Monday, April 4, 2016

Gabriel René Moreno versus Benjamin Franklin

Cual de las dos monedas escoger? ese es el dilema que les planteó hoy domingo

Gabriel René Moreno versus Benjamin Franklin

Hay indicadores económicos que se graban con sangre en la memoria colectiva de las sociedades. Este es el caso del tipo de cambio. En los años 80, cuando se produjo la hiperinflación de 11.000%, saber el valor del dólar era cuestión de vida o muerte para los bolsillos de los simples mortales y las empresas. Recuerdo que en este periodo, antes de entrar a una discoteca, se tenía que conocer el valor del tipo de cambio para ver cuán corta o larga sería la pendenciera noche. Pues  bien, ha transcurrido el tiempo y esta variable se estabilizó.

Después del año 1985 se creó el Bolsín en el Banco Central, que permitía una leve fluctuación del precio del dólar. A partir de  2009 se volvió al sistema de tipo de cambio fijo. Desde la fecha no se ha modificado el valor del dólar en bolivianos, 6,93 para la venta y 6,96 para la compra.

A partir de  2014, el sector externo boliviano se deterioró. Las exportaciones han caído en más de 4.000 millones de dólares y este año vamos por el mismo camino. La inversión extranjera directa también se ha contraído en 700 millones de dólares y las remesas internacionales se mantuvieron estables. Quiere decir que la oferta de dólares bajó, hecho que ha despertado susceptibilidades legítimas sobre la futura trayectoria del tipo de cambio entre los agentes económicos.

Nuevamente ha surgido la disyuntiva de ahorrar o hacer negocios confiando en los relucientes 100 bolivianos garantizados por la insigne figura de Gabriel René Moreno o volver al viejo Benjamin  Franklin que custodia, con su media melena, los verdes de 100.        

El Gobierno ha jurado de pies juntos que no habrá modificaciones en esta variable. ¿Cuáles son sus principales argumentos? En primer lugar, sostiene que el Banco Central tiene las reservas internacionales más altas de América Latina. Hay un exceso de dólares por lo que no tiene sentido una devaluación. Entretanto, cabe recordar que, a partir de 2015, estas reservas han bajado en 2.000 millones de dólares. En lo que va de  2016 también se registró una caída importante.  Se usan estos recursos para atenuar el choque negativo de ingresos originado en la caída de los precios de las materias primas. Las reservas internacionales  podrían aguantar un par de años a lo mucho.

En segundo lugar, el Gobierno cree que modificar el tipo de cambio dispararía la inflación, dado el elevado componente de importaciones que tiene nuestra producción nacional y, por supuesto, el encarecimiento de los productos importados. El razonamiento es correcto, pero revela que la baja inflación de los últimos años se explica por el elevado grado de apertura de la economía boliviana.  Hemos importado inflación baja de Perú, Chile y últimamente de Brasil. Por supuesto, esto tuvo un costo elevado, una invasión de productos extranjeros que han estrangulado la industrial nacional.

Tercero, una devaluación -según el Gobierno- no incrementaría las exportaciones, especialmente las tradicionales. En el corto la oferta es rígida. Devaluar el boliviano no haría que vendamos más gas natural -el volumen de este energético está fijo por contrato- y  no incrementaría la cantidad exportada de minerales;  somos un país muy pequeñito en el mercado mundial.

Sin embargo, las exportaciones no tradicionales, como manufacturas y otros productos industrializados, sí podrían ser beneficiadas por una devaluación, pero sus ventas son reducidas (20% del total) y representan a cuatro gatos. En cambio, el sector comercial importador, legal e ilegal,  emplea  cerca de 2,5 millones de personas.

Cabe recordar que el tipo de cambio nominal fijo y el real apreciado ayudó, significativamente, a que las importaciones hubiesen pasado de algo como 3.000 millones de verdes, en 2005, a más de 12.000  millones de dólares, en 2015. Asimismo, a los productores nacionales, una devaluación protegería sus mercados locales, pero ambos sectores no tienen peso político y sus requerimientos son disfuncionales al socialismo extractivista y comercial.

Este es un cuarto argumento de economía política;  si la política está sobre la economía no es recomendable devaluar para no pelearse con las mayorías que han hecho suyo el concepto de que la informalidad, especialmente en el comercio, es la fase superior del capitalismo. Los leninistas de plantón han abrazado con fuerza el modelo consumista.

Quinto, mucha gente, mal pensada, sostiene que el tipo de cambio también se puede mantener estable porque, por la ventanilla siniestra, habrían aumentado los dólares de origen innombrable, especialmente en los últimos años. Esta es una hipótesis plausible y parcial pero  difícil de probar.

Para un análisis más preciso de esta variable es importante introducir el concepto de tipo de cambio real;  éste nos mide el grado de competitividad de la  economía respecto a otros países.

Según el Staff Report del FMI, el tipo de cambio real está apreciado en un 40% desde 2010, la pérdida de competitividad es más fuerte con Argentina y Brasil. Este problema coloca desafíos complejos de ajuste de esta variable en el mediano plazo.

Bueno, volvamos al dilema Moreno versus Franklin.  En corto plazo es muy poco probable que se produzca una devaluación, así que los que apuestan a bolivianos deberían estar tranquilos; pero en una aproximación de largo plazo, un modelo de desarrollo productivo  no puede abrir mano de la política cambiaria como instrumento de la política industrial porque es fundamental para generar el crecimiento económico y la diversificación productiva.

Por ejemplo, desde los años 90, tanto China como  India han recibido un enorme impulso de sus monedas subvaluadas. Investigaciones internacionales indican que cada 10 puntos porcentuales de subvaluación agregan 0,3 puntos de crecimiento. Por supuesto, esta argumentación está a contrapelo de los tiempos actuales, cuando se consolida la vieja vocación de vivir de los recursos naturales e importar todo lo demás, para lo cual el tipo de cambio debe estar fijo y apreciado.

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