Sunday, March 20, 2011

Duro de matar IX

En Bolivia, el número 21060 compite ferozmente con el guarismo 666, que según el Apocalipsis (13:18) identifica a la bestia, al maligno que, en la tierra, oculta esta maldita cifra detrás de una blonda cabellera. En nuestro caso el 21060 representa al satanismo neoliberal que destruyó la economía boliviana. Desde su nacimiento en el año 1985, se registran varios intentos de eliminar al archi conocido decreto supremo (DS). Ya se armaron cofradías, sectas, partidos políticos, grandes movimientos sociales y conciliábulos de todas las órdenes para eliminar al Belcebú creado por Adam Smith y sus seguidores nativos. Algunos detractores ya trataron de relocalizarlo, enterrarlo, abolirlo con poco éxito. Probablemente, no existe, en la historia económica nacional y en la fábula de los números, cifra más vilipendiada. Se le ha dedicado músicas de protesta y floridos discursos. Cruces, filosos cuchillos, estacas bendecidas, la sagrada hoz y martillo intentaron ser clavados en el corazón del Satanás liberal. Toneladas de tierra y cemento se ha vertido sobre su tumba, pero al final, como en las películas de terror del tipo B, en la última escena, cuando se pensaba que el mal por fin había sido derrotado, la mano invisible del mercado surge de ultra tumba. La última aparición del engendro de la oscuridad se dio en plena primavera revolucionaria. El gasolinazo y azucarazo fueron acciones orquestadas desde el fondo de la tenebrosa historia neoliberal cuando ya se anunciaba el coqueto Estado integral.

¿Por qué es tan duro de matar el DS 21060? Me permito sugerir algunas explicaciones que se inscriben en la psicomagia del poder y de la cultura política nacional. El discurso de cambio, para ganar fortaleza y tener la perspectiva de legitimación, requiere de un enemigo, el neoliberalismo. Se edifica por negación antes que por construcción o superación. El 21060 continúa en el imaginario político por voluntad consciente o subterfugio de sus propios detractores. ¿Cómo se explica esta paradoja? En muchas visiones filosóficas dualistas de la vida y la política, el mal no existe sin el bien. No habría bondad infinita o acción heroica si no fuera para derrotar a la conjunción del mal de igual magnitud. Inclusive en la cultura oriental tenemos conceptos similares como el Yin y el Yan, luz-oscuridad, vida-muerte, sonido-silencio, el mal-bien. Para cierta izquierda boliviana, que ahora está en el poder, su única razón de ser es luchar contra el neoliberalismo pero no ofrece nada real a cambio. En estas circunstancias, eliminar al DS 21060 dejaría sin vida política o discurso ideológico a muchos que lo combatieron. Se imagina usted, amable lector, un pliego petitorio de la Central Obrera Boliviana sin ninguna alusión al 21060. Las protestas perderían color sin los ocurrentes estribillos inventados en su contra. Cuesta imaginar un discurso de nuestros gobernantes sin maldecir al neoliberalismo y echarle la culpa de todos los males de la sociedad y la economía. Una vida política sería plana sin los frecuentes actos de exorcismo colectivo que se promueven desde el reino del poder. En este contexto, la nueva Constitución o el Plan Nacional de Desarrollo son los libros de conjura y rezos, manuales afilados de exorcismo que los fieles de la iglesia del cambio deben de repetir para hacer retroceder a Lucifer que a veces se presenta como neoliberalismo, neocolonialismo o su versión externa, imperialismo.

Pero a pesar de la poesía jurídica y los mantras ideológicos que tiernamente se declaman desde la Asamblea Plurinacional, el DS 21060 parece haber bebido de las aguas de la eterna juventud, es un zombi inmortal e inmoral, es el fetiche-mascota que el poder actual necesita para autoafirmarse a través de su negación. Se niega y reniega contra el mercado, y sus representantes, los empresarios, pero dice que se los necesita tácticamente, aunque nunca se confiará en ellos. En esta perspectiva, el mundo post-neoliberal es aterrador para el oficialismo, porque es el escenario de la propuesta, de la acción eficientes, de la política pública creativa, es abandonar el reino de la consigna y la propaganda para pasar de la gestión competente. Es el exorcismo definitivo que cura el alma y carne del cuerpo económico. El post-neoliberalismo también implica abandonar la lógica de la confrontación, la guerra de posiciones y dar paso a una nueva geografía de ideas que surjan de la concertación y el pacto. Es apostar a que el cambio y las causas justas que están en la mesa del debate tiene muchos caminos de solución, que el monopolio del poder no te hace dueño de las ideas. Que una sociedad democrática es capaz de producir varios caminos para las transformaciones, que se basa en un arcoiris de la diversidad. Al parecer son los nuevos dueños del poder los que no quieren matar al 21060, porque le es funcional para crear un mundo bipolar, los buenos revolucionarios y los vendepatrias. Superar el neoliberalismo implicaría dejar la baja política y apostar a la revolución productiva, pasar de ser gestor del miedo a ser un promotor de la esperanza. El neoliberalismo es duro de matar porque tiene su guardia pretoriana de autoritarios dentro del proyecto de cambio.

2 comments:

Jaime said...

Excelente articulo y enfoque

Gustavo said...

El 21060 esta vivito y coleando, por eso hacemos "cumbres", cabildos abiertos para definir el pasaje de transporte publico, que es privado. Esta tan vivito que es el Estado quien da los precios de azucar, harina, leche y a nivel internacional el neoliberalismo esta bien fuerte El Estado yanqui, metio trillones de dolares de los impuestos de lo gringoa para salvar a los banqueros y no a los que perdieron sus casas por culapr de los Bancos, que viva el DS 21060 que viva el neoliberalismo, con el dinero publico Que viva!!

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