Monday, October 17, 2016

Hasta su matrimonio depende de un economista

¿Está hasta el copete con el tema del segundo aguinaldo? Este domingo le ofrezco un oasis académico para librarlo de la dictadura del corto plazo. En la semana que termina la Academia sueca otorgó el premio Nobel de Economía a Oliver Hart (Harvard) y Bengt Holmström (MIT). Ambos desarrollaron la Teoría Económica de Contratos, que es muy cercana a la realidad de las empresas y las personas.

 ¿Alguna vez se ha imaginado la cantidad de contratos que hacen parte de su vida? En algunos casos le hacen más fácil el cotidiano; pero, en otros, convierten su día a día en un valle de lágrimas. El rosario de contratos es enorme: contratos de alquiler, de anticrético, de compra y venta de bienes y servicios, de trabajo, de seguros, de compra de servicios educativos, de créditos, de servicios telefónicos, de servicios de internet, de luz y agua. Hasta su feliz matrimonio, por lo civil, depende de un contrato. 

 Para los profesores galardonados, los contratos son mecanismos para regular las acciones futuras en diferentes tipos de mercado, que pueden ser de competencia perfecta o que pueden tener muchas fallas en su funcionamiento.  Hart y Holmström estaban particularmente interesados en estudiar las fallas de mercado que se originan en los problemas de asimetría del información y desigualdad en la acción y en proponer incentivos y restricciones contractuales para bajar riesgos y costos. Traduzcamos el galimatías económico. 

 Supongamos que hoy día usted va  a hacer una parrilladita para los amigos y decide ir a comprar una mortal punta de s. Irá a un mercado donde encontrará varios carniceros, pero usted ya tiene su preferido, y conoce exactamente el tipo de corte y la calidad de la carne que va a comprar, tiene la información casi perfecta sobre el producto. De igual manera, el carnicero conoce sus gustos y  cortará la carnecita a su gusto. En este caso, estamos frente a un mercado de competencia perfecta, donde el acto de la compra y venta es muy sencillo, no hay costos de transacción ni riesgos muy elevados. En este tipo de mercados no se necesitan contratos. 

 Pero veamos una transacción más compleja. Supongamos que usted está queriendo comprar un departamento, igual se trata de una transacción comercial, pero estamos frente a un mercado donde existen asimetrías de información entre el vendedor y el comprador, y elevados costos de transacción. Para comprar un departamento, generalmente, se contrata a un agente inmobiliario, quien le mostrará decenas de opciones a lo largo de varias semanas y cobrará por ello. Aquí se presenta la primera falla de mercado asociada a desigualdades de información. Usted nunca sabrá si antes de su elección vio los mejores o más baratos departamentos. Así mismo, antes de tomar la decisión final, enfrentará otro riesgo: ¿será que está bien construido el edificio? ¿habrán utilizado materiales de calidad? ¿no será que cuando abra la pila se encienda la luz?  Lo que usted verá es la superficie: bonitas paredes, luces llamativas, baños nuevos y puertas rectas. 
 
Aquí se presenta la segunda falla de mercado y riesgo. El constructor tiene mucha más información que usted sobre la calidad del material usado. 

 Para bajar el riesgo podrá contratar un arquitecto para que le dé una opinión técnica, lo que aumentará su costo de transacción. Una vez resuelto este tema, usted tendrá que comenzar a elaborar un contrato de compra y venta del departamento. Paralelamente deberá buscar un crédito y registrarlo en Derechos Reales. Es decir, más costos de transacción asociados a pago de abogados y tarifas bancarias, por ejemplo.  En mercados complejos e imperfectos habrá elevados costos de transacción y riesgos. Para atenuar todos los posibles problemas, 
comerciales o financieros, asociados a la compra de un departamento, existen los contratos, que si bien no son perfectos, ayudan a bajar la incertidumbre, sostienen Hart y Holmström.

 Los premios Nobel de economía 2016, al desarrollar la teoría de los contratos, también contribuyeron al entendimiento de la teoría de la firma, que puede ser definida como un nexo de contratos, una red de intereses (financiadores, gerentes, proveedores y trabajadores), muchas veces en conflicto, que crean un espacio productivo para ofrecer un producto o servicios en el mercado.

 Supongamos que un grupo de personas decide abrir una pizzería: el Tomate feliz y revolucionario. Sacan la plata del colchón bank y aportan de igual manera para una sociedad.  Lo que los une es un contrato de sociedad y nombran un directorio que se organizará a través de otro contrato (reglamento).  En el siguiente paso, el flamante directorio nombra un gerente, a quien, en un contrato, se le establecen sus obligaciones y derechos.

 Un graduado de Maestrías para el Desarrollo de la Universidad Católica Boliviana elabora un plan estratégico para la nueva empresa y contrata trabajadores para amasar y hornear nuestras pizzas. Para concretar estas relaciones laborales se necesitan contratos. La provisión de harina, tomates, orégano y otros insumos también se hace a través de  contratos. El gerente se reúne con un banco y, vía un contrato, consigue un préstamo de arranque.  Accionistas, directorios, gerentes, proveedores y trabajadores crean una cadena de contratos, que ahora es una firma. 

 En suma, Hart y Holmström sostienen que para que este complejo nexo de relaciones sobreviva en el tiempo y haga felices financieramente a todos se requieren contratos complejos que proporcionen confianza mutua y gobernabilidad a la empresa. 

 Finalmente, si usted pensaba erróneamente que detrás de su contrato de matrimonio había un abogado, ahora sabe que en realidad es un economista quien ha diseñado el sistema de incentivos y restricciones de la feliz relación con su pareja.

1 comment:

edgarito said...

Sr. Chavez, ¿estaré errado si de alguna manera relaciono el contenido de su columna"Hasta su matrimonio depende de un economista", con el desafortunado incidente que obligó a cancelar la presentación de la banda Aerosmith, en Santa Cruz? Contratos, seguros

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