Sunday, January 13, 2019

2019: El fin de la religión populista


 Vuelvo a mi trinchera dominguera con la esperanza cargada de muchas ideas y dispuesto a dar la batalla por la libertad y la democracia.  Nos espera un año repleto de incertidumbre política por las elecciones de octubre, en especial sí la ilegal candidatura del oficialismo insiste en tirar por la borda, la voluntad popular de 2,7 millones de personas que dijeron un No rotundo a la reelección.

En términos económico será un año similar al 2018 aunque algunos resultados podrían ser contaminados por la vorágine electoral. Aunque se resiste a reconocerlo, el gobierno ha perdido legitimidad y apoyo social por muchos errores políticos cometidos, por la prepotencia con que impone ciertas políticas públicas, por varios hechos de corrupción no esclarecidos, por el natural desgaste después de 13 años de gestión, pero sobre todo, por el intento de desplegar sus alas autoritarias. No es exagerado decir que el gobierno está arrinconando en su núcleo duro resguardado por la guardia Pretoriana de los cocaleros del Chapare. Entre los pocos tanques de oxígeno político que le quedan, al gobierno, sin duda están ciertos resultados  económicos, como por ejemplo, el desempeño del producto interno bruto (PIB).

En este contexto es fácil concluir que la principal bandera electoral de la ilegal candidatura será la venta del éxito del nacional desarrollismo, o en su versión religiosa, el Evoeconomics, doctrina axiológica que polariza la sociedad entre los buenos e inmaculados compañeros vs. los malos neoliberales y vende patrias. La verdad revolucionaria que nos llevará al reino de luz populista vs. la ponzoña, la cruel mentira de la derecha que busca devolvernos a los sótanos de la historia. En la actual narrativa ideológica se ofrece a los fieles la salvación eterna a través de un feroz consumismo capitalista e informal, coquetamente rebautizada como proceso de cambio. Para nuestros neorevolucionarios, en Bolivia, Marx escribe recto sobre renglones torcidos. En realidad el capitalismo de camarilla creado en torno a las empresas estatales, el extractivismo depredador del medio ambiente y el crecimiento exponencial de la burguesía comercial son la antesala del socialismo local.
 
El Evoeconomics se basa en la inversión pública y la industrialización de los recursos naturales, en ambos casos mirando por el retrovisor de la historia pero poniendo cara de quien ve el futuro. Propone subir la escalera del desarrollo, generando valor a las materias primas. Es la vieja narrativa: el mineral se convierte en un lingote; después se producen clavos, posteriormente se hacen calaminas y, en algún momento del horizonte del proceso de cambio, se llega al automóvil nacional. En el mismo camino, el gas se vuelve polietileno. En suma, es hacer la revolución industrial inglesa con 200 años de atraso. Para la nueva religión, desarrollo económico son grandes obras, monumentos al cemento, es sóviets más electrificación, caminos sin destino de desarrollo, represas que matan el medioambiente, teleféricos que cuestan decenas de hospitales, satélites ciegos, museos al ego, pretenciosos y fálicos edificios. En la cúspide del altar de la nuevo culto está el gran fetiche, el falo del desarrollo: el PIB, frente al cual todos los devotos de la virgen del puño izquierdo en alto, los fieles sacerdotes del horizonte de los santos de los últimos días del capitalismo  y otros exegetas de la revolución  deliran ante las subidas  de la cifra encantada. Inclusive, la religión neoliberal impulsada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) se postra frente a este resultado. Los extremos se encuentran en la fe.

La PIBiofilia extractivista insiste que desarrollo económico es sólo el crecimiento de esta variable y se deleita frente a los espejo de rankigs internacionales: !Oh, la economía que más crece en América Latina!. El narcinacionalismo estadístico se golpea el pecho.  El modelo nacional desarrollista es el fin de la historia y tiene un sólo conductor, el Mesías Morales. Amén.

Obviamente es un sacrilegio sugerir que el ídolo PIB puede que tenga pies de barro. Es una blasfemia alertar sobre los peligros de un déficit público que persiste por cinco años consecutivos y de manera creciente (más del 7% del PIB). Una profanación señalar que el milagro económico se basa en el incremento de deuda externa e interna que ya sobrepasa el 50% del PIB.  Una herejía advertir sobre el daño que provoca a las exportaciones no tradicionales la apreciación del tipo de cambio real. Una afrenta señalar, que para sostener esta fiesta del consumo, nos gastamos más de 6 mil millones de las reservas internacionales. Un ateísmo asqueroso denunciar la falta de políticas de salud y educación. Una anatema imperdonable sostener que en13 años el gobierno confundió, con predeterminación y alevosía, gordura de consumo y riqueza con desarrollo integral. Y una execración denunciar que se gastó más de 60 mil millones de dólares para, de manera muy talentosa, caminar en círculos sobre el modelo primario exportador.

La rererelección ilegal busca congelar el mundo de las ideas, endiosar el PIB, poner fin a la historia, crear un nuevo oscurantismo ideológico y religioso. Pero el año que comienza, es una gran oportunidad para soltarse del yugo populista, se sembrar nuevas ideas para encarar el futuro. Desde aquí seguiremos demostrando que crecimiento del PIB no es igual a desarrollo social integral y sostenible, que los caminos para llegar a este son múltiples, diversos, alegres y coloridos. Bienvenidos al 2019, el año de la liberación.

Monday, November 19, 2018

La productividad, la exilada de siempre

Después de 12 años de populismo rentista, que apuesta más a la distribución de la riqueza de corto plazo que a la creación de ésta, el tema de la productividad de la economía está completamente ausente del debate nacional y de la agenda de políticas públicas.  

En Bolivia, el concepto de productividad ha sido exiliado del imaginario político y económico por considerarlo un concepto que proviene del marco propositivo neoliberal. Por supuesto, este es un error de grueso calibre. No puede existir crecimiento económico, desarrollo sostenible y mejora en condiciones sociales si los trabajadores, las máquinas y las tierras, de manera separada o combinada,  no producen bienes y servicios de manera más eficiente y en menos tiempo.

Con muy buen tino, la Corporación Andina de Fomento (CAF) ha elaborado un documento titulado: Instituciones para la productividad. Hacia un mejor entorno institucional, en el que presenta hallazgos muy interesantes y recomendaciones motivadoras para el caso boliviano. (Aprovecho la columna para un comercial: debatiré este tema con representantes del Gobierno y del sector privado el día 22 de noviembre, a partir de 9:00, en la oficinas de la CAF en La Paz y transmitiré al vivo por Facebook).

Una manera tradicional de medir desarrollo y bienestar es comparar el producto per cápita de países más avanzados con economías en vías de desarrollo como Bolivia. Por ejemplo, según otro estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Creciendo con competitividad,  en 2014, el PIB per cápita promedio de América Latina era el 22% del de Estados Unidos, en el caso boliviano esta variable era del 12% para el mismo periodo.

Otros estudios muestran que cerrar esta brecha tomaría por lo menos 100 años, creciendo a un promedio 5% por año y de manera sostenida. ¡Ay Tatita!, el camino es largo.

En Bolivia, la productividad total de los factores de producción (trabajo, máquinas y tierras), entre 1970 y 2015, aumentó tan sólo en 0,1%, según el BID. Ahora bien, si analizamos el crecimiento de la productividad ajustada por educación (años de escolaridad), salud (sobrevivencia después de los 65 años) y utilización de capital), Bolivia registra un valor negativo, -0,59%.

También utilizando el mismo periodo, la productividad laboral promedio de la economía en Bolivia fue de tan sólo 0,4%. Más allá de que en las últimas décadas hubo ciertas mejoras, en el tema de la productividad estamos frente a un estancamiento secular.  Quiere decir que tanto gobiernos neoliberales como estatistas se aplazaron feo en el tema de la productividad. Así que nadie puede cantar de gallito. Esta es una asignatura pendiente de mediano y largo plazo pero que debe comenzar hoy.

Estudios como del BID muestran que esta baja productividad se debe a la enorme informalidad  de la economía boliviana. Fuentes nacionales como del Cedla sostienen que la informalidad laboral llega al 80% en Bolivia. Otro estudio del FMI -que define la economía informal de una manera más amplia a saber: como aquella que incluye las actividades que no pagan impuestos, que no cumplen las normas laborales, de seguridad industrial, social y medioambiental- sostiene que entre 1990 y 2015 en Bolivia el tamaño promedio de la economía informal fue de 62,3%.

Como acostumbran a decir los neorevolucionarios, cuando hablan de los resultados macroeconómicos : “No lo decimos nosotros, lo dicen los organismos internacionales”. Así que nobleza obliga, los bajos índices de productividad y enorme informalidad, no lo decimos los opinadores, sino las mismas instituciones que les echan flores.

La baja productividad también tiene que ver con el “enanismo empresarial”, micro y pequeñas empresas concentradas en el comercio y servicios en Bolivia, en realidad estrategias de sobrevivencia, sistemas de empleo familiar originadas en la desesperación de salir de la pobreza.

Obviamente, asociado a esta precariedad está el viejo tema de falta de diversificación productiva y del poco desarrollo del sector exportador no tradicional. Finalmente, y no por eso menos importantes, otros temas que no ayudan al aumento de la productividad son el limitado desarrollo financiero, y el bajo nivel de innovación tecnológica de la economía boliviana.

A pesar del crecimiento significativo del microcrédito, muy concentrado en el comercio, un índice de penetración financiera, calculado por el estudio del BID, no pasa de 0,2, cuanto en países de mayor desarrollo esta variable se aproxima al 1. En materia de desarrollo tecnológico estamos en cero.

El diagnóstico de tanto el estudio de la CAF como del BID es completo y lapidario, pero no se quedan en los antecedentes, hacen propuestas de políticas públicas que vale la pena leerlas. En el caso de las sugerencias de la CAF, podremos debatirlas el jueves 22 de noviembre. Entre tanto, el desafío está lanzado para la academia, el sector privado, el Gobierno y la oposición: el verdadero cambio del modelo económico en Bolivia pasa por colocar el tema de la productividad en primer lugar.  

Gonzalo Chávez A. es economista.

Wednesday, November 7, 2018

Democracia sin derechos y Derechos sin democracia

En Bolivia y el mundo vivimos tiempos extraordinarios y trastocados, en especial en temas políticos y culturales, porque existen fuertes amenazas a las democracias liberales. Gobiernos populistas surgidos de las urnas se tornan autoritarios y mayorías significativas de votantes eligen líderes que ofrecen acabar con derechos ciudadanos básicos.
Después de la desaparición de la Unión Soviética, la democracia liberal, que  la definiremos más detalladamente, se suponía que sería régimen político que perduraría hasta el “fin de la historia” en la mayoría de los países del mundo. A pesar de sus imperfecciones, este sistema no había podido ser sustituido ni por el socialismo soviético o cubano, la teocracia islámica y tampoco por el particular modelo político chino.
Asimismo, el liberalismo económico era presentado como el único y definitivo camino hacia el desarrollo. La estabilización macroeconómica, la liberación de los mercados y la reducción del Estado constituían la receta para el crecimiento sostenible. En América Latina esta receta se la conoció como el Consenso de Washington. Este modelo económico hizo aguas a finales de los años 90 y fue sustituido por diversos tipos de estatismos.
Respecto al sistema político –la democracia liberal, que podríamos denominar como el Consenso de Grecia–, permaneció en vigencia por más tiempo que el  neoliberalismo económico, pero ahora éste está bajo fuerte amenaza. La desaparición del sistema democrático es uno de los temas de preocupación principal de dos libros recién salidos del horno: El pueblo contra la democracia. Por qué nuestra libertad está en peligro y cómo salvarla, de Yascha Mounk y Cómo mueren las democracias, de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt.  Ambas investigaciones sostienen que los populismos de izquierda y derecha son las principales amenazas contra las democracias liberales de nuestros tiempos.
Mounk define democracia como “un conjunto de  instituciones electorales vinculantes que traducen de manera efectiva las opiniones populares en unas políticas públicas concretas”. A su vez, liberal significa –para el autor–  un compromiso con el Estado de derecho, la división de poderes y la defensa de las libertades de culto, expresión y asociación. Por lo tanto, la democracia liberal protege los derechos de las personas y transforma la opinión del pueblo en políticas públicas concretas.  
El autor sostiene que gobiernos populistas como el de Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Italia y Francia, Venezuela, Hungría, Turquía, Polonia y otros están eliminando las salvaguardias institucionales y van camino a matar las democracias liberales.
Teniendo en mente esta definición y este contexto histórico, Mounk sostiene que las democracias liberales en el mundo están perdiendo su esencia en dos sentidos: en unos casos se camina rumbo a un liberalismo no democrático (o derechos sin democracia); es decir, sistemas donde el gobierno respeta las libertades individuales, pero controla las instituciones electorales, manipulando la democracia para mantenerse en el poder; y una democracia iliberal (o democracia sin derechos), situaciones  en las que el gobierno elegido por el pueblo comienza a controlar el Estado, restringiendo la libertad de expresión, controlando y persiguiendo opositores o reprimiendo minorías.
Estos son fenómenos políticos nuevos que no entendemos lo suficiente y es difícil combatirlos porque tienen componentes aparentemente democráticos, pero al mismo tiempo manipulan actos electorales, acaban con la división de poderes y tergiversan leyes para quedarse en el poder.
El libro Levitsky y Ziblatt describe la experiencia de los Estados Unidos de Trump para mostrar cómo un gobierno electo en democracia se va tornando autoritario. Los autores utilizan cuatro características de un líder autoritario, sugeridas por Juan José Linz en 1978 (La quiebra de las democracias), para ver por qué camino sigue Estados Unidos, a saber: rechazo de las reglas de juego democráticas, negación de legitimidad a los oponentes, tolerancia o aliento de la violencia y voluntad de restringir las libertades civiles de sus adversarios.
Por supuesto que ambos profesores concluyen que el gobierno del norte va camino a matar su democracia. Obviamente que estas cuatro alertas son también aplicables a varios en América Latina, en general, y en Bolivia, en particular.  
Las dos obras coinciden en señalar que una de las causas de la muerte de las democracias liberales es el rol que juegan las redes sociales, que si bien tienen unas características liberadoras de ideas y opiniones, también ha contaminado el debate público. El ciberespacio se ha convertido en un difusor peligroso de ideologías del odio y lluvia de mentiras.
Si bien las fake news no nacieron con las redes, éstas las potenciaron de manera exponencial ,manipulan mentes de los votantes. Tanto el libro de Mounk como de Levitsky y Ziblatt son una seria invitación a la reflexión y al análisis de cómo un pueblo desinformado y envenenado se está volcando contra la democracia, y es probable que pasemos de momentos populistas, como los que viven varios países en el mundo, a la era de gobiernos populistas, tanto de izquierda como de derecha, que marquen a generaciones.

Monday, October 8, 2018

!Pare de Sufrir! A Surfear otros Mares

Introducción
Pastillas de amnesia Doctor!! Donde, venden? 

Después del contunde fallo desfavorable La Haya se encuentra como palo de galliñero? ¿No sabe qué hacer con su bandera marítima de 500 metros? ¿Estaba listo para proclamar al jefazo como el surfista del año, el campeón de los tubazos ? ¿Tenía listo su bikini whipala? ¿Soñaba pasear su pecho de bronce revolucionario por Antofagasta? ¿Tenía lista estrategia envolvente para poner de rodillas a los rotos en las negociaciones? ¿Lo angustia no saber cuánto se gastó para recibir la tremenda paliza diplomática? !Pare de Sufrir ! Lo mejor para curar las penas marítimas, una sopita de cardan, un kaj de alcohol Caiman, y la lectura de su columna dominical.

!Pare de Sufrir! A Surfear otros Mares

El resultado de La Haya es una de las derrotas más duras de la diplomacia boliviana desde 1904. Con hidalguía, valentía y autocrítica se debe aceptar el resultado. Por supuesto, las responsabilidades históricas y políticas también deben ser asumidas. Entre tanto, vivido el duelo y sanadas las heridas, esta es una gran oportunidad para hacer una inflexión significativa, no solamente en la política exterior boliviana en relación a Chile, sino en nuestro concepto de política internacional. Esta es una gran ocasión para repensar nuestra inserción en el mundo a partir del modelo de desarrollo.
Asistimos al final varios ciclos políticos. Desde hace más de 100 años, la política exterior boliviana, sobre el tema marítimo, se basó en el multilateralismo. El enclaustramiento nacional era una herida latinoamericana, que el concierto internacional debía reconocer y apoyar. Su solución debía gestarse con la solidaridad de muchos países, en el marco del derecho y las instituciones internacionales. Chile siempre sostuvo que era un problema bilateral. El último acto de multilateralismo fue iniciar el juicio en la instancia de justicia más alta del sistema internacional. Con el resultado de La Haya este camino  está prácticamente cerrado.
Asimismo, la política exterior era monotemática. La recuperación del acceso soberano al mar tenía primacía sobre otros temas y condicionaba todas nuestras relaciones internacionales en otras áreas. Esto no debería ser más así, necesitamos una visión y acción más integral.
También, la causa del mar era un gran ordenador y legitimador de la política interna. Se usó y abusó de esto, se creo héroes instantáneos y villanos eternos. La última víctima de la Medusa marítima fue Evo, que miró a la hija de Zeus para robarle la divinidad, pero ésta lo convirtió de candidato a estatua de sal. Pero también se debe reconocer que el tema marítimo unifica a los bolivianos. Es lo parecido que tenemos a una política de Estado que debe proyectar a otras áreas.
El tema del mar siempre ha sido visto como un objetivo en sí mismo: era sinónimo de desarrollo, debíamos volver a los puertos del progreso como condición para tener una mejor economía. En términos simbólicos, la causa marítima dividía a la sociedad entre patriotas y traidores a la hora de pensar en salidas. La recuperación de la soberanía territorial era la condición innegociable. Los que osaban hablar de otras alternativas, de soluciones intermedias recibían el mote de antipatrias, prochilenos y cosas peores.
El fracaso de La Haya es una oportunidad para comenzar a pensar en otras dimensiones y perspectivas en el tema del mar. Mucha gente buena y comprometida dio su vida por la causa. Su tenacidad y compromiso es un legado para futuras generaciones, pero es hora de pasar la posta de las ideas y la acción. También hubieron muchos oportunistas que la historia los juzgará.
Hoy quiero plantearles algunas provocaciones para enfrentar el futuro.
El mundo ha cambiado mucho, vivimos en un contexto donde el proceso de globalización es complejo, difícil desigual, pero también lleno de oportunidades. Para Bolivia, globalización significa, en realidad, sudamericanización porque de nuestras exportaciones, cerca al 55%, van a América Latina e importamos de la región un porcentaje parecido. Por lo tanto, Bolivia necesita proyectarse al mundo considerando dos realidades internacionales. Brasil un mercado gigantesco y un aparato productivo poderoso, a pesar de la crisis actual. Es la enorme cuenca del Atlántico que no se reduce al uso de puertos por esa vía. La agroindustria e industria del vecino y sus mercados son una gran oportunidad de desarrollo.
Del lado de Pacífico está la China (Asia), una potencia en ascensión, que también cada vez más demandará más materias primas y alimentos y que quiere consolidar su posicionamiento estratégico y económico en América Latina y que constituye una oportunidad de inversión y tecnología. China llega a Bolivia por Chile y Perú. Pertenecer al tratado de la Alianza del Pacífico es de vital importancia.
En este contexto, Bolivia tiene que repensar su inserción política y económica a partir de su interés nacional, que es tener una economía fuerte, desarrollada, con gente feliz, con mucha educación, salud, igualdad y democracia de mayor cualidad.Los nuevos puertos del progreso están en el desarrollo de la biotecnología, el uso sostenible del agua y el turismo ecológico en la Amazonia. Los nuevos muelles están las nubes del internet. Bolivia puede ser un hub de comunicación y logística, pero de tecnología de la información. En el ciber espacio existen otras fronteras, Bolivia puede colindar con la India (Bangalore), Estados Unidos (San Francisco) o Finlandia (Tampere). Todos las anteriores potencias en software y otras tecnologías.
Por lo tanto, la política exterior debe ser capaz de proyectar esos intereses nacionales a través del poder suave e inteligente, mediante la búsqueda de procesos de integración socioeconómicos regionales con Brasil, Chile (norte), Peru (sur) y China. En este contexto, el acceso a los mares del Pacífico y el Atlántico es una consecuencia de un nuevo modelo de desarrollo. Es un resultado de la recuperación de los mares de la educación innovador y la salud de calidad. Es la consecuencia de mares del desarrollo productivo, competitivo, integrador y responsable ambientalmente.
Por lo tanto, pare de sufrir y prepárese para surfear en otros mares. Esta es una tarea que implica un cambio radical en el modelo de desarrollo, la política exterior e interna y, sobre todo, de la actitud y la emoción. Debemos pasar de la resiliencia estoica a la reinvención creativa y esto pasa necesariamente por un cambio de líderes.
Gonzalo Chávez A. es economista

Monday, September 24, 2018

Bolivia importa todo, inclusive deflación

Probablemente una de los temas que más preocupación e interés suscita es la política cambiaria. En encuentros casuales, fiestas, reuniones de amigos o eventos académicos, siempre me preguntan qué suerte correrá esta variable. ¿Se mantendrá estable el tipo de cambio?, ¿se devaluará el boliviano?

Para comenzar el debate, algunas definiciones. El tipo de cambio nominal es el precio de la moneda extranjera en el mercado nacional. Es el valor del dólar, el ruro o real expresado en bolivianos. Por ejemplo, un Washington se compra en un 6,96 bolivianos en la Camacho street, la prima pobre de Wall Street, en Nueva York.

El tipo de cambio real es un indicador de los precios en dólares de una canasta de bienes y servicios de un país en relación con la de otro país, y mide la competitividad de una economía. Por ejemplo, cascarle una hamburguesita en La Paz es más caro que en Nueva York o Dubái. En efecto, una Big Mac en combo en la Gran Manzana cuesta 5,28 dólares y en la Ciudad Maravilla 6,45 verdes. Con este índice diríamos que el tipo de cambio real en Bolivia está apreciado en un 22%.

Desde una perspectiva más amplia, el tipo de cambio real apreciado mide cuán caras están nuestras exportaciones para los socios comerciales y cuán baratos están los productos que importamos.

Desde hace más de siete años el tipo de cambio nominal en Bolivia está fijo, pero el tipo de cambio real estaría apreciado en algo que varía entre 22 y 40%, si tomamos como referencia los principales socios comerciales de la región. Es decir, los productos que vendemos a estos países han perdido competitividad y sus bienes están más baratos en nuestros mercados.

Esto es resultado de la política cambiaria que sigue el Gobierno, que creo no se modificará en el corto plazo. En otras palabras, veamos por qué razones no habrá devaluación.

Comencemos con las razones técnico-económicas. 1) La estabilidad monetaria financiera está anclada en un tipo de cambio nominal fijo, aunque el Gobierno dice que el precio de la moneda extranjera, el precio del dólar, fluctúa entre bandas. Pero en la percepción de la gente, el tipo de cambio está fijo y al final del día se trata de las creencias (expectativas) de las personas y no de lo que el Gobierno sostiene.

2) Puesto que nuestras exportaciones siguen sobreconcentradas en la venta de materias primas, una devaluación no aumentaría el nivel de esas exportaciones, no venderíamos más gas, minerales o soya. En el primer caso porque la cantidad de ventas del energético está establecido en un contrato. En el segundo caso, nuestra participación en el mercado es muy pequeña, una devaluación no nos ayudaría a vender más granos o minerales.



3) En un modelo primario exportador rentista abierto al exterior, un tipo de cambio nominal fijo y real apreciado ayuda a mantener una inflación baja, porque todos los bienes y productos que se importan de otros países son más baratos, más aún si las monedas de estos países se han devaluado, como ha ocurrido en las últimas semanas en Argentina. En otras palabras, la política cambiaria populista permite importar deflación. Es decir, en el país se importa casi todo, incluso inflación más baja. Esto ayuda a mejorar los ingresos medios.

Veamos ahora las razones políticas. 4) Un tipo de cambio real apreciado es un mecanismo muy efectivo de captura de rentas. Con esta variable fija, en los últimos 10 años, nuestras importaciones legales han subido de 2.000 millones de dólares a más de 10.000 millones. Si a esto adicionamos el contrabando, llegamos a 13.000 millones de dólares. De esta cantidad de recursos viven aproximadamente 2,5 millones de personas, tanto en el sector formal como informal. En estos sectores ha mejorado la renta, hay menos pobreza y se ha creado una burguesía comercial. El populismo cambiario ha creado una renta enorme y la distribuye entre mucha gente. Devaluar en vísperas de elecciones sería un suicidio electoral.

5) En un sistema financiero en el que el 98% de los préstamos y el 85% de los depósitos están en Bolivianos, devaluar tendría un enorme impacto distributivo negativo sobre miles de personas que han creído en este tipo de estabilidad.

6) Asociado a la estabilidad del tipo de cambio nominal y real apreciado, se ha creado probablemente la burbuja de consumo más gigante de Bolivia. Devaluar haría explotar la burbuja.

Por supuesto, el populismo cambiario tiene una enorme audiencia y muchos grupos que se benefician. Los perdedores son los productores nacionales que venden el mercado interno y los exportadores de bienes o servicios no tradicionales que no tienen competitividad a nivel internacional con un tipo de cambio real apreciado.

La política cambiaria (tipo de cambio fijo y tipo de cambio real apreciado) actual es funcional al modelo primario exportador rentista y comerciante, pero es contraria a una política de diversificación productiva y desarrollo industrial, pero este es un tema que no está en la agenda de políticas públicas de quien quiere perpetuarse en el poder a base de clientelas rentistas.

Así, en el corto plazo, es poco probable que haya una devaluación, especialmente ahora que han mejorado los precios del petróleo. Lo que no sé es cómo definir corto plazo.

Friday, September 21, 2018

Reconciliando Marx con Adam Smith

Radical Markets: Uprooting Capitalism and Democracy for a Just Society es un libro creativo y polémico de Eric Posner y E. Glen Weyl . Atrajo mi atención por dos razones: 1) Porque propone una idea novedosa de abolir la propiedad privada pero manteniendo el mercado. Y 2) porqué aplica las teorías de William Vickrey, un premio Nobel de economía, que fue mi profesor y amigo.

Comienzo por la anécdota. En los años 90, en la Universidad de Columbia, el octogenario profesor era conocido por interrumpir cualquier clase, en especial de los profesores jóvenes aduciendo que no se estaba dando bien la materia. Substituía con gran competencia al catedrático, a quien no le quedaba otra que atornillarse algún pupitre junto a los alumnos. También era un gran conocedor de vinos y fue el guía espiritual de una cofradía secreta que seguía el viejo adagio argentino que reza sin pudor: "Si usted vino al mundo y no toma vino, ¿a qué vino?”.  Participe como representante de Villazón y del vino tarijeño en este grupo en la universidad. Mi amigo Vickrey ganó el premio Nobel de economía en 1996 y como no podía ser de otra manera lo celebramos cascándole unos tremendos vinos. El profe fue pionero en desarrollar la teoría de las subastas de sobres cerrados, donde los interesados en la compra de un determinado bien o servicio  (piense en la adjudicación de una concesión pública) presentan por escrito su propuesta, sin conocer la oferta de las otras personas. En la puja del “quién da más”, gana el postor que ofrece el valor más alto, pero paga el precio de la segunda oferta más elevada. Por ejemplo, La empresa A dice que pagará 10 millones de dólares por hacerse cargo de la distribución de basura en una ciudad y en un segundo lugar está la empresa B con una oferta de 8. En la subasta creada por Vickrey, la empresa A se adjudica el servicio pero paga solo 8 millones o sea la oferta de la compañía B. Esto ayuda a que los ofertantes se aproximen al valor real del bien o servicio que se quiere comprar. La idea de la subasta fue utilizada por el libro Radical Markets como veremos más adelante.

En una visión tradicional propiedad privada y mercados son hermanos siameses. Posner y Glen Weyl sostienen que uno los problemas del capitalismo contemporáneo es que el sistema de precios, el mercado, asigna adecuadamente los escasos recursos de una economía, pero puede también provocar a una concentración y monopolio de la riqueza muy grande. En otras palabras, para los autores, la mano invisible del mercado de Adam Smith junta de manera adecuada los deseos de miles de consumidores con la oferta de centenas de empresas. El problema está cuando éste sistema permite que unos pocos concentren el poder económico generando desigualdad de los ingresos y muchas injusticias sociales. Pero qué ocurriría, siguiendo a Marx, si se abolimos la propiedad privada, y si todos los medios de producción son del Estado. Aquí entran las ideas de mi amigo Vickrey, Posner y Glen Weyl proponen que el Estado, periódicamente, subaste  el derecho de uso de fábricas, tierras, hoteles, o bienes de capital  entre los ciudadanos y ganen la administración de estos, los que ofertan mejores precios.
Los autores además proponen que anualmente, los administradores circunstanciales de los bienes de capital declaren pública y libremente los precios de estos y sobre los valores declarados deben pagar un impuesto de 7%. Según Posner y Glen Wey este tributo generaría ingresos equivalentes al 20% del PIB, dinero suficiente para pagar un bono a todos los ciudadanos de una economía. En el caso boliviano, se podría pagar una renta de 700 dólares año (35 mil millones de dólares x 20% dividido x 10 millones de personas). Este sería una especie de dividendo social.

Si hubiera algún vivillo que declara un valor menor del bien de capital que administra, para pagar menos impuestos, pondría en riesgo su administración, porque con precios más bajos otros ciudadanos buscarían ofertar mejores valor por la propiedad en la subasta anual. El riesgo de perder la administración del bien de capital obligaría a los gestores a declarar precios correctos.  Además una subasta permanente en la economía otorgaría la gestión de los bienes de capital aquellos que son más eficientes y competitivos. Este sistema garantizaría  la equidad a través del impuesto y le eficiencia a través de la puja abierta sin perjudicar la inversión

El libro Radical Markets es una tentativa de reinventar el capitalismo separando la propiedad de los bienes del mercado, es una idea polémica y difícil de implementar , pero: !Que comience el debate!.

Monday, September 3, 2018

Empresas Estatales Crisis en el paraíso?

Nuestra historia económica transcurre de manera pendular. En ciertas épocas, son el mercado y el sector privado los que comandan el ciclo económico. En otras, como en la actualidad, el Estado y las empresas públicas son los baluartes del desarrollo. Esta es una dicotomía ideológica simplona. Sólo es cambiar la propiedad de las empresas - y poner a los descendientes de Adam Smith o a los hermanos revolucionarios seguidores de Che- para que las cosas comiencen funcionar automáticamente. Sin embargo, la realidad de los hechos es caprichosita. Concentrémonos en el análisis de las empresas públicas.

El Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA) elaboró un documento sobre el desempeño de algunas empresas públicas que ha generado mucha polémica. “Más ruido que nueces. Análisis de los emprendimientos empresariales del proceso de cambio”. Entre las conclusiones más interesantes de la investigación, de Julio Linares, está que estos emprendimientos estatales habrían arrojado pérdidas de 1.993 millones de bolivianos o 250 millones de dólares en el periodo 2007- 2016. Entre las empresas que más perdieron, en millones de bolivianos, están: Emapa (-885,9), Mi Teleférico (-287,9), Enatex (-283,2), Agencia Boliviana Espacial (-249,6) -uta, qué nombrecito, ¿no? Ya me sentí en Marte- y San Buenaventura (-147,6). Es decir, problemas en el paraíso.

Como era de esperar, el Gobierno echó el grito al cielo con más acusaciones y descalificaciones que datos o información que contesten el estudio. Otra actitud tuvo el Servicio de Desarrollo de las Empresas Públicas Productivas (SEDEM), que compartió toda la información de las empresas bajo su tutela, que, para el caso del estudio que comentamos, son dos: Lacteosbol, que sí registra utilidad acumulada, como también lo muestra la investigación del CEDLA, y Cartonbol, donde se registran pérdidas acumuladas, pero que entre 2015 y 2017 ha mejorado su desempeño.

Los otras cuatro empresas en funcionamiento y bajo tutela del SEDEM también muestran rentabilidades positivas; además, tienen impactos sociales relevantes. Crearon 7.000 empleos directos e indirectos en 2017, generaron impuestos por 49 millones de bolivianos y promovieron cierta diversificación productiva.

El SEDEM es una incubadora de empresas estatales que da condiciones de arranque muy favorables a sus proyectos, como ser: capital inicial gratuito (donaciones), créditos subsidiados (préstamos a interés del 1% al año) y fuerte asistencia técnica, entre otros. También garantiza un mercado institucional para las empresas. Las compras estatales pueden representar entre el 20 y 60% del mercado para estos emprendimientos, como es el caso del subsidio y desayuno escolar. Éstos son particularmente importantes para las empresas de alimentos.

Las empresas incubadas muestran interesantes proyecciones, hechas por PwC en el papel, una vez que se gradúan del nido. A futuro, el valor promedio de mercado sería 4,7 mayor que el capital invertido. Pero sólo el tiempo y la competencia con el sector privado darán su veredicto final. Por definición, en una incubadora no hay bebés feos. De adultos es otra cosa. Muchas empresas creadas en el pasado se mostraban prometedoras al principio, pero retirados los subsidios y los ambientes de protección, no les fue bien.

Pero el estudio del CEDLA trata marginalmente a las empresas de la incubadora estatal. Se concentra en empresas públicas de mayor tamaño y en contextos institucionales muy diferentes. Aquí, al contrario del SEDEM, existe un hermetismo prusiano sobre los datos. No encontré balances o estado de resultados auditados de Emapa, Mi Teleférico, Enatex y las otras. Me consuela saber que tampoco el Ministerio de Economía y Finanzas consiguió datos para las empresas públicas. En un estudio realizado en el 2017, titulado Las empresas estatales en el nuevo modelo económico, usó partidas presupuestarias ejecutadas y no los estados de resultados para hablar de la rentabilidad de las empresas.

Empresas estatales maduras tienen dos criterios de evaluación: 1) la rentabilidad, que según el estudio del CEDLA sería negativa en Bolivia, y 2) la creación de valor social, que el Gobierno dice ser grande, pero muestra sólo indicadores muy agregados, incompletos y demasiado contaminados por la propaganda. Resolver la tensión entre retornos financieros y creación de valor social y público (generar empleos, crear y dinamizar cadenas productivas, generar consumo, apoyar a productos nacionales, promover desarrollo tecnológico, pagar bonos sociales, etcétera) es el desafío más complejo de las empresas estatales.

En la historia boliviana, sólo en casos muy excepcionales se logró un equilibrio entre ambos objetivos. Muchas empresas terminaron en grandes pérdidas, corrupción, ineficiencia y destrucción de valor social.

Con este marco conceptual veamos dos casos. De acuerdo al CEDLA, Emapa es la empresa que más pierde. Tengo la impresión de que también destruye valor social a raudales. Es una agencia de empleos que distorsiona el mercado de alimentos con criterios políticos. Existen también grandes dudas sobre su transparencia.

Mi Teleférico, sería el caso de una empresa que pierde pero que podría estar generando un gran valor social. La rentabilidad es de muy largo plazo porque la inversión es alta, los costos son elevados (reposición y mantenimiento, personal y energía). Y es altamente probable que el transporte por cable sea siempre subsidiado.

El tema de las empresas públicas es complejo y diverso. El estudio de CEDLA abrió la puerta del paraíso, urge un debate informado y técnico.

Gonzalo Chávez A. es eco

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