Friday, May 7, 2010

La venganza del chanchullo

Gonzalo Chavez A.*

La oferta gubernamental de aumento del 5 por ciento sobre los salarios ha hecho que la política vuelva a las calles. Huelgas de hambre, violentas manifestaciones y encendidos discursos, de los principales sindicatos en Bolivia, parecen mostrar que el romance entre el gobierno y los movimientos sociales del sector formal ha llegado a su fin, o por lo menos, está en un momento crítico. ¿Qué paso con los juramentos de amor ideológico eterno? ¿Será que se apagó la pasión? ¿O era un casamiento sólo intereses? Veamos algunas explicaciones.

La presión por mayores salarios se explica también porque a los aprendices de mago se le revelaron sus trucos estadísticos. En el periodo 2007 y 2008, la inflación fue de 11,73 y 11,85 por ciento respectivamente. El gran responsable de estos saltos eran los aumentos en los precios de los alimentos. Fue aquí que se decidió, en el primer semestre del 2008, hacer un chanchullo técnico. Se recálculo el índice de precios al consumidor (IPC) bajando la ponderación de los alimentos de 0. 49 a 0. 39 y se incluyó el IPC productos como heladeras celulares, lavadoras y otros bienes de lujo. Así, se “cocinaron” los datos y por lo tanto, se bajó la tasa de inflación. La magia estadística convenció algunos, pero los bolsillos de la gente se dieron cuenta. Los números decían una cosa, los estómagos otra muy diferente. Con una inflación retocada, se ofrecieron reajuste salariales del 6 y 10 por ciento, que no recuperaron el poder adquisitivo de los trabajadores. Más aún, las grandes pérdidas las tuvieron las personas que reciben salarios mínimos. Cabe recordar que la inflación de alimentos en el 2007 y 2008 fue de 20,78 y 19,38 por ciento, respectivamente. El peso del ítem de alimentos en los salarios más bajos representa cerca al 70% de su gasto. Por lo tanto, en los grupos más pobres la perdida del salario real fue mayor. En esta perspectiva, la oferta de 5 por ciento debe sonar ofensiva para los trabajadores que reciben uno y dos salarios mínimos. La magia estadística se volcó contra los hechiceros.

La historia de la lucha salarial es frecuente en Bolivia y se presenta con diferentes intensidades. Ahora la mano viene dura. El país debe cambiar esta lógica de amor y odio entre el gobierno y los sindicatos y buscar un proceso más racional y largo plazo en el manejo laboral y de empleo. De las soluciones deberían participar sindicatos, empresarios y gobierno organizados en foros permanentes. Esta sería una mejor manera de administra la legitimidad del poder. La aproximación debería ser integral y vincular, salarios, empleo, protección social y crecimiento económico. Pensar desde la perspectiva formal de la economía, que representa no más del 20 por ciento de la población económicamente activa, pero también abordar los problemas de la informalidad, que aglutina al restante 80 por ciento de las personas. Los instrumentos deberían ser las negociaciones colectivas por sectores, la creación de una institucionalidad que maneje el conflicto social, la elaboración de presupuestos plurianuales y sobretodo, políticas industriales efectivas. Gobierno y sociedad deberían ser capaces de coordinar aumentos salariales, inversiones productivas, creación de empleos dignos, incrementos de la productividad, mayor generación de riqueza, y mejor distribución de esta, así evitar el “eterno retorno” al conflicto social que convierte, en un santiamén, revolucionarios en neoliberales, que no dudan en sacar al cuco de la hiperinflación.

4 comments:

Anonymous said...

Una cosa es cómo debería procederse con la administración y gestión de políticas económicas; otra muy diferente es lo que el gobierno ha venido demostrando ya por años. Desde el 2006 las decisiones de borrar del mapa a la oposición, a la institucionalidad de alinear y copar hegemónicamente el poder ejecutivo, la asamblea legislativa y ahora judicial, revelan y consolidan la idea de que el timón está gestado por una clique de individuos omniscientes y decididos. El discurso de ser un gobierno por, de y con los movimientos y organizaciones sociales sirve para eso, el discurso, más para las ONGs y europeos; menos para los boivianos. El distanciamiento de líderes fundadores del MAS, de los Ponchos Rojos, ahora de sindicatos, del CONAMAQ, sea parcial o amplio, demuestra que la convicción de creer saber a donde conducir a la plurisociedad boliviana está cada vez más asentada. Pero, hemos visto como se vacila entre capitalismo andino hasta socialismo comunitario. La nacionalizaciones perpetúan las relaciones con multinacionales. Jindal ni YPFB prendieron vuelo. La sed de poder total es más poderosa que la adicción a estupefacientes, porque su "vuelo alto" es permanente sin resacas graves. Y tal vez más adictivas sean las creencias doctrinarias ideológicas, de creer saber por sí solos todo lo que debe ser, sin usa la inteligencia colectiva o colaborativa. Vá más allá de la soberbia; raya en el autoconvencimiento de la infalibilidad y la omnisciencia. Con un líder de perfil mental vertical y un copiloto omnisciente, rodeados de aduladores ensimismados de poca gestión, tenemos la receta perfecta para la tormenta socioeconómica perfecta .

Anonymous said...

Alguna fuente oficialista mencionaba que con un 10% de aumento se dispararía una hiperinflación. Los modelos matemátios dan para calcular con precisión cuál sería el tope de incremento salarial? Cuanta verdad hay que el aumento y ergo la inflación, sería una profecía autocumplida con,los comerciantes de bienes de consumo aumentando debido justamente al mayor nivel de disponible de los asalariados? El aumento de la producción y productividad debería estar al frente del proceso de desarrollo, con aumentos posteriores ya con soporte estructural sistémico?

Anonymous said...

como todo lo malo que uno hace en la vida , le vuelve tarde o temprano....ley divina

Anonymous said...

este blog termino en el anonimato???

No es un problema diferencias ideológicas, sino de coeficiente intelectual

Con frecuencia y con mucha razón la gente me dice que debemos pasar de la problemática a la solucionática. Del diagnóstico o de la  crítica ...