Monday, February 8, 2010

La historia corta

En el año que se inicia, flota en el aire un entusiasmo oficialista extremo. Se anuncia una década de oro. Un corte epistemológico en la ciencia de la transformación. El inicio de un new age andino. El surgimiento de un liderazgo espiritual. Política y religión se coquetean. Avalancha de nuevos símbolos. La teocracia asoma su cara desde un recodo autoritario. Para muchos la amazonía de votos de diciembre les da derecho a todo, inclusive a volverse dioses.
En el cementerio de la historia, la fila de los entierros es larga. Se cavan varias tumbas para el viejo Estado, el putrefacto modelo económico neoliberal, las mañas de partidocracia, la institucionalidad neocolonial. Pocas viudas (os) acompañan los sepelios. Nace el Estado integral, el nuevo bloque histórico entra cancha de la mano de la Constitución y su corte de 100 leyes. Tal es el frenesí leguleyo que los abogados del poder redactan, inclusive, la normativa que substituirá la ley de la gravedad. Se debe legislar el hecho de que muchos de nuestros gobernantes, especialmente del área económica, cuando caminan, flotan a 10 centímetros de la tierra cargando los datos macroeconómicos y sus espejos dorados. Tanto es el fervor que hasta el otrora odiado FMI se une al proceso de cambio con un sentido de oportunidad de suegra mal amada. En el horizonte se vislumbra el socialismo desde una tierra donde el Estado controla el excedente económico y la mayoría de la población vive en el reino de informalidad y el comercio. El Miami pobre de Bolivia, que sale de compras a China y otras latitudes, se instala en la Feria 16 de Julio, La Cancha, y el Mercado de las 7 calles. La factura es contundente: 5 mil millones de dólares en importaciones, cuando en el pasado inmediato apenas llegábamos a 2 mil millones. El feudo de la economía informal, el comercio y el contrabando mira el horizonte del socialismo. El radicalismo neoliberal fue substituido por un hibrido entre fundamentalismo institucional (en el papel se ofrece la felicidad social y económica instantánea) y el pragmatismo frío (en la práctica se fomenta y tolera la informalidad). Mientras tanto, en el mundo productivo y la generación de empleo sostenible, el desierto es inmenso y escasean las ideas. Me remito a la historia económica corta. Los últimos cuatro años no fueron muy alentadores en términos de transformación económica y social estructural. Se hizo muy poco en la dirección de una revolución productiva. El manejo macroeconómico sigue los moldes neoliberales, esto tal vez explica el entusiasmo del FMI con la política económica nacional. En el sector petrolero, después de la primera gestión, se siguen escribiendo planes, en cuanto los mercados para el gas natural se achican. La deseada inversión no sale de los titulares de los periódicos a pesar de amenazas que provienen del árbol del poder. En el gobierno prevalece la idea equivocada que lo único que necesitan las empresas productivas para tornarse competitivas es dinero. Los bonos a ancianos, niños y mujeres, un punto alto en la política social del gobierno, ahora son parcialmente financiados por las ganancias de las reservas internacionales. El Banco Central entra a la política social, síntoma de que las cosas no andan bien en las finanzas públicas. De hecho para este año se anuncia un déficit público de 4,5% del PIB. Un excelente análisis de las políticas públicas del primer gobierno Morales se encuentra en “Crecimiento, empleo y bienestar social en Bolivia” de Fernanda Wanderley, 2009. Ed. Plural.

1 comment:

Alcides Roque said...

La progresiva eliminación de la mermada producción nacional equipara a aquella patente de Venezuela, donde importan casi 80% de alimentos, y cada vez hay menos industrias. Al volverse Bolivia un pais mas intensamente extractor y exportador de materias primas, la economía y las prospectivas de "vivir bien" se tornan lamentablemente cada vez más anémicas. Aparte del dinero para crear una revolución productiva, se necesita conocimiento, institucionalidad, vision y voluntad organizativa. Con solo dinero, mal empleado, y discurso estamos yendo para adelante en tanto y cuanto de dependencia económica se trata.

No es un problema diferencias ideológicas, sino de coeficiente intelectual

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