Monday, February 16, 2009

Cuentos gubernamentales

A veces las historias de las novelas no son como el autor las cuenta sino como uno se las imagina antes de leer la obra. Esto es justamente lo que me ocurrió con el libro “El Camino de Ida de Carlos Salem. Hace muchos meses, un amigo me comentó sobre la trama de un libro muy simpático en una fiesta a unas horas ciertamente inconvenientes, porque me hice una idea muy diferente del contenido del trabajo del escritor, pero agarré el aire de la historia, su dejo, su acento, su aroma preliminar. No contaré ni comentaré el libro del argentino, pero ciertamente es recomendable bajo cualquier punto de vista, porque demás de estar magistralmente escrito, tiene a un boliviano como personaje relevante de la obra. Existen otras novelas que también tienen como actores relevantes a compatriotas ficticios y muchas veces anclados en viejos prejuicios. En la excelente novela del brasileño Rubén Fonseca, El Gran Arte, el personaje boliviano es un temido asesino experto en cuchillos, dagas, chusos, alfileres, tijeras, hojas de latas de sardina, navajas, cortauñas, espadas, desarmadores en punta y todas las armas corto punzantes que ustedes pueden imaginarse. En suma, Camilo Fuentes era un hacha a la hora de hacer cortes, de los mortales hasta los tajos exclusivos que marcan de por vida a su víctima. Se sospechaba que había sido carnicero de vacas del Altiplano, y su mejor corte era el bife a la James Bond, frío, duro y con nervios de acero. Todo un matador profesional. En El Camino de Ida, el Boli también es un tipo de cuidado vinculado al narcotráfico internacional que se pasa toda la novela persiguiendo al argentino.
Pero volvamos la idea primaria que me hice antes de leer la novela de Salem. Insisto que la historia es parecida pero no es igual. Es una ficción sobre otra ficción. Se encuentran en una ciudad de Marruecos, un español y un argentino que aman el tango, en realidad son militantes fanáticos de Carlitos Gardel y como yo, creen que el zorzal cada día canta mejor, al igual que en Bolivia lo hace Doña Gladys Moreno. La historia ocurre a mediados de los años ochenta. Cierto día, un amigo común de los hispano parlantes, dueño de un bar de mala muerte pero de buenas compañías, les anuncia que tiene una sorpresa maravillosa para ellos, un disco de tangos, una raridad en el medio del desierto de Marruecos. Una noche preparan el evento de la presentación del long play de vinilo con el cuidado de iniciados, pero al escucharse los primeros sones del disco, la velada se transforma en una gran decepción, una tragedia de grandes proporciones. El marroquí dueño del bar coloca un disco de tangos pero cantado por Julio Iglesias, la voz pastosa de jilguero de canchón provoca un ataque de caspa incontrolable en el argentino y el español es presa de convulsiones rítmicas que se sospecha que es muy parecido al muyu muyu andino. Después de quebrar en mil pedazos el disco, deciden que la única forma de borrar semejante afronta al tango y dar paz en la tumba de Carlitos, que ciertamente se había revolcado en su lecho eterno, era poniendo fin a la vida de Julico. No merecía vivir. El mismo, en su atrevimiento descomunal, se había condenado a muerte por haber asesinado, a sangre fría y voz melosa, el tango varón y arrabalero. Así que con una decisión que sólo la tienen los fanáticos del buen tango inician la planificación de lo que sería la venganza del siglo. Se ubica al cantor español en una gira por Japón, donde no distinguen entre Cucurrucucú paloma y Caminito. El español y argentino heridos en lo más profundo de su gusto musical, deciden actuar después de un concierto en un karaoke gigante donde Julio Iglesias cantaba, pero para sorpresa de los vengadores de Gardel, el cantor está fieramente protegido por servicio secreto boliviano. La tarea se les hace imposible porque el cantor estaba rodeado por 12 ríspidos compatriotas dispuesto a dar la vida a la primera nota de “El amor son esa pequeñas cosas...”
Bueno, amable lector, Usted estará preguntándose qué tiene que ver la anterior historia con la economía o la inflación, pues nada, pero si el Ministro de Hacienda nos cuenta el cuentito de que la inflación, en el 2008, fue sólo del 11,83 por ciento sobre la ficción del Indice de Precios del Consumidor que crearon manipulando el año base de cálculo del índice y bajando la ponderación de los precios de los alimentos en la tasa de inflación, por qué su humilde escribidor de domingo no puede contarles otro cuentito. Agradezco al Ministerio de Hacienda por permitirme también escribir algo de ficción, la economía está al borde del aburrimiento y la crisis, la ficción oficialista siempre supera a la realidad, por ejemplo, el caso de YPFB va camino a convertirse en el cuento chino más grande de los últimos años. Ficciones sobre ficciones.

5 comments:

Anonymous said...

Bueno, ayer se confirmo que la crisis todavia da para largo. Seguramente para el verano el Citibank desaparezca y con el otra buena tajada de la riqueza mundial. Pero en perspectiva, aqui los gringos estan llorando pq la taza de desempleo subio a 8% y las malas lenguas dicen que llegara al 10% y su inflacion ronda en el 5%. En Bolivia nos moririamos de envidia de estar en tan tremenda crisis.

Las cosas se pondran peor, bajara aun un poco mas el precio del gas, subiran los deficits, y la inflacion, y el desempleo, bajaran las remesas, y los fondos para pagar mas bonos. En resumidas, viviremos el 82 de nuevo

Attux said...

Entre las preguntas que hay que hacerse está la de que: Cómo es que la escandalosa gestión y descalabro de YPFB, empresa por demás estratégica, al igual que del Plan Nacional de Vivienda, de la ABC, de la política de Comercio Exterior, del plan nacional productivo, etc no impactan y mellan de manera patente la credibilidad y base social del partido de gobierno? Cuantos cuentos más del tío, cuanto robo y corrupción tiene que darse para que se eropsione el apoyo que tiene el gobierno?

Juan Cruz said...

No hay mejor crítico literario que un lector inteligente. Gracias Gonzalo por tu crítica literaria de este domingo. Ya todos tenemos un libro para comprar y leer, el cual presumiblemente nos traerá menos disgustos que la ficción propuesta por quienes manipulan los "indices de precios"

Gonzalo Chavez said...

Gracias Juan por tus comentarios, como veras aqui no obligan a hacer ficcion para benefico de todos

Gonzalo Chavez said...

Gracias Juan por tus comentarios, como veras aqui, los dueños del poder, nos obligan a hacer ficcion para benefico de todos. El cuento puede romper esquemas

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