Sunday, November 28, 2010

El tipo de cambio de los “mata cambio”

Después de más de dos años de tipo de cambio congelado, el Banco Central de Bolivia apreció el boliviano de Bs 7,07 a 7,06 por dólar. La modificación del tipo de cambio nominal fue justificada como una acción para reducir la inflación importada. La medida parece presagiar que los precios en noviembre también subirán. La vuelta de la fluctuación cambiaria es una oportunidad para debatir el rol del tipo de cambio real en un país de economía pequeña como la nuestra. Éste es el precio de los bienes del país extranjero expresado en términos de bienes locales.

El dilema es utilizar el tipo de cambio real, desde una perspectiva exclusivamente macroeconómica, para estabilizar precios como ahora, por ejemplo, o usar este instrumento, en el marco de una política industrial integral, para promover crecimiento económico basado en el mercado externo.

El Gobierno optó por el primer camino, y es posible que en el corto plazo se controle parcialmente el fuego de la inflación, pero de persistir la apreciación real se continuaría perjudicando a las exportaciones no tradicionales y a la industria nacional, como ya ocurrió en el periodo de agosto del 2008 a inicios de del 2010, cuando la apreciación real, en su peor momento, llegó a 17%.

En la actualidad la apreciación del boliviano es pequeña, dado que la mayoría de nuestros socios comerciales también apreciaron sus monedas, después de haber realizado depreciaciones importantes para proteger las exportaciones de su industria nacional en el momento más álgido de la crisis económica internacional.

En los últimos años la política cambiaria del BCB ha ayudado a revivir nuestro perfil de economía primario-exportadora. En la actualidad, más del 80% de las exportaciones son recursos naturales, como en los años 30. Las ventas de manufacturas y otros productos no tradicionales se redujeron al restante 20%. Claramente, esto es resultado de la enfermedad holandesa, un mal económico que hace que el tipo de cambio sea definido por la venta de recursos naturales, perjudicando a las otras industrias tanto en el mercado interno (competencia vía importación barata) como externo (dificultad de exportar productos con valor agregado).

Un día el gas se hace gas, es decir, desaparece el choque externo positivo de ingresos vinculados a los recursos naturales y la economía se queda con una mano adelante y otras atrás, obviamente imposibilitada de elevar el puño revolucionario. Las secuelas de la enfermedad: desindustrialización y/o inhibición del desarrollo productivo. En manejo del tipo de cambio, sólo desde la perspectiva macroeconómica, produce el espejismo de crecimiento sin riqueza.

Con estos antecedentes, no se puede abrir mano de la política cambiaria también como instrumento de la política industrial y productiva. Ésta es una forma de romper con el neoliberalismo. Como sostiene Dani Rodrik, un tipo de cambio depreciado es fundamental para generar el crecimiento económico y diversificación productiva.

“Prácticamente todos los casos de crecimiento elevado sostenido han estado acompañados de un tipo de cambio real significativamente depreciado. Esto es tan cierto en el caso de Corea del Sur y Taiwán en los años 1960 y 1970. Chile llevó a cabo su transición hacia un crecimiento elevado en los años 1980 con el apoyo de una gran depreciación. Desde los años 1990, tanto China como la India han recibido un enorme impulso de sus monedas subvaluadas. Al revisar las experiencias de más de 100 países, mis investigaciones indican que cada diez puntos porcentuales de subvaluación agregan 0,3 puntos de crecimiento”.

La depreciación real de la moneda crea incentivos para mayores márgenes de ganancias en los sectores manufactureros y agrícola no tradicional, que son actividades, que apoyadas con políticas industriales de orden microeconómico, pueden presentar tasas de productividad laboral más elevadas y mejoras en la competitividad general. Es decir, una moneda subvaluada como parte de una política de apoyo productivo y acompañada de más y mejores servicios básicos e infraestructura (energía, gas, agua, caminos), estimula la creación de empleo sostenible con base en el mercado mundial, al contrario de la apreciación que sólo crea burbujas de consumo.

Cabe recordar que un tipo de cambio real depreciado no se consigue solamente modificando su valor nominal (el tipo de cambio que se cotiza en la Camacho Street), los precios locales también pueden bajarse con incrementos en la productividad de la economía.

Ciertamente, una depreciación nominal podría generar inflación vía aumento de costos de productos importados, o avivamiento de expectativas, para evitarlo, se debe tener una visión integral de la política pública que coordine lo macro con lo microeconómico, y además debe ser acompañada por una política fiscal contractiva. La inflación debe ser atacada por otras vías y no dejar que el BCB actúe como el espadachín manco, solo enfrentando la subida de precios.

Administrar el tipo de cambio (apreciándolo) con el sólo objetivo del control de la inflación está matando la posibilidad de un cambio productivo, le está serruchando el piso a la diversificación productiva e industrialización. Este tipo de cambio está matando la oportunidad de diversificación de las exportaciones.

Sunday, November 21, 2010

?El impuesto al ch’aqui o el t’istapi de la abstinencia?

Si usted es afecto a cascarle unos whiskachos, le gusta la Cuba libre aunque no sea del Gobierno, se sirve unas chelas estúpidamente heladas los fines de semana, el vodka lo prende, toma energizantes para tener alas y otras cosas, aprecia un coctelito de tumbo, hace lunes de albañil, fuma como chino; en suma, si milita en esta fauna de pecados veniales, prepárese que viene un hachazo impositivo a estas licencias del cuerpo y el alma.

Bajo la consigna: “mens sana in corpore sano” o “citius altius fortius” (más rápido, más alto, más fuerte) y yo añadiría más autoritarius, el Gobierno subirá los tributos al tabaco y bebidas alcohólicas. Con ello pretende recaudar 122 millones de bolivianos, de los cuales 49 millones serán para fomentar el deporte.

Sus pecadillos serán sujetos de impuestos para fomentar la práctica deportiva incluyendo la nueva especialidad, los rodillazos en el bajo vientre en cancha o fuera de ella, que los intelectuales del régimen lo recalificaron como: movimiento estratégico envolvente de la rótula dirigido a lo que Aristóteles llamaba: las partes concupiscibles del cuerpo. ¡Uy qué sanos y capos!, ¿no ve?

Sorprende que el Gobierno busque recursos extras cuando dice estar rebosante de ingresos. ¿Será que se está curando en salud por el déficit público que se generará con el nuevo sistema de pensiones? ¿Estarán queriendo frenar la burbuja de consumo que vive la economía? O ¿será una forma de prevenir la expulsión de compañeros farrosos del partido?

El impuesto a los puchos subirá de 50 a 55 por ciento. Los destilados (singanis, vodka, aguardiente, rones, whisky) tendrán una variación de cinco o diez por ciento. Se trata sin duda de una medida revolucionaria contra el Ladies Nigth de los jueves y el clásico viernes de soltero, aplaudida por una bola de abstemios y aburridos de ambos sexos.

Al parecer, se trata de disciplinar a los compañeros(as) con vicios pequeño burgueses, que aún no han visto la luz del cambio. Ahora para sea consistente con la ampliación del universo de contribuyentes, el próximo impuesto debería ser a la coca.

La literatura económica reconoce que existen tres criterios para evaluar la pertinencia de impuestos: eficiencia, equidad, y simplicidad. En algunas oportunidades también se utilizan criterios moralistas, como podría ser el caso de los impuestos a los pecados veniales. El tabaco y las bebidas espirituosas causan daño a la salud. Con estos tributos se puede ayudar a evitar delirium tremens, el muyu muyu del ch’aqui, problemas pulmonares, divorcios, diabetes, pérdida de facultades mentales y otras metidas de pata que se ocultan detrás de la antológica frase nacional: borracho estaba y no me acuerdo.

Tasas impositivas eficientes son aquellas que no distorsionan las decisiones de las personas de manera dramática y ayudan a que funcionen mejor los mercados. Sin duda los impuestos a los pecados son buenos recaudadores de ingresos, aunque podrían fomentar, más aún, el contrabando y mercados negros. Eso sí, le proporcionan buena platita al Estado porque, en general, la demanda por estos productos es inelástica, quiere decir que aunque el precio del cigarro aumente mucho, por causa del impuesto por ejemplo, su consumo no disminuirá.

Es muy difícil dejar el cigarro, y al final se paga más por el vicio. Si te gusta, que te cueste. Contrariamente, cuando un bien elástico sube de precio su demanda se contrae, porque fácilmente se lo substituye por otro. Piense en los refrescos. En este caso, los impuestos son ineficientes.

La equidad impositiva se maneja con dos criterios, tratamiento igual para quien es igual, y otro vertical, tratamiento diferenciado para quienes son diferentes. Por ejemplo, quien gana más, paga más impuestos. Un ejemplo de esto serían los tributos a los ingresos a las personas. En el caso de los impuestos a los vicios del dios Baco no se cumple con este criterio; ricos y pobres pagan el mismo impuesto por su roncito, quiere decir que es un impuesto regresivo.

En algunos casos, este tipo de tributos hace que la gente de menores recursos y los platudos roñosos compren sus traguitos en el mercado informal, lo cual es una ruleta rusa para la salud porque la probabilidad de comprar bebidas adulteradas y/o falsas es alta y por consecuencia, alguien podría morir de un ch’aqui maldito o en un momento de ofuscación etílica, convertirse a la religión del cambio. Simplicidad, un sistema de impuestos tiene que ser fácil de aplicar y administrar. El impuesto a los dobla-codos es sencillo y efectivo, se cobra al nivel del consumo. Chupó, pagó y el fisco, engordó.

En suma, los impuestos a los pecados del buen beber, acción que no es incompatible con el buen vivir, al parecer anuncian/denuncian una futura hambruna fiscal, son regresivos y podrían profundizar el contrabando de alcoholes. Aunque hay que reconocer que son efectivos para recaudar ingresos. Ahora no sé qué es peor: el impuesto al ch’aqui o el t’istapi de la abstinencia.

Monday, November 15, 2010

La guerra de las hamburguesas

Hace muchos años la revista inglesa, The Economist, pública el índice Big Mac, que lista el precio de esta famosa hamburguesa en varios países en el mundo. Es una forma de medir la paridad cambiaria de cada economía, es decir la competitividad de la moneda. El índice, que consiste en comparar el precio del Big Mac en cada país, tomando como base el precio que ésta misma tiene en Estados Unidos, en octubre de esta costaba 3,71 dólares. En Brasil, la misma hamburguesa cuesta 5,26 verdes, lo que muestra una sobrevaluación de más de 40 por ciento del Real. Hace unas semanas estuve en este país y realmente, los precios están de terror, en Rio un pasaje de ómnibus cuesta 12 Bolivianos. El otro extremo es China, donde el Big Mac cuesta tan sólo 2,18 dólares, quiere decir que la subvaluación sería de 42 por ciento, es decir que el costo de vida en China estaría más barato. En Bolivia, no tenemos esta cadena, pero su competencia, Burger King, vende dos hamburguesas similares: la Steak House a 29 Bolivianos (4,14 dólares) y la Whopper a 22 Bolivianos (3,14 verdes). En primer caso la apreciación del Boliviano sería de 11 por ciento, en el segundo habría una depreciación de 15 por ciento. Un informe del FMI señala que el Boliviano está apreciado en un 5 por ciento.

Por increíble que parezca las diferencias de precios de las hamburguesas explican porque en el mundo estamos en las puertas de una guerra cambiaria, problema que fue uno de los temas centrales de debate de la cumbre del G20 realizada en Corea del Sur.

¿Qué significa esta guerra económica? ¿Quiénes son los principales contendores? De un lado están las alicaídas economías de Estado Unidos y Europa (excepto Alemania) que acusan a la potencia emergente, China, de manipular su moneda, y mantenerla depreciada artificialmente con el único objetivo se favorecer sus exportaciones y así fomentar un superávit comercial, exportaciones mayores de las importaciones. Es decir que no sólo el Big Mac está barato sino muchos productos del gigante asiático están a precios de gallina muerte y por lo tanto, están invadiendo los mercados de los países desarrollados. Según estos, los productos chinos baratos compiten deslealmente con la producción nacional, impidiendo que esta se recupere de la tremenda crisis financiera que azota al “primer mundo”. Además, la subvaluación del Yuan ayudaría a restringir las importaciones. Frente a esta situación, ciertos sectores del gobierno norteamericano presiona para que se contra ataque a los chinos con acciones proteccionistas colocando tarifas y otros mecanismo de control comercial y también con devaluaciones

El fondo del problema está en los desajustes estructurales de economías grandes Según Nouriel Rubini, Estados Unidos y otras economías desarrolladas, como Portugal, Italia o España, enfrentan serios problemas fiscales, ahora deben gastar menos y ahorrar más, pero eso implica mayor recesión, por lo tanto, para mantener el crecimiento, necesitan una depreciación nominal y real de su moneda para reducir sus déficits comerciales. Pero los nuevos ricos del mundo (China, Japón y Alemania) tienen un exceso de plata que se origina justamente en superávits de cuenta corriente, por lo que resisten la apreciación nominal de sus monedas, que en parte, es el origen de su nueva riqueza. Una depreciación del tipo de cambio disminuiría sus excedentes externos. Es decir quieren seguir teniendo dinero de afuera y no tener que depender de gastos internos mayores para sustentar el crecimiento. Especialmente en el caso de China no quieren frenar su ascensión económica al pedestal de nueva potencia. A su vez países como Brasil y otras economías emergentes también están preocupadas con la apreciación de sus tipos de cambio, porque les resta competividad externa, razón por la cual están intentando evitar entradas masivas de capital.
Como sostiene Rubini, el problema es que no todas las monedas pueden ser débiles al mismo tiempo, no hay posibilidad que todos los países se sacrifiquen, y que las Big Mac cuesten el mismo precio simultáneamente en todos los lugares, por definición su una de las monedas esta fuerte, la otra debe estar débil. “De modo que la guerra de devaluación competitiva en la que nos encontramos es un juego de suma cero: la ganancia de un país es la pérdida de otro”.
La guerra de las hamburguesas (divisas) puede llevar a una guerra comercial y esto sería grave en una economía mundial que necesita recuperar el crecimiento de manera más equilibrada. La reunión del G20 no pudo detener las amenazas de guerra cambiaria ni avanzar en temas de coordinación económica, lo que hicieron es posponer los problemas para una próxima reunión. En nuestro pago, también tenemos problemas con nuestro tipo de cambio, en términos reales estaría apreciado y el gobierno lo utiliza para combatir la inflación, pero esto le esta serruchado el piso, lentamente, a nuestras exportaciones no tradicionales, lo cual es contradictorio con el modelo productivo que se propone.

Sunday, November 7, 2010

Aji de fideo a la inflacion

El año pasado los responsables de la política económica habían anunciado la derrota del dragón de inflación. Pero para tristeza de muchos, el dragón no estaba muerto, sólo andaba de parranda. En efecto, la tasa de inflación acumulada hasta octubre del año, que ya languidece, fue de 4,16 por ciento, un valor elevado pero que está en el rango de lo que había previsto el Banco Central de Bolivia. Entonces, ¿por qué tanto jaleo sobre la subida de precios? Desde las graderías de los agachados se escucha el reclamo: Joven revolucionario. ¡El platito de ají de fideo subió en un 35 por ciento! ¡Alguien haga algo! El problema se centra en que la inflación de alimentos se ha disparado haciendo estragos en los bolsillos de la gente más pobre. Hasta octubre de este año este índice llegó a 7,69 por ciento. Incluso esta cifra puede ser mayor; cabe recordar el chanchullo que se hizo con el índice de precios en el año 2008. En la ocasión, se rebajó la ponderación del peso de los alimentos en el cálculo de la inflación de 49 a 39 por ciento. Resultado cuando la papa sube significativamente, el azúcar se incrementa, o el pollo; a pesar de pelado, vuela; en el índice que calcula el INE las cosas no se ven tan feas, los incrementos de precios de los alimentos se amortiguan. La magia estadística da argumento a los políticos de turno, pero no alcanza para engañar el bolsillo y olla de la gente; por eso, ésta reclama y se indigna con el aumento de la canasta familiar, porque como se decía en la época de la UDP, el pueblo no come un ají de índices, sino lo que le casca es un ajicito de fideo corbatita con perejil virgen, cuya receta y costos (entre agosto y octubre) le presento a seguir en este domingo de inflación.

Ingredientes para ocho platos bien servidos con repete del también llamado fideúcho. Un kilo y medio de fideos corbatita. Precio de antes, 9 Bs, ahora, 10,5 lucas. Un kilo de carne, se recomienda cadera de vaca presumida. Precio anterior, 20 Bs, en la actualidad, 28 morlacos. Seis papas negras y ojosas bolivianas, las peruanas producen gases. Las más ricas son las de Achacachi, tierra del Mallku. Éstas pasaron de 7 Bs a 11, la cuartilla. Medio kilo de arvejas tarijeñas coquetas cultivadas en las riberas del Guadalquivir, antes 4 Bs, ahora 5 bolis. Medio kilo de tomates bien rojos y grandes. Para ver su grado de madurez, éstos deben lucir como manzanas avergonzadas. Antes 1,5 Bs, ahora 2,5. Siete dientes de ajo chapareño; use este ingrediente bajo el lema: Sólo quien ha comido ajo puede darnos una palabra de aliento. Este ingrediente no subió de precio y se compra a un boliviano. Cuatro cabezas de cebolla imilla, aquellas que son fáciles de pelar y que no hacen llorar mucho. La libra antes costaba 1,5 Bs y ahora no se encuentra por menos de 2,5 lucas. Zanahorias pequeñas al gusto, que antes se encontraban a 4 Bs la libra y ahora se paga 5. Un rama de perejil bien hippie que no cambió de precio y cuesta un Boli.

La forma de preparación de ají de fideo en tiempos de inflación neorrevolucionaria es muy importante. En un sartén caliente con mantequilla broncee el fideo hasta que éste adquiera un color verano Ipanema. Apague la hornilla pero deje el fideo reposando en el sartén. Cuadricule la carne hasta obtener cubitos simétricos y colóquela en una vasija de barro. A continuación haga lo mismo con los ajos del y las cebollas. Para evitar el llanto coloque un sorbo de agua en su boca o vea el canal estatal, ¡resista la tentación de hacer buchadas! Junte todos los ingredientes en la olla y deje cocer por 20 minutos a fuego lento. Sirva con perejil virgen y ulupicas. Ahora, comparemos cuánto costaba preparar el fideúcho antes y después del salto en la inflación. En agosto los ocho platos de ají fideo costaban 44 Bs (cada uno 5,5), ahora no sale por menos de 59,5 (7,4 cada uno), o sea este platito popular aumentó en 35 por ciento.

¿Cómo se explica que ají de fideo haya subido tanto justo ahora que la fotografía macroeconómica luce tan bien? El repertorio de las explicaciones oficialistas para este fenómeno se ha diversificado. Se abandonaron las teorías conspirativas, sabotaje de la derecha, los oligarcas, el imperio, y los benditos analistas. Ahora las justificativas van desde echarle la culpa al sol y las estrellas, pasando por el tierno, “los precios siempre suben, Mami”, hasta la sabiduría resignada: “no hay que llorar sobre la leche derramada”.

Pero más allá de la pirotecnica del Gobierno, las explicaciones para el salto en la inflación son las mismas del 2007 y 2008, cuando la inflación llegó casi al 12 por ciento y los precios de los alimentos aumentaron en un 20 por ciento. La historia se repitió porque el salto en la inflación se debió al aumento de los precios de los alimentos importados, avivamiento de las expectativas inflacionarias, especulación en ciertos mercados, fenómenos climáticos, sequía y exceso de lluvias y, finalmente, aumento del consumo debido al exceso de circulante. Dado que las causas eran las mismas, no se entiende por qué no se adoptaron medidas preventivas o por qué las acciones adoptadas no funcionaron. ¡Muera la inflación! ¡Viva el ají de fideo!

La Microeconomía de gasohamburgazo y una sospecha macro

Una nueva gasolina (Ron91) y a un precio más elevado, 4,40 bolivianos, ha ingresado al mercado, produciendo un debate sobre las reales inten...