Monday, May 27, 2013

La revolución del papel de higiénico


    Una de las peores pesadillas que uno puede imaginarse es que después de una apacible sentada en el trono supremo, se deba constatar, a quemarropa, que no hay papel higiénico en el toilette. En la Venezuela del socialismo del siglo XXI parece que el hermano y compañero Freddy Krueger, agente de ultratumba del imperio, se encargó de traer esta pesadilla a la realidad. Según la versión oficial, ha desaparecido el papel higiénico del mercado, como resultado de una conspiración. En la soledad del excusado, millones de venezolanos no tienen este producto de primera necesidad y súbitamente se ven frente al legendario personaje de terror que una mano sostiene un rollo de papel y en la otra exhibe sus dedos con navajas.

    ¿Cuáles son las lecciones microeconómicas y macroeconómicas de la falta del rollito de la fortuna del cual jalamos y jalamos, pensando que su oferta es infinita? Veamos la aproximación microeconómica. El papel higiénico es un producto de primera necesidad cuya demanda es bastante inelástica. ¿Qué significa esto? Que frente a pequeñas variaciones del precio del papel, el consumo no varía significativamente. Esto ocurre porque el bien en cuestión tiene pocos sustitutos en el corto plazo. Pero, sin duda, si el incremento de precios fuera brutal o la escasez monumental, como parece ser el caso en Venezuela, aparecerían las alternativas creativas y ancestrales.

    Entre las más importantes están los vidés, las duchitas higiénicas -esto tal vez para los más pudientes-, pero también surgirían los sustitutos populares, como el infalible papel periódico cortado adecuadamente que, además, tiene tres funciones a la hora de sentase como El Pensador de Auguste Rodin: una recreativa, otra funcional al acto y, simultáneamente, permite acciones de protesta íntimas. “Leí la noticia o vi la foto del político de turno y le di el destino que merecía”. También existen otros sustitutos de papel de toilette, ciertamente imperfectos pero que sacan de apuros, como los marlos, chalas, piedras, hojas de palmeras y otros.

    En lo que se refiere a la producción, la curva de oferta de papel higiénico es elástica, es decir frente a una variación de precios del bien en 1%, la cantidad ofertada del producto aumentará significativamente. Producir el mágico rollito no es caro, y no existen barreras de entrada, tecnológicas o financieras, para su elaboración. Por eso es incomprensible que frente a una demanda inelástica del papel no haya decenas de empresa produciendo este producto de primera necesidad.

    Ahora, frente a la escasez de papel higiénico, ¿qué alternativas de políticas públicas existen? Importar el producto como sabiamente lo está haciendo la revolución bolivariana.

    En efecto, comprará 50 millones de rollos, pero la media es claramente insuficiente. Dado que la población del país caribeño es de 29 millones, esto significa que a cada uno le tocará 1,7 rollos, provisión que no da para más de unos tres días en condiciones fisiológicas normales. Otra alternativa es aumentar la productividad media del papel, o sea, cortarlo en pedazos más pequeños o convertir la “hoja triple” de la marca del perrito en hoja simple, lo que requeriría un adiestramiento del usuario hasta tener un pulso de cirujano y por supuesto intensas campañas de publicidad. También está la alternativa, no recomendable, de usar el papel higiénico de los dos lados: un sacrificio más por el socialismo del siglo XXI.

    Un acto revolucionario sería nacionalizar las fábricas de papel higiénico para evitar especulaciones y conspiraciones. Asimismo, bajo la consigna internacionalista de “colas proletarias del mundo, uníos”, el Gobierno actual podría donar papel higiénico y así evitar que la revolución bolivariana haga aguas y de paso se revive a la empresa Papelbol.

    Desde el punto de vista macroeconómico, también se pueden extraer lecciones interesantes de la escasez de papel higiénico. Dada la elevada inflación que registra la economía venezolana, el producto en cuestión podría estar desempeñando algunas funciones del dinero, como la de reserva de valor y medio de intercambio, en especial en los mercados negros.

    En realidad, ésta puede ser una de las causas de la escasez. Como el impuesto-inflación es elevado y se come el valor del bolívar fuerte, es racional, desde el punto de vista económico, tener rollos de papel antes que dinero. La historia económica mundial está llena de ejemplos de “dinero-mercancía”.

    Durante la hiperinflación alemana, los cigarrillos se volvieron medios de pago y reserva de valor. Sin embargo, el papel higiénico superaría a los puchos. En efecto, el papel higiénico puede ser mejor fraccionado, se lo puede doblar sin riesgo y hasta se lo podría adecuar al ancho de una billetera. Un refresco podría costar una rollo y medio, por ejemplo.

    Finalmente, la escasez de papel higiénico y la falta de alimentos es uno de los síntomas de la enfermedad holandesa, una economía sobreconcentrada en petróleo, que vía apreciación del tipo de cambio real y reasignación de mano de obra hacia los sectores de hidrocarburos y servicios, estrangula lenta y pero indefectiblemente a la industria y producción nacional, en este caso de Venezuela. Como se puede ver, la economía está en todas partes y siempre nos da lecciones. Nunca es tarde para aprender, inclusive en el trono de su casa. Agradezco las sugerencias técnicas del doctor David Zavaleta.

Tuesday, May 21, 2013

Al maestro del bloqueo, con cariño


Al maestro del bloqueo, con cariño


Yo bloqueo, tú bloqueas, ellos bloquean, nosotros bloqueamos, ustedes bloquean. Sin duda alguna, este es el verbo más conjugado en Bolivia a lo largo de su historia. De una manera más amplia el nivel de conflictividad social en Bolivia es muy intenso. Según el Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (CERES), en el periodo 1970 – 2012, se habrían registrado 15.560  huelgas, paros, protestas y bloqueos de todas índole en el país. En 42 años de historia prácticamente se registró un conflicto cada 24 horas, este resultado sale de dividir los 15.560 conflictos entre 42 años (504 meses), lo que, en promedio, dá 370 huelgas o paros por año, 31 por mes. Quiere decir, cada santo día, algún grupo, en todo este tiempo, estaba protestando con buenas o malas razones. A lo largo del periodo de gobierno del Presidente Morales el promedio de conflictos por mes ha superado los 55.

Existen decenas de explicaciones económicas, sociales y políticas sobre los grados de conflictividad  que se presentan en Bolivia. Se han gastado ríos de tinta para explicar este proceso. En buena parte de estos casos existen razones justas para las movilizaciones sociales, pero también algunas de estas acciones muestran cierto grado de esquizofrenia colectiva y oportunismo político.  El espectro de explicaciones es amplio:  mejores salarios, defensas de intereses regionales o corporativos, reclamos por salud, educación, recuperación de la democracia, rechazo a actitudes autoritarias y muchas otras más.  La última causa de los conflictos es la reforma del sistema de pensiones.  Las razones de fondo de los conflictos se explican por la pobreza, exclusión social, bajo crecimiento, la escasa industrialización, la informalización de la economía, las actitudes rentistas y prebendales, y lucha por el poder político.

 También existen las causas de corto plazo, en la actualidad, por ejemplo, el exitismo y narcisismo macroeconómico del gobierno que ha creado una hiperinflación de expectativas en la sociedad y por lo tanto, reavivó una fuerte cultura rentista de varios grupos corporativos. Se habla de una bonanza de riqueza en la economía que la gente cree que no le llega a sus bolsillos. Además, la nueva Constitución Política promete la felicidad económica instantánea. Ahora, todos quieren un pedazo del cielo del proceso de cambio.

Sabemos por experiencia propia e internacional que la inestabilidad social y sindical compromete seriamente el crecimiento y el desarrollo económico. Las vías más conocidas a través de las cuales los conflictos sociales afectan el desempeño económico de un país son: 1) A mayor cantidad de huelgas, menor serán los días trabajados, lo que compromete la producción y productividad media de la economía. 2) Las huelgas y bloqueos crean un clima de incertidumbre macroeconómica, política y social, que desestimula las inversiones. 3) Reivindicaciones sociales exitosas capturan rentas estatales dejando menos recursos para la inversión pública.
           

Los conflictos sociales hacen parte de una sociedad democrática, pero qué ocurre cuando éstos, por exceso y repetición,  se convierten en daniños para el desempeño económico. Aquí creo que entramos en una dimensión psicoanalítica del problema. Hace muchos años en Bolivia, está en una vorágine de conflictos, una especie de chorro morro colectivo donde  el objetivo principal es que todos se saquen la entretela, todos salgan perdiendo. En el pasado neoliberal, se elogiaba las movilizaciones sociales porque eran portadoras de cambio, eran vectores de contra poder, potadores de un nuevo bloque histórico como diría Grasmci. Pero llegó el cambio y, en teoría, la construcción de una hegemonía estatal, y las huelgas y bloqueos continua, más aun, sean multiplicado, aunque ahora se dice que la protesta social tiene otro carácter, sería la disputa por los frutos del proceso de cambio. Movilizaciones revolucionarias o de carácter reinvindicativo, desde el punto de vista económico, generan siempre los mismos resultados. Bajo crecimiento económico, escaso desarrollo productivo, mayor pobreza estructural y fomento a la cultura rentista. Las victorias tanto del gobierno, cuando doble algún movimiento social o las corporaciones, cuando consiguen una victoria, son pírricas y de corto plazo. El resultado estructural es de perdida económica generalizada para todos, muchas veces con muertes.

Podremos, alguna vez, como país, sentarnos en un diván psicoanalítico para explicar este comportamiento autodestructivo y encontrar otras soluciones, que la simple repetición del mismo libreto del chorro morro. Cada año, después del carnaval, se inicia el ritual de las huelgas, paros, bloqueos, represión estatal, el show en los medios de comunicación, las acusaciones de golpismo, los llamados al dialogo, la acusación de presencia de extranjeros en las movilizaciones, los heridos, los muertos, los huérfanos, las viudas, la mediación, algunas demandas atendidas, muchas promesas, sendas declaraciones, acuerdos ampulosos, políticos con o sin rasguños, y finalmente, la reconciliación hipócrita hasta la batalla del próximo año. La historia se muerde la cola y camina en círculos. Hasta el próximo año, en Bolivia sabemos en la repetición esta el gusto. 

Monday, April 29, 2013

QUE TRES AÑOS NO ES NADA...



El periódico que ahora está en sus manos ha cumplido tres años de vida. Y como corresponde ha hecho un acto de celebración, donde tuve el privilegio de dirigir algunas palabras en nombre de las columnas/columnistas que sostienen Página Siete. Me sentí honrado y feliz.

A continuación, intentaré hacer un resumen de lo que dije la noche del evento. Me tracé una ruta crítica de cuatro puntos en mi intervención: me pregunté qué era un columnista; abrí el Diccionario de los vientos: recordé un sueño; y le puse datos a una realidad.

Hace muchos años, el director del periódico en el que escribía me propuso que mi columna saliese cada 15 días. Acepté resignado, me consolé: menos trabajo. Cabe recordar que uno escribe por amor al arte, no es una actividad remunerada. Pasados unos meses comencé a sentirme medio “rarito”, que es la forma en que los paceños describimos nuestras angustias, desesperanzas, miedos y fantasmas. En un primer momento no sabía qué me ocurría, lo atribuí al cansancio. También tuve la idea de ir a un psicólogo pero me desanimé cuando supe de sus tarifas. Finalmente, me di cuenta de que estaba con saudade (nostalgia) de mis lectores, me hacía mucha falta mi columna dominical, por lo que llamé al director y le dije a quemarropa: “O me pagas un psicólogo o me dejas volver a escribir cada semana”.

Me devolvió mi trinchera dominical.

Escribir es una forma de exorcizar, con la palabra, los fantasmas –económicos, sociales y personales– que nos agobian. Escrita la columna, el fin de semana se vuelve alegre y leve, especialmente si uno ha hablado mal del Gobierno. Es decir, es una forma de terapia que jabona y lava el alma.

En la transición del viejo y nuevo milenio, allá por el año 2000, se realizó un certamen mundial de ensayos de filosofía con una doble pregunta: ¿liberar al futuro del pasado o liberar al pasado del futuro? Esta interrogante me perseguía en mis noches sin sueño hasta que descubrí el trabajo que ganó el evento mencionado: El diccionario de los vientos de Yvetta Guerasimchuk. La autora sostiene que el vaivén entre el futuro y el pasado es el resultado de la lucha entre los militantes de los vientos (los que aman el cambio, los anemófilos) y aquellos que odian los vientos (los anemofóbicos). Éstos también son conocidos como los guerreros de la quietud, los conservadores de la sociedad, la política y las costumbres.

Me identifiqué inmediatamente con la autora porque soy de Villazón y conozco de soplos, aires, brisas, ventiscas y huracanes. Soy un amante y militante de las nobles causas de los vientos. En mi infancia, en esa ciudad, los vientos de agosto eran tan fuertes que obligaban a mis progenitores a colocar pesos metálicos en mi mochila de escolar y piedras en mis bolsillos para no ser arrastrado. A un par de amigos de esta época se los llevó el viento, se especula que a lugares mágicos.

Para mí, Página Siete es una comarca intelectual de adoradores de los vientos, de la innovación y del compromiso con los lectores; cada mañana, cuando abro el periódico, siento agradables brisas de diversidad, de nuevas ideas, de opiniones inteligentes, rachas de crónicas bien hechas y reportajes frescos, y también, de vez en cuando, aparecen huracanes valientes de denuncias contra los dueños del poder que ahora quieren encarcelar a los vientos.

En suma, un fresco céfiro de democracia, independencia y primavera.

Son estas razones que hacen que comparta visiones, vientos, sueños y realidades con este periódico, que anida en su pecho esta columna.

A este sueño hecho realidad, por deformación profesional, debo ponerle números. En tres años, con el papel, la tinta, las ideas y las letras que se han gastado se podían haber hecho 1.080 libros. El esfuerzo de directores, redactores y todo el equipo de Página Siete, en concreto, se tradujo en la utilización de 2.400 toneladas de papel, 1.800 horas de impresión y 60.000 litros de tinta. El equipo de este periódico ha trabajado sin descanso y ha contribuido con 390 días feriados; 120 personas hacen posible que todos los días nazca el periódico. También, Página Siete ha incursionado en el mercado del ciberespacio, 221.000 lectores entran a la página web al mes, los internautas son de 140 países y el periódico impreso se lee en 23 localidades a lo largo del país.

Parafraseando al tango Volver de Carlos Gardel, “que tres años no es nada, que febril la mirada”, espero que Página Siete siga apuntando al futuro. Se ha avanzado mucho y, tal vez, lo más importante hasta ahora es que se ha logrado una entrada en el “Diccionario de los vientos” de la Real Academia de la Esperanza, que en la página 429 dice: “Página Siete: Viento joven, bueno para refrescar valores, exorcizar autoritarismos y promover democracia de ideas, voces y actitudes”.

Tuesday, March 5, 2013

Capitalismo de Estado 3.0.


En lo referente a la evolución de los modelos económicos, la historia de América Latina en general, y de Bolivia en particular, se explica a través de la teoría del péndulo. Esta sostiene que en ciertos periodos, nuestros países abrazan con furioso entusiasmo el liberalismo económico y en otros años, se opta por el capitalismo de Estado con igual fervor. En el caso boliviano, y tomando como referencia solamente los últimos 50 años, podemos hablar del periodo 1986 – 2005, como el momento en el que el péndulo del desarrollo se aproximó al liberalismo económico, cuyo objetivo central era la construcción de un andamiaje institucional para que el sector privado juegue un rol protagónico.  El modelo de capitalismo de Estado ha prevalecido entre 1952 hasta 1985, con diferentes matices de gestión política. Y desde el año 2006 hasta la actualidad, el péndulo también se ha desplazado al lado del estatismo.
Un rasgo común que tiene el vaivén del péndulo es que toda vez que va a un lado o al otro, las élites políticas de turno en el poder presentan el modelo de desarrollo como algo inédito, un cambio de era, una ruptura con el pasado. Pero en la realidad la historia siempre se repite, se recalienta el modelo y se presenta el liberalismo 2.0 o el capitalismo de Estado 3.0, la misma esencia pero con maquillaje nuevo.
Un otro rasgo común es que más allá del discurso político, ambos modelos implementados en Bolivia no han producido un cambio estructural en las bases del desarrollo. La economía nacional continua siendo fuertemente dependiente de la explotación de recursos naturales (gas natural, minerales y soya). En realidad, lo que cambia es la gestión política y el andamio ideológico pero persiste el modelo extractivista. El péndulo es fiel a su inercia tiene su canal conductor, que unas veces privatiza y otras nacionaliza, los recursos naturales.
En estas circunstancias, la hipótesis de trabajo de esta columna para el caso boliviano es que tanto el modelo liberal como estatista no son estructuras diseñadas para un manejo eficiente de los factores económicos, a saber creación y promoción de mercados, corrección de las fallas que presentan estos, creación de un Estado eficaz que diseñe buenas políticas públicas para equilibrar la tensión entre equidad y eficiencia, entre otros problemas.

Ambos modelos parecen estar concebidos como mecanismos del control y fortalecimiento político, diferentes formas de administración del poder, técnicas diversas de captura de rentas por parte de las elites de turno. En otras palabras, el modelo de desarrollo, que debería pivotar entorno de resultados económicos y sociales concretos, se convierte en un instrumento de acumulación de poder. Los fines del desarrollo, como mejores empleos y menor pobreza, son substituidos por los medios, nacionalización y privatización, por ejemplo.  Por lo tanto, el ámbito de explicación  más consiste para este fenómeno se encuentra en la economía política.  Las decisiones de los políticos no se condicen con la racionalidad económica, sea liberal o de desarrollo estatal. La economía política no es política concentrada, como sostenía Marx, sino un juego de interés corporativos y clientelares bajo la tutela de los políticos.

Un ejemplo interesante de esto es la economía política de la nacionalización. Con un criterio estrictamente económico - mejor funcionamiento de los mercados, buena provisión de servicios públicos y privados,  aumento de la productividad - las nacionalizaciones deberían ser hechas en conjunto. Todas de una sola vez o un lapso corto, de esta manera todos los actores económicos conocerían las nuevas reglas del juego. La presencia del Estado sería clara en todos los ámbitos y así se reducirían los niveles de incertidumbre sistémica y toda la economía debería focalizarse en la generación de desarrollo y creación de empleo de calidad. Pero las nacionalizaciones son guiadas por criterio políticos, de acumulación de poder, de reencaminar la opinión pública, razón por la cual se traspasan las empresa privadas al Estado a cuenta gotas, una o dos cada año. La estrategia del poco a poco es muy efectiva desde la perspectiva de la política, aunque desde el punto de vista económico es ineficiente, genera incertidumbre y comportamientos defensivos de las empresas privadas, que piensan que serán las próximas a pasar a manos del Estado. Además,  muchas de ellas dejan de invertir, deprecian más rápido su patrimonio, adelantan ganancias entre otras prácticas defensivas, a su vez este comportamiento  proporciona motivos para su nacionalización.
El modelo de intervencionismo estatal construye sus soportes electorales y políticos, a través del rentismo, y la corporativización de la sociedad. El liberalismo económico como instrumento político, crea las condiciones para la captura de rentas por parte del grupos privados vinculados al poder. Ambos modelos, hasta ahora, solo han mostrado su cara política que se traduce en burbujas de consumo sin producción nacional y riqueza sin desarrollo. El péndulo sigue su eterno vaivén. 

Monday, February 25, 2013

MI suegra se enojo con Tigo


Hace varias semanas que recibo un mal servicio en mis llamadas de celular. Me tienen loco, nadie me encuentra y  no puedo llamar a mi mamá. Después de haber peregrinado en la oficinas y hablado con el call center de Tigo, decidí soltar la voz en el ciber espacio y  ejercer mis derechos de consumidor compartiendo mis penurias comunicacionales en el Facebook. Fue una experiencia espectacular por la respuesta y la repercusión. Ante todo quiero agradecer a todas(os)  por comentarios, sugerencias y críticas. Nada como intercambiar ideas con la gente. A seguir algunos apuntes sobre el tema.

1) Nuestros derechos como ciudadanos son sagrados. ¡Todos!, incluyendo los derechos como consumidores y debemos ejercerlos en toda situación y lugar, con empresas grandes o pequeñas, públicas o privadas.

2) Mis derechos a la comunicación fueron vulnerados, durante varios días. No pude hablar, por celular con mi mami y lo que es peor, con mi idolatrada suegra. ¡Grave, jarabe! Furiosas, ambas militantes de la tercera edad,  decidieron proponer que Tigo pase a manos de Diter, filial Villazón. Así lo denuncie en un post en el Facebook: “La cosa con Tigo se complicó, mi suegra no puede comunicarse conmigo y cree que no lo quiero atender. Esta furiosa y por primera vez en la historia se alió con mi mama y están organizando un movimiento social de la tercera edad para pedir la nacionalización de Tigo. !Ayuda! gente de Tigo por mi bien y el de ustedes habiliten mis llamaditas al celular”. El kuku de la nacionalización realmente mete miedo y propios y extraños se pusieron en alerta. Se armo un jaleo.

3) Se tejieron decenas de especulaciones y rumores sobre el pedido y los orígenes de este. A continuación se presentan algunos: a) El problema no era el servicio de la empresa, sino,  mi celular que estaba pinchado por el gobierno, tenía que hablar en clave. b) El incomunicado, o sea mi persona, estaba al mando de una conspiración de la competencia de Tigo.  Una especie de agente cero, cero, pakalko (007) del ciber espacio. Uuuy, me sentí importante. c) El profesor Chavez había tenido una epifanía neorevolucionaria, y se había convertido, ipso facto,  al proceso de cambio, abrazando con pasión desenfrenada hasta la nacionalización de las peluquerías de argentinos. ¡Por fin!, clamaron algunos, hizo honor a su apellido bolivariano. d)  El Facebook de su escribidor de domingo había sido hakeado por venezolanos para iniciar una campaña maliciosa para realmente nacionalizar Tigo. Madre y amada suegra del susodicho eran apenas dos cortinas de humo.  Puro Cuentos. Y yo juro, por esta tierra que se comerá mis huesos, que sólo quería llamar a mi mami y solo quiero un buen servicio.

4) Aparecieron decenas de explicaciones sobre el origen de las fallas de comunicación. Al final desde la cúpula de Tigo vino la explicación más coherente sobre las fallas en las llamadas o las dificultades de completarlas: “falta de espectro electromagnético”, (una especie de carretera virtual por donde circulan las llamadas y datos). Pero como simple mortal me pregunto: ?porqué meten cada vez más usuarios en un espacio electromagnético pequeño?. Al parecer Tigo sacrifica calidad a cambio de una mayor participación de mercado (market share). Así que los usuarios debemos tomar una buena dosis de resignación hasta que el gobierno les de más espectro o rezar a San Cristobal, el santo de los transportistas y los optimizadores de tráfico electrónico y frecuencias, para que nuestras llamaditas salgan rápido de la trancadera electromagnética.

5) Mi queja de Tigo desencadenó una avalancha de criticas a los otros operadores del mercado, Viva y Entel, todas las empresa en el sector de telecomunicaciones tendrían los mismos problemas, mala calidad del servicio y tarifas muy caras. Los consumidores en Bolivia estaríamos escogiendo entre Drácula, el Hombre Lobo o Frainkestain y de nada servía nacionalizar o privatizar estos freaks. En realidad estaríamos frente a un mercado de estructura oligopólica donde las empresa podrían estar, inclusive, actuado de manera anticompetitiva.  Entonces el problema no es de propiedad sino de regulacion y control.

6) Para corregir los problemas de precios y calidad, las opciones de políticas públicas son variadas, no creo que nacionalizarlas sea una solucion.  Mas bien, se requeriría una Ley de Defensa del Consumidor y una acción regulatoria mas asertiva y eficiente de precios pero sobre todo de calidad por parte del Estado. Un price cap mas un qualty cap. Esto para los economistas.  Las quejas a las Odecos no sería más que saludos a la bandera. De parte de las empresas, mas inteligencia estratégica para balancear número de usuarios versus calidad de servicios. Hasta ahora las empresas actúan como minibuseros, intenta meter la mayor cantidad de gente a su espectro. “Recorra, recorra, joven. Una apretadita, hay campo al final, sino le gusta, se baja nomas”.
    

8) Me atendieron muy bien en Tigo, todas mis interlocutoras tenía voces de Magníficas, eran muy amables, hicieron varios ajustes técnicos y se disculparon del mil maneras por el mal servicio. Me hicieron sentir como santo de pueblo, cubierto de perdones pero sin poder hacer el milagro de comunicarme con mi segunda madre. Aún espero que las disculpas se conviertan en conexiones exitosas, pero agradezco las gentilezas.

9) Mi madre y suegra están  movilizadas por una causa equivocada. Me costará varios almuerzos, regalitos y coctelitos de tumbo, disuadirlas. Pretendo recanalizar sus energía nacionalistas en tres objetivos: El empoderamiento de los ciber-ciudadanos, una Ley de Defensa del Consumidor con énfasis en calidad y sobre todo, la portabilidad numérica, esto significa que las personas tengamos un solo número de celular y podamos cambiar de compañía sin perderlo.

Sunday, February 17, 2013

EN CADA CONQUISTA, UN BUEN PROFESOR


    Hace 20 años me gano la vida como profesor. Me encanta enseñar, estoy radicalmente convencido de que es una de las experiencias más vitales y enriquecedoras que un ser humano puede enfrentar. Enseñar es la mejor forma de aprender, enseñar es la mejor forma de hacer más preguntas y tener menos respuestas. Uno no es profesor, sino que está profesor, es un estado de ánimo, es un verbo en constante conjugación. Dicen las malas lenguas que los profesores somos artistas frustrados. ¡Tienen toda la razón! Las salas de aula son nuestros palcos.

    Hace unas semanas escuché un jingle musical espectacular en la televisión brasileña que ensalzaba la tarea del profesor elaborado por el Ministerio de Educación de Brasil. A continuación me permito compartir con ustedes en una traducción libre de la letra. Como un viejo profesor, me tomo la libertad de poner mi salsa y prosa dominguera.

    “La base de toda conquista es un profesor”. Desde que comenzamos en la escuela hasta que terminamos en la universidad estamos repletos de conquistas, de las grandes y de las pequeñas, de las secretas y de las muy publicitadas. Desde las primeras frases balbuceadas cuando aprendemos a leer, hasta los complejos problemas matemáticos o filosóficos que uno enfrenta en la enseñanza superior. En cada conquista a lo largo de la vida siempre hay un profesor.

    “La fuente de sabiduría, el profesor; en cada descubrimiento, en cada invento, todo buen comienzo tiene un buen profesor”. Yo añadiría que también en todo buen final además hay un buen profesor.

    En cada alegría, en cada esquina del saber, en cada libro leído, en cada entrada al ciberespacio siempre hay un buen profesor. En cada sentimiento de indignación, en cada puño levantado contra la opresión, en cada fórmula arrancada a la física hay un buen profesor.

    En la línea elegante de un edificio, “en el bisturí de una cirugía, en el arranque de un motor”, en la cura agradecida del mal que nos persigue hace mucho tiempo, en la serenidad de un médico que receta pastillas contra el dolor ajeno siempre hay un buen profesor.

    En un sueño que se realiza, en la pesadilla que se exorciza, en la conquista del Everest personal, en la nueva idea que transforma la empresa, en la salida creativa que viabiliza un pacto, en la acción inteligente que cura el cuerpo y el alma, por supuesto, también hay un muy buen profesor

    “En la nota de una partitura, en un proyecto de ingeniería, en toda teoría, en todo lo que se inicia, todo buen comienzo tiene un buen profesor”. En cada vacuna creada, en cada derecho defendido a rajatabla, en cada avance de la ciencia, en cada música tocada con el espíritu hay un buen profesor.

    En cada grano plantado, en cada reacción química que transforma la materia, en cada innovación tecnológica, en cada parto exitoso hay un buen profesor. En cada idea creativa que encanta al mundo, en cada teoría que nos hace mejores, en cada filosofía que reinventa el pasado y transforma hay un buen profesor. En la magia de internet, en el salto en la Luna, en el descubrimiento del genoma humano, en la cura de la enfermedad más dolorosa hay un buen profesor.

    En el salto de la bailarina, en el trazo mágico del pintor, en la curva maravillosa del escultor, en el verso agudo del poeta, detrás de todo ello hay un buen profesor. En cada examen bien dado, en cada tesis terminada, en cada proyecto concluido, en cada trabajo terminado siempre hay un buen profesor.

    En el primer paso, en el primer dolor, en el primer beso, en el primer amor siempre hay un buen profesor. En cada alimento preparado, en cada receta bien lograda, en cada sabor redescubierto hay un buen profesor. En cada juego ganado con lealtad, en cada salto esbelto, en cada jugada planificada, en cada sesto logrado, en cada marca rota, en cada lágrima de triunfo hay un buen profesor.

    En cada alma curada, en cada angustia interpretada, en cada vida encaminada, en cada pena aliviada hay un buen profesor. En cada refugio de la imaginación creado, en la idea descontrolada e innovadora suelta al debate, en el impulso del líder que cambia el pasado y el futuro, en la sabiduría del estatista que encamina a su gente a espiar nuevos horizontes hay un buen profesor. En cada oración dicha con el corazón, en cada acto de fe, en cada acción solidaria, en cada acto de amor hay un buen profesor.

    En una nota bien escrita, en el artículo inspirado, en un comentario bien hecho, en una noticia bien difundida, en cada fotografía hay un buen profesor.

    La base de toda conquista es un buen profesor, la base de toda sociedad es un buen profesor, la base del desarrollo económico es un buen profesor.

Sunday, February 10, 2013

DEL SUEÑO Y LA VIGILIA

AMIGAS Y AMIGOS DEL BLOG DESPUES DE UNAS LARGAS VACACIONES RETOMO MIS PUBLICACIONES, ESPERO REAVIVAR EL DEBATE.


    Existen dos cuentos de Jorge Luis Borges que desde que los leí, en mi primera juventud y hasta ahora, me persiguen implacablemente en las horas más inesperadas. Generalmente se me aparecen en las madrugadas cuando pienso que las 24 horas son insuficientes para vivir, cuando la cabeza no le hace caso al cansancio del cuerpo y cuando la mente sigue al filósofo alemán Friedrich Nietzsche, quien sostenía que para dormir tendremos la larga muerte.

    Desde temprana edad duermo poco, no sufro de insomnio, sólo que soy productivo para descansar, me bastan unas cuatro horas, que las aprovecho muy bien, duermo como un tronco.

    En la década de los años 90, mi resistencia a echarme en los brazos de Morfeo me preocupaba hasta que me inscribí en la Escuela del Sueño en Río de Janeiro, donde reeduqué mis sueños y aprendí a gestionar mejor mis pesadillas y vigilias. A través de técnicas de relajamiento, aprendí a dormir bien aunque sea poco.

    Los cuentos de referencia me los presentó mi profesor de física, René Bascopé, en el poderoso Colegio San Calixto, un gran literato preso en la sobrevivencia de los años 70.

    En la época tenía como cuatro trabajos ajenos a su pasión, pero en las madrugadas escribía y militaba en las izquierdas de las épocas con igual vehemencia. Un día, después de un clase, se me acercó y dijo: “Te presento a Borges, la inteligencia al servicio de la estupidez”. Su sarcástica introducción del escritor argentino se explicaba porque ni René ni mucha gente en los años 70 le perdonaban a Borges su literatura fantástica y escapista, ni su omisión pública frente a los crímenes de la atroz dictadura argentina, pero su polémica actitud frente a la coyuntura política no minaba la admiración de todos a su creativa prosa y verbo enloquecido.

    El primer cuento se llama Las Ruinas Circulares, que lo convoco para llamar al sueño, cuando las técnicas de relajación cariocas no funcionan. Borges cuenta la historia de un hombre que tenía una misión monumental. Soñar otra persona.

    Después de caminar por mucho tiempo por la selva en busca de tranquilidad para tan delicada misión, el hombre que debía soñar otro hombre encuentra unas ruinas donde decide pasar las noches con sus días. La tarea de soñar es compleja y extenuante. El soñador de Borges en un primer momento decide soñar con miles de hombres y mujeres y así, a base de esta muestra casi infinita, escoger al ser humano perfecto. Al poco tiempo abandona esta técnica, era muy difícil la elección. Entonces opta por otro camino. Se empeña en soñar todas las cualidades y virtudes que un hombre o mujer perfecta debería poseer.

    La persona perfecta debería ser valiente, honesta, sincera, trabajadora, solidaria, pero sobre todas estas virtudes, debería ser inmortal. En lo mejor de su sueño, un voraz incendio en las ruinas despierta a nuestro soñador; agobiado por el acoso de la noche eterna, el hombre soñador de Borges busca huir inútilmente de las llamas; en pocos segundos el fuego lo envuelve, pero para su suprema sorpresa no se quema y navega entre las lenguas de fuego.

    Con el terror de la eternidad, en ese instante, se da cuenta de que es un hombre también soñado por otro hombre. En palabras de Borges: “Caminó contra los jirones de fuego. Éstos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñando”. Cuando leo este cuento, duermo y sueño de maravilla, porque sé que estoy dentro de otro sueño.

    El segundo cuento intitula Funes, el Memorioso, que lo leí una sola vez y no se me olvidó ni una sola letra ni curva del relato. Éste lo utilizo para que la madrugada sea más llevadera y a veces lo recuerdo párrafo por párrafo hasta que el sol da la cara. Revivo la prodigiosa memoria de Irineo Funes que pensaba que dormirse era distraerse del mundo. Por supuesto, no sé cuánto de lo que recuerdo corresponde al original del cuento, ya que nunca más lo vi, y no pretendo hacerlo, para mantener vivo el primer impacto que este relato, de un joven de 17 años, dejó en mí. Puede ser que las décadas que han pasado me hayan permitido hacer mi propia versión.

    Es posible que la pluma de mis fantasmas y necesidades me permitiera reescribir el cuento a mi manera. Las cosas, las personas y los eventos son como las recordamos y no como realmente se presentan en los hechos o la literatura, como en este caso. Hecha esta salvaguardia, Funes, el Memorioso relata la vida de este joven que después de un accidente recordaba absolutamente todo y podía dar la hora exacta en segundos en cualquier momento del día y la noche.

    Recordaba millones de detalles sabía las “formas de las nubes australes del amanecer del treinta de abril de mil ochocientos ochenta y dos”, Funes había aprendido varios idiomas tan sólo haber leído una sola vez diccionarios. Recordaba todo pero no podía pensar, no podía comprender el concepto de perro pero recordaba todas las características de los quiltros que había visto en su vida. Superaba a Ciro, un rey persa que sabia el nombre y apellido de todo su ejército o Mitriates Eupator que sabía los 22 idiomas de su imperio. Como Funes no dormía recordaba no sólo lo útil sino también lo inútil de la vida; ahora se sabe que al dormir las personas organizamos los recuerdos, y nos quedamos con los más relevantes. Cuando recuerdo este cuento, la madrugada se pasa en un minuto.
Como verán, tengo un cuento de Borges para dormir y otros para pasar la madrugada y disfrutar de la vigilia. Decidí retomar mi columna con este relato sobre el sueño y memoria por el carnaval y porque la economía boliviana está al borde del aburrimiento. Vuelvo a mi trinchera dominical para que compartamos sueños y buenas memorias de la vida, economía y otras latitudes.

Anatomía de una crisis múltiple y hoja de ruta para un gobierno asediado

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