Saturday, June 13, 2009

Una dificil eleccion

En una economía de mercado, el sistema de precios ayuda a la asignación de los recursos de la economía. Cuando uno va al Rodriguez a las Siete Calles lo que orienta las compras son los precios que colocan las caseritas. Las señales de precios actúan como los semáforos en el transito. Cuando el precio de un producto sube, es luz verde para el productor aumente su oferta, es una oportunidad de mas ganancia; pero al mismo tiempo, es luz roja, para un consumidor que dejará de comprar el bien está mas caro. En principio, los precios de una economía deberían estar subiendo y bajando, reflejando abundancia, escasez, estacionalidad (en verano por ejemplo hay poca naranja y su precio sube), y sobre todo cambios en la productividad. Estos cambios, en los precios relativos, son saludables para la economía y se espera que varíen en un rango de 2 o 4 por ciento al año. Estas variaciones dependerán del tipo de estructura de mercado, más o menos competitivo, y de otras variables en la economía.

La deflación y la inflación destruyen el sistema de precios, es como si se cubriesen los semáforos con papel celofán, y consumidores o productores ya no saben si los aumentos o reducciones de precios reflejan cambio en productividad, o es resultado de problemas fiscales, monetarios o estructurales en la economía. Se produce un daltonismo generalizado, y transeúntes y carros se manejan a su buen entender. Imagínese la Garita de Lima a las siete de la noche. La inflación se vuelve un conflicto distributivo, todo el mundo se defiende o ataca, reajustando precios. Cabe recordar que muchos de los mercados (crédito, educación, servicios básicos) funcionan con fallas porque hay monopolios, o problemas de información entre consumidores y empresas, que también distorsionan el sistema de precios y obligan al Estado a intervenir. Las economías en problemas afrontan el dilema: la inflación o deflación. Deben escoger entre drácula y el hombre lobo.

Para un país que pasó por una hiperinflación no es necesario recordar los daños que causa esta anomalía. Conocemos menos el fenómeno de la deflación, así que hagamos algunos alcances conceptuales. Si se produce una reducción de algunos precios en la economía, debido a aumentos en la productividad y mayor eficiencia, esto es bueno para todos. Por ejemplo, la leche puede estar más barata, debido a una mejora tecnológica, las vacas producen mas leche, a menor costo. Entre tanto, la caída sistemática del nivel precios también puede ser el síntoma de una recesión. Una situación donde la economía se achica, dejando personas y maquinas paradas. Por ejemplo, en el 2009, América Latina decrecerá en – 1.7 por ciento, y sólo en el primer trimestre del año, un millón de personas ya perdió su trabajo. En el país, los niveles de desempleo también han aumentado, resultado de la desaceleración del producto. Los más pesimistas creen que el crecimiento estará en torno de 1 por ciento.

En recesión, los precios bajan porque no hay demanda para los productos o servicios que venden las firmas. Empresas sin mercados despiden a sus trabajadores, que como consecuencia, se quedan sin ingresos y dejan de comprar bienes. Y las personas que aun tienen recursos posponen sus gastos, porque creen los precios pueden bajar más. La crisis de los año treinta y la recesión japonesa de los años noventa son ejemplos de los daños que puede causar una deflación. En estas circunstancias, las tasa de ahorro aumentan y la inversión baja. Prestarse plata es más costoso. Las deflaciones destruyen tejido productivo.

3 comments:

Mauricio Ríos García said...

A propósito de la deflación:

http://riosgarcia.blogspot.com/2009/06/deflacion-malas-o-buena-snoticias.html

Un cordial saludo.

Mauricio.

Gonzalo Chavez said...

Gracias por la indicacion, leere el post

David Navarro said...

No basta con decir que efectos produce la deflación - afectando a la oferta y las empresas productoras - sino incluir en el análisis a qué se debe la poca demanda, cuáles deberían ser las medidas de parte del gobierno para activar la demanda agregada. Y más importantemente, analizar si la activación de la demanda calza dentro de la política económica del gobierno. Sondeo que corresponde a un horizonte de más largo alcance y repercusión para la mayoría de los operadores económicos en este país.

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