con una estrategia de diferenciación.

 La industria de la literatura y el cine del terror proporcionan otro ejemplo. El conde Drácula, cuyo principal actor murió hace pocos años, Christopher Lee, fue fuente de las pesadillas de muchas generaciones. Libros y películas sobre vampiros esparcieron pánico y sangre hasta  los años 70, porque después el género entró en desgracia. Las nuevas generaciones  de aficionados al cine y la literatura ignoraban el clásico libro Bram Stoker que dio origen al temible personaje de dientes afilados, de 1897, y los filmes del Conde Drácula, el caballero de la noche, fueron exiliados en viejas cinematecas.

 Pero emprendedores piratas revivieron el género. Reinventaron a Drácula, quien ahora es apuesto, joven, enamoradizo, fiel y sale de día;  es un vampiro vegetariano y ecologista, que encanta y seduce, y no así un chupasangre desalmado.   Piense en la película Crepúsculo o las decenas de libros de la colección El vampiro adolescente.

 En cuanto a la industria tradicional del cine de terror,  se empeña en teñir con más sangre el mar de la competencia, el nuevo draculín navega por aguas azules haciendo suspirar a las adolescentes. Ha generado una propuesta única de valor en  relación con los competidores. En estas industrias del entretenimiento se atrevieron a pensar diferente, a pensar fuera de la caja, a crear una estrategia diferente.

 Para los interesados en estos temas, Kim y Mauborgne han lanzado un nuevo libro el mes pasado: Blue Ocean Shift. Beyond Competing.

Monday, October 23, 2017

Selfies con el FMI y el conjuro de los yatiris

!Pare de gastar! !Controle su fiebre de consumo! Y !Pare de sufrir!. Ya es oficial que no habrá segundo aguinaldo. Esto fue anunciado desde la cúspide del poder. Así que lo dejarán, por segundo año consecutivo, con los crespos hechos y el arrebato en la puerta, pero, en contra parte,  son buenas noticias para las billeteras de los productores nacionales, pequeños y medianos.

Este es un resultado de la desaceleración de la economía boliviana que el gobierno insisten en negar con todo tipo de prestidigitaciones estadísticas, tortura de datos y empalagosa propaganda. Pero los números son fríos y claros. La cúspide del crecimiento económico se dio el año 2013 cuando el producto interno bruto (PIB) - toda los bienes y servicios producidos en un año en Bolivia - subió a 6,8%. Pututos al viento y coro de ñustas sopranos. Las puertas del paraíso revolucionario se abrían de par en par.  En la épica oficial era el efecto de la magia del nuevo modelo. En la práctica era el resultado de la lotería de los precios de la materias primas.     Después de este periodo áureo, la  economía boliviana comenzó a acompañar la letra del viejo tango argentino que dice: cuesta abajo en la rodada. En el 2014, el crecimiento fue de 5.5%. Un año más tarde, 2015, una vez más el aparato productivo boliviano creció pero más lentamente,  4.9%. El año pasado, 2016, nuevamente se frenó la economía y la velocidad del coche se redujo a 4,3%. Este año, en el primer trimestre tanto sólo se creció a 3.3 por ciento y hasta fin del 2017 es muy probable que el desempeño esté en torno de 4%. En este contexto, para que el economía boliviana crezca al 4,5% y todo los trabajadores formales seamos bendecidos por el segundo aguinaldo, la economía debió crecer 5.96% en el 2do semestre del 2017. Cosa que no ocurrió. Entre tanto,  es preocupante que no se tengan las informaciones del crecimiento a mitad del semestre y sospechosamente se haya cambiado al director del INE, que lo estaba haciendo muy bien. Como dice el líder máximo no quisiera pensar que se están cocinando los datos con la ayuda de los yatiris y curacas del proceso de cambio.

El aparato propagandístico del gobierno ha sacado toda su artillería para mostrar que aunque andemos más lento estamos mejor que varias economías de América Latina. Por supuesto , si te comparas con los desastres económicos Venezuela o Brasil, hay motivos de sobra para sacar pechito de bronce. En esa dirección, el gobierno, perdiendo el pudor ideológico, se saca coquetas selfis con las proyecciones de crecimiento del otrora odiado FMI. Hasta estos engendros del imperio se ponen en un cúbito ventral frente a los resultados del modelo primario exportador extractivista, sostiene la propaganda. La euforia con un crecimiento que va de bajada me recuerda al periodo de la dictadura banzerista, que también exhibía en la vitrina política los datos económicos como gran legitimador de su gestión. Connotados jerarca de la nomenclatura actual, opositores del régimen de la época, cuestionaban debilidad y poco sustento productivo del crecimiento de esos siete años, que promedio superó el 5,6% al año, usando argumentos como que se basaba en déficit públicos no sostenibles y excesivo endeudamiento. Con razón se criticaba que esa estrategia de sustentación del crecimiento era artificial. Pero ¡Oh, sorpresa! Se sigue el mismo camino en la actualidad.

En una mirada más amplia, hoy como ayer, los dueños del poder se concentran en la espuma de la historia, como dice Fernando Braudel, porque si analizamos los ríos profundos de la estructura de la economía veremos que el crecimiento de largo plazo y otras variables económicas, financieras y sociales siguen colocándonos como uno de los países más retrasados de la región. Pero el narcisismo macroeconómico no tienen límites. Duck face para la próxima selfie, o en una traducción libre: Boquita como potito de gallina para la próxima fotito.

Ahora bien, cabe resaltar que  la ralentización de la economía boliviana se da en el momento en que el gobierno pone toda la carne al asador keynesiano, es decir en una situación donde tanto el gasto como la inversión pública son los más altos de estos últimos 11 años. En efecto,  en el año 2017, la inversión pública superará los 6000 millones de dólares (será superior en 22% respecto al año pasado)  y el crecimiento económico con suerte pasará del 4%. Son las paradojas del nacional desarrollismo: cuanto más gastas menos creces. Este resultado, probablemente está mostrando los límites del modelo.

Imagínese la economía boliviana como una peta que anda cada vez a una menor velocidad y el gobierno fuerza la máquina colocándole gasolina de aviación. Es obvio que el escarabajo no volará y más bien, puede hasta  fundir bielas. El más que cada vez genera menos” posiblemente ocurre porque la inversión y el gasto son cada más ineficientes, se gasta a la loca o, en gran medida, porque la inversión se viene concentrando en la administración central del gobierno. En el 2013, la mitad de la inversión pública la hacían los gobiernos regionales. En el 2017, tan solo el 17% de esta está en manos de municipios y gobernaciones y el 83% en el gobierno central.


Monday, October 16, 2017

Premio Nobel para el lado psicológico de la economía

Un viejo y pretencioso chiste entre los economistas pregunta: ¿Por qué sólo existe premio Nobel de economía?  ¿Por qué no hay este galardón para la sociología, antropología o psicología? La respuesta antipática de gremio es que  sí existe esta presea. Las ciencias sociales reciben el premio Nobel, todas juntas,  en la categoría de literatura.

El supuesto equivocado detrás de esta broma es que le economía, al igual que la física o la química, sería una ciencia superior al resto de las ciencias sociales, porque utiliza rigor matemático y, por lo tanto, es la única que debe ser reconocida. Ciencias del comportamiento humano y social o áreas que estudian la historia serían menos rigurosas, en el extremo especulaciones  literarias.

Por supuesto nada más falso. La Academia Sueca que otorga el Nobel de economía acaba de dar una buena bofetada a esta visión equivocada de la economía, otorgando el galardón al profesor de la Universidad de Chicago Richard Thaler, quien desde la psicología y el análisis social ha explicado mejor el comportamiento económico de los individuos.

Una de las bases de la teoría económica clásica es el supuesto de racionalidad total de las personas a la hora de tomar decisiones de compra, venta, ahorro u otro tipo de acciones económicas o financieras. El ser económico racional siempre se trabaja con información perfecta cuando actúa en el mercado. La gente conoce las características, ya sea de una naranja o un computador; tiene información de todos los precios de estos bienes y, por lo tanto, cuando compra uno de estos productos maximiza su bienestar. De igual manera una empresa, conoce todo sobre los deseos de sus clientes, les ofrece el bien adecuado y así maximiza su ganancia. No hay ningún espacio para la incertidumbre, duda, emoción o la influencia de los contextos sociales o políticos.

Personas y empresas tienen una racionalidad ilimitada y son maximizadoras de sus respectivos intereses.

Thaler, con un abordaje multidiciplinario en temas sociales y enfatizando el comportamiento  de las personas, ha roto con el paradigma tradicional y ha contribuido a expandir y refinar el análisis económico. Sostiene que  la racionalidad económica es limitada, que los agentes económicos tienen percepciones de justicia diversas que afectan sus decisiones económicas; y que muchas veces las personas no tienen total control en las decisiones y actúan por impulso y justicia.

En la práctica, las empresas, organizaciones y personas tienen limitaciones cognitivas, y no tienen información perfecta a la hora de realizar transacciones económicas; es decir, tienen una racionalidad limitada. Veamos la teoría de la contabilidad mental de Thaler que, en base a muchos experimentos y observaciones concretas,  sostiene que la gente común toma decisiones financieras con información y conocimiento restringido. Por ejemplo, prefiere prestarse dinero del banco para mantener un nivel de consumo y no gastar sus ahorros, siendo que el primero recurso es más caro que el segundo. Percibe que si gasta sus ahorros será menos rico que endeudándose.

O como ciertos taxistas, que trabajan de corrido ocho horas hasta conseguir unos ingresos determinados por jornada y luego se van a casa. Cuando trabajando de manera selectiva, en horas pico, por ejemplo, podrían ganar más dinero y trabajar menos. Esto es comportamiento irracional.

Otra teoría muy interesante de Thaler es el "efecto propiedad”. Por ejemplo, las personas sobrevaloran el precio de sus casas a la hora de venta, pero si buscas en comprar un inmueble similar estarían dispuestas a pagar mucho menos. A la hora de venta busco maximizar mi ganancia, pero en el momento de la compra busco minimizar el precio. Esto es contrario a la racionalidad tradicional de la oferta y la demanda, que debería dar el mismo precio en ambos momentos.

La investigación de Thaler también ha abordado las preferencias sociales y cómo incide en las decisiones económicas el concepto de lo que es justo. Cuando llueve, el precio de los paraguas sube como resultado de una mayor demanda, pero las personas no entienden esta racionalidad y les parece injusto que alguien se quiera aprovechar de esto. No compran el paraguas y prefieren mojarse. Según Thaler, explicado por la Academia, "la gente no toma las decisiones sólo mirando lo que es beneficioso para ellos, también están preparados para privarse de un beneficio material con tal de mantener lo que ellos perciben como una distribución justa. Están preparados para soportar un coste personal si así castigan a otros que violan las reglas básicas de lo que es justo. Y no sólo cuando ellos se ven afectados, también si alguien más ha sido afectado”. Las decisiones de compra y venta están influenciadas por cooperación, solidaridad, pero también por envidias y celos.

Haciendo experimentos con la economía comportamental, el profesor Thaler demostró que los trabajadores se enojan mucho cuando le bajan el salario nominal, pero aceptan con menos problemas que un reajuste del salario sea menor que la inflación. Debido a la racionalidad limitada, no perciben la pérdida del salario real por inflación de la misma manera que una reducción del salario nominal, que pueden ser equivalentes en la práctica.

 Finalmente y no por eso no menos importantes, el nuevo premio Nobel de Economía también ha descrito las tensiones entre la necesidad de ahorrar para el largo plazo y las percepciones de gasto de corto plazo. Mucha gente percibe que la compra de un seguro médico es un gasto innecesario y no una inversión de largo plazo. Este es un comportamiento irracional frente al riesgo.

En suma, el profesor Thaler ha creado un puente entre el análisis económico y la psicología, usando experimentos, ha demostrado que la racionalidad limitada es un fenómeno muy presente en las decisiones de los individuos. La economía tiene un enorme lado psicológico.

Monday, October 9, 2017

Con el puñito en Alto. ¿Patria o muerte? !Gastaremos!

De aquella misma fuente que asegura que la economía  está blindada o  que no existe desaceleración de la economía cuando el Producto Interno Bruto (PIB) se reduce, viene la nueva ficción analítica: el déficit público neorrevolucionario no es un problema.

 Los fríos datos muestran que ya van cuatro años consecutivos de brecha fiscal elevada. En 2014 este desajuste llegó al 3,4% del valor de mercado de todos los bienes y servicios producidos en Bolivia en un año (PIB). En 2015 este indicador saltó a 6,9%. En el 2016 se registró un 6,6% y este año, el agujero  público podría llegar a 7,8% del Producto. Estas cifras negativas se registran después de siete años de constantes superávits fiscales. De manera telegráfica, déficit público es cuando el Gobierno gasta más que los ingresos que recibe; superávit es exactamente lo opuesto.

 Intuitivamente, mucha gente tiende a pensar que los superávits son buenos, por lo tanto revolucionarios, y así fueron presentados por el régimen durante muchos años. Contrariamente,  desde la cima del poder, nos bombardearon con la idea de que los déficits eran malos y cosas del oscuro pasado neoliberal, ya superado. Pero, ¡oh!, sorpresa: resulta que los agujeros fiscales reaparecieron con fuerza; pero ahora estos son buenos porque están en manos de los luminosos conductores del proceso de cambio. Sin embargo, pedir que haya cierta racionalidad, especialmente, con gastos superfluos, como en propaganda  e inversiones inútiles,  como en edificios del poder, continúa siendo una estrategia neoliberal. Pero no tan rápido, los economistas tienen un largo debate sobre las virtudes y defectos de los déficits públicos.

 La lectura positiva o negativa de un superávit/déficit depende de varias circunstancias. Mencionemos las más importantes: de la forma de financiamiento, de la sostenibilidad (origen de ingresos y destino de gastos) y de la percepción de la gente.

 En el tema fiscal, todo depende con el cristal con que se mire: un superávit público puede, por ejemplo, estar mostrando ineficiencias en la acción del Estado, a saber: falta de planificación y capacidad para ejecutar los gastos y las inversiones. Desde esta perspectiva, los superávits son malos e inútiles. No están sintonizados con las necesidades de la sociedad. Pero si este mismo dinero se guardara en un fondo de estabilización (una alcancía gigante), destinado exclusivamente a enfrentar períodos económicos difíciles, entonces estamos haciendo que el superávit sea sostenible; es decir, estamos ahorrando en periodos de auge económicos para el periodo de vacas flacas. Este es un estabilizador automático de la economía y tiene beneficios para la economía.

 Lo mismo se puede decir del déficit público, en momentos de crisis económica y recesión aguda, cuando el sector privado no está invirtiendo lo suficiente, es legítimo y recomendable que el Estado gaste e invierta para sostener la demanda interna. Para ello puede endeudarse, gastar reservas internacionales o aceptar un déficit. Pero esto no es a ciegas, también es relevante saber en qué se gasta e invierte. Si las expensas son solamente en salarios, temas improductivos o lujos, el déficit no será sostenible y es malo. Pero si los dispendios e inversiones son en actividades rentables como en infraestructura productiva y tecnológica, educación o salud, por supuesto, el déficit puede ser sostenible, se pagará en el mediano y largo plazo. La condición es que la inversión pública tenga retornos, generando ingresos futuros, directos e indirectos, para el Estado y la sociedad.

 Observando el portafolio  de los gastos de capital de los últimos 11 años, hay muchas dudas sobre si se camina en la dirección señalada o ¿cuál es el beneficio de coliseos donde sólo juegan los ratones? ¿De aeropuertos a donde no llegan aviones? ¿De museos sin gente? ¿De edificios improductivos que además son un homenaje a la fealdad? ¿De carreteras que no conectan polos productivos? O ¿plantas petroquímicas sin gas ni mercados? ¿De empresa públicas sin insumos productivos? ¿De proyectos económicos que destruirán la naturaleza?

 Para rebatir la sugerencia de racionalidad y serenidad con las cuentas públicas se apela a la vieja cantaleta de que ésta sería la vieja receta del Fondo Monetario Internacional. Pero, otra vez, vamos con calma que los santos de la procesión son fletados.   

 ¡Oh sagrado asombro! Parece una infiltración del FMI en la gestión fiscal del oficialismo. Analizando con más precisión los datos del sector público, sí hay cortes en la inversión pública y los gastos de capital de inspiración neoliberal, pero son en las gobernaciones y municipios. Estos ítems se han reducido de 11,3% (2014) a 8,5% (2016). Contrariamente, el gobierno central mantiene elevadas sus inversiones,  superiores al 3,1% en promedio, en el periodo 2014 y 2016. Quiere decir,  para los gobiernos locales, la mayoría en manos opositores,  un ajuste fiscal del tipo fondomonetarista; en cuanto para la administración central, las mieles  del gasto sin restricciones.

 Finalmente, un apunte sobre la eficiencia y eficacia del gasto e inversión pública: desde el año 2013 la economía se desacelera. Este fenómeno que el Gobierno se empeña en desconocer comienza el 2013, cuando se alcanza el pico del crecimiento del PIB, 6,8%. A partir de este momento comienza la desaceleración: en 2014  la velocidad de la economía baja a 5,5%; en el año 2015 se vuelve a desacelerar y se llega al 4,9%; un periodo después (2016) se alcanza un ritmo menor, 4,3%, y para este año que termina se prevé que llegue tan sólo al 4%, según los malos de la CEPAL. 
La ralentización de la economía se da cuanto más aumenta la inversión pública. Probablemente la explicación de este fenómeno tiene que ver con la baja rentabilidad de la inversión estatal, la poca productividad de la economía y los límites de la demanda interna. Es decir, la calidad del gasto e inversión estatal. Pero, el keynesianismo de guitarreada sigue en las consignas de homenaje a sus héroes. ¿Patria o muerte? !Gastaremos!

La Microeconomía de gasohamburgazo y una sospecha macro

Una nueva gasolina (Ron91) y a un precio más elevado, 4,40 bolivianos, ha ingresado al mercado, produciendo un debate sobre las reales inten...