Monday, February 9, 2015

La desindustrialización precoz

El desarrollo económico contemporáneo es, sin duda, resultado de la industrialización, entendida ésta como el proceso que amplió de manera significativa la disponibilidad de productos para la sociedad de manera mecanizada.

La primera y segunda revolución industrial permitieron el crecimiento sostenido de la productividad en Inglaterra y los Estados Unidos y la división internacional del trabajo, entre naciones ricas y pobres.

Fue la industrialización de nuevo la que permitió que varias economías emergentes alcanzaran niveles de desarrollo de países prósperos. Este fenómeno se conoce como convergencia. Japón, Corea del Sur, Taiwán y China son algunos ejemplos en el Asia. En menor grado Brasil siguió el camino de la convergencia en el continente aunque con menores resultados.
La industrialización también dio forma al mundo moderno en términos, sociales, políticos y culturales. Fue responsable de la creación del capitalismo urbano con sus burgueses y proletarios.
En América Latina, en general, y en Bolivia, en particular, la industrialización fue y es una idea-fuerza central en el imaginario político, brinda un horizonte de esperanzas a muchas generaciones en el país.

En nuestro caso, desde los años 50 pensamos  la industrialización como la vía para salir de la pobreza y buscar niveles de desarrollo mayores. Aunque las definiciones son variadas - para unos industrialización es integración vertical, producir desde la vaca al calzado y para otros significa diversificación productiva, ampliar la gama de productos nacionales que ofrecemos – la esperanza asociada a este proceso es progreso. De hecho, como he mencionado varios países pobres salieron de esta condición generando algún tipo de industrialización.

En los últimos años ha surgido un interesante debate académico que desmitifica la panacea de la industrialización. Basados en hechos y marcos conceptuales se afirma que en la economía mundial actual se estaría más bien viviendo un proceso de desindustrialización.
A continuación, seguiré los trabajos de Dani Rodrik, Premature Deindustrialization. Amirapu y Subramanian, Manufacturing or Services? An Indian Illustration of a Development Dilemma. Y Dasgupta y Singh, Manufacturing, Services and Premature Deindustrialization in Developing Countries: A Kaldorian Analysis. Estos últimos acuñaron el término desindustrialización precoz, que toma prestada esta columna.

Antes que queme esta columna,  porque presenta un callejón sin salida para países como Bolivia, me adelanto a decirle que la idea no es fomentar el fatalismo, sino, más bien, es pensar que el futuro del desarrollo puede que no esté en imitar industrialización de viejo cuño como la inglesa, que pasó de fundición del hiero al automóvil,  y sí en saltar a la revolución de los servicios, que puede ser el camino a seguir por los países pobres.  

 Según Rodrik, la desindustrialización en los países desarrollados, como en Estados Unidos, desde los años 50 se mide por la menor generación de empleo del sector y por el estancamiento del valor agregado generado por la industria al producto.

La caída del empleo industrial se explica por los avances tecnológicos. La vieja idea de Marx que las maquinas  substituyen a los trabajadores. El menor valor generado por las manufacturas se explica por la invasión de productos asiáticos a los mercados de los países ricos.

Ahora bien, la desindustrialización precoz en las economías en vías de desarrollo es un fenómeno más complejo de explicar. Tiene que ver con la evolución del comercio internacional, que en las últimas décadas produjo un incremento mucho mayor de los precios de las materias primas que el valor de los productos manufacturados.

Así países ricos en recursos naturales han tenido incentivos muy fuertes para reprimarizar sus aparatos productivos y descuidar sus industrias de productos manufacturas, el caso emblemático es Brasil. A esto se suma, el ingreso de China a este mercado, con precios muy bajos de mercancías más elaboradas.

En este contexto, Rodrik sostiene que las economías subdesarrolladas han ingresado masivamente a los servicios sin haber pasado por la experiencia de la industrialización. El caso ejemplar es India, que tiene uno de los sectores más grandes de servicios de software del mundo. Guardando las distancias en el vecindario latinoamericano estaría Uruguay.

Por lo tanto, una pregunta central en la actualidad es saber si la industria de los servicios financieros, comerciales, turísticos, tecnológicos, ingenieriles, médicos, de transporte, de comunicación, de software y otros son una vía al desarrollo económico sostenible.

Bueno, los servicios de calidad son intensivos en capital humano y la mano de obra calificada es central. Ghani, Ejaz; O'Connell, Stephen. Can service be a growth escalator in low-income countries ? sostiene que las industrias de servicios pueden desempeñar el papel que correspondió en el pasado a la manufactura.

 Los servicios aportan cada vez más al Producto Interno Bruto (PIB) de los países en desarrollo y los empleos en los servicios urbanos se han ampliando significativamente. Pero frente a este optimismo, está el hecho de que los servicios en países pobres como Bolivia están en el sector informal, donde la productividad es muy baja.

2 comments:

Anonymous said...

Color hormiga. Nuestro capital humano es muy bajo. Podriamos tal vez crear call-centers, virtual service centers, pero a lo mucho unos decenas de miles de trabajos. No lo milliones q se necesita.

Anonymous said...
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