Monday, June 23, 2014

¿El cielo o la Pachamama?

Se avecinan las elecciones, tiempo de presentar propuestas económicas para el país. En la actualidad  domina la agenda de políticas públicas en el plan del gobierno, en el cual prevalece una visión arraigada en el pasado primario exportador y en el control del Estado de sectores, como el de hidrocarburos o el litio.

Así mismo, predomina un modelo de industrialización de los recursos naturales que busca seguir el camino de la revolución industrial con un atraso de más de cien años.  Para romper con los paradigmas de la economía extractivista y de la opción distribucionista se requieren  dos cosas:
Primero, desmitificar la idea de que el único guardián de la sensibilidad social es el Gobierno. La lucha contra la pobreza y la promoción de la inclusión social son causas justas que pueden ser resueltas de varias maneras. Una sociedad democrática no puede cerrarse a una sola ideología. Las futuras propuestas de los grupos de oposición deben retomar estas banderas.
Segundo, debe construirse una propuesta revolucionaria con un  fuerte énfasis en los cambios tecnológicos. En el modelo económico actual, buena parte de la población está condenada a andar con la cabeza baja, buscando petróleo o minerales, cuando el desafío revolucionario contemporáneo es también levantar la mirada hacia los negocios en la nube del internet.
Se debe sustituir la lógica del rentismo, vinculado a los recursos naturales, por el chip de la revolución productiva y tecnológica, que favorezca a la base de la pirámide social.  Es pensar el país a través de territorios inteligentes, economías creativas, con temas vinculados a servicios, turismo, agricultura orgánica, manufactura liviana, a la gastronomía, software, cultura,  arte o cine.
Nuestros políticos no pueden sólo dividirse entre los que defienden y los que venden los recursos naturales. Ahora que se inicia la campaña, se deben presentar nuevas propuestas que  enamoren a la gente y rompan con la agenda del viejo nacionalismo desarrollista.

Deben movilizar especialmente a nuestros jóvenes en temas de innovaciones y creatividad en educación, salud, agricultura y tecnología aplicada a la lucha contra la pobreza, pero también hacia un aumento de la competitividad, tanto en el sector público como privado.
Hay mucha gente que está sintonizada con lo que propone el Gobierno y eso está bien, es legítimo y democrático, pero hay muchos que no lo hacen. Estos grupos amplios necesitan de propuestas alternativas, una nueva geografía de ideas, pero el desafío más complejo es visibilizar y reconocer a nuevos actores económicos  y sociales, que también quieren transformar el país.

Las luces políticas y las propuestas deben mostrar a los Magníficos de la Producción y la Innovación, aquellos emprendedores y empresas de todos los tamaños que, a pesar del dominio de la economía rentista, realizan una gran labor. Más aún, el desafío es proponer propuestas productivas y tecnológicas para desarrollar un nuevo tejido empresarial basado en pequeñas y medianas industrias.
En la última década han surgido varios tipos de empresarios, como la burguesía andina, alguna productiva, pero en su mayoría comercial, que está presentando nuevos códigos y propuestas.

También están ciertas nuevas clases medias conformadas por profesionales y emprendedores -por gente vinculada a la producción, a los servicios- que están realizando transformaciones importantes, pero que no tienen apoyo del Estado, quedando anónimos y a la deriva de las reglas de un mercado informal e injusto.

Esta energía social requiere convertirse en conocimiento y capital productivo.  A seguir una pequeña cápsula teórica para entender mejor la construcción de tejidos y redes. La política industrial moderna para generar conocimiento productivo parte de la idea de que los productos son vehículos de conocimiento conducidos por personas o empresas en autopistas de redes.

Éstas pueden ser los mercados y las instituciones, públicas y privadas, que necesitan ser apoyadas por la política pública. La cantidad de conocimiento en una sociedad no depende del saber de un individuo; más bien está relacionada con la diversidad de complejas redes de interacción entre las personas y empresas. Existen dos tipos de conocimiento: explícito y tácito. El primero se puede transferir fácilmente mediante la enseñanza. El segundo es más complejo y está imbricado en redes sociales, es una especie de conocimiento colectivo.

El logro del conocimiento tácito es un largo y costoso proceso y requiere que las sociedades, a través de la interacción de personas, empresas, colegios y universidades, se especialicen y puedan trabajar en redes.

La única manera de que la sociedad pueda contener todos los conocimientos es a través de la especialización y de las redes, impulsadas por la política industrial y tecnológica. Este tipo de redes y visualización de nuevos actores podría ser más eficiente y efectiva en los negocios de la nube del internet.

1 comment:

Robert Jackson said...

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