Wednesday, April 26, 2017

Monday, April 24, 2017

Cebando el carburador

Termina el primer cuatrimestre del año. Tiempo de una primera evaluación de la economía internacional y nacional. Utilicemos los datos recién salidos en el Word Economic Outlook del FMI. El crecimiento económico del 2017 (3,6%) será ligeramente superior al año pasado, lo que muestra una suave recuperación, pero que en momentos de incertidumbre como el actual se convierte en una gran bocanada de aire fresco. 

Según el FMI, el 2018 se dará otro paso modesto en la retomada económica, 3,6%.  Economías avanzadas, como Estados Unidos y Europa, crecerán 1,9% en 2017 y 2,0% en 2018; es decir, 0,1 y 0,2 puntos porcentuales más que en el pronóstico anterior. Países emergentes, como la China, India o Rusia,  registrarán mejores desempeños, crecerán en promedio  a 4,6% en el 2017 y 4,8% en el 2018. Sin duda, un mejor resultado pero también a paso lento y dejando mucho que desear respecto a los resultados de otros años, donde se superaba el 10%. Es decir, la economía mundial anda despacio, cebando frecuentemente el carburador, como se dice en el lenguaje de los amantes de las tuercas. A saber, sobar es soplar en situ esta parte del motor para que el carro encienda con el alto riesgo de tragar buenas bocanadas de gasolina. Además, la economía mundial está amenazada por tendencias estructurales  a la fragmentación del comercio internacional, hecho que se origina  en el surgimiento de nacionalismos proteccionistas en los países desarrollados. Debido a esta situación, los pronósticos de mediano y largo plazo sobre el crecimiento económico mundial no son muy entusiastas.
 
En este contexto incierto y gelatinoso, América Latina apenas crecerá un 0,6% en el 2017, según el FMI.  Las recesiones económicas de Venezuela (-7,4%) y Ecuador (-1,6%)  son las responsables por reducir el promedio. Así mismo,  países grandes como Brasil (0,2%), Argentina (2,2%) o Chile (1,7%) también son determinantes para explicar este débil desempeño de la región.  Para el 2018, las proyecciones son ligeramente mejores, pero nada del otro mundo. La leve brisa de optimismo en el continente se debe a una mejora de los precios de las materias en el mercado internacional. En el 2017, el valor de los minerales subiría en un 3% y el precio del petróleo se estima que aumente en 20%, ambos respecto al año pasado.
 
Tres precisiones en la tendencia regional. 1) La debacle venezolana se explica por la fuerte caída del precio del petróleo en años anteriores y la grave crisis política. 2) El vecino Brasil se mantiene en el fondo del pozo debido a los terribles problemas de corrupción y el derrumbe del edifico de la credibilidad de la política económica. 3) Economías pequeñas como Perú (3,5%), Paraguay (3,3%) y Bolivia (4%) continúan con buenos resultados en el 2017. En el próximo año  los dos primeros países continúan con una leve mejora en el desempeño y el crecimiento boliviano se reduce levemente a 3,7%. FMI dixit.
 
La proyección de un 4% de crecimiento, el más alto de la región sudamericana, hecha por la odiada suegra del FMI, ha despertado el entusiasmo culposo del gobierno, por una parte celebra la bendición numérica del organismo internacional pero reniega de que sea tan bajo, el nacionalismo estadístico nacional sostiene que el crecimiento será superior (4,8%).
 
¿Frente a este posible resultado económico se puede afirmar, como lo  hacen los ascetas del poder, que esto prueba la superioridad del nuevo modelo económico nacional? ¡No tan rápido! No hay duda que las políticas keynesianas de sustentación de la demanda agregada, basada en la fuerte inversión y gasto público, aún están funcionando al igual que en modelos económicos más liberales como Perú y Paraguay. Pero más allá de la fe ideológica y el coro de las consignas debemos preocuparnos con los sacrificios fiscales, financieros y cambiarios que estamos realizando para mantener la llama del crecimiento en el sector público. Lamentablemente, en ciertas actividades privadas  ya se observa una ralentización, como la construcción, por ejemplo.
 
Es más sensato  detectar y actuar sobre una crisis evaluando los síntomas antes que resultados que pueden ser terminales. O sea no hay que esperar una recesión a la Brasil para actuar. En efecto, ciertos focos rojos de la coyuntura económica ya están prendidos, a saber: fuerte déficit comercial, caída de reservas internacionales del Banco Central -parcialmente amortiguada por el préstamo de los mil millones de dólares obtenidos por el Estado boliviano-, cuarto año consecutivo de déficit público elevado (en el 2017 el agujero fiscal llegará al 7,8% del producto), aumento del endeudamiento externo, presión sobre la sostenibilidad  tipo de cambio. El crecimiento económico actual se sostiene con pérdida de ahorro nacional y endeudamiento externo.
 
 Para mantener el producto en torno del 4% al año a futuro, la política económica de corto plazo  tiene muy pocos grados de libertad. Debe escoger entre rezar a los santos de los mercados internacionales para que vuelvan a subir los precios de las materias primas a niveles de hace cinco años o quemar ahorros interno y externo para mantener la burbuja de consumo. Ahora bien, una pregunta que debería estar taladrándonos el cerebro es: ¿por qué después de 11 años de gobierno y haber gastado 60.000 millones de dólares extras (medio Plan Marshall a precios de hoy) no tenemos ninguna fuente adicional de ingresos externos que no sean los recursos naturales? Las exportaciones cayeron en torno de 4.000 millones de dólares y no hay ningún sector alternativo que puede darnos ni 50 millones de dólares. Pero como vivimos al día y lo que interesa es la política antes que la economía, se fuerza el modelo primario exportador, aunque esto signifique sacrificar el futuro. Claro, el pretexto de la conspiración del imperio siempre está disponible para ocultar errores internos de la fiesta del rentismo y de populismo económico, tal vez el ajuste del país a la realidad económica lo tendrá que hacer otro gobierno.

Monday, April 17, 2017

Un Elefante en la Cristalería

Tres eventos sui géneris, para decir lo menos, han demostrado  la sobre ideologización y amateurismo de la política externa nacional. 
 
Primero está el "apoyo solidario e incondicional” al Gobierno venezolano en su decisión de retirar los poderes de la Asamblea Legislativa, cuando ni siquiera Maduro conocía de la decisión tomada por el Poder Judicial y, más aún, la condenaba. 
 
Segundo, nuestra representación en la  Organización de Estados Americanos (OEA), que circunstancialmente preside el Consejo Permanente,  perdió una gran oportunidad para proyectar al país como un actor responsable, moderado e inteligente en temas regionales complejos, como la crisis venezolana. Lamentablemente se optó por maniobras políticas y denuncias contra el carácter pro imperialista de la OEA. 
 
Tercero, está el accionar de nuestra representación diplomática ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que se equivocó al requerir una sesión reservada para tratar el tema, pedido que fue duramente criticado por varios países. Así mismo, fue el único país que apoyó a Rusia en el veto de un proyecto de resolución del Consejo que requería al Gobierno Sirio cooperación para investigar el ataque con armas químicas.
 
 En los casos mencionados y en varias otras oportunidades prevalece en la narrativa y acción de la política exterior boliviana la ideología antes que el interés nacional o el apego  a ideales y principios internacionales. La política exterior parece anclada en los años 60 y 70, se mueve en un andamiaje conceptual obsoleto inspirado en el bipolarismo de la Guerra Fría.  También se observa un alineamiento a Rusia o China, cuyo único afán parece ser oponerse a Estados Unidos. Muchas de estas acciones internacionales del país parecen estar más dirigidas a influir la política interna, buscando apoyo interno antes que el logro de objetivos internacionales.
 
 Sin duda, nuestra política exterior requiere de una relectura de las tendencias que prevalecen en el sistema internacional actual y necesita conectarse con la reivindicación marítima, que es la esencia de la unidad nacional, y debería ser el norte del accionar internacional. 
 
 Cabe recordar, el sistema internacional evoluciona en múltiples dimensiones desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El sistema internacional se asemeja a un complejo tablero de ajedrez de múltiples dimensiones. 
 
 En el tablero del poder estratégico-militar ha evolucionado de un mundo bipolar (URSS vs EEUU, entre 1950 y 1980) a un sistema unipolar bajo la hegemonía norteamericana a partir de los años 90, pero que ahora es cuestionada China, Rusia y Europa. Esta disputa esta en varias partes del mundo. Siria es una ejemplo trágico de confrontación de intereses estratégicos de actores mundiales y regionales.
 
En el tablero de ajedrez que representa los cambios económicos y tecnológicos, el unipolarismo ha evolucionado hacia una fragmentación del poder. En el siglo XXI el sistema económico internacional es multipolar. Europa, Japón y las economías emergentes son los actores más importantes. Para complicar este escenario han surgido nacionalismos que amenazan romper los precarios equilibrios financieros y comerciales. Este sistema, surgido en Breton Woods, está en crisis.
 
 Un tercer tablero tiene que ver con el lado oscuro de las relaciones internacionales donde juegan actores vinculados al terrorismo, narcotráfico, venta ilegal de armas, trata de personas, que colocan cada vez más tensión a la relación entre Estados.  
 
 Es en este contexto de unipolarismo estratégico-militar cuestionado, multidimensionalidad económica y poderes paralelos, los Estados buscan defender sus interés nacionales y los alineamientos son apenas tácticos, y no responden a lealtades ideológicas. Bolivia no puede ignorar esta realidad y los objetivos de la política exterior deben basarse en la consecución de los intereses nacionales; sin duda el más importante, aunque no el único, es la recuperación soberana del acceso al mar. 
 
 En este contexto, la diplomacia del mar requiere ser acompañada por una política exterior basada en un poder suave e inteligente. El académico Joseph Nye sostiene que -al contrario del poder duro, que se sustenta en la fuerza militar y el poderío económico- el poder suave e inteligente se basa en la seducción, atracción y persuasión, utilizando principios, cultura, valores o modos de vida del país. 
 
 Siguiendo la lógica del poder suave, cabe recordar que está en curso una demanda contra Chile en la Corte de la Haya, pidiendo justicia, en el marco del derecho internacional respetando la paz y la democracia. Si pedimos justicia ante una instancia externa, dentro del país y en nuestro accionar internacional debemos ser consistentes con este principio. Esta coherencia entre ambos niveles es fundamental para crear simpatía y apoyo de otros Estados a nuestra causa.
 
 De una manera más amplia, tanto en los espacios bilaterales y multilaterales, la política externa boliviana debería pregonar con el ejemplo. Ser un país democrático, que respeta las reglas de juego, que cree y fomenta la independencia de poderes, que venera los derechos humanos y políticos, que respeta el medioambiente y la diversidad étnica y cultural, que cree en la soberanía de los pueblos, en la paz y en la justicia internacional. 
 
 Defendiendo y practicando estos valores, y principios a nivel interno y externo proyectamos nuestro poder suave e inteligente para potenciar la reinvindicación marítima y para ordenar nuestras alianzas e, inclusive, neutralizar a otros Estados no muy afines a nuestros objetivos. 
 
 Nuestra causa es poderosa y justa; por lo tanto, debe buscar convergencia y solidaridad con todos los Estados del mundo, pero sobre todo con nuestros vecinos. Pero para esto requiere una política exterior pragmática y basada en principios, no estridencia ni confrontación. Necesitamos la sutileza de un colibrí y no de un elefante ideológico que se  tropieza en la compleja cristalería del sistema internacional.

Monday, April 10, 2017

Matando a Sócrates con un iPad


Jorge Patiño tuvo la gentileza de responder en el suplemento Ideas del anterior domingo a uno de mis artículos sobre los desafíos de la educación en siglo XXI.

 Patiño retoma un viejo debate. Contrapone la idea de una educación que permite el desarrollo del pensamiento abstracto, siendo éste el sendero correcto a seguir, versus una educación práctica, que habría recuperado cierto (falso) estatus debido a la incorporación de la tecnología de la información y la comunicación. Afirma que: "una parte significativa de los jóvenes teme la teoría y prefiere ser entrenada en la realización de tareas prácticas. La educación que describe Chávez responde a esos temores haciéndole el quite al desafío de desarrollar el pensamiento abstracto, esencial en el proceso creativo y la capacidad analítica compleja”. 

 Jorge propone una falsa dicotomía.  Sostengo que experimentación y teorización son un binomio inseparable que permitió la aparición del homo sapiens y el avance de la ciencia en diversas áreas. Es equivocado sostener que el pensamiento abstracto es el único camino para la creatividad. Parte del supuesto, también erróneo, que la única inteligencia de las personas es la lógica-matemática y deductiva. 

 Las nuevas generaciones, a las que se refería mi artículo, para Patiño serían una bando de monitos simpáticos a los cuales los seducimos con bananas digitales y les enseñamos a apretar algunos botones con afanes mercantiles. 

 La idea totalmente pifiada de Patiño es que a través de la experimentación no sería posible la abstracción, la creatividad y la capacidad analítica compleja. Sin decir Jesús, Jorge ignora la historia de la humanidad. Nuestros ancestros descubrieron el fuego, la flecha, la agricultura, justamente experimentando, probando y "haciendo y aprendiendo”, desarrollando la creatividad a partir de la práctica. Así mismo, a través de la cooperación -trabajo en equipo diríamos ahora- crearon órdenes imaginados, mitos compartidos, abstracciones de diversos tipos, que después moldearon prácticas sociales y, por supuesto, crearon teorías que después volvieron a la práctica como innovaciones tecnológicas. Ahora bien, su acusación de mercantilismo es liviana y no se aplica a las experiencias que conozco.

 Patiño tiene una visión aria del conocimiento, donde sin "la suprema teoría” nada es posible. 
 
Pero entonces ¿cómo entrenamos a los poetas, periodistas, columnistas que se pasarán la vida leyendo, escribiendo y reescribiendo miles de páginas, aprendiendo el oficio en la práctica y la reflexión constante? Su inteligencia lingüística no cabe en el enfoque educativo de Patiño. ¿Qué de aquellos que tienen inteligencia visual-espacial y frecuentan facultades de arquitectura o escuelas de pilotos? Es decir, aquellos que reciben un entrenamiento fuertemente basado en el seguimiento de procesos, protocolos y mucha práctica. ¿Manís para ellos? ¿Y los futbolistas, los cirujanos, los botánicos, los biólogos, los geólogos, los chefs de cocina que desarrollan sus habilidades a través de  la observación, la repetición y la experimentación? Aquí hablamos de la inteligencia corporal, natural y cinestésica. 

¿Se puede imaginar cuántos miles de tiros libres entrenó Neymar antes de meter el golazo frente al PSG? O alguien en sano juicio cree que pasó estudiando la teoría de las parábolas en el fútbol escrita por un matemático que calculó la trayectoria perfecta de la bola? Aquí sugiero leer a H. Gardner.

 Pero lo que más parece incomodar a Patiño son las Escuelas de Negocios, donde es más valido -aunque también se trabaja con pensamiento abstracto- aprender de casos exitosos y fracasos de empresas, o practicar en negocios reales, en el modelo de aprender haciendo. Siguiendo a Xavier Sala i Martin: ¿de qué teoría del circo y sus payasos habrá sacado la idea Guy Laliberté para juntar teatro, danza y mímica, y crear el Cirque du Soleil? O ¿habrá estudiado Amacio Ortega el signo de la segunda derivada de la curva de costos para descubrir que Zara podía sacar colecciones de ropa semanales y no solamente por estación? O ¿el cocinero Ferran Adria habrá teorizado sobre la química para inventar la nueva cocina molecular? En el campo de emprendimiento, la creatividad surge de la observación y la experiencia; por supuesto, también va de la teoría a la acción. 

 Patiño, muy condescendiente, sostiene que "el sesgo en las reflexiones de Chávez (que la educación actual debe enfatizar la experimentación  con el uso de las TICs) no viene de falta de inteligencia ni conocimiento. Es más bien el resultado de una actitud de jáganhou (¿triunfalista?) del hubrisacrítico de creer que las frases compartidas entre iniciados agotan la verdad, que hay realidades incontestables que implican conclusiones obvias; las aplicables al entorno en que se aprende haciendo”. En palabras sencillas: a pesar de mis dotes intelectuales y 25 años de experiencia en el campo educativo, yo habría sido poseído por un híbrido entre Peter Druker y Steve Job para crear la Iglesia de los Hombres prácticos de los últimos días, y que ahora hablo en lenguas pendencieras, como el trípticortes (idioma de los trípticos, y prospectos de remedio), desarrollado para embaucar a  jóvenes, disidencias del homo sapiens, y que ahora como pastor cibernético  estaría en una trama siniestra de matar el pensamiento abstracto, representado por Sócrates, con la cicuta contemporánea: el IPad. ¡Pamplinas prejuiciosas y claro, pretensioantiquis! Coba Dixit. 

No creo en el falso debate que plantea Patiño, pero just in case, rezaré, a los Orishas del buen pulso para que el médico que me opere de aquí a 20 años, manejando un robot, de niño haya jugado miles de horas videojuegos en su iPad y que haya practicado la misma cantidad de tiempo durante su internado en un instituto técnico, como llama Patiño, de manera peyorativa,  a las escuelas de medicina. También le pondré una velita en agradecimiento al científico que desarrolló los conceptos matemáticos para construir el equipo. 



A CONTINUACIÓN TODOS LOS ARTÍCULOS DEL DEBATE , AL FINAL USTED TIENE LA ULTIMA PALABRA EN EL DEBATE
El inicio: La educación en la era digital x Gonzalo Chavez

La crítica: Entre Sócrates y Samsung x Jorge Patiño

La réplica: Matando a Sócrates con un iPad


Monday, April 3, 2017

Ideas y desarrollo económico en Bolivia

Ideas y desarrollo económico en Bolivia

La Terapia de los Espejos

El país necesita una terapia de shock para librarse de la maldición de los recursos naturales, que desde hace más de 500 años nos condena a recolectar de las entrañas de la Pachamama minerales, gas natural y otros productos para sobrevivir. Este patrón de desarrollo, además, ordena un imaginario político bipolar en la sociedad, fomenta el rentismo entre las personas, crea un patrioterismo extremo y fomenta el populismo económico. 
Éste se basa en la equivocada idea de que la riqueza se hereda y que, por lo tanto, la política pública debe priorizar la distribución ingreso antes que la creación de valor, generalmente a cargo de un líder mesiánico y paternal.  La sociedad, bajo el espejismo del modelo extractivista  se torna pasiva, controlable y  manipulable porque debe hacer fila frente a las prebendas que el buen Estado o la transnacional de turno distribuyen. 
 Para exorcizar el cuerpo económico de los demonios de los recursos naturales y su eterna cantaleta discursiva, recomendaría una terapia a base de espejos.  En efecto, deberíamos colgar miles de cristales en todo el país, gigantes   que reflejen multitudes, medianos que muestren la diversidad de la nación y pequeños que se sintonicen con el alma de los más tímidos. Necesitamos un baño de espejos, bajo la siguiente consigna: "Lo mejor que tenemos en el país somos nosotros”, o si quieren de una manera más genérica, nuestro capital humano. 

 Lamentablemente, en una economía extractivista como la nuestra los espejos sólo se cuelgan en los laberintos del poder, donde los dueños coyunturales de éste se miran, embobados, a la espera de que su reflejo les diga lo maravillosos que son.  Son los sempiternos narcisos de la economía y política, que confunde realidad con ideología, hechos con consignas y propagandas. Pero cuando la economía depende demasiado de los recursos naturales,  la autoestima de la gente se va al suelo, porque se depende de las dádivas del papá Estado, que adquieren muchas formas: subsidios, bonos, transferencias. Cuantos estos recursos están bajo control de las transnacionales, la mano se extiende para recibir algunos espejitos y bisuterías. 

 El conocimiento tradicional sostiene que la producción de bienes y servicios es resultado de la combinación de recursos naturales, máquinas y capital humano. El modelo extractivista sobreenfatiza la importancia del primer factor de producción. Aquí sostenemos que la creación de riqueza y desarrollo están en el capital humano, especialmente ahora que vivimos la cuarta revolución industrial basada en el cambio tecnológico.  El capital humano es fuente inagotable de los recursos más poderosos que se conocen: las ideas. El crecimiento económico y el desarrollo sostenible dependen de la producción de ideas y de conocimiento colectivo; es decir, las ideas en red. Aquí seguimos a economistas como Paul Romer, Xavier Sala-i-Martin y Ricardo Hausmann. 

 Los productos y los servicios, y la distribución de éstos pueden ser vistos como conglomerados de ideas. ¿Cuántas ideas se necesitarán para extraer minerales y cuántas nuevas ideas para hacer un teléfono inteligente? En el primer caso pocas. Por ejemplo: cómo buscar minerales, extraerlos, limpiarlos, almacenarlos, transportarlos.  En realidad, ésta es una actividad propia de sociedades recolectoras que usan algunas decenas de ideas, lo que corresponde a un nivel de desarrollo tecnológico.   Algo similar  ocurre con la extracción de petróleo o gas natural, aunque en este sector se necesitan ideas más sofisticadas para encontrar hidrocarburos. 

En el caso de un teléfono inteligente, éste también es una condensación de ideas  para sacar fotos y grabar videos, hacer llamadas, escuchar música, leer revistas y libros, ver la predicción del tiempo, pedir un taxi, subir y ver videos, enviar mensajes y comunicarse, jugar, calcular, hacer citas de amor, manejar una agenda y un largo etcétera.   Centenas de ideas que valen mucho más que un pequeño pedazo de litio, plástico, cobre, vidrio o aluminio. 

Si sumamos los costos de todos estos materiales de un celular no pasarían de 20 dólares, pero cuando éste va al mercado cuesta 1.000 verdes. La diferencia es el valor de las ideas.  Hay economías que saben hacer teléfonos y otras que extraen piedras de la tierra; detrás de ello hay un conocimiento colectivo, un nivel tecnológico. 
Para Romer, la gran virtud de las ideas es que son bienes no rivales. Una calamina o un celular son bienes rivales o excluyentes, sólo pueden ser usados por una persona, para techar su casa o comunicarse con sus amigos. La idea de cómo elaborar una calamina o hacer un celular es un conocimiento tecnológico que puede ser usado simultáneamente por muchas empresas y personas al mismo tiempo; por lo tanto, es un bien no rival que genera rendimientos crecientes de escala y desarrollo sostenible.  Además,  las ideas son acumulaciones históricas que se fueron creando, reinventando, transmitiendo y almacenando con el tiempo. Isaac Newton reconoció que descubrir la ley de la gravitación universal  fue fácil. "Yo pude ver más lejos que los demás porque estaba de pie en hombros de gigantes”, afirmó. Muchos filósofos y astrónomos habían hecho muchos descubrimientos en los que se basó Newton. 

 Entonces, el elemento central de una economía contemporánea es el capital humano y su capacidad de generar nuevas ideas, que actuando en red se convierten en saber colectivo. ¿Qué sabemos hacer los bolivianos colectivamente y qué saben elaborar los surcoreanos, por ejemplo? En la respuesta tendrán las diferencias en los grados de desarrollo económico y social entre ambos países.  Por lo tanto, revalorizar el capital humano es centro de un nuevo modelo de desarrollo. Desafortunadamente, en los últimos 11 años se gastó medio plan Marshall a precios de hoy - 60.000  millones dólares - para revivir viejas y cansadas ideas que sólo nos permiten extraer piedras, gases y algunos alimentos.  Por eso aún es tiempo, saquemos los espejos a las calles.

Análisis incremento salarial

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