Monday, April 28, 2014

La inflación por el ascensor, el salario por las gradas y la productividad en el sótano


Como todos los años, después del Carnaval la historia se repite: la Central Obrera Boliviana (COB) presenta sus demandas de incremento salarial maximalistas, una canasta básica de 8.000 bolivianos, se movilizan, presionan y juran una lucha hasta las últimas consecuencias. El Gobierno escucha con oído paternal, pero, al final, impone su paquete salarial.

Este año se determinó que el salario mínimo suba en un 20% y el resto de remuneraciones en un 10%. El debate se concentra en una puja sobre la recuperación de la pérdida por inflación y las pocas ganancias reales que ofrece el Gobierno.  Los discursos inflados de los líderes sindicales vuelven a las gavetas hasta el próximo año. El gran ausente en estas negociaciones es el que paga las reposiciones e incrementos salariales, el sector privado, que también reclama y patalea, pero termina acatando.  Es el eterno retorno de una vieja historia que apuesta a un modelo donde prevalece una visión distribucionista del excedente en el corto plazo, sobre una aproximación de desarrollo económico integral y sostenido en una ruta del largo plazo.

No hay la menor duda que en una economía que crece se debe buscar distribuir la riqueza entre todos los que contribuyeron a crearla, sobre todo el capital y el trabajo. Pero la pregunta central es saber con qué criterios y parámetros se divide la torta.

La reposición salarial por inflación es un espejismo monetario. Como decía  el padre de los pobres, Perón: durante todo el año los precios suben por el ascensor del edificio de la economía y el reajuste salarial asciende cansado y resignado por las gradas, y encuentra al elevador un año después.
El impuesto inflación que pagan los trabajadores, tanto del sector formal como informal,  financia al Gobierno y éste le devuelve el dinero, muchas veces sin intereses, sólo a los empleados del sector formal (20% de la población que trabaja) a final del año con el reajuste salarial.

Para el otro 80% de los trabajadores, que sobreviven en el sector informal, además del artero cuchillazo de la inflación, están los latigazos de la libre oferta y demanda del mercado laboral. Para un país con una enorme economía informal, más importante que las políticas salariales es el control de la inflación, porque así se preserva la renta de los trabajadores, que es más baja que el salario mínimo.
Ahora, es evidente que para el sector formal, en especial para el caso del salario mínimo y algunas remuneraciones, en algunos sectores han registrado aumentos del sueldo en términos reales, es decir, por encima de la inflación, pero éste fue calculado por el dedo de la política y no así por indicadores de productividad.

Los trabajadores merecen mejores salarios en proporción a su contribución al aumento en la producción, pero el Gobierno está más interesado en fomentar el corporativismo mascota y la lealtad política antes que  la competitividad. El incremento salarial es una dádiva del Yo Supremo antes que un reconocimiento por la militancia en la productividad.      

Desde finales del año pasado, la mano visible de la política, vestida de guantes electorales, actúa en el mercado laboral boliviano. Para muestra dos botones: el doble aguinaldo y el incremento salarial elevado de abril. En el primer caso significó un aumento de 7,6% si anualizamos el sueldo número 14. En el segundo, éste, el salario, subió en 20%.  Sumados ambos tenemos una subida de 27,6%, y si a esto restamos la inflación de 6,5% de  2013, llegamos un incremento real de 21%. Y si encima a fin de año vuelve otro segundo aguinaldo, como todo indica, las cosas se complican.

¿Podrán las empresas afrontar un incremento de costos de 35% en un poco más de un año? ¿Subió la productividad en la misma proporción en las firmas? Ciertamente, el sector público no tendrá problemas en pagar estos ordenados ya que tiene superávit fiscal debido a la bonanza externa.

¿Y qué dicen la empresa privadas desde la microeconomía del día a día? Pues, frente a la falsa idea de primero distribuir para después crecer, surge la  frialdad de los costos y la implacable estructura de mercado en que actúan las empresas.  Seguramente las compañías grandes que tienen cierto poder del mercado podrán repasar el aumento de costos salariales a sus precios. En estos casos son los consumidores  que pagaremos la jauja distribucionista.

Pero para empresas pequeñas o de mediano porte del sector formal, que actúan en mercados competitivos y que además sufren de la competencia de los productos importados, sólo les resta el cierre ignominioso o el abandono del edificio de la formalidad. A pelearla en el sui géneris mercado informal boliviano, donde todo vale y se puede pagar salarios que dictan la mano invisible. Es el nuevo modelo económico que socializa la pobreza.

Sunday, April 20, 2014

El tren de la muerte


Comenzaba a escribir un sesudo artículo sobre economía cuando, a quema ropa, me enteré de la transición de Gabriel García Márquez, me dolió en el recuerdo, y me transporto de un solo golpe y sin anestesia a mi primera juventud, aquella época en que militaba a raja tabla en los veinte años y estaba dispuesto a transformar el mundo solo y sin ninguna duda, en el mes de junio. Ahora también quiero hacerlo, pero se que necesito de ayuda de más gente, todo el año.
¿Pero que puede decir un economista sobre literatura latinoamericana? Nada,  por supuesto. Ciertamente habrán miles de homenajes y análisis excelentes sobre la vida y obra de Gabo. Por lo tanto, solo que queda dar mi testimonio de como Cien Años de Soledad me abrió el tercer ojo del realismo mágico. El libro me fue presentado por mi profesor de física en el colegio San Calixto, Rene Bascopé, un ingeniero electrónico de izquierda y literato de vocación preso en la sobrevivencia de los años setenta, que además de difíciles eran de resistencia a la dictadura militar.
Leer García Márquez era deliciosamente subversivo, una ducha de realidad fantástica, en especial después de pasar largas horas sumergido en los laberintos conceptuales de El Capital de Carlos Marx.  A final de los años setenta hacia parte un grupo formación ideológica que tuvimos la suerte de ser salvados por el boom de la literatura latinoamericana de una visión estalinista de la realidad. Descubrimos, la magia de la revolución del espíritu de la mano de Gabo.
Leyendo Cien Años de Soledad constate que estaba ciego y sordo aunque no mudo. Veía mi entorno adormecido por la rutina del orden, la geografía de la simetría y la pesadumbre la física tradicional. Además, como dice mi amigo y compañero de guardería, El Pappiri,  en una de sus canciones, éramos sordos del alma. El libro de García Márquez mi proporcionó múltiples passwords y códigos para el infinito cosmos del realismo mágico que, para mi sorpresa, estaba a mi lado, me gritaba su loca realidad de amor y colores desde todas las esquinas de la vida. Cien Años de Soledad, me proporciono pulcros cotones para sacar de mis oídos la cera de la indiferencia. Comencé a escuchar las otras voces que estaban de detrás de los espejos y las certidumbres. Oí por primera vez, la voz de la esperanza pero también del miedo. La literatura de García Márquez  fue un gran alucinógeno y probablemente me libro de las drogas.  Me enseño a delirar solo fumando bocanadas de imaginación y construyendo amistades con sus personajes que salían de los libros. En realidad, Aureliano Buendía, Úrsula o Melquiades  trabajan en las paginas de los escritos de Gabo representando la realidad, para luego volver a sus casas a seguir viviendo su rutinas de locuras. De hecho, estoy casi seguro que Florentino Ariza era mi vecino en Villazón, que cuando no estaba en la novela El Amor en los Tiempos del Cólera, trabaja como jefe de bodega en la estación del tren.    
Mi primer viaje al realismo mágico fue en el tren de la muerte. En los años ochenta estudiaba en Rio de Janeiro y volvía en el verano a tomar sol en las alturas de La Paz, venía a adquirir un bronceado api, especialmente en las caucas. Pues bien, el viaje duraba cuatro días y tres noches con suerte y buen viento. El mejor tramo era entre Puerto Quijarro y Santa Cruz porque era como viajar por varias sucursales y embajadas de Macondo. En el trayecto, Cien Años de Soledad se convertía en una road movie.  Hice este viaje una decenas de veces, y era un delicioso ensayo de la muerte. El tren no tenía ni hora para partir menos hora de llegar. Salía cuando se podía y arribaba cargado de contrabando y repleto de historias increíbles.  El tren de la muerte pasaba por el medio de la realidad que García Márquez describía.  Los moquitos tenían huesos y atacaban en grupos organizados el tren, se decía que habían sido entrenados por el Che. No había repelente que ayudase, la única forma de sobrevivir a sus certeros aguijones era vistiéndose, de cuerpo entero, con cuero argentino. Mi esposa, la primera vez que tomo el tren de la muerte se disfrazo de Gatubela y se puso un casco de Tarabuco, solo le picaron en las manos pero bajó 5 kilos en 30 horas por el calor,  tuvimos que encerrarla en un refrigerador Lux para que recuperase su forma. Los contrabandista, que traían hasta hielo de Brasil, se agarraban a tiros y carajazos  con los mosquitos. Nunca los vi ganar pero debo atestiguar su valentía pendenciara y especialmente, cuando se transformaban en jacarés.
Grupos evangelistas predicaban a mansalva en pleno tren vestidos de Ninjas. En todos los pueblos, en que paraba el tren, surgían de los techos, agiles con la palabra, certeros con los prejuicios, pero casi siempre, al finalizar el viaje se convertían a la religión del comercio. Cambiaban la Biblia por la Riqueza de las Naciones de Adam Smith.
Después de 40 horas viajando en un vagón y a 40 grados de temperatura a los estudiantes no salían colas como a los hijos de Úrsula y la única forma de combatir la auto combustión y la colitis era colocando el cuerpo a 60 grados con aguardiente de caña, la famosa cachaça, bebíamos litros y solo así, con el choque térmico, nos daba una sensación de alivio del calor y las colas se desintegraban lentamente. El baile y las canciones de protesta brasileñas también ayudaban a combatir la borrachera de culo y sus extensiones. Fue en el tren de la muerte que ví planicies enteras de las famosas mariposas amarillas de Cien Años de Soledad, estas, en millones, levantaban el tren por kilómetros para brindar cierto frescor al infierno de Dante móvil.  Durante muchos años tome, de ida y vuelta, el tren de la muerte, sobreviví y lo disfrute porque García Marques me abrió el tercer ojo del realismo mágico.  Ahora el toma el tren de la vida eterna y lo mínimo que puedo hacer por quien liberó el espíritu de mi imaginación es desearle: un buen viaje, Maestro.

Monday, April 14, 2014

¡Sea más inteligente que su SmartPhone!

Es una verdad de Perogrullo que sin un aumento significativo de la productividad del capital y del trabajo no hay desarrollo económico y social integrado.
En esta oportunidad quisiera hablar de la productividad del trabajo desde una perspectiva personal. Una definición sencilla de productividad es hacer tareas de mejor manera y en el menor tiempo posible. Las tecnológicos de la información y la comunicación (TICs) están transformando la vida de los gobiernos, las empresas y las personas. Innovación tecnológica  y productividad siempre van juntas.  Hoy quiero hablarles de las posibilidades que tiene, un gerente o cualquier trabajador, para mejorar el manejo de su tiempo y trabajo usando aplicativos de teléfonos inteligentes y ser más productivos. A continuación mis favoritos.

Existen centenares de opciones de calendarios y listas de recordatorios para los teléfonos inteligentes. Uno que me gusta es: Fantastical (http://flexibits.com) que es un aplicativo que reúne una agenda y una lista de recordatorios.  Es muy bien diseñado y amigable y su gran virtud es su bi-funcionalidad.  No es necesario estar saltando entre aplicaciones, todo está en uno.

Otra agenda muy buena es Tempo (www.tempo.ai) que no realiza recordatorios pero permite marcar reuniones y tareas. Marcando el nombre de la empresa,  persona y dirección del encuentro, a la hora establecida aparecerá en la pantalla del teléfono, las coordenadas de las personas, el mapa con la dirección dónde se realizará la actividad, posibilidades de mensajes para indicar que uno esta atrasado e inclusive se puede anexar el material electrónico (una presentación) que se necesitará para la reunión.
Si usted es un gerente, empresario, profesional más sofisticado, que necesita gestionar varios proyectos al mismo tiempo, las alternativas podrían ser: 2do (www.2doapp.com) y A-Note (www.bridworks.com/anote/eng/) , aplicativos que permiten seguir varios programas simultáneamente creando pestañas para cada una de ellos y donde se puede planificar las actividades.

En el día a día uno es bombardeado por información. ¿Dónde  almacenar ideas, listas de tareas, fotos, facturas, extractos de bancos, etc?  Uno de mis favoritos es Evernote (www.evernote.com).  Este aplicativo se conecta muy bien con la computadora personal.  Cuántas a veces, navegando en el internet uno se encuentra con una página web interesante que uno puede leer en ese instante,  con Evernote es más fácil archivarla para más adelante. Aplicativos parecidos son: Catch y Springpad (www.springpad.com) .  

Las personas cuando lidiamos con la burocracia somos un conjunto de fotocopias.  En todo trámite a uno le piden la copia de carnet de identidad u otro documento. Con los aplicativos TurboScan (https://itunes.apple.com/us/app/turboscan-quickly-scan-multipage/id342548956?mt=8) y ScanPages (http://www.ricohinnovations.com/scanpages-iphone) uno puede tener copias electrónicas de documentos importantes que no solamente se encuentran en la palma de la mano, sino que están almacenados en la nube del internet y es muy fácilmente acceder a ellos.

El intercambio de tarjetas personales es algo muy difundido en los medios profesionales y comerciales. Pero más allá del rito, casi siempre las tarjetas desaparecen. Para evitar este drama,  está Cardmunch (www.cardmunch.com/) que escanea la tarjeta, la almacena y la conecta con una base de datos mucho más grande de contactos que se llama Linkedln (www.linkedin.com/)  donde, si el propietario de la tarjeta está registrado, se encuentra mucha más información sobre él.   Además, las tarjetas que uno escanea pasan automáticamente a la agenda de contactos.

Uno de los problemas vinculados a todas estas innovaciones tecnológicas es que uno se ve abrumado por la cantidad de nombres de usuarios y passwords que tiene que recordar, a veces ya no alcanzan los nombres de los abuelos o de los hijos.  Para aprender a sobrevivir este concurso de memoria, existen varios aplicativos que almacenan claves. Uno que a mí me gusta se llama SecureSafe, (www.securesafe.com) pero hay varios otros. Eso sí, no coloco nunca mis cuentas bancarias.
Por deformación profesional, no puedo dejar de mencionar aplicativos académicos.  Yo manejo todas mis clases a través de dos plataformas el Moodle (https://moodle.org/)  y Edmodo (www.edmodo.com).  Estoy conectado con  mis alumnos las 24 horas del día y a través de éstas comparto videos, ejercicios, noticias, lecturas, preguntas. Como apoyo en mis clases uso iTunes U (www.apple.com/apps/itunes-u/)  y Ted (www.ted.com) , a través de estos aplicativos tienen acceso a las mejores charlas y clases del mundo en diversos temas. 

Finalmente, todo lo anterior se puede esfumar con un click mal hecho o un robo del celular, por lo que siempre se debe tener copias de respaldo. En el siglo pasado, alguien que se consideraba tecnológicamente sexy con orgullosamente se colgaba un pendrive en el pecho. Pero ya pasó de moda, ahora existen dispositivos de memoria en la nube del internet como ser el Dropbox (www.dropbox.com) , el Box (www.box.com)  y el Google Drive (www.google.com/drive/?authuser=0) , donde uno puede guardar toda su información personal gratis.


Todos los aplicativos que he comentado están diseñados para hacer nuestra vida más productiva y tener tiempo para no hacer nada. Los pueden bajar tanto por iPhone como por Android, es solo sólo coloca el nombre en el buscador. En la mi blog y Facebook, habrá una versión de este artículo con los enlaces respectivos a los aplicativos.

Tuesday, April 8, 2014

La sociedad de los socorros mutuos

Ciertos dirigentes de los mineros cooperativistas  han afirmado que si no obtienen lo que quieren con la ley minera que ellos elaboraron, podrían sacar al presidente Morales del poder, donde ellos mismos lo habrían puesto. El casamiento político por conveniencia entre los cooperativistas mineros y el Gobierno está en crisis.
Desde las esferas del Estado, ¡oh sorpresa!,  han descubierto que los otrora vanguardia revolucionaria  del proceso de cambio no son más que unos capitalistas depredadores; mientras los mineros de las cooperativas se han decepcionado del tipo de gestión pública que le había ofrecido el oro y el moro.
¿Éste es un hecho aislado o más bien revela el modus operandi de un Estado corporativista? ¿Un modelo de gobernabilidad clientelar en la gestión de rentas económicas o de un grupo social cuyo objetivo es capturar rentas y privilegios por encima del interés común? Intentemos responder a estas interrogantes.
A mediados de la década de los años 80, con la recuperación de la democracia, los partidos políticos eran los instrumentos de mediación entre los intereses de la sociedad y el Estado. Éstos, durante más de 20 años, a través de diferentes pactos políticos, consiguieron ciertos grados de gobernabilidad que permitieron equilibrios políticos y la implementación de un modelo de desarrollo económico, ahora conocido como neoliberal.
El desmoronamiento de este sistema comenzó cuando los partidos políticos tradicionales se alejaron de la sociedad y convirtieron al Estado en un espacio de arreglos espurios y clientelares, que sólo reflejaban intereses de ciertas élites políticas y económicas.
La ruptura entre la sociedad y los partidos políticos llevó a una crisis grave de gobernabilidad, que posteriormente se convirtió en una crisis estatal y económica. Las luchas intestinas entre caudillos, un modelo económico que no atendía las necesidades de la gente, un Estado que subastaba privilegios entre grupos económicos y un descrédito profundo de la clase política produjo la desaparición de este sistema.
A partir de 2006, la sociedad boliviana votó por una alternativa política que prometía un nuevo sistema de gobernabilidad y gestión del excedente económico. Los intereses de la sociedad se aglutinaron en movimientos sociales. La voz política se legitimaba a través de sindicatos, confederaciones, comités regionales, agremiaciones, juntas vecinales, entre otros. La mediación entre sociedad y Estado pasaba por estos grupos corporativos.
El poder político del MAS se sustentaba en un pacto entre diferentes corporaciones, conocidas como el Pacto de Unidad, que en un principio tenía una doble referencia aglutinadora: por un lado, en los grandes temas nacionales, como la nacionalización del sector de hidrocarburos o la elaboración de una nueva Constitución Política del Estado; y, por otro, en la garantía de rentas económicas bajo control del Estado. Piense en los cocaleros, que están liberados de pagar impuestos; en ciertos gremios de comerciantes que se benefician de un tipo de cambio real apreciado, o en los cooperativistas mineros, que prácticamente tomaron el control de la explotación minera.
En el discurso se buscaba la construcción de un nuevo bloque histórico que desmontaría el neocolonialismo y neoliberalismo, pero en la práctica se crearon clientelas políticas a cambio de privilegios económicos.
Con diferentes ritmos, los movimientos sociales colocaron en un segundo plano el horizonte de los intereses nacionales y comenzaron a buscar la materialización del pedacito del paraíso económico ofrecido por el proceso de cambio.
Pasó el momento de la poesía jurídica, comenzó el juego bilateral entre las corporaciones y el Estado. La lucha por las rentas se puso más dura en un contexto de hiperinflación de expectativas.
Se inició la disputa por los pedazos de la felicidad financiera instantánea que el Gobierno había prometido.  Se crearon las condiciones para el surgimiento del neopopulismo económico. El Estado, mediante leyes y políticas públicas, favorece a determinada cooperación según el calibre de su lealtad política: hoy por ti, mañana por mí. Tu voto de apoyo y, a cambio, mecanismos para la captura de rentas económicas.
El caso extremo de este modelo de gobernabilidad y gestión de recursos se da hoy con los poderosos cooperativistas, que elaboraron su propia ley minera para consolidar sus privilegios bajo el patrocinio y amparo del Gobierno, pero, aparentemente, se les fue la mano en el pedido.
El Estado, que debía velar por los intereses colectivos, se convierte en el espacio de la sociedad política de los socorros mutuos de grupos particulares: el paraíso del "toma daca”, de la lógica de dando privilegios es que se recibe apoyo.  Y cuando los discursos y las buenas maneras ya no son suficientes para defender los intereses, la disputa se traslada a las calles, a las dinamitas, a los bloqueos, las marchas, a la disputa por las rentas mineras a puño limpio.

En 11 años Bolivia recibió medio Plan Marshall

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