Monday, February 23, 2015

La revolución Gastronómica

Los bolivianos invaden los restaurantes, mi columna de hoy, propone como salvar el sector gastronómico de una burbuja de consumo.

Uno de los fenómenos más importantes de la última década en términos económicos es la explosión del consumo. La gente tiene una mayor capacidad de compra, hecho que ha activado la demanda interna. Con más de 20 años de retraso, en Bolivia han aparecido los malls, los súper e hipermercados, las farmacias de cadena e inclusive tiendas de departamentos.
En la economía informal, los mercados callejeros han proliferado en todas las ciudades. Este el efecto riqueza se originó en el aumento de las exportaciones, que en  2014 alcanzaron a 13 mil millones de dólares. A esto se ha adicionado el aumento de las rentas de las personas propiciadas por  los bonos del Gobierno, incrementos salariales y, en los últimos dos años, el pago del segundo aguinaldo.
En el periodo 2006 – 2013, el gasto en consumo final de los hogares bolivianos creció, en promedio, al 4,6%, ligeramente inferior al crecimiento promedio del producto, que en los mismo años creció al 5%.
Otro indicador de la burbuja de consumo es el crecimiento de las importaciones  al 6,1% en promedio, durante el periodo señalado. En  2014, el valor de las compras del exterior sobrepasaron los 12 mil millones de verdes. Por cada dólar que recibimos, gastamos 0,8 centavos en consumo de importaciones.
Tal vez el fenómeno que mejor retrata este periodo de bonanza prestada es el crecimiento de las ventas de los supermercados y de los restaurantes. Los datos son contundentes: en el año 2005 los supermercados vendían tan sólo 71 millones de dólares; en  2013 facturaron 444 millones de washintones.  Durante el periodo de gobierno de Morales, en términos acumulados vendieron la friolera de 2.160 millones de verdes. Quiere decir que el crecimiento fue de 525%.
Las cifras de las ventas de los restaurantes son más impresionantes, en  2005 estos recintos vendían 67 millones de dólares, ocho años después facturan 523 millones. Esto representa un crecimiento de 686%.
 Los bolivianos hemos invadido los restaurantes y estos están en auge comercial.  Es decir que los últimos años hemos vivido un presterio del consumo. Hasta aquí nadie nos puede quitar lo bailado.
La lectura oficialista de estos datos es que son uno más de los éxitos del modelo de desarrollo. Pero también pueden ser vistos como un claro síntoma de enfermedad holandesa, quiere decir que gracias al boom de los precios de las materias primas se ha creado una gran burbuja de consumo.  
Pero ahora que los precios de minerales, petróleo y gas natural están cuesta abajo en la rodada, ¿qué se puede esperar y hacer para mantener el auge? Bueno, el Gobierno ya anunció que va a sostener la demanda interna gastando reservas internacionales, si es necesario. Pero, para que esta gastadera de dinero no se a ciegas, habría que focalizar en políticas de desarrollo industrial y de servicios.
Concentrémonos en el tema de los supermercados y restaurantes, y aprovechemos la oportunidad de que en breve habrán elecciones de gobiernos regionales. Pues bien, se puede sustentar la demanda agregada impulsando un cluster gastronómico y de turismo Bolivia.
Cabe recordar que en la cadena de la industria gastronómica interviene  desde el productor de alimentos hasta los chefs. También, no hay que olvidar a las centenas de camioneros que transportan los alimentos a los mercados, supermercados o vendedores, además de  los cocineros y mozos que hacen llegar los platos a la mesa en los restaurantes.
A esta cadena productiva también está vinculada la industria de la madera, metal mecánica y los electrodomésticos, con productos como las mesas, sillas, cubiertos, todas las doras y cocinas. La industria de la cerámica y vidrio, con platos, vasos, floreros. La manufactura y confección con manteles y servilletas. Además todos los servicios de marketing, propaganda  y creatividad. La mayoría de estas industrias tienen un fuerte componente nacional, es una gran generadora de empleo.
Ahora la visión debería ser convertir a Bolivia en uno de los pilares mundiales del alimento sano y con raíces culturales. El objetivo: construir un cluster de turismo gastronómico a base de la comida andina, tomando como referencia la exitosa cadena productiva y de servicios del Perú. La estrategia: imitar, innovar, diferenciarse.
La oportunidad. En la actualidad el dinamismo de supermercados y restaurantes se sustenta en una burbuja de consumo. En una visión de largo plazo, el crecimiento del sector gastronómico debe basarse en una economía creativa impulsada por políticas públicas originadas en municipios y gobiernos departamentales. Para que los supermercados y restaurantes sigan vendiendo mucho, además de sustentar la demanda, se debe sofisticar los clusters de la gastronomía y el turismo.

Sunday, February 15, 2015

El pacto fiscal enmanillado

RAÍCES Y ANTENAS 

El Pacto Fiscal enmanillado

Gonzalo Chávez A. 

El Pacto Fiscal enmanillado
Después de mucho tiempo de espera se han iniciado las primeras reuniones del Pacto Fiscal. Este novedoso instrumento de concertación de políticas públicas está frente a un dilema: o se convierte en un espacio de debate y acción de un modelo de desarrollo local más deliberativo y democrático, o es una reunión de militantes y burocracias afines al Gobierno que lo único que harán es bendecir y legitimar el modelo extractivista y rentista en vigencia. Eso sí, en presencia de algunos invitados de piedra.
De hecho, el Vicepresidente ya ha rayado de la cancha en esta dirección "El pacto fiscal es un elemento necesario, pero tiene que coadyuvar, mantener, sostener y mejorar el modelo desarrollo plurinacional exitoso, (la discusión) tiene que enmarcarse en el plan de gobierno con una fuerte presencia del Estado redistributivo y tiene que garantizar la agenda 2025, es decir es una agenda productiva”.
En otras palabras: el diálogo del Pacto Fiscal está encarcelado en los lineamientos del modelo económico oficialista, y si encima de esto se afirma, desde la  cumbre del poder, que no se modificará la forma de reparto de los recursos, estamos frente a más un show político gubernamental que debería llamarse: el pacto rentista del oficialismo.
Una vez más se perderá la oportunidad de repensar el país de manera creativa con los actores del desarrollo nacional y local. El Pacto Fiscal puede ser un espacio multi-actor para proponer una agenda de políticas y acciones públicas novedosas que superen el padrón económico extractivista y el modelo político populista y rentista vigente en la actualidad.
Gente más pragmática afirma que el Pacto Fiscal es una actividad partidaria para ratificar el fin de la historia. No hay nada más que pensar y proponer. El nuevo evangelio está en la agenda 2025. Amén y puño en alto. Pero no pierdo la esperanza y afirmo: Sí hay vida detrás y después del nacional desarrollismo basado en los recursos naturales, se llama desarrollo local tecnológico y productivo, que tampoco es nuevo, pero tiene como protagonista a la gente y no a las burocracias de turno.
El desarrollo local no es excluyente de una propuesta nacional. Más bien, la enriquece, la modifica, la acerca a los actores principales, fortalece al Estado, le da dinamismo y, sobre todo, potencia los motores del desarrollo nacional. Proporciona al Gobierno la oportunidad de convertirse en un conductor armónico de la orquesta del bienestar general y no en un mero repartidor de recursos.  Agranda al Estado local y nacional, pero achica a los políticos populistas.
Visto de esta manera, el desarrollo económico es un proceso de autodescubrimiento por parte de los actores locales de la situación de su territorio. Aquí están las necesidades, pero también las ideas de desarrollo de quien está cerca de la jugada y no en una fortaleza de la plaza Murillo.
Es una especie de laboratorio de investigación donde todos los días se hacen pruebas de ensayo y error para resolver problemas, como la pobreza, la exclusión, la productividad y la competitividad. El éxito de esas tentativas depende de las políticas públicas concertadas en un pacto fiscal y del aprovechamiento productivo del capital social de la localidad.
Los sindicatos, las juntas vecinales, las organizaciones territoriales, los clubes de madres, las organizaciones no gubernamentales, los comités cívicos, las asociaciones de productores, los comerciantes y gremiales construyen las redes sociales a nivel local. Esas agrupaciones sociales tienen una enorme energía productiva y política. A esa energía llamamos capital social, una red que agrupa a ciudadanos que comparten normas, valores, conocimientos y acción colectiva.
El capital social es el cemento de cualquier política de desarrollo local y es la base para un Pacto Fiscal, entendido éste como un gran mecanismo de concertación entre actores públicos y privados. En el caso boliviano, juntar tan sólo a alcaldes y gobernadores es un despropósito, más aún si éstos dejarán el poder en unos meses. Los guardianes del desarrollo local son, sobre todo, aunque no exclusivamente, las agrupaciones sociales independientes.  
La producción de riqueza de un país depende de: el capital físico, que incluye las máquinas, equipos, edificios, tierra; del capital natural, que incluye a los minerales, el gas natural y el capital humano. El capital social es clave para el desarrollo tecnológico y económico especialmente local.
La importancia del capital social se hace evidente cuando se verifica que la confianza, la voluntad y las capacidades de cooperar tienen impactos sobre el espíritu emprendedor, la productividad de una economía y la eficiencia y eficacia de las políticas públicas.
El capital social muere cuando es cooptado y manipulado por el Gobierno de turno con prebendas, transferencias de rentas y otras dádivas políticas o financieras. Cuando el capital social se subordina a la lógica poder desarrolla su vocación rentista.
El desafío es crear un capital social que favorezca lo productivo y que no se emplee exclusivamente para defenderse del Estado o para defender intereses corporativos o para beneficiarse de los recursos del Estado. El capital social no debe estar hiper partidizado, como en la actualidad; es decir, organizado en corporaciones que junto a sus gobiernos locales sólo buscan intereses particulares y rentas del Estado.   Espero estar equivocado, pero todo indica que el Pacto Fiscal va camino a crear una sociedad de socorros mutuos: yo te doy votos y vos me das plata. Se vislumbra un pacto rentista enmanillado por la agenda de desarrollo del Gobierno. 

Monday, February 9, 2015

La desindustrialización precoz

El desarrollo económico contemporáneo es, sin duda, resultado de la industrialización, entendida ésta como el proceso que amplió de manera significativa la disponibilidad de productos para la sociedad de manera mecanizada.

La primera y segunda revolución industrial permitieron el crecimiento sostenido de la productividad en Inglaterra y los Estados Unidos y la división internacional del trabajo, entre naciones ricas y pobres.

Fue la industrialización de nuevo la que permitió que varias economías emergentes alcanzaran niveles de desarrollo de países prósperos. Este fenómeno se conoce como convergencia. Japón, Corea del Sur, Taiwán y China son algunos ejemplos en el Asia. En menor grado Brasil siguió el camino de la convergencia en el continente aunque con menores resultados.
La industrialización también dio forma al mundo moderno en términos, sociales, políticos y culturales. Fue responsable de la creación del capitalismo urbano con sus burgueses y proletarios.
En América Latina, en general, y en Bolivia, en particular, la industrialización fue y es una idea-fuerza central en el imaginario político, brinda un horizonte de esperanzas a muchas generaciones en el país.

En nuestro caso, desde los años 50 pensamos  la industrialización como la vía para salir de la pobreza y buscar niveles de desarrollo mayores. Aunque las definiciones son variadas - para unos industrialización es integración vertical, producir desde la vaca al calzado y para otros significa diversificación productiva, ampliar la gama de productos nacionales que ofrecemos – la esperanza asociada a este proceso es progreso. De hecho, como he mencionado varios países pobres salieron de esta condición generando algún tipo de industrialización.

En los últimos años ha surgido un interesante debate académico que desmitifica la panacea de la industrialización. Basados en hechos y marcos conceptuales se afirma que en la economía mundial actual se estaría más bien viviendo un proceso de desindustrialización.
A continuación, seguiré los trabajos de Dani Rodrik, Premature Deindustrialization. Amirapu y Subramanian, Manufacturing or Services? An Indian Illustration of a Development Dilemma. Y Dasgupta y Singh, Manufacturing, Services and Premature Deindustrialization in Developing Countries: A Kaldorian Analysis. Estos últimos acuñaron el término desindustrialización precoz, que toma prestada esta columna.

Antes que queme esta columna,  porque presenta un callejón sin salida para países como Bolivia, me adelanto a decirle que la idea no es fomentar el fatalismo, sino, más bien, es pensar que el futuro del desarrollo puede que no esté en imitar industrialización de viejo cuño como la inglesa, que pasó de fundición del hiero al automóvil,  y sí en saltar a la revolución de los servicios, que puede ser el camino a seguir por los países pobres.  

 Según Rodrik, la desindustrialización en los países desarrollados, como en Estados Unidos, desde los años 50 se mide por la menor generación de empleo del sector y por el estancamiento del valor agregado generado por la industria al producto.

La caída del empleo industrial se explica por los avances tecnológicos. La vieja idea de Marx que las maquinas  substituyen a los trabajadores. El menor valor generado por las manufacturas se explica por la invasión de productos asiáticos a los mercados de los países ricos.

Ahora bien, la desindustrialización precoz en las economías en vías de desarrollo es un fenómeno más complejo de explicar. Tiene que ver con la evolución del comercio internacional, que en las últimas décadas produjo un incremento mucho mayor de los precios de las materias primas que el valor de los productos manufacturados.

Así países ricos en recursos naturales han tenido incentivos muy fuertes para reprimarizar sus aparatos productivos y descuidar sus industrias de productos manufacturas, el caso emblemático es Brasil. A esto se suma, el ingreso de China a este mercado, con precios muy bajos de mercancías más elaboradas.

En este contexto, Rodrik sostiene que las economías subdesarrolladas han ingresado masivamente a los servicios sin haber pasado por la experiencia de la industrialización. El caso ejemplar es India, que tiene uno de los sectores más grandes de servicios de software del mundo. Guardando las distancias en el vecindario latinoamericano estaría Uruguay.

Por lo tanto, una pregunta central en la actualidad es saber si la industria de los servicios financieros, comerciales, turísticos, tecnológicos, ingenieriles, médicos, de transporte, de comunicación, de software y otros son una vía al desarrollo económico sostenible.

Bueno, los servicios de calidad son intensivos en capital humano y la mano de obra calificada es central. Ghani, Ejaz; O'Connell, Stephen. Can service be a growth escalator in low-income countries ? sostiene que las industrias de servicios pueden desempeñar el papel que correspondió en el pasado a la manufactura.

 Los servicios aportan cada vez más al Producto Interno Bruto (PIB) de los países en desarrollo y los empleos en los servicios urbanos se han ampliando significativamente. Pero frente a este optimismo, está el hecho de que los servicios en países pobres como Bolivia están en el sector informal, donde la productividad es muy baja.

Monday, February 2, 2015

Ves yo te he dicho, jovena revolucionario

Ves ¡Yo te he dicho, jovena revolucionario!
Frente al shock negativo de ingresos que afecta a la economía, resultado debido a la rebaja de los precios internacionales de las principales materias primas que Bolivia exporta, el Gobierno ha pasado por dos etapas.
Primero fue la fase de la negación: la crisis internacional no nos afectaría, estamos blindados y, además, la reducción de los precios será coyuntural. Pero ante el persistente declive del contexto internacional, se inició la segunda fase: ahora se reconoce que enfrentaremos una reducción de rentas internacionales, pero se afirma que la economía está preparada para enfrentar el invierno de ingresos, más aún se sostiene que este año el crecimiento del producto llegará a casi el 6%. 
Se enfrentará el periodo de vacas flacas sobre todo, aunque no exclusivamente, con el uso de las reservas internacionales del Banco Central de Bolivia que están en torno de 15.000 millones de dólares.   
De hecho, desde el balcón del poder, se sostiene que ya hace varios años el motor de la demanda interna está prendido y que el flujo de exportaciones no sería determinante para el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB). 
Razonamiento parcialmente correcto porque no se reconoce que impulsores de la demanda interna, como la inversión y el gasto públicos, funcionan con gasolina externa, sobre todo los ingresos impositivos que provienen de la venta del gas natural. Ahora bien, frente a la caída de estos recursos gastaríamos las grasitas acumuladas durante el verano de precios fabulosos de materias primas. 
Los dos principales canales de impacto de la caída de los precios sobre la economía boliviana son la balanza comercial y los ingresos del Gobierno. 
Precios más bajos de los minerales, la soya o del gas natural significa un menor valor de las exportaciones. De hecho, entre  2013 y 2014, según el Instituto Nacional de Estadística  (INE), todas las ventas de minerales se han reducido, excepto del zinc,  que creció en un 29%. La caída más fuerte la registró el estaño con 44,51%. 
El total de las exportaciones del sector agrícola ha caído en un 15,52% en el mismo periodo. En el caso del gas natural, la reducción de precios se producirá en  2015. En efecto, la programación de precios del presupuesto, bajo el supuesto que el petróleo tendrá un valor promedio de 80 dólares el barril, reconoce que el precio del gas pasará de 10,02 a 9,27 (dólares/MMBTU) hasta final del año para el caso de la exportación a la Argentina; es decir, una contracción de 7,48%. 
En el caso de  Brasil, el precio pasaría de 8,50 a 8,01 en el último trimestre de 2015. O sea, una reducción de 5,76%. Significa que en promedio, el presupuesto 2015 reconoce una contracción en las exportaciones de gas natural de en torno de 400 millones de dólares, si es que el precio promedio del barril petróleo se mantiene en 80 dólares.
En caso de que el promedio del crudo llegue a 60 dólares, hechas las extrapolaciones respectivas, el valor de las ventas de gas natural podría ser superior a mil  millones de dólares, aproximadamente.
También los rentas del Gobierno se reducirían. A un precio promedio del barril de petróleo de 60 dólares, los ingresos podrían caer en torno de 1.300 millones de dólares o un 4,1% del PIB. 
Adicionalmente, a la reducción del precio del crudo otro fenómeno complejo que se registra en los mercados internacionales es la apreciación del dólar americano frente a otras monedas como el Euro (un dólar = 0,88), lo que también resta competitividad a nuestras exportaciones, porque los países o empresas que nos compran productos deben adquirir un dólar más caro para pagarnos.  
Frente al choque de ingresos negativos en andamiento, ¿qué se puede hacer? 
La recomendación estándar en estos casos es mantener la demanda interna activa, cosa que el Gobierno se propone hacer con los 6.000 millones de dólares de inversión pública y el mantenimiento de los gastos públicos. 
Para ello, en caso necesario, usaría las reservas internacionales, soportaría un déficit público del 3,6% del producto, aunque este valor puede ser mayor si el precio del petróleo continúa en descenso. Así mismo, está la opción del endeudamiento externo. 
Trabajar por el lado de los ingresos también es una opción. Hay sectores, como los cocaleros, gremiales grandes y otros, que pueden tributar. Aquí el riesgo es que el Gobierno suba impuestos a los de siempre, los grandes contribuyentes.
Si la virgen del puño, a la cual evocan con frecuencia en los actos públicos levantando coquetamente el brazo, los ilumina podrían eliminar muchos gastos, dejarse de lujitos y cortar propaganda. Esperemos que desde la cúspide del poder la lengua no sea más rápida del cerebro y no piensen ni hablen de gasolinazos.       
Probablemente, el error más grave de manejo de política económica cometido en el decenio del proceso de cambio fue haber mantenido el tipo de cambio nominal fijo por más de seis años.
Entiendo que la idea era fomentar un gigantesco sector comercial legal e ilegal, de donde salió buena parte de la clase media, pero ahora puede que se necesite realizar ajustes cambiarios, así se reconoce en el presupuesto 2105; sin embargo, cuidado que las expectativas de los agentes económicos se desalineen. Ya tengo varias tías rentistas preguntándome si no será mejor volver a ahorrar en dolarachos. 
Por supuesto que para compensar la caída de ventas externas sería bueno mejorar la productividad, pero esta palabra está banida del manual del buen revolucionario y ni hablar de lo que tanto se ha machacado en esta columna: la diversificación productiva, que se pudo haber implementado en el periodo de bonanza.  Ahora es tarde para cambios estructurales, sólo resta evocar la frase que más divorcios produce: Ves ¡Yo te he dicho! 

Gonzalo Chávez A.  es economista.

TIPNIS y DESARROLLO

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