Monday, July 9, 2018

Futbol, economía y política

En un Mundial se dice que el fútbol es el substituto sublimado de la guerra. O como supongo que diría Carl von Clausewitz, uno de los principales teóricos de la guerra moderna, desde las graderías de un estadio, el fútbol es una continuación de la política por medio del deporte. En el fútbol, los nacionalismos son bien vistos, más aún, fomentados desde todas las esquinas de la sociedad y sobre todo desde el Estado. En la arena política, los nacionalismos están devaluados. No corresponden a los desafíos de integración económica y democrática del mundo globalizado contemporáneo. 
 Los jugadores son los guerreros de la actualidad y en sus clubes representan la diversidad y el encuentro. Pero cuando se trata de la representación del país, los nacionalismos deportivos no son correspondidos dentro de la cancha. Ciertos jugadores, especialmente las grandes estrellas, están más motivados por las mieles del mercado que por el estandarte de la nación.  La jerga deportiva los acusa de pechos fríos. Los más duros sostienen que, por ejemplo, los equipos latinoamericanos no tienen ningún tipo de vicios: no beben, no fuman, no juegan. 
 El fútbol mueve miles de millones de dólares en la economía.  Cada cuatro años, los países anfitriones de la Copa del Mundo gastan fortunas en infraestructura, equipamiento y organización. 
 En Brasil, el 2014, la construcción de campos de fútbol e infraestructura se convirtió en un esquema brutal de corrupción. Los sobreprecios en las obras, las enormes mordidas y el favorecimiento con negocios a los amiguetes de los políticos fueron prácticas muy comunes. En el país del fútbol apuñalaron a mansalva a la ética y a las reglas del juego.   
 No existen evidencias creíbles de que el Producto Interno Bruto (PIB) de los países que organizaron un Mundial hubiese crecido a raíz del evento. La mayor parte de las investigaciones demuestran que la construcción de estadios de fútbol crea una burbuja de consumo de corto plazo. En el largo plazo, no se incrementa el nivel del salario, ni del empleo  ni sube el valor de las propiedades. Contrariamente, después de organizar grandes eventos, como el Mundial o los Juegos Olímpicos, se presentaron problemas fiscales en los países.
 En una escala menor tendremos que ver más en detalle qué pasó con los gastos de los XI Juegos Suramericanos de Cochabamba. En este caso, el Gobierno buscó usar el evento deportivo para fines políticos, pero el tiro les salió por la culata. La participación de nuestros deportista fue pobre, se desnudó la falta de apoyo del Gobierno a los atletas y la gente, desde las graderías, les recordó a  los dueños del poder que Bolivia dijo No a la reelección por cuarta vez al Presidente, en el referendo del  21 de febrero de 2016. 
 Volviendo al fútbol y su relación con la economía, los jugadores de equipos, como Francia o Brasil, cuestan más de mil millones de dólares y mueven fortunas en publicidad. Los clubes privados actúan como grandes corporaciones empresariales. El fútbol es una actividad altamente mercantilizada. Todo tiene precio en este negocio.  Ciertamente, si Charly Marx viviera en estos tiempos, reformularía su frase de denuncia más fuerte: no es la religión el opio del pueblo, sino el fútbol. 
 A los revolucionarios más feroces contemporáneos, como nuestro presidente Evo Morales, se le chorrean las medias a la hora de hablar de fútbol, que es el sumun del capitalismo concentrador de ingresos. Las principales estrellas del balompie ganan por encima de 100 millones de dólares por año. 
 Asimismo, cabe recordar que la gestión administrativa del fútbol mundial actúa como un oligopolio de federaciones nacionales de muy difícil control. Tanto a nivel local como internacional  se descubrieron serios casos de corrupción.    La guerra del fútbol enfrenta gladiadores modernos, pero lo hace dentro de reglas de juego claras y con árbitros que son, en teoría, imparciales. En el Mundial de Rusia, en curso, se introdujo la tecnología. Los balones con chips y el Video Arbitraje (VAR) buscan ayudar aplicar con más justicia las reglas del fútbol. 
 Un elemento central de la legitimidad en el deporte como en la política es el cumplimento de las reglas de juego. La máxima, en ambos mundos es: certidumbre en las reglas e incertidumbre en el resultado. En los partidos de fútbol, como en las elecciones de un país, cualquiera puede ganar. Como dicen los locutores deportivos: son 11 contra 11 y hay 90 minutos en la cancha, pero terminado el partido, se respeta el resultado.
  Quien ama el fútbol respeta las normas de este juego. Quien ama la democracia respeta la Constitución. Quien usa el fútbol para hacer politiquería se permite dar rodillazos a mansalva en un partido. Se dice que se juega como se vive en la cancha o en la arena política. Por lo tanto, no es sorprendente, por ejemplo, que en Bolivia  los dueños del poder no respeten las reglas de la democracia. 
 ¿Se imaginan que en el Mundial de Rusia, el equipo de Alemania, que fue eliminado en justo partido por Japón, inicie un proceso en la FIFA para anular el resultado del partido porque les hicieron muchas faltas y les violaron los derechos humanos?

Monday, July 2, 2018

UNIVERSIDADES EMPRENDEDORAS

La semana que termina participé de un par de eventos donde se reclamaba, con absoluta justicia, la necesidad de coordinación y cooperación entre las universidades y otros actores del desarrollo, llámese sector privado, gobierno u organismos internacionales. Las mejores prácticas internacionales en desarrollo industrial sugieren que la triple hélice: academia, empresas y gobiernos es un gran impulsor de la innovación tecnológica, de la creación de riqueza y bienestar social, mucho mejor, si esta sinergia se produce en un ecosistema que promueve la creatividad, innovación y el espíritu emprendedor.

Generalmente se asocia el emprendimiento a la acción empresarial de un individuo, sin embargo, este concepto es mucho más amplio.   Se puede mencionar de países y ciudades emprendedoras. Así mismo existe emprendedurismo social e inclusive político. Entonces también se puede hablar de universidades emprendedoras, quienes además de tener objetivos como muy buena educación y excelente investigación deben focalizarse en la calidad de ciertos servicios como: el impulso al desarrollo económico local, aplicando los hallazgos de la investigación realizada tanto a las empresas como proyectos sociales; promoviendo el uso de la tecnología para el bien común; creando spin-offs universitarios (empresas que se crean dentro de universidades); llevando adelante programas de emprendimiento, e incrementando las relaciones con todos los actores del ecosistema de una región, por ejemplo.

En términos más conceptuales una universidad puede ser más emprendedora de dos maneras. Fomentando el emprendimiento académico que sobre todo sería el uso y comercialización del conocimiento y los hallazgos investigativos de todo orden y liderando la educación emprendedora.  Las principales características de esta última misión son: la formación de titulados, en todas las carreras, con un fuerte espíritu emprendedor. Economistas, ingenieros, médicos, abogados emprendedores, es decir profesionales que no salgan a buscar un trabajo sino a crear proyectos que generen valor para la sociedad, sean estas empresas, proyectos sociales o nuevas instituciones públicas.

Así mismo, este tipo de educación impulsa el espíritu emprendedor entre los profesores para que éstos pasen de la cátedra magistral al aprendizaje colectivo, de la investigación pura a la aplicada, desarrollando start ups sociales, tecnológicas y productivas. Los nuevos híbridos son profesores-empresarios. Por otra parte, la universidad emprendedora crea espacios institucionales que apoyan la incubación y desarrollo de empresas intensivas, preferentemente,  en conocimiento y tecnología de la información pero también en otros rubros de la economía. Este tipo de instituciones también posee todos mecanismos y metodologías para impulsar la búsqueda proactiva de fuentes individuales y complementarias de financiamiento.

En efecto, las universidades emprendedoras se diferencian de las tradicionales en la forma de financiamiento. Estas últimas generalmente reciben recursos de fondos públicos, de programas  del gobierno o del pago de la matrícula. Complementariamente, las universidades emprendedoras tienen múltiples fuentes de financiamiento en especial del sector privado y sobretodo de proyectos empresariales que incuban, aceleran o promueven. Por supuesto también pueden recibir fondos estatales.

La universidad emprendedora tiene como uno de sus objetivos la difusión de la cultura emprendedora en toda la sociedad, creando una especie de vacuna contra el rentismo en las casas superiores de estudio tradicionales. Así mismo, lidera ecosistema a través de infraestructura de calidad, parques tecnológicos, territorios inteligentes, incubadoras y aceleradoras empresas. Crea espacios institucionales para la construcción de redes entre actores diversos y ayuda al financiamiento de nuevos emprendimientos pero también apoya el desarrollo de una sociedad más justa a través de programas de emprendimiento social basadas en tecnologías para el bien común.


Tal vez el reto más complejo es enraizar las universidades emprendedoras en los ecosistemas sociales y económicos y conectarlas a los objetivos del desarrollo local y nacional. El desafío de las universidades emprendedoras es más importante dada la velocidad de la globalización, que coloca amenazas y oportunidades cada vez más complejos a las personas y las empresas. Lamentablemente, la mayoría de nuestras universidades, especialmente públicas, contrario a lo señalado en este artículo,  tienen un comportamiento rentista y sólo se abocan a conseguir recursos públicos devolviendo muy poco a la sociedad que las financia. Un primer paso para promover una profunda reforma es comenzar a repensar nuestras universidades a partir del emprendimiento y desarrollo local.

Monday, June 11, 2018

Homenaje a Jonathan: Repensar la universidad

Como siempre el tema de la educación superior se concentra en un problema de recursos financieros. Entra tanto, esta vez, con mucho dolor e indignación por la “muerte matada” de un estudiante universitario: Jonathan Quispe y la estúpida teoría de las canicas. Ciertamente, se hicieron y se harán sendos homenajes al muchacho, se lo convertirá en un héroe instantáneo de una causa justa, pero pasadas algunas semanas se olvidará el caso, nadie se hará responsable políticamente y  Jonathan será una estadística más de la violencia política del país.

Sin embargo, el dolor de la familia será eterno. También es probable que la Universidad Pública de El  Alto consiga los recursos que estaba pidiendo. Las partes se irán a sus cuarteles de invierno, para aguardar la siguiente escaramuza sobre las rentas.  

Tal vez un mejor homenaje al joven alteño es polemizar y repensar nuestro sistema universitario, el modelo académico y esbozar propuestas. Ciertamente, a pesar de las mejoras que se han producido en los últimos 30 años, nuestras universidades están lejos de ser centros de investigación de avanzada, conectados con su entorno y que brindan capital humano de primer nivel para el desarrollo económico del país.

Un primer problema es que no existe una información precisa de cómo está nuestro sistema universitario. El Instituto Nacional de Estadística  tiene algunas cifras agregadas y el Comité Ejecutivo de la Universidad Boliviana (CEUB) también presenta datos parciales. Veamos algunos de ellos:

En 2017, el gasto total en educación era de 8% del producto y en universidades fue superior a 2% del PIB, cifras que están por debajo de los promedios latinoamericanos. En la actualidad, en las universidades públicas (556.371) y privadas (128.871) estudian casi 700 mil estudiantes, 7% de la población total. El nivel de titulación no pasa del 30%. Ambas proporciones son muy bajas en relación con  América Latina.

Hasta el año 2015, existían 368 instituciones de educación superior, 107 universidades y 261 institutos técnicos, formación superior de maestros y otros. Las universidades públicas llegan a 11 y las privadas a 66; el resto son universidades con regímenes especiales. En este caso hay escasez de oferta en relación con el tamaño de la población boliviana.

Según el CEUB , entre 2004 y 2015, las áreas de conocimiento de la nueva matrícula se concentraban en ingenierías un 29,1%, seguidas de ciencias sociales y humanidades  con un 26,6, de ciencias económicas 21,8 y de ciencias de la salud 14,2%. Es una buena señal que las carreras técnicas hayan subido, pero el camino es largo.

En las licenciaturas del sistema de la universidad boliviana dictan clases 20.775 profesores y tan sólo el 3,3% de docentes tiene grado académico de doctor. Con este nivel de formación de los docentes no se puede llegar muy lejos, ni en la enseñanza ni en la investigación.

Todos estos datos reflejan ciertos avances en temas cuantitativos. ¿Pero qué podemos decir de la calidad? Ésta es difícil de medir pero la acreditación es un buen indicador. Este es un proceso  llevado a cabo por una agencia externa a las instituciones de educación superior y permite ver la calidad de los programas o de la institución acreditada.
La mayoría de las acreditaciones las hace el CEUB y según sus datos, hasta   2015 se habría acreditado 103 carreras de un total de 1.176. Las acreditaciones internacionales están en torno de 50 en todo el sistema universitario, público  y privado, parámetro muy bajo para los estándares internacionales. Los avances en calidad son precarios.

Si hablamos del ranking internacional, la cosa es más grave. Ninguna universidad boliviana figura en el más prestigioso ranking que elabora la universidad de Shanghái y el Ranking Web (Webometrics) sitúa a las universidades públicas en alrededor del puesto 3.000 y las privadas en el puesto 5.000. Si sirve de consuelo, la mayoría de las universidades de América Latina no pasan del puesto 500.
Por lo tanto, el desafío mayor está en la calidad de las universidades y su modelo académico. Tradicionalmente, una casa de estudios superiores  presta un servicio de educación, investigación y extensión social. Existe muy poca conexión entre el mundo académico y el desarrollo social o empresarial. Las universidades en los países en vías de desarrollo están escasamente conectadas con su entorno local, político, económico y productivo. Así no se avanzará mucho.

En un mundo cada vez más globalizado, que vive el auge de la revolución de la información y la tecnología, las universidades están frente al desafío de convertirse en clusters con una doble misión. Por una parte, la creación y difusión  del conocimiento y, por otra, la promoción-acción de la solidaridad y desarrollo social. Las universidades deben enraizarse con su entorno y ser los dínamos de parques industriales, de ciudades del saber o, de una manera más general, de territorios inteligentes.  

Tuesday, May 29, 2018

RADOGRAFIA DE LA DEUDA EXTERNA

En las últimas semanas  el tema de la deuda externa entró al debate nacional gatillado por la crisis argentina. En el vecino país, el tamaño de las acreencias internacionales y su rápido aumento es una de las causas que obligó al gobierno de Macri a llamar a la caballería del FMI para pedir socorro financiero.
Por estas tierras libres de la dependencia de los organismos internacionales, el Gobierno afirma que nuestra deuda externa es baja  y sostenible financieramente. Es decir, la podemos pagar con los ingresos que recibimos e incluso endeudarnos más. Críticos de la política económica sostienen que los focos rojos deberían encenderse porque la deuda externa crece muy rápidamente  (en   2017  se contrataron 24 préstamos) y que para evaluar la solvencia del Estado, también se debe considerar la deuda interna.
Para entrar al debate mejor informados veamos algunos hechos basados en datos oficiales.
Hasta diciembre de  2017, según el Banco Central de Bolivia (BCB), la deuda externa del país llegó a 9.428 millones de dólares, esto representa  el 25% del Producto Interno Bruto (PIB), es decir, el valor de la deuda medida como proporción de toda la riqueza generada por la economía en un año. En una primera aproximación este parámetro está en un nivel razonable para los patrones internacionales que establecen un 50% como límite de endeudamiento.
En   2007 se consolidó el perdonazo de la deuda externa por parte de organismos internacionales y esta se redujo a 2.209 millones de dólares o el 17% del Producto. Esta proporción, posteriormente, llegó a 15% del PIB. Al entrar al poder, el gobierno de Morales recibió un sector externo financiero saneado.  
Entre 2007 y 2017, la deuda externa subió en 327% en términos nominales. Medida como participación del PIB, el incremento fue de 47%. La nueva deuda externa es más costosa que en el pasado, porque esta era concesional (a largo plazo con tasas de interés bajas) y ahora es más comercial (los plazos para pagarla son menores y es más caro el interés que se paga).
En  2017 el país pagó 583 millones de dólares en intereses y capital, esto es equivalente a construir 16 palacios de Evo y 10 buenos hospitales por año.
Si bien el 25% del PIB de endeudamiento externo es todavía bajo, sin embargo, para ver la capacidad de endeudamiento y pago de un país se debe tomar en cuenta también la deuda interna.
Para simplificar el análisis coloquemos el ejemplo de una pequeña empresa que le debe al banco.
Esta sería su deuda externa pero también ha recibido crédito de amigos y familiares (deuda interna). A la hora de analizar la capacidad de pago de esta empresa se debe evaluar todas las deudas y no solamente la que tiene con la entidad financiera (deuda externa).
En Bolivia, la deuda interna con el sector privado (por ejemplo AFP) era  de 4.474 millones de dólares hasta fin de  2017, eso es el 12% del PIB. La deuda de las empresas estatales con el BCB también está en torno de 4.708 millones de dólares, es decir un poco más del 12,4% del PIB.
El total de la deuda del Sector Público No Financiero (Tesoro General de la Nación TGN más empresas estatales), es decir  de todo el Estado boliviano es de 48,4% del PIB. En este caso, la capacidad de endeudamiento está al límite de las recomendaciones internacionales. Ahora si desconoce la deuda de las estatales porque sería dentro del propio Estado, llegamos a 36% del PIB.

Pero esto es torturar a la contabilidad. En el pasado, las deudas de los bancos estatales y de empresas públicas que quebraron crearon graves problemas financieros al Estado.
 Además, para ver la capacidad de endeudamiento de un país también se debe considerar otras variables económicas. La tasa de crecimiento de la economía se desaceleró desde 2013. En ese año, el PIB llegó a subir en 6,8% y sistemáticamente se redujo hasta llegar a 4,2% en 2017.
La economía registra cinco años consecutivos de déficit público. En 2018 el desajuste fiscal podría superar el 7% del PIB. Se registra tres años de déficit comercial, aunque este año este pueda disminuir por la mejora del precio del petróleo y por ende del gas natural, aunque existen dudas razonables de que se aprovechará esta situación, porque las exportaciones de hidrocarburos, en especial a Brasil, están bajando en cantidades.
Podría existir un empate técnico entre variaciones de cantidades y de precios. Cabe también recordar que nuestras reservas internacionales continúan bajando.
Así mismo, hay desconfianza sobre la calidad y rentabilidad de la inversión pública, esta es cada vez mayor, cercana a 7.000 millones de dólares, pero su efecto sobre el crecimiento económico es menor. También, ¿cuál sería la rentabilidad de edificios de lujo, de museos personales, de infraestructura caminera que no conecta polos productivos, de aeropuertos que reciben pocos aviones, de decenas de canchas de fútbol y polifuncionales donde sólo juegan ratones, como reconoció el Presidente, y de fábricas que funcionan a medias?
Gonzalo Chávez A. es economista.

Monday, May 21, 2018

Las huellas de mayo de 1968

Las huellas de mayo de 1968

Gonzalo Chavez A.

Mayo de 1968 fue un terremoto político, cultural, social e inclusive económico. Se juntaron las hormonas, las neuronas y los sueños de millones de jóvenes para reinventar la democracia, para revolucionar el cotidiano, para relanzar la libertad personal en otras dimensiones. Este movimiento cumple 50 años.

El 68 se buscó crear un tipo humanidad, que apostó a la rebeldía permanente, a la transgresión creativa, a la alegría como forma de protesta, pero sobre todo a una solidaridad más amplia. En mayo del 68 se produjo un explosión  de ideas, dardos conceptuales, slogans y gritos de guerra que penetraron, en diferentes dosis y alcances diversos, al cuerpo de una sociedad en crisis de identidad y perspectiva: “Es prohibido prohibir. Decretado el estado permanente de felicidad. La imaginación al poder. Sea realista, exiga lo imposible. Olvide todo lo que Usted aprendió, comience a soñar. En los exámenes, responda con preguntas. Abajo el realismo socialista. Viva el surrealismo”.

De lo macrosocial a lo microcultural,  la savia de las ideas nuevas y dulcemente subversivas estaban en las paredes, en los libros, en las discusiones de cafés, en las protestas, en las barricadas, en las obras de teatro, en las camas de los amantes, en los cuerpos y sus pliegues. Mayo del 68 juntó diferentes tribus descontentas y rebeldes en el mundo: Los hippies gringos que protestaron contra la guerra de Vietnam, la discriminación racial y las costumbres burguesas; los jóvenes indomables de París que querían tomar el cielo con las armas de la poesía y el amor; los nacionalista de Europa del Este que no aceptaba el socialismo real y autoritario de la Unión Soviética; los jóvenes guerrilleros de América Latina que luchaban contra las dictaduras; las mujeres del mundo que quemaban sus sostenes contra el machismo.

¿Cómo fue mayo del 68 a Bolivia? No lo sé. Era muy niño en la época.  Pero puedo dar testimonio posterior de los ecos de estos eventos que me llegaron por muchos caminos.  El rock progresivo, el marxismo leninismo, el boom de la literatura latinoamericana, el hippismo y el tropicalismo.


El rock progresivo me fue presentado por un amigo melómano y sibarita en tardes de viento y desenfrenada danza de platos criollos en Villazón.  (Un corte comercial: honor y gloria al diamante del sur que se pule sólo en su día). En cuánto le cascábamos tremendos brazuelos de cordero y oímos extasiados Pink Floyd, Yes Jethro Tull y ELP en un poderoso Pioner, se decretaba, de ipso facto, el estado permanente de felicidad.

Ya en el poderoso colegio San Calixto abrazamos con fervor la lectura de Marx y Lenin, doctrina que nos fue introducida por un profesor de física, René Bascopé A. Era el ventrículo izquierdo del corazón de mayo del 68 que latía lejano pero absolutamente convincente en plena dictadura de Banzer. En eternos domingos leímos hipnotizados El Capital y intentábamos aprender alemán porque sospechábamos, que las traducciones al español de la Editorial Progreso de Moscú, tenían un dejo revisionista y pequeño burgués.

Para estar seguros que entendíamos la  teoría de valor no solo leímos sino que fumábamos Das Kapital, sus hojas de seda fina hacían sabrosos cigarrillos. Nuestro anti imperialismo era sólido y no nos permitía ni acercarnos al Malboro menos aún a la versión criolla de empresa capitalista: Astoria.

El profesor Bascopé, en inmensa sabiduría, también nos introdujo el antídoto contra el fanatismo ideológico de la época, la literatura del realismo mágico. Augusto Roa Bastos, Julio Cortázar, Mario Benedetti y por supuesto García Márquez nos refrescaron las ideas y nos aflojaron las pichicas ideológicas. Sostengo que el ritmo de la poesía y las sabrosas novelas me hicieron olvidar todo lo que aprendí del marxismo ortodoxo, me ayudó a seguir soñando.  Sin embargo, tuve que aterrizar en los trópicos cariocas para entender que la revolución en la sociedad también requería una transformación en las relaciones personales, así me llegó el mayo del 68 en su versión brasileña.
Tenía que exorcizar el estalinismo que me quedaba en la cabeza después de sobre dosis de los escritos de Martha Harnecker o Nikitin.

En Rio descubrí a Fernando Gabeira, un ex guerrillero que en los ochentas había dejado el fusil y pregonaba paz, amor y playa o el gran Caetano Veloso que se definía como “totalmente demais” y decía que la bruta flor del querer, crecía en su opuesto. “Donde quieres familia, soy loco y donde quieres romántico, burgués. Donde quieres revolver, soy palmera, donde quieres dinero, soy pasión”, filosofaba cantado el bahiano universal. Era otro de los legados de París en mayo con acento en portugués que pregonaba  que estaba prohibido prohibir. La libertad no se puede rendir a ninguna causa, por más noble que sea, porque ella es la propia causa.

Bueno al final“¿qué quedo del 68?” y para responder me agarró del brazo de alguien que vivió mayo de aquel año, Fernado Savater, con cuya síntesis me identifico, y cito: “sólo se me ocurre responder que quedamos algunos, muchos menos ya desde luego que quienes lo invocan o lo maldicen. Y en cada uno de nosotros tuvo efectos distintos: tampoco la Virgen hace siempre milagros y cura a todos los que van a Lourdes. De los votos pintados en los muros de París aquel Mayo lejano, mi preferido (después del encomiable y poco respetuoso “Sartre, sé breve”) es este: “No quiero morir idiota”. Yo estoy casi a punto de conseguirlo, pero compruebo con pena que muchos de mi edad y sobre todo más jóvenes han dejado prematuramente de intentarlo”.

Wednesday, May 16, 2018

Contra el populismo rentista ají de fideo corbatita

Con frecuencia el Gobierno muestra el incremento de los ingresos por ventas de restaurantes y supermercados como un gran logro económico basado en el mercado interno.  Entre 1999 y 2017, estos habría crecido en 859%. Por supuesto, todos al unísono: ¡Aleluya. Honor y gloria eterna al sacrosanto proceso de cambio! La nueva clase media agradecida da rienda suelta a un furor consumista  que, paradójicamente, enorgullece hasta las gruesas lágrimas a los neorrevolucionarios.  
 En Bolivia, el boom del comercio y la gula son  en realidad un síntoma de la conocida enfermedad holandesa, un mal económico que confunde riqueza de consumo de corto plazo con desarrollo. Esta afección se origina en un súbito incremento de los precios de alguna materia prima en el sector hidrocarburos, por ejemplo, que recibe mucho dinero y hace rebalsar, éste, al mercado interno vía incremento de los gastos e inversiones del Estado y un mayor consumo privado.
 La lluvia de plata se consume en bienes no transables (diversos tipos de servicios, como restaurantes, construcción, comercio y otros) y en importaciones legales e ilegales. Estas últimas ayudadas por la apreciación del tipo de cambio real. 
 En el caso boliviano, pasada la bonanza externa en 2014, la burbuja de consumo se mantiene perdiendo reservas internacionales, incrementando la deuda externa y aumentado déficits públicos. Un día el gas se hace gas y te has gastado todos los ahorros. Pasada la fiesta del populismo, los globos de consumo se comienzan a desinflar. Ya no hay rentas para distribuir. Se constata que el sector de restaurantes y supermercados había tomado anabólicos chutos, era pura gordura de plástico.  Viene la crisis y el populismo busca los culpables de siempre: la derecha, el imperio  y los analistas. 
 Pero, felizmente, hay otro camino a seguir. El boom del consumo en restaurantes puede ser reconvertido en una revolución en los servicios y dejar el lamento revolucionario. El mejor remedio para curar el populismo rentista es un suculento y creativo ají de fideo corbatita con perejil virgen y pícaras ulupicas, acompañado de un coctelito de tumbo con romero chapareño.  
 Quiere decir que en vez de que el gobierno esté contemplándose el pupu en seminarios de adoración a la religión del extractivismo, podría promover políticas públicas, aprovechando el efecto riqueza de la enfermedad holandesa para promover una revolución en los servicios de gastronomía y turismo, creando un conglomerado, un cluster. 
 Cabe recordar que la gastronomía está formada por un ecosistema que une producción agraria y pesquera, el transporte y el mercadeo de alimentos, el diseño gráfico, la propaganda, la cultura, el folklore, el turismo, los institutos de formación en cocina y otros. A rigor, esta es una oportunidad para substituir parcialmente la economía de los recursos naturales por la economía creativa o naranja. Cambiar la economía de materias primas que se agotan por una economía basada en ideas, que son infinitas. 
 Perú es un ejemplo exitoso de economía creativa en gastronomía. Según PromPerú, “comer rico” atrae al 59% de los turistas, casi como Machu Picchu (60%). Así mismo, este sector da empleo directo e indirecto a seis millones de personas. Si alcanzáramos estos índices en Bolivia eso equivaldría a 1,5 millones de empleos, más que toda la población que actualmente trabaja en el sector formal, en torno de un millón de personas. 
 En términos de exportaciones esto equivale a vender más mil de millones de dólares en lomos saltados, cebiches, causas, pisco sours y otros platitos. Y si a esto se suma el turismo tradicional, que mueve por año a 2,3 millones de personas, estamos hablando de un enorme motor de desarrollo económico. 
 Un ejemplo más lejano son los Emiratos Árabes, también dependientes del petróleo y gas natural, pero con ciudades como Dubái y Abu Dabi que también han apostado masivamente a los servicios de turismo tradicional (decenas de parques temáticos), cultural (varios museos como una sucursal de Louvre)  o religioso (la mezquita Sheikh Zayed, una de las más grandes del mundo). Así mismo, están  los servicios financieros y de arquitectura. La India es más sofisticada porque apuesta a la revolución de los servicios de alta tecnología. 
 Después de 12 años de gobierno, y más de 60.000 millones de dólares de ingresos adicionales, en el modelo rentista sigue caminando en círculo mirándose el ombligo y obligando a la gente a seguir peleándose por las “tisidas” de Pachamama. En tanto, las oportunidades de una economía creativa siguen esperando y la receta es muy simple: está en nuestra comida, nuestra cultura, nuestros sabores, nuestras recetas, nuestros granos, nuestra creatividad y espíritu emprendedor y, sobre todo, en nuestra alma boliviana. Una vez más, contra el populismo rentista un yucazo de camarón en una cama de flor de jamaica, coronado con quinua pipocada y un rico coctelito de copoazú.
Gonzalo Chavez A. es economista.

Monday, May 7, 2018

El arte revolucionario de entregar cadáveres

Las empresas, como los seres humanos, atraviesan  por un ciclo en la vida. Los emprendimiento nacen, crecen, se reproducen y, en la mayoría de los casos, mueren. Cuando se cree que las empresas – privadas, públicas o sociales, especialmente en el sector productivo -  son una de las fuentes centrales de generación de valor para la sociedad, de creación de riqueza y empleo,  se deben desarrollar políticas públicas de largo plazo en el campo industrial y de creación de ecosistemas, para que las células en el cuerpo económico se desenvuelvan con el menor trauma posible en el ciclo de vida de los negocios. Este es uno de los secretos del desarrollo económico, social y medioambiental.
 Con la promulgación de la Ley de Creación de Empresa Sociales, el Gobierno ha demostrado, una vez más, su preferencia por la necrofilia ideológica (la atracción por ideas muertas) y ha perdido una gran oportunidad para crear un sistema de reestructuración del tejido empresarial.  Al calor de una campaña electoral prematura ofrece a los trabajadores pasarles la administración de empresas en procesos de quiebra,  liquidación o abandono. 
 Puesto en lenguaje coloquial: se propone repartir moribundos y cadáveres empresariales para que los trabajadores, ahora en el papel de accionistas, busquen milagros estratégicos a través de empresa sociales. La intención parece loable, pero es equivocada y vulnera toda comprensión del desarrollo empresarial.  
 Si el objetivo es preservar el tejido empresarial y preservar empleos, se requieren sistemas para entender y evaluar por qué ciertos emprendimientos están quebrando o se han cerrado. Las empresas atraviesan por situaciones de turbulencia o quiebras por causas externas: la desaceleración de la economía; la aparición de competencia, nacional o extranjera, más competitiva y de costos menores, lo que deriva en pérdida de mercados; el surgimiento de cambios culturales en los gustos o preferencias de los consumidores; las políticas gubernamentales inadecuadas, como un tipo de cambio apreciado que fomenta las importaciones legas e ilegales o la inseguridad jurídica; la aparición de  nuevas tecnologías y otros. 
 También hay causas internas: la mala gestión, la corrupción en la alta gerencia, la falta de gobiernos corporativos, el sabotaje de trabajadores y otros. Para hacer frente a estos múltiples problemas se requieren sistemas público-privados de reestructuración de empresas. En el año 2002 se dictó una normativa que apuntaba en esa dirección, con resultados que, según el Gobierno, sólo favorecían a los empresarios, pero fue un fracaso por lo que se la abolió. Ahora el Gobierno lleva el péndulo al otro lado, se lanza esta nueva ley que favorecería a los trabajadores pero con tremendos vacíos conceptuales y legales, como la anterior norma.  
 Los procesos de reestructuración de empresas modernos pueden estar a cargo del Gobierno o cámaras empresariales con participación de trabajadores. El primer paso de una reestructuración es la evaluación de la empresa para conocer porqué está al borde de la quiebra. Segundo es ver si se requiere una reestructuración estrategia u operativa. Con este diagnóstico se puede buscar la estabilización de la empresa para, posteriormente, devolverle el crecimiento en base a un nuevo modelo de negocios y estrategia, por ejemplo. 
 Dependiendo de cada caso, para recuperar una empresa tal vez se requiera buscar la fusión con un competidor o la venta total o parcial a una empresa que tenga más capacidad financiera y gerencial. También se podría estatizar la empresa o entregar la administración a los trabajadores o, finalmente, llevar a cabo una liquidación ordenada de los activos. 
 Hecho un diagnóstico y evaluación de la viabilidad de la empresa, ¿pueden los trabajadores salvar o administrar eficientemente la empresa? Por supuesto que sí. Pero no depende simplemente de su voluntad, experiencia o capacidad técnica; el desempeño de unidad productiva está en función del desarrollo del mercado, del acceso al crédito, la tecnología, de las políticas publicas y de muchos otros factores.
 Entregar a los trabajadores empresas en dificultades y sin apoyo complementario es pura demagogia. Recibir empresas en dificultades, sin diagnóstico profundo de los orígenes de los problemas, sin propuesta de reestructuración clara, sin apoyo de una política industrial, también es un riesgo innecesario que toman los trabajadores. 
 Cuando una empresa tiene problemas estructurales de mercado o se basa en un idea equivocada, no la salva ni los trabajadores, ni gerentes de primera, ni los empresarios más agudos, menos el Estado. A ellas cristiana sepultura y a buscar el siguiente emprendimiento. 
 A los muertos hay que enterrarlos y no entregarlos a los trabajadores para velarlos.  Es posible recuperar a los moribundos, pero se requiere de intervenciones precisas en el marco de políticas productivas, sistemas de reestructuración transparentes y no impulsados por el calor electoral.

Futbol, economía y política

En un Mundial se dice que el fútbol es el substituto sublimado de la guerra. O como supongo que diría Carl von Clausewitz, uno de los princ...