Monday, June 18, 2012

El TGN y la Política Monetaria

El Tesoro General de la Nación (TGN), dependiente del Ministerio de Economía y Finanzas, ha colocado en el mercado financiero el Bono Tesoro Directo (BTD). Este papel del Gobierno ofrecerá tasas de interés a diferentes plazos y rendimientos. Al plazo de un año rendirán 4%. A dos años, el interés será de 4,50%, a tres años se pagará 4,80%, a cuatro años, el rendimiento será de 5,10%y, finalmente, el que aplique a cinco años obtendrá un retorno de 5,40%. Los pagos de los rendimientos se harán cada seis meses.


Estos bonos sólo podrán ser comprados por personas y no por bancos o empresas. El Banco Central de Bolivia (BCB) hace dos años que también vende bonos directos al público y está pagando intereses que están en torno del 4% al año. En varios países del mundo, los gobiernos venden papeles ya sea utilizando sus bancos centrales o tesoros. Los más famosos son los Títulos del Tesoro Norteamericano. En el caso boliviano, es la primera vez que el TGN vende bonos directo a las personas, quienes podrán invertir hasta un máximo de 140.000 bolivianos, un poco más de 20.000 dólares. Estos papeles no son negociables ni en la bolsa ni en un mercado secundario.


Según el Gobierno, el objetivo del bono es ofrecer a los pequeños ahorristas una opción financiera con mejores tasas de interés. Los bancos privados están pagando intereses menores al 1%. La persistencia de estas bajas tasas de interés pasivas, junto a menores tasas activas, está promoviendo un boom o burbuja inmobiliaria. No se cuenta con información suficiente para afirmar si en este mercado la demanda se origina en un déficit de vivienda (estamos frente a un boom de la construcción) o es fruto de especulación (estamos frente a una burbuja inmobiliaria).


El Ministerio de Economía y Finanzas, a través de un banco estatal, está colocando un piso mínimo para la tasa de interés pasiva; si esta estrategia atrae muchos recursos es una presión, vía mercado, para forzar a la banca comercial a que aumente las tasas de interés que paga a la gente que tiene depositado sus ahorros. Esta estrategia puede beneficiar a los ahorristas. Los bonos directos del Banco Central Bolivia, que pagan 4% al año, atrajeron aproximadamente 40 millones de dólares. No es un cifra significativa considerando que la liquidez en el sistema financiero es superior a los 3.000 millones de verdes. Habrá que analizar por qué los bonos del BCB no atrajeron más dinero y no se constituyeron en una competencia efectiva para la banca comercial. Los bonos del TGN tendrían que correr mejor suerte para obligar a mejorar las tasas de interés pasivas que los bancos comerciales ofrecen en la actualidad.


En caso de que los bancos busquen competir con los bonos directos del TGN, es posible que también aumenten sus tasas de interés activas, aquélla que uno paga al banco si se ha prestado dinero de él. Esto perjudicaría a miles de prestatarios de los diferentes sectores, pero en especial a aquellos que se han prestado para comprar departamentos o casas. Para no correr este riesgo, que podría pinchar el boom (¿burbuja?) del sector inmobiliario por ejemplo, debería estar, en el menú opciones del Gobierno, la colocación de un techo para las tasas de interés activas.


Desde una perspectiva macroeconómica, los bonos del TGN si son exitosos ayudarían a retirar liquidez y así reducir la presión del exceso de consumo sobre la inflación. En el pasado inmediato, las operaciones de esterilización hechas con la colocación de títulos del Banco Central beneficiaron a los bancos. Parte de los mil millones de dólares que ganó el sistema bancario en los últimos años se explica por la política monetaria neorrevolucionaria del BCB.


Volviendo a la perspectiva de los ahorristas, las tasas de interés que ofrecen los bonos del TGN son muy atractivas. Sin embargo, un análisis complementario que se debe hacer es ver qué pasará con la inflación. Si un ciudadano compra un bono que rinde 4% al año, y la inflación a 12 meses es mayor, digamos 5%, la tasa de interés será negativa y el ahorrista sólo habrá preservado el valor de su inversión de manera parcial. Por lo tanto, para que la gente realmente gane algo de la inversión de su dinero en un bono del TGN, la tasa de inflación tiene que ser menor a los rendimientos ofrecidos.


No hay duda de que los bonos públicos son una alternativa interesante para los pequeños ahorristas, pero el desafío de fondo para el exceso de liquidez en el sistema financiero es despertar las inversiones productivas que duermen anestesiadas por la incertidumbre jurídica, económica y social, y la falta de políticas industriales efectivas. El mejor destino que se puede dar al ahorro de los bolivianos, en el largo plazo, son las inversiones productivas que generen empleo sostenible. Ésta es la manera de promover una mejor distribución del ingreso.

Tuesday, June 5, 2012

Pesimismo económico vs. esperanza tecnológica


El mundo desarrollado vive una profunda crisis económica, desempleo, pobreza, concentración de la riqueza, contaminación del medio ambiente, quiebra de bancos y empresas. Los países en vías de desarrollo, como Bolivia, sufren de pobreza extrema, exclusión social, degradación de suelos, baja productividad, contaminación y destrucción de la biodiversidad, extrema dependencia de recursos naturales. Cuando uno aborda todos estos temas, desde una perspectiva económica, nos encontramos en un callejón sin salida. A futuro prevalece una visión pesimista: el mundo camina a su autodestrucción, se ratifica una vieja definición de economía que sostiene que lo único que resta a las sociedades es la administración de la escasez. El petróleo, los alimentos y muchos de los recursos naturales están llegando a su fin inevitablemente. La Ley de Malthus, que sostiene que la población crece más rápido que la producción de alimentos, inevitablemente se cumplirá. Esta definición tradicional de economía se basa en dos premisas: 1) Los recursos totales de la economía son escasos y 2) toda sociedad tiene una frontera de posibilidades de producción, por los tanto tiene usos alternativos (por ejemplo, el factor agua puede emplearse para producir energía eléctrica o para regar tierras de cultivo).

Abundance (Peter Diamandis y Steven Kotler) es un libro que rompe con este paradigma y sostiene que desde la óptica de la tecnología pocos recursos en la sociedad son escasos, en realidad son momentáneamente inaccesibles. Los cambios tecnológicos hacen que los recursos de la economía se amplíen y/o se hagan accesibles. Por lo tanto, la tecnología convierte la escasez en abundancia. Los autores del libro cuentan que, durante el imperio Romano, el aluminio era escaso y raro, era más valioso que el oro. Este metal sólo se encontraba en la baixita y extraerlo era muy caro y complicado. Con la electrolisis, una innovación tecnológica de amplia difusión en el siglo XIX, el escaso aluminio del pasado se convirtió en un material abundante y barato.

El libro de Diamandis y Kotler se  basa en cuatro ideas. La primera sostiene que los cambios tecnológicos en la informática, las energías renovables, la medicina, las telecomunicaciones, la biotecnología  y una serie de otras áreas están mejorando a un ritmo exponencial. Los avances son significativos. La segunda es que la revolución tecnológica ha revalorizado al individuo. Centenas de innovadores (do-it-yourself innovators) están creando nuevos servicios y productos sin depender del Estado y/o las empresas transnacionales. Con escasos recursos y poca mano de obra se logran avances en ingeniería, medicina y la biología sintética. La tercera es que la tecnología ha creado una generación de tecno-filántropos (como Bill Gates y otros), que están invirtiendo miles de millones en la solución de problemas como el hambre y muchas enfermedades. Los recursos para investigaciones creativas vienen también de fuentes privadas. Y finalmente, está la idea de que, gracias a la tecnología, la base de la pirámide social mejora su situación y se convierte en un impulsor de más innovaciones tecnológicas. Un ejemplo que toca a Bolivia sería la explosión de la tecnología financiera del micro crédito.

Otros ejemplos de innovación tecnológica mencionados por el libro son: la desalinización del agua de mar que resolvería la escasez de este líquido elemento. La energía generada por hidrógeno que avanzaría en la democratización de la electricidad y rompería los grandes monopolios privados o públicos. En la misma dirección iría la reducción de costos de los paneles solares.

También están los robots cirujanos que pueden realizar procedimientos simples y urgentes en los países en desarrollo, donde los médicos son escasos o hacen huelgas. Asimismo, el libro Abundance menciona las "granjas verticales" para las grandes ciudades.

El otro ejemplo es el laboratorio-en-un-chip, un dispositivo que puede estar en un teléfono celular, que puede tomar muestras  de sangre o saliva y realizar pruebas de diagnóstico en unos pocos minutos y enviarlo a un laboratorio vía una llamada telefónica. En países pobres, como Bolivia, podría ofrecer un diagnóstico a millones de personas que carecen de acceso a los laboratorios costosos y salvar muchas vidas. Varios centros de investigación están experimentando con las impresoras 3D que pueden producir de todo, desde un violín a los vasos sanguíneos. O sensores digitales (que pueden estar en la muñeca) para mantener una vigilancia constante en los órganos vitales de una persona. En caso de que se encienda algún foco en el teléfono inteligente le dirá a la persona cuándo necesitaría ver a su medico. Un dispositivo como este hubiera salvado la vida del entrañable amigo Guido Riveros, que se fue demasiado rápido y dejó unas “saudades” enormes.

Para los autores, el futuro es de abundancia, lo que no significa lujo, sino más bien una vida posible y digna. Recomiendo este fascinante libro polémico, pero que llena de esperanza, a pesar de que el mundo parece caminar rumbo a la sombra, al pesimismo económico.

No es un problema diferencias ideológicas, sino de coeficiente intelectual

Con frecuencia y con mucha razón la gente me dice que debemos pasar de la problemática a la solucionática. Del diagnóstico o de la  crítica ...