Monday, May 21, 2018

Las huellas de mayo de 1968

Las huellas de mayo de 1968

Gonzalo Chavez A.

Mayo de 1968 fue un terremoto político, cultural, social e inclusive económico. Se juntaron las hormonas, las neuronas y los sueños de millones de jóvenes para reinventar la democracia, para revolucionar el cotidiano, para relanzar la libertad personal en otras dimensiones. Este movimiento cumple 50 años.

El 68 se buscó crear un tipo humanidad, que apostó a la rebeldía permanente, a la transgresión creativa, a la alegría como forma de protesta, pero sobre todo a una solidaridad más amplia. En mayo del 68 se produjo un explosión  de ideas, dardos conceptuales, slogans y gritos de guerra que penetraron, en diferentes dosis y alcances diversos, al cuerpo de una sociedad en crisis de identidad y perspectiva: “Es prohibido prohibir. Decretado el estado permanente de felicidad. La imaginación al poder. Sea realista, exiga lo imposible. Olvide todo lo que Usted aprendió, comience a soñar. En los exámenes, responda con preguntas. Abajo el realismo socialista. Viva el surrealismo”.

De lo macrosocial a lo microcultural,  la savia de las ideas nuevas y dulcemente subversivas estaban en las paredes, en los libros, en las discusiones de cafés, en las protestas, en las barricadas, en las obras de teatro, en las camas de los amantes, en los cuerpos y sus pliegues. Mayo del 68 juntó diferentes tribus descontentas y rebeldes en el mundo: Los hippies gringos que protestaron contra la guerra de Vietnam, la discriminación racial y las costumbres burguesas; los jóvenes indomables de París que querían tomar el cielo con las armas de la poesía y el amor; los nacionalista de Europa del Este que no aceptaba el socialismo real y autoritario de la Unión Soviética; los jóvenes guerrilleros de América Latina que luchaban contra las dictaduras; las mujeres del mundo que quemaban sus sostenes contra el machismo.

¿Cómo fue mayo del 68 a Bolivia? No lo sé. Era muy niño en la época.  Pero puedo dar testimonio posterior de los ecos de estos eventos que me llegaron por muchos caminos.  El rock progresivo, el marxismo leninismo, el boom de la literatura latinoamericana, el hippismo y el tropicalismo.


El rock progresivo me fue presentado por un amigo melómano y sibarita en tardes de viento y desenfrenada danza de platos criollos en Villazón.  (Un corte comercial: honor y gloria al diamante del sur que se pule sólo en su día). En cuánto le cascábamos tremendos brazuelos de cordero y oímos extasiados Pink Floyd, Yes Jethro Tull y ELP en un poderoso Pioner, se decretaba, de ipso facto, el estado permanente de felicidad.

Ya en el poderoso colegio San Calixto abrazamos con fervor la lectura de Marx y Lenin, doctrina que nos fue introducida por un profesor de física, René Bascopé A. Era el ventrículo izquierdo del corazón de mayo del 68 que latía lejano pero absolutamente convincente en plena dictadura de Banzer. En eternos domingos leímos hipnotizados El Capital y intentábamos aprender alemán porque sospechábamos, que las traducciones al español de la Editorial Progreso de Moscú, tenían un dejo revisionista y pequeño burgués.

Para estar seguros que entendíamos la  teoría de valor no solo leímos sino que fumábamos Das Kapital, sus hojas de seda fina hacían sabrosos cigarrillos. Nuestro anti imperialismo era sólido y no nos permitía ni acercarnos al Malboro menos aún a la versión criolla de empresa capitalista: Astoria.

El profesor Bascopé, en inmensa sabiduría, también nos introdujo el antídoto contra el fanatismo ideológico de la época, la literatura del realismo mágico. Augusto Roa Bastos, Julio Cortázar, Mario Benedetti y por supuesto García Márquez nos refrescaron las ideas y nos aflojaron las pichicas ideológicas. Sostengo que el ritmo de la poesía y las sabrosas novelas me hicieron olvidar todo lo que aprendí del marxismo ortodoxo, me ayudó a seguir soñando.  Sin embargo, tuve que aterrizar en los trópicos cariocas para entender que la revolución en la sociedad también requería una transformación en las relaciones personales, así me llegó el mayo del 68 en su versión brasileña.
Tenía que exorcizar el estalinismo que me quedaba en la cabeza después de sobre dosis de los escritos de Martha Harnecker o Nikitin.

En Rio descubrí a Fernando Gabeira, un ex guerrillero que en los ochentas había dejado el fusil y pregonaba paz, amor y playa o el gran Caetano Veloso que se definía como “totalmente demais” y decía que la bruta flor del querer, crecía en su opuesto. “Donde quieres familia, soy loco y donde quieres romántico, burgués. Donde quieres revolver, soy palmera, donde quieres dinero, soy pasión”, filosofaba cantado el bahiano universal. Era otro de los legados de París en mayo con acento en portugués que pregonaba  que estaba prohibido prohibir. La libertad no se puede rendir a ninguna causa, por más noble que sea, porque ella es la propia causa.

Bueno al final“¿qué quedo del 68?” y para responder me agarró del brazo de alguien que vivió mayo de aquel año, Fernado Savater, con cuya síntesis me identifico, y cito: “sólo se me ocurre responder que quedamos algunos, muchos menos ya desde luego que quienes lo invocan o lo maldicen. Y en cada uno de nosotros tuvo efectos distintos: tampoco la Virgen hace siempre milagros y cura a todos los que van a Lourdes. De los votos pintados en los muros de París aquel Mayo lejano, mi preferido (después del encomiable y poco respetuoso “Sartre, sé breve”) es este: “No quiero morir idiota”. Yo estoy casi a punto de conseguirlo, pero compruebo con pena que muchos de mi edad y sobre todo más jóvenes han dejado prematuramente de intentarlo”.

Wednesday, May 16, 2018

Contra el populismo rentista ají de fideo corbatita

Con frecuencia el Gobierno muestra el incremento de los ingresos por ventas de restaurantes y supermercados como un gran logro económico basado en el mercado interno.  Entre 1999 y 2017, estos habría crecido en 859%. Por supuesto, todos al unísono: ¡Aleluya. Honor y gloria eterna al sacrosanto proceso de cambio! La nueva clase media agradecida da rienda suelta a un furor consumista  que, paradójicamente, enorgullece hasta las gruesas lágrimas a los neorrevolucionarios.  
 En Bolivia, el boom del comercio y la gula son  en realidad un síntoma de la conocida enfermedad holandesa, un mal económico que confunde riqueza de consumo de corto plazo con desarrollo. Esta afección se origina en un súbito incremento de los precios de alguna materia prima en el sector hidrocarburos, por ejemplo, que recibe mucho dinero y hace rebalsar, éste, al mercado interno vía incremento de los gastos e inversiones del Estado y un mayor consumo privado.
 La lluvia de plata se consume en bienes no transables (diversos tipos de servicios, como restaurantes, construcción, comercio y otros) y en importaciones legales e ilegales. Estas últimas ayudadas por la apreciación del tipo de cambio real. 
 En el caso boliviano, pasada la bonanza externa en 2014, la burbuja de consumo se mantiene perdiendo reservas internacionales, incrementando la deuda externa y aumentado déficits públicos. Un día el gas se hace gas y te has gastado todos los ahorros. Pasada la fiesta del populismo, los globos de consumo se comienzan a desinflar. Ya no hay rentas para distribuir. Se constata que el sector de restaurantes y supermercados había tomado anabólicos chutos, era pura gordura de plástico.  Viene la crisis y el populismo busca los culpables de siempre: la derecha, el imperio  y los analistas. 
 Pero, felizmente, hay otro camino a seguir. El boom del consumo en restaurantes puede ser reconvertido en una revolución en los servicios y dejar el lamento revolucionario. El mejor remedio para curar el populismo rentista es un suculento y creativo ají de fideo corbatita con perejil virgen y pícaras ulupicas, acompañado de un coctelito de tumbo con romero chapareño.  
 Quiere decir que en vez de que el gobierno esté contemplándose el pupu en seminarios de adoración a la religión del extractivismo, podría promover políticas públicas, aprovechando el efecto riqueza de la enfermedad holandesa para promover una revolución en los servicios de gastronomía y turismo, creando un conglomerado, un cluster. 
 Cabe recordar que la gastronomía está formada por un ecosistema que une producción agraria y pesquera, el transporte y el mercadeo de alimentos, el diseño gráfico, la propaganda, la cultura, el folklore, el turismo, los institutos de formación en cocina y otros. A rigor, esta es una oportunidad para substituir parcialmente la economía de los recursos naturales por la economía creativa o naranja. Cambiar la economía de materias primas que se agotan por una economía basada en ideas, que son infinitas. 
 Perú es un ejemplo exitoso de economía creativa en gastronomía. Según PromPerú, “comer rico” atrae al 59% de los turistas, casi como Machu Picchu (60%). Así mismo, este sector da empleo directo e indirecto a seis millones de personas. Si alcanzáramos estos índices en Bolivia eso equivaldría a 1,5 millones de empleos, más que toda la población que actualmente trabaja en el sector formal, en torno de un millón de personas. 
 En términos de exportaciones esto equivale a vender más mil de millones de dólares en lomos saltados, cebiches, causas, pisco sours y otros platitos. Y si a esto se suma el turismo tradicional, que mueve por año a 2,3 millones de personas, estamos hablando de un enorme motor de desarrollo económico. 
 Un ejemplo más lejano son los Emiratos Árabes, también dependientes del petróleo y gas natural, pero con ciudades como Dubái y Abu Dabi que también han apostado masivamente a los servicios de turismo tradicional (decenas de parques temáticos), cultural (varios museos como una sucursal de Louvre)  o religioso (la mezquita Sheikh Zayed, una de las más grandes del mundo). Así mismo, están  los servicios financieros y de arquitectura. La India es más sofisticada porque apuesta a la revolución de los servicios de alta tecnología. 
 Después de 12 años de gobierno, y más de 60.000 millones de dólares de ingresos adicionales, en el modelo rentista sigue caminando en círculo mirándose el ombligo y obligando a la gente a seguir peleándose por las “tisidas” de Pachamama. En tanto, las oportunidades de una economía creativa siguen esperando y la receta es muy simple: está en nuestra comida, nuestra cultura, nuestros sabores, nuestras recetas, nuestros granos, nuestra creatividad y espíritu emprendedor y, sobre todo, en nuestra alma boliviana. Una vez más, contra el populismo rentista un yucazo de camarón en una cama de flor de jamaica, coronado con quinua pipocada y un rico coctelito de copoazú.
Gonzalo Chavez A. es economista.

Monday, May 7, 2018

El arte revolucionario de entregar cadáveres

Las empresas, como los seres humanos, atraviesan  por un ciclo en la vida. Los emprendimiento nacen, crecen, se reproducen y, en la mayoría de los casos, mueren. Cuando se cree que las empresas – privadas, públicas o sociales, especialmente en el sector productivo -  son una de las fuentes centrales de generación de valor para la sociedad, de creación de riqueza y empleo,  se deben desarrollar políticas públicas de largo plazo en el campo industrial y de creación de ecosistemas, para que las células en el cuerpo económico se desenvuelvan con el menor trauma posible en el ciclo de vida de los negocios. Este es uno de los secretos del desarrollo económico, social y medioambiental.
 Con la promulgación de la Ley de Creación de Empresa Sociales, el Gobierno ha demostrado, una vez más, su preferencia por la necrofilia ideológica (la atracción por ideas muertas) y ha perdido una gran oportunidad para crear un sistema de reestructuración del tejido empresarial.  Al calor de una campaña electoral prematura ofrece a los trabajadores pasarles la administración de empresas en procesos de quiebra,  liquidación o abandono. 
 Puesto en lenguaje coloquial: se propone repartir moribundos y cadáveres empresariales para que los trabajadores, ahora en el papel de accionistas, busquen milagros estratégicos a través de empresa sociales. La intención parece loable, pero es equivocada y vulnera toda comprensión del desarrollo empresarial.  
 Si el objetivo es preservar el tejido empresarial y preservar empleos, se requieren sistemas para entender y evaluar por qué ciertos emprendimientos están quebrando o se han cerrado. Las empresas atraviesan por situaciones de turbulencia o quiebras por causas externas: la desaceleración de la economía; la aparición de competencia, nacional o extranjera, más competitiva y de costos menores, lo que deriva en pérdida de mercados; el surgimiento de cambios culturales en los gustos o preferencias de los consumidores; las políticas gubernamentales inadecuadas, como un tipo de cambio apreciado que fomenta las importaciones legas e ilegales o la inseguridad jurídica; la aparición de  nuevas tecnologías y otros. 
 También hay causas internas: la mala gestión, la corrupción en la alta gerencia, la falta de gobiernos corporativos, el sabotaje de trabajadores y otros. Para hacer frente a estos múltiples problemas se requieren sistemas público-privados de reestructuración de empresas. En el año 2002 se dictó una normativa que apuntaba en esa dirección, con resultados que, según el Gobierno, sólo favorecían a los empresarios, pero fue un fracaso por lo que se la abolió. Ahora el Gobierno lleva el péndulo al otro lado, se lanza esta nueva ley que favorecería a los trabajadores pero con tremendos vacíos conceptuales y legales, como la anterior norma.  
 Los procesos de reestructuración de empresas modernos pueden estar a cargo del Gobierno o cámaras empresariales con participación de trabajadores. El primer paso de una reestructuración es la evaluación de la empresa para conocer porqué está al borde de la quiebra. Segundo es ver si se requiere una reestructuración estrategia u operativa. Con este diagnóstico se puede buscar la estabilización de la empresa para, posteriormente, devolverle el crecimiento en base a un nuevo modelo de negocios y estrategia, por ejemplo. 
 Dependiendo de cada caso, para recuperar una empresa tal vez se requiera buscar la fusión con un competidor o la venta total o parcial a una empresa que tenga más capacidad financiera y gerencial. También se podría estatizar la empresa o entregar la administración a los trabajadores o, finalmente, llevar a cabo una liquidación ordenada de los activos. 
 Hecho un diagnóstico y evaluación de la viabilidad de la empresa, ¿pueden los trabajadores salvar o administrar eficientemente la empresa? Por supuesto que sí. Pero no depende simplemente de su voluntad, experiencia o capacidad técnica; el desempeño de unidad productiva está en función del desarrollo del mercado, del acceso al crédito, la tecnología, de las políticas publicas y de muchos otros factores.
 Entregar a los trabajadores empresas en dificultades y sin apoyo complementario es pura demagogia. Recibir empresas en dificultades, sin diagnóstico profundo de los orígenes de los problemas, sin propuesta de reestructuración clara, sin apoyo de una política industrial, también es un riesgo innecesario que toman los trabajadores. 
 Cuando una empresa tiene problemas estructurales de mercado o se basa en un idea equivocada, no la salva ni los trabajadores, ni gerentes de primera, ni los empresarios más agudos, menos el Estado. A ellas cristiana sepultura y a buscar el siguiente emprendimiento. 
 A los muertos hay que enterrarlos y no entregarlos a los trabajadores para velarlos.  Es posible recuperar a los moribundos, pero se requiere de intervenciones precisas en el marco de políticas productivas, sistemas de reestructuración transparentes y no impulsados por el calor electoral.

Monday, April 30, 2018

NOSTRADAMUS ABRAZA EL PROCESO DE CAMBIO

En la semana que termina el Gobierno ha desenfundado todas las armas del populismo económico vinculado al tema de los salarios. En primer lugar avanzó en la captura política de la Central Obrera Boliviana (COB). Para neutralizar su carácter contestatario la dividió, propició el cambio de dirigentes díscolos y, finalmente, la controló.  El chery de la torta vino con el paquete de regalos a la dirigencia sindical, a saber: una  nueva sede sindical y la entrega de automóviles. La típica prebenda del papá Estado.
Segundo lugar,  el Gobierno creó el escenario para el regateo salarial bilateral  tradicional de cada año en el que los dirigentes piden el cielo y la tierra en términos monetarios; y el Gobierno ofrece incrementos ligeramente superiores a la inflación pasada, pero al final todo termina  con una coqueta foto en el Palacio de Gobierno y un abrazo revolucionario.
Este año, la pantomima del trapicheo salarial tuvo dos actos: el incremento de 5,5% al haber básico y 3% al salario mínimo, y la garantía del pago del segundo aguinaldo. Es decir, la fórmula populista en su máxima dosis, que en esta oportunidad reveló que Nostradamus, el mago de las profecías,  abrazó con ahínco y pundonor las causas del proceso de cambio y despacha desde el Ministerio de Economía y Finanzas de Bolivia. 
Faltando tres meses para conocerse el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) del año -que va de junio de 2017 a julio de 2018-, el Gobierno predijo que esta variable crecería a 4,5% y que, por lo tanto, se pagará el segundo aguinaldo. La otra hipótesis, menos romántica, es que, una vez más, las estadísticas se pondrán al servicio de la revolución y la reelección del caudillo. 
El economista Coase decía que si torturamos los datos lo suficiente, estos terminarán confesando las maravillas de cualquier modelo económico. Así que, estimado lector, puede dar rienda suelta a su mejor furor consumista, que la marmaja está en camino y ya comenzó la sopapeada de los números. 
Bueno, pero la fiesta no es para todos. En el país sólo el 20% de los empleos están en sector formal y serán beneficiados por las predicciones de Nostradamus; el restante 80% de los trabajadores deben contentarse con los cuidados de Nosferatu, cuya mano invisible rige implacable el mercado del empleo en el sector informal, bajo la inspiración del vampiro neoliberal Adam Smith.        Este año si sumamos el incremento salarial (5,5%) y el equivalente del aumento del segundo aguinaldo (8,3%), los trabajadores recibiremos un neto de 13,8%. Nada mal. Pero aquí entra en escena otro gran personaje, el mago Pipoquita: “Nada por aquí nada por allá. Fuera manos trabaja vista”. El dinero que mete el Gobierno por el bolsillo izquierdo, el aumento de la inflación lo saca por el bolsillo derecho. O,  lo que puede ser peor, en un sobre recibes tu incremento salarial y el otro tu carta de despido. 
Además, la propaganda oficial se vanagloria del incremento nominal. En 2004 el salario era de 440  bolivianos; ahora, gracias al yatiri jefe, es 2.016. ¡Oh, milagro!, exclaman sacerdotes y monaguillos del régimen, y se ponen en posición decúbito prono/ventral.  Pero hablando en oro, lo que importa es el salario real, lo que realmente se puede comprar con lo que uno gana, descontada la inflación.
En este caso, la historia es diferente, según datos elaborados por el trabajo de Fernanda Wanderley, empleados y profesionales, mejor calificados,  han reducido sus salarios promedio reales en los últimos 12 años. Eso sí, obreros y trabajadores de baja calificación mejoraron sus ingresos, aunque en porcentajes más bajos que lo que la propaganda oficial se jacta.
Según el CEDLA, en el sector privado el salario real sólo se incrementó en 22%, en cuanto que la inflación acumulada fue de 62%, entre   2006 y  2015. O como dicen en la calle, hace 12 años con un boliviano se compraban cinco marraquetas panzonas y ahora, con la misma moneda, se adquieren dos flacuchentas sarnitas. 
El otro lado de la ecuación salarial son los costos de las empresas, en especial, las micro y pequeñas vinculadas a la producción, que generalmente crecen por debajo del 4,5%. Estas empresas no pueden afrontar el incremento sistemático de sus costos laborales y son obligadas a trasladarse parcial o completamente al sector informal.
Las empresas comerciales y de servicios probablemente resisten más. En el comportamiento de esta se basa el optimismo del Gobierno sobre el impacto multiplicador de los incrementos salariales. La historia va así: la gente con más plata compra más bienes y servicios, y las empresas venden más y recuperan los ingresos perdidos por la subida de sueldos. Esto sería cierto si la economía boliviana fuera cerrada, pero como la nuestra es muy abierta, más recursos en manos de la gente reactivan el aparato productivo de Brasil, Argentina, Perú  y Chile, porque el tipo de cambio real está apreciado y fomenta la importación legal e ilegal de todo. Por eso las empresas que tanto admira el Gobierno en realidad son Micromarket Charito, Alitas el Pollo azul o Importadora Wantong.
  
Gonzalo Chávez A. es economista.

Monday, April 23, 2018

El fin de Don Cecilio: coquetería ideológica obsoleta



 La determinación de poner en circulación la Primera Familia de Billetes (PFB) del Banco Central de Bolivia (BCB) no tiene una justificación económica o financiera. La práctica internacional sugiere cuando se produce desgaste físico de los billetes estos deben ser repuestos. Generalmente un billete tiene una duración de tres y cuatro años como máximo. En estos casos se trata de reimprimir la misma denominativo, por ejemplo una versión rejuvenecida de los 10 Bs. Don Cecilio reloaded.  También se cambían billetes, de manera más radical, en el marco de una reforma monetaria una vez contralada las causas de una hiperinflación, por ejemplo, como ocurrió en 1985 en Bolivia, cuando pasamos de Pesos Bolivianos a simplemente Bolivianos.  La renovación de billetes puede, así mismo, obedecer a aumentar las medidas de seguridad. Entre tanto, el cambio total propuesta por el BCB con nuevo diseño y personajes históricos parece responde a pura coquetería monetaria para seguir construyendo hegemonía política y cultural. 

Entran en escena nuevos personajes que representan al nuevo Estado Plurinacional. Un bello colibrí por un lado y tres héroes: El Tambor Vargas, Apiaguaki Tupa, y el Moto Méndez.  Nada contra la nueva simbología que busca reinvindicar la historia y representar en la moneda el proceso de cambio. El papel moneda simboliza el poder del Estado y busca señalizar la estabilidad financiera. En la lectura del gobierno, la dirección ideológica también se construye a través de la moneda. El nuevo modelo económico en curso no puede facilitar las transacciones con héroes y símbolos del neoliberalismo. Es el pensamiento gramsciano, de constricción de dirección ideológica y cultural,  llevado a las transacciones diarias de la gente. En varias otras áreas están con las ideas de rescribir la historia, como en la educación, buscar crear un nuevo imaginario social y político.

En diciembre de 2016, el ente emisor y la empresa francesa Oberthur Fiduciaire SAS suscribieron el contrato para la impresión de los nuevos billetes plurinacionales, que suman 671 millones de piezas de los cortes de Bs 10, 20, 50, 100 y 200, el cual tuvo un costo de $us 38,9 millones.

Es comprensible que el supuesto nuevo bloque histórico busque avanzar en la conducción ideológica a través de los símbolos monetarios, lo cuestionable es que, en la agenda de prioridades de las políticas públicas del gobierno, el tema de los billetes por encima de temas sociales. Frente a serias carencias en el sector de salud, por ejemplo, el gasto anunciado claramente es innecesario en especial en un momento que la economía boliviana pierde ritmo de crecimiento desde el año 2013. En el mes que se anuncia la nueva moneda, enfermos de cáncer protestan en las calles por falta de equipos e insumos para su tratamiento. Esta ha sido práctica común de los últimos años del gobierno nacional, priorizar lo superfluo, a saber: construir hegemonía y fomentar el culto a la personalidad. Para muestra cuatro botones: los derroches en propaganda, el museo de Orinoca, el nuevo palacio  gubernamental y ahora, los nuevos billetes. Me imagino como se sienten los enfermos de cáncer y sus familias viendo que se derrocha dinero en símbolos culturales y políticos y no se invierten esos recursos en aceleradores lineales para el tratamiento de cáncer. Con 38,9 millones de dólares se podría comprar por los menos dos de estos aparatos para salvar vidas. Pero, por supuesto, el show de la pirotecnia política debe continuar y los temas sociales estructurales pueden esperar.

Finalmente una observación estructural, la mayoría de las economía en el mundo están adoptando el pago con dinero plástico, las tarjetas de crédito y débito, y las transferencias electrónicas. Los billetes y las monedas son cada vez menos usados. En la economía informal e ilegal, los billetes son los únicos que no dejan rastro.

India y Kenia y otros países en Asia, han sido exitosos en la incursión de iniciativas públicas y privadas para universalizar el acceso a tecnologías de la información y la comunicación (TICs) y tecnologías inalámbricas. La moneda del futuro es electrónica, en efecto, a través de programas de uso masivo de teléfonos móviles, denominado Mobile-Money o M-Banking, se ha logrado implementar programas de creación de empleos en las áreas rurales, se ha permitido a los migrantes enviar remesas a sus lugares de origen, pagar las cuentas de los servicios básicos sin hacer colas en los bancos, o simplemente como un medio de pago o de ahorro. Desaparecieron los papeles billetes.

Esta reinvención del dinero tiene impactos económicos potenciales, que están relacionados con el hecho que facilita el comercio. Imagínese, por ejemplo, pagando en el mercado Rodríguez, las Siete Calles o la Cancha con su celular que está conectado a un banco o que simplemente, Usted, recargado con Bs 100 en la esquina de su casa. “Caserita, ¿a cuánto tu papa? Siete con cincuenta centavos, la cuartilla. Qué bien, te pago con un mensajito de mi celu”. La caserita que también tiene su móvil, recibe el pago aceptando la transferencia. “Gracias, cibercaserito, tan churro con su aparatito”. Al final del día del trabajo, el vendedor no tiene que manejar su plata como chuño debajo del sobaco. Apenas apretando un botón de su celu sabe cuánto vendió en la jornada. El consumidor controló mejor sus gastos y no tuvo que estar cargando billetes y monedas. El celular se convirtió en billetera y banco al mismo tiempo. El Mobile-Money (billetera electrónica) o M-Banking (banco móvil) también fomenta el ahorro de los hogares, a través de la promoción del crédito de persona a persona; mejora la calidad de la inversión al permitir realizar transacciones a distancias muy grandes a bajos costos (por ejemplo, el Juancito Pinto se podría pagar por este sistema. ¿Qué tal esta forma de construir hegemonía a través de las TICs?). Además, así se facilita la diseminación del riesgo (al poder hacer transacciones al segundo); y finalmente, constituye en sí, un seguro contra robos. Si te afanan el celular, no te roban la mosca. En Bolivia, Tigo Money es un paso interesante en esta dirección. Caber recordar que en el país existen más de 10 millones de celulares.

Por la tanto, la emisión del nuevo billete es una coquetería monetaria antes que una necesidad económica y es una acción obsoleta. (Artículo extraído en parte de una entrevista radial)

Monday, April 16, 2018

Roba, pero hace


Lamentablemente, en el mundo en general y en América Latina, el particular el cáncer de la corrupción corroe la sociedad, las instituciones y la economía. La mordida puede estar presente en un simple trámite que requiere de una buena aceiteada  o el adecuado timbre de aceleración hasta en una obra pública millonaria, que para adjudicarse, necesita de una quinciañera (15%) para que el jefe se jubile tranquilo. En el pasado, las licitaciones  tenían un carácter más religioso por que solo se habla del diezmo (10%) milagroso.  Las situaciones de corrupción se presentan en lo micro y lo macro, durante los controles de tránsito cuando se pide que aplique el artículo $ 100 del Código de Tránsito.  Aunque mucha gente me ha contado que ahora se produjo una inflación del cariñito necesario para engañar a la implacable napia, (versión nativa del alcoholímetro), del oficial Diga Farfan. Entre tanto,  la corrupción también está en las altas esferas, en lo que se conoce como la patria contratista, en la relación mafiosa de empresas privadas y Estado, cuya obra maestra es la Lava Jato de Brasil, pero que puede presentarse en cualquier compra o licitación del sector público, local o nacional donde la jabonada, la carnaza, el amollar o el reconocimiento son moneda común.
     
La corrupción es el uso del sector público para obtener beneficios privados. En bueno español eso significa convertir al estado en la cueva de Alí y Baba y sus ciertamente más de cuarenta amigos Por supuesto que también existe corrupción entre privados.  Este es un mal que se presenta en administraciones tanto izquierda como derecha.  

Una pregunta que hace muchos años se hacen los economistas es de qué manera la corrupción afecta el crecimiento y desarrollo económico.  Cierta lectura, entre pragmática y cínica, sostiene que la corrupción no es mala porque engrasa los mecanismos burocráticos y pesados dentro del estado, y supera las leyes rígidas de control. En esta dirección lo que importa es el resultado de la inversión pública, por ejemplo. El subtexto de esta aproximación es la idea que ciertas gestiones roban o dejan robar, pero hacen obras. “Le menten no más” para que después los abogados arreglen, porque hay un bien mayor que es el resultado: un crecimiento económico elevado en base a infraestructura pública, carreteras, museos, edificios, transporte público y otros.  Esta manera pragmática  de ver el desarrollo enfatiza los efectos estáticos y de corto plazo del crecimiento económico.    Porque en una perspectiva más estructural, la corrupción hace un enorme daño a la economía y la sociedad.

Según estudios del Banco Mundial, empresas y las personas pagan aproximadamente 1.5 billones de dólares en sobornos cada año. Meterle la cucharada al dulce, este caso sería la pala, representa aproximadamente el 2% del producto interno bruto (PIB) mundial, y 10 veces el valor de la asistencia para el desarrollo en el extranjero. De manera agregada se calcula que las coimisiones se come entre 1 y 2% del PIB de los países latinoamericanos. Si este fuera el caso de Bolivia, nuestra economía, perdería por corrupción, lo mismo que pierde por no tener acceso libre y soberano al mar. Los mismo estudios empíricos mostraron que los más pobres pagan el mayor porcentaje de sus ingresos en aceiteadas. Por ejemplo, en Paraguay, los pobres pagan 12.6% de sus ingresos a sobornos, mientras que los hogares de altos ingresos pagan 6.4%.

Por lo tanto, el roba pero hace mata a la economía en el mediano y largo plazo, porque: i)  debilita la capacidad del estado para aumentar los ingresos y por lo tanto de realizar inversiones públicas de calidad. Se da prioridad a montos y obras grandes, que son vistosas,  antes que inversiones en capital humano, por ejemplo,  que no se ven. ii) Infla costos y asigna mal los escasos recursos. Hace poco veía, en un hospital público nacional,  que se denunciaba que se habían compararon basureros a 3,800 Bs., pero que no habían ciertos insumos médicos para operar.

La corrupción también provoca déficit público, porque obras públicas mal ejecutas, sobre dimensionadas  y sin retorno sobre la inversión terminan siendo financiadas por los ingresos públicos. Así mismo, la cultura de la mordida tienden a atraer a inversionistas extranjeros de dudosa reputación. La cultura del engrase también distorsiona y muchas veces fomenta el desarrollo de la economía informal, restándole recursos al estado y provocando la muerte lenta de centenas de pequeños empresarios que actúan en un mundo de negocios sin reglas de juego claras y a merced de la peculato y la extorción. El soborno reduce los ingresos del gobierno y por la tanto limita y empobrece la provisión de bienes y servicios públicos. En suma, la corrupción mata el desarrollo económico y el pragmatismo del: “roba, pero hace” es un espejismo populista.


Las huellas de mayo de 1968

Las huellas de mayo de 1968 Gonzalo Chavez A. Mayo de 1968 fue un terremoto político, cultural, social e inclusive económico. Se junt...