Monday, February 29, 2016

El Post Evoeconomics

El resultado del referendo del 21 febrero (R21F) dio la victoria al No con el 51,3%. Es la primera derrota en 10 años de un presidente acostumbrado a ganar con votaciones significativas. Evo Morales no podrá presentarse a una cuarta reelección, como era su deseo, y terminará su tercer mandato en 2019. Con su venia dominical, permítanme un análisis a base de dos preguntas: una se detiene en la coyuntura y la otra mira delante.

 La primera pregunta para el análisis es: ¿por qué el presidente Morales  buscó su reelección de manera tan anticipada? Por un conjunto de razones que se alimentan unas a otras. Primero,  el proyecto político del MAS se sustenta significativamente en su figura.  En la lectura oficialista, la sostenibilidad de largo plazo de las reformas económicas, sociales y políticas en curso requieren de su fuerte liderazgo, por lo que era imprescindible tenerlo, a la brevedad posible, como candidato habilitado.
 Segundo, había la percepción de que la consulta tendría un mejor resultado si se la hacía cuando aún persiste el boom económico en el país. Buena parte de la legitimidad del Gobierno se sustenta en los buenos indicadores macroeconómicos y sociales de los últimos años.

 Al parecer, había el miedo de que si en los próximos meses o años se desencadena una crisis económica, se perdería uno  de los activos más importantes para ganar el  referendo sobre la reelección. De hecho, toda la campaña del Gobierno estuvo basada en que el Presidente era: i) la única garantía de la estabilidad social, política y económica; ii) el inmejorable conductor del crecimiento económico sostenido;  iii) el único capaz de implementara la Agenda Patriótica hasta el año 2025.
  La no aprobación de la reelección era la vuelta al caos o, más complicado aún, al periodo neoliberal. De alguna manera, el referendo se convirtió en un plebiscito entre la vuelta al pasado y la ampliación del futuro. La fuerza de esta estrategia estuvo retratada en el uso de metáforas astronómicas para resaltar la opción por la continuidad. El sol y la luna se ocultarían si no se elegía al caudillo.

 La segunda pregunta que mira al futuro es: ¿cuáles podrían ser los posibles impactos económicos de la victoria del No?  Permítanme manejar tres escenarios: uno optimista, otro pesimista y, finalmente, otro deseable.

 Primero, la situación económica no es impactada por los resultados del R21F. En este caso, continúa un deterioro lento de algunos indicadores macroeconómicos, como el incremento del déficit fiscal, los desajustes en la balanza comercial, el aumento del atraso cambiario, la pérdida de reservas internacionales y otros.

 Frente a la aguda caída de las exportaciones, el Gobierno continúa con su política fiscal expansiva, apostando a mantener la burbuja de consumo a toda costa. Las personas y las empresas no leen negativamente los resultados electorales. La administración Morales mantiene su reputación en materia de manejo de política económica.
 Un segundo escenario económico, algo más fatalista, podría presentarse si se desencadena una crisis política posterior al R21F. ¿Cuáles serían las causas de esta crisis?: i) se crea un clima de incertidumbre entre los agentes económicos respecto al futuro inmediato; ii) la política económica pierde credibilidad; iii) las disputas internas en el Gobierno por la sucesión son muy duras y paralizan parcialmente la gestión;  iv) las investigaciones en los temas de corrupción se profundizan y arrojan resultados negativos para el Gobierno. Más aún, se descubren más casos de corrupción, lo que alimenta la falta de credibilidad del Gobierno. La crisis política alimenta y profundiza la crisis económica.
 Una tercera situación, y por la  cual yo me inclino, es que el Gobierno realiza una lectura profunda del mensaje del R21F, abandona la autocontemplación en el espejo macroeconómico y comienza a repensar seriamente, con la sociedad organizada, el modelo desarrollo. Es decir, abandona el modelo nacional extractivista y consumista, y crea espacios de concertación y diálogo con todos actores de la sociedad para buscar mecanismos y políticas.
 Primero para enfrentar la crisis externa y, segundo, para replantear el modelo de desarrollo en las siguientes bases: recuperación de la institucionalidad económica, nombrando por la Asamblea Plurinacional y por consenso al presidente del Banco Central de Bolivia, YPFB, ABC y al Contralor del Estado, para mencionar los más importantes. Macroeconomía socialmente responsable y focalizada en la diversificación productiva. En concreto, racionalizar los gastos públicos y direccionar la inversión pública a cadenas productivas previamente seleccionadas en cada departamento (una por región). Por ejemplo, Cochabamba polo tecnológico, Potosí y Oruro quinua, Santa Cruz diversos granos.

 Otro criterio podría ser industrialización no de los recursos naturales, sino para los recursos naturales. Por ejemplo, servicios de ingeniera  y software para minería. La diversificación productiva pasa necesariamente por el impulso del desarrollo local y deliberativo, obviamente esto se conecta con las cadenas productivas. Más aún regiones como Oruro, Sucre o La Paz debían apostar por el impulso de las economías creativas vinculadas al turismo, la gastronomía, la cultura, la historia y las microfinanzas.

 Durante la campaña electoral del oficialismo hubo una tentativa de congelar el futuro con la idea de que sólo hay una propuesta y dos personas para implementarla. Una especie de fin de la historia. Felizmente la mayoría de las personas rechazó este proyecto. Especialmente muchos jóvenes, en especial en el ciberespacio, donde se mostraron "invencibles en la esperanza”.
 Por esto apuesto a este escenario más optimista y espero que los dueños del poder acompañen a más de la mitad de la población que espera que las causas justas -que están en la agenda (como más inclusión social y desarrollo)- sean defendidas con todas la ideas e instrumentos que siempre surgen y surgirán de una sociedad democrática.

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