Sunday, February 16, 2014

ARGENTINA CAMINANDO EN CIRCULOS


Viví buena parte de mi infancia y primera adolescencia en Villazón frontera de un libro texto con La Quiaca. Un rio y su respectivo puente separan a las dos ciudades. En la escuela Cornelio Saavedra, donde estudié, todos los lunes en la hora cívica contábamos, a voz en cuello, el himno nacional que se escuchaba con claridad en La Quiaca. La escuela Sarmiento nos respondía con igual ahínco entonando a Palito Ortega en su homenaje a la azul y blanca. En los años sesenta, Villazón era la ciudad de donde distribuían los vientos al mundo, vivía empolvada y la ciudad vecina era un ensayo cercano del primer mundo con todas sus calles asfaltadas y limpias, su comercio sofisticado y sus restaurantes con aires Europeos. En 1914, Argentina tenía un PIB per cápita mayor que Alemania y Francia y Bolivia era uno de los países más pobres del mundo. A pesar de las grandes diferencias, ambas localidades fronterizas compartían muchas cosas, amigos, amores, rivalidades, pero sobre todo, variaciones del tipo de cambio.
En ciertos periodos, en la mesa de mi casa desfilaban con abundancia y garbo los bifes de chorizo, los cremalines, los alfajores, el buen vino Toro y el dulce de leche Sancor. En la sobre mesa escuchábamos Radio Rivadavia y leímos Billiken y las Aventuras de Patoruzu. Repentinamente, cambiaba esta geografía alimenticia y de entretenimiento. De repente marchaban puño en alto, los productos nacionales: el dulce de membrillo de doña Hortencia, un vino patero de la chura Tarija y el bife altiplánico a la James Bond, duro, frio y con nervios de acero. Nuestra lectura era Presencia Juvenil y las tiras cómicas de El Diario, con noticias y chistes atrasados. Las constantes devaluaciones o revaluaciones del peso argentino respecto al dólar eran las responsables de los cambios de dirección del comercio fronterizo y por lo tanto de la canasta familiar.
En los últimos 50 años, es sorprendente la frecuencia de las crisis cambiarias en la hermana República de la Argentina como se dice en el Sur del país. En los años sesentas hubieron varias. Más recientemente se produjo una debacle durante el gobierno de Isabel Perón (1974-1976), cuando la moneda se devaluó en 150%. A este episodio se conoció como el Rodrigazo.
La siguiente crisis cambiaria tuvo lugar en 1981, durante la dictadura de Videla, que encareció la moneda norteamericana un 226%. El desajuste cambiario más grave se produjo en 1989, cuando estalló una hiperinflación. El dólar subió el 2.038%.  En el 2002, nuevamente el peso se devaluó y el precio del dólar aumentó en 241%. Ahora, en enero del 2014, la historia se repite, el dólar se encareció el 23%. Si bien esta crisis cambiaria no se compara con las anteriores, Argentina siempre vuelve al mismo lugar, es el eterno retorno.
Existen muchas teorías que buscan explicar las causas de las crisis cambiarias. Entre las más importantes están 1) desajustes en la balanza de pagos, ya sea por la reducción de exportaciones o la salida de capitales;  2) ataques especulativos contra la moneda; y 3) una combinación de las causas anteriores. En todas las crisis argentinas se presentan esos fenómenos y la historia siempre es parecida. Se produce un shock de ingresos positivos que puede ser debido al aumento de los precios de los cereales o la carne, a mayores inversiones extranjeras, a incrementos del crédito externo o una combinación de estos. La bonanza externa provoca una apreciación del tipo de cambio real y se inicia un ciclo de expansión populista, con un fuerte incremento de los gastos. El tipo de cambio nominal se mantiene fijo porque ayuda a controlar la inflación provocada por el exceso de demanda. Es el momento de las vacas gordas, asalariados, rentistas y gobierno están contentos. Este último en su entusiasmo expansionista incurre en déficits fiscales y en cuenta corriente. Entonces el tipo de cambio comienza a tambalear. Por un tiempo Argentina recibe créditos externos para paliar los desajustes macroeconómicos, pero esto dura poco, los acreedores pierden confianza y comienzan a retirar sus capitales. Una vez que la inflación se dispara debido a las presiones de demanda, el Banco Central incrementa las tasas de interés locales para frenar los precios y retener capitales. El ancla cambiaria ya no asegura la inflación, el tipo de cambio real sigue apreciándose y se hace insostenible. Frente a estos problemas empresas y personas huyen de los pesos y compran dólares, muchos de estos salen del país, comienza el ataque especulativo. El gobierno busca controlar con medidas administrativas el tipo de cambio, pero la confianza se debilita y al final se devalúa el peso. Está instalada la crisis cambiaria. El fenómeno se repite cada 10 años aproximadamente. La Argentina prospera de inicio del siglo XX va cuesta abajo en la rodada” como dice el tango, que dígase de paso es una gran invención cultural de nuestro vecino y prueba que es capaz de grandes contribuciones a la humanidad. Para terminar un pequeño comercial ya tengo twitter @GonzaloChavezA

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