Tuesday, May 21, 2013

Al maestro del bloqueo, con cariño


Al maestro del bloqueo, con cariño


Yo bloqueo, tú bloqueas, ellos bloquean, nosotros bloqueamos, ustedes bloquean. Sin duda alguna, este es el verbo más conjugado en Bolivia a lo largo de su historia. De una manera más amplia el nivel de conflictividad social en Bolivia es muy intenso. Según el Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (CERES), en el periodo 1970 – 2012, se habrían registrado 15.560  huelgas, paros, protestas y bloqueos de todas índole en el país. En 42 años de historia prácticamente se registró un conflicto cada 24 horas, este resultado sale de dividir los 15.560 conflictos entre 42 años (504 meses), lo que, en promedio, dá 370 huelgas o paros por año, 31 por mes. Quiere decir, cada santo día, algún grupo, en todo este tiempo, estaba protestando con buenas o malas razones. A lo largo del periodo de gobierno del Presidente Morales el promedio de conflictos por mes ha superado los 55.

Existen decenas de explicaciones económicas, sociales y políticas sobre los grados de conflictividad  que se presentan en Bolivia. Se han gastado ríos de tinta para explicar este proceso. En buena parte de estos casos existen razones justas para las movilizaciones sociales, pero también algunas de estas acciones muestran cierto grado de esquizofrenia colectiva y oportunismo político.  El espectro de explicaciones es amplio:  mejores salarios, defensas de intereses regionales o corporativos, reclamos por salud, educación, recuperación de la democracia, rechazo a actitudes autoritarias y muchas otras más.  La última causa de los conflictos es la reforma del sistema de pensiones.  Las razones de fondo de los conflictos se explican por la pobreza, exclusión social, bajo crecimiento, la escasa industrialización, la informalización de la economía, las actitudes rentistas y prebendales, y lucha por el poder político.

 También existen las causas de corto plazo, en la actualidad, por ejemplo, el exitismo y narcisismo macroeconómico del gobierno que ha creado una hiperinflación de expectativas en la sociedad y por lo tanto, reavivó una fuerte cultura rentista de varios grupos corporativos. Se habla de una bonanza de riqueza en la economía que la gente cree que no le llega a sus bolsillos. Además, la nueva Constitución Política promete la felicidad económica instantánea. Ahora, todos quieren un pedazo del cielo del proceso de cambio.

Sabemos por experiencia propia e internacional que la inestabilidad social y sindical compromete seriamente el crecimiento y el desarrollo económico. Las vías más conocidas a través de las cuales los conflictos sociales afectan el desempeño económico de un país son: 1) A mayor cantidad de huelgas, menor serán los días trabajados, lo que compromete la producción y productividad media de la economía. 2) Las huelgas y bloqueos crean un clima de incertidumbre macroeconómica, política y social, que desestimula las inversiones. 3) Reivindicaciones sociales exitosas capturan rentas estatales dejando menos recursos para la inversión pública.
           

Los conflictos sociales hacen parte de una sociedad democrática, pero qué ocurre cuando éstos, por exceso y repetición,  se convierten en daniños para el desempeño económico. Aquí creo que entramos en una dimensión psicoanalítica del problema. Hace muchos años en Bolivia, está en una vorágine de conflictos, una especie de chorro morro colectivo donde  el objetivo principal es que todos se saquen la entretela, todos salgan perdiendo. En el pasado neoliberal, se elogiaba las movilizaciones sociales porque eran portadoras de cambio, eran vectores de contra poder, potadores de un nuevo bloque histórico como diría Grasmci. Pero llegó el cambio y, en teoría, la construcción de una hegemonía estatal, y las huelgas y bloqueos continua, más aun, sean multiplicado, aunque ahora se dice que la protesta social tiene otro carácter, sería la disputa por los frutos del proceso de cambio. Movilizaciones revolucionarias o de carácter reinvindicativo, desde el punto de vista económico, generan siempre los mismos resultados. Bajo crecimiento económico, escaso desarrollo productivo, mayor pobreza estructural y fomento a la cultura rentista. Las victorias tanto del gobierno, cuando doble algún movimiento social o las corporaciones, cuando consiguen una victoria, son pírricas y de corto plazo. El resultado estructural es de perdida económica generalizada para todos, muchas veces con muertes.

Podremos, alguna vez, como país, sentarnos en un diván psicoanalítico para explicar este comportamiento autodestructivo y encontrar otras soluciones, que la simple repetición del mismo libreto del chorro morro. Cada año, después del carnaval, se inicia el ritual de las huelgas, paros, bloqueos, represión estatal, el show en los medios de comunicación, las acusaciones de golpismo, los llamados al dialogo, la acusación de presencia de extranjeros en las movilizaciones, los heridos, los muertos, los huérfanos, las viudas, la mediación, algunas demandas atendidas, muchas promesas, sendas declaraciones, acuerdos ampulosos, políticos con o sin rasguños, y finalmente, la reconciliación hipócrita hasta la batalla del próximo año. La historia se muerde la cola y camina en círculos. Hasta el próximo año, en Bolivia sabemos en la repetición esta el gusto. 

1 comment:

silvana rivera said...

Estimado Gonzalo, muy interesantes los articulos y el lenguaje creativo hace que sea un gusto leerlos.
Si fuera posible me gustaria su opinion acerca de que se estima para sector inmobiliario (demanda de bienes inmuebles en general) a partir de la presente gestion 2013 y hacia el 2014.
Desde ya muchas gracias!!
Silvana Rivera M.

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