Monday, November 24, 2014

La variopinta fauna de opinadores y otras hierbas venenosas

A nombre del sindicato de opinadores económicos y en defensa de la libertad comparto mi artículo de hoy, día de los gatos

La variopinta fauna de opinadores y otras hierbas

Siempre he pensado que esta humilde columna dominical la leían mi mamá, a veces mi esposa, alguna alma distraída pero generosa y usted, amable lector, o sea cuatro gatos, aunque todos de angora. Pero, por los dardos que últimamente me lanzan desde el árbol del poder, sospecho que algunas autoridades y varios funcionarios del régimen también lo hacen.
La buena noticia es que no estoy sólo en el paredón, también acompañan los artículos y comentarios de otros analistas económicos. Con frecuencia, el oficialismo responde a las observaciones y críticas hechas por los opinadores. Inclusive, se ha creado una categoría para denominar a los escribidores de domingo,  como su seguro servidor  y otros economistas, cientistas sociales  o periodistas que tienen buena pluma, que piensan diferente y poseen la lengua calva.
A todos se los denomina, con un delicado dejo de desprecio,  con el genérico: opinadores, seguido de un conjunto de epítetos de diverso calibre
Indefectiblemente, aunque existe una variopinta fauna de opinadores sobre temas económicos -que responden a diversas escuelas del pensamiento económico- los dueños de poder los engloban en una sola categoría: neoliberales, que no es una denominación para describir aquellos que creen en las fuerzas del mercado, sino un insulto categórico, sin apelación.
Quiere decir que todo aquel que tenga una visión crítica y diferente del actual modelo económico recibe el sello de neoliberal. Poco importa que los análisis y las críticas provengan de marcos teóricos neokeynesianos, marxistas, institucionalistas o neoestructuralistas, como el que inspiran a esta columna.
Es imposible persuadir a los nuevos sacerdotes del proceso de cambio que pueden haber muchas formas de entender los desafíos del desarrollo económico.  Es muy difícil convencerlos   que ocio de chancho no es enchufe. Están presos en cárceles ideológicas.
La forma de invalidar las ideas de los opinadores es estándar. Se comienza con la descalificación que tiene diversos grados.  Cuando se sugiere que la economía tal vez no siga el curso trazado por gobernantes, nos lanzan piropos suaves como: pesimistas, aves de mal agüero, desinformados, simplones o conservadores.
A veces el humor sube de temperatura y los descalificativos se amplían a: vende patria, lacayo del imperio, vendido al capital, chupa sangres, adoradores de Adam Smith.  En esta forma de entender equivocadamente el debate, si alguien disiente sobre algún tema económico, no es porque legítimamente tenga una visión diferente, sino porque es un títere de las transnacionales. Un blasfemo de la palabra en el reino de la revolución.
Otro técnica común en estos tiempos es denunciar que las críticas y sugerencias de los opinadores de turno son políticas. Una especie de pescotis trasnochada. Desde el púlpito del poder se afirma: "sus opiniones no son neutras, responden a obscuros intereses políticos”.  La acción de presentar interpretaciones e ideas alternativas  no es derecho de ciudadano, sino hace parte de una conspiración subterránea. Vivimos una guerra económica constante.
Pero, se debe aclarar que todos los ciudadanos, opinadores o no, hacemos política todo el tiempo, cuando socializamos ideas, comentamos noticias u opinamos sobre diferentes asuntos. Acusarnos de hacer política es condenar un derecho constitucional. Inclusive puede que algunos analistas económicos hagan parte de algún partido, no es mi caso, pero eso también es un derecho ciudadano. El espíritu critico es fundamental para la democracia y el avance de ciencia económica.
Otra línea de argumentación sui generis para descalificar a los mal llamados opinadores   es confrontarlos con las opiniones de los otrora odiados organismos internacionales.
Cómo es posible que los opinadores de turno critiquen los logros del milagro económico boliviano, si hasta  las voces más autorizadas del imperio, el FMI y el Banco Mundial, se han inclinado frente a los logros macroeconómicos.
No es posible que los satanases locales no sigan lo que dicen sus maestros, se afirma desde el altar del poder.  Esta postura puede tener dos lecturas: primero, causa cierta ternura que la revolución en curso necesite y utilice legitimar sus acciones económicas con las opiniones de los enemigos de siempre. Buscan los besos y abrazos de las suegras malvadas. Segundo, si hay tanto reconocimiento por parte de los organismos internacionales, no será que el Gobierno sigue más de lo que reconoce los lineamientos de política económica del FMI, por eso la coincidencia de criterios.
Otra hipótesis de trabajo es que los muchachos del BM y el FMI actúan -como siempre lo hicieron- como bancos, que para prestar plata le dicen lo que el cliente quiere oír,  para así acomodar más créditos y seguir influyendo.
Desde una perspectiva más amplia y siguiendo a Antonio Gramsci, estamos frente a la construcción de la nueva hegemonía del bloque histórico en el poder, de la nueva dirección intelectual y mora de la sociedad, en la construcción de la nueva religión del Estado con fuertes pulsaciones autoritarias.
En este contexto, la ideología no se discute, los supuestos económicos se vuelven verdades absolutas.  Los sacerdotes y diáconos del poder deben evangelizar a fierro y fuego.
Y opinadores, economistas, analistas políticos y otras hierbas, o se convierten a la nueva religión o seguirán en la vitrina del oprobio.  Entre tanto, un país democrático necesita más debate de ideas y menos descalificativos.

Sunday, November 16, 2014

? Ficción o realidad revolucionaria?

RAÍCES Y ANTENAS 

¿Ficción o realidad revolucionaria?

Gonzalo Chávez A.

¿Ficción o realidad revolucionaria?
Raíces y antenas. Gonzalo Chávez A.
 El Presupuesto General de la Nación (PGN) para el 2015 muestra un optimismo superlativo que ignora los nubarrones negros que se avecinan en la economía mundial. La semana que termina, por ejemplo, el barril de petróleo ha bajado a 77 dólares. Desde junio de este año, el precio del oro negro ha caído en más de 25%. Recordemos que el valor del crudo es la referencia para el cálculo del importe que recibiremos por la venta de nuestro gas natural. Sobre llovido mojado: los precios de los minerales, e inclusive la soya, continúan descendiendo.
En perspectiva, la amenaza de un shock de precios negativos que puede afectar a cerca del 80% de nuestras exportaciones persiste. Entre tanto,  las proyecciones gubernamentales de los principales indicadores macroeconómicos sugieren que estamos  blindados y que podremos sobre llevar, sin ningún rasguño,  el fin del súper ciclo de precios de las materias primas.  
En efecto, para 2015 el crecimiento de la economía boliviana estará en 5,9%, la tasa de inflación no pasará del 5%, la inversión pública será muy alta y los gastos suntuosos seguirán como en campaña electoral. En suma: aquí no pasa nada. Según los dueños del poder, los precios siempre fluctúan y, de hecho, se están reduciendo hace dos años. Además el motor de la demanda interna esta prendido. ¿Ficción o realidad?
El PGN está basado en una serie de supuestos, el central es que el precio promedio del petróleo para el próximo año será de 80,3 dólares el barril.  Esto significa que en términos de ingresos fiscales, por regalías de hidrocarburos e impuesto directo a los hidrocarburos (IDH), se obtendrá un 23% más que el 2014.
El resto de impuestos aumentará en un 12,6%.  Inclusive las regalías mineras, que están en declive desde el 2011, para el año 2015 subirán en un 2,6%, aunque en el mercado internacional los precios de los minerales se derrumban.  De manera agregada, los ingresos tributarios subirían en un 15% para el siguiente periodo.
Por el lado de los gastos e inversiones, el entusiasmo también es magnífico. El gasto público corriente continuará muy relajado y en 2015 se gastará el 17% más que el año que termina. Seguirá en la fiesta, en la patria rentista y consumista. La inversión pública será gigantesca y grandilocuente, inclusive se iniciará la era nuclear en Bolivia.
Esta programado inyectar más del 6.000 millones de dólares, aunque se sabe que se ejecuta entre el 20 y 30% menos. También el PGN establece que habrán ahorros importantes en el gasto en subsidios a los derivados del petróleo, como resultado de la caída del precio del oro negro. Hechas las sumas y restas, este año el déficit público será de 3,6% del producto interno bruto (PIB). 
En fin,  en el amor y la política el papel aguanta todo, pero ¿qué si el precio del petróleo, por lo tanto del gas natural,  fuese menor? Para mantener el supuesto de ingresos elevados tendría que aumentar la producción. Es conocido que muchos de los pozos actuales están en declinación y no ha habido las inversiones suficientes en nuevos campos.
Bueno, serenidad y paciencia como diría Kaliman.  Frente a un posible colapso del frente externo, el PGN apuesta a un keynesianismo tradicional. La demanda doméstica seguirá siendo impulsada con vigor. Ahora bien, la pregunta central es:  ¿el Gobierno tendrá los recursos financieros para afrontar ingresos más bajos por exportaciones? En el corto plazo, la respuesta es afirmativa. De hecho, el PGN 2015 acepta las dificultades de ingresos cuando proyecta un déficit publico elevado, y establece que el financiamiento externo del presupuesto consolidado subirá en un 156%.
El Gobierno también apuesta a una mayor eficiencia en la recaudación interna, aunque si las papas quemaran puede aumentar impuestos a los sectores más prósperos de la economía. Inclusive en un acto heroico, se podría cumplir la amenaza de cobrar impuestos a los cocaleros y comerciantes grandes informales, hecha durante la campaña electoral.
Además, en ultima instancia están las reservas internacionales, de las cuales se podrían gastar parte de ellas. Así mismo, el nivel de endeudamiento externo del país es bajo, por lo que los prestamos internacionales pueden ser una fuente de ingresos adicionales. 
Por lo tanto, desde la orilla de revolución se cuestiona: ¿por qué tanto rollo si hay grasita para pasar el invierno? Entre tanto, estar forrado de billetes no elimina preguntas  incomodas como:  ¿cuán persistente será la crisis internacional? ¿Comerse los ahorros, o prestarse marmaja para seguir la fiesta son acciones neutras?
Respecto a la primera interrogante, todo indica que el tiempo de las vacas flacas no será corto. La grasita financiera almacenada puede que no sea suficiente. En cuanto a la segunda interpelación, mayor déficit publico, uso de reservas internacionales, mayor endeudamiento interno y externo, no son acciones sin consecuencias, y podrían repercutir de manera negativa sobre las expectativas de personas y empresas.
El tipo de cambio se puede desalinear y la inflación dispararse. Así mismo, se podrían profundizar conflictos distributivos. De hecho, algunas corporaciones ya buscan compensaciones estatales ante la caída de los precios, como es el caso de los mineros.
Pensando con mis bolsillos, hago votos para que la ficción contable y revolucionaria se haga realidad, pero si uso mi cabeza un pesimismo realista me invade.
    
Gonzalo Chávez A. es economista.

Sunday, November 2, 2014

Se acabo el presterio del consumo?

Desde una perspectiva histórica, el periodo 2006 - 2013 podría ser recordado como un episodio de extraordinaria bonanza externa que generó una gigantesca burbuja de consumo interno, que embarcó a la economía boliviana en el espejismo de la riqueza de corto plazo, pero que no generó desarrollo productivo sostenible.
En efecto, en estos más de ocho años, los ingresos por exportaciones se incrementaron en torno de 50.000 millones de dólares, resultado de la subida significativa de los precios del petróleo (74%). Cabe recordar que el precio del  gas natural está indexado al valor del oro negro; por lo tanto, también subió en la misma proporción. 
Los aumentos de los precios de minerales también fueron extraordinarios. Así la  plata (226%), el oro (217%), el estaño (202%), el plomo (120%) y el zinc (38%) escalaron al cielo.  El precio de la soya se incrementó en 132% entre el 2006 y 2013. Huelga enfatizar que todos estos productos representan cerca al 80% del total de exportaciones y son uno de los dínamos que han impulsado el crecimiento económico de los últimos años. 
El otro dínamo, sin duda alguna, es la demanda interna impulsada por la inversión y gasto público. Pero es importante recordar que la gasolina para impulsar el motor  domestico proviene también del sector externo. El 50% de los ingresos del Gobierno se origina en los impuestos a los hidrocarburos. 
La fiesta de la burbuja interna impulsada por los bonos, el gasto corriente y las inversiones en infraestructura sólo fueron posibles gracias al superciclo de precios de las materias primas.
A partir del segundo semestre del 2014, los precios de los minerales y del petróleo comenzaron a caer colocando en riesgo el boom del consumo. En este domingo exploremos los alcances mundiales y nacionales de la reducción del precio del petróleo en un 25% desde junio de este año. 
Después de la crisis económica del 2008, el precio del petróleo a nivel mundial estuvo en torno a 100 dólares el barril. En 2011 llegó a sobrepasar los 115. ¿Por qué la reducción del valor del crudo en la actualidad? Según la revista The Economist, la explicación puede tener un abordaje de corto plazo y  también tiene que ver con mudanzas estructurales en el mercado del energético. 
En una perspectiva coyuntural, la explicación de la contracción del precio es una combinación de: 1) exceso en la oferta, el más grande productor de crudo en el mundo, Arabia Saudita, no ha bajado su producción, como tampoco lo ha hecho el Estado Islámico, que controla varios pozos petroleros en Irak.  Además, sorpresivamente, países como Libia han vuelto a producir para el mercado mundial.
 2) Desaceleración no prevista de la demanda. El crecimiento de la economía mundial fue más lento de lo proyectado, lo que se tradujo en una menor demanda por energía. 
En una perspectiva más de largo plazo estaríamos frente a una transformación del mercado del petróleo, donde la OPEP tiene cada vez menos peso y Estados Unidos se ha convertido en un actor central de la oferta del petróleo y gas natural de esquisto (shale oil y el shale gas), lo que afecta los precios del oro negro. 
Estados Unidos ha podido aumentar su producción de petróleo a un ritmo anual de 1,3 millones de barriles diarios desde 2011 gracias a los avances tecnológicos, como la fractura hidráulica.  En estas nuevas condiciones los precios del petróleo deberían fluctuar entre 70 y 90 dólares el barril.   
¿Que impacto tendrá en el mundo y en Bolivia la bajada del precio del petróleo?  Para los países exportadores el impacto es negativo y generalmente se traduce en crisis fiscales, estas economías no pueden mantener sus niveles de gastos e inversiones. 
Para los países importadores, una contracción del precio del crudo ahorra recursos, corrige desajustes en la balanza comercial y disminuye la presión inflacionaria. Es decir, si se mantuvieran precios más bajos de la energía, la economía mundial podría recuperarse más rápidamente. 
En el caso boliviano el impacto también es mixto, aunque el lado negativo podría ser mayor. El golpe positivo es que con precios más bajos del petróleo se pagará menos por el diesel importado y bajarán los subsidios a los carburantes. Entre tanto, si se mantiene una reducción del 25% en el precio del crudo, esto impacta directamente en el valor del gas natural.
Aquí vale la pena recordar la fórmula de precios de la venta de este energético a Brasil es un promedio ponderado de tres tipos de petróleos (Pg = 0,33 Pa + 0,33 Pb + 0,33Pc)  y tiene la propiedad de atenuar las caídas, porque los reajustes se hacen cada cuatro meses. 
Ahora bien, supongamos que la reducción del precio del gas es de 25%.  En el 2013, las exportaciones del energético estuvieron en torno de 6.000 millones de dólares; es decir, si el precio más bajo se mantuvieran por más de un año, la economía boliviana recibiría unos 1.500 millones menos por periodo. 
La buena noticia es que el Banco Central podría usar parte de las reservas internacionales que ayudarían tal vez un par de años, pero ciertamente se producirían desajustes fiscales. Como es difícil, desde el punto de vista político  cortar bonos, es posible que se sacrifique inversiones o que se tenga que aceptar un mayor déficit público. 
Un efecto más de largo plazo es que un precio menor del petróleo crea nuevas condiciones el mercado del gas natural, que ciertamente afectarán la negociación con Brasil, cuyo tema crucial será el precio. 
Al parecer todo indica que estamos al inicio del fin del superciclo de precios de las materias primas. En este nuevo contexto el precio del gas podría ser entre 10 y 25 % menos que en el pasado, y si el valor de los minerales también siguen a la baja la fiesta del rentismo, el presterío del consumo tendría sus días contados.

La Microeconomía de gasohamburgazo y una sospecha macro

Una nueva gasolina (Ron91) y a un precio más elevado, 4,40 bolivianos, ha ingresado al mercado, produciendo un debate sobre las reales inten...