Monday, March 11, 2019

La economía es un carnaval

El Ministerio de Economía y el Banco Central (BCB) presentaron el Programa Fiscal Financiero 2019 con la cansina cantaleta de que ahora forzamos las variables macroeconómicas con soberanía, cuando, en el pasado, esto era impuesto por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. 



En una prueba contundente de coherencia ideológica, le dan palo a los organismos internacionales, pero cuando se trata de hacer retroceder a los opinadores y otros satanases neoliberales, no dudan en sacar la cruz de los datos legitimados y bendecidos por la cooperación externa. Oigan sordos de la oreja derecha, machacan: no ven que nos va de maravilla, inclusive según la suegra FMI. 
Como dice la música leninista Pasito tun tun, “uno para adelante, otro para atrás, uno a la izquierda y sin ponerse coloradito, otro a la derecha, pasito tun, tun…”

Los nuevos datos macroeconómicos presentados proyectan una ligera reducción en el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), este año llegaríamos a 4,5%  y no a 4,7%, como lo establecía el Presupuesto General de la Nación. A muchos les entró el alma al cuerpo porque la nueva estimativa mantiene el segundo aguinaldo. Así que este Carnaval preelectoral se pueden gastar los morlacos a cuenta de este futuro beneficio, al ritmo de si me emborracho es con mi plata, con mi plata que me da el gobierno. ¡Salud, hermanos y compañeros! ¡La casa invita! 
El programa fiscal y financiero anuncia que la inversión pública seguirá comandando la economía,  se inyectará la friolera de 5.323 millones de dólares. Como buenos cocineros, se pone toda la carne al asador electoral.  La economía será el centro de la campaña política de la ilegal candidatura de Morales. El mensaje es claro: los temas de la democracia son secundarios. Carnavaleros del mundo, piensen con los bolsillos: sólo hay un garante en la estabilidad económica y el buen desempeño del producto, Evo.  

La Constitución es papel mojado frente al verano económico eterno que se ofrece desde la cúspide del poder; por lo tanto, todos al son de la morena keynesiana: “Cuánto cuestas cuánto vales, amor mío.  Si tú quieres yo te pago, pero nunca, nunca te olvides”.

¡Ho! ¡Ho! Fuerza morenos, grita el líder. “Vivan los poderosos siempre bien amados neorrevolucionarios del buen gastar”. Y como dice la música: “Qué nos importa que hable la gente,  igual le vamos a meter. Anda y dile que no vas a volver con ese tampulli neoliberal”. 
 Por lo tanto, a aflojar la billetera. El BCB perderá reservas internacionales por 1.215 millones de dólares para financiar la inversión pública.  Es probable que hasta fin de año estas reservas bajen a menos de la mitad de 2015, cuando alcanzaron la cifra récord de casi 15.000 millones de dólares. También se anuncia un déficit  público de 7,8% del PIB, con éste serán seis años de agujero gubernamental. Se estira la cuerda de manera peligrosa. 

A los críticos que sostienen que se gasta mucha plata, se les recuerda la nueva “música-consigna” compuesta por los artistas preferidos del proceso de cambio: “Quien busca una mujer, bella mujer, cara bonita, mucha plata debe tener, pa mantener cara bonita”. La revolución también es cara, cara bonita. 

En lo que respecta a la inflación, ésta se mantendrá en 4% y el tipo de cambio nominal  no se moverá para la alegría de la comparsa de los comerciantes legales e ilegales.   
Por supuesto que detrás de estos anuncios continúa el discurso triunfalista del gobierno y se minimiza el deterioro de las variables macroeconómicas. A saber: déficit público y comercial, fuerte caída reservas internacionales, apreciación del tipo de cambio real e incremento de la deuda externa. ¡Todas mentiras de la derecha! Así que, seco cruzadito. ¡Nadie nos quitará lo bailado! 
Ahora bien, pasada la fiesta qué puede ocurrir. Veamos dos escenarios posibles.

En un escenario optimista la música a corear es: “Ahora que tenemos, bien que cascaremos”, otra vez. El segundo casque depende de la subida del precio del petróleo por  encima de los 80 dólares el barril, lo que dispararía  el valor de gas natural. Además, Argentina  compraría más de este energético y Brasil renovaría el contrato por otros 20 años, en las mismas condiciones de precios que el acuerdo vigente hoy. También, súbitamente, mejorarían las exportaciones de minerales y soya. Consecuencia de este escenario, aumentarían los ingresos del Estado de manera significativa. Así mismo, los proyectos de inversión en carreteras, las plantas de úrea, San Buena Aventura, el satélite, la Casa del Pueblo y otras obras comenzarían a generar impuestos y otros ingresos. 

Un escenario pesimista va al ritmo de la salsa, Llorarás, que en su principal estrofa dice: “Por tu mal comportamiento te vas a arrepentir. Bien caro tendrás que pagar todo mi sufrimiento. Llorarás y llorarás, sin alguien que te consuele”. Y nadie nos consolaría si se profundiza el deterioro de sector externo, con precios de gas natural, minerales y soya a la baja, y sin mercados de largo plazo para los energéticos, con un déficit público cercano al 9% del PIB, con reservas internacionales por debajo de 6.000 millones verdes, y con una enorme presión para devaluar el boliviano y con proyectos estatales con bajo retorno.  En este escenario, el Gobierno, cualquiera que esté, sea en un futuro cercano, tendría que hacer ajustes duros. 
Por supuesto, entre el casque y el llanto, entre el cielo y el infierno, hay muchas combinaciones posibles, y las proyecciones de la economía podrían estar en un lugar intermedio. Por el momento, como decía el gran economista y carnavalero Lord Keynes, en el futuro todos estaremos  muertos, así que mejor disfrute la fiesta de la carne. 
Gonzalo Chávez A. es economista.


Existe vida despues del neoliberalismo?

La respuesta corta de los dueños del poder es un rotundo no. El modelo de desarrollo en vigencia es la cúspide del pensamiento económico y político. El Evoeconomics es la nueva religión, sólo resta, a los simples mortales, la alabanza tántrica y contemplación extasiada. Todo lo contrario a la nueva verdad y luz es pasado neoliberal, es el pantano de mentiras. 

El fanatismo de mercado ha sido substituido por el fundamentalismo estatista y populista, y su versión más pomposa por estos paisajes: la “teología extractivista” (Gudynas).   El futuro está secuestrado por la ideología de los resultados de cemento, por la destrucción de la naturaleza, por la PIBocracia que asimila desarrollo tan sólo al crecimiento de esta variable. 

El gobierno, a pesar de los 13 años de gestión, se resiste a ser pasado. Cree haber tomado el elixir de la eterna juventud. Se contempla embelesado en el espejo de la propaganda. No entiende que su ciclo ha terminado con las cosas buenas y malas que ha hecho.  Y como todo guardián del nuevo status quo niega, persigue y busca encarcelar al tiempo que nos enseña que el cambio de ideas y personas es la esencia de la vida. 


Por supuesto que hay vida después del neopopulismo. Y es un horizonte que no sólo tiene nuevas respuestas para los temas económicos o sociales, sino que ha cambiado las preguntas. Por cuestiones de espacio mencionemos tan sólo tres: ¿Cómo reinventamos el desarrollo a través de la dimensión ética? ¿Qué papel juega la creación de valor público?  ¿Cómo la tecnología se convierte en eje articulador de un crecimiento económico inteligente, inclusivo y sustentable? 

La esencia de la vida es la confianza y reciprocidad, es el pacto en el espacio del microcosmo societal (familia, empresa, comunidad) que muchas veces va más allá de las reglas jurídicas generales (leyes, Constitución). Las razones para justificar cualquier tipo de modelo de desarrollo deben estar ancladas en valores y no al revés, como ocurre en la actualidad. Donde los valores están instrumentalizados. Los medios justifican el fin, razón por la cual el tejido básico de la sociedad está deteriorado, en algunos casos, y en otros, destruido, tanto por el individualismo impuesto por el mercado o el colectivismo financiado con favores del Estado.

 En ambos casos se ha roto la ética de la confianza, prevalece el egoísmo o el privilegio del grupo sobre el todo de la comunidad. Se ha quebrado la relación entre ética y prosperidad. Tanto para el capitalismo especulativo financiero como para el capitalismo estatal de amiguetes todo vale para acumular riqueza y poder. Entre tanto, no puede existir desarrollo sostenible sino se repone la ética de la reciprocidad y del bien común, sostiene Paul Collier, profesor de la Universidad de Oxford. Por eso el desafío es mayúsculo cómo repensar el desarrollo a partir de la ética de la reciprocidad en la familia, la comunidad, la empresa, el Estado y el mundo. 

En una sociedad fragmentada ética y económicamente la creación de valor colectivo se pierde. La creación de valor se define la producción de nuevos bienes y servicios, que en la actualidad debían tener un mayor contenido tecnológico. Aquí el ejemplo es una empresa productiva que puede ser pública o privada. Estamos frente a un capitalismo emprendedor. 

Contrariamente, la extracción de valor se define como actividades focalizadas alrededor de recursos y productos existentes. Aquí el ejemplo es la especulación financiera o comercial. A esta forma de capturar valor también se conoce como rentismo o capitalismo de casino.
Las economías primario exportadoras enfatizan la extracción de valor de los recursos naturales y no la creación de valor en otros sectores. Y cuando la gestión política adquiere un carácter de culto a la personalidad se convierten en “teologías extractivistas”. En estas situaciones el principal rol del Estado es la captura de este valor (rentas) y su distribución populista en la sociedad. 

En economía emprendedora, a la cuál debíamos aspirar, la creación de valor se basa en la innovación tecnológica. La innovación se basa en la inversión en capital humano que, a su vez, es la base de un desarrollo y crecimiento inteligente.   Mariana Mazzucato, profesora de la Universidad de Londres, sostiene que el desafío del siglo XXI es el crecimiento inteligente en el que el Estado es el responsable fundamental para promover innovación. No es un mero distribuidor. Es decir, que el Estado es el principal emprendedor e implementador, de manera directa e indirecta, de varias innovaciones tecnológicas; es decir, que la acción gubernamental va más allá de la corrección de fallas de mercado y se concentra en la formación, y creación de mercados. Y, lo que es mejor, generando innovación y creación de valor económico y social colectivo. Lo que implica también promover también el crecimiento inclusivo y medio ambientalmente responsable. 

En suma, la vida económica después del neopopulismo requiere pensar fuera de la caja y colocar como conductores el desarrollo a la ética de la reciprocidad, la innovación y la creación de valor colectivo.



Monday, February 25, 2019

Bolivia potencia subsahariana?


En los años 90 fui invitado a una reunión mundial sobre desarrollo económico. En determinado momento del cónclave dividieron a los participantes por continentes. Por supuesto me dirigí inmediatamente a la sala de América Latina y el Caribe. Entretanto, cuando ingresaba al salón asignado a la región,  para mi sorpresa, fui detenido por uno de los organizadores del evento, quien con amabilidad pero con firmeza me informó que Bolivia no estaba en Sudamérica, sino en África subsahariana.

Frente a semejante afronta geográfica, me disponía rebatir la tropelía munido de mi mapamundi electrónico. Por supuesto, estaba indignado frente esta muestra de ignorancia e inmediatamente saqué mi ametralladora cargada de  mi mejor repertorio antimperialista y anticolonialista.

Sintiendo los puñales que salían de mis ojos, el afable estafeta del evento me comenzó a explicar que la distribución de países se había hecho basándose en indicadores internacionales, como el tamaño del Producto Interno Bruto (PIB), los niveles de pobreza, índices de desarrollo social, enclaustramiento geográfico, indicadores de competitividad, clima de negocios y otros.

Me entró el alma al cuerpo cuando vi en la misma sala a colegas de Paraguay, Nicaragua, Honduras y otros países de Centro América, con quienes compartíamos este exilio geográfico coyuntural y similitud en muchos de los indicadores económicos y sociales señalados. Junto a nosotros estaban países como Etiopía, Eritrea, Burundi y República Centro Africana, Somalia, Botsuana y otros. Todos con un rango de PIB similar.

 En 1997, el PIB boliviano era, en dólares de la época, un poco más de  7,9 mil millones y el producto de Botsuana, cuyo delegado estaba sentado a mi lado por el orden alfabético,  era de 5.000 millones de washingtones.  En 2017, nuestro PIB subió a 37,5 mil millones y el de Botsuana tan sólo a 17.400 millones. Sin duda, nos fue mejor, pero seguimos siendo muy pequeños respecto  a nuestros vecinos.

En 2017 el PIB boliviano era tan sólo 19% del Producto chileno o peruano y el 2,6% del PIB brasileño.  Inclusive, y a pesar de la hecatombe económica venezolana, éramos el 15% del PIB bolivariano. Sin duda, aumentamos significativamente en 20 años, pero aún estamos lejos de presumir por nuestro tamaño. Puede que ahora seamos líderes en África subsahariana y en Centro América, pero en el vecindario no podemos hacernos los gallitos pisadorcitos, los machos alfa del PIB.

A nivel mundial y considerando el tamaño del PIB, ocupamos el puesto 121 de 185 países. Entretanto, para no abandonar el patriotismo estadístico, podemos decir: vamos que se puede. Nota técnica: las anteriores comparaciones usan PIB de paridad de compra y los datos provienen del Banco Mundial y el FMI.

Pero veamos el PIB per cápita, que es la división de toda la riqueza producida en un año  por la población. Esta es una mejor aproximación  del bienestar económico. También es relevante ver la trayectoria de la tasa de crecimiento del producto que nos indica el tiempo de convergencia con los vecinos. Por ejemplo: en cuánto tiempo alcanzaremos económicamente a los chilenos.

La tasa de crecimiento del PIB per cápita debemos verla en el largo plazo. Entre 1960 y 2017 esta variable en Chile creció, en promedio, 2,55%. El PIB per cápita boliviano, en este largo periodo, fue tan sólo de 1,68%. Si agarramos los últimos  12 años, esta variable creció en Chile 2% y en Bolivia 2,99%. En esta etapa corta nos fue mejor.

Ahora bien, respecto al tiempo que nos tomaría alcanzar el tamaño de la economía de Chile, el debate está abierto: el gobierno dice 34 años y la Fundación Inaset dice 105 años.

En ambos caso es mucho tiempo. Podría servir de consuelo que en términos de manejo macroeconómico estamos 20 años por delante de Venezuela. Pero si pensamos en una dimensión de desarrollo integral, la vara debía ser más alta que Chile. Si nos comparamos con países del Sudeste asiático y de Europa, los tiempos para alcanzar sus resultados sociales y económicos se miden en centenas de años.   Como mención,  el tema de la trayectoria del PIB es apenas un aspecto del desarrollo. La PIBcracia local, los adores del tamaño del producto, machaconamente insisten en endiosar esta variable, pero, si hablemos de otros indicadores de comparación internacional, las cosas son diferentes. En el índice desarrollo humano, ocupamos el puesto 118 de 188, en 2017. Aquí seguimos con indicadores de pobreza africana.

Lo mismo considerando el índice Gini que si bien mejor, aún somos un país desigual. Si tomamos el índice de competitividad, de igual forma estamos en la parte más baja de la tabla, ocupamos el puesto 105 de 133.

En suma, introduciendo variables cualitativas, que no dependen del tamaño del PIB o su tasa de crecimiento, sino de su dirección y la calidad de éste, hay mucho que avanzar en el país y no es el tiempo del narcisismo macroeconómico que práctica el gobierno; en realidad es el momento de pensar en la sostenibilidad del crecimiento, en la productividad de los factores de producción, en especial del trabajo, y en la importancia de la innovación y el capital humano.

Un desarrollo basado en las ideas y el conocimiento que puede situar a Bolivia en otra geografía (en la nube del internet) donde nuestras principales ciudades limiten con Bangalore en la India, o California, en Estados Unidos, o Shanghái, en China. Dados los avances de la tecnología, alcanzar a estas regiones cibernéticas puede tomar mucho menos tiempo que la economía tradicional. Es decir, el objetivo debería ser situar al país en el selecto grupo de las economías creativas de base social.





Bolivia

Monday, January 28, 2019

El arte revolucionario de contemplarse el kururu

Comencemos por las buenas noticias. La gran novedad del discurso informe del  an como referencia comparativa 180 años y en otros, 20 años. Ciertamente estos malabarismos comparativos hacen parte de la nueva matemática del proceso de cambio, donde 90 x 3 = 180.
Entre los resultados sociales se mencionó  la reducción de la pobreza, que habría bajado de 61%, en 2005, a 36% en 2017, un logro destacable si utilizamos la variable mejora de ingresos  como referente de pobreza. Entre tanto, considerando el índice de desarrollo humano, que incluye acceso a la salud, educación y otros indicadores, estamos en el puesto 118, cuando Chile ocupa el puesto 38 de 188 países. En suma, se tienen un poco más de plata pero con sistemas de salud pésimo
También hay que mencionar que una mirada menos politizada nos indicaría que mucha de la nueva clase media  baja o intermedia está en un sector informal, que es muy vulnerable a los ciclos económicos.
Las malas lenguas dicen que las estadísticas son como los bikinis y las mallas, siempre ocultan lo esencial; en el caso del Gobierno, sus informaciones estadísticas y la manera cómo las presenta más bien son como los burkinis, que ocultan casi todo con un manto sobreideologizado y propagandístico.
Cabe también resaltar que el discurso informe estuvo concentrado en los resultados económicos. No se hizo mención a los déficits de democracia e instituciones, temas en los que se ha retrocedido mucho en 13 años.
El mensaje de fondo del informe presidencial es que estamos frente al fin de la historia, versión andina socialista. El modelo aplicado por el Gobierno es el plus ultra de la teoría económica y social. No hay nada más que aprender o cambiar. Descubrimos la cuadratura del cuadrado. Y, por supuesto, hay un único líder, Evo, que puede continuar con los diferentes récords en el Producto Interno Bruto hasta 2025 y el más allá.
La referencia de este tipo de informes siempre es la superación de un pasado neoliberal y atroz. Es decir, siempre miran atrás y su referente más importante también es otra idea del pasado: el nacional desarrollismo, que da vueltas en círculos sobre la exportación de los recursos naturales y sus rentas.
En suma: el gobierno propone congelar los sueños de futuro económico. Convirtió el modelo económico a una categoría de religión y sus resultados en verdades morales. Sólo existe el camino oficial, el resto de ideas alternativas provienen del pantano de las mentiras.
Ahora bien, si nuestro referente de comparación fuera  reinventar la esperanza, explorar nuevos horizontes de desarrollo y brindar a la gente un crecimiento económico que le llegue al cuidado de la familia, que ofrezca mejores ingresos, pero a base de emprendimientos productivos y empleos de calidad; que haga  de los servicios de salud y educación los principales aliados para que las personas tengan una vida productiva, y sana; que posibilite una convivencia armoniosa con la naturaleza para cuidar de la casa común entre mujeres y hombres que vivan en igualdad de oportunidades, derechos e ingresos, pues el informe sería muy pobre porque estaríamos muy lejos de estos sueños.
Ya decía Miguel Ángel: el problema no es ponerse una meta muy alta y no alcanzarla; el problema es colocarse metas bajas y acertar, y pensar que se lo está haciendo espectacularmente mirándose el ombligo o kururu.

Sunday, January 13, 2019

2019: El fin de la religión populista


 Vuelvo a mi trinchera dominguera con la esperanza cargada de muchas ideas y dispuesto a dar la batalla por la libertad y la democracia.  Nos espera un año repleto de incertidumbre política por las elecciones de octubre, en especial sí la ilegal candidatura del oficialismo insiste en tirar por la borda, la voluntad popular de 2,7 millones de personas que dijeron un No rotundo a la reelección.

En términos económico será un año similar al 2018 aunque algunos resultados podrían ser contaminados por la vorágine electoral. Aunque se resiste a reconocerlo, el gobierno ha perdido legitimidad y apoyo social por muchos errores políticos cometidos, por la prepotencia con que impone ciertas políticas públicas, por varios hechos de corrupción no esclarecidos, por el natural desgaste después de 13 años de gestión, pero sobre todo, por el intento de desplegar sus alas autoritarias. No es exagerado decir que el gobierno está arrinconando en su núcleo duro resguardado por la guardia Pretoriana de los cocaleros del Chapare. Entre los pocos tanques de oxígeno político que le quedan, al gobierno, sin duda están ciertos resultados  económicos, como por ejemplo, el desempeño del producto interno bruto (PIB).

En este contexto es fácil concluir que la principal bandera electoral de la ilegal candidatura será la venta del éxito del nacional desarrollismo, o en su versión religiosa, el Evoeconomics, doctrina axiológica que polariza la sociedad entre los buenos e inmaculados compañeros vs. los malos neoliberales y vende patrias. La verdad revolucionaria que nos llevará al reino de luz populista vs. la ponzoña, la cruel mentira de la derecha que busca devolvernos a los sótanos de la historia. En la actual narrativa ideológica se ofrece a los fieles la salvación eterna a través de un feroz consumismo capitalista e informal, coquetamente rebautizada como proceso de cambio. Para nuestros neorevolucionarios, en Bolivia, Marx escribe recto sobre renglones torcidos. En realidad el capitalismo de camarilla creado en torno a las empresas estatales, el extractivismo depredador del medio ambiente y el crecimiento exponencial de la burguesía comercial son la antesala del socialismo local.
 
El Evoeconomics se basa en la inversión pública y la industrialización de los recursos naturales, en ambos casos mirando por el retrovisor de la historia pero poniendo cara de quien ve el futuro. Propone subir la escalera del desarrollo, generando valor a las materias primas. Es la vieja narrativa: el mineral se convierte en un lingote; después se producen clavos, posteriormente se hacen calaminas y, en algún momento del horizonte del proceso de cambio, se llega al automóvil nacional. En el mismo camino, el gas se vuelve polietileno. En suma, es hacer la revolución industrial inglesa con 200 años de atraso. Para la nueva religión, desarrollo económico son grandes obras, monumentos al cemento, es sóviets más electrificación, caminos sin destino de desarrollo, represas que matan el medioambiente, teleféricos que cuestan decenas de hospitales, satélites ciegos, museos al ego, pretenciosos y fálicos edificios. En la cúspide del altar de la nuevo culto está el gran fetiche, el falo del desarrollo: el PIB, frente al cual todos los devotos de la virgen del puño izquierdo en alto, los fieles sacerdotes del horizonte de los santos de los últimos días del capitalismo  y otros exegetas de la revolución  deliran ante las subidas  de la cifra encantada. Inclusive, la religión neoliberal impulsada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) se postra frente a este resultado. Los extremos se encuentran en la fe.

La PIBiofilia extractivista insiste que desarrollo económico es sólo el crecimiento de esta variable y se deleita frente a los espejo de rankigs internacionales: !Oh, la economía que más crece en América Latina!. El narcinacionalismo estadístico se golpea el pecho.  El modelo nacional desarrollista es el fin de la historia y tiene un sólo conductor, el Mesías Morales. Amén.

Obviamente es un sacrilegio sugerir que el ídolo PIB puede que tenga pies de barro. Es una blasfemia alertar sobre los peligros de un déficit público que persiste por cinco años consecutivos y de manera creciente (más del 7% del PIB). Una profanación señalar que el milagro económico se basa en el incremento de deuda externa e interna que ya sobrepasa el 50% del PIB.  Una herejía advertir sobre el daño que provoca a las exportaciones no tradicionales la apreciación del tipo de cambio real. Una afrenta señalar, que para sostener esta fiesta del consumo, nos gastamos más de 6 mil millones de las reservas internacionales. Un ateísmo asqueroso denunciar la falta de políticas de salud y educación. Una anatema imperdonable sostener que en13 años el gobierno confundió, con predeterminación y alevosía, gordura de consumo y riqueza con desarrollo integral. Y una execración denunciar que se gastó más de 60 mil millones de dólares para, de manera muy talentosa, caminar en círculos sobre el modelo primario exportador.

La rererelección ilegal busca congelar el mundo de las ideas, endiosar el PIB, poner fin a la historia, crear un nuevo oscurantismo ideológico y religioso. Pero el año que comienza, es una gran oportunidad para soltarse del yugo populista, se sembrar nuevas ideas para encarar el futuro. Desde aquí seguiremos demostrando que crecimiento del PIB no es igual a desarrollo social integral y sostenible, que los caminos para llegar a este son múltiples, diversos, alegres y coloridos. Bienvenidos al 2019, el año de la liberación.

Monday, November 19, 2018

La productividad, la exilada de siempre

Después de 12 años de populismo rentista, que apuesta más a la distribución de la riqueza de corto plazo que a la creación de ésta, el tema de la productividad de la economía está completamente ausente del debate nacional y de la agenda de políticas públicas.  

En Bolivia, el concepto de productividad ha sido exiliado del imaginario político y económico por considerarlo un concepto que proviene del marco propositivo neoliberal. Por supuesto, este es un error de grueso calibre. No puede existir crecimiento económico, desarrollo sostenible y mejora en condiciones sociales si los trabajadores, las máquinas y las tierras, de manera separada o combinada,  no producen bienes y servicios de manera más eficiente y en menos tiempo.

Con muy buen tino, la Corporación Andina de Fomento (CAF) ha elaborado un documento titulado: Instituciones para la productividad. Hacia un mejor entorno institucional, en el que presenta hallazgos muy interesantes y recomendaciones motivadoras para el caso boliviano. (Aprovecho la columna para un comercial: debatiré este tema con representantes del Gobierno y del sector privado el día 22 de noviembre, a partir de 9:00, en la oficinas de la CAF en La Paz y transmitiré al vivo por Facebook).

Una manera tradicional de medir desarrollo y bienestar es comparar el producto per cápita de países más avanzados con economías en vías de desarrollo como Bolivia. Por ejemplo, según otro estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Creciendo con competitividad,  en 2014, el PIB per cápita promedio de América Latina era el 22% del de Estados Unidos, en el caso boliviano esta variable era del 12% para el mismo periodo.

Otros estudios muestran que cerrar esta brecha tomaría por lo menos 100 años, creciendo a un promedio 5% por año y de manera sostenida. ¡Ay Tatita!, el camino es largo.

En Bolivia, la productividad total de los factores de producción (trabajo, máquinas y tierras), entre 1970 y 2015, aumentó tan sólo en 0,1%, según el BID. Ahora bien, si analizamos el crecimiento de la productividad ajustada por educación (años de escolaridad), salud (sobrevivencia después de los 65 años) y utilización de capital), Bolivia registra un valor negativo, -0,59%.

También utilizando el mismo periodo, la productividad laboral promedio de la economía en Bolivia fue de tan sólo 0,4%. Más allá de que en las últimas décadas hubo ciertas mejoras, en el tema de la productividad estamos frente a un estancamiento secular.  Quiere decir que tanto gobiernos neoliberales como estatistas se aplazaron feo en el tema de la productividad. Así que nadie puede cantar de gallito. Esta es una asignatura pendiente de mediano y largo plazo pero que debe comenzar hoy.

Estudios como del BID muestran que esta baja productividad se debe a la enorme informalidad  de la economía boliviana. Fuentes nacionales como del Cedla sostienen que la informalidad laboral llega al 80% en Bolivia. Otro estudio del FMI -que define la economía informal de una manera más amplia a saber: como aquella que incluye las actividades que no pagan impuestos, que no cumplen las normas laborales, de seguridad industrial, social y medioambiental- sostiene que entre 1990 y 2015 en Bolivia el tamaño promedio de la economía informal fue de 62,3%.

Como acostumbran a decir los neorevolucionarios, cuando hablan de los resultados macroeconómicos : “No lo decimos nosotros, lo dicen los organismos internacionales”. Así que nobleza obliga, los bajos índices de productividad y enorme informalidad, no lo decimos los opinadores, sino las mismas instituciones que les echan flores.

La baja productividad también tiene que ver con el “enanismo empresarial”, micro y pequeñas empresas concentradas en el comercio y servicios en Bolivia, en realidad estrategias de sobrevivencia, sistemas de empleo familiar originadas en la desesperación de salir de la pobreza.

Obviamente, asociado a esta precariedad está el viejo tema de falta de diversificación productiva y del poco desarrollo del sector exportador no tradicional. Finalmente, y no por eso menos importantes, otros temas que no ayudan al aumento de la productividad son el limitado desarrollo financiero, y el bajo nivel de innovación tecnológica de la economía boliviana.

A pesar del crecimiento significativo del microcrédito, muy concentrado en el comercio, un índice de penetración financiera, calculado por el estudio del BID, no pasa de 0,2, cuanto en países de mayor desarrollo esta variable se aproxima al 1. En materia de desarrollo tecnológico estamos en cero.

El diagnóstico de tanto el estudio de la CAF como del BID es completo y lapidario, pero no se quedan en los antecedentes, hacen propuestas de políticas públicas que vale la pena leerlas. En el caso de las sugerencias de la CAF, podremos debatirlas el jueves 22 de noviembre. Entre tanto, el desafío está lanzado para la academia, el sector privado, el Gobierno y la oposición: el verdadero cambio del modelo económico en Bolivia pasa por colocar el tema de la productividad en primer lugar.  

Gonzalo Chávez A. es economista.

Wednesday, November 7, 2018

Democracia sin derechos y Derechos sin democracia

En Bolivia y el mundo vivimos tiempos extraordinarios y trastocados, en especial en temas políticos y culturales, porque existen fuertes amenazas a las democracias liberales. Gobiernos populistas surgidos de las urnas se tornan autoritarios y mayorías significativas de votantes eligen líderes que ofrecen acabar con derechos ciudadanos básicos.
Después de la desaparición de la Unión Soviética, la democracia liberal, que  la definiremos más detalladamente, se suponía que sería régimen político que perduraría hasta el “fin de la historia” en la mayoría de los países del mundo. A pesar de sus imperfecciones, este sistema no había podido ser sustituido ni por el socialismo soviético o cubano, la teocracia islámica y tampoco por el particular modelo político chino.
Asimismo, el liberalismo económico era presentado como el único y definitivo camino hacia el desarrollo. La estabilización macroeconómica, la liberación de los mercados y la reducción del Estado constituían la receta para el crecimiento sostenible. En América Latina esta receta se la conoció como el Consenso de Washington. Este modelo económico hizo aguas a finales de los años 90 y fue sustituido por diversos tipos de estatismos.
Respecto al sistema político –la democracia liberal, que podríamos denominar como el Consenso de Grecia–, permaneció en vigencia por más tiempo que el  neoliberalismo económico, pero ahora éste está bajo fuerte amenaza. La desaparición del sistema democrático es uno de los temas de preocupación principal de dos libros recién salidos del horno: El pueblo contra la democracia. Por qué nuestra libertad está en peligro y cómo salvarla, de Yascha Mounk y Cómo mueren las democracias, de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt.  Ambas investigaciones sostienen que los populismos de izquierda y derecha son las principales amenazas contra las democracias liberales de nuestros tiempos.
Mounk define democracia como “un conjunto de  instituciones electorales vinculantes que traducen de manera efectiva las opiniones populares en unas políticas públicas concretas”. A su vez, liberal significa –para el autor–  un compromiso con el Estado de derecho, la división de poderes y la defensa de las libertades de culto, expresión y asociación. Por lo tanto, la democracia liberal protege los derechos de las personas y transforma la opinión del pueblo en políticas públicas concretas.  
El autor sostiene que gobiernos populistas como el de Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Italia y Francia, Venezuela, Hungría, Turquía, Polonia y otros están eliminando las salvaguardias institucionales y van camino a matar las democracias liberales.
Teniendo en mente esta definición y este contexto histórico, Mounk sostiene que las democracias liberales en el mundo están perdiendo su esencia en dos sentidos: en unos casos se camina rumbo a un liberalismo no democrático (o derechos sin democracia); es decir, sistemas donde el gobierno respeta las libertades individuales, pero controla las instituciones electorales, manipulando la democracia para mantenerse en el poder; y una democracia iliberal (o democracia sin derechos), situaciones  en las que el gobierno elegido por el pueblo comienza a controlar el Estado, restringiendo la libertad de expresión, controlando y persiguiendo opositores o reprimiendo minorías.
Estos son fenómenos políticos nuevos que no entendemos lo suficiente y es difícil combatirlos porque tienen componentes aparentemente democráticos, pero al mismo tiempo manipulan actos electorales, acaban con la división de poderes y tergiversan leyes para quedarse en el poder.
El libro Levitsky y Ziblatt describe la experiencia de los Estados Unidos de Trump para mostrar cómo un gobierno electo en democracia se va tornando autoritario. Los autores utilizan cuatro características de un líder autoritario, sugeridas por Juan José Linz en 1978 (La quiebra de las democracias), para ver por qué camino sigue Estados Unidos, a saber: rechazo de las reglas de juego democráticas, negación de legitimidad a los oponentes, tolerancia o aliento de la violencia y voluntad de restringir las libertades civiles de sus adversarios.
Por supuesto que ambos profesores concluyen que el gobierno del norte va camino a matar su democracia. Obviamente que estas cuatro alertas son también aplicables a varios en América Latina, en general, y en Bolivia, en particular.  
Las dos obras coinciden en señalar que una de las causas de la muerte de las democracias liberales es el rol que juegan las redes sociales, que si bien tienen unas características liberadoras de ideas y opiniones, también ha contaminado el debate público. El ciberespacio se ha convertido en un difusor peligroso de ideologías del odio y lluvia de mentiras.
Si bien las fake news no nacieron con las redes, éstas las potenciaron de manera exponencial ,manipulan mentes de los votantes. Tanto el libro de Mounk como de Levitsky y Ziblatt son una seria invitación a la reflexión y al análisis de cómo un pueblo desinformado y envenenado se está volcando contra la democracia, y es probable que pasemos de momentos populistas, como los que viven varios países en el mundo, a la era de gobiernos populistas, tanto de izquierda como de derecha, que marquen a generaciones.

La economía es un carnaval

El Ministerio de Economía y el Banco Central (BCB) presentaron el Programa Fiscal Financiero 2019 con la cansina cantaleta de que ahora for...