Monday, October 8, 2018

!Pare de Sufrir! A Surfear otros Mares

Introducción
Pastillas de amnesia Doctor!! Donde, venden? 

Después del contunde fallo desfavorable La Haya se encuentra como palo de galliñero? ¿No sabe qué hacer con su bandera marítima de 500 metros? ¿Estaba listo para proclamar al jefazo como el surfista del año, el campeón de los tubazos ? ¿Tenía listo su bikini whipala? ¿Soñaba pasear su pecho de bronce revolucionario por Antofagasta? ¿Tenía lista estrategia envolvente para poner de rodillas a los rotos en las negociaciones? ¿Lo angustia no saber cuánto se gastó para recibir la tremenda paliza diplomática? !Pare de Sufrir ! Lo mejor para curar las penas marítimas, una sopita de cardan, un kaj de alcohol Caiman, y la lectura de su columna dominical.

!Pare de Sufrir! A Surfear otros Mares

El resultado de La Haya es una de las derrotas más duras de la diplomacia boliviana desde 1904. Con hidalguía, valentía y autocrítica se debe aceptar el resultado. Por supuesto, las responsabilidades históricas y políticas también deben ser asumidas. Entre tanto, vivido el duelo y sanadas las heridas, esta es una gran oportunidad para hacer una inflexión significativa, no solamente en la política exterior boliviana en relación a Chile, sino en nuestro concepto de política internacional. Esta es una gran ocasión para repensar nuestra inserción en el mundo a partir del modelo de desarrollo.
Asistimos al final varios ciclos políticos. Desde hace más de 100 años, la política exterior boliviana, sobre el tema marítimo, se basó en el multilateralismo. El enclaustramiento nacional era una herida latinoamericana, que el concierto internacional debía reconocer y apoyar. Su solución debía gestarse con la solidaridad de muchos países, en el marco del derecho y las instituciones internacionales. Chile siempre sostuvo que era un problema bilateral. El último acto de multilateralismo fue iniciar el juicio en la instancia de justicia más alta del sistema internacional. Con el resultado de La Haya este camino  está prácticamente cerrado.
Asimismo, la política exterior era monotemática. La recuperación del acceso soberano al mar tenía primacía sobre otros temas y condicionaba todas nuestras relaciones internacionales en otras áreas. Esto no debería ser más así, necesitamos una visión y acción más integral.
También, la causa del mar era un gran ordenador y legitimador de la política interna. Se usó y abusó de esto, se creo héroes instantáneos y villanos eternos. La última víctima de la Medusa marítima fue Evo, que miró a la hija de Zeus para robarle la divinidad, pero ésta lo convirtió de candidato a estatua de sal. Pero también se debe reconocer que el tema marítimo unifica a los bolivianos. Es lo parecido que tenemos a una política de Estado que debe proyectar a otras áreas.
El tema del mar siempre ha sido visto como un objetivo en sí mismo: era sinónimo de desarrollo, debíamos volver a los puertos del progreso como condición para tener una mejor economía. En términos simbólicos, la causa marítima dividía a la sociedad entre patriotas y traidores a la hora de pensar en salidas. La recuperación de la soberanía territorial era la condición innegociable. Los que osaban hablar de otras alternativas, de soluciones intermedias recibían el mote de antipatrias, prochilenos y cosas peores.
El fracaso de La Haya es una oportunidad para comenzar a pensar en otras dimensiones y perspectivas en el tema del mar. Mucha gente buena y comprometida dio su vida por la causa. Su tenacidad y compromiso es un legado para futuras generaciones, pero es hora de pasar la posta de las ideas y la acción. También hubieron muchos oportunistas que la historia los juzgará.
Hoy quiero plantearles algunas provocaciones para enfrentar el futuro.
El mundo ha cambiado mucho, vivimos en un contexto donde el proceso de globalización es complejo, difícil desigual, pero también lleno de oportunidades. Para Bolivia, globalización significa, en realidad, sudamericanización porque de nuestras exportaciones, cerca al 55%, van a América Latina e importamos de la región un porcentaje parecido. Por lo tanto, Bolivia necesita proyectarse al mundo considerando dos realidades internacionales. Brasil un mercado gigantesco y un aparato productivo poderoso, a pesar de la crisis actual. Es la enorme cuenca del Atlántico que no se reduce al uso de puertos por esa vía. La agroindustria e industria del vecino y sus mercados son una gran oportunidad de desarrollo.
Del lado de Pacífico está la China (Asia), una potencia en ascensión, que también cada vez más demandará más materias primas y alimentos y que quiere consolidar su posicionamiento estratégico y económico en América Latina y que constituye una oportunidad de inversión y tecnología. China llega a Bolivia por Chile y Perú. Pertenecer al tratado de la Alianza del Pacífico es de vital importancia.
En este contexto, Bolivia tiene que repensar su inserción política y económica a partir de su interés nacional, que es tener una economía fuerte, desarrollada, con gente feliz, con mucha educación, salud, igualdad y democracia de mayor cualidad.Los nuevos puertos del progreso están en el desarrollo de la biotecnología, el uso sostenible del agua y el turismo ecológico en la Amazonia. Los nuevos muelles están las nubes del internet. Bolivia puede ser un hub de comunicación y logística, pero de tecnología de la información. En el ciber espacio existen otras fronteras, Bolivia puede colindar con la India (Bangalore), Estados Unidos (San Francisco) o Finlandia (Tampere). Todos las anteriores potencias en software y otras tecnologías.
Por lo tanto, la política exterior debe ser capaz de proyectar esos intereses nacionales a través del poder suave e inteligente, mediante la búsqueda de procesos de integración socioeconómicos regionales con Brasil, Chile (norte), Peru (sur) y China. En este contexto, el acceso a los mares del Pacífico y el Atlántico es una consecuencia de un nuevo modelo de desarrollo. Es un resultado de la recuperación de los mares de la educación innovador y la salud de calidad. Es la consecuencia de mares del desarrollo productivo, competitivo, integrador y responsable ambientalmente.
Por lo tanto, pare de sufrir y prepárese para surfear en otros mares. Esta es una tarea que implica un cambio radical en el modelo de desarrollo, la política exterior e interna y, sobre todo, de la actitud y la emoción. Debemos pasar de la resiliencia estoica a la reinvención creativa y esto pasa necesariamente por un cambio de líderes.
Gonzalo Chávez A. es economista

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