Tuesday, May 29, 2018

RADOGRAFIA DE LA DEUDA EXTERNA

En las últimas semanas  el tema de la deuda externa entró al debate nacional gatillado por la crisis argentina. En el vecino país, el tamaño de las acreencias internacionales y su rápido aumento es una de las causas que obligó al gobierno de Macri a llamar a la caballería del FMI para pedir socorro financiero.
Por estas tierras libres de la dependencia de los organismos internacionales, el Gobierno afirma que nuestra deuda externa es baja  y sostenible financieramente. Es decir, la podemos pagar con los ingresos que recibimos e incluso endeudarnos más. Críticos de la política económica sostienen que los focos rojos deberían encenderse porque la deuda externa crece muy rápidamente  (en   2017  se contrataron 24 préstamos) y que para evaluar la solvencia del Estado, también se debe considerar la deuda interna.
Para entrar al debate mejor informados veamos algunos hechos basados en datos oficiales.
Hasta diciembre de  2017, según el Banco Central de Bolivia (BCB), la deuda externa del país llegó a 9.428 millones de dólares, esto representa  el 25% del Producto Interno Bruto (PIB), es decir, el valor de la deuda medida como proporción de toda la riqueza generada por la economía en un año. En una primera aproximación este parámetro está en un nivel razonable para los patrones internacionales que establecen un 50% como límite de endeudamiento.
En   2007 se consolidó el perdonazo de la deuda externa por parte de organismos internacionales y esta se redujo a 2.209 millones de dólares o el 17% del Producto. Esta proporción, posteriormente, llegó a 15% del PIB. Al entrar al poder, el gobierno de Morales recibió un sector externo financiero saneado.  
Entre 2007 y 2017, la deuda externa subió en 327% en términos nominales. Medida como participación del PIB, el incremento fue de 47%. La nueva deuda externa es más costosa que en el pasado, porque esta era concesional (a largo plazo con tasas de interés bajas) y ahora es más comercial (los plazos para pagarla son menores y es más caro el interés que se paga).
En  2017 el país pagó 583 millones de dólares en intereses y capital, esto es equivalente a construir 16 palacios de Evo y 10 buenos hospitales por año.
Si bien el 25% del PIB de endeudamiento externo es todavía bajo, sin embargo, para ver la capacidad de endeudamiento y pago de un país se debe tomar en cuenta también la deuda interna.
Para simplificar el análisis coloquemos el ejemplo de una pequeña empresa que le debe al banco.
Esta sería su deuda externa pero también ha recibido crédito de amigos y familiares (deuda interna). A la hora de analizar la capacidad de pago de esta empresa se debe evaluar todas las deudas y no solamente la que tiene con la entidad financiera (deuda externa).
En Bolivia, la deuda interna con el sector privado (por ejemplo AFP) era  de 4.474 millones de dólares hasta fin de  2017, eso es el 12% del PIB. La deuda de las empresas estatales con el BCB también está en torno de 4.708 millones de dólares, es decir un poco más del 12,4% del PIB.
El total de la deuda del Sector Público No Financiero (Tesoro General de la Nación TGN más empresas estatales), es decir  de todo el Estado boliviano es de 48,4% del PIB. En este caso, la capacidad de endeudamiento está al límite de las recomendaciones internacionales. Ahora si desconoce la deuda de las estatales porque sería dentro del propio Estado, llegamos a 36% del PIB.

Pero esto es torturar a la contabilidad. En el pasado, las deudas de los bancos estatales y de empresas públicas que quebraron crearon graves problemas financieros al Estado.
 Además, para ver la capacidad de endeudamiento de un país también se debe considerar otras variables económicas. La tasa de crecimiento de la economía se desaceleró desde 2013. En ese año, el PIB llegó a subir en 6,8% y sistemáticamente se redujo hasta llegar a 4,2% en 2017.
La economía registra cinco años consecutivos de déficit público. En 2018 el desajuste fiscal podría superar el 7% del PIB. Se registra tres años de déficit comercial, aunque este año este pueda disminuir por la mejora del precio del petróleo y por ende del gas natural, aunque existen dudas razonables de que se aprovechará esta situación, porque las exportaciones de hidrocarburos, en especial a Brasil, están bajando en cantidades.
Podría existir un empate técnico entre variaciones de cantidades y de precios. Cabe también recordar que nuestras reservas internacionales continúan bajando.
Así mismo, hay desconfianza sobre la calidad y rentabilidad de la inversión pública, esta es cada vez mayor, cercana a 7.000 millones de dólares, pero su efecto sobre el crecimiento económico es menor. También, ¿cuál sería la rentabilidad de edificios de lujo, de museos personales, de infraestructura caminera que no conecta polos productivos, de aeropuertos que reciben pocos aviones, de decenas de canchas de fútbol y polifuncionales donde sólo juegan ratones, como reconoció el Presidente, y de fábricas que funcionan a medias?
Gonzalo Chávez A. es economista.

Monday, May 21, 2018

Las huellas de mayo de 1968

Las huellas de mayo de 1968

Gonzalo Chavez A.

Mayo de 1968 fue un terremoto político, cultural, social e inclusive económico. Se juntaron las hormonas, las neuronas y los sueños de millones de jóvenes para reinventar la democracia, para revolucionar el cotidiano, para relanzar la libertad personal en otras dimensiones. Este movimiento cumple 50 años.

El 68 se buscó crear un tipo humanidad, que apostó a la rebeldía permanente, a la transgresión creativa, a la alegría como forma de protesta, pero sobre todo a una solidaridad más amplia. En mayo del 68 se produjo un explosión  de ideas, dardos conceptuales, slogans y gritos de guerra que penetraron, en diferentes dosis y alcances diversos, al cuerpo de una sociedad en crisis de identidad y perspectiva: “Es prohibido prohibir. Decretado el estado permanente de felicidad. La imaginación al poder. Sea realista, exiga lo imposible. Olvide todo lo que Usted aprendió, comience a soñar. En los exámenes, responda con preguntas. Abajo el realismo socialista. Viva el surrealismo”.

De lo macrosocial a lo microcultural,  la savia de las ideas nuevas y dulcemente subversivas estaban en las paredes, en los libros, en las discusiones de cafés, en las protestas, en las barricadas, en las obras de teatro, en las camas de los amantes, en los cuerpos y sus pliegues. Mayo del 68 juntó diferentes tribus descontentas y rebeldes en el mundo: Los hippies gringos que protestaron contra la guerra de Vietnam, la discriminación racial y las costumbres burguesas; los jóvenes indomables de París que querían tomar el cielo con las armas de la poesía y el amor; los nacionalista de Europa del Este que no aceptaba el socialismo real y autoritario de la Unión Soviética; los jóvenes guerrilleros de América Latina que luchaban contra las dictaduras; las mujeres del mundo que quemaban sus sostenes contra el machismo.

¿Cómo fue mayo del 68 a Bolivia? No lo sé. Era muy niño en la época.  Pero puedo dar testimonio posterior de los ecos de estos eventos que me llegaron por muchos caminos.  El rock progresivo, el marxismo leninismo, el boom de la literatura latinoamericana, el hippismo y el tropicalismo.


El rock progresivo me fue presentado por un amigo melómano y sibarita en tardes de viento y desenfrenada danza de platos criollos en Villazón.  (Un corte comercial: honor y gloria al diamante del sur que se pule sólo en su día). En cuánto le cascábamos tremendos brazuelos de cordero y oímos extasiados Pink Floyd, Yes Jethro Tull y ELP en un poderoso Pioner, se decretaba, de ipso facto, el estado permanente de felicidad.

Ya en el poderoso colegio San Calixto abrazamos con fervor la lectura de Marx y Lenin, doctrina que nos fue introducida por un profesor de física, René Bascopé A. Era el ventrículo izquierdo del corazón de mayo del 68 que latía lejano pero absolutamente convincente en plena dictadura de Banzer. En eternos domingos leímos hipnotizados El Capital y intentábamos aprender alemán porque sospechábamos, que las traducciones al español de la Editorial Progreso de Moscú, tenían un dejo revisionista y pequeño burgués.

Para estar seguros que entendíamos la  teoría de valor no solo leímos sino que fumábamos Das Kapital, sus hojas de seda fina hacían sabrosos cigarrillos. Nuestro anti imperialismo era sólido y no nos permitía ni acercarnos al Malboro menos aún a la versión criolla de empresa capitalista: Astoria.

El profesor Bascopé, en inmensa sabiduría, también nos introdujo el antídoto contra el fanatismo ideológico de la época, la literatura del realismo mágico. Augusto Roa Bastos, Julio Cortázar, Mario Benedetti y por supuesto García Márquez nos refrescaron las ideas y nos aflojaron las pichicas ideológicas. Sostengo que el ritmo de la poesía y las sabrosas novelas me hicieron olvidar todo lo que aprendí del marxismo ortodoxo, me ayudó a seguir soñando.  Sin embargo, tuve que aterrizar en los trópicos cariocas para entender que la revolución en la sociedad también requería una transformación en las relaciones personales, así me llegó el mayo del 68 en su versión brasileña.
Tenía que exorcizar el estalinismo que me quedaba en la cabeza después de sobre dosis de los escritos de Martha Harnecker o Nikitin.

En Rio descubrí a Fernando Gabeira, un ex guerrillero que en los ochentas había dejado el fusil y pregonaba paz, amor y playa o el gran Caetano Veloso que se definía como “totalmente demais” y decía que la bruta flor del querer, crecía en su opuesto. “Donde quieres familia, soy loco y donde quieres romántico, burgués. Donde quieres revolver, soy palmera, donde quieres dinero, soy pasión”, filosofaba cantado el bahiano universal. Era otro de los legados de París en mayo con acento en portugués que pregonaba  que estaba prohibido prohibir. La libertad no se puede rendir a ninguna causa, por más noble que sea, porque ella es la propia causa.

Bueno al final“¿qué quedo del 68?” y para responder me agarró del brazo de alguien que vivió mayo de aquel año, Fernado Savater, con cuya síntesis me identifico, y cito: “sólo se me ocurre responder que quedamos algunos, muchos menos ya desde luego que quienes lo invocan o lo maldicen. Y en cada uno de nosotros tuvo efectos distintos: tampoco la Virgen hace siempre milagros y cura a todos los que van a Lourdes. De los votos pintados en los muros de París aquel Mayo lejano, mi preferido (después del encomiable y poco respetuoso “Sartre, sé breve”) es este: “No quiero morir idiota”. Yo estoy casi a punto de conseguirlo, pero compruebo con pena que muchos de mi edad y sobre todo más jóvenes han dejado prematuramente de intentarlo”.

Wednesday, May 16, 2018

Contra el populismo rentista ají de fideo corbatita

Con frecuencia el Gobierno muestra el incremento de los ingresos por ventas de restaurantes y supermercados como un gran logro económico basado en el mercado interno.  Entre 1999 y 2017, estos habría crecido en 859%. Por supuesto, todos al unísono: ¡Aleluya. Honor y gloria eterna al sacrosanto proceso de cambio! La nueva clase media agradecida da rienda suelta a un furor consumista  que, paradójicamente, enorgullece hasta las gruesas lágrimas a los neorrevolucionarios.  
 En Bolivia, el boom del comercio y la gula son  en realidad un síntoma de la conocida enfermedad holandesa, un mal económico que confunde riqueza de consumo de corto plazo con desarrollo. Esta afección se origina en un súbito incremento de los precios de alguna materia prima en el sector hidrocarburos, por ejemplo, que recibe mucho dinero y hace rebalsar, éste, al mercado interno vía incremento de los gastos e inversiones del Estado y un mayor consumo privado.
 La lluvia de plata se consume en bienes no transables (diversos tipos de servicios, como restaurantes, construcción, comercio y otros) y en importaciones legales e ilegales. Estas últimas ayudadas por la apreciación del tipo de cambio real. 
 En el caso boliviano, pasada la bonanza externa en 2014, la burbuja de consumo se mantiene perdiendo reservas internacionales, incrementando la deuda externa y aumentado déficits públicos. Un día el gas se hace gas y te has gastado todos los ahorros. Pasada la fiesta del populismo, los globos de consumo se comienzan a desinflar. Ya no hay rentas para distribuir. Se constata que el sector de restaurantes y supermercados había tomado anabólicos chutos, era pura gordura de plástico.  Viene la crisis y el populismo busca los culpables de siempre: la derecha, el imperio  y los analistas. 
 Pero, felizmente, hay otro camino a seguir. El boom del consumo en restaurantes puede ser reconvertido en una revolución en los servicios y dejar el lamento revolucionario. El mejor remedio para curar el populismo rentista es un suculento y creativo ají de fideo corbatita con perejil virgen y pícaras ulupicas, acompañado de un coctelito de tumbo con romero chapareño.  
 Quiere decir que en vez de que el gobierno esté contemplándose el pupu en seminarios de adoración a la religión del extractivismo, podría promover políticas públicas, aprovechando el efecto riqueza de la enfermedad holandesa para promover una revolución en los servicios de gastronomía y turismo, creando un conglomerado, un cluster. 
 Cabe recordar que la gastronomía está formada por un ecosistema que une producción agraria y pesquera, el transporte y el mercadeo de alimentos, el diseño gráfico, la propaganda, la cultura, el folklore, el turismo, los institutos de formación en cocina y otros. A rigor, esta es una oportunidad para substituir parcialmente la economía de los recursos naturales por la economía creativa o naranja. Cambiar la economía de materias primas que se agotan por una economía basada en ideas, que son infinitas. 
 Perú es un ejemplo exitoso de economía creativa en gastronomía. Según PromPerú, “comer rico” atrae al 59% de los turistas, casi como Machu Picchu (60%). Así mismo, este sector da empleo directo e indirecto a seis millones de personas. Si alcanzáramos estos índices en Bolivia eso equivaldría a 1,5 millones de empleos, más que toda la población que actualmente trabaja en el sector formal, en torno de un millón de personas. 
 En términos de exportaciones esto equivale a vender más mil de millones de dólares en lomos saltados, cebiches, causas, pisco sours y otros platitos. Y si a esto se suma el turismo tradicional, que mueve por año a 2,3 millones de personas, estamos hablando de un enorme motor de desarrollo económico. 
 Un ejemplo más lejano son los Emiratos Árabes, también dependientes del petróleo y gas natural, pero con ciudades como Dubái y Abu Dabi que también han apostado masivamente a los servicios de turismo tradicional (decenas de parques temáticos), cultural (varios museos como una sucursal de Louvre)  o religioso (la mezquita Sheikh Zayed, una de las más grandes del mundo). Así mismo, están  los servicios financieros y de arquitectura. La India es más sofisticada porque apuesta a la revolución de los servicios de alta tecnología. 
 Después de 12 años de gobierno, y más de 60.000 millones de dólares de ingresos adicionales, en el modelo rentista sigue caminando en círculo mirándose el ombligo y obligando a la gente a seguir peleándose por las “tisidas” de Pachamama. En tanto, las oportunidades de una economía creativa siguen esperando y la receta es muy simple: está en nuestra comida, nuestra cultura, nuestros sabores, nuestras recetas, nuestros granos, nuestra creatividad y espíritu emprendedor y, sobre todo, en nuestra alma boliviana. Una vez más, contra el populismo rentista un yucazo de camarón en una cama de flor de jamaica, coronado con quinua pipocada y un rico coctelito de copoazú.
Gonzalo Chavez A. es economista.

Monday, May 7, 2018

El arte revolucionario de entregar cadáveres

Las empresas, como los seres humanos, atraviesan  por un ciclo en la vida. Los emprendimiento nacen, crecen, se reproducen y, en la mayoría de los casos, mueren. Cuando se cree que las empresas – privadas, públicas o sociales, especialmente en el sector productivo -  son una de las fuentes centrales de generación de valor para la sociedad, de creación de riqueza y empleo,  se deben desarrollar políticas públicas de largo plazo en el campo industrial y de creación de ecosistemas, para que las células en el cuerpo económico se desenvuelvan con el menor trauma posible en el ciclo de vida de los negocios. Este es uno de los secretos del desarrollo económico, social y medioambiental.
 Con la promulgación de la Ley de Creación de Empresa Sociales, el Gobierno ha demostrado, una vez más, su preferencia por la necrofilia ideológica (la atracción por ideas muertas) y ha perdido una gran oportunidad para crear un sistema de reestructuración del tejido empresarial.  Al calor de una campaña electoral prematura ofrece a los trabajadores pasarles la administración de empresas en procesos de quiebra,  liquidación o abandono. 
 Puesto en lenguaje coloquial: se propone repartir moribundos y cadáveres empresariales para que los trabajadores, ahora en el papel de accionistas, busquen milagros estratégicos a través de empresa sociales. La intención parece loable, pero es equivocada y vulnera toda comprensión del desarrollo empresarial.  
 Si el objetivo es preservar el tejido empresarial y preservar empleos, se requieren sistemas para entender y evaluar por qué ciertos emprendimientos están quebrando o se han cerrado. Las empresas atraviesan por situaciones de turbulencia o quiebras por causas externas: la desaceleración de la economía; la aparición de competencia, nacional o extranjera, más competitiva y de costos menores, lo que deriva en pérdida de mercados; el surgimiento de cambios culturales en los gustos o preferencias de los consumidores; las políticas gubernamentales inadecuadas, como un tipo de cambio apreciado que fomenta las importaciones legas e ilegales o la inseguridad jurídica; la aparición de  nuevas tecnologías y otros. 
 También hay causas internas: la mala gestión, la corrupción en la alta gerencia, la falta de gobiernos corporativos, el sabotaje de trabajadores y otros. Para hacer frente a estos múltiples problemas se requieren sistemas público-privados de reestructuración de empresas. En el año 2002 se dictó una normativa que apuntaba en esa dirección, con resultados que, según el Gobierno, sólo favorecían a los empresarios, pero fue un fracaso por lo que se la abolió. Ahora el Gobierno lleva el péndulo al otro lado, se lanza esta nueva ley que favorecería a los trabajadores pero con tremendos vacíos conceptuales y legales, como la anterior norma.  
 Los procesos de reestructuración de empresas modernos pueden estar a cargo del Gobierno o cámaras empresariales con participación de trabajadores. El primer paso de una reestructuración es la evaluación de la empresa para conocer porqué está al borde de la quiebra. Segundo es ver si se requiere una reestructuración estrategia u operativa. Con este diagnóstico se puede buscar la estabilización de la empresa para, posteriormente, devolverle el crecimiento en base a un nuevo modelo de negocios y estrategia, por ejemplo. 
 Dependiendo de cada caso, para recuperar una empresa tal vez se requiera buscar la fusión con un competidor o la venta total o parcial a una empresa que tenga más capacidad financiera y gerencial. También se podría estatizar la empresa o entregar la administración a los trabajadores o, finalmente, llevar a cabo una liquidación ordenada de los activos. 
 Hecho un diagnóstico y evaluación de la viabilidad de la empresa, ¿pueden los trabajadores salvar o administrar eficientemente la empresa? Por supuesto que sí. Pero no depende simplemente de su voluntad, experiencia o capacidad técnica; el desempeño de unidad productiva está en función del desarrollo del mercado, del acceso al crédito, la tecnología, de las políticas publicas y de muchos otros factores.
 Entregar a los trabajadores empresas en dificultades y sin apoyo complementario es pura demagogia. Recibir empresas en dificultades, sin diagnóstico profundo de los orígenes de los problemas, sin propuesta de reestructuración clara, sin apoyo de una política industrial, también es un riesgo innecesario que toman los trabajadores. 
 Cuando una empresa tiene problemas estructurales de mercado o se basa en un idea equivocada, no la salva ni los trabajadores, ni gerentes de primera, ni los empresarios más agudos, menos el Estado. A ellas cristiana sepultura y a buscar el siguiente emprendimiento. 
 A los muertos hay que enterrarlos y no entregarlos a los trabajadores para velarlos.  Es posible recuperar a los moribundos, pero se requiere de intervenciones precisas en el marco de políticas productivas, sistemas de reestructuración transparentes y no impulsados por el calor electoral.

Piromanocracia o el poder del fuego

La ciencia política ha acuñado diferentes términos para describir anomalías políticas en la gestión del Estado. Tenemos el caso del autorit...