Sunday, July 15, 2012

Deconstruyendo la pacenidad

Hoy domingo, vísperas del gran 16 de julio, un homenaje a mi ciudad. En La Paz, las leyes de la física no se aplican. En un trufi diseñado para cinco personas, los maestritos, la pobreza y la falta de regulación estatal realizan la magia de meter hasta el doble de pasajeros en el auto, sin que nadie diga este poto es mío. Los paceños viajamos calientitos y los más sacrificados sentados en el freno de mano, mudos, estoicos, mirando fijamente al frente para no despertar sospechas de la incomodidad mecánica. Nos gusta la proximidad pero nos matamos con la indiferencia. Hablar con los compañeros de viaje, ni pensar. Tal vez, sólo comentarios ácidos y telegráficos contra el mal gobierno. Los paceños de cuna o adopción hablamos con eco y decimos “yaaaa” en todas sus versiones, colores, énfasis, entonaciones, acentos y momentos. Para ilustrar sólo algunas perlas: Bolivia avanza por el luminoso camino del cambio, y el eco responde: de cambio, ¿a ver? A lo que le sigue un ¡yaaaa! agudo y largo. El Vice se va a casar, y el eco entona: se va a casar, ¿a ver? Ver para creer, seguido de un ¡yaaaaa! de soprano ñusta potosina. El Gobierno está dando una cátedra de economía, el eco se emputa y no responde. Tan sólo surge el ¡yaaaa, su huevada! El Papirri Monroy tiene una música espectacular sobre el eco de los paceños. Un buen paceño es un cultor de los picnics potosinos. Yo tengo el privilegio de la doble nacionalidad, soy potoco y chukuta, por lo que conozco sobre el tema. La mejor alternativa para combatir la thayachera, los fríos de pelar, son los días de campo potosino, de los cuales existen varias versiones. Para nuestros amigos lectores de los valles y trópicos, conceptualmente significa encamarse todo el día aplastado por frazadas de grueso calibre. Apolillar debajo de los pullus con chullo, calcetines y las ladies, medias Textilón, que dicen que es mejor de condón. La versión de fin de semana del picnic potosino incluye buena comida y malas compañías. Se recomienda a media tarde servirse un falso conejo con fideo corbatita. El postre debe ser frutas de la temporada, naranjas pendencieras, mandarinas coquetas, pasank’allas y maní discretos. Se sugiere usar platos para comer, porque el extravío de semillas y otros restos en el laberinto de colchas puede tener un destino no deseado. Estar entrepiernado casi 48 horas no es una tarea fácil, por eso se recomienda un poco de televisión, el mejor programa para este tipo de ocasiones es un viejo capítulo de Viaje a las Estrellas con el señor Spock. Opcionalmente se puede ver el canal estatal, con Carlita Revollo, para ver la vida color de rosa. Las noticias del 7 son un buen antidepresivo. En sus programas, todo brilla y el mundo se divide entre los malos neoliberales y los buenos neoevolucionarios. Y colorín colorado, la revolución ha avanzando. Los paceños/as estamos locamente enamorados, es decir, estamos camotes del Illimani. Desde cualquier canto de la ciudad lo coqueteamos sin medida ni clemencia, absorbemos su energía, contemplamos embobados sus curvas y rubores. Por eso cantores, pintores, fotógrafos, y poetas le han cantado, pintado, retratado y/o ofrecido sus mejores versos. Toda vez que estoy por el centro de la ciudad, mi lugar preferido para verlo es desde la avenida Camacho entrando por la calle Bueno, donde queda la empresa estatal YPFB, a la cual le cambiaron la fachada pero no las malas prácticas de meter la cuchara al dulce. En este lugar me planto varios minutos mirándolo para recargar las pilas. Un paceño que se presta sabe de la vida nocturna. Añora el Socavón, el antro de antaño donde se hizo temblar las noches y las buenas costumbres. Además, una buena paceña tiene que haber bailado en el Loro en su Salsa, para que se construya la Cinemateca y parqueado por horas en el Fórum esperando a sus retoños. Y ahora disfruta de la Costilla de Adán y de otros boliches cuyos nombres no pueden ser revelados por pudor bohemio. JEn materia de morfe, el paceño debe poseer paladar negro y estómago de hule para enfrentar, de pecho abierto y lampiño, un fricacho en la Alexander, y mostrar que en vez de venas tiene cañerías Tigre por donde el colesterol resbala como agua santa. Tiene que haber degustado las salchipapas de la Díaz Romero que son la prueba definitiva de la existencia de los ángeles de la guarda que protegen a los paceños, porque sin ellos las salchichas de origen indefinido serían como sables afilados para penetrar el duodeno. Y qué decir de los Jot doc de la Pérez, y los Menchos de la calle 21 que demuestran que, en materia de embutidos, no existe lucha de clases. Las tucumanas de El Prado que matan cualquier hambre y a las 10:47 saben a manjar de dioses andinos. ¿El keperí de las benianas de Villa Fátima? , que tiene la semblanza y textura de los abdominales de Bruce Lee en su película Operación Dragón. Otra delicatesen paceña es el sándwich de huevo con chorrellana de cebolla roja de vergüenza en el mercado Lanza, después de comer este bocadito es mejor no dar una palabra de aliento a nadie, menos a la media naranja. En el mercado Camacho está el supervitamínico que cura caries y que es mejor no preguntar por sus ingredientes. En referencia a los lugares de dancing, el mejor si duda es un clásico miraflorino: The Love City, la única discoteca trotskista del planeta, el templo de la conjunción obrero-patronal, el nido de amor de la nueva burocracia revolucionaria, donde el deseo horizontal baila suelto de manera vertical, piecitas movidas como: “Devórame otra vez” o apechugaditas como: “Hoy tengo ganas de ti”, interpretada por Miguel Gallardo. En fin, para terminar ayúdeme a decir: ¡Viva La Paz y nada más!, ¡¡¿¿yaaaaa??!!

Sunday, July 8, 2012

Carta a un estudiante

Estimados estudiantes, les escribo esta carta desde la trinchera de la nostalgia. Ofrendaría mi libro más querido de macroeconomía y mis apuntes más prolijos de microeconomía para volver a sentir la sensación, de enorme libertad y sano miedo, que se produce cuando uno da el primer paso para elegir una carrera. Comenzar una profesión en ciencias sociales es una aventura maravillosa, especialmente en un país que necesita un cambio productivo radical para superar la pobreza.

Confieso sin ningún rubor que descubrir una vocación no es una tarea sencilla. Uno no despierta un bello día de invierno y descubre que quiere ser economista, administrador, emprendedor, antropólogo, ingeniero financiero o profesional de los negocios internacionales.

Por lo menos en mi caso no fue amor a primera vista con la economía, más bien fue un enamoramiento lento, saboreado a cada materia que pasaba, sembrado de dudas e inseguridades, fue como aprender a tomar buen vino, sorbo a sorbo, degustando todos los recovecos del tinto, hasta descubrir que si uno vino al mundo y no toma vino, ¿a qué vino?

Por lo tanto, mi pasión por la economía es y fue construida en dosis homeopáticas. Digo más, creo que uno no es economista o sociólogo cuando termina su curso. En realidad, se “está” economista en cuanto uno mantiene la llama de la indignación intacta frente a los problemas de nuestra sociedad, y cultiva el virus de la inquietud intelectual buscando una constante actualización e innovación en la profesión. Pero sobre todo, se “está” economista si uno “ama de pasión” el trabajo que hace. Lo mismo debe ocurrir para otras profesiones en las ciencias sociales. Además cabe recordar que en tiempos de globalización, la fila de las ideas avanza muy rápidamente, por lo que hay que acompañar los cambios siempre, incluso a la tierna edad de 80 años.

Soy de profesión profesor universitario y muchos padres de familia acuden a mi legítimamente preocupados sobre el futuro profesional de sus retoños. Me manifiestan que sus hijos no saben qué estudiar. Dudan entre economía, creación y desarrollo de empresas o ciencias políticas. Siempre respondo que la duda es un signo de salud mental, y que si nuestros jóvenes de 18 años supiesen exactamente lo que quieren, deberíamos comenzar a preocuparnos.

A una temprana edad, las dudas son buenas y se van disipando, poco a poco, con información y experimentación. La deliciosa enfermedad de la juventud sólo se cura con el tiempo. Por eso es recomendable elegir una universidad que ofrezca un programa flexible de materias en los dos primeros años, así un cambio de carrera no es costoso ni desde el punto de vista financiero ni desde la perspectiva del tiempo.

En mis primeros años de estudio de economía estuve seducido seriamente tanto por la sociología como la historia, y la ciencia política me coqueteó descaradamente. Debo reconocer que fui presa fácil, cedí a las tentaciones y tomé muchas materias de estas otras ciencias. Esta experimentación enriqueció mi formación.

Me arrepiento de no haber cursado más materias de filosofía, emprendedurismo, creatividad o tecnología. En mis épocas estas últimas materias recién se comenzaban a impartir, ahora existen muchas más posibilidades. Así que, queridos estudiantes, aprovechen estas oportunidades, porque ahora uno estudia no sólo para buscar trabajo, sino para crear empleos para otros.

Creo en la multidisciplinariedad de las ciencias sociales. Un economista puro puede ser más cuadrado y aburrido como ascensor sin espejo y con la foto de Hugo Chávez. De éstos hay muchos, y por alguna razón inexplicable, casi todos están en el Gobierno actual y creen que han inventado un nuevo modelo de desarrollo.

Redoble de tambores, coro de ñustas vírgenes en do mayor: La economía estatista. ¡Cómo no se nos ocurrió antes! En fin, eviten los fanatismos y fatalismos ideológicos como de ésos que ahora levantan el puño como los gatitos chinos.

Cuidado con el poder y los cultos ideológicos. El capital humano se deprecia muy rápidamente en el Estado, si no, vean algunos de nuestros gobernantes que de intelectuales se convirtieron en burócratas autoritarios con déficit de ideas. Pasaron de la sensata recomendación de Joan Robsinson de que decía que se debe creer en todo lo que es verdad, al consejo que viene de espejo, que dice que en todo lo que creo es verdad y aquel que diga que no, palo y persecución.

En suma, el mundo es diverso y heterogéneo y hay que estar preparado con los instrumentos y la sensibilidad para entenderlo y transformarlo así. Por ejemplo, en la actualidad, Bolivia apuesta al cambio, pero no hay un solo camino, como piensan los neorrevolucionarios, si no que para un espíritu cultivado en la democracia de las ideas y actitudes, existen muchas vías para realizar transformaciones. Nadie tiene el monopolio de la sensibilidad social. Una buena carrera en ciencias sociales debe apostar a la diversidad de pensamiento e instrumentos.

Así que todos aquellos que quieran meterle a la ciencias sociales en general o a la economía en particular, no deben temerle a la incertidumbre del corto plazo. Sólo la experiencia y el estudio nos ayudan a construir futuro.

Monday, July 2, 2012

La Diplomacia Paquiderma

El manejo de nuestras relaciones internacionales no goza de buena salud, para usar un lenguaje diplomático. El recuento de metidas de pata es largo y persistente.

Para preservar su hígado, tan sólo nos referiremos a las últimas. Asamblea de la OEA en casa, donde la mayoría de los países del continente nos dicen que el tema del mar es bilateral con Chile. De nuestra parte, confusión total: vamos a la Corte de La Haya, no, mejor renegociamos el Tratado de 1904, no, que tal si lo desconocemos.

Dos días después de este revés diplomático, otro cocacho mayúsculo: Brasil acepta el pedido de exilio del senador Pinto. Las relaciones bilaterales se tensionan con el aliado político más relevante de la región y con el mercado más importante para nuestro gas natural, y como prevalece el tacto de elefante en nuestra diplomacia, el presidente Morales llega en el mismo avión con Mahmud Ahmadinejad a la reunión de Río de Janeiro, cuando se sabía que Dilma Rousseff no recibiría al Presidente iraní, mandando un mensaje claro que no estaba de acuerdo con el tema de los derechos humanos y el tratamiento de las mujeres en ese país.

La lectura fina e inteligente de los códigos y mensajes de las relaciones internacionales no es el fuerte del Gobierno. Con mucha frecuencia, el elefante se pone a arreglar la cristalería. Parece que sólo se piensa con las entrañas ideológicas y no así con la cabeza. Finalmente, en el recuento de las metidas de pata, Bolivia ignora y es olímpicamente ignorada por la Alianza del Pacífico.

En esta oportunidad nos centraremos en este último punto y optaremos por un análisis estratégico de largo plazo de nuestras relaciones económicas internacionales.

Para comenzar, visualicemos el mapa de América Latina. Bolivia, en el centro del continente, está frente a dos tsunamis económicos y políticos. Por el lado oriental del país, Brasil va camino a convertirse en una potencia económica a nivel regional y mundial. De hecho ya es la sexta economía en el mundo y uno de los sectores más pujantes son los agronegocios; en concreto, Brasil es una potencia en cereales, biocombustibles y granos como la soya, por ejemplo.

Aquí el destino geográfico es contundente. Con este país nos une una frontera de más de 3.400 kilómetros. El modelo económico agroindustrial brasileño será cada vez más influyente en departamentos como Santa Cruz, Beni y Pando. De hecho, se dice que más del 50% de la producción de soya en Bolivia estaría en manos de propietarios brasileños.

Además, las relaciones políticas y económicas serán cada vez más complejas en temas como migración, hidroenergía, madera, manejo de ríos, castaña, narcotráfico, contrabando, entre otros.

Los fenómenos descritos son hechos de la realidad y no proyecciones, por lo que la política económica internacional boliviana debe contar con una visión clara sobre la relación bilateral y las proyecciones conjuntas a nivel internacional y regional. Aquí nos referimos a los desafíos de la integración continental y bilateral que deberían pasar por temas productivos y no repetir la historia de la exportación de recursos naturales.

Por el lado occidental de Bolivia está el segundo tsunami económico que se origina en el Asia en general y en China en particular, y que, atravesando Chile y Perú, tiene su influencia en los departamentos de La Paz, Oruro, Potosí y Cochabamba.

Las olas más grandes del maremoto son sobre todo comerciales. Es el “made in China” que se encuentra en todos los mercados del país y que se refleja, en parte, en los nueve mil millones de dólares de importaciones.

Además, están las exportaciones de minerales a la región asiática que se duplicaron en los últimos años tanto en Bolivia como en el resto de los países del continente. Es decir, la influencia del modelo chino de exportación de manufacturas y compra de materias primas tendrá una influencia económica determinante en los países conectados con el Pacífico.

De manera indirecta, Bolivia no será una excepción. Es bajo esta lógica que los países ribereños con este océano constituyeron, a inicios de junio de 2012, la Alianza del Pacífico, un bloque regional que agrupa a Chile, Perú, México y Colombia. Ecuador se automarginó.

La alianza supone un mercado de 207 millones de consumidores, representa más de un tercio del PIB total de América Latina y más del 50% de su comercio. Pero sobre todo, la alianza se constituye para aprovechar y gestionar el tsunami económico chino, convirtiéndose en una plataforma tanto en exportaciones como importaciones y en un mecanismo para atraer inversiones asiáticas.

Cabe recordar , además, que estos países tienen tratados de libre comercio con más de tres mil millones de potenciales consumidores, la mayoría en el Asia. Bolivia debería estar en esta Alianza del Pacífico para ser parte del nuevo orden económico internacional que se construye, en el que China ya es un polo de fundamental.

Brasil, por el oriente boliviano, y China, por el occidente, son y serán, más aún a futuro, factores económicos fundamentales que afectarán nuestro desarrollo. En este contexto, nuestra acción internacional debe recuperar el sentido de la defensa de los intereses nacionales, sobre todo económicos y comerciales, y dejar de lado la diplomacia paquidérmica que es corta de visión, carente de estrategia de largo plazo, demasiado ideologizada y poco sutil en el día a día.

Cabe recordar una frase clásica de la escuela realista de las relaciones internacionales que me permito adaptar a nuestros tiempos: los países no tienen amigos, compañeros o hermanos, tienen intereses.

Economía en línea

Economía en línea