Saturday, June 27, 2009

¿Constitución Populista?

la nueva Constitución apuesta a una fuerte distribucionismo económico. La teoría económica enfrenta un viejo dilema entre, primero hacer crecer la economía para después distribuir la riqueza generada, o alternativamente, en primer lugar, distribuir el ingreso para así promover el crecimiento económico, en particular y el desarrollo en general. En resumen, crecer para distribuir o distribuir para crecer. La carta Magna, apuesta a esto último.


Detrás de este dilema están dos visiones opuestas artificialmente. Por un lado, aquellos que creen que el mercado debe desarrollar sus virtudes asignativas para generar crecimiento y sólo en un segundo momento se podrá mejorar la distribución del ingreso. Esta escuela del pensamiento también es conocida como la Teoría del Chorreo. De una manera muy sencilla, primero debe crecer la torta y después repartirla entre los miembros de la sociedad. En esta línea se inscribe el neoliberalismo extremo. En el lado opuesto del espectro ideológico están lo que piensan que la primera tarea del Estado, a través de diferentes políticas públicas, es promover una amplia distribución del ingreso. Solo en un segundo momento y como resultado de esta mejor división de la riqueza se promoverá el crecimiento económico. A esto se denomina como populismo económico. Desde una perspectiva histórica, en Bolivia, el péndulo de la política pública siempre ha oscilado entre aquellos que sólo apuestan a la distribución y los otros que creen que primero se debe crecer.

Las experiencias internacional exitosas de desarrollo económico muestran lo ideal es construir un modelo, que simultáneamente promueva el crecimiento que mejore la distribución de la riqueza y el ingreso. En términos conceptuales esto se logra con un equilibrio entre el mercado y el Estado, cuya dosificación es resultado de las necesidades e historia de cada país. La nueva Constitución Política del Estado cae en la trampa de este falso dilema y nuevamente apuesta a buscar primero la distribución del ingreso y riqueza, y a decir muy poco de la forma en que el producto crecerá.

Sunday, June 21, 2009

Revolución productiva contra el desempleo

Bolivia tiene la población más emprendedora del mundo. ¡Epa! Por fin somos primeros en algo. En efecto, el 29% de personas, que están comprendidas entre los 18 y 64 años, ha realizado alguna actividad para crear una empresa, este es el índice más alto de una muestra de 48 países. Además, si a eso sumamos aquella gente que ya cuenta con un negocio propio, el 19% del universo mencionado, se puede concluir que, en el año 2008, el 45,6% de bolivianos estaba realizando un emprendimiento. Este es uno de los principales resultados de un estudio realizado por la Escuela de la Producción y la Competitividad/Maestrías para el Desarrollo de la Universidad Católica Boliviana (http://www.mpd-ucb.edu.bo/), dirigido por mi colega Marco Antonio Fernández. El trabajo es una encuesta en profundidad, realizada en todo Bolivia, que saca una radiografía sobre actitudes, percepciones, aspiraciones y perfil de los emprendedores en el país. El trabajo se lo realizó siguiendo la metodología del Global Entrepreneurship Monitor (GEM) liderado por el Babson College, con el apoyo del London Business School. El sentido común entiende el espíritu emprendedor o emprendedurismo, una traducción fea de entrepreneurship, como el arte de crear nuevas empresas. En realidad, el concepto es más amplio y profundo, se refiere a la capacidad que una persona o colectividad tiene para crear nuevos productos o servicios, y/o nuevos métodos para producir y enviar bienes y servicios al más bajo costo. Ahora bien, ¿esta explosión de emprendedurismo es algo para conmemorar? Sí y no. Por una parte, no hay la menor duda de que este nivel de emprendimiento muestra que por las venas abiertas de nuestra economía circula una energía social muy fuerte, con gran potencial para convertirse en una verdadera revolución productiva. Pero, por otra, cuando uno ve en detalle la encuesta, como lo hace el trabajo que comentamos, entre las características de estas actividades emprendedoras se constata, primero, que la mayoría de ellas son emprendimientos por necesidad, por sobrevivencia y tendrán una corta duración. Según el estudio, el 36% no aspira a tener empleados en los próximos años y tan sólo el 4,3% cree que generará más de 20 empleos. Además, estos emprendimientos se concentran en el sector servicios al consumidor (64%), en especial comercio al por menor, y se concentra en un 78% en el mercado interno. El nivel de incorporación tecnológica, en estos nuevos negocios es muy bajo. El nivel de inversión de estos nuevos negocios varía entre 200 y 600 dólares. El trabajo también muestra que mucha de la población que emprende no está capacitada para ello. Sin embargo, todos estos problemas pueden ser vistos como una gran oportunidad para realizar políticas públicas, en concreto políticas industriales y de fomento al emprendimiento en Bolivia.

Emprendimiento es un concepto muy anglosajón, en el país deberíamos llamarlos agitadores productivos, revolucionarios del empleo. Estas miles de acciones sociales, tanto en el campo como en las ciudades, muestran los hombres y mujeres del país sin ningún apoyo de políticas públicas, le dan pelea a la pobreza, la pregunta central que deberíamos hacernos es cómo convertir estos emprendedores por sobrevivencia en emprendedores por oportunidades. Porque, emprender y ser exitoso en el intento, es convertir una idea en empleo y en generación de riqueza. Más aún, un emprendimiento exitoso es la mejor vacuna contra la pandemia del desempleo.

El desarrollo del espíritu emprendedor es resultado de una acción colectiva donde intervienen las políticas públicas, la iniciativa privada y la sociedad civil organizada actuando en redes. Descubrir oportunidades de negocios, armar planes, montar empresas y hacerlas competitivas requiere de capital social y de tejido institucional. La construcción de una sociedad emprendedora es una tarea que debe ser coordinada por el Estado, sin matar su carácter revolucionario.

Monday, June 15, 2009

Entrevista en Opinión de Cochabamba

Este Lunes la Opinión de Cochabamba publica una entrevista conmigo, los invito a verla.
El tema: Los primeros seis meses del 2009
Entrevista Gonzalo Chavez

http://www.opinion.com.bo/Portal.html?CodNot=65642&CodSec=3

Saturday, June 13, 2009

Una dificil eleccion

En una economía de mercado, el sistema de precios ayuda a la asignación de los recursos de la economía. Cuando uno va al Rodriguez a las Siete Calles lo que orienta las compras son los precios que colocan las caseritas. Las señales de precios actúan como los semáforos en el transito. Cuando el precio de un producto sube, es luz verde para el productor aumente su oferta, es una oportunidad de mas ganancia; pero al mismo tiempo, es luz roja, para un consumidor que dejará de comprar el bien está mas caro. En principio, los precios de una economía deberían estar subiendo y bajando, reflejando abundancia, escasez, estacionalidad (en verano por ejemplo hay poca naranja y su precio sube), y sobre todo cambios en la productividad. Estos cambios, en los precios relativos, son saludables para la economía y se espera que varíen en un rango de 2 o 4 por ciento al año. Estas variaciones dependerán del tipo de estructura de mercado, más o menos competitivo, y de otras variables en la economía.

La deflación y la inflación destruyen el sistema de precios, es como si se cubriesen los semáforos con papel celofán, y consumidores o productores ya no saben si los aumentos o reducciones de precios reflejan cambio en productividad, o es resultado de problemas fiscales, monetarios o estructurales en la economía. Se produce un daltonismo generalizado, y transeúntes y carros se manejan a su buen entender. Imagínese la Garita de Lima a las siete de la noche. La inflación se vuelve un conflicto distributivo, todo el mundo se defiende o ataca, reajustando precios. Cabe recordar que muchos de los mercados (crédito, educación, servicios básicos) funcionan con fallas porque hay monopolios, o problemas de información entre consumidores y empresas, que también distorsionan el sistema de precios y obligan al Estado a intervenir. Las economías en problemas afrontan el dilema: la inflación o deflación. Deben escoger entre drácula y el hombre lobo.

Para un país que pasó por una hiperinflación no es necesario recordar los daños que causa esta anomalía. Conocemos menos el fenómeno de la deflación, así que hagamos algunos alcances conceptuales. Si se produce una reducción de algunos precios en la economía, debido a aumentos en la productividad y mayor eficiencia, esto es bueno para todos. Por ejemplo, la leche puede estar más barata, debido a una mejora tecnológica, las vacas producen mas leche, a menor costo. Entre tanto, la caída sistemática del nivel precios también puede ser el síntoma de una recesión. Una situación donde la economía se achica, dejando personas y maquinas paradas. Por ejemplo, en el 2009, América Latina decrecerá en – 1.7 por ciento, y sólo en el primer trimestre del año, un millón de personas ya perdió su trabajo. En el país, los niveles de desempleo también han aumentado, resultado de la desaceleración del producto. Los más pesimistas creen que el crecimiento estará en torno de 1 por ciento.

En recesión, los precios bajan porque no hay demanda para los productos o servicios que venden las firmas. Empresas sin mercados despiden a sus trabajadores, que como consecuencia, se quedan sin ingresos y dejan de comprar bienes. Y las personas que aun tienen recursos posponen sus gastos, porque creen los precios pueden bajar más. La crisis de los año treinta y la recesión japonesa de los años noventa son ejemplos de los daños que puede causar una deflación. En estas circunstancias, las tasa de ahorro aumentan y la inversión baja. Prestarse plata es más costoso. Las deflaciones destruyen tejido productivo.

Friday, June 5, 2009

Milluchada economica

En el inconsciente colectivo existe el recuerdo feliz de la derrota de la hiperinflación, fue una magia de política económica, el mejor ejemplo de vudú ortodoxo. La nacionalización, que ahora parce no tener rumbos, fue la magia de la la nueva ola estatal. Ahora, después de varios años donde la tasa de crecimiento del producto fue superior al crecimiento de la población. En el 2009, el ingreso per-capita decrecerá. Esta en curso una caída importante del producto en la economía boliviana. El fenómeno de la recesión es un felino esquivo, se requiere de una estrategia más compleja para cambatirla. Estamos jugando en una tablero ajedrez de muchas más dimensiones, donde la variable externa es central, pero creo que la magia de las políticas públicas se puede reinventar.

La milluchada de la política económica requiere de un lobby de muchos santos y religiones, es decir, heterodoxia de ingredientes e instrumentos, incentivos de mercado pero también más Estado, pero sobre todo, requerimos de una visión-norte, en términos económicos, sociales y productivos, de hacia dónde queremos ir como país. La historia de los recursos naturales tiene un vuelo limitado. Bonos, mas inversión pública, empresas estatales, son insuficientes. La crisis en curso no es un problema de instrumentos solamente, podemos tener la mejor brújula del mundo pero es inútil si no sabemos a dónde vamos, podemos construir los caminos más largos que querramos, pero más importante es saber a dónde nos dirigimos. Vísteme despacio que estoy con prisa, decía Napoleón porque sabía su destino final. La serenidad frente al barranco es inútil, lo que se requiere es osadía para dar el salto hacia el siglo XXI, la consigna debe ser vístanme rápido que ahora voy lejos y nada nos detendrá como país. Requerimos de una revolución productiva y tecnológica. Este es uno de los nuevos nortes que se deben visualizar en el debate electoral que se avecina.

Para la larga jornada requerimos el concurso de todos, especialmente de los brujos de la tribu. Amautas, achachilas, kallahuayas, santeros, espiritistas, chamanes, sacerdotes rojos, curacas de todos los colores menos el negro deben realizar sus mejores y más fuertes amarres de productividad y competitividad. Deben conjurar los hechizos y brujerías de la corrupción. Es urgente colgar en el cuello del país, ajos chapareños para ahuyentar a los dráculas y chupa sangre de la especulación financiera y a los oportunistas del rentismo estatal. Requerimos de los ángeles más serenos y luminosos de los Andes para que el amado crecimiento económico vuelva de rodillas en los próximos años. La limpieza del alma y cuerpo del aparato productivo debe ser profunda. Poderosas hiervas deben curar nuestras heridas sociales. Siete fumadas poderosas, con los mejores tabacos negros, deben circular para recuperar la fe y la esperanza. Para ayudar a los seres de luz, hay que trabajar ocho horas y dormir ocho horas, pero no las mismas. Debemos construir una economía donde el único negocio expuesto a la quiebra sea el de la cristalería. Levantemos una sociedad donde los niños sólo mueran de risa. Un sistema democrático donde los políticos no sean como los antiguos cines de mi barrio de San Pedro (El Variedades y el Ebro), cuya práctica era hacerte entrar para después cambiarte el programa. Todo esto, así descrito con emoción pero con desorden, requiere un cambio en el disco duro del país. La disputa despiadada por el poder debe dar lugar a una visión compartida de desarrollo.

No es un problema diferencias ideológicas, sino de coeficiente intelectual

Con frecuencia y con mucha razón la gente me dice que debemos pasar de la problemática a la solucionática. Del diagnóstico o de la  crítica ...