Monday, August 15, 2016

Los Pokemons rentistas

En mi artículo de hoy encontrará varios Pokemones muy difíciles de atrapar, no pierda la oportunidad de atraparlos

El informe a la nación del Presidente del último 6 de agosto fue otra vez una seguidilla de datos. Nuevamente hizo uso de las técnicas de propagandas de dietas. Antes del glorioso proceso de cambio, un obeso Drowzee neoliberal chupa sangre. Después, un atlético Growlithe neorrevolucionario. Torturando a las estadísticas, sin medida ni clemencia, se compararon promedios de 20 años con medias aritméticas de 10 años. El único objetivo de la cocina estadística era destacar la superioridad de los resultados del decenio de oro y, por supuesto, hundir, en la noche más negra, las mediocres emanaciones del pasado neoliberal.

Pero, debemos reconocer que este informe tuvo tres características diferentes, que con su venia me permito analizar.

Primero, se ha dejado parcialmente el narcisismo macroeconómico. Quiere decir   que se  salió de frente del espejo y se reconoció que varios indicadores importantes de la economía están con tendencia a la baja. En efecto, se reconoció la desaceleración parcial del PIB  que, para mayo del año que transcurre, estaría tan sólo en 4,3%, hecho que colocaría en duda el pago del segundo aguinaldo. Así que ¡ojito! Eso significa que si usted estaba comprando una joya para su suegra a crédito es mejor desistir del galanteo. Es probable que no pueda pagar y no es bueno decepcionar a la segunda madre.

Respecto al segundo aguinaldo, cabe mencionar que el Gobierno enfrenta un dilema que debe corroerle las venas. Por una parte, el sueldo número 14 es una buena manera, no la única, de impulsar la demanda doméstica, midiéndole platita al mercado interno. Aquí Lord Keynes es más efectivo que Lenin, que ofrece soviets y electrificación, con proyectos de largo plazo, como son El Bala y El Chepete. Pero por otra parte, como comenzó la hambruna fiscal y las empresas privadas están al borde del ataque de nervios, imponer el segundo aguinaldo sería complicar mucho más las cosas.

Por el lado público, continuar financiando gastos corrientes con pérdida de reservas internacionales o endeudamiento, además de ser una estrategia sólo de corto plazo es molestar, con un palo corto, al león que habita en las expectativas de los agentes económicos. Por el lado privado,  la situación es también difícil. Algunas empresas, especialmente aquellas que trabajan en sectores productivos, mal pudieron cumplir con el segundo aguinaldo del año pasado y, por supuesto, no quieren saber de otro aumento de costos laborales. Incluso las actividades de servicios, comercio y construcción, que antes tenían espaldas financieras para pagar el segundo aguinaldo, ven las cosas color de hormiga. Pero la verdad de la milanesa es que sólo Marx sabe si se paga o no este beneficio.

La ensalada de datos también incluyó un aumento a 4,4% en la tasa de desempleo, la reducción de la producción de gas natural, la pérdida de reservas, el elevado déficit público, entre otros.

Segundo, desde el árbol del poder se inició un rocambolesco cambio de discurso. Se comienza a criticar el rentismo de la sociedad o de los gobiernos subnacionales sin ponerse ni siquiera rojitos. Ahora que las vacas comienzan a enflaquecer, se busca promover un pacto productivo antes que un  acuerdo fiscal.  Caramba, pero durante 10 años el rentismo fue modus operandi del modelo político y económico. Se usaron  y promovieron grupos corporativos, coquetamente rebautizados como movimientos sociales,  y se distribuyeron recursos, privilegios y ordenamientos legales que permitieron la captura de diferentes tipos de rentas. Por supuesto, a cambio se exigió lealtad política.

Las rentas coyunturales del gas natural, de los minerales o del comercio han servido para generar una sensación de mayor riqueza vía aumento del consumo, pero también han ayudado a cooptar parte de la sociedad y a corporativizarla. Fue la gran fiesta del rentismo y del populismo económico.  En efecto, las rentas de gas natural se destinaron a los bonos, la creación de empleo estatal y una inversión pública conducida por el capricho político antes que por una visión de largo plazo.

Las rentas mineras fueron distribuidas entre las nuevas élites cooperativistas bajo el patrocinio de una legislación laxa. La apertura comercial -que creó una enorme renta de importaciones, mediante un tipo de cambio real apreciado- benefició especialmente a una nueva burguesía comerciante, el grueso de ella en el sector informal.

Fue la gran fiesta del "nacional-consumismo”, donde la búsqueda de rentas superlativa se comió al espíritu
emprendedor; donde, bajo el patrocinio de los anabólicos de los precios de materias primas y políticas distribucionistas se confundió: hinchazón de consumo, hipertrofia del sector informal,  espejismo de los servicios con musculatura productiva diversificada. Cría Pokemones y te sacarán el alma virtual, dice un viejo dictado, pero ahora, desde el poder se reniega de las criaturas políticas creadas. ¿Quién le pone el cascabel a los picachus cooperativistas?

Tercero, el nuevo discurso oficial denuncia el extractivismo. Desde la cúspide del poder se cuestiona: ¿cómo es posible que dependamos de la exportación de un solo producto? Deberíamos diversificar la producción. Después de 10 años  se descubre que el modelo que se impulsó y promovió como nuevo paradigma, era el viejo modelo primario exportador con ciertos maquillajes industrialistas.

 Bueno, debo reconocer que los cambios no son malos, se reconoce que la economía no estaba blindada, que el rentismo es malo y que se debe diversificar la producción. Nada mal, aunque sea con 10 años de retraso.

Gonzalo Chávez A. es economista.

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