Monday, April 30, 2012

Campeonato de fealdad

Vinícius de Moraes, el gran músico brasileño, en su poema Receta de mujer, afirma: “Las muy feas que me perdonen, pero belleza es fundamental”. Antes que mi feminista media naranja me clave el puñal de la crítica, en mi alegre corazón, por comenzar mi columna con una cita machista, debo aclarar que uso la frase para referirme a las nuevas construcciones y edificios que se levantan en las ciudades del país. Como resultado del boom inmobiliario, arquitectos y constructores han entrado en un feroz campeonato de fealdad. Salvo raras excepciones, a las cuales yo también les pido disculpas, las edificaciones que se erigen son “el infierno de lo bello”, como diría Karl Rosenkranz. Una combinación de mal gusto de los arquitectos y avaricia de los constructores, que buscan bajar costos en todo lo que pueden, está conspirando contra nuestras ciudades, frente a la pasividad, y en algunos casos complicidad, de las autoridades municipales. Cada día gigantescos y espantosos edificios cubren de sombra y frío a los antes simpáticos e inclusive bucólicos barrios de Sopocachi, Miraflores o Calacoto en la ciudad de La Paz, por ejemplo. Similares mastodontes de cemento también se comen barriadas enteras en otras ciudades. Bueno alguien podría decir, en tiempos de estética revolucionaria y fiebre de consumo, que lo que importa es la belleza interior. Lamento decepcionar a los que quieren ver con los ojos del alma, pero buena parte de las edificaciones son también feas por dentro, disfuncionales y, en muchos casos, son el retrato arquitectónico de la discriminación social. Espacios pequeños mal distribuidos que le dan la espalda al sol, cocinas oscuras sin ventilación y lo que es peor, cuartos para trabajadoras del hogar que más parecen ensayos de sarcófagos, donde se las obligan, casi, a dormir paradas. Pero el maltrato no para ahí, hace unos meses visité un edificio donde, como en la época medieval, la “servidumbre” debe dormir en unas catacumbas debajo de los parqueos. Así que la expresión popular: feo por fuera pero lindo por dentro, para el caso de algunos de los nuevos edificaciones es una falacia. También alguien podría argumentar que los edificios son feos pero baratos. Esta es otra “inverdad”, como se llama elegantemente a la mentira en el mundo diplomático. El precio del metro cuadrado de todas las construcciones ha aumentado. Hace algunos años, en un departamento de clase media el metro cuadrado costaba en torno de 500, ahora éste ha subido a 900 dólares, en las construcciones más lujosas, se llega inclusive 1.200 verdes por un pinche metro cuadrado. Sin duda que el campeonato de fealdad en el sector de la construcción es uno de los motores económicos internos del crecimiento, y se podría argumentar que si este caballo está jalando tan bien, por qué mirarle los dientes. Sin duda ésta es una lectura más pragmática del fenómeno de la construcción. El sector genera mucho empleo y su contribución al crecimiento del producto interno bruto (PIB) fue cercana a 10% en el 2011. Feos pero cumplidores, dirán algunos, pero esto no debería estar reñida con cierta estética y orden. Más bien podría ser una oportunidad para crear ciudades creativas, bonitas e inteligentes. No estoy de acuerdo con la idea de que con dinero hasta la fealdad es llevadera. Ahora desde el punto de vista macroeconómico es posible que estemos frente a una burbuja inmobiliaria, un crecimiento artificial y especulativo fomentado por el exceso de liquidez, el crédito barato y la falta de opciones de invertir el dinero, recordemos que los bancos están pagando intereses negativos por nuestros ahorros, es decir las personas le están pagando a los bancos por guardar su riqueza. Pero si la burbuja de los feos revienta, las moles de cemento fantasmas nos parecerán espantosas aún. Esta preocupación no es especulativa y/o un preconcepto contra las edificaciones deslucidas. En el ultimo informe sobre la situación económica de la región, el Fondo Monetario Internacional (FMI) alerta para que se monitoree con mucho cuidado la bonanza de la construcción. Dado que uno de los problemas es la carencia de datos sobre el sector, debe preocupar el crecimiento rápido del crédito hipotecario y la inflación de activos inmobiliarios, para eso los supervisores bancarios no deben bajar la guardia, a ellos tal vez no les interesa la estética, pero sí deben preocuparse por la sanidad financiera de los edificios y sus propietarios (el valor de la propiedad y la solvencia del prestatario). A estas alturas de la columna alguien con razón podría argumentar que belleza y fealdad son conceptos relativos que dependen de culturas y épocas. Como dice Umberto Eco en su libro La Historia de la Fealdad: A un occidental, una máscara ritual africana le parecerá horripilante, pero a un nativo le puede parecer la representación de lo divino. Además, el sentido de feo o bonito también ha cambiado a lo largo de la historia. En otras palabras, entre gustos no debería haber disgustos, lo feo o bello depende con el cristal con que vea, así que usted está en todo su derecho de pensar que la columna que acaba de leer es horrible, porque habla de un campeonato de fealdad o porque no está de acuerdo con mis gustos o disgustos.

Sunday, April 22, 2012

El virus del contrapoder

La economía boliviana está al borde del aburrimiento, en cuanto la situación social está al borde de un ataque de nervios. Con renovado entusiasmo la espiral de conflictos ha ampliado sus alas en las últimas semanas. Médicos, maestros, transportistas, regiones y trabajadores de la Central Obrera Boliviana se enfrascan en la tarea de conservar sus privilegios, reivindicaciones justas y/o en la búsqueda de alguna renta que el Estado administra. Todos quieren su pedacito de cielo revolucionario ofrecido por el Gobierno en las épocas del enamoramiento electoral. Ahora todos, con buenas o malas razones, cobran las promesas de felicidad económica instantánea. Toda esta conflictividad social, que se derrama sobre las calles y carreteras, está causando molestia a mucha gente y perjuicios económicos a las empresas, pero apenas le hace costillas al árbol del poder. En otros tiempos, la acción de los movimientos sociales, al articularse en una flecha anti-estatal, colocaba en jaque al poder político. En la historia del país varios gobiernos cayeron por la acción de los grupos corporativos. El gasolinazo (la decepción económica), la marcha del TIPNIS (el desencanto medioambiental) y las elecciones de los jueces (la desilusión electoral, voto pero no decido) han detonado muchas propuestas y cambiado el imaginario de mucha gente. Esto está registrado en la memoria colectiva, en el hardware de largo plazo de la sociedad. Sin embargo, en la actualidad, la intensidad de los conflictos no cuestiona o pone en duda al poder, pero lo desgasta lentamente, como un virus invisible y que el software de la propaganda ya no lo puede controlar. Pero esta energía social que circula por las calles tampoco es canalizada o potencializada por un proyecto de poder alternativo, por lo menos por el momento. Molestia, maltrato, decepción se cultivan a fuego lento en la nube de la protesta social. Las nuevas y viejas clases medias urbanas, que son las protagonistas principales de las protestas sociales actuales, tienen una espina en la garganta, se sienten golpeadas tanto a nivel económico como en su autoestima. Asimismo, grupos indígenas y otras organizaciones populares sienten también que se les vendió espejitos chutos en los últimos seis años y ahora quieren lo suyo; el discurso inflamado no es suficiente para desmovilizarlos. Entre tanto, en la actualidad la mayoría de las reivindicaciones regionales, salariales y rentistas se arreglan con los recursos que por el momento le sobran al Gobierno y no ponen en entre dicho al poder estatal. Pero no hay duda de que el sistema de gobernabilidad mediado por los movimientos sociales ya no es el mismo de antes, entró en una crisis de baja intensidad. Cabe recordar que a mediados de los años 90, la mediación entre sociedad y Estado la hacían los partidos políticos que también entraron en una crisis parecida, que duró varios años. Pero aquí viene la novedad en el escenario político. En la semana que se inicia parte la novena marcha de los indígenas de tierras bajas; esta protesta no es igual a las anteriormente mencionadas. Por su contenido, historia y alcance podría convertirse en un evento político trascendental rumbo al año electoral del 2014. De tener éxito podría crear el germen de proyecto alternativo de poder que le dé voz, sentido, programa y liderazgo a la efervescencia social no atendida por el Gobierno en otros sectores y que espera una nueva geografía de ideas y propuestas. Recordemos que la octava marcha produjo un encuentro muy importante entre los indígenas de las tierras bajas y las clases medias urbanas, cuya apoteosis emocional fue la llegada de la larga caminata a la ciudad de La Paz. En términos sociales, aquí se produjo un click de identificación único, un amor a primera vista peligroso, como son todos los arrebatos del corazón tanto si se dan entre las personas como en las sociedades. Puede ser que el encuentro ahora no termine en nada, pero si éste es abonado por una agenda de debate que vaya más allá de la construcción de la carretera, si es cultivado con propuestas más amplias y, sobre todo, es operativizado con un instrumento organizativo podría crearse una relación de largo plazo entre ambos grupos. La novena marcha podría venir cargada de futuro político y ser la plataforma de lanzamiento de nuevos liderazgos y propuestas. Los estrategas del Gobierno saben de la importancia política de la marcha, por eso están gastando ríos de dinero en propaganda y en prebendas (materiales, motores eléctricos) a ciertos grupos indígena de la región para frenar, dividir o por lo menos deslegitimizar la marcha. Saben que ésta no es otra protesta más, sus alcances tienen códigos de contrapoder, muy parecidos a los que gestaron el proyecto del MAS en los primeros años del siglo XXI. Conocen el potencial de este movimiento social que podría convertir la crisis de baja intensidad en una oportunidad de alta visibilidad y cambiar el escenario de actores políticos rumbo al 2014.

Sunday, April 8, 2012

La Republica de la Gavea

Durante los casi nueve años que pasé en Río de Janeiro viví en varios barrios de la ciudad, Ipanema, Jadim Botanico, Leblon, y Santa Teresa, pero sin duda alguna el periodo dorado de mi estadía en la cidade maravillosa fue en el coqueto barrio de la Gávea, donde estaba la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro, centro académico donde estudié economía. Allí al calor de tertulias y de aguardiente pendencieros, las famosas cachacas que cuando uno las bebe se convierte en dragón instantáneo, entre varios amigos latinoamericanos y brasileños fundamos la república independiente de la Gávea. En Brasil se llaman repúblicas a las casas o departamentos donde viven estudiantes. Sus orígenes se remontan al siglo XIV en Coímbra (Portugal), cuando Don Dinis I promovió la construcción de casas que debían ser habitadas por estudiantes. Las repúblicas más famosas y antiguas de Brasil están en el lindo Ouro Preto, ciudad colonial que está dibujada a mano en las verdes montañas del Estado de Mina Gerais. Por supuesto, nuestra república era mucho más modesta que estos pares históricos, pero en su época hizo lo suyo y marco la vida de varias generaciones. Una de las virtudes más sobresalientes de la república de la Gávea es que se situaba frente la universidad, más precisamente en la calle Marques de San Vicente, por lo que se convirtió rápidamente en un apéndice del atrio de la casa superior de estudios, un territorio libre en todos los sentidos que usted se pueda imaginar amable lector. Este es un barrio mediterráneo de Río de Janeiro, hogar ideal para un boliviano para que no se contamine con aires marítimos. Gávea es una versión del Soho de New York, donde viven artistas, intelectuales, muchos jóvenes y otras hierbas, además está lleno de bares y restaurantes simpáticos, entre los que se destacan dos instituciones de la bohemia carioca: el Bajo Gávea, y el Amareliño, cuyo mejor día para frecuentarlo son los lunes sin ley y los fines de semana pero después de las dos de la mañana. Era en esta comunidad que se fundó nuestra república y se convirtió en los años 80 en un centro social. De hecho, durante una época no salí del departamento durante meses, porque la república fue la sede de todas las fiestas de la ciudad, de lunes a domingo, siendo que este último día se convertía en viernes por decreto unánime de la república que no era precisamente de Platón, sino de Baco. Una otra cualidad de la república de la Gávea era la vecindad fantástica que la rodeaba, para muestra tan solo un botón. En el piso superior habitaba una santa señora que para no perturbar los jolgorios escandalosos de sus jóvenes vecinos tomaba una oportuna y religiosa pastillita para dormir todas las noches. Jamás reclamó de las agudas y prolongadas madrugadas ni de las cantadas a gritos de la canción Huayayay de los Kjarkas. Todo lo contrario, al día siguiente se vestía de ángel de las tripas y, al promediar la once la mañana nos ofrecía delicatesens de la culinaria brasileña especializada en chaquis o resacas homéricas. A nuestras temblorosas manos, que se levantaban de los peores tistapis, llegaban coxinhas (la nh se lee como ñ) de gallina, bolitos de papa en forma de pierna de la ave rellenas de sabrosos pollo; risoles de camarón y queso catupiri, unas tímidas empanaditas que se agradan a cada masticada y cuyo queso no compite con el crustáceo, pero sabe que es imprescindible en el sabor; bolinhos de bacalu, puré de papa mezclado con cabellos de pescado de Noruega y fritos en aceite portugués de oliva que producen un viaje inmediato a la ciudad alta en Lisboa; caldinhos de feijao con cheiro verde, una sopita de poroto negro cocida con las partes más innobles de chancho, razón por la cual sabe a néctar de los dioses africanos coronado con colitas verdes de cebolla, las cosas llegan a extremos, no aptos para esta columna, cuando se le pone al caldinho una maliciosa pimienta malagueta; pamonhas frescas, hermanas cercanas de nuestras humintas en horno. Esta geografía alimentaria era un verdadero bálsamo para los castigados espíritus que habitaban en el primer anillo de Dante, como era conocida también nuestra república. Nosotros retribuíamos mal sus gentilezas con exóticos regalos, una vez le lleve un pesado poncho de Tarabuco en pleno verano carioca que rápidamente se convirtió en un lindo centro de mesa, donde ella leía el Tarot y los busios. Alguna vez también le lleve hojas de coca para que amplíe sus conocimiento adivinatorios. En otra oportunidad, un ciudadano de la república de la Gávea le obsequió una cannabis en maseta, que ella lo cuidó como si fuera un bonsái andino. En este domingo de Pascua decidí escribir una ligera crónica, no se cuánto de lo contado es verdadero y cuánto es producto de la forma idealizada con que uno recuerda el pasado, especialmente si fue bueno. El hecho es que por la república de la Gávea pasaron muchos economistas y cuentistas de fin de semana que ahora hacen lo suyo fieles a sus principios que lo que importa es la levedad del ser, como diría Milan Kundera.  Gonzalo Chávez A. es economista. Imprimir Enviar Derechos

Tuesday, April 3, 2012

El BCB perdió nuevamente la virginidad?

En medio de conflictos, paros, ciudades colapsadas por marchas y contramarchas, desde el árbol del poder se ha anunciado que una nueva ley retiraría la independencia del Banco Central de Bolivia (BCB). Por supuesto, en términos comunicacionales, un tema de esta dimensión no compite con el tsunami social en curso y es noticia secundaria un par de días. Pero desde esta humilde trinchera-columna intentaremos debatir sobre el tema por su trascendencia económica y financiera. Propongo abordar el tema de independencia del BCB, primero, desde una perspectiva teórico conceptual y, segundo, a partir de una mirada histórica. Vale la pena comenzar definiendo qué se entiende por independencia de un banco central. Se trata de diferentes grados de libertad que puede tener la política monetaria y, por supuesto, el presidente y directorio del ente emisor a la hora de tomar decisiones sobre las tasas de interés, la cantidad de moneda en circulación, los niveles de encaje legal y la administración de las reservas internacionales, para mencionar sólo algunos instrumentos de política monetaria. ¿Independiente en relación a quién? Pues tanto en relación al sector privado como público. En este último caso, independiente de las acciones del Banco Central a las presiones de origen político, particularmente de otras instancias del Estado y en especial del Ministerio de Hacienda o Finanzas, que es responsable de la política fiscal (gastos e inversión pública y estructura de impuestos). Existe evidencia empírica internacional que muestra que bancos centrales sin independencia actúan como la caja de los políticos en funciones de gobierno, en especial en periodos electorales. En otras palabras, usan créditos y/o recursos del Banco Central para expandir el gasto público que podría aumentar la inflación. El blindaje institucional está asociado a uno de los objetivos primordiales del Banco Central, a saber: la estabilidad de los precios que es una condición fundamental, aunque no suficiente, para el crecimiento económico de largo plazo. Es decir que sólo un banco desconectado del ciclo político sería capaz de alcanzar este objetivo. Por lo tanto, la idea de independencia no implica libre albedrío sin ningún control administrativo, y sí está vinculada a las acciones de política monetaria. Además, un manejo monetario sin injerencia de la política es un mecanismo para anclar las expectativas de inflación de la población, en especial en países con historia de descontrol de precios. Una forma de señalizar a los agentes económicos es el establecimiento de metas de inflación (inflation targeting). En el caso boliviano, todos los años el Gobierno establece una meta de inflación que permite que consumidores y empresas tengan un horizonte de certidumbre para realizar sus compras y negocios. Entre las críticas a la independencia del Banco Central está que sus objetivos no pueden reducirse al control de la inflación, la política monetaria también debería coadyuvar a mantener un tipo de cambio competitivo y a apoyar el desarrollo económico, por ejemplo. En este contexto, el desafío de una política monetaria contemporánea consistiría en ampliar los objetivos de la banca central, pero que no implique la pérdida de cierta autonomía. Entonces, la tarea más bien sería implementar mecanismos de coordinación con otras políticas macroeconómicas, en especial con la política fiscal. La forma en que se mantenga la estabilidad de precios no puede serrucharle el piso a las políticas de apoyo productivo. Otra forma de abordar el tema de la independencia del Banco Central se alimenta de la historia económica y política de un país. Economías como la boliviana que han vivido el trauma de una hiperinflación de 11.000%, como a mediados de los años 80, deben ser cuidadosos con su diseño institucional a la hora de manejar la política monetaria. En nuestro caso, la estabilidad de precios se ha convertido en un bien público, más aún en un patrimonio nacional que se ha construido bajo los criterios de independencia del BCB. Siempre es un riesgo jugar con la memoria colectiva y los imaginarios de la población, que son uno de los pilares de la estabilidad. Además, en el caso boliviano, en los últimos años, el tema de la independencia es nominal, porque en la práctica ya se ha vuelto al control del BCB por parte del Ministerio de Finanzas, los ejemplos más claros son el crédito que el ente emisor dio a YPFB y la reciente creación de un fondo de desarrollo productivo con el 10% de las reservas internacionales. Por lo tanto, ya las señales son en otra dirección y aún no sabemos sus consecuencias debido a la bonanza externa que vive nuestra economía. El BCB ya perdió su virginidad y sus resultados aún los veremos en el futuro. En mi opinión, el debate más bien debería estar centrado en la diversificación de los objetivos macroeconómicos y productivos de la política monetaria respetando la institucionalidad del BCB y tomando muy en cuenta la historia de la hiperinflación en Bolivia, que tuvo entre una de sus causas la emisión inorgánica de dinero, como decían nuestros abuelos, o el abuso del señoreaje, como diríamos en nuestros tiempos. Gonzalo Chávez A. es economista. Imprimir Enviar Derechos

Raices y antenas académicas

La semana anterior participé de la Convención Mundial de Eduniversal en Dubái, evento que reúne a las principales escuelas de negocios de to...